Lómëa Útyelnaike
Hace mucho tiempo ya, en la Biblioteca de Armenelos, se encontraba un trozo de papel que databa de años posteriores a la Nirnaeth Arnoediad. La carta, escrita por una mujer (probablemente perteneciente a la Tercera Casa), fue encontrada por algunos Hombres de la Casa de Hador en un poblado arrasado por los ejércitos de Morgoth en Hithlum. Quemado en algunos sitios, manchado de tierra y humedad, el papel fue llevado a Númenor por las gentes que fueron a vivir allí al término de la Guerra de la Ira. Su importancia se basa en que es uno de los muy escasos escritos de la época y lo que nos cuenta, un exponente de muchas otras historias que se perdieron para siempre.
Amor, ¿hace cuánto ya que te has ido? El tiempo se ha hecho incontable para mí, mi alma está seca sin ti...
(...) Ahora puedo oírlos. Las huestes del Opresor celebran sus pequeñas victorias sobre nosotros, como la matanza de la noche pasada (...) Me concentro en ti, en tu recuerdo...el humo de esta cueva me hiere la vista y me lacera la garganta...
¿Por qué? Te lo pregunté una vez, no supiste responder y sé que tampoco podrás ahora. Estás tan lejos (...) \"Voy a la batalla\", me dijiste, \"porque no se puede esperar a que la Sombra te alcance sin haber luchado\". Y yo trato de ser tan valiente como tú...Oh, lo intento, pero tengo miedo.
Me aprieto contra las frías paredes de esta caverna. Nos hemos escondido donde pudimos, solo quedamos cuatro. Pero para mí sólo estoy yo, con este trozo de papel y mi carboncillo, que tiembla con el pulso incierto de mis manos. Hemos escapado, de momento. Han arrasado con todo; con las casas, con la gente...con la voluntad también. Ya no sé si quiero huir. Porque, te pregunto, ¿se puede huir? Dímelo tú, porque si alguien puede darme una respuesta eres tú, que me has iluminado con tu sabiduría.
Por una grieta en la piedra veo el resplandor de las fogatas del campamento de esas bestias asquerosas...No sé a cuántas personas vi morir la noche en que atacaron, no recuerdo sus rostros, me parecían todos iguales. Sin embargo, no los olvido, porque si algo ha de quedarme, si de algo no pueden despojarme es de la memoria.
El humo sigue invadiendo la caverna; el hedor a carne quemada se mezcla con el de las casas de las que solo quedan cenizas. \"Es el olor del fin\", dice un hombre con voz hueca junto a mí, y le veo esconder la cabeza entre las rodillas. \"Lo siento\", pienso, pero las palabras no salen de mi boca. Y en verdad lo lamento, pero no puedo ofrecerle mi consuelo, solo puedo seguir escribiendo frenéticamente.
(...) Eras parte de la comitiva de Fingolfin. Te vi llegar resplandeciente, montado a caballo. Y yo, peridida entre la multitud, me quedé deslumbrada cuando vi la luz de tus ojos. Luego me explicaste de dónde venía esa claridad, y la música de tu voz me envolvió. No tardé en darme cuenta de que así sería para siempre, que yo te pertenecía y que nada podría alterar ese hecho (...) Compartimos muchas tardes, me diste de beber de la fuente de tu saber y yo atesoro tus palabras y tus gestos en lo más hondo de mi corazón. Una tarde como cualquiera viniste a despedirte, tomaste mis manos entre las tuyas y dijiste que quizás volverías, que nos encontraríamos en tiempos y lugares más felices. Las palabras acudieron a mis labios, pero se negaron a salir...soltaste mis manos y te alejaste caminando con la cabeza bien alta. ¿Recuerdas que corrí hasta donde estabas y te toqué un brazo? Te giraste y me dijiste que la cuidara, que huyeramos. Que tu amor no era para este mundo, y en la vehemencia de tus palabras pude apreciar lo que te torturaba, el matiz gris en tu voz, el velo que empañaba la luz de tus pupilas. Amabas a alguien, sí, pero no a mí. Las palabras murieron definitivamente en mis labios, pero te prometí que cuidaría de ella.
