La Guerra de los Clanes

Historias, leyendas y batallas en las tierras olvidadas de Arda.

Edicion 3

Árador, Tierras de la Aurora

Finalizada · 19-03-2006

Historia Por Vida. Helkelen Lara. Ezel.

2006:09:23:09:10:29

Ezel

Las sombras habían cubierto al mundo, mas los agónicos vestigios de sol aún disolvían sus matices violáceos y rosados en el horizonte borrascoso.

Las montañas frías y distantes como los relatos de los días antiguos, anunciaban la grandeza extinta de los reinos élficos de Beleriand, mientras una despabilada niñita corría intercalando saltillos en su marcha.

<<Llegar antes que oscurezca.>> era la reverberación de la orden materna. Era su única preocupación.

De pronto algo brilló entre el césped mojado del prado umbrío. Algo reflejó el último rayo de sol del día y captó la atención de la niña.

Ni siquiera lo pensó dos veces. Corrió hasta el lugar, y cuando iba a agacharse a coger el brillante amuleto, un vacío imposible y sin definición se abrió bajos sus pies.

Recobró la conciencia muchas horas después, cuando la luna esgrimía su diadema de plata y las luciérnagas rasgaban el oscuro velo nocturno con sus minúsculos faroles.

Estaba hundida en barro hasta la cintura y uno de sus brazos pendía inerte cual cervatillo al hombro del cazador. Magnánimo y desventurado venía a troncar los suaves rasgos de la infantil criatura, que sin embargo no atinó a llorar.

La oscuridad era densa y yerta de toda bondad. La pequeña estiró el brazo sano, como lo hacen los ciegos, para ‘ver’ con este, lo que sus ojos no eran capaces de procesar.

Se topó con un muro; con otro; y otro.

Pero solo gritando comprendió donde estaba. Era el pozo seco del vergel abandonado que lindaba con su hogar.

¿Cómo había olvidado su existencia si su madre solía recordarle a ella y a sus hermanos, esquivarlo, cada vez que salían a jugar?

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A pesar del agua de azahar que la hábil sanadora había preparado, el dolor a penas lograba ser embaucado por la flor del naranjo.

El murmullo antes inteligible cobró sentido para Ezel.

-...fijas? Exacto. Son las falanges que...- oía sin procesar mientras sus ojos giraban desorbitados pajo los párpados.

<<Muerte. La muerte, pero no el dolor. La Muerte.>>

Había algo en esa frase. Una esencia familiar.

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Gritó de rabia hacia si misma; gritó de impotencia y gritó de miedo. Pero no lloró.

Solo sabía una cosa, pensaba un cosa y funcionaba en torno a una cosa: sobrevivir.

Pero estaba exhausta y entumida, sumida en el viscoso fango del pozo.

Para la jovencísima infanta no existían los rezos. Sabía que ni la gracia de Eru, ni la de Manwë, mucho menos la del Rey o de su propia madre la auxiliarían.

Ahora eran ella y el pozo. Ella y la vida.

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-...codo, y por supuesto, esa costilla.

-Es joven, ya verás como sana.

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Ya estaba ronca de tanto gritar. En gesto resignado, apoyó la espalda contra la pared del pozo y sus ojos se cerraron.

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-...recuperación?

-¡Ay Mírith! Como se nota que no la conoces.

Ezel entreabrió los ojos ante el pleito que sostenían las sanadoras.

El desdoro al que había sido sometida durante los últimos días era apenas menor que el suplicio físico.

Cada puñalada se marcaba en la piel cual estigma que esclaviza, y ya pocos eran los centímetros de piel intactos por la mácula guerrera.

Inoculada por la pasión demente de repartir desgracia, jamás se había detenido a pensar dos veces lo que hacía.

Y ahora, cuando el Ocaso la arrastraba para hacerla precipitar en el confín del mundo, donde se esconde el Sol y florece la Noche, se concedió a si misma un paupérrimo segundo para cavilar al respecto.

Recordó una vez más quien había sido.

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¡Mamaaaaá...Ezel está aquí! - había gritado su hermano cuando ya era Anar quien descubría con sus haces de luz el panorama desventurado del hallazgo.

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La oquedad insufrible de los gritos de guerra la despertó de su letargo.

Sentía el bombear de la sangre en su cabeza y más aún, la presión que rebotaba en sus oídos.

Le sobrevino un sudor muy frío, y experimentó como un raudal de sangre bajaba de la cabeza a los pies; la ulterior náusea fue tan potente que la hizo expulsar las biliosas sustancias estomacales de una sola vez.

Con todas las vicisitudes de su estado, bordeó la inconciencia nuevamente.

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La sacaron del pozo después de largas horas, puesto que por la profundidad del mismo y lo resbaloso de las piedras que lo circunscribían resultaba casi imposible bajar.

Pero la buena voluntad pudo más, y su tío, joven ágil y decidido, la rodeó con un brazo fuerte para extraerla del pozo al tiempo que con la otra se sujetaba de una cuerda que habían lanzado previamente.

En un principio la luz dañó sus ojos, ya adecuados a su carencia.

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Ezel no despertó sino cuatro días después de haber caído tan malamente en la batalla.

El dolor que a esas alturas apenas había cesado no logró mitigar el ansia de ponerse en pie. Terca como siempre, en cuanto se vio abandonada por el escuadrón de sanadoras, apresuró en bajar un pie de la cama; pero por primera vez calmó las pasiones y se detuvo a pensar antes. Ya no era la niña que cayó en el pozo por puro desatino.

Y tal vez no era tan mala idea descansar un poco más.

Kelusse

Este personaje recupera un 40% de vida.