Kelusse
Fin Guerra: Eirë Esteldor se retira del Combate
Armadas perdidas por "Liantari Dimbar" = 8
Armadas perdidas por "Eirë Esteldor" = 12
Victoria para Liantari Dimbar.

Historias, leyendas y batallas en las tierras olvidadas de Arda.
Edicion 3
Finalizada · 19-03-2006
2006:10:04:16:56:48
Fin Guerra: Eirë Esteldor se retira del Combate
Armadas perdidas por "Liantari Dimbar" = 8
Armadas perdidas por "Eirë Esteldor" = 12
Victoria para Liantari Dimbar.
Adentrado en la espesura de un pequeño bosque cercano a la ciudad esteldili de Amon Duin, una figura temblorosa vibraba al compás de las húmedas y frías corrientes que bordeaban los troncos de los árboles.
La tos de Orodril causada por la pulmonía aún más agravada se deslizaba como un susurro, sonoro como un débil lamento a través de unos labios mortecinos y salpicados de pequeñas manchas negras por las diminutas gotas de sangre ya resecas. Sus ojos, vidrios cercados por las habituales ojeras, resaltadas ahora por un creciente tono liláceo y una mayor blancura en su piel (casi transparente por la cual se divisaban fácilmente la mas fina de las venas), escrutaba la espesura del bosque, escrutaba cada rincón en donde nacía algún débil ruido. Su cuerpo sudoroso bajo la fiebre, de músculos débiles, y escurrido por la enfermedad, se agitaba tembloroso a pesar de la cantidad de ropajes que llevaba consigo, entre los cuales destacaba una espesa capa hecha con piel de oso.
Al cabo de un rato un ciervo de gris pelaje y de blancas motas hizo acto de presencia en aquel paraje de verdoso abovedado, y al verlo descansó su mirada al fin reposando su cabeza contra el tronco del árbol.
-¿Qué haces aquí?- inquirió Taursereg quien aún estaba acomodando sus ropajes.
-Esperarte, ¿qué si no?- un renovado brillo apareció en la mirada sombría del elfo -¿Y bien?
El cambiapieles clavó en el elfo una mirada severa, pero sabedor de lo incapaz que resultaba se decidió a acceder al fin ante la mueca de sonrisa de su compañero:
-Las gentes de Amon Duin vuelven a reagruparse y comienzan las tareas de reconstrucción de las defensas. Aún no entiendo como cada vez que son atacados se vuelven a cobijar bajo el mismo techo donde sus más allegados han hallado la muerte.
-Mírame -atajó el elfo ante aquel comentario, abriendo los brazos intentado ser lo más claro visible al cambiapieles -. Me parece, amigo mío, que tener un techo es suficiente recompensa. Fuera de esos muros, sus heridos no pueden ser atendidos y sus gentes, si se da con ellas, son vulnerables sin muro alguno que los resguarde. Creo que hay cosas que para un ser del bosque como tú siguen siendo incomprensibles.
-Así lo será cuando si tan ventajoso es aquel lugar para nuestros enemigos no se lo arrebatamos instalándonos en él.
-Da la casualidad que es la única forma de ahorrarnos el trabajo de encontrarlos, y buscarlos nos causaría las mismas penurias que les provocaría a ellos el exilio. Nuestra guerra es una guerra de desgaste, pues bastantes igualadas eran nuestras fuerzas al comienzo para plantearla de otra forma. Cada batalla cuenta, y hemos de ganar todas. Como ésta -y tras emitir un silbido un caballo de pardo pelaje surcó al galope la distancia que lo separaba de su amo, que lo montó de un salto ágil para su débil estado-. Ya va siendo hora que le demos a nuestros vecinos la merecida bienvenida.
Orodril regresó al campamento principal que se encontraba bastante bien oculto en el océano verde que forman los árboles del Taur-in-Felya, cerca de los límites del territorio esteldili pero aún en zona neutral. El elfo buscó el flet de los exploradores y subió en busca de información.
-¿Dónde están el enano Kibil y su cohorte de pequeños guerreros? –no sólo las palabras de Orodril demostraban el malestar que sentía por el retraso provocado por la tropa de enanos, si no que además el tono de su voz hacía aún más patente el desprecio que sentía por el Señor de Gathol-Kheled.
-Hace ya varias horas que cruzaron el Lingweluinë, es de suponer que han alcanzado el campamento sur y han recibido las instrucciones. Si ha sido así, al amanecer recibiremos el mensaje y dispondremos de un día y una noche para colocarnos en nuestros puestos.
-Malditos enanos, se mueven más despacio que las pequeñas figuritas que pueblan los jardines de las grandes mansiones de los cortesanos. Me retiro para descansar, avisadme cuando se reciba el mensaje.
El Siervo Real de Liantari había recibido noticias del saqueo de Amon Duin por parte de Heren Fanyarëa, era muy posible que ya no encontraran nada de valor dentro de los muros de la ciudad, pero debido a la cercanía del campamento principal del Matriarcado con dicha ciudