Kelusse
Fin Guerra: Heren Fanyarëa se retira del Combate
Armadas perdidas por \"Eirë Esteldor\" = 0
Armadas perdidas por \"Heren Fanyarëa\" = 10
Victoria para Eirë Esteldor.

Historias, leyendas y batallas en las tierras olvidadas de Arda.
Edicion 3
Finalizada · 19-03-2006
2006:07:29:09:04:51
Fin Guerra: Heren Fanyarëa se retira del Combate
Armadas perdidas por \"Eirë Esteldor\" = 0
Armadas perdidas por \"Heren Fanyarëa\" = 10
Victoria para Eirë Esteldor.
Eran días duros para Esteldor, las luchas y saqueos se sucedían, por lo que Nowë se vio obligado a reunir a todos los capitanes de sus ejércitos para encontrar una solución a lo ocurrido en los últimos tiempos.
Todas las propuestas fueron aprobadas democráticamente, pero Amarthdûr no estaba precisamente contenta con los cambios efectuados. Ahora se enfrentaba a lo que mas temía, a dar la noticia a sus hombres.
Los soldados se encontraban en la taberna, y Calenglin estaba recostado en el umbral de la misma, ella se acercó, le pidió que reuniese a los hombres, pero antes de ello debía hablar con él.
Las compañías han sido reorganizadas, y algunos de nuestros integrantes vendrán conmigo, pero otros deberán seguir ahora a otro capitán, uno de ellos eres tú, seguirás en la compañía 4, yo he de guiar ahora a la compañía 3, sólo la mitad de mis hombres vendrán conmigo.
Calenglin no hizo comentario alguno al respecto -Reuniré a los soldados.- Y sin dar muestras de agrado o desagrado se dispuso a ello. Los soldados acataron la última orden que les daría Amarthdûr como capitana, y se dirigieron a presentarse ante su nuevo capitán, donde habían sido destinados. Calenglin procedió igualmente, sólo dirigió una mirada a Amarthdûr, y por primera vez desde que llegase a Esteldor, ella se sintió parte de algo que ahora se alejaba.
En breve llegaron también los nuevos hombres designados a su batallón, también se presentó ante ella el nuevo integrante, aquel que llevaría a parte de su ejercito al éxito, o al fracaso, en este caso aquella, pues era una fémina quien ostentaría tal responsabilidad, su nombre era Serkiel, a quien su nombre y hazañas la precedían.
Iaurandir notó el estado de ánimo de Amarthdûr, se acercó a ella e intentó alentarla –Todo ira bien.
Amarthdûr sonrió –No lo dudo querido Iaurandir, pero desde que llegue tiempo atrás a Esteldor, siempre luche junto a Calenglin y a ti, se me hace difícil luchar sin él a mi lado, no dudo de la capacidad de Serkiel, simplemente sabíamos compenetrarnos, y no me era necesario dar orden alguna, bastaba una mirada para que ambos supieseis lo que debíais hacer, y pese a ser yo la capitana, él siempre fue como un padre para mí, y fue mi guía en este nuevo mundo que se abría ante mis ojos. No obstante no hay tiempo para sentimentalismo, debemos partir y cumplir las ordenes que nos han otorgadas.
Organizó a sus hombres y partieron a toda prisa hacia Halatiryon, puesto que la ciudad estaba siendo atacada por soldados de Heren Fanyarëa. Sin descanso alguno, en dos días llegaron a su destino. La ciudad estaba siendo atacada, y a duras penas podían ya ofrecer resistencia los hombres del lugar. Amarthdûr detuvo a sus hombres, que permanecieron escondidos en el bosque de Hyarmenassea hasta nueva orden. Mientras la capitana sopesaba las posibilidades, y la táctica de ataque a seguir. Iaurandir y Serkiel se acercaron.
Serkiel-Dijo Amarthdûr – Esta es tu primera misión con nosotros, no te lo tomes como algo personal, pero espero mucho de mi gente, y aún más de ti puesto que dirigirás parte del batallón, has de empezar desde ya, a entender lo que quiero que hagas con una simple mirada, que un simple gesto te haga reaccionar a actuar de una u otra manera y en caso de no estar cerca para dirigirte tomar tus propias decisiones, causando las mínimas bajas, y siendo consecuente con lo que hagas, si dudas un solo instante…uno de mis hombres morirá en manos enemigas, desde este momento no tienes vida, tu vida son ellos, y como tal no solo has de ordenar, sino defenderlos si los ves en un aprieto. Iaurandir normalmente estará más alejado guiando a sus hombres, pero en mi compañía sus ordenes se acatan como si de las mías propias se tratase. Esta es la situación, no cuentan con nuestra presencia, las puertas de la ciudad están cerradas, y toda ella amurallada, si atacamos por detrás les será imposible retirarse sin luchar, ellos ya están cansados, nosotros venimos de refresco y jugamos con el factor sorpresa. Iaurandir, tú con tus hombres sigilosamente te diriges hasta el extremo derecho del bosque, con cuidado sin que reparen en tu presencia. Serkiel, tú harás lo mismo, pero hacia el extremo opuesto. Yo atacare por el centro. De esta manera no tendrán mucha ocasión de huida, sólo podrán dirigirse hacia Ringil, o hacia las montañas de Aikwa Oron. Cuando lleguéis a vuestras posiciones esperar mi orden, os daré tiempo suficiente para llegar.
Serkiel y Iaurandir reunieron a sus hombres y se separaron a sus respectivas posiciones. Amarthdûr dispuso a sus arqueros encaramados a los árboles, dándoles ordenes previas de no lanzar ni una sola flecha hasta que el cuerno élfico sonase, para no facilitarles tiempo de reacción. Pasado un tiempo prudencial hizo que uno de sus hombres diese la señal de ataque, que consistía en imitar el sonido de un búho, ululando. A la señal todos los soldados salieron del bosque acero en mano. Los soldados enemigos estaban desconcertados, no sabían hacia donde dirigirse puesto que los estaban rodeando, como si de una emboscada se tratase, Amarthdûr levantó su espada, y las flechas comenzaron a surcar los cielos, la lucha cuerpo a cuerpo no se hizo de esperar, y mientras daba muerte a soldado que se cruzaba en camino, no perdía de vista tampoco los movimientos de Serkiel, quien hábilmente se deshacía de quien osaba cruzar su espada con ella, e inteligentemente dirigía los movimientos de sus hombres. Iaurandir tampoco tenía problema alguno, pero eso no era de extrañar para ella, conocía cada movimiento de este, y no tenía que estar pendiente de él. De nuevo retornó la vista a Serkiel, quien viendo a un soldado atacado por dos soldados enemigos, no dudó en desmontar e ir en su auxilio. Amarthdûr esbozó una sonrisa.
La sangre cubría el piso, y los cuerpos enemigos se amontonaban bajo sus pies. Finalmente el enemigo se retiro hacia donde estaba previsto, buscando refugio en Aikwa Oron.
-El enemigo se retira, y nuestras bajas han sido mínimas, aunque más de las que me hubiesen gustado. ¡Serkiel! tu acto para con ese soldado te ha honrado. Bienvenida a mi compañía, será todo un honor combatir a tu lado.
Desde una pequeña colina situada al sur de Halatiryon Gimbur contemplaba a los ingenieros enanos mientras preparaban los arietes para derrumbar las murallas de la ciudad.
No podía negar que la guerra les iba bien, hacía un mes habían inflingido una dolorosa derrota a Esteldor en esta misma ciudad, y la escasa resistencia que quedaba no parecía suficiente para impedir una nueva victoria para los ejércitos del águila y el vampiro.
El ligero sonido del trote de un corcel élfico le sustrajo de sus pensamientos, Erestor Fëfalas desmontó y se dirigió al rey de los Russan Ramar:
-Bueno, ya lo ves. Parece mentira que vayamos a ganar fácilmente a los ejércitos de Esteldor por segunda vez en tres semanas. Y han llegado noticias de la compañía de Naredhel, Lyshion y Alsenot, han saqueado Amon Duin. Esta guerra está volviéndose demasiado fácil. De hecho empiezo a ver como tus enanos están echando una tripa de lo más cervecera.
-¡Por Mahal! Tienes razón Fëfalas. Lo más difícil de esta guerra para mí está siendo contener las ganas de pegarte un martillazo cada vez que oigo tu viperina lengua.
-Vaya, el enano gruñón vuelve a aparecer. Sin duda he tocado una fibra sensible. ¿Aún me guardas rencor por la decisión de Alsenot?
-Te equivocas mi buen elfo. Ya está acordado que esta vez los enanos lideren la ofensiva. Me hubiera gustado que Alsenot estuviera aquí para sugerirme lo contrario. Esta vez habría más que palabras. Aunque por lo que leí en su rostro tras la batalla, antes de sumirme en la inconsciencia; ni él se esperaba el resultado de la decisión. En fin orejudo, olvidemos ese tema. En breve, las murallas de Halatiryon caerán y mis enanos tendrán la oportunidad de resarcirse… Y tus elfos de contemplar como se conquista una plaza según los manuales de la guerra.
Ambos capitanes soltaron una sonora carcajada. Se sentían alegres y despreocupados. El día era soleado y radiante, el viento fresco les azotaba las caras y veían cerca la victoria final para su clan. Estaban seguros de que esta noche saborearían el botín y dormirían en una mullida cama de la ciudad recién conquistada. En realidad, todos los allí presentes; tanto de Heren Fanyrëa como de Eirë Esteldor, no tenían duda acerca de eso. Pero no serían los desmoralizados habitantes de Halatiryon quienes fueran a morar a los Salones de Mandos en aquel día.
A menos de un kilómetro detrás de la colina en la que se encontraban Gimbur y Erestor, acababa el bosque de Hyarmenassea. Hasta allí habían llegado sin ser vistos ni oídos los soldados de la compañía numero tres de Eirë Esteldor. Los dos vigías de la guardia de Erestor que patrullaban la zona del bosque habían sido abatidos por dos certeras flechas lanzadas con precisión élfica desde una distancia que a muchos podría parecer inverosímil para un disparo con arco.
Ahora la capitana Amarthdûr tenía a su compañía dentro del bosque y amenazando la retaguardia de un ejército enemigo que les superaba en número. Pero que no contaba con la frescura ni la sed de sangre que tenían los soldados de Esteldor, deseosos de vengar las muertes que habían causado los invasores Fanyareanos en su tierra.
La elfa dio las órdenes pertinentes al maia Iarundir y a la noldo Serkiel para que dispusieran tres columnas alineadas y ocultas en la espesura. A su orden debían efectuar una maniobra envolvente, y cargar hacia el desprevenido enemigo desde tres flancos distintos. Momentos después todo estaba dispuesto.
En la colina que había entre el bosque y la ciudad, los dos capitanes de Heren Fanyarëa contemplaban como sus guerreros se jactaban de su victoria ante los soldados de Esteldor que se asomaban temerosos a las murallas. En ese momento Erestor con su vista élfica, pudo ver como uno de los guardias de la ciudad esbozaba una sonrisa.
-¿De qué se reirá ese pobre infeliz? ¿Acaso recibe así a la muerte cuando esta viene a llevárselo? – pensó el elfo para sí.
Segundos después se escuchó el agudo e inconfundible sonido de un cuerno élfico que provenía del bosque que tenían a sus espaldas. Gimbur y Erestor se giraron y contemplaron el motivo por el que el guardia se reía.
Tres columnas de soldados de Eirë Esteldor se abalanzaban hacia la retaguardia de sus hombres.
-Corre Gimbur, monta – De un salto, Erestor subió al corcel y tendió una mano al enano para que este montase atrás.
Salieron al galope hacia sus hombres mientras la poderosa voz de Gimbur gritaba:
-¡Formad! ¡Nos atacan por la retaguardia! ¡Es una emboscada!