Pasaron muchos días, meses, todos ellos iguales. Hasta que en pleno día se hizo la noche, y de su mano vino la desesperación. Horribles criaturas montadas en lobos prendieron fuego a lo que encontraron a su paso y mataron a quien se cruzó en su camino...La sangre se mezcló con la tierra, convirtiéndolo todo en una ciénaga...Ella no está conmigo, eligió un horrible final por salvarme: me empujó fuera de la casa en el preciso instante en que el techo se desplomaba preso de las llamas. La llamé a gritos y no respondió. La esperé, mas no salió.
No sé a cuántos maté con mi cuchillo, pero espero haber vengado mínimamente la vida de ella. Los oigo más cerca. Seguramente habrán descubierto que algunos hemos escapado y vienen en nuestra busca. Yo trato de escribir más deprisa, todo lo rápido que me lo permiten mis abrasadas y despellejadas manos. Si toco mi rostro sé que también lo sentiré áspero y quemado bajo las yemas de mis dedos, y siento el dolor, pero puedo soportarlo.
Trato de trasladar mi ser a algún lugar recóndito de mi mente, donde el horror no me alcanza. Porque, ¿sabes?, nunca he visto a Bauglir, el Enemigo, pero lo sentí, sentí su presencia. La Oscuridad que ahoga la esperanza y estrangula la voluntad; su mano lo ha mancillado todo. Todo menos tu recuerdo, y por eso esta noche busco solaz en esa parte de mi memoria que te pertenece, que estuvo contigo siempre...
(...)Cada minuto que pasa el calor y el aire enviciado se hacen más insoportables aquí dentro. Creo que...han quemado hierbas y arbustos secos en la boca de la cueva para hacernos salir. Miro por la grieta en la pared y por las estrellas estimo que el alba está cerca. Y ahora sí desespero, y lo hago porque quiero ver el sol levantarse. Me atormenta pensar que no podré verlo, que hasta eso me será arrebatado, porque el brillo del sol en las nubes emula el resplandor de tus ojos, y lo añoro tanto, tanto...
Ahora veo, ¡por fin!, que el horizonte clarea. Se ha cumplido mi última esperanza...No, la última no, porque mi deseo final es que estas palabras no hayan sido en vano, que traspasen el insignificante papel y lleguen a donde quiera que estés. Que ojalá los dioses de los que me hablaste pongan alas a mis letras y puedas saber que te amé y que te amo con todo mi corazón. (...)Quizás vea la mañana levantarse gloriosa, pero sé que moriré aquí y que no habrá otros albores que deleiten mis ojos. Más no pereceré en la esclavitud, no saldré ahí fuera , no imploraré piedad. Tampoco alzaré mi puño ni juraré venganza, no me corresponde a mí esa parte. Solo me quedaré aquí sentada a esperar que el fuego me consuma o que esas bestias vengan a por mí con sus aceros tintos en sangre...Dos de mis compañeros han intentado escapar y oí sus gritos cuando acabaron con ellos. El otro no se mueve, su piel se ha tornado grisácea...Me he quedado sola.
El papel se me acaba y el humo no me deja respirar. Pero quería que supieras que ni la Negrura Que Lo Cubre Todo ni ninguna otra cosa han podido impedir que me aferre a ti esta noche. Has sido el último hilo que me mantiene unida a la cordura...No sé qué hay más allá, ni si nos encontraremos después de todo esto, pero de alguna forma me he unido a ti hoy y algo me dice que esa unión trasciende todas las fronteras...
(...)La vida se me escapa, amor, sin remedio(...) \"Vanimë\" me llamaste una vez, y yo me recuerdo así. Porque Él, Que lo Ahoga Todo, que extiende su manto de desesperanza, no pudo contra mi deseo de un último adiós, ha perdido su batalla personal conmigo(...) Les oigo otra vez...Ahí vienen(...) Donde quiera que estés, Adiós.
[Editado por Vardilme el 21-07-2006 23:07]
