Ílimo
Parte primera
I ness o Seregorn/ la mujer del Seregorn
El sol quemaba la brisa del mediodía cuando vi de lejos la casa de la familia de mi madre. Estaba situada en medio de los dorados campos de cereales que llamaban “campos de Yavanna” porque se parecían a los que segun decían había en Valinor… y yo caminaba hacia allí notando el calor hacerse agua bajo mis vestidos.
Me recogí el pelo que al ser oscuro retenía el fuego del mediodía y me subí la falda larga por encima de las rodillas en una actitud un poco indecorosa para una dama de la corte, pero que me servía para refrescar mis piernas que ahora rozaban el corto pelo del Meara que la reina tan amablemente me había prestado para hacer una visita a Kelüriel apoderada de la casa familiar y de las propiedades circundantes desde que mi madre y yo habíamos dejado la hacienda por la muerte de mi padre. Ahora, treinta años después, recibí una invitación de mi prima para que fuera en persona a visitarla y así recoger la parte de las ganancias anuales que correspondían a mi madre.
En el camino echaba de menos el frescor de Sarnië Elena y el Siriaur de discurrir transparente. Ansiaba llevarme a la boca algo de agua fresca que no fuese mi propio sudor salado o el agua recalentada como caldo de mi odre de viaje. Por eso apresuré el paso por los caminos de arcilla que se descascarillaban bajo los cascos de mi caballo. Piqué espuelas con tal de no mirar aquellos campos resecos que no hacían más que recordarme el sol abrasador tan impropio de aquella época y cabalgué colina arriba bajo un cielo intensamente iluminado y sin nubes. Se oía cantar a los grillos en un horizonte de cuyas tierras agrietadas se evaporaba el agua en oleadas a través de las cuales el paisaje era difuso, mis ojos estaban encharcados por el sudor de mi frente y las cejas hacía rato que ya no eran una barrera para ellas.
Mërne camina por las haciendas de la familia hasta que la sombra de la casa tapa su cara
Y ya sin importarme nada mas que la incomodidad del sudor que me pegaba el vestido a la piel, harta de notar mi olor corporal como si hubiese estado un día entero en las fraguas de Hrota Ellerína, atravesé montanda los soportales de la casa y me paré al lado de un abrevadero, allí deje a mi caballo y preferí ir al patio interior de la casa donde se veía una bella fuente de mármol blanco con la forma de un cisne. Corrí frenéticamente hacia la tinaja de plata rebosante de agua que se antojaba fresca. Pero algo se movió tras de mí y me volví hacia donde sentí una puerta abrirse. De dentro de la casa vino una jovencita doncella morena acercarse con varios paños, telas y una bandeja plateada.
__ ¡perdone señora por no estar al tanto de su venida! __dijo la muchacha cayendo a la arena del suelo como muerta de miedo, tal vez esperando una reprimenda por mi parte. La tomé de la barbilla y le dije que se pusiese en pié y que me dijese su nombre__ Indë dijo ella con una voz entrecortada y los ojos empañados__Acaricié su mejilla compasivamente y ella reaccionó aprisionando mi mano contra su hombro, cerrando los ojos, sintiendo mi caricia, me sobresalté ante aquella mal interpretación y retiré mi mano lo más delicadamente que pude. Ella notó mi movimiento evasivo y se avergonzó ruborizándose y agachando la cabeza para volver a pedirme perdón… desestimé sus excesivas súplicas y sin miramientos me abalancé sobre sus manos y tomé la bandeja para refrescarme el cuello y el pelo.
El contraste con el agua fría me puso la piel de gallina a la vez que me refrescaba a cada gota que lamía mi piel, aquella escena tan impropia de una dama como yo era seguida al detalle por Indë que no me quitaba ojo, aprovechando su cubierta de telas. Me sentía observada y lejos de molestarme decidí jugar con los deseos ocultos de aquella doncella. Tomé agua de la fuente y la elevé al cielo y cuando miré arriba y hacia ella note derramarse sobre mi cara, mis labios y mi pecho el agua helada. La miraba con falsa lujuria, jugueteando con mis expresiones, dando sensualidad a mis movimientos mientras ella intentaba disimular su acaloramiento... entonces me acerque a ella y trastabilló, tome una de sus telas y acaricie la piel de mi pecho y el cuello, vi que la joven recorría mi cuerpo con la mirada, tal vez ya se me trasparentaba el vestido, pero no sentía la suciedad del viaje si no el deseo refrenado de aquella criada. Me puse de espaldas a ella para secarme el pelo, ella se acercó a mí envolviendo mi espalda que descubierta, sentía su aliento cálido sobre mí y sus manos acariciarme bajo las telas con las que me secaba, y con esta excusa aprovechaba a explorar mi anatomía con delicadeza y maestría. Esperaba cortar el juego cuando mi moral ya maltrecha me alertase, pero me gustaba la, pues nunca en más de treinta años de mi vida me había encontrado con aquello, esa chiquilla aparentemente servicial y sumisa era una veta de sensualidad y de pericia, era de ver que mi cuerpo no era el primero y que disfrutaba con aquella situación que yo le brindaba, haciéndola albergar vanas esperanzas de una sexualidad imposible. Me di la vuelta y la mire a los ojos verdes, casi negros por el ancho de sus pupilas. Cogí sus muñecas y las apreté revelando una sonrisa maliciosa, me aparte de ella y aquella mujercita sumisa se mordió la comisura de los labios avanzando hacia mí con decisión, la tome de las muñecas de nuevo y chocamos mirándonos fijamente a los ojos y en ese momento notamos que había alguien mas allí e Indë lo leyó en mi rostro y recogió apresuradamente las telas caídas y las puso al borde de la fuente, saliendo disparada hacia una de las puertas laterales de la casa donde se perdió de mi vista.