Al cabo de unos momentos las primeras filas de enanos chocaban contra la feroz carga de los hombres de Esteldor con un resultado lamentable para el ejército Fanyareano. Los enanos caían uno tras otro, sorprendidos como estaban pues casi ni sabían aún quién les atacaba. Los elfos tampoco reaccionaban y sus flechas no acercaban a acertar a los atacantes. Además los enemigos parecían salir de todas partes; les atacaban por Sur, Este y Oeste. Con esta coyuntura, solo Gimbur, Erestor y sus mejores capitanes luchaban como se esperaba de las tropas del águila y el vampiro.
Mientras rebanaba el cuello a un elfo enemigo con su espada Erestor le gritaba al rey enano:
-Se están desmoronando Gimbur. ¡Ordena retirada! Vayamos hacía el río.
-¡No! Debemos recomponerlos, somos más que ellos. No se nos puede escapar el saqueo.
En ese justo instante, las puertas de Halatiryon se abrieron y los defensores de la ciudad se sumaron al ataque como queriendo demostrar a Gimbur que la ciudad no caería hoy. Y esto fue demasiado para los Ramalië. El desmoronamiento era ahora absoluto. Además cualquier opción de retirarse hacia el río había terminado con el contraataque salido de la ciudad.
La voz de Gimbur, movido por la desesperación se escuchó clara en el campo de batalla:
-¡Retirada Ramalië! ¡Hacia el Este, corred hacia las montañas!
Las bajas aumentaron aún más cuando los lentos enanos intentaban escapar de los perseguidores Esteldili. Gimbur que montaba en el corcel de Erestor, no quiso abandonar a sus soldados y de un salto plantó sus pies en tierra y se dirigió hacia la retaguardia a enfrentar al enemigo. Volteando a Lombeleg asestó dos rápidos martillazos a sendos elfos que corrían espada en mano tras sus desorganizados enanos. El cráneo de uno reventó al instante y el otro cayó al suelo con el cuello aplastado, en una dantesca imagen que hizo que los perseguidores rebajaran su ímpetu. Pero uno de los arqueros de Esteldor había puesto rodilla en tierra y había cargado su arco dispuesto a hacerle pagar caro al rey enano su osadía.
La flecha salió certera del gran arco élfico y quiso la fortuna que en ese momento levantase ambos brazos para asestar otro martillazo; las placas de su armadura se le subieron dejando al descubierto una pequeña porción de su abdomen, tan solo cubierta con su camisa de lino.
La flecha atravesó lino, piel y carne y Gimbur se dobló mientras profería un estremecedor alarido. La sangre le brotaba abundantemente de la herida y a duras penas lograba no retorcerse de dolor.
La cara del humano Esteldili que iba a ser objetivo del martillazo, cambió de puro terror a una obscena mueca de crueldad cuando se disponía a hundir su hoja en la espalda de Gimbur. Y fue con esa expresión en la cara con la que su cabeza fue separada de su cuerpo merced a un certero tajo de Erestor Fëfalas que había acudido presto en ayuda de su amigo.
Erestor alargó su esbelto brazo y en una colosal exhibición de fuerza subió a Gimbur a la grupa de su caballo; para salir después disparado hacia el Este como flecha lanzada por el mismísimo Oromë.
Resumen de la batalla.
Eirë Esteldor no ha perdido ninguna armada.
Valoraciones: 7+7+8,1+6,6+8= 7,34.
No pierde puntos.
Heren Fanyarëa ha perdido 10 armadas x35= 350 puntos.
Recuperables: 117 puntos.
Valoraciones: 8,5+8+9,1+8,4+9= 8,6
Recupera: 101 puntos.
Pierde: 249 puntos. Se aplica una sanción de 4 armadas por retraso en la publicación de la historia, lo cual equivale a 140 puntos. Total pérdida: 389 puntos.
Heren Fanyarëa entrega 100 monedas a Eirë Esteldor por abandono de la batalla.
Compañías actualizadas y listas!