La Guerra de los Clanes

Historias, leyendas y batallas en las tierras olvidadas de Arda.

Edicion 3

Árador, Tierras de la Aurora

Finalizada · 19-03-2006

Historia Por Puntos. Helkelen Lara. \\\"Las Revelaciones De Apacen. Historia De Algalord, Capit

2006:07:23:18:30:00

Hathol Karkar

Como una tormenta desatada, la compañía de Loregard cayó sobre las odiosas criaturas de S’ssra. El sargento Adeon, miró a su alrededor en busca de un objetivo, observando con su aguda visión hasta el último rincón del campo de batalla. A su izquierda la compañía de Odeon se abalanzaba desde el desfiladero, hacia el centro de las fuerzas enemigas.

Los observó detenidamente mientras se abrían un sangriento paso con sus armas; lacerando la pálida carne de sus enemigos con sus espadas. Girándose hacia la derecha vio como la magníficaba caballería de Marius cargaba contra una monstruosa criatura que poseía muchas extremidades. Mientras los observaba, uno de los jinetes y su montura quedaron partidos por la mitad por un arma de brillante filo, pero los jinetes reanudaron su carga con gran determinación. Poco después sus astas estaban impactando y desgarrando sus la criatura, esparciendo sus vísceras por todo su alrededor.

Volviendo a centrar su atención en el flanco izquierdo observó como la compañía de Odeon casi había desaparecido debajo de una gigantesca masa de criaturas de forma arácnida. Aunque las extrañas criaturas eran de pequeña estatura, poseían aguijones venenosos en sus extremidades.

Los frondosos bosques de Stryia estaban infestados de estas criaturas, y su compañía tenía la misión de exterminarlas, para permitir a los refugiados alcanzar la fortaleza de Algalord.

Ordenando a su escuadra que cargara, Adeon se abalanzó hacia adelante, a su alrededor los más veteranos entonaban los cánticos de batalla, entrando en un estado de frenesí que los impulsaba a la batalla. Él también podía sentir el poder mágico de aquellos cánticos, que recorría todo su cuerpo. Su cuerpo se estremeció con una energía apenas reprimida, a medida que se acercaba a las líneas enemigas. Con un aullante grito de batalla la escuadra se precipitó sobre el flanco enemigo.

¡Por el Emperador y la tierra! ¡A muerte! ¡A MUERTE! – gritó en el sargento con toda su rabia.

Las criaturas retrocedieron a causa del repentino ataque. En poco tiempo veinte de esas criaturas yacían muertas entre la densa maleza, mientras su negra sangre manchaba las hojas y troncos de los árboles cercanos. Adeon estaba jadeando no por el cansancio, sino por la excitación del momento. Pasando por encima de los cadáveres, trazó un arco con su poderosa espada, aplastando a dos criaturas más. A medida que avanzaba por encima de otros cuerpos, escuchó el sonido que producían sus pesadas botas al aplastar los cuerpos sin vida de sus enemigos. De repente algo golpeó a Adeon, y pudo sentir como un largo tentáculo se enredaba alrededor de su brazo izquierdo. Girándose tanto como pudo, vio que estaba enredado en algún tipo de planta mutada por los poderes de S’ssra, sus poderes la habían convertido en una planta carnívora.

Se preguntó cómo algo que fue tan bello podía ahora albergar tanta maldad, mientras su goteante boca se abrió y lo arrastraba hacia ella. Hincando los talones en el suelo trató de resistirse, mientras con la mano derecha, en la cual aun empuñaba su espada, intentaba cortar el tentáculo, y con un certero golpe logró cercenar el tentáculo. No obstante, y muy a su pesar, varios tentáculos se aferraron a él con más fuerza. Emitió un gruñido de desesperación, y un pensamiento inundaba su cabeza, había atravesado el desolado desierto de hielo, la agonía de las torturas de sus captores, y había luchado contra tantos enemigos para acabar devorado por una maldita planta.

De su interior una energía renovada brotó, permitiéndole liberarse de los tentáculos de su captor, en medio de una ducha de savia de color sangre, para finalmente asestar el golpe de gracia a la criatura.

De nuevo Adeon se incorporó a la batalla, saltando en medio de un grupo de criaturas, el palpitar de su corazón resonaba en los oídos del sargento, y notaba como el sudor le resbalaba por la cara dentro de su yelmo. Sintió un incontrolable deseo de aplastar a todas aquellas criaturas con sus manos desnudas, por todo lo que habían hecho a su amada tierra. Con un revés lanzó a una de las criaturas por los aires, que fue a chocar contra un árbol, partiéndole el caparazón. Agarró a otra de las criaturas por el cuello y le golpeó la cabeza contra una piedra que sobresalía, mientras clavaba la espada en el cráneo de otra criatura, aplastándola como el insecto gigante que era. Continuó atacando sin pausa y pronto se encontró luchando con la compañía de Odeon, que luchaba contra un enjambre de escurridizas criaturas. Sin embargo cuando Adeon los alcanzó, las criaturas huyeron desapareciendo entre los serpenteantes caminos del bosque y en el interior de los gigantescos troncos de los árboles.

Deteniéndose unos instantes para que le alcanzara el resto de su compañía, la furia de Adeon comenzó a remitir, observó su roja armadura y vio que estaba cubierto de la cabeza a los pies de la sangre de las criaturas, y poco a poco ésta comenzaba a acumularse en sus pies, formando un oscuro charco que crecía por momentos. Hoy la muerte no le había reclamado. Todavía no.

[…]

Las revelaciones de Apacen.

Historia de Algalord, Capitulo VIII

Los horrores del bosque Stryia.

Naredhel Anariel

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