La Guerra de los Clanes

Historias, leyendas y batallas en las tierras olvidadas de Arda.

Edicion 3

Árador, Tierras de la Aurora

Finalizada · 19-03-2006

Historia Por Vida. Lempë Ohtari. Aikanaro

2006:09:23:09:02:40

Aikanáro Tîwele

Hubiera sido una mañana más en la vida del pequeño Aika sino hubiera aparecido ese perro de pelaje rojizo por la playa. Aika fue tras él y estuvieron jugando un rato en las blancas playas del Palacio de Uinen pero el perrillo de pronto empezó a correr escaleras arriba y Aika persiguiéndole le gritaba:

-¡Espera, espera!

Pero el perrillo le miraba y daba saltos para volver a correr y detrás de este iba el pequeño Aikanáro, sus mejillas tomaron un color sonrosado ya que cada vez la cuesta era mas empinada y este no quería que su nuevo amigo se fuera, así cruzo los prados por donde corrían libres los caballos blancos de Oromë, y allí lo vio tumbado bajo un gran árbol. Cada vez que parecía que Aika iba a atrapar al perro este se escabullía dando saltitos en el aire. Así llegaron hasta los lindes que separaban Valmar de Taniquetil, Aikanáro se parí y alzó su vista. Allí arriba habitaban los Señores de Arda y en el cielo volaban los mensajeros de Manwë, pero el perrillo parecía que aún no había llegado hasta donde el querría llegar.

-¿A donde me quieres llevar? allí arriba solo bien Manwë y Varda.- dijo Aika mirando al perro que empezaba a subir hacía la cumbre.

Esta vez el ascenso fue lento, cada vez era mas empinada la cuesta pero Aika nos e rendiría, no dirían eso de él. No dejaría que sus compañeros los elfos dijeran que era inferior no dejaría que se rieran de él. Era tal su orgullo que subió hasta donde las piedras se convierten en un manto blanco de fría nieve, su visión maravillo a Aika, era tal su pureza y su resplandor que le cegó por unos instantes. Caminó sin hundirse en la nieve mientras iba siguiendo las pisadas del perro y sobre su cabeza era observado por las águilas de Manwë.

Ante él el Gran Palacio de los Reyes de Arda brillaba bajo los rayos de sol reflejado en sus blancas paredes, los ojos de Aika miraban la majestuosidad de esa construcción, sus bellas paredes decoradas delicadamente brillaban con múltiples colores gracias al sol reflejado en ellas, así estaba embelesado cuando un pequeño ladrido le sacó de sus pensamientos, allí junto a una puerta plateada estaba el perro sentado moviendo el rabo a un lado y a otro, una sonrisa apareció en el rostro del pequeño que salió a la carrera hacía donde estaba este, pero esta vez el perro no se movió sino que lo espero y entraron los dos juntos dando saltos en un gran jardín.

Bellos árboles de troncos blancos se alzaban cubiertos por unas flores blancas como la nieve que dejaban escapar una dulce fragancia, un jardín salpicado por flores y fuentes donde el agua cristalina de las nieves bailoteaba en sus múltiples brotadores. Aika fue a una de las fuentes y se dispuso a beber cuando una voz le dijo:

- Ves con cuidado, esas aguas son muy frías para un niño

Aika se giró pero nadie había en el jardín, miraba a un lado ya otro, se sentía observado y eso no le gustaba para nada. Y haciendo acopió de valor dijo:

- Quien hay aquí responded, salid de vuestro escondite- dijo mientras miraba a los lados.

Pero nadie respondió a su pregunta, solo unas risas aparecieron aquí y allá y Aika esta vez con voz más segura dijo:

- ¡Salid de donde estéis, mostrad quien sois!

Entonces un coro de vocecillas empezaron a decir:

- Somos las hadas de las fuentes de Taniquetil, donde sus aguas pueden mostrar aquello que deseas ver pero no te fíes de sus imagines ya que lo que puedas ver puede que sea lo que temes que ocurra, Aikanáro

- ¡Como sabéis mi nombre salid!

- Lo sabemos todo venid y acercaos a ese árbol- decían las vocecillas mientras Aika miraba un gran árbol blanco- si, si a ese acercaos al pequeño lago que hay a sus pies

Aika miró a los lados y se acercó al gran árbol, a sus pies un pequeño lago con los bordes dorados reflejaba su imagen y la del árbol, Aika miró y dijo:

- ¿Y ahora que? ¿Que se supone que debo ver?

Y las vocecillas volvieron a hablar:

- Acercaos más, mucho más

Aika se puso de rodillas sobre la base dorada e inclino el cuerpo hacía delante, sus cabellos dorados delicadamente trenzados rozaron el agua y se formaron unas pequeñas ondas y entonces este dijo:

-¿Así esta bien?

Y cuando volvió a mirar al agua, vio como si le miraran por una ventana una multitud de pequeñas doncellas elfas, sus caras eran amables, pero sus rostros mostraban una pequeña maldad escondida. Fue cuando del pequeño estanque salían dos frías manos y le sujetaban con fuerza las muñecas, Aika intentaba liberarse pero su cuerpo no respondía, había perdido toda fuerza y fue cuando sus ojos se clavaron en el agua, desde el centro empezaron a salir unas extrañas ondas que cada vez se hacían más seguidas y una imagen empezó a verse en el agua. Intentó fijarse en ella pero aun no estaba nítida del todo y fue cuando lo vio.

Vio un claro en un bosque habitado por un grupo de elfos, pensó que serían uno de esos muchos grupos de los que había escuchado hablar, aquellos elfos que se perdieron o no escucharon la llamada de los Dioses. Veía como habitaban tranquilos bajo la atenta mirada de los grandes cedros, pero entonces todo cambio. El día se transformó de golpe en noche, la noche se lleno de luces y los rostros de los elfos cambiaron, un semblante a temor surcó sus caras.

Era como si estuviera allí pero a la vez no, veía como los elfos se afanaban en coger sus armas y disponerse en círculo alrededor de las mujeres y los niños. Y entonces apareció el fuego, los cedros empezaron a arder con virulencia proyectando sus sombras alargadas hacía dentro del claro, los gritos empezaron a llenar los oídos de Aika que por todos los medios intentaba apartar la mirada del pequeño estanque pero no lo lograba, era como si dos manos sujetaran con fuerza su cabeza obligándole a mirar esa cruel matanza. Del bosque empezó a salir una jauría de hombres que se abalanzaron contra los elfos, las espadas de los elfos luchaban con fuerza contra los humanos, pero estos eran superados en número. Las flechas lanzadas desde la oscuridad del bosque impactaban contra los cuerpos desprotegidos de las mujeres y los niños todos cayeron bajo las flechas y las espadas sin piedad alguna. La lucha fue encarnizada por los dos bandos pero pronto los elfos que sostuvieran antes con fuerza la espada empezaban a caer sin remedio para deleite de los humanos. Veía como se ensañaban con los cuerpos sin vida, como eran mutilados y lanzados a las llamas. Las lágrimas brotaron de sus ojos como un manantial cayendo sobre él estanque y el fuego de la ira incendiaba su cuerpo y gritó:

-¡Os daré muerte os lo juro! ¡Yo Aikanáro Tîwele os daré muerte, podréis esconderos en los más remotos lugares del mundo pero os encontraré y cuando lo haga vengare a mis hermanos!

Pero algo extraño ocurrió por que pareció que los humanos miraran al cielo, hablaban entre ellos atemorizados, ¿acaso le habían escuchado? Entonces sintió como alguien le ponía una mano en el hombro y lo atraía hacía atrás lentamente, sintió como las manos que sujetaban con fuerza sus muñecas postrándolo en el suelo lo liberaban lentamente. Su cabeza se giró y miró hacía la figura que lo sujetaba por el hombre y entonces la vio, vio a Varda, Señora de las Estrellas allí erguida de pie mirándolo a los ojos.

Se vio empequeñecer cuando Varda le dijo:

- No deberías haber mirado allí, al menos aun no.

- Lo, lo siento mi Señora, ellas me llamaron me dijeron que mirara en el- dijo Aika- pero lo que vi, mi Señora vi como les daban cruel muerte.

- Lo se mi pequeño, es lo que la maldad de Morgoth a sembrado en los corazones de los edain. El odio corroe la sangre de muchos haciendo que se maten entre ellos para placer de Morgoth, que ve como se destruyen entre si y dejan que su poder crezca cada día mas y mas- respondió Varda.

- ¿Pero algo habrá que podamos hacer no?- respondió Aika mirándola a los ojos.

- Crecerás y te harás grande entre los grandes, entonces partirás a las grandes tierras para ayudar a tus hermanos ese es tu destino. Pero no le pongas prisa por que debes estar bien preparado para liderar a un gran ejército, la mente y el cuerpo deben ir a la par instruidos, eso no lo olvides nunca Aikanáro Tîwele.- decía mientras se iban alejando del estanque.

Una última mirada le lanzó el pequeño y un escalofrió recorrió su cuerpo. Recordó a los que había caído y más aun a los que les dieron muerte y se juro darles cruel muerte allí donde fuera. Así arraigo la desconfianza y después el odio hacía los humanos, pocos de entre ellos lograron tener un trato con Aika, más aquellos que lo lograron solo fueron los que se mantuvieron fieles a los Valar en todas las guerras.

Kelusse

Este personaje recupera un 45% de vida.