Edicion 3
Árador, Tierras de la Aurora
Finalizada · 19-03-2006
El Comienzo
2006:10:16:21:49:17
Orodril
Orodril contemplaba el túnel con cierta impaciencia, pero haciendo una valoración aproximada del tiempo transcurrido quizás ya no faltara tanto.
Como tantas veces la reina Illurë parecía haber echo odios sordos a sus consejos de tomar un camino más prudente y más directo hacia la zona alta de la ciudad, y había hecho un recorrido más escalonado, alimentado su imagen de poder y majestuosidad entre sus súbditos. Todo ello bajo los diferentes equipos de seguridad montados con anterioridad, y del cual el elfo era el único encargado y el único culpable dado el caso.
Al final varias luces en la lejanía comenzaron a bañar con su luz las paredes del túnel. La reina Illurë había llegado, y su entrada provocó una cierta agitación y breves comentarios entre la mayoría de los gobernantes, que se encontraban apostando a la espera a ambos lados de la escalera que conducía a la zona alta de Astan Neuma. Tan solo el emperador Yago de la provincia de Edon (salvo Uzab-Kibil y yo, para quienes no era nuestra primera visita real) permaneció sereno, exultante bajo su imagen de poder y riqueza, orgulloso y soberbio. El resto estaban absortos en la imagen de la reina, quien había optado de nuevo por usar como montura a Liantur, una grotesca araña, pariente de Ungolianth, en sobre manera alimentado, siendo su altura de unos tres hombres erguidos.
A su lado montando un bello corcel negro, cabalgaba Rael, anterior gobernante de Astan Neuma, que ahora ocupaba el cargo de auditor real bajo el sobrenombre de Curumaruth, y tras una máscara de piel confeccionada a partir de pálidas caras humanas. Y a pesar de la lejanía aun entre ambos sus miradas se encontraron, provocando un brillo y sonrisa en el ranquendi y una faz agria en el camkiri.
-¿Es hermosa no crees? Su belleza bien podría ensombrecer a la de muchas elfas- susurró la voz bañada en el amargor de Dyshira, apostada a su lado.
-No es ella precisamente quien ensombrece en este lugar- respondió el elfo quien no tenía ojos mas que para Rael, a quien bien hubiera deseado dar muerte tiempo atrás, más bien sabía que de que se hubiera dado el caso, la suya hubiera sido la siguiente cabeza en haber rodado.
Pero aquellos pensamientos funestos desaparecieron al fin, pues bien no sabía como, Dyshira se le aproximó más a él y rodeo con ternura con el brazo diestro su cintura. Su mirada brillaba ahora y en su rostro hubo un leve amago de sonrisa, evitado por el momento de profundo protocolo.
-Orodril-
-Si mi señora- respondió veloz ante la voz.
-Muéstrenos el camino hacia la cámara de gobierno-
-Así sea- y tras una leve reverencia condujo al escueto sequito a través de las escaleras y de los jardines, a la cámara de gobierno, más concretamente a la sala de regencia, donde se encontraba una gran mesa de mesa con tres asientos a un lado (de los cuales uno tenía un aspecto más bien de trono) y siete al otro, rodeado de cuadros, tapices, estatuas, y decenas de ornamentos, como una bella lámpara que vestía la sala, sin llegar a sobrecargarla.
-Pensaba que nos reuniríamos en el parlamento, como en ocasiones anteriores- se atrevió una voz un tanto entrecortada a su espalda, quien no tardo en identificar como la del califa Tarik Al-yasar, un hombre sabio, que era más un intelectual que un soldado, tan cómodo en aquella situación como una oveja descarriada entre una manada de hambrientos lobos.
-El parlamento esta relegado ha tratar temas más relevantes. Esta no es una reunión para los señores de la guerra, ni para los dirigentes de órdenes o gremios, tan solo los gobernantes de las siete provincias, y solo ellos, nada de duques, condes, vizcondes, o cualquier otro grado de aristocracia. Ahora pues tomen asiento.- concluyó Orodril. Y así pues, los siete asientos fueron ocupados por los siete gobernantes de las provincias, mientras quien los otros tres fueron ocupados por Illurë, Rael y Orodril (quien a pesar de ser rey junto a Dyshira, su esposa, de la provincia de Nasta Netula Men, no era él, sino ella quien ostentaba el bastón de mando, y por tanto ocupa asiento junto a su reina, como representante de ésta en el Matriarcado de Harniâth).-Acto seguido puede comenzar la reunión.-
Luiniel
El viento soplaba ligeramente desde los altos senderos celestes, bajando por los picos nevados de las Montañas de la Brisa, hasta las calles subterráneas de Astan Neuma. Era increíble el frío que hacía debajo de las montañas. Las calles estaban abarrotadas de gente comentaban la visita de la reina.
Entre la multitud emocionada, una alta figura encapuchada caminaba lentamente. Tenía la talla de una noldor, iba vestida con unos pantalones cafés muy desgastados, una blusa verde ceñida a su esbelta figura, en el cinto llevaba una daga y una espada, calzaba unas botas de piel de lobo que acababa de obtener gracias a un comerciante descuidado. Su rostro, oculto por la capucha de una gruesa capa negra, se mostraba serio sin dejarse contagiar por el entusiasmo. Luiniel era su nombre, una extranjera en el reino de Harniâth, no tenía pensado quedarse mucho tiempo aunque tampoco sabía a donde iría después.
La elfa entró en una posada a tomar un trago. Era un local pequeño y no muy concurrido; un anciano y un enano de barba blanca bebían en la barra y unos hombres conversaban animadamente en una mesas aparte. Luiniel se sentó en la barra.
- Cantinero, un café con amareto.
El enano se hecho a llorar al oír a la elfa - ¡Justo lo que pedía Bor! – se acostó en la barra y de repente se oyeron ronquidos.
- Disculpad a mi amigo – dijo el anciano dirigiéndose a Luiniel –, hace unos días murió su amigo Bor, el Martillo Negro, y está muy afectado.
- ¿Bor? Extraña coincidencia… - la elfa rió por lo bajo.
- ¿Lo conocía?
- No, pero su primo Nauthiz de Khazad-dûm me pidió que le entregara un mensaje. Dijo que era muy importante que encontrara a un enano llamado Bor en Orod Nid – no era exactamente lo que había ocurrido, pero no le importaba lo que pudiera pensar el hombre.
- Él nunca dijo nada de parientes… No sé si es el Bor que buscáis, él vivió en Astan Neuma desde que lo conozco. – el anciano dudaba – Aunque tal vez si lo sea… Bor fue enterrado en la Necrópolis, un lugar poco popular. No se le permitió a nadie asistir.
- ¿Cómo puedo llegar hasta allí? – continuó Luiniel tras una larga pausa.
Al cabo de una media hora, la noldo salió de la posada, para ser la primera vez que estaba en la capital había conseguido justo lo que buscaba. Ahora sus pasos la llevaban a los niveles superiores.
Kael Athas
Kael observaba la imponente ciudad que se alzaba frente a el.Astan Nuema.Avazanba impaciete por aquella campiña cuando vio a un pequeño grupo peleando contra unos orcos:
-¡Malditos orcos rebeldes!-el que parecia el sargento arremtio contra un enorme orco.
A pesar de que los humanos eran mas el enorme orco y sus dos acompañantes,dos orcos mas peqeños tal vez trasgos,los apabullaban.Kael al reconocer la heraldica de los humanos:Liantari Dimbar.
Aquellas tierras estaban en guerra el lugar perfecto para un mercenario.
Antes de partir de Rhun,donde habia servido a su ultimo patron,se habia informado sobre esas tierras.El lugar perfecto para un mercenario.
Pero el habria preferido seguir en Rhun pero el cauidilo que mato a su patron le dejo vivir con la condicion de que fuese su guardaespalda personal o se marcharse de alli.
Decidio no manchar la memoria de su antiguo patron y se fue.
Decidio ayudar a los humanos.Arremtio contra el gran orco.Por la espalda le fue facil....:
-¿Quien sois elfo?-pregunto el sargento
-Kael Athas mercenario para servir...
El sargento dijo un timido gracias y se marcho a la ciudad...
Kael contemplo la ciudad...alli estaba su destino lo sentia...
Uzbad Kibil
Uzbad Kibil se sentía cómodo en aquel lugar, al fin y al cabo Astan Neuma se encontraba en mitad de las Montañas de la Brisa... lo que no llegaba a comprender era como algunos elfos como Orodril se sentían también cómodos en aquel lugar rodeados de grandes rocas.
Aún así el enano ardía en deseos por abandonar la capital del Matriarcado, por fin podía ocupar el trono que antaño arrebataron a su Casa y por el que su familia había derramado tanta sangre. Pero todo aquello ya no importaba pues el gobierno de Gathol Kheled había retornado a la Casa de Kibil.
Astan Neuma era un lugar ciertamente impresionante, pero la belleza de Gathol Kheled con sus cumbres heladas y sus pasillos con cristales de espejos era muy superior; además algo siniestro se respiraba en Astan Neuma, él sabía muy bien a qué se debía pero aún así le incomodaba en algunos momentos del día.
Al cabo de un rato de pasear por la ciudad, Uzbad regresó con los demás Señores del Matriarcado y con Orodril, que no merecía el calificativo de Señor pero ahí estaba y sus deseos por abandonar la capital no se veían sino incrementados para poder librarse al fin de la compañía de aquel elfo.
Luiniel
Después de mucho caminar por túneles subterráneos, Luiniel salió a un valle en las alturas de las Montañas de la Brisa. Las estatuas de dos soldados se alzaban majestuosamente a ambos lados de la boca del túnel, sentados cada uno en un imponente trono, a sus pies un sello circular hecho de oro llevaba inscrito: “I sinomë finde ortamme me yulma anlyë.”. Atravesó el espacio entre las figuras silenciosas.
Grises nubes cubrían el cielo y al suelo una gruesa capa de nieve. El viento se arremolinaba entre las lápidas cubriéndolas de escarcha. Había llegado a Firinost, la ciudad de los muertos.
De lejos se la veía como una figura que caminaba despacio, con la cabeza erguida y sus ojos centelleaban a pesar de que su rostro estaba ensombrecido. Sus pies descalzos no dejaban huellas tras de sí. Se dirigía a la entrada de la muralla negra en forma de anillo.
Paró al ver un par de puertas plateadas que estaban abiertas de par en par. Un bosque gris se extendía desde allí, sus árboles eran irregulares piedras de distintas formas y tamaños. Una brisa retiró bruscamente la capucha de su cabeza agitando su cabellera. Luiniel no se movió, con la mirada recorrió el lugar en busca de una señal que la guiara en dirección a la tumba correcta… sólo una podía ser la que buscaba.
Hubiera tenido que buscar en cada una de las inscripciones si no fuese por la información que obtuvo en la ciudad. Aquel anciano le había dicho que los enanos caídos en la guerra civil de Gathol-Kheled estaban sepultados cerca de una estatua de Aulë. Ahí estaba, unos doscientos metros a la derecha. Bajó la capucha negra de su capa y continuó en línea recta hasta la estatua.
No eran motivos de honor los que guiaban su búsqueda, sino la ambición de poseer un antiguo tesoro. Sabía que lo encontraría en su tumba, sabía que la llave que había encontrado la llevaría directo a esa singular joya.
Después de retirar la nieve de cada una de las piedras y leer todos los nombres sin encontrar nada, la voz del anciano resonó en su cabeza: - Puede ser que si buscas a Bor Martillo Negro, es más seguro que lo encuentres detrás de la siguiente puerta. Él fue un general muy fiel a Liantari y es probable que allí descanse (…) Recuerda que aquellas siniestras puertas se abren con sangre, como pago de toda la sangre derramada a favor de la reina.
Volvió a su búsqueda atravesando varios kilómetros de tumbas hasta llegar a una segunda puerta. Aparentemente era una plancha lisa de acero. Sacó una daga, unas gotas rojas cayeron en la nieve mientras la hoja cortaba su palma izquierda. Con la misma mano empujó las puertas, los gozones giraron sin hacer ruido. Cruzó al otro lado y la entrada se cerró de nuevo. No tardó en dar con la tumba del Martillo Negro, curiosamente encima de su lápida había un martillo de guerra negro con el mango del mismo color. “Vaya gran imaginación…” pensó al verlo. A los enanos les gusta custodiar sus más grandes tesoros aún en su lecho de muerte. Examinó con cuidado la inscripción, era poco probable que la joya invaluable estuviera dentro del ataúd. Sentía la emoción recorrer su cuerpo al recordar la historia de la joya, otra creación de Fëanor que causó conmoción en Arda, un artilugio que, decían, era capaz de controlar la voluntad de otros siendo la causa de la locura de los noldor. Debía comprobar si era cierto, en todo caso sería útil.
Se sobresaltó al ver una pequeña grieta en la masa del martillo. La miró con atención, tenía la forma de una cerradura. Sacó una llave negra de su bolsillo, lentamente la introdujo. Sonrió, entraba perfectamente. La giró con cuidado hasta oír un “clic!”. La masa se abrió por la mitad revelando una cajita de piedra en su interior.
Luiniel alargó la mano para cogerla, pero se detuvo al escuchar unos pasos detrás. Cerró el compartimiento del martillo dejando la caja adentro y retiró la llave. Alguien se acercaba, acarició la empuñadura de su espada. Eran más de uno, debían ser elfos pues sus pisadas casi no hacían ruido.
- ¿Quién es y qué hacéis aquí? – dijo un hombre, los copos de nieve se quejaban bajo sus botas. Su voz era severa y seca como la de un miembro del gobierno. La noldo meditó un momento: sería mejor obedecer hasta que se pusiera molesto. – Mostrad el rostro!
Luiniel se dio la vuelta para toparse con un hombre corpulento y barbudo, casi como un enano. Habían unos cinco elfos detrás de él. La elfa se quitó la capucha. – Mi nombre es Luiniel y vine a visitar a un viejo amigo.
- Tendremos que llevarla al juicio de la reina, pues no puede estar en este sector de la necrópolis. – la elfa notó el miedo que el hombre le tenía al lugar.
- Quizá podamos llegar a un acuerdo…
- No lo creo – repuso haciendo una seña a los elfos, los cuales se acercaron con espadas desenvainadas.
“Ya se puso pesado” se dijo Luiniel desenvainando a Lómemacil. Al ver que estaba armada dos elfos se lanzaron al ataque. La hoja de su espada cortó el aire antes de clavarse en el cuello de uno de sus atacantes, con un giro desgarró el estómago del otro. Entonces los otros dos saltaron a vengar a sus compañeros muertos. Sintió el acero en su hombro derecho. Se volvió enfurecida a sus atacantes y después de una serie de golpes los derribó. No había señales del hombre.
Volvió a mirar el martillo, pero sintió un piquete en el mismo hombro. Esta vez era una flecha. Lanzó su daga al cuello del hombre quien había regresado junto con el último de sus defensores… cayó de rodillas… la punta estaba envenenada… sintió la nieve en su rostro.
Orodril
La reunión finalmente tocó a su fin. Ahora tanto Illurë como Rael, poseían toda la información que necesitaban, más allá de las que Orodril podía trasmitirles mediante palabras en sus habituales informes, enviados sin interrupción semana tras semana. Todo ello sonsacado de la forma más disimulada posible. Tal manejo de la manipulación era admirable, aunque bien temía el elfo ser un día victima de tales artimañas, si es que acaso ya no lo era.
Poco a poco los gobernantes de las siete provincias del Matriarcado de Harniâth fueron abandonando la estancia, dirigiéndose hacia las escalas que daban a los jardines. Afanados como estaban Illurë y Rael en sus conclusiones, Orodril abandonó juntos a los gobernantes la estancia, acompañando a su esposa hacia el exterior.
Anar había comenzado a despuntar por el horizonte y una mayor luz recorría el lugar desde que entraran, cuando rompía el alba, y la belleza de su alrededor brillaba pues ahora con mayor candor.
