Erendel
En su lecho, tal como en otras ocasiones en las que su bienestar se iba recuperando, Erendel gustaba de interesarse por los asuntos de su ejército y ojeaba en ese tiempo de asueto, los mapas de la zona y los nuevos mensajes que llegaban, tanto de la vanguardia como de la retaguardia del ejército y el reino.
Pero fuese o no por el veneno, lo cierto es que en esta ocasión ocupar su mente con ejercicios tales, le parecía algo mas que imposible. No obstante quería encontrar algún tipo de lectura liviana, que se pudiese apartar de lado por un tiempo, si su cuerpo así se lo exigía.
Aquel páramo helado no era el lugar mas indicado para encontrar algo de tales características, mas de todos modos se pregunto entre los soldados por algo que pudiese asemejarse a esa petición. Poco tiempo después hasta aquella tienda se acerco uno de los guardias de Erendel, portando un objeto entre sus manos. Tras pedir permiso para traspasar el umbral se acerco al elfo y le hablo:
-Señor, no hemos encontrado otra cosa que pueda acercarse a lo que solicitasteis salvo esto- dijo mostrando lo que llevaba en sus manos.- Es un pequeño libro de fábulas y leyendas.
Quizás era un viejo recuerdo de la infancia, algo que representase a los hijos que esperaban en casa o un simple gusto por la lectura, pero el no conocía la historia a ciencia cierta. Erendel recogió con delicadeza el libro que le entregaba el soldado. Era de tapas rojas con un pequeño grabado dorado y plateado apenas ya visible. No era demasiado grueso y sus hojas de color amarillento mostraban que se trataba de un volumen de bastantes años. Sus historias no eran muy extensas, pero si algo llamo la curiosidad del elfo era que estas presentaban anotaciones a lo largo de los márgenes. Se trataba sin duda de un libro juvenil
Abrió con suavidad las pastas y como si un dedo le moviese las páginas, el libro continuó volteando sus hojas hasta llegar a una historia breve cuyo título ya apenas se distinguía en el encabezado. Decía así:
En tiempos antiguos cuando el mal apenas había alcanzado las tierras creadas por los Valar, vivía una joven de dorados cabellos, tez pálida y brillantes ojos azules como el profundo mar. Era una elfa alegre y jovial que entrego con prontitud su amor a aquel que más la amaba: Era un guerrero elfo de vida errante. Gustaba de vivir aventuras y luchar por causas justas, pero llegando un día a la fuente del bosque sus almas se encontraron de improviso. Llevaba ella un cántaro delicadamente apostado en su grácil cabellera, y entonces le vio en las cercanías, abatido por el dolor de las heridas del hambre y de la sed.
Presta como era ella cuando la situación así lo requería, corrió a socorrerlo y fue un \"agua por piedad\", lo primero que ella escucho de su amado. Con gran esfuerzo lo recostó contra un gran roble que presidía aquel bosque y acercando su mano combada, vertió el agua en su palma y le dio de beber, sorbos cortos y profundos de aquel agua cristalina.
Una vez saciada su sed, recogió aprisa todo cuanto la gran naturaleza le brindaba y mientras el cansancio vencía al desconocido. Luego ella se acerco para cuidar y curar algunas de las múltiples heridas que presentaba. Cuando por fin el abrió los ojos era ya noche estrellada, pero entre aquellos tenues brillos y aun el de la luna el se fijo en aquellos focos azules enmarcados en la perlada sonrisa que los acompañaba. Y el amor despertó en el ante su belleza, como ella cayera rendida poco antes, y esa noche permanecieron juntos y cuando las palabras callaban, hablaba el corazón, pues sus almas formaban la unión perfecta en todos los ámbitos de su vida como poco a poco fueron comprobando.
Gran preocupación hubo esa noche en el poblado por la desaparición de la joven y mas aun cuando en el alba la encontraron abrazada a un extraño. Sus padres largo tiempo lloraron y pronto la apartaron de su lado, pues nada conocían del joven y su reputación estaría en juego para con los demás miembros del pueblo. Además había en el lugar un individuo amigo de la familia que trataba por todos los medios de enlazarse con la joven.
La promesa de mayor prestigio y poder le dominaba la razón y desde entonces vigilo la situación antes de que esta se le fuese de las manos. Así supo todo lo ocurrido, pues a pesar de que el joven fuese a la profundidad del bosque esperando solo a que se recuperase y ella estuviese obligada a no verle nunca mas, su amor verdadero prevaleció por sobre todo y todos, y el bosque antaño siniestro para todos recibió sus encuentros con gran júbilo y belleza.
La ira le cegó y recurrió a artes oscuras inspiradas por Morgoth el odiado. Mediante mentiras y engaños habló a la joven con la cordialidad de costumbre pero, con el veneno en los labios, le dijo que lo sabía todo, pero ante los ojos de sorpresa y miedo de la joven, él la tranquilizó, hablándole de sospechas de sus padres y del peligro que correría su enamorado si al final todo se desvelase, aunque dándole la solución a tales males. Por unos días no podrían verse. Ella podría escribirle cuantas cartas gustase, contándole lo que desease y él, por la gran amistad que le procesaba, con gusto acudiría al bosque como su mensajero y le explicaría todo para que el no se preocupase. Pero desde ese momento ya no podría verle por un tiempo indeterminado, y aunque con lágrimas y súplicas ella le imploró verle esa tarde, al final sus palabras ponzoñosas pero gratas al oído la convencieron.
Mas esas cartas nunca le llegaron a él y, por el contrario, este hombre las guardaba con un amor enfermizo contestándolas como si fuesen referidas a él. En ese tiempo le regaló un colgante embrujado en nombre de su amado.
Pasada una semana ella no pudo ocultarse por mas tiempo y pese al miedo a sus padres acudió al bosque dispuesta a no temer nada junto a el, enfrentándose a los problemas juntos, pero en su camino su falso amigo la detuvo y le dijo que el joven había muerto a manos de un monstruoso ser salido de la oscuridad y que solo el por fortuna había podido escapar mientras el joven intentaba detener aquel mal. Ella no podía creérselo y desoyéndolo se fue al bosque, no sin antes coger una daga que él le ofrecía al menos como proteccion mientras acudía al pueblo en busca de ayuda para acabar con la vida de la bestia.
Allí recostado le vio, con enormes colmillos y brazos fuertes y deformes. No veía a su amado por ningún lado y con frialdad se acerco hasta aquel árbol, se arrodillo a su lado y con frialdad le acerco el frío acero a la garganta de aquel ser que había terminado con la vida de su amor. Él dormía sin intuir nada, pero poco a poco su final estaba próximo.
Pero cuando todo estaba dispuesto una lágrima nubló la vista de la joven, un llanto por su amor que la desgarraba por dentro en el momento de vengarle, y su mano se detuvo, pues bajo aquella apariencia vio a quién tanto amaba y como su amor era puro y verdadero, le besó. Fue entonces cuando los dos colgantes se quebraron, pues él había sido engañado del mismo modo y sus apariencias eran distintas a sus ojos.
Desde ese momento no temían a los padres de ella y juntos acudieron al pueblo, donde al cabo de poco tiempo y viendo su gran amor, se unieron por siempre, con aquellos colgantes como símbolo de su unión, restaurados por los mejores herreros del pueblo. Del traidor poco más se supo, pues no volvió a aparecer, pues había sido vencido por el amor que ahora y siempre ambos jóvenes se procesaban.
Al final del relato una breve anotación sentenciaba: \"El amor verdadero. Algún día espero encontrarlo\".
Erendel sonrió pensando en aquel propósito que el dueño del libro buscaba para sí. Cerró el libro y sintiéndose mejor de sus males se decidió a pasear un rato y volver a las ocupaciones del ejército aunque esperaba encontrar a quién tenía que devolver el libro para agradecérselo. Y esperaba en su ser que su sueño se hiciese realidad pues entonces la paz habría llegado al fin.