__¡Prima Mernë!... ¡No te esperaba tan pronto!.. Dijo una elfa dando un largo vistazo a mi caballo para luego reparar en como me recomponía las prendas hasta la decencia, pues miraba como recreándose en mi semidesnudez de una forma que rozaba la insolencia. Kelüriel tenía el pelo corto y blanco a la altura de la mejilla de sus padres, en un pasado esclavos de las minas de Melkor. Me advirtieron del carácter teatral y seductor de mi prima pero no de sus comportamientos tan altivos como los de un caballero y de su mirada dura como la de un enano…suponiendo así que ella era la amante de su criada Indë
Kelüriel me tomó de la mano y me enseñó la casa llevándome a través de los soportales, pasillos y jardines…y fuimos a parar a una parte del jardín exterior que lindaba con un arroyo que corría a la altura de mis rodillas, en los límites cercanos a la casa.
_ Prima Kelüriel.. ¿dime el nombre de flores rojas como sangre que no abrieron aún sus pétalos?
_Cuentan que las trajeron los Noegyth Nibin de Beleriand, Seregorn las llaman y los elfos que vinieron de allí dicen que son piedra de sangre, y que indican malos augurios… aunque a mi me agrada que crezcan en esta orilla del arroyo. Cuando florecen parecen tapizar de sangre el suelo y según cuentan, el día que no lo hagan, los que las plantaron se levantaran para vengarse de los elfos que un día cazaron a los suyos por diversión.
Mernë se lava en el arroyo
Todo esto me lo estaba contando mientras yo terminaba de asearme en el riachuelo, supuse que estaba de espaldas para garantizarme intimidad, pero por los reflejos del agua supe que en ocasiones me lanzaba miradas furtivas, y tenía la sensación de que me miraba y quien sabe si hasta también ella me deseaba… pero con ella no me sentía como con la dulce Indë… no sé si fue la situación, el lugar o la historia que me contaba…pero terminé apresuradamente mi baño y me excusé para ir a mis habitaciones a descansar no sin antes tomar un ramillete de aquellas flores y argumentar que debía salir cuanto antes si quería poner en mi cuarto aquellos asquerosos capullos de Seregorn
Mernë coloca las flores en un jarrón de su mesilla y baja a cenar con su prima hasta que termina a media noche, retirándose a sus aposentos…pero el calor le impide conciliar el sueño.
[…]
Mernë extrañaba la cama, era su primera noche y no estaba acostumbrada a las sábanas de lino y a los voluminosos cojines que con tanto cariño le había puesto su misteriosa prima. Suspiró en aquel perfumado ambiente y se estiró entre las sábanas, notaba su camisón pegarse a la piel por el sudor… daba vueltas sin conciliar el sueño, el calor era insoportable. No le quedó otro remedió que ponerse en pie y acercarse a la ventana y dejar resbalar hasta los tobillos su fino camisón. Así notó el frescor de la intemperie colarse por las rendijas del cristal y lamer su piel desnuda en un escalofrío… miró a través de la oscuridad en los ricos jardines para no ver nada, miró atrás y se abrió a ella una habitación en penumbra elegantemente adornada con todo tipo de comodidades. Se acercó a su cama revuelta y alisó las sábanas y las mantillas encajándolas entre el somier y el colchón. Se quedó allí sentada, mirando pensativamente la estancia, el único lugar de la casa donde se sentía a salvo de aquella sensación extraña que emanaba de todo lo que tocaba su prima Kelüriel…se levantó y mientras caminaba pensativa, pasaba su mano por las superficies de los muebles y allí, en el aparador, notó un cuenco de frutas de donde se llevó una a la boca, fijándose en una botella de vino… y se acordó de la cena de anoche con su prima, era la misma botella de la que bebió y ahora estaba allí, en su recamara, esperando saciar el trago de media noche, con la escarcha helada goteando por el cristal.
Mernë se vuelve a despertar tras conciliar el sueño
Allí, a lo lejos, ¿voces? Mujeres… ¿Quién interrumpe mi sueño?... quien ríe a estas horas de la noche…, ¿que puede ser tan divertido…?
Me acerqué a los cristales y posé en ellos mis manos y mi mirada. Eran Kelüriel e Indë corriendo descalzas entre Ithil y la hierba, sin temor a ser descubiertas, con los vestidos recogidos en una mano y una botella en la otra, bebían y reían como cervatillos, el licor se escapaba por la comisura de sus labios y las miradas de de jade refulgían en sus ojos vidriosos, se notaba la complicidad entre ellas, en cada acercamiento, en cada roce, en cada susurro cercano, a la vez que sus manos se deslizaban jugueteando sobre la otra. Hasta que Kelüriel tomó a Indë de la cintura y la llevó hacia el cauce del riachuelo.
Mientras notaba el calor en mí, insoportablemente atenazador aun estando semidesnuda, pensé en ellas, y en que haría aquella pareja de mujeres ahora, y como sería aquel encuentro… Notaba como la curiosidad se adueñaba de mis pensamientos y que contra mas quería quitarlos de mi mente mas se arraigaban, como una idea delirante que rondaba mi pensamiento, y una voz secreta que me llamaba a expiar la intimidad de aquellas elfas… y el morbo me empujó a abrir la ventana y a aventurarme en mitad de la noche tras los pasos de las dos amantes que vivían su pasión secreta en el abrazo de complicidad de la noche. me moví en silencio enredando mi cabello en las ramas y por fin, tras caminar, abracé mi cuerpo semidesnudo a la rugosa corteza de un árbol, y mas allá, en la ribera del río donde me había bañado por la tarde, se besaban las dos elfas, escondiendo sus manos traviesas entre los pliegues de sus vestidos, acercando sus bocas sedientas de una alocada lujuria… y en este baile de caricias movimientos y besos arrinconó a Indë contra un árbol arrugado y enfermo y allí ambas apuraron sus licores afrodisíacos y se entregaron, con más lujuria si cabe, la una a la otra. Sus vestidos cayeron resbalando desde los hombros hasta las rodillas, y quedaron en el arroyo hasta que se los llevó la corriente. Desde mi escondite saboreé aquel momento prohibido que me brindaba el anonimato. Las elfas se enroscaban en un mar de gemidos frenéticos, a cada mano luchaba por un ápice de piel del cuerpo de la otra, su bocas jugueteaban golosas entre sí, explorando todos sus recovecos mas íntimos. Hasta que los labios de Kelüriel resbalaron lamiendo el cuello, el pecho y el abdomen de Indë, que la sujetó allí con sus manos provocando que su cara se contrajese en un mueca de placer. Y allí, en ese momento, vi un resplandor metálico nacer de la hierba e ir a parar a las manos de Kelüriel. El filo de una daga recorrió el cuerpo de Indë cortando su piel en una mueca curva de la que emanó una explosión de borbotones de sangre a los alrededores. Indë abrió sus ojos por última vez, y la vida se le fué antes de que pudiera emitir un último grito… y en vez de eso una lagrima de sangre caminó por la comisura inerte de sus labios, y lamió su brazo hasta desembocar en su dedo y gotear al arroyo que fue a parar al Seregorn de la orilla, que se abrió al rozar aquel último hálito de vida…
Grite de horror hasta desgarrar mi garganta y no conseguí nada más que una risa de niña traviesa de Kelüriel, que empujó el cuerpo desangrado de Indë con el pié mientras se regodeaba de verme horrorizada. No sé lo que grité, ni como ni porque fui allí, estaba excitada por ese vino, tropecé y caí en un manto de flores sangre…
[…]
Abrí los ojos… ¿Dónde estaba?. En mi cama con la habitación a oscuras, asquerosamente empapada con mi sudor. Tras la ventana era aun de noche. Todo había sido un mal sueño, aquel calor insoportable me había jugado una mala pasada, palpé la mesilla, el jarrón con flores, y un rumor detrás de mí, en la cama, a mi lado, una respiración…, el jarrón, el Seregorn ¡había florecido!, y… ¡Kelüriel estaba allí!, me di la vuelta y mi prima me miraba libidinosamente pícara con su pelo empapado contra la almohada, se incorporó y se acercó mucho aprovechando mi confusión, me quería besar y yo me relajé…todo había sido un sueño ¿Por qué no corresponderla?…. Y entonces tome su mejilla con mi mano y aparté sus cabellos cortos y blanquecinos a un lado, deseando probar los labios de aquella misteriosa mujer y es cuando vi una salpicadura de sangre en su mejilla.
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[Editado por gorathion el 18-07-2006 00:29]