Orodril apostado en las últimas escalas y apoyando su espalda contra el muro, contemplaba el horizonte junto a Dyshira que abrazada, con la cabeza apoyada en su pecho, contemplaba el mismo paisaje. Así lo hacían mismamente el resto, que aún bien no sabía si marchar, o aguardar a que la reina hiciera un último acto de presencia. Éste finalmente no se hizo demasiado de rogar y al cabo de un rato el replicar de los pasos rompió el silencio.
Como azuzados por una vara invisible cada uno dejo su postura descansada y espero recio a la llegada de la reina.
-Muy bien, podéis retiraros. Tu no Orodril, deseo que me hagas de guía por la ciudad y me muestres los progresos hechos, así como que des un informe más detallado si cabe ahora que puedo ver con mis propios ojos todo cuanto me hablas.-
-Como deseéis mi señora- respondió al mandato el elfo, quien con movimiento imperceptible busco la mirada de su esposa quien se la devolvió con amago de asentimiento de la misma invisible manera.
-Sea, pues- y al ver la reina que Rael, Curumaruth para el resto salvo para Orodril, se sumaba a la visita, fue a el entonces a quien dirigió sus palabras –Curumaruth, quisiera que revisara las cuentas y libros de anotaciones. Quiero una revisión exhaustiva antes de marchar, y que se me informe si existiera alguna anomalía.-
-Como lo deseéis mi reina- dijo no si un tanto a regañadientes, marchando hacia un trabajo tedioso y nada amenos y agradecido.
Las figuras de los gobernantes y el auditor real menguaban a cada paso en la distancia, ya tan solo quedaban ambos a la entrada de la cámara de gobierno.
-Cuando gustes- dijo la reina con un brillo renovado en los ojos.
-Adelante pues, como siempre un placer- correspondió el elfo con una sonrisa, a la que secundo la de la reina.
Orodril
Tras visitar la ciudad, e informándole sobre la marcha aspectos sobre los cuales se habría de trabajara, para mejorar el funcionamiento vigente, elfo y mujer regresaron de nuevo a la zona alta de la ciudad, cuando Anar coronaba el cielo, señalando el medio día.
Altas como lo eran las Montañas de las Brisas, las nubes no sepultaban el cielo bajo su sedoso manto, que entrechocaba con la roca metros más abajo. Allí el cielo exhibía su manto azul, y el aire era cálido.
-¿Cómo es ella?- comentó de pronto Illurë mientras paseaban por el extenso jardín, perfumado por mil y una flores, provenientes de puntos diversos de la geografía de Arda.
-¿A que te refieres?- extrañado el elfo de aquel comentario, rompedor de un silencio que se había alargado mientras que ambos se habían deleitado de la hermosura de aquel lugar (o al menos el elfo así lo había pensado, pues tiempo hacia que por su trabajo no visitaba ya aquel lugar).
-Pues eso, ¿cómo es Dyshira?- insistió la reina.
-Creí que ya lo habrías descubierto, es una mujer inteligente, leal, enormemente capaz para su cargo…-
-No me refiero a eso, ¿ella te complace?-
-Dímelo tú, a fin de cuentas fuiste tú quien ideo nuestra unión y controlar así a los ranquendis eliminando a Rael del escalafón, del cual antes no te fiabas y quien bien convertisteis en tu auditor. Dime, ¿él también te complace, o es que acaso lo hace uno de los tanto monarcas que se interfieren en la expansión de tu imperio?-
Ahora el elfo comprendía, pero se sorprendió cuando Illurë se detuvo y se apartó entonces de él, mirándolo fijamente, mientras que entre ambos se perpetuaba el silencio. Acaso aquellas palabras habían llegado a causarle daño. A ella, la gran Illurë.
-Jamás acercaría la mano a esa sabandija más de lo necesario, y no lo mantendría vivo si no me fuera útil. El resto bien sabes el porque, a fin de cuentas es algo que conoces bien, de todas formas no tengo por que darte explicaciones.-
-¿Acaso tienes reproches? Te recuerdo que yo solo cumplo órdenes. Tus órdenes. No fui yo quien se convirtió a voluntad en ramera de gobernantes de reinos sin nombre.-
Notó como la mano envuelta en sedosa piel le cruzaba la cara. Podía haber llamado a los guardias, podía haber hecho que lo decapitarán allí mismo, consumiendo su alma maldita en un doloroso deambular infinito. Podía hacer cuanto le antojase, y allí estaba ante él, aún con el brazo inmóvil en el aire. Ahora ya no era la reina Illurë, gobernanta de uno de los imperios más grotescos que Arda daría cabida, ahora era Illurë la mujer que a los quince años había tomado las riendas de su pueblo y la cual había forjado en la más pura soledad un reino al cual dedicarse en cuerpo y alma intentando no caer así en su propia melancolía y desolación. A pesar de su dura apariencia, Illurë no había dejado de ser una mujer, con sus emociones y sentimientos, por mucho que ella a lo largo de su vida hubiera por todos los medios esconderlos, guardarlos, evitando que alguien los descubrieran y lo pisotearan, destruyendo así la única parte de ella que aún consideraba viva.
Ahora la veía sin aquella aura que siempre la envolvía, su encantamiento se había por el momento roto, y ahora la contemplaba lo que realmente era, lejos de las habituales apariencias. Ahora podía reparar más claramente en la diferencia de altura entre ambos, llegándole al elfo la cabeza del ella al pecho, siendo así de estatura media alta para los de su raza, pero inferior a la de Dyshira la cual llegaba al elfo hasta el puente de la nariz. Ahora podía contemplar enorme belleza teñida por el velo de la fragilidad, del candor.
-Lo lamento- se excusó el elfo, y al acercarse a ella, busco sus labios, y ella los suyos. Pero por primera vez quizás, de tantos años trascurridos entre eventuales encuentros, fue algo sincero.
Ohtaránë
Un carro viejo y destrozado avanzaba penosamente por uno de los innumerables tuneles de Astan Neuma. El que lo conducia era un viejo anciano envuelto en una manta y que no dejaba de maldecir y enseñar los dientes a los transeuntes. El carro crujia restregandose contra paredes de los pasajes demasiado estrechos. La gente que veia el carro se apresuraba a apartarse, pues llevaba el simbolo que le identificaba como Servidor de la Araña. El carro finalmente se coló por un especialmente oscuro pasadizo, especialmente reservado para vehiculos de provisiones. Las ruedas chirriaron y se partieron varias varillas, pero el conductor no prestó atencion. En las esquimas habia guardias apostados que vigilaban friamente al conductor, lo que le hacia soltar aun mas gruñidos. El carro quedó aparcado en una estrecha celda de piedra que quedaba junto a la puerta de una enorme cocina. El viejo se bajo del carro y discutió a voces con un guardia que habia salido al oir el traqueteo. Finalmente el guardia arrojó con desden un saquito de monedas al viejo, que le insultó con voz pastosa. Evidentemente el conductor del carro se estaba muriendo de sueño. Los hombres se alejaron. La luz de la ventana se apagó. Todo quedo en silencio.
Solo se oia el gotear de alguna lejana corriente.
Alguien que hubiese mirado en la parte posterior del carro habria visto amontonados varios sacos de patatas. Alguien mas sutil habria percibido quizas un movimiento de los sacos. Y cualquiera habria descubierto como los sacos empezaban a rodar por la superficie de madera hasta caer al suelo de piedra de la celda. Una figura entumecida se levantó de una esquina al fondo del vehiculo, en un punto que habia quedado escondido por los montones de patatas. La figura misma parecía que se había hecho la ropas con la tela de aquellos sacos. Una diadema de trapo apartaba su enmarañado pelo, dejando al descubierto una cara llena de cicatrices y quemaduras. Sus ojos eran lo unico que parecia vivo en su cuerpo, brillaban con febril intensidad, aunque en aquel momento tambien parecian entre divertidos y furiosos.
-Abarzgur! -exclamó, escupiendo sobre los sacos de patatas. Luego bajo de un salto del carro y miró apreciativamente a su alrededor.
-Bienvenido, Ohtaránë, a Cirith Illurë -se dijo a si mismo...
Ohtaránë
El elfo se coló en la cocina forzando la cerradura con una daga. Era lo que hacian los guardias de aquel lugar siempre que sentian hambre, por lo que no le costó ningun trabajo. Entró en una estancia iluminada solo por una hilera de chimeneas en ascuas. Habia un par de ancianas dormitando junto al fuego. Ohtaránë se arrastró por debajo de una larga mesa, alcanzó la puerta y la abrió justo para darse de narices con un guardia.
-¡Ey! -dijo el guardia volviendose hacia él. Ohtaránë se metió detras de la puerta y se encorvó, asomando solo los ojos y tratando de poner voz femenina.
-¡No me des esos sustos, jovencito! -dijo-. Si me da algo... ¿Quien va a cocinar para vosotros? ¿Quien? Fuera de aqui antes de que encuentre mi baston, niño...
El guardia se apresuró a alejarse. El elfo sonrió. Menos mal que estaba oscuro.
Subió por una escalera de caracol cautelosamente. Mientras subia, hablaba consigo.
-Estoy en el Palacio, tengo que salir rico de aqui. Bueno, la verdad es que deberia conformarme con salir vivo, por que con todos estos guardias... Esta mejor protegido que la camara de las Delicias Descuartizadas de Snugrubbol... ¡Ya sé! La Reina seguro que tiene joyas... Si logro llegar a su habitacion... Snaga! ¡Guardias!
En efecto dos guardias bajaban por la escalera. Ohtaránë miró el muro a un lado y el hueco circular del otro y se decidió. Saltó y quedo colgando de los peldaños con las manos. La escalera no tenia baranda. Los guardias bajaron y uno de ellos estuvo a punto de pisarle la mano, lo que a esa altura habria tenido desagradables consecuencias. Finalmente pasaron sin abrir la boca y el elfo se apresuró a volver a trepar, para que no viesen sus pies colgando en el piso de debajo.
Finalmente la escalera acabó y salió a un recio pasillo. Habia guardias en todas la esquinas, y algunos mas patruyando. Pero para alguien nacido en los tuneles de los orcos mas intrigantes y bestiales de la montaña, aquello era un juego de niños. Finalmente logró hacerse un plano mental de la disposicion de los guardias. Se concentraban de forma circular en torno a un punto que él no lograba alcanzar. De este modo, le revelaban de paso su objetivo. El elfo trepó por una columna con incrustaciones cuando uno de los guardias se le acercó. Luego empezó a caminar pegado al hombre, tanto que casi tocaba sus ropas, sin respirar y pisando cuando él pisaba. De este modo llegaron a una puerta donde ya habia dos guardias apostados. Otro guardia venia por el otro lado del pasillo. Ohtaránë se ocultó tras una estatua y dejó que los guardias se relevaran. Hecho esto cogió sus dagas y las lanzó con destreza a los cuellos de los guardias. Aquellas muertes era inevitables, la puerta nunca quedaria a solas de otro modo. Ohtaránë registró a los guardias, hasta que encontró en uno de ellos la llave de la habitacion. La hizo girar en la cerradura y se coló. A un lado habia una cama con dosel, a otro un espejo con tocador, y frente a él una ventana. En el centro de la habitacion un delicado pilar de marmol sobre el que reposaba, envuelta en lana, una araña de diamante enorme, del tamaño de la bota de un orco. Estaba tan finamente labrada que hasta él, que no entendia de joyas, supo que encontraría pocos objetos parecidos en Arador. Se lanzó sigilosamente hacia delante y cogió la araña.
Entonces unas campañas instaladas alrededor del cuarto, pequeñas pero de un material que al ser golpeado hacia apretar los dientes de dolor, redoblaron con furia, despertando a todo el Palacio. Viendo el momento de irse, y esperando que hubiese algo blando debajo, Ohtaránë corrió y se lanzó por la ventana con los pies por delante, haciendo reventar los cristales...
...Y cayó hacia atras rechazado por la verja de hierro que automaticamente se habia bajado para sellar la salida. Golpeó el suelo con la nuca, oyendo los gritos de la Reina, y notó un pie sobre su cuello.
-Vesall hundur! -dijo a su captor, con los ojos llenos de lagrimas por el dolor y (sobre todo) la conmocion que le habia provocado el ser rechazado por la ventana.
[Editado por Mafy13 el 11-08-2006 11:34]
Orodril
Dejaron atrás los hermosos jardines y se internaron en Cirith Illurë, el Palacio Real, residencia de la reina en sus escasas visitas. Ambos mantuvieron las maneras a lo largo del recorrido desde los jardines hasta el último piso de la torre, representado sus consecuentes papeles con gran habilidad y naturalidad. Hasta que el cerrar de las puertas del dormitorio real hizo que cayeran las apariencias y ropajes de ambos.
La anaranjada luz del día que tocaba a su fin iluminaban sus pieles en cobrizos tonos, mientras que los cuerpos de ambos se abrazaban para dar lugar a un beso al tiempo que cada palmo de sus pieles notaban la caricia del tacto de la otra. La sutil caricia dio lugar a una más concienciada y decidida, dejando navegar las manos sobre la superficie de la piel amada mientras que los cabellos, de gran mesura en ambos, los erizaban con su ajeno tacto.
La reunión que mantenían oficialmente ambos, se dirigió entonces a la cama, de forma continua aunque escalonado, manteniendo el dialogo y la calma bajo la variación de las posturas enfrentadas. Encontrándolos Isil enmarañados entre las sabanas inmersos aún en tal reunión acalorada, hasta que bajo estrellas plata la tregua entre ambos fue finalmente dada.
Ni voro mertye, voro. Indonya nálya.
Aquellas palabras recuerdos del mismo mal sueño frecuente, sacaron del sueño al elfo, a quien los gritos se los había quitado el tiempo, y que ya tras las pesadillas ni los músculos ya le encogían. Ahora tan solo despertaba, recordando las melancolías vividas en una era pasada.
Ahora despertaba y con extremo cuidado acariciaba un cuerpo que le era amado, mientras que los labios pronunciaban independientes el nombre de un amor pasado. Dándose cuenta del suceso los dedos se detuvieron en su pasión y deseo, y abandonando con sigilo la compañía hasta bien poco anhelada se detuvo frente a la ventana. Y allí con se poso con brazo diestro sobre la fría roca, contemplando el silencio y belleza de una noche entrada en horas.
Y las campanas comenzaron entonces a replicar.
Orodril
Despertada de pronto por los continuos golpes de la puerta, Illurë se incorporo de entre las sabanas, y velozmente cubrió su cuerpo desnudo bajo la protección tan solo de un camisón. Ahora recordaba en sueños el replicar de campanas, y en aquel cúmulo repentino de pensamientos que la reincorporaban velozmente hacia la consciencia, busco al elfo a su lado. El vacío de este le devolvió la mirada, ¿había marchado pues?, quizás huyera en el primer replicar de campana, antes de ser descubierto en aquella estancia.
Pero el hilo de pensamientos fue cortado de pronto por el inmenso resonar de las puertas al abrirse de pronto de par en par, y por la súbita imagen de los soldados invadiendo su cuarto.
-Mi señora las campanas advierten de un intruso que ha alcanzado las primeras plantas. Temimos por su seguridad al no haber contestado- se apresuró a añadir el soldado al mando, en un intento de disminuir un posible castigo.
-Ahora sabéis que me encuentro bien, ¡así que detenedle, sea quien sea, o sean lo que sean!-
-Si mi señora- respondió el soldado y entonces el replicar de la campana que indicaba la calma resonó en la torre -todo solucionado, sentimos haberla molestado.-
El enfado promovido más por el fin del encuentro, que por la irrupción en su cuarto, se detuvo al ver que junto a la puerta se alzaban Rael y Dyshira. Y al ver a ambos escrutar el lugar supo que buscaban algo más, lo que quería decir que no habían encontrado a Orodril por ningún lado y ahora esperaba descubrirlo entre sus sábanas. Donde estaría pues el elfo pues no dio cuenta de sus ropas en aquella habitación, ¿era cierto entonces su capacidad para tanto aparecer como volatilizarse? Pues a pesar de la amplitud del dormitorio todo estaba bien ha vista, salvo quizás el bajo de la cama, demasiada estrecho para dar cobijo a un visitante incierto.
Una vez la hubieron dejado sola cerro de nueva las puertas de su habitación, y con cierto deseo busco bajo la cama al elfo. Aunque la exploración le confirmo sus pensamientos se asombro al descubrir que la ropa que había desaparecido del suelo se encontraba entonces allí, ocultado tras la caída de las sabanas sobre su costado.
¿Habría el elfo deambulado desnudo pues por los pasillos, sin llamar la más absoluta atención? No era capaz de creerlo, y tras una revisión de su habitación con más detenimiento encontró su figura apostada junto a una de las ventanas, con el brazo diestro apoyado en la columna rectangular.¿Había estado allí antes? Desde luego no había habido sonido alguno ¿pero como era posible que hubiera quedado oculto a la mirada de todos?
Orodril
Las campanas habían replicado en el aire durante un buen tiempo, y la puerta del dormitorio había comenzado a ser aporreada casi inmediatamente. Daba gracias ahora tener la prudencia de mandar de una patada a bajo de la cama las vestiduras de ambos una vez que ambos se vieron desprovistas de ellas.
Tras mantenerse en completa quietud se había mimetizado con el resto del cuarto y había podido sentir como las miradas de los soldados, Rael, su esposa, y la reina los traspasaban, viendo el reflejo de la luna a través de él. Al final las puertas se cerraron y pudo de nuevo volver a respirar.
Oyó entonces los silenciosos pasos que se acercaban a él, y como los brazos de ella se apoderaban de su pecho a la vez que sus senos le acariciaban la espalda y sus labios rozaban su piel, mientras que las manos caían sobre la superficie de su cuerpo.
Apartado ya de sus melancólicos pensamientos se dejo arrastras por las caricias y la pasión, volviéndose hacia ella, retomando así lo que escasas horas antes el cansancio de ambos había dado por terminado.
En la quietud aún de la noche, antes del despunte del alba, se dio ante las puertas del dormitorio el final despido. El cuerpo envuelto en seda blanca de la reina se encontraba aun desnudo, y el brazo de elfo forzó a un último beso bajo el umbral, más allá de la puerta se abría el abismo con final en el olvido, una caída de un billón de recuerdos sazonados en nostalgia, donde cada fragmento de segundo es eternamente recordado. Un descenso del cual solo los salvaría las escasas ocasiones del regreso de las alas del amor, quien alzaría aún más sus almas para arrojarlas de nuevo desde una altura mayor. Un amor avocado quizás a la desgracia pero cuya existencia el vacío de sus corazones les aliviaba.
Kael Athas
Kael atravase las enormes puertas que daban las entrada a los numerosos tuneles de Astan Neuma.Rapidamente se dejo llevar por la masa hasta llegar a donde un grupo de mendigos se dejaba caer...
Asi vestido con multiples capa pasabo por un mendigo.Rapidamente se adapto al grupo.Intentaban aprender a leer usando un viejo libro:
-¿Os enseño a leer?-pregunto Kael...debia empezar desde abajo...
Rapidamente los mendigos lo trataron como un iluminado....
En pocos dias aquellos mendigos le servian con fe ciega y comenzo su lucha por hacerse un nombre...aunque fuese en los bajos fondos....
Orodril
Tras la despedida, Orodril marcho cautelosamente a través de la torre hasta los aposentos que ocupaba como mandatario unos pisos más abajo. Él era el responsable de inteligencia y por tanto de la vigilancia llevada en la torre, por lo que no tuvo grandes dificultades para llegar sin ser visto a su habitación. Sin embargo, cuando estaba apunto de sacar la mano y adentrarse en su cuarto se detuvo, recordó entonces como Dyshira y Rael habían entrado aquella noche en los aposentos de la reina, ciertamente no habían visto sus miradas recorrer la estancia, pero las había sentido como si la propia habitación le hubiera prestado sus ojos.
Lejos de internarse en su habitación bajo las escaleras hacia las cocinas, con paso igual de sigiloso, y intentando a poder ser esquivar a los guardias que él había colocado, aunque ahora su empeño era menor, a fin de cuentas había varias habitaciones de las cuales bien podría haber salido. Aún así consiguió llegar a las cocinas sin ser visto. Allí aprovechando el hambre que sentía encendió los fuegos y se preparo algo de comer, sin tener muchas preferencias a la hora de escoger. Finalmente se hizo dueño de un par de rebanadas de pan, unas cuantas piezas de panceta cortadas en loncha, una cebolla de tamaño considerable y una botella de vino tinto. La comida no era un gran manjar, pero era rápido de preparar y bastante común, por lo que le serviría, sobre todo dado al fuerte olor de la cebolla y el vino de calidad pasable.
Una vez se hubo llenado el gaznate y haberse impregnado del olor del humo de la cocina de carbón marcho de nuevo hacia su habitación. Esta vez sin ningún miramiento a su paso.
Tras abrir la puerta sus temores se vieron confirmados. Sentada en la oscuridad en una silla junto a la cama Dyshira lo esperaba con la mirada fija en la puerta. Orodril tuvo la delicadeza de parecer sorprendido y ella avanzo hacia él sin más preámbulos, terminando de cerrar la puerta y arrinconando al elfo de espadas contra ella.
-¿Dónde estabas?- inquirió la elfa tan cerca de elfo que las narices de ambos casi se tocaron.
-En las minas, quería supervisar los trabajos de cara a la partida que habremos de enviar mañana, bien podría haber aprovechado el recorrido de la reina para hacerlo, pero el trabajo me hubiera llevado su tiempo y la reina estaba interesada en las posibles mejoras de la ciudad, y las minas en ese campo poco interés tiempo, más que la continua apertura de nuevos túneles. Me apresure a concluir mis tareas cuando me avisaron sobre el incidente del asaltante de la torre, de eso hace dos horas escasas, y bien me cuesta la carrera el caballo, ese aire de las minas me esta envenenando los animales. Pero por lo que me dijeron fue apresado, lo que es un alivio, aunque no se como pudo pasearse tan impunemente por el edificio.- Ohtar, quien estaría a cargo de las minas, seguramente habría caído rendido sobre su mesa hacía buen rato, y si aún estaba despierto, seguramente aunque el alcohol pudiera permitir adivinar la llegada de un carro a través del puente muy difícilmente hubiera dado cuenta del elfo si hubiera estado, como ya lo era cuando incluso cuando no se encontraba ebrio. Gracias a eru, la vigilancia no dependía únicamente de Ohtar, pero el resto eran trolls, pera los cuales un elfo se diferencia bien poco de tanto de un hombre o un enano. Además el estado de la carga la conocía de antemano, y si la elfa dudara de su palabra nada podría encontrar que usar en su contra.
-Tan solo era un ladrón, aunque he de reconocer que bastante notable, llego a apoderarse del inmenso ornamento en forma de araña situado en la sala de huéspedes del quinto piso, uno de los reservados a nuestros visitantes extranjeros, para impresionarlos. Yo misma firme la orden de su ingreso en Lianthang, quizás debieras ir a visitarlo, bien pudiera sernos útil, si no te convence a fin de cuentas solo falta escasos tres meses para el Día de la Sangría.- finalmente parecía haber resultado convincente, o eso, o Dyshira estaba dispuesta a aceptar cualquier explicación que le permitiera soportar la realidad.
-Bien, mañana le haré una visita, aunque no te prometo nada, nunca me han gustado los asaltantes-
-No te arrepentirás- sonrió la elfa y le beso en los labios. Fue un beso profundo, en el que el elfo se vio obligado a dejarse caer sobre la puerta mediante Dyshira le abrazaba firmemente, a la vez que el correspondía a su abrazo.
Las caricias se propagaron entonces hacia la cama. -Apestas- susurro la elfa en una sonrisa con la frente del elfo pegada a la suya -Pero me gusta- volviéndolo de nuevo a besar y a renovar sus caricias.
Sin embargo no había placer en el olor, salvo quizás el otorgado por la sensación de posesión de la pertenencia, antes creída expoliada.
Kael Athas
Kael observaba los prearativos.Llevaban ya varios dias prearando aquella revuelta.Los medigos,los esclavos,en fin todos aquellos alli exiliados se habian unido bajo el estardante de \"El Sol Negro\".Kael observaba tambien a las patrullas de soldados.Cada vez habia mas debido a la agitacion en los suburbios.
Una vez todos en sus puestos sono la señal...Todos preparados se deshicieron de las capas y mostraron hostilidad hacia los soldados.
Todo marchaba pensaba Kael.Se equivoco de repente al soplido de un cuerno surgieron muchos mas soldados:
-Maldita!!!-grito Kael y decidio cargar-Vamos!!!
Aguanto todo lo que podia pero finalmente redujeron a Kael....
Cuando recupero la consciencia se hallaba en una mazmorra....
Por Eru a saber donde me meti.... pensó....
[Editado por kabul el 13-08-2006 03:20]
Ohtaránë
Ohtaránë se despertó. Habia sido conducido a las celdas y lo habian dejado solo durante horas. No completamente solo. En la celda de enfrente habia una elfa, pero o bien dormia mucho o bien se hacia la dormida. Asi que habia optado por dormir el tambien. A despertar se encontró con otro elfo, que sacudia la cabeza desconcertado en la celda de al lado.
-¡Vaya! -exclamó Ohtaránë-. Parece que por aqui tienen mania a los de nuestra raza.
-¿Tu eres elfo? -preguntó el desconocido, fijandose en él-. No lo pareces...
-Si, eso me han dicho -repuso el elfo incomodo-. Por cierto, ¿quien eres?
-Kael Athas, el Mercenario de Rhûn.
-No he oido hablar de él.
-¿Quien eres tu?
-Ohtaránë, el Guerrero Buscador.
-No he oido hablar de él.
Se quedaron en silencio. Poco a poco las horas fueron pasando.
-Amanece -dijo Ohtaránë.
-¿Como lo sabes?
-He pasado decenas de años en celda como esta. Tengo formas de calcular la hora. Por cierto, creo que nos vendran a visitar pronto, al menos a mi. Sinceramente, espero que estos Liantari no sean tan imaginativos como Hohtrûk inventando castigos. Su molino de cortes aleatorios al rojo era demasiado escalofriante.
El otro no respondió. Habia enmudecido.
Orodril
Cuando Orodril despertó de nuevo se encontraba en la habitación a solas. El alba ya había despuntado y Dyshira seguramente lo había dejado para llevar a cabo los preparativos de la despedida de la reina. Illurë marcharía esa misma mañana y tan solo Eru sabría cuando sus pasos volverían a llevarla hasta esas tierras.
Abandonando la comodidad de la cama, el elfo se dirigió de seguida al pequeño lavabo situado junto a la cama. Tras refrescarse la cara en el agua se contemplo frente al espejo, y su propia imagen le devolvió la mirada con sonrisa burlona.
Había vuelto a la consciencia y con ella las voces que desde hacía tanto tiempo le perseguían, eran, o al menos eso creía, las voces de las gentes de su pueblo, o al menos las de aquellos que habían luchado junto a él en la batalla de Firinparma. Ellas clamaban venganza, pero ante todo ellas clamaban libertad. Ellas, junto al resto de su pueblo,y junto a él, habían quedado atrapado en un espantoso limbo, o eso al menos creía (pues tras el paso de los años ya dudaba que le quedara quizás algún rasgo de cordura), que no se desharía hasta que la maldición fuera finalmente llevada a cabo. Una maldición que los ataba hasta que ninguno de sus enemigos, ni sus descendientes, permaneciera vivo, maldición que al solo excluir de entre las razas, a la ent, bien podría durar toda la eternidad. Una maldición que solo quizás fuera rota por el mismo libro que la creo, Firinparma, el Libro de los Muertos. Desde que finalmente aceptará su cometido, dejando atrás los vanos intentos del suicidio (retomados en ocasiones con la misma falta de éxito), Orodril había recorrido Tierra Media en su búsqueda, eliminando a su paso posible trabajo futuro. Así había aceptado colaborar con Illurë en la expansión de su imperio, llevando así la muerte a los enemigos de su pueblo, a sus descendientes ante todo, y alargando así su poder por el cual intentar llegar a tener alguna noticia de Finirparma.
Ahora como tantas veces las voces le gritaban dentro de su cabeza al despertar. A lo largo del tiempo las había logrado ignorar, pero una extraña melancolía le recorría los pensamientos aquella mañana.
-¡¡¡CALLAD!!!- gritó extasiado golpeando la cabeza contra al espejo.
Un relámpago de luz, seguida de oscuridad.
-callad...-
Cuando volvió en si se descubrió de nuevo sobre la cama. Un dulce sabor impregnaba sus labios, y un fuerte y relajante aroma a hierbas invadía sus pulmones. Al levantarse, vio en el espejo su cara cubierta de ungüento, allí donde seguramente se habría hecho cortes, cortes que por lo visto surcaban toda la superficie de su cara, formando un enorme puzzle.
Sin más miramientos se lavo de nuevo la cara, eliminando así el ungüento de la cara, descubriendo así las heridas ya por completo curadas, las cuales no habían dejado ninguna cicatriz visible, salvo imperceptibles líneas blancas entrecruzadas sobre su pálido rostro.
Ahora también se daba cuenta que obviamente habían repuesto el espejo y habían limpiado el suelo de todo posible fragmento. Quien hubiera tenido tal dedicación le era pues un misterio.
Anar había avanzado ya mucho sobre los lomos del cielo y con el temor de llegar tarde a la despedida de la reina, enfiló la puerta de su habitación y salió al exterior. No tuvo que andar mucho más, Uzab Kibil le esperaba en uno de los bancos del pasillo con aire casi adormilado, el habitual en el enano.
-Al fin, te decidiste a honrarnos con tu presencia- dijo nada más hubo andado el elfo un par de pasos -Más espero que la reina no te lo tenga en cuenta, aunque supongo que el hermoso paisaje que tendrá durante el viaje la distraerá lo suficiente de ello.-
Orodril quedó inmóvil tras aquellas palabras, hecho que pareció alegrar el rostro del enano.
-Bien estoy seguro de que te hubiera rebanado el pescuezo, si no te hubiera encontrado en tu cuarto inconsciente. Al parecer fue ella misma la que curo tus heridas, que por cierto veo que bien se te curaron.-
“Así que fue ella, así que fue ese el sabor que tenia al despertar”
-Por cierto, me dio esto para ti.- continuó el enano alargando la mano y haciéndole la entrega de una carta con el inconfundible sello real.
Hubiera deseado haberte comunicado lo siguiente en persona antes de mi marcha, pero bien sabes que no puedo prolongar mi estancia en estas tierras por mucho que lo desee, y encontrarte inconsciente y herido no me fue de gran ayuda.
Espero pues que las heridas curen bien, y que las penas que se que te acechan, las cueles bien seguro fueron las causantes de tu estado, desaparezcan al fin.
Ahora bien, sobre el tema el cual te quería comentar no es otro que el siguiente.
Bien sabes, que desde que heriste el orgullo de Rael durante la guerra civil de Astan Neuma, te has ganado su rencor y su odio. Y desde hace ya bastante tiempo lleva presionándome con la necesidad de instalar una matriarca en el Matriarcado de Harniâth, eliminando así el desorden político respecto al resto del imperio existente con tu nombramiento a cargo del matriarcado.
Las conquistas que hasta entonces habías conseguido habían sido suficientes hasta ahora. Pero el matriarcado, es ahora mucho mayor de lo que era cuando llegaste, y el descontrol comienza a propagarse a lo largo del reino. Por no comentar la posibilidad de que esa inmortalidad que te envuelve se rompiera al fin y los pueblos ahora unidos se derrumben bajo nuestros enemigos y bajo sus luchas internas.
Es por ello que me veo obligada a aceptar la demanda de Rael y enviar una matriarca de mi confianza a tu matriarcado. Ella no te relegara, solo será un soporte donde sobre el que recaerá parte del peso que ahora es tuyo. También habrá aprender de ti, pues quien sabe si llegara el día en que abandones las tierras de Harniâth para un nuevo destino.
Espero que no tomes por ello un hecho de traición sobre ti, y que la recibas con buenas manos, a su llegada.
Su nombre es Luiniel.
Ella es una noldo, y aún a sabiendas de el bien escaso amor que les predicas, la escogí de entre todas las posibles, al ser la más inquebrantables de entre las posibles, la única quizás no contagiada por las venenosas palabras de Rael. Trátala con honores, pues por mucho que disfrutes de mis favores, no permitiré insubordinaciones ni de ti siquiera.
Illurë
Los ojos del elfo brillaron por momentos con brotes de ira, pero pronto se templaron. A su lado el enano no le quitaba ojo.
-Espero que por tu cabeza no pase la idea de unas vacaciones. La reina me hizo saber las mismas noticias, así que me asegurare de que le das un agradable recibimiento. Ten por seguro que me jugare cada pelo de mi barba en ello.-
-Tranquilo, por más que me pese, lo haré. Si tanto dudas de mi puedes acompañarme. A fin de cuentas creo que hasta ahora no hicisteis ninguna visita a Lianthang.-
Orodril
Nada más llegar a las mazmorras, el soldado al cargo les comunico que no había habido un único detenido sino tres, ambos elfos, y de los cuales tan solo dos eran varones. Sin embargo al soldado le inquietaba más la elfa. Por lo visto había sido detenida en Firinost, y por el momento no conocían el motivo que la había llevado hasta allí.
Ante la preocupación del guarda, el elfo y el enano aceptaron variar sus planes y acercarse a visitar antes a la elfa, la cual al igual que los otros dos sujetos estaba encerrada en el primer sótano, al estar los demás pisos ya ocupados. Los elfos pues, habían tenido algo de suerte en su caída en Lianthang.
Tras abrir la puerta, Orodril y Uzab penetraron en la celda, iluminada por un tragaluz, algo mayor en aquella sección que la de las celdas del resto de plantas, lo que daba una visión mucho mejor de la situación.
A la elfa se le había aplicado el procedimiento habitual, y se encontraba desprovista de sus pertenencias, desnuda, encadenada de brazos y piernas a los muros de la pared y al suelo. Sin embargo no había en ella rastro alguno de una inicial tortura, algo que era extraño, pues siempre se le aplicaba alguna pena, más si cabe cuando era necesario sacarle información.
Al verlos entrar, la elfa se incorporo erguida en toda su estatura, con una mirada altiva e incisiva. Era hermosa ciertamente.
Orodril se acercó entonces a la mesa y desplegó el estuche de instrumentos de tortura que sobre ella descansaba. Puso a calentar una barra de hierro en el fuego cercano. Comenzando así con los preparativos.
Aquello pareció a inquietar al soldado, que se alejo rápidamente para volver jadeando con un pequeño saco.
-Espere. Le encontramos esto. No sabíamos que era, así que aguardamos.-
El enano arrebato al soldado el saquito de las manos y vertió su contenido sobre la mano. En sus ojos se advirtió un destello de sorpresa, y dirigiendo tan solo una mirada al elfo hizo que este se acercara a su lado. Era sin lugar a dudas un sello real, o mejor dicho matriarcal, un sello otorgada por la reina Illurë a todas aquellas ganadoras de su confianza. No era un sello corriente en aquellas tierras, por tanto los soldados no lo habían podido identificar, solo aquellos que habían tenido que asistir a otras zonas del imperio como el elfo o el enano podrían haberlo identificado.
El elfo se giró de pronto hacia la presa con el verde de sus ojos encendido por completo.
-¡Tu nombre!-
Aquel cambio en el transcurso de los hechos pareció aturdir algo a la elfa, quien vio con algo de sorpresa que el enano de pronto había acercado su mano hacia su hacha. Pero no la miraba a ella, sino al elfo.
-Luiniel- contestó con orgullo la elfa.
-Desencadenadla y dadle sus ropas.- vocifero el elfo al soldado que salio corriendo por el pasadizo mientras que el enano alejaba a su vez la mano del hacha. –Perdonad el malentendido, en estas tierras el sello matriarcal, ha sido hasta ahora desconocido. Yo Orodril, actual mandatario, y él Uzab-Kibil, señor de Orod Nid, le damos la bienvenida a estas tierras. Solo sintiéndolo haberlo hecho aquí y no como se le hubiera merecido. Y ahora si me disculpa tengo que atender otros asuntos aquí.-
Y dicho esto el elfo abandono la celda junto al enano al tiempo que el guarda regresaba con sus pertenencias.
La suerte del elfo que había intentado asaltar Cirith Illurë, había sido distinta, él si había recibido el frecuente castigo y ahora yacía en el suelo con su cuerpo desnudo plagado de heridas.
-Saludos- le dijo el preso al verlos entrar -Maese Ohtaránë, el gran ladrón, a vuestro servicio.-
Orodril observó al elfo durante un buen rato, con una mirada que parecía atravesar el cuerpo del preso y ver en su alma. Finalmente pareció darse por satisfecho.
-Lo de gran ladrón, es lo que puede que te haya salvado la vida. Así que siéntete dichoso pues vivirás, sin embargo lo harás bajo la mano de Liantari Dimbar. Defráudanos y tus huesos volverán a tocar estas piedras, aunque el tiempo justo para llevarte a la muerte.-
De nuevo pues se dirigían hacia el nuevo desafortunado. La decisión del elfo había sorprendido al enano y al guarda, pero de ello nada dijeron. La puerta de la tercera puerta se abrió. Un elfo con recibimiento similar al anterior le daba la bienvenida.
-Este fue detenido por dirigir una revuelta en los suburbios de la ciudad. Los atacantes eran mendigos así que no tenemos que lamentar perdidas por nuestra parte, la mayoría huyo cuando lo apresamos y varios de sus compañeros fueron muertos.-
-Últimamente, no tenemos más que problemas con esa gente. Muy bien, que su nuevo rey sea su señal de advertencia. Comenzad los preparativos, mañana este elfo, nuevo rey de los desafortunados, será colgado mañana a la amanecer en la zona de suburbios.-
Orodril
Bajo tierra, poco o nada valía el tiempo, pero cada individuo es un mero ser de hábitos, y a pesar de la oscuridad, antes incluso que en algunos lugares se anunciara el nuevo día, muchos habían abierto los ojos para darle la bienvenida.
Aquel día sin embargo no todos tenían el placer de contemplarlo con alegría. Kael marchaba ya al punto donde se levantaba la horca. Cientos de personas le esperaban, muchos le recibieron con una lluvia de frutos y hortalizas podridas, otros contemplaban el sino de quienes osan ir contra en contra el orden público, por muy injusto que este fuera en contables ocasiones. Astan Neuma era una ciudad con un excesivo crecimiento, en tal sobre exceso que la ley y orden eran difíciles de implantar, un orden que en su intento de salvaguardarse oprimía quizás en exceso.
En lo alto del entablado, junto a la horca, se encontraba Orodril, siervo real, y mandatario de aquel matriarcado. Querido por el pueblo ranquendi, respetado por el ejército, odiado para el resto. Era símbolo de poder, pero también de la opresión, y ahora sería el verdugo de manos limpias de aquel que para muchos era casi un héroe y salvador.
Kael, fue llevado frente la horca, y allí el nudo se corrió sobre su cuello. La gente estaba expectante, silencio por el espectáculo, silencio por un camarada.
Orodril contempló al gentío. Bien sabía que aquel bastardo les era para muchos amado, a pesar de que a su causa muchos de sus allegados hubieran muerto por el propósito de un recién llegado que nada más tenia que perder que su propia vida. “Chusma insensata”. Sin embargo algo le llamo la atención. En las últimas filas vio a una figura que le era ya bien conocida. Su baile de marionetas se ponía en marcha.
Luiniel
El aire sofocante, atrapado como un prisionero mas, permanecía inmóvil en la penumbra. Un pequeño tragaluz iluminaba la fría habitación con una débil luz matutina extremadamente tenue. Luiniel despertó en una celda, las cadenas tintinearon con el mínimo movimiento de sus manos. Yacía en el suelo de piedra despojada de vestiduras y pertenencias. Cubierta por la oscuridad de la prisión comenzó a reír descontroladamente.
Se reía de la vida que pronto le arrebatarían, de todo lo que alguna vez sintió, de los sueños enterrados que resucitan cada cierto tiempo, de todo lo que quedaba atrás, de la sangre y las lágrimas derramadas, del odio y el amor, de su respiración constante a pesar de la desesperación… todo se veía tan ridículo. Los guardias se asustaron pues les inquietaba sus supersticiones y mitos acerca de la ciudadela de los muertos, lugar donde la arrestaron.
La noldo se preguntó si sabrían del tesoro guardado en la tumba del enano “¿Lo estarán protegiendo? ¿Ocultándolo de manos ambiciosas? ¿O simplemente no saben de su existencia?” pensó calmando su risa frenética hasta reducirla a silencio. Sin embargo, en medio de su locura vio las cosas de modo distinto, ahora que aceptaba su propia muerte se sentía diferente, más segura de sí misma.
“No ha pasado más de un día” meditó Luiniel. Palpó el hombro herido, le habían retirado los restos de la flecha, pero sintió un intenso dolor al topar el corte en la piel. Se acomodó en el suelo como pudo a esperar.
De pronto se escucharon pasos, un guardia abrió la reja. Un enano y un elfo entraron a la celda de la noldo, quien se levantó para observar bien a sus visitantes. Si moría, lo haría de forma digna.
El elfo sacó todo tipo de herramientas de tortura. Luiniel sólo observaba fríamente como se calentaba el hierro, había imaginado una ejecución rápida y limpia, parecía que no iba a ser así. Aquello le daba coraje, pero no pronunció ninguna palabra, tampoco lo necesitaba, su mirada lo decía todo.
El fin vino antes de empezar. El soldado que había abierto la celda, salió corriendo y regresó con un paquete que la elfa reconoció como suyo. Entonces recordó su “casual” encuentro con una mujer llamada Illurë. Había pasado menos de un año desde que la conociera …menos de un año desde que le hiciera una jugosa propuesta, a la que había accedido tras meditarlo cuidadosamente.
Al ver el anillo con el sello Matriarcal, el elfo se puso furioso.
- ¡Tu nombre!
Tan simples palabras… Luiniel se asombraba de la variabilidad en el carácter de su opresor. Pero más le sorprendió más ver al enano en posición de defenderla.
- Luiniel – dijo demostrando su orgullo. “Quizá aún no ha llegado mi hora” pensó.
La situación giró completamente, un minuto más tarde, ya se hallaba vestida y recuperó todas sus posesiones intactas. Sonrió al tacto del sobre, el mismo que contenía aquella llave negra. Lo último que colocó sobre su piel fue el anillo, ahora debía llevarlo consigo a todos lados, ya no era una simple extranjera.
Kael Athas
Kael fue conducido lentamente al patibulo.Llevaba el torso desnudo y las manos atadas.Sabia que iba morir,pero pensaba dar un ultimo espectaculo.
Una vez arriba la muchedumbre estaba expectante.Entonces distinguio en la multitud a alguien...Alguien cuyos rasgos cuarteados por el sol del desierto le resultaron familiares:Sâldan.Sâldan le guiño un ojo y le señalo a una mujer que avanzaba hacia al patibulo.Una joven de cabellos rojizos y mirada de fuego:Eriaphne.Entonces Kael hincho el pecho con orgullo.Alli se hallaba el tatuaje del Sol Naciente.Eriaphne llego al patibulo era el momento.
Kael dio un salto hacia atras enganchandose en la cuerda.Eriaphne subio al patibulo cortandole las cuerdas.Kael se quito las soga del cuello y bajo.Abajo le dio un derechazo a un incredulo Orodril.La muchedumbre aclamo tal acto de gallardia.Orodril,al cual le sangraba el labio,se levanto con una daga:
-¡Maldito rebelde!-grito-¡Muere!
Se lanzo a por el.La daga penetro debajo del estomago de Kael.Kael aprovechando que Orodril estaba a media altura le propino un rodillazo en la nariz.Kael noto el contacto de la sangre...Aquello lo animo.Orodril se derumbo.Eriaphne le dio una espada a Kael.En aquel momento comenzaron a llegar soldados.La muchedumbre furiosa defendio a su rey.El mismo Kael bajo de un salto y se unio a la refriega.Los soldados que llegaron fueron eliminados.
Orodril al verse rodeado y solo bajo de un salto.Fue a por Kael que huia por los callejones.Lo alcanzo.En medio de un callejon lo desafio.Kael acepto.Si ganaba seria libre,pensó.El combate comenzó.Grandes luchadores los dos,el combate estaba muy igualado.Entonces la espada de Kael se rompio:
-¡Muere!-grito Orodril victorioso.
Kael rodo por el suelo para salvar su vida.En aquel momento sus camaradas y la muchedumbre llegó aclamando a su rey.Sâldan le arrojo a Kael una alabarda:
-¡Toma!-grito.
Kael la cogio en el aire y se volvio hacia Orodril expectante.A pesar de no utilizar mucho las alabardas,Kael sabia manejarlas a la perfeccion.Ademas aquella alabarda era una alabarda oriental.Mejor equilibradas que el resto.
Tras un par de movimientos Orodril quedo desarmado...
Entonces aparecio Uzbad y el ejercito.Pero Kael sujetaba a Orodirl y puso una daga en su cuello:
-¿Negociamos?-pregunto...
Sabia que se jugaba mucho...
Kael de repente abrio los ojos...habia estado soñando...Moriria aquel dia..
[Editado por kabul el 15-08-2006 14:48]
Orodril
La compuerta bajo el cuerpo de Kaen se abrió de par en par y su cuerpo se precipito al repentino vació. Cayendo al suelo.
Sorprendido contemplo la cuerda cortada que le colgaba del cuello, miro hacía arriba y vio el otro extremo. Sin embargo desde lo alto nadie le prestaba atención, todos miraban hacia un mismo punto. Pronto se dio cuenta que no era solo sus verdugos si no toda la muchedumbre le volvían la cara. Unos tímidos vítores resonaron a lo largo de la plaza. Un nuevo salvador había llegado.
La muchedumbre la miraba atónita, y se apartaba hacia un lado a cada paso que ella daba. Pronto hubo un camino entre el gentío que le daba paso hasta la horca. Todo iba según lo planeado.
Subiendo finalmente a la tarima de la horca quedo junto al elfo, y la interpretación comenzo.
Varios de los guardias que estaban junto al elfo se dirigió directamente hacia ella. Luiniel entones alzó el sello matriarcal.
-Mi nombre es Luiniel, y soy la nueva señora de estas tierras. La reina Illurë me envía en persona para terminar al fin con tu reinado, maese Orodril. He aquí una carta escrita del mismo puño y letra de la reina.- La muchedumbre esta asombrada, la reina Illurë los había acogido de nuevo en sus brazos, despojándolos de la opresión del actual mandatario. Los soldados por su parte parecían algunos asombrados, sin embargo Luiniel, descubrió extrañada que no tantos como hubiera pensado. Orodril por su parte llevo a cabo su parte de siguió con su guión y tomo la carta que la elfa le extendía.
La leyó y de pronto rió.
-No eres más que una vulgar impostora, más era mi deber el de comprobarlo.- dijo el elfo sonriente ante el creciente asombro de la elfa. Ahora entendía, antes había dudado de la credibilidad de una entrada así, ahora entendía los planes del elfo- ¡Guardias a mi! Acabad con esta impostora y con el insurgente al quien con toda seguridad intento salvar. No puede haber más que la mano de nuestro enemigo en los actos perpetrados por estos extranjeros. Más que borregos han supuesto que somos.-
Los guardias se abalanzaron entonces hacia sus presas, incluso los que hasta ahora habían ido de paisano, bajo la fachada de mendigos. No tenían escapatoria.
Sin embargo el elfo había desechado a la ligera una de las variables del comportamiento, la esperanza. La esperanza de quien es oprimido y buscan con ansias la aparición de cualquier salvador, provenga de donde provenga. El tumulto se extendió a lo largo de la plaza y los soldados no tuvieron otro remedio que luchar contra el pueblo, en un enfrentamiento desigual. Pues a pesar de su número el pueblo iba desarmado, salvo la excepción de algún cuchillo y algún que otro instrumento que podía usar como garrote, y, lo más importante, carecían de entrenamiento militar.
Tal como salto el tumulto Orodril se abalanzó sobre la elfa armado con dos cimitarras que de estrechas y curvadas parecían largos cuchillos. Ella desenfundo la suya más una daga y paro uno de los golpes del elfo esquivando el del siguiente que tan solo le acarició el muslo provocando una herida leve. Pero el elfo estaba desquiciado y sus ojos verdes ardían intensamente.
-An i sereg camkiri ulyanë, an firinmë, ¡FIRNOLDOR!-
Usando las espadas cual escudo, el elfo placó a la elfa que dio con la espalda en el poste de la horca, reaccionando lo justo para esquivar la espada que partió la madera a escasos dedos de su cabeza. Pero de pronto algo pareció llamar la atención del elfo quien giro el cuerpo para propinar una patada en los riñones de un nuevo contendiente. Éste cayó al suelo dolorido, pero se levanto con premura y ataco al elfo provocando una leve herida en el brazo como premio.
Flanqueado como estaba Orodril buscó aprisa una situación más favorable, colocando a sus enemigos en el mismo campo de visión, e intentando repeler sus ataques y herirlos cuanto podía.
El clamar de cuernos resonó entonces en la plaza, uno y otro bando pararon entonces de luchar contemplando ensimismada el numeroso ejército que ahora cercaba la plaza.
Al frente del ejército se encontraba Dyshira flanqueada por Uzab Kibil, y Ohtaránë, quien a bien seguro había sido quien informase de los incidentes allí acaecidos. La hueste avanzó y tanto la elfa como el enano subieron a la tarima junto a varios soldados. Tanto Luiniel, como Kaen, como el mismo Orodril fueron encadenados entonces, aunque Dyshira no participo en la captura de su marido, era algo de que lo que no se veía capaz, dejando al enano dicha tarea.
- Rukh-tarâg - profirió el elfo propinando un rodillazo al enano quien cayo al suelo y quien se levanto para propinarle un golpe de maza en la boca del estomago. Haciendo así que el cuerpo del elfo fuertemente agarrado cayera sobre si mismo escupiendo sangre.
Pronto los tres detenidos fueron a dar con los huesos en Lianthang. Pero tras los informes de los altercados pronto Luiniel y Kael, a quien la elfa estaba agradecida (a pesar que el agradecimiento era mutuo), fueron libres, y el pueblo tuvo así a su ansiada matriarca salvadora. No tendría la misma suerte el elfo, contra quien le cursarían pronto una orden de traición que sería llevada a la reina, la cual le costaría al elfo la cabeza.
Orodril
Fue en esos días cuando un nuevo gobierno se estableció en el Matriarcado de Harniâht. Luiniel, ahora nueva mandataria de aquellas tierras había reclutado a varios dirigentes que conformarían el nuevo gabinete político. Allí se encontraba Kaen, quien hacia tiempo escaso había sido condenado a muerte y quien contaba con la gracia de los más desfavorecidos, también lo estaba Ohtaránë quien había demostrado su lealtad hacia el reino tras ejercer como informador imparcial de los hechos, además de Morë, quien por lo visto había participado en el tumulto producido en los suburbios y la cual al parecer era la responsable de que la actual matriarca no hubiera recibido el impacto de varias flechas, con toda seguridad mortíferas, además de otros ataques los cuales había también frustrado, como un espíritu de la guarda invisible. Eran pues tiempos de cambios, tiempos de esperanzas y sueños.
Pero los sueños, sueños son, y como muchos estos no tardo mucho en romperse. El ejército el cual guardaba una profunda lealtad y respeto hacia Orodril, su capitán general, se levantó en armas y ocupó las defensas del Bosque del Gran Olmo, lugar donde descansaba Aden en su tumba y el cual había sido el foco principal del levantamiento contra el rey Rael, la guerra civil conocida como la Guerra del Olmo., tiempo atrás. Ahora los aires de la guerra civil volvía a recorrer la provincia de Nasta Netula Men, reivindicando la liberación de su señor.
Incapaz de controlar tales acontecimientos, Luiniel acudió a Lianthang para obligar al elfo a terminar con aquello. Para sorpresa de la elfa, Orodril parecía haber previsto aquello y la esperaba erguido y altivo, como un rey esplendoroso, a pesar de su completa desnudez. Los ojos le brillaban, no con el fuego intenso de otras ocasiones, pero en su lugar una sonrisa lobuna surcaba su cara.
Nada sacó la elfa de su visita, ni la amenazas de cruentas torturas y la misma muerte parecía hacer mellas en él, quien bien sabía que cualquier daño hacía su persona no sería más que el detonante de la guerra inminente, pues sus fieles eran numerosos y estaban muchos infiltrados a lo largo del reino por doquier. Luiniel no tenía otra que mandar un mensaje de la situación actual a la reina, con la esperanza que esta cayera en sus manos y no en las de los seguidores del elfo. El poder no era tal como lo había imaginado.
Orodril
Las horas pasaban sin ser vistas sobre los muros de Lianthang. Desde su posición y recorriendo la estancia cuanto le permitían sus grilletes pudo pensar sobre aspectos que podrían ayudar a mejorarlas, pues desde su punto de vista la estancia allí le estaba resultando demasiado cómoda.
El ruido de pasos volvió a sobrevolar el ambiente cargado de la mazmorra. Luiniel, muy seguro, volvía de nuevo. Cual fue su sorpresa que estando allí en pie erró de cabo a rabo sus suposiciones. Cual lo hubiera deseado que lo fuera, y no fueron aquel mirar antes amoroso y ahora envuelto en llamas, quien se le clavara en su ser en vez del de Luiniel.
Kael Athas
Kael esperaba sentado e impaciente.Luiniel le dictaba rapidamente unas ordenes intelegibles.Le estaba agradecido a la elfa pero lo habia tomado como a un subordinado.Aquelera justo...El le habia salvado la vida...
Por la puerta aparecio esta vez de verdad Sâldan y Eriaphne.La semielfa le dedico una sonrisa picarona a Kael rememorando sus encuentros en los desiertos:
-Kael hermano-dijo Sâldan.Abrazó efusivamente a Kael-Que de tiempo..
-Pero,¿como habeis encontrado?
-Facil...Te vi estudiando sobre estas tierras.Decidimos seguirte.Tras eso oi que condenaban a un elfo a muerte...-Sâldan lo miro-Tras oir eso lo relacione contigo no se por que...
Tras ese comentario Kael rio.Satisfecho estaba de reencontarse con viejos amigos.Sâldan un humano de piel morena.Sus ojos y su cabello eran negros como los de casi todos los hijos del desierto.Eriaphne era una semielfa.Su piel fina y tersa era morena.Sus cabellos eran rojizos al igual que sus ojos que ardian cual fuego:
-Y...¿Bârn y Arial?¿Donde estan...?-preguntó Kael.
-Eso era una sorpresa-respondio Sâldan.Llevo a Kael a la terraza.-Alli-señalo hacia abajo.
Alli abajo estaban...Las brillantes armaduras de los hombres de Rûhn relucian contrarrestadas por los apagados colores apagados de las ropas de los hombres del sur.Tambien estaban los Khandianos vestidos de ceniciento.Sobre sus ropas armaduras de cuero rojizo.En los estandartes la sepiente roja que representaba al ejercito que una vez hubiera comandado Kael:Angocarnë.La Serpiente Roja...:
-Alli esta Bârn y Arial...-dijo Sâldan.
Bârn era un Khandiano.De piel morena y cabellos negros lucia un enorme bigote al estilo khandiano.Arial era una joven sureña.De piel palida y cabellos negros como la noche.
Eriaphne aparo a Kael.Vestia de manera vaporosa para soportar el calor del desierto:
-Te eche de menos...-le dijo-¿Por que te fuiste sin decir nada?
-Me obligaron...Si os matarian a vosotros...
-¿Quien?¿Quien haria tal cosa?
-Garh ese maldito...¿A que cuando yo me fui se alzo con el poder?
-Si...intento matarnos por eso huimos y decidimos seguirte...
-Vaya...-dijo Kael.Abrazo con ternura a Eriaphne.
-Tengo frio...aqui hace frio...Estaba ya acostumbrada al calor del desierto...
Kael la abrazo mas fuerte y la beso lentamente.Como la habia echado de menos...Su contacto,su olor,su pelo,sus ojos...Aquel momento intimo lo interrumpio Luiniel.
Luiniel era todo lo contrario a Eriaphne.Tan fria,tan dura y severa...tan...inalcanzable...Sus ojos azules era como el mar...Kael bajo la mirada incomodo sintiendose un traidor hacia Eriaphne...Salieron del balcon y se dirigio a unos de los aposentos con Eriaphne.Se olvido de todo...Eriaphne,le bella semielfa del desierto...Sin embargo la mirada Luiniel seguia persiguiendole...No podia escapar de aquella mirada...
Aquella noche soño con aquella mirada...No podia escapar...no podia...
[Editado por kabul el 17-08-2006 11:09]
Orodril
Dyshira avanzó hacia él encolerizada. Ni una palabra se atrevía a pulular en su mente ni en sus labios, vació estaba de pensamientos, estaba por primera vez en blanco, enmudecido.
La elfa se paro frente a él, frente a frente, con sus ojos clavándose en los del elfos como fríos puñales.
Sin mediar palabra la elfa hizo una señal y varios soldados entraron en la cubículo despojando al elfo de sus grilletes y abasteciéndolo con sus ropajes, en los que no pudo dejar de advertir la presencia de habituales armas.
Quiso dar las gracias a su esposa, pero fue ella la que hablo cortando sus palabras.- Si un hijo tuyo no creciera ahora en mis entrañas bien hubiera podido decidir a olvidarte, por mucho que ello me costase, y verte morir a pesar de mi pena. Pero no deseo ser madre de un traidor, y mucho menos un traidor muerto, no cuando algo puede hacerse para cambiar los hechos de tal funesto fracaso.-
Dicho esto, ambos abandonaron la celda. A medida que avanzaban varios soldados se les unieron, aumentando el sequito que se dirigía a Cirith Illurë. Donde Luiniel y los suyos se encontraban ante el desastre reunidos.
La diligencia en la que marchaban paró ante la entrada trasera de Cirith Illurë. Allí les esperaban varios fieles a Orodril, quienes habían neutralizado a aquellos más leales a Luiniel, dando fe de que la política de seguridad de la nueva matriarca no era la mejor esperada, y que dado el desconocimiento que tenia de aquellas tierras, tan solo había tomado la precaución de despojar de su cargo a ranquendis y a aquellos que tenían constancia de su participación a favor del elfo en los tumultos de los suburbios (aquello había disgustado a muchos, los cuales habían tomado cartas en el asunto, colaborando ahora con el mandatario fugado). Así pues el sequito se fue abriendo paso sin altercado alguno hacia la cima de la torre. El tiempo había llegado.
La puerta del despacho de Luiniel se abrió de par en par y Orodril y su sequito, todos arma en mano penetraron en la estancia ante la mirada atónita de los allí presentes, salvo quizás la del enano que sentado en una silla en una pared distante contemplaba la escena con la misma serenidad impasible. El enano conocía tras años a Orodril y Dyshira, y desde el comienzo del tumulto había esperado una actuación similar, así como podía estar bien seguro que fuera cual fuera el final del desenlace, poco o nada le incumbirían. -Sea cual sea, el tema a discutir, se bien cuando tengo las barbas metidas en lo ajeno. Así que no tenéis problema alguno, preferiría esperar fuera, no me place terminar herido o muerto por golpe errado. A fin de cuentas que ganaría intentar armar escándalo más que me rebanen el cuello.-
Orodril dirigió una mirada y asintió con esta la propuesta del enano, que marcho a través de sus filas, a una posición menos arriesgada.
Luiniel contemplo la marcha del enano, mientras que Kaen a su lado desenfundaba el arma y se preparaba para luchar, lo mismo hacía Morë, solo Ohtanárë parecía interesando de pronto en las ventanas y los posibles parajes de asideros en la piedra de la torre podrían lugar. Miró al elfo, y entonces sonrió, y el le devolvió la sonrisa. Y ambos rieron de pronto ante la sorpresa de Ohtanárë, Morë y Kael, así como para el sequito de Orodril, salvo Dyshira, que pareció entonces relajada. Ambos conocían los naipes del otro. Ahora sabían a que se enfrentaban, sobre todo Luiniel, que sabía que cualquier intento de hacerse con el poder total le sería totalmente inútil mientras el elfo viviera (y no fuera por su mano por las que dejase de hacerlo).
-¿Las mismas condiciones de lo pactado?- preguntó Luiniel al elfo.
-Las mismas-
Orodril
Así comenzó el nuevo del Matriarcado de Harniâth. Luniel ocuparía el cargo de matriarca, dirigiendo así a su nuevo pueblo, el cual la había recibido con las manos abiertas y la amaba. Y sin embargo, Orodril seguía ostentado el cargo de mandatario del reino, teniendo poder total sobre el ejercito y las fuerzas de ordenes, así como sobre el resto de sectores, como el de comercio.
El acuerdo entre ambos había sido un reparto de los poderes. Luiniel ostentaría el poder ejecutivo y Orodril el judicial y legislativo. Gobernando así la elfa, y dirigiendo el reino el elfo, más conocedor de los entresijos del reino, y más capacitado que la elfa para el trabajo. Por otra parte el hecho que Orodrul fuera conocido y respetado, y a veces también temido, por los gobernantes y aristocracia de otras provincias, lo capacitaba frente a la matriarca para el cargo de diplomático (sobre todo ante provincias con prejuicios de obediencia a mujeres como el de Edon).
La sombra del elfo se mantenía extensa a lo largo del reino, más ahora su influencia quizás era menor. Los tiempos de opresión habían terminado, y un futuro incierto comenzaba a brotar de la tierra.
Kael Athas
Kael daba vueltas en su habitacion.Orodril habia sido liberado y llegado a un acuerdo con Luiniel.Luiniel...Aquella elfa era lo que mas le preocupaba sobre todas las cosas.Comenzó a confundir el agradecimiento con otro sentimiento...Estaba confundido.Seria amor pues aquello que sentia o era el agradecimiento y la camaderia que sentia hacia Arial,por ejemplo.
No sabia y se recluyo en su cuarto solo.Medito y medito sobre el asunto hasta que Eriaphne interrumpio su recluyemento en su cuarto.La semielfa entró indignada por como la habia apartado de él.De aquella manera brusca.Entonces le pregunto suavemente:
-¿Acaso no me amas?-pregunto la semielfa desnudando sus sentimientos.
-Cuando te dije que te amaba-respuso Kael.-Nunca lo dije...-el elfo bajó la mirada incomodo.
Cierto que sentia algo por Eriaphne...Pero no,no,no era amor.Era el amor que siente un hermano mayo por su hermana pequeña.El amor que siente un padre por una hija...A pesar de todo no era mas que eso...Cariño...No mas que cariño...Por Luiniel,¿seria algo mas?...
No sabia que era siguio meditando mientra Eriaphne se retiro llorando y negando aquel sueño roto...Antes de salir Kael inteto arreglarlo:
-Eriaphne...Estare aqui...no te abandono te quiero...pero no te amo...Sin embargo te quiero...Estare aqui...Recuerdalo te quiero...pero no te amo...
Eriaphne salio confundida de la habitacion.Mientras Kael medito y penso...en Luiniel...su mirada profunda,sus labios,...deseaba beber de aquellos labios,perderse en aquella mirada...Lo deseaba...lo queria,lo necesitaba...
Pero ella....ella no queria nada...¿o no?
Morë
La nieve caía suavemente, la brisa acariciaba gentilmente las lápidas, y las cruces del lamento producían una música escalofriante que encogía el corazón de cualquiera que decidiera visitar Firinost, al momento que Morë afilaba su espada sentada en una rama de un gran árbol que había logrado sobrevivir en estas áridas tierras...
- ¨Parece que hoy va a ser otro día aburrido...- Pensaba, hasta que notó que algo se movía a lo lejos... una sonrisa se le dibujó en los labios ante la oportunidad de entretenerse un rato:
-¨Vaya, vaya... ¿a quien tenemos aquí?... estos guardias nunca aprenden...- Dijo para si mientras reía ante el recuerdo de aquellos delegados de la reina que al visitar la morada de los muertos, terminaban inconscientes, desprovistos de todas sus pertenencias y con una cadena negra al rededor de la muñeca derecha.
-¨Bueno pues... vayamos a ver quien a venido a visitarnos el día de hoy...- Dijo dirigiendose a los espíritus de dos guerreros que siempre se mantenían a su lado desde que le juraron lealtad al momento de nacer. Morë Bajó del árbol de un salto, se rodeo de la obscuridad que la había visto nacer y se acercó cautelosamente al misterioso visitante... pero cuando se encontraba a suficiente distancia cómo para reconocer las facciones de su rostro, se quedó inmóvil, observando. Había algo en la forma en que se comportaba que tenía a Morë intrigada. Era una elfa, no era muy común ver a una elfa por estos lugares, y menos aún una que no llevara el emblema de la guardia de la reina, pero aparte de esto era su actitud lo que tenía a Morë impresionada, demostraba una gran seguridad y valentía, caminaba despacio pero con seguridad, tranquila, con la cabeza erguida, y los ojos fijos en un objetivo.
Morë, que nunca antes había visto criatura alguna que demostrara tal valor al momento de internarse en los fríos parajes de la ciudadela de los muertos, decidió seguirla, quería saber que traía a una elfa cómo ella a estas tierras desoladas, y pronto lo averiguo...
Después de caminar por un momento la elfa se detuvo frente a una tumba reciente que se erigía orgullosa con un martillo negro sobre la lápida, luego se acercó y la examinó cautelosamente hasta encontrar lo que había estado buscando, pero los guardias descubrieron de alguna manera que la elfa había cruzado los túneles y entrado en una parte prohibida dentro de los confines de Firinost. Los guardias se llenaban de temores al tener que entrar en estas tierras, solo querían atraparla y salir de allí lo más pronto posible, lo que terminó en una batalla. Cuando la disputa hubo terminado, solo quedaban dos guardias con vida y la elfa había sido alcanzada por una flecha que la dejó inconsciente Morë se sintió furiosa, la única forma en la que habían podido vencer a la elfa fue atacandola por la espalda, así que, cuando levantaron a la elfa para llevarla a los calabozos, Morë los fue siguiendo, y por primera vez en su vida se alejó de Firinost para adentrarse en la capital del reino, donde se vio distraída al ver que un elfo conseguía seguidores entre las clases más bajas al enseñarles a leer... no tardó en darse cuenta que pronto se daría una revolución, y aunque no tomaría parte de la misma, decidió quedarse a observar los acontecimientos por un momento, deleitando sus ojos ante la batalla, fue así que olvidó por un tiempo a los guardias de la reina y a la elfa... pero cuando la revuelta hubo terminado, y el elfo fue aprendido por los guardias, recordó porqué había salido de Firinost en un principio, y se puso en marcha, en busca de la valerosa elfa que había irrumpido con tanta confianza en si misma la ciudadela de los muertos...
Morë había caminado por horas, pero no había logrado encontrar a la elfa, se distrajo, y decidió inspeccionar la ciudad, estas tierras tenían muchas cosas que ella solo conocía de nombre, porque aunque los muertos le contaban las historias del mundo exterior en el que habían vivido ella nunca había sentido la necesidad de alejarse de Firinost, y en ese momento, cuando había dejado atrás lo único que conocía para adentrarse en un mundo nuevo y completamente diferente, se sintió abrumada, llena de curiosidad, e incluso extaciada hasta cierto punto, y se detenía a observar todo lo que encontraba en el camino, desde los pequeños niños, hasta las viejas carretas, desde las ojas de un cerezo en flor, hasta los herreros que trabajan arduamente forjando espadas, y cuando su mente se hubo calmado, y recordó sus objetivos nuevamente, continuó su camino...
Tan distraída estaba Morë con todo lo que le rodeaba que no se dio cuenta en que momento había encontrado a quien había estado buscando... pero la elfa estaba en peligro...
[Editado por Nen_Lantea_Menelva el 18-08-2006 03:13]
Luiniel
Amanecía en Cirith Illurë. Hace mucho tiempo que Luiniel no dormía en un lecho tan confortable. “Demasiado tiempo” pensó dando vueltas entre las sábanas para acomodarse; Un buen colchón es, a un viajero cansado, a la vez delicioso e incómodo pues la espalda le agradece mientras que la mente no se acostumbra. Además es más agradable dormir sin ninguna preocupación, lo cual no fue posible en sus primeros días como matriarca, tampoco ahora lo era totalmente, pero si lo suficiente.
Llevaba un rato despierta, todavía acostada repasando todo lo que había acontecido el día anterior. Al final las cosas no habían salido mal, a pesar de que Orodril escapó con la ayuda de Dyshira y se infiltraron en el palacio. La noldo sospechaba que él no la podía matar, no sin perder su cabeza a manos de Illurë. Fue así que se llegó al mismo acuerdo establecido anteriormente, era una alianza útil… por el momento.
Unos minutos después ya se hallaba vestida. Había cambiado su habitual atuendo de pantalones y blusa, por un vestido largo, escotado en la espalda, de un color azul marino; recogió su oscura cabellera, como pocas veces, descubriendo su delicado rostro y su intensa mirada. Era un día para hablar con aquellos que se mantuvieron fieles, aunque se sentía extraña por hablar con Kael, cerca de él estaba tan insegura. No sabía cual podía ser la razón, pero no le dio muchas vueltas, “Un asunto sin importancia” se dijo apartándolo de su mente.
Así salió de su habitación. Quería hablar sobretodo con Morë, les tenía más cariño a los humanos que a los elfos, además le intrigaba su poder… y sus influencias en Firinost.
Kael Athas
Kael se levanto.El amanacer de un nuevo dia,nuevas esperanzas renovadas...La culpabilidad de hacer llorar a Eriaphne...pero no la amaba...no era cula suya...Se levanto resignado pues no podia abandonar el mundo,tenia obligaciones.Vestio a la manera de los Orientales.Ropas rojas sobre las cuales llevaba una aramdura de color broncinio.A pesar de que alli no hacia mucho frio que se diga se echo una capa de pieles sobre los hombros.
Sim ebargo la confusion que lo carcomia desde el interior comenzo a notarse en el exterior.Palidecio y bajo sus ojos surgieron unas ojeras que en contra de sentarle mal realzaron la elegancia de su rostro.El pelo que solia llevar cuidadosamente peinado lo dejo suelto,de manera que caian los mechones impetuosos sobre su cara.Llega a donde estaban todos y en su interior la confusion volvio pues alli estaba Luiniel la elfa bellamente vestida.A su vez en el otro extremo Eriaphne con los ojos humedos...
Aquello le dolio...Sim embargo no la amaba....¿Podria seguir soportando aquella tortura de ver,a la persona amada que lo ignoraba;para la cual no era mas que otra persona; y aquella persona que le amaba pero a la cual no correspondia sim embargo queria?¿Podria soportarlo?
Aquellas palabras resonaron en su mente...
Morë
Morë miraba un poco intranquila a través de la ventana de su habitación, sabía que tendría que vivir en la ciudad ahora que se había unido a las fuerzas de Luiniel, pero le iba a costar mucho acostumbrarse a esa cama suave en la que se suponía dormiría. Afuera la tarde estaba terminando, las primeras estrellas empezaron a parecer en el cielo, los largos cabellos negros de Morë le caían sobre la armadura que brillaba a la luz del atardecer, sus grandes ojos negros centellaban con la luz de las estrellas, y cuando el atardecer dio paso a la noche Morë se vio reflejada en el vidrio, las antorchas la iluminaban, y se empezó a desesperar, cómo hija de la noche y habitante de la más obscura de las ciudades de Liantari Dimbar, Morë amaba las sombras y respetaba la noche benevolente que le traía descanso, alegría y paz... Desenvainó su espada, la luz de la habitación menguó, en un leve movimiento las antorchas cayeron en pedazos...
- Bien... ahora podré pensar en dormir...- Dijo, al momento que los espíritus que la acompañaban reían ante sus acciones , se vio complacida y decidió darle una oportunidad al sueño, pero no se acostó en la cama, no estaba acostumbrada a dormir de esa manera, y no pensaba darle una oportunidad, así que se sentó en el ancho marco de la ventana, y allí se adentró en un sueño calmado y profundo.
A la mañana siguiente se levantó asustada, mientras dormía algún extraño comedido le había recostado en la cama, Morë buscó su espada para cortarle la cabeza, no le importaban en lo más mínimo sus intenciones, pero cayó en la desesperación al descubrir que no traía su espada, y tampoco su armadura... Maldijo a la mujer que le trajo un cálido té la noche anterior, llamó a los espíritus que estuvieron con ella cuando se fue a dormir y ambos acudieron a su llamado, al ver la furia en sus ojos se explicaron ante ella diciendo que un hombre que trabajaba en el lugar había pedido arreglar la habitación poco tiempo después de que se quedara dormida y no vieron necesario entrar con el.
Morë se levantó intranquila, se miró en un espejo de la habitación, observó detalladamente el largo vestido negro con el que la habían vestido, unos cuantos cabellos caían sobre su rostro y se deslizaban por las costuras del escotado vestido, parecía ser otra persona, su pálida piel se resaltaba, cuando se hubo mirado de pies a cabeza, miró al rededor de la habitación, pero no encontró sus pertenencias, respiró profundamente, sabía que su ira era innecesaria, e intentó calmarse, tal vez si encontraba los almacenes encontraría su armadura y su espada.
Caminaba tranquilamente por el palacio, buscando a alguien que supiera donde estaba su armadura, cuando encontró un pequeño jardín bien cuidado, con grandes y frondosos árboles que se erguían orgullosos frente a ella, flores de muchos colores adornaban los caminos, fuentes cristalinas adornaban el centro mismo del paisaje... comenzó a llover, el sonido del agua al caer era la más bella música a los oídos de Morë, un aroma dulce se desprendió de plantas y piedras, su piel se deleitaba con el roce de las hojas al caminar, se sentía abrumada, disfrutaba todo lo que la rodeaba en ese momento, se sentía feliz...
Luiniel
Luiniel salió a los jardines para despejar su mente. Afuera llovía suavemente y una espesa capa de niebla flotaba en el suelo. Al momento se encontró con Morë, quien observaba embelesada el brillo del agua sobre las flores. La noldo se acercó sigilosamente a la humana, pero haciendo notar su presencia. Morë la miró, en parte con descontento, pero en un principio no se dijo nada.
- No esperaba recibir tu ayuda, humana. - dijo Luiniel. Hizo una pausa. - ¿Cómo puedo agradecértelo?
- Salve elfa guerrera. Podéis agradecerme, o podéis devolverme mi armadura.- respondió Morë refunfuñando; a lo que añadió, aunque sin dirigirse a la elfa específicamente - Me quedo dormida por 5 minutos y me meten en este estúpido vestido.
La noldo trató de mantener su ánimo frío, \"¡Mortales! ¿Quién los entiende?\" pensó. Sin embargo descubrió que en realidad se veía poco normal con ese tipo de vestiduras. - Ya me encargaré de que la tengas de vuelta.
Morë estaba complacida, pocas eran las veces en que se la veía sin su armadura, se sentía incómoda e insegura, temía un ataque inminente, pero sabía en el fondo que Luiniel le traería de regreso sus preciadas pertenencias, sonrió amablemente, y mientras se sentaba en el filo de una de las fuentes le dijo - Te estaré agradecida, sobre todo si recuperas también mi espada, y entonces quedaremos a mano.
- Vuestra espada está en la herrería, lamento si la tomaron sin vuestro permiso. Me encargaré de que la recuperéis… Sin embargo ¿Es todo lo que queréis? – No era un trato muy equitativo.
- Estas pequeñas cosas son todo lo que anhelo al momento- dijo Morë pensativa, no necesitaba nada más.
Durante un momento sólo se escucharon las gotas cristalinas golpeando las hojas de los árboles. Hasta que la elfa volvió a hablar.
- Si no queréis nada de mí ¿a qué habéis venido? ¿por qué me habéis apoyado hasta ahora?
Morë la miró sorprendida, por un momento pensó en algo que talvez necesitaría, pero abandonó la idea en menos tiempo del que le tomó pensarla. despues de una larga pausa dijo: -Esperaba, tener una conversación, tal vez blandir mi espada contra un oponente a mi altura... alguien que aunque sea tuviese la oportunidad de vencerme.
Luiniel recordó que no traía consigo su espada. Las palabras de la humana no le agradaban, - Si buscáis un duelo, has venido al lugar equivocado - dijo regresando sus pasos para distanciarse.
A Morë se le escapó una risa fuerte y sonora, luego se dirijió a la elfa manteniendo siempre la sonrisa en el rostro, - Lo buscaba, en un principio, pero no es lo que quiero al momento... me vale más unirme a tí, ser tu aliada, si me lo permites.-
- ¿Por qué habría de hacerlo? – contestó rudamente la elfa, le era dificil ocultar su desconfianza y desprecio por la mujer.
- Porque de no ser así... tendría que considerarte mi enemiga.- repuso Morë, hablando pausadamente. Al parecer tendría un enfrentamiento después de todo
\"Si tan sólo tuviera a Lómemacil conmigo\" pensó Luiniel, sin embargo recordó sus intenciones con respecto a Firinost. - Si aceptara tu propuesta ¿qué me garantizaría que dipongo de tu lealtad?
Morë se arrodilló frente a la elfa, bajó la cabeza y dijo: - Si tuviera mi espada, te la ofrecería junto con mis servicios, pero ya que parece que hoy solo tengo mis manos, te juro lealtad con mis fieles cómo testigos, y si no cumplo mi palabra podeis quitarme la vida-
- Bien. Así sea.
Luiniel se alejó de los jardines regresando al interior del palacio. Seguía lloviendo. Lo primero que hizo fue encargar que dejaran la armadura y la espada de Morë en su habitación, después de pulirlas.
Escrito por Nen_Lantea_Menelva y arweneressea
[Editado por arweneressea el 21-08-2006 19:05]
Kael Athas
Kael se hallaba en el balcón.Mira al cielo.Llovía...dulcemente el agua caia y acariciaba su piel...Le animaba el contacto con el agua.Tras tanto tiempo en el desierto el agua le sentaba de maravilla.Miro entonces la niebla que se hallaba bajo él.Niebla misteriosa y enigmatica como la mirada de Luiniel...Ah.De repente un espasmo de dolor lo recorrio.Se acerco a su cama.Otra vez le dolia...se le nublo la vista.De repente cayó sobre la cama...Se encogio...De repente recuerdos inundaron su mente...
\"El niño sujetaba la espada frente al lago.Alaraic le enseñaba a defenderse con la espada.Aun asi era muy estricto...lo humillaba:
-Niño estupido-gritaba-¡Asi vas a morir enseguida!
Dicho esto Alaraic le dio una bofetada al niño...El niño con lagrimas en los arremtio contra Alaraic.Su espada atravesó la carne de Alaraic.Su sangre cubrio al niño...
La danza mortal habia conluido.Alaraic,o los restos de Alaraic,yacian en el suelo...El niño se miro en el lago y no se vio a él...Vio un rostro como de aguila un hombre ave....De repente el niño se vio a si mismo...Era Kael.De repente aparecieron mas elfos...Se llevaron a Kael.Lo ataron a una silla...Lo forzaron a olvidar...Aquello produjo que los elfos lo odiasen y temiesen...Se lo inculcaron a sus hijos...Se burlaban de Kael y el no sabia por que...\"
Kael se volvio a retorcer de dolor...Otro recuerdo...llegó a su mente...
\"...Kael se alzaba en medio de la costa...Isul lo habia citado allí.Kael lo esperaba.Acababa de volver de la guerra:
-Kael-tras Kael paraceio Isul-Te sere sincero...Vete de aqui...Vuelve a la Tierra Media...Shiz esta conmigo sufriras aquí...
-¡NO!-gritó Kael.
-Si es asi como lo quieres...-Isul silbó.
Aparecieron tres jovenes elfos.Se abalanzaron cotra Kael.Tiraron a Isul que se golpeo y quedo insconciente.Kael tuvo que deshacerse de los elfos...Su sangre salpico a Isul y a Kael.Cuando Isul despertó se hallo a si mismo cubierto de sangre y atemorizado huyó...Por su culpa fue perseguido en Aman...nombrado Dûredhel...Elfo Oscuro... A pie medio Aman recorrio...Cruzo por el Helcaraxe...Regresó a la Tierra Media...el resto ya lo conocia...sim embargo..se inventó su vida.Habia perdido la memoria y se habia invetado su propia vida...Ahora los recuerdos volvian...\"
Kael se puso de pie...Comprendio quien era realmente...El ansia de sangre...Ah...recordó que su madre le habia dicho que no su hijo...ah....¿Seria un monstruo?No podia amar no era un monstruo...podia amar y amaba...Sabia quien era:
-Soy un Sercëdhel,un Elfo Sanguinario,un Dûredhel,un Elfo Oscuro.
Se volvio a echar en la cama y por primera vez en muchos días durmio sin pesadillas...soño con la mirada de Luiniel...y por primera vez no fue angustia...Era amor...lo que sentia...no no era un monstruo se repetia,por que amaba y amar queria...
Y durmio tranquilamente...Luiniel...la amaba por primera vez durmio tranquilo...
[Editado por kabul el 21-08-2006 12:48]
Luiniel
Anar se negaba a salir aquel día, la lluvia golpeaba contra los ventanales empujada por un viento enfurecido. Luiniel deambulaba por los corredores escuchando el sonido de sus propios pasos. Caminaba de manera automática mientras dirigía su atención a explorar su mente, una costumbre adquirida durante los viajes solitarios.
Pensaba en la conversación que acababa de tener con Morë; “¡Arrogante humana! No confío en ella, quiere más de lo que pide, lo sé. Sin embargo un juramento de lealtad es algo difícil de deshacer. Al final arreglaremos cuentas, cuando ya no la necesite.” Se detuvo volviendo al mundo físico, hacía mucho frío, trató de volver a su habitación pero estaba perdida. Sonrió irónicamente antes de continuar por un camino desconocido.
Al poco tiempo se encontró sumergida nuevamente en sus reflexiones, de tal manera que no se dio cuenta cuando regresó al sector donde se hallaban las habitaciones. Sin previo aviso se paró en seco con una expresión de sorpresa, sus ojos bien abiertos, inmóvil, “No puede ser” se dijo.
El pasillo estaba desierto, al final, una luz tenue penetraba por la ventana. De pronto una puerta se abrió a un paso de donde estaba la elfa. Kael salió, se sorprendió al verla ahí. Luiniel lo miró a los ojos por primera vez… había estado pensando en él, “Debió escuchar mis pasos.”
Se miraron en silencio un rato. Luiniel retrocedió tratando de escapar, se sentía terriblemente confundida… pero el elfo la detuvo tomando su mano.
Kael Athas
Kael habia tomado la mano de Luiniel...su mano era tan suave,todo lo contrario a las suyas...Duras y àsperas,castigadas por las penurias y las inclemencias del tiempo.Volvieron a cruzar sus miradas,una fugaz mirada...Kael sintio como Luiniel a la vez debatía en su interior.Estaba confundida pues habia intentado huir pero aun asi Kael le habia cogido la mano y no se habia resistido...Ahora era Kael el que estaba confuso,él lo tenia claro pero no veía eso en la elfa...
¿Que debía hacer pues,declararse precipitadamente o esperar?No sabia que hacer estaba confuso...Aquellos pensamientos eran topicos,pensó...Pero lo que él sentia no era algo topico era algo más...De repente lo noto...Como si se hubiese detenido el tiempo...Ih,pues debia hacerlo...Era el destino quien le empujaba...\"¿Como dejarme llevar por el destino?¿Hacer algo escrito?No,mi destino era otro y miraseme ahora...Yo no soy una marioneta...soy algo más\",pensó...
En su interior Luiniel debatia...Aquel elfo causaba en ella sentimientos dispares...Confusion y la vez miedo de no hacer lo correcto...Sabia que Kael habia matado elfos,aunque no fuera su padre la victima le parecia atroz de todas formas,sentia algo profundo por él...Sin embargo,¿sentia el elfo lo mismo?
Las miradas se volvieron a cruzar...Sentimientos incesantes...Se cruzaron...Algo más...El paso...Era el momento...
Como atraidos por un iman ambos se acercaron lentamente....se besaron con dulzura...Por fin las nieblas se disparon en sus corazones....
Escrito por Kabul y Arweneressa
Kael Athas
Los elfos se estaban besando cuando de repente Luiniel se separó confusa.Kael tambien se separo pero para él los motivos eran distintos...
Eriaphne,la semielfa,se alzaba sombría en medio del pasillo.
Iba semidesnuda,los cabellos revueltos,la mirada de odio,en las manos una espada...:
-¿Eriaphne?-dijo Kael asustado.
La semielfa se avalanzó sobre Luiniel sin decir palabra.La elfa,desarnada,no puedo hacer más que esquivar.Salio indenme pero aun así Kael se abalanzó contra la semielfa.La samielfa lejos de esquivarlo o apartarlo agarro anisosa a Kael buscando sus labios:
-¿¡Que haces!?-gritó Kael.
Luiniel contemplo la escena.Como la semielfa ansiaba a Kael,como buscaba sus labios,fundirse con él...Pero Kael la rechazaba con todas sus fuerzas.Aun asi la semielfa parecia imbuida de fuerza.Kael aquel dia habia elegido el atuendo de los asesinos sureños.Sim embargo,para él aquellos cambios de ropa no estaban vacios,asi vestido parecia desarmado.Pero en realidad llevaba dos dagas en forma de hoz y muchas mas dagas ocultas en la ropa,aparte una cerbatana de dardos(todas las armas recubiertas de potente veneno).Sacó una daga.
El frocejeo le impidio moverse asi que dejo que Eriaphne encontrase lo que buscaba.Cuando la semielfa junto sus labios con los de Kael este encontró en sus mandas lo que buscaba.Una daga con un potente veneno que dejaria a Eriaphne en coma...No queria matarla,tenía el antidoto pero debía pararle los pies en ese momento.
La semielfa le besó.Kael apenas rozó con la daga su carne notó como la muchacha se iba \"durmiendo\" en sus brazos...Luiniel habia contemplado inmovil la escena y solo dijo:
-Monstruo,eres un monstruo.
Y se fue huyendo de aquel mosntruo que queria y ahora \"odiaba\"...
Kael se quedo alli...impotente e inmovil...
Luiniel
Sus miradas se habían cruzado sin necesidad de palabras. Kael rozó esos labios que tanto deseaba y deslizó sus manos hasta la cintura de Luiniel. La elfa lo besó acariciando su cuello. No sabía por qué lo hacía, sólo entonces comprendió lo bien que se sentía cuando estaba cerca de él, se dejó llevar por el torrente de emociones.
Sin embargo una pregunta rondaba en su mente: ¿Amaba a Kael? Se separó confundida, “Apenas lo conozco…” pensó. Era un truco que le jugaba su mente para protegerse del dolor que podría causarle.
Hubiese regresado a su habitación en aquel instante, pero el elfo observaba a alguien detrás de ella. Sintió el augurio de un ataque y logró esquivar el golpe de Eriaphne. Por primera vez en su vida agradeció no portar un arma pues no estaba dispuesta a luchar contra ella, no era su batalla. Le sorprendió ver que Kael se lanzaba a defenderla, no lo entendía, los había visto juntos antes.
Contempló la escena en silencio mientras mil cosas pasaban por su cabeza. Sabía que lo amaba y seguía negándoselo. Y al ver como la semielfa caía, aparentemente muerta, tomó una decisión, “Me bastó con un error, son los mortales quienes deben tropezar con la misma piedra dos veces” se dijo.
- Monstruo – le espetó -, eres un monstruo.
Conocía sus propios actos demasiado bien como para pronunciar esas palabras con sinceridad, pero no siempre las palabras significan lo mismo. Lo que quería… ya no lo sabía.
De regreso a su habitación cambio sus vestiduras por los viejos pantalones y una blusa de algodón, gruesa para el frío, se envolvió en su capa de viaje asegurando la daga al cinto. Pero al tocar la espada observó la joya que adornaba la empuñadura, un zafiro de la misma forma y tamaño que el ojo de un águila. La persona que se lo regaló había causado una gran herida en su corazón. Caminó hasta el afeizar de la ventana preguntándose dónde estaría en aquel momento. Se alejó rápidamente, salió de su habitación, resuelta en abandonar Astan Neuma.
Kael Athas
Luiniel se habia ido...¿Que he hecho?se preguntaba Kael.Ahora contemplaba el cuerpo inerte de Eriaphne.De repente Sâldan aparecio...:
-Está...-preguntó el sentia algo por Eriaphne,de hecho él y Kael pelearon.
-Toma-Kael le dio una ampolla de cristal.-Dale esto y mejorara...cuidala.
Kael se levantó y se encamino sin rumbo fijo...Caminaba en las sombras sintiendo como Luiniel se marchaba.Era como enterarse despues de que habia estado allí,como pasar por el mismo sitio pero mucho tiempo despues...
Kael buscaba a Luiniel...Pero no la encontraba llego a un cruce en uno de los tuneles donde la encontró cierta persona...
[Editado por kabul el 24-08-2006 22:24]
Luiniel
Cada paso alejaba a Luiniel más de Cirith Illurë. Estaba decidida, iría al sur, lejos de esas tierras. Caminaba sin mirar a nadie, con la cabeza erguida, lo cual le daba un aire de arrogancia. Aún así evitaba los túneles más concurridos pues no quería que la reconocieran, quería salir de ahí lo más pronto posible.
Ya llevaba así algunas horas, cuando de repente se detuvo en un pasaje oscuro y desierto, alguien la estaba siguiendo. Lo sentía, una mirada constante que no paraba de observarla. Se enfureció consigo misma porque acababa de notarlo. Esperó unos momentos escuchando, buscando una respiración ajena, el susurro de una pisada o algún otro ruido traidor que delatara a su perseguidor.
Pero él, o mejor dicho “ella” se reveló encendiendo una antorcha justo en frente de Luiniel. El fuego iluminó el rostro de Morë, la noldo entendía que lo hacía sólo para que ella la viera pues la humana tenía cierto gusto por las tinieblas.
- ¿A dónde vais? – preguntó Morë, la situación la divertía muchísimo y no trataba de ocultarlo.
- ¿Quién os envía?
- Yo solo trabajo para tí... o ya lo has olvidado... Pero yo te he preguntado primero y exijo una respuesta
- Lejos de aquí… tenedlo por seguro.
- Sabes bien que no puedes irte. - repuso Morë, la sonrisa se borró su rostro
Luiniel rió - ¿y por qué creéis eso?
- Porque no puedo permitiros- respondió la hechicera con calma
La noldo desenfundó su espada y la miró desafiante, - Inténtalo.
Una ráfaga de viento pareció apagar la antorcha, Morë sacó su espada mientras reía y caminaba en torno a la elfa para no dejarla escapar, como un lobo al acecho.
Luiniel estaba en desventaja, lo sabía, sentía cerca a los espíritus que acompañaban a la hechicera. Se mantuvo fría, agudizando la mirada y el oído, expectante de un ataque.
- No te dejaré salir. - le susurró la humana al oído, todavía sentía curiosidad por la elfa, y buscaba enfrentarla mas no matarla.
Un espadazo casi alcanza a Morë el momento que se acercó a la elfa, sin embargo lo esquivo. Luiniel no perdería la oportunidad de derramar su sangre. - ¡Sacad vuestra espada! - exclamó al no escuchar el sonido del metal cortando el aire.
Morë le hirió el brazo derecho levemente, solo para que supiera que estaba armada, el golpe completo había sido esquivado por la elfa, pero no pudo evitar el borde filo de la espada. La noldo sintió el acero contra su piel, pero Lómemacil también había cobrado su parte hiriendo a la humana en la pierna. Sin embargo algo inusual sucedió, cuando el acero probó esa sangre, la joya incrustada en la empuñadura brillo misteriosamente. Luiniel sabía que significaba eso. Con el fulgor en sus ojos se detuvo.
- Está bien, no me iré. - dijo a regañadientes.
Morë se detuvo pero no enfundó su espada, la respuesta de la elfa le parecía extraña, se tranquilizó, la luz regresó a su piel y sus ojos brillaron mientras una sonrisa se dibujaba en su rostro.
- ¿Te rindes tan pronto? - preguntó con arrogancia
\"Si no tuviera la razón...\" pensó la elfa con iras. - Por ahora. - dijo envainado a Lómemacil - Admito que tienéis razón, no puedo partir.
La humana guardó su espada también, pero no la iba a dejar sola.
- Vendrás de regreso conmigo, no sea que te pierdas en el camino, - dijo con una sonrisa que escondía su descontento
Luiniel la miró todavía enfurecida. Regresaría de eso no había duda, pero la humana desconfiaba de la veracidad de sus palabras ¿Cómo podía hacerlo después de que ella se había rendido? No dijo nada al respecto, era mejor terminar la discusión.
Morë encendió de nuevo la antorcha y comenzaron su marcha. La elfa iba adelante envuelta en sus propios pensamientos. La hechicera, en cambio, caminaba a un ritmo más lento susurraba algo inteligible o, al menos, Luiniel no hubiese entendido nada si hubiese estado prestando atención.
El camino ascendió verticalmente llevándolas a la parte superior de la ciudad. De pronto, Luiniel descubrió, en la oscuridad, un bulto tumbado en el suelo. Al ir acercándose, la luz de la antorcha iluminó el cuerpo de un elfo, casualmente un elfo llamado Kael Athas. La noldo suspiró resignada, “No puedo huir” se dijo. Volvió la cabeza hacia Morë, quien continuaba atrás, sin embargo calló, primero debía asegurarse de que estuviera vivo.
Luiniel se sentó a un lado del elfo, estaba vivo, perdido en un estado de inconsciencia.
- Morë. – la llamó – No tiene buen aspecto. Será mejor llevarlo con nosotras.
La hechicera asintió desanimadamente e hizo levitar el cuerpo del elfo.
Cuando llegaron al palacio, Luiniel acompañó al inconsciente Kael a su habitación, aunque después no pudo recordar en que momento había desaparecido Morë. Una vez adentro, la noldo no supo que hacer, por alguna razón se sentía culpable. El elfo parecía dormir apaciblemente, así que se sentó en una pequeña butaca cerca de la ventana a esperar a que despierte. Al poco tiempo quedó dormida ella también.
Escrito por Arweneressea y Nen_Lantea_Menelva
Kael Athas
El elfo dormía.No habia notado que nada ocurriese.Para él que seguia en el cruce en el suelo aferrandose a un ultimo suspiro...Sin embargo estaba en su cama descansando.Abrio los ojos.Le dolía la cabeza.Los recuerdos eran un confuso torbellino en su mente.Se levanto sin fijarse en la butaca donde descansaba Luiniel.
Se vistio.Ropas oscuras al estilo sureño.Brazales de cuero en las muñecas, una tela le cubria la boca y la capucha ocultaba el rostro.Entonces se percató en quien estaba en la butaca...Luiniel:
-¿Ein?-dijo el elfo confuso-¿Que hace aquí?
Miro a la elfa.Estaba sumida en un profundo sueño.Las ropas desgastadas no desmerecían su belleza.Kael se acercó lentamente.La cogio en los brazos y la dejó en la cama.Debía hablar con Otharanë,lo más parecido a un amigo que allí tenia.Antes de salir de la habitacion la elfa ya habia abierto los ojos:
-Buenos días.
Morë
Morë caminaba tranquilamente unos pasos atrás de Luiniel, quería acompañarla, asegurarse que regresara y allí se quedara, se encontraba confundida, Luiniel se había rendido casi sin presentar oposición. Morë se sentía fuerte y confiada al momento de la batalla pero sabía bien que en un encuentro con la elfa, en el cual usaran todas sus fuerzas, no saldría con una herida tan pequeña cómo la que le había propinado esa espada, acarició la herida en su pierna mientras caminaba, estaba pensativa, le dolía pero no era por eso que la revisaba, el dolor lo sabía esconder, su semblante no cambiaba, y no cojeaba, pensaba en el momento que la espada tocó su piel, recordaba bien la disposición de Luiniel poco antes de ese ataque, ¿porque cambió de parecer? , guardó la espada y se rindió, ¿que quería de Morë? ella no lo sabía, ¿la vida de esta humana le importaba lo suficiente a Luiniel cómo para no querer lastimarla? no, no podía ser eso, la elfa estaba decidida a irse, algo tan simple no la iba a detener, ¿les tuvo tanto miedo a los espíritus que acompañan a la humana? bien sabía que ellos no entrarían en la disputa a menos que fuera absolutamente necesario, mas si no era así... ¿qué detuvo la ira de Luiniel?...
Luiniel no le prestaba atención, caminaba con pasos firmes y seguros pero sumida en sus propios pensamientos, Morë lo sabía bien, conversaba tranquilamente con los espíritus que siempre la acompañan, esperando obtener respuesta a sus interrogantes.
- Esta elfa se trae algo entre manos...- Dijo, hizo una pausa lo pensó un momento y preguntó:
- ¿Perdió interés en nuestro encuentro?, ¿Le soy de valor acaso?- Sus acompañantes la miraron un momento, pero ella respondió a sus propias preguntas.
- No... me miraba con determinación, pensaba marcharse y no iba a permitir que la detuviera... no le hubiese importado matarme si así lo veía necesario ...- Sus acompañantes exponían sus opiniones ante la hechicera, tenían muchas hipótesis, las discutían con Morë y ella las descartaba poco a poco, hasta un punto en el que decidió dejar de cuestionar las razones de la elfa, pronto se dejaría ver, cuando la llama en sus ojos haya crecido, y su camino esté claro ante sus pies, Morë lo sabría y entonces conocería los secretos de Luiniel, sin necesidad de que la elfa se los confiase, mientras tanto, era necesario mantener lo que fuera que Luiniel buscaba en Firinost, a buen resguardo, con una orden y un movimiento leve de la mano de Morë las instrucciones fueron dadas, el martillo negro, y la tumba que yacía debajo serían escondidas en un lugar al que solo los habitantes de la ciudadela de los muertos pueden llegar...
El camino continuaba, Morë se había despedido por el momento del más fuerte de los espíritus a su cargo, pero no se hallaba sola, el segundo espíritu o ¨Comandante¨ cómo lo llamaba Morë con cariño, seguía a su lado, la elfa se detuvo un momento, Morë salió de sus pensamientos, un elfo yacía en el suelo, no estaba muerto, la humana sentía su respiración, pero no recuperaría la conciencia pronto. Luiniel suspiró, comprobó lo que la hechicera ya sabía, se levantó.
- Morë. – la llamó – No tiene buen aspecto. Será mejor llevarlo con nosotras.
La hechicera asintió desanimadamente e hizo levitar el cuerpo del elfo, no pensaba cargarlo, pero tampoco desobedecer las órdenes de Luiniel, poco después se divisó el palacio a lo lejos, Morë hechizó el cuerpo del elfo para que flotara a la derecha de Luiniel hasta llegar a palacio, sonrió tranquilamente, la elfa no le ponía atención, la humana se alejó, sabía que lo que fuera que la había detenido la mantendría cerca, a parte de que al parecer no pensaba dejar a aquel elfo para que se defienda solo, si quedase en manos de Morë lo hubiese despojado de sus pertenencias y lo hubiese dejado a que duerma en el camino, completamente desnudo, con una cadena negra al rededor de la muñeca derecha, cadena, que no podrían quitarle sin amputarle la mano, así sabía Morë cuándo se encontraba dos veces con la misma víctima, pero al momento el elfo estaba al cuidado de Luiniel, y la humana no lo lastimaría a menos que la elfa se lo pidiera.
Morë caminaba observando las calles vacías, buscando alguien para divertirse un poco, un hombre con las ropas desgarradas, la piel lastimada y las esperanzas perdidas dormía al pie del camino, pero la hechicera buscaba alguien que le ofreciera resistencia, alguien ágil, que le pudiese quitar la sed de sangre al filo de su espada, Luiniel le había privado del placer de la batalla, pero no por mucho tiempo... A lo lejos alguien camina...
Luiniel
El sol se ocultaba en el horizonte dejando las huellas de su resplandor regadas por los girones de nubes, teñidos de diferentes tonos de rojo, naranja, morado y dorado. Las montañas se elevaban orgullosamente, con sus picos nevados y sus paredes escarpadas. Un águila surcó los cielos, ataviada con su brillante plumaje gris. Su mirada orgullosa buscaba de un lado a otro el camino correcto entre las corrientes. Sus ojos escrutaban el aire pero no podía ver nada, no podía oír nada, si quería continuar debía sentir; Seguir su instinto de águila, alcanzar su majestuoso destino como rey de las aves, y volar con la guía de Manwë, señor de los vientos, confiando en que nunca le fallará.
La visión del gran pájaro fue perdiendo nitidez poco a poco hasta transformarse en una habitación. Luiniel sintió unos brazos que la depositaban suavemente sobre una cama. Permaneció con los ojos cerrados respirando profundamente, tomando conciencia del lugar y de otros recuerdos, desde que despertara la mañana anterior hasta el anochecer, repasando los hechos del agitado día.
Sus párpados se separaron lentamente. La luz de la clara mañana reveló a Kael, a pocos pasos de la puerta.
- Buenos días – dijo la elfa, sintió que las palabras escapaban de sus labios sin pensar. Quería retenerlo y decirle lo que sentía, porque ahora lo entendía, lo que había empezado a sentir desde su incursión a las Ruinas de Amanurenori, de la cual habían regresado hace un par de días. Se incorporó para continuar – Veo que te has recuperado.
Él la miró en silencio. Después de lo sucedido con Eriaphne no sabía que responder.
Luiniel había pensado en eso, en realidad había pensado mucho en que le diría cuando estuviese despierto. – Te debo una disculpa por lo que dije antes – dijo terminando de levantarse y caminando hacia el elfo, sin dejar de mirarlo fijamente. – No es como pienso en ti… es lo contrario… a tu lado me siento bien.
El elfo quedo sorprendido por aquellas palabras. Dirigió su mirada con ternura a los ojos de Luiniel. Sin embargo seguía sintiéndose confuso. Las palabras han de ser asimiladas y él todavía no las asimiló. Las entendía pero no las asimilaba... ¿Era sincera la elfa...?
Kael repasaba en su mente sus pensamientos cuando algo le hizo caer en cuenta de que la elfa era sincera. No sabía lo que era ni quería saberlo, el amor es así... es... loco
La noldo pensó que tal vez debería dejarlo un rato para que pudiera reflexionar tranquilo. - Estaré por aquí... - dijo dirigiéndose a la puerta, no podía evitar sentir una pequeña decepción por su silencio.
El elfo vio como ella se dirigía a la puerta cuando la tomó del brazo y, dejando que el torrente de emociones brotara, la abrazó. Luiniel necesitaba saber que tan real era todo eso, esta vez no quería dejarse llevar. Luchó desesperadamente contra aquel instante. Sin embargo no pudo evitar sonreír.
- Debo irme. – repuso.
Kael la soltó y la dejo marchar no quería oponerse a su voluntad... Él mismo salió de la habitación tras Luiniel, debía hablar con Ohtaránë.
La noldo abandonó el palacio, para caminar por los hermosos jardines donde el aire era más fresco. Se acostó en la hierba y miró el cielo que empezaba a despejarse. Examinó la palma de su mano izquierda, una oscura cicatriz marcaba el lugar donde había estallado el fragmento de la corona de Morgoth. Cerró con fuerza el puño, aún le ardía, no obstante la herida comenzaba a curar. En Amanurenori conoció realmente a Kael… ¡Cómo anhelaba estar junto a él!
Escrito por Arweneressea y Kabul
[Editado por arweneressea el 30-08-2006 05:00]
Kael Athas
Kael avanzaba entre los pasillos.Llegó a la biblioteca.Alli estaba Otharane leyendo libros.Desde que volvieran de Amanurenori,Otharane habia aprendido a leer y solo queria eso...leer.
Otharane le ponia los pelos de punta a Kael.Lo consideraba un amigo pero era siniestro.Tras lo visto...no lo consideraba igual que antes.Kael se detuvo antes de acercarse más y se observó a si mismo.Habia huellas del mal que lo poseyera.Habia dejado en él una especie de instinto.Sentia el peligro y el poder,por asi decirlo.Mo más poderoso era pero si lo convertia en peligroso era que sabia quien tenia peligro sin que este siquiera se fijase.Otharane tenia peligro,Morë tenia peligro.Sin embargo sentia tambien peligro...
Fue a hablar con Otharane pero se habia ido.Desistio y salio al exterior.Alli vio a Luiniel en la hierba y se acerco a ella.Se animo.En cierto modo,a pesar de los males,era feliz...si feliz.
Ohtaránë
Ohtaránë se volvió en medio de la calle. Llevaba un libro en la mano, pero queria leer en algun lugar distinto, estaba cansado de estar encerrado. Iba caminando por la calle, desacostumbrado a los espacios mas bien abiertos, cuando notó que unos ojos se clavaban en él...
Kael Athas
OFFTOPIC: Esto es como mi pj escapa de aqui no intervengan si es molestia plis muchas gracias por su antención ^^
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Sal-dûn se movía rápidamente. Sus vestiduras oscuras se fundían con la oscuridad. Sâldan le había mandado a matar un elfo…Kael Athas.No sabia mucho de él por que él era un novato así que no lo conocía. Solo había oído que él era “La Serpiente Roja” el temible guerrero elfo del desierto…Aquel pensamiento impidió que se moviese…le daba miedo.¿Era él de verdad?¿Él era la legendaria Serpiente Roja? no, era imposible. Había visto su ejecución en el desierto. Arrojado había sido a las criaturas del desierto, desarmado y herido era imposible que hubiera sobrevivido. No podía ser por muy poderoso que fuese…Nadie había sobrevivido…Acaso… ¿Aquel seria el motivo de su leyenda? ¿Tal era su poder?...Sâldan le dijo que podía reconocerlo por las marcas de su brazo.
Aun así debería eliminarlo primero antes de poder comprobarlo. Se acercó más. Vio la figura de Kael erguida en medio de una habitación .No llevaba camisa. Entonces Sal-dûn comprobó que era verdad….Vio las marcas en su brazo. Se extendían hasta el cuello. Desde la mano. También ocupaban parte de su hombro y su espalda. Todo esto en su lado izquierdo…Era increíble como esas marcas estuvieran tan bien hechas en espacio. Sin embargo, Sal-dûn no sabia que aquellas marcas las tenia Kael desde Amareunori.Eran las cicatrices del mal que lo poseyera transformando su carácter y su psique de tal manera que ya no era él. Ahora solo quedaban esas marcas y una horrible cicatriz en su espíritu. Aquello había ensombrecido su carácter. Aun así en Amareunori no todos fueron penurias para Kael. Por que así, la elfa Luiniel conoció de verdad a Kael y tras un breve lapso muy tenso terminaron juntos.
Sul (el diminutivo de Sul-dân) se lanzo a por Kael. Pensando que, lo había pillado desprevenido. Pero Kael lo recibió con una finta. Tras este le dio un codazo en el cuello. Sul cayó al suelo. Kael le propino una patada en la boca del estomago:
-¿Quién te manda? ¡Habla!
-No…no puedo decirlo…
-Puf es evidente te manda Sâldan. Es un oriental Los de esta ciudad no te contratarían. Este tío quien se cree que soy…Mandar un asesino inútil a matarme. Pss…
-¡Ey! Que yo soy un buen asesino…Ahora que tu seas el mejor…
-No me hagas la pelota…mírate buen asesino. Estas suplicando por tu vida. Tu vida esta en mis manos…Se supone que debería ser al revés…si fueses un buen asesino.
Sul fue a replicar con los ojos húmedos pero Kael lo detuvo:
-Nah vuelve con él yo me largo. Quiero desaparecer un tiempo…Supongo que es por lo que le hice a Eriaphne….Lo de mandarte digo no lo de irme…Vaya si la niña esta viva y sana…Pss maldito cabrón. Venga corre y vuelve no te pienso retener. Él no tiene poder contra mí ya…
-¡No! Quiero ir contigo… ¿A dónde vas? ¿Te puedo acompañar? Por favor…te lo ruego.-Sul se arrodillo a lo pies de Kael.
La cara de Kael adquirió expresión una de burla y de compasión a la vez:
-De acuerdo puedes acompañarme…Vamos a Tabacerta…-Sul se quejo Tabacerta estaba lejos de Astan Neuma.-Aquí cerquita je je... ¡Ah! Ni se te ocurra decirle nada a Sâldan o una daga atravesará ese cuello…Y de ella saldrá esa sangre roja que tanto me gusta…
Kael se acercó a Sul y se apoyó en él. Acerco la cara al corte que tenía en el moflete y lamió la sangre. Sul se estremeció de asco y de terror a la vez:
-Venga-dijo Kael relamiéndose los labios.-Prepárate partiremos al amanecer.-se limpio la boca con el brazo.-No lleves mucho…Solo lo esencial…
Sul se alejo aun aterrado…Kael era más siniestro de lo pensado…
Kael Athas
Sul miraba el amancer.Se hallaba en las afueras de la ciudad.Fuera de los tuneles, esperando a Kael.Cerró los ojos cansado de la noche anterior.Aun le dolia el estomago de la patada de Kael.Cuando los volvio a abrir vio una figura envuelta en capas:
-¿Kael?
-Si. Toma este caballo y...¡Vamos! aún queda mucho…
Sul se subió al caballo que le ofreció Kael. Era un caballo delgado rápido, que parecia del desierto. Aquello le dio confianza a Sul. Un caballo del desierto como él,que era un hombre del desierto.Por contra el caballo de Kael era muy diferente.Su piel era negra como la oscuridad de la noche,sus crines eran grises como los cabellos de los ancianos.Robusto,un caballo resistente…No era su estilo pero si Kael lo queria…
Espolearon a sus caballos y partieron de Astan Neuma.Pronto se alejaron de las montañas de la Brisa abandonaron la provincia de Nasta Netula Men…:
-Jefe….¿a donde vamos?.-dijo Sul.Kael le lanzó una mirada asesina dijo:”A Tabacerta idiota…” pero Sul no se referia a eso.-¡No eso no!.-Kael le miro curioso.-Lo que queria decir era que primero a donde iremos las montañas del Orod Nid nos impiden el paso…
-¡Ah!Eso decias jaja pues bien eso…-Kael hizo una pausa momentanea.-Pues primero deberemos ir a Anar esta cerca la verdad.Desde alli nos dirigiremos a Sîrtal.Tras abastecernos seguiremos el curso del Nyellosire hasta llegar al puerto de Lingwilóce.-Kael paró para coger aire.-Desde alli surcaremos el Árador Ëarmitya.Iremos al puerto de Lauro Hópa.Volveremos al seguir el curso de un rio,el Lintatunie en un par de dias habremos llegado a Tabacerta…
-Vaya jefe ese es un camino muuuuuuuy largo…en fin…habrá que hacerlo es más simple…¿y Tabacerta es de algun pais?
-No está entre Liantari Dimbar, Heren Fanyarëa y Realengo de Farothdin…Asi que por dispustas politicas no te procupes je je.
Siguieron el camino en silencio.Al cabo de un rato Sul le preguntó:
-Y…¿la elfa Luiniel?He oido que erais pareja…¿es eso cierto?
-Si…
-¿Y la abandonas?
-No…Niño tengo mis motivos para desaparecer si sigo ahí encerrado terminaria haciendo una locura…-Sul se asustó.-Tranquilo a ti no te haré nada…me caes bien.-contestó Kael.
No cruzaron más palabras, Anar habia aparecido ante ellos…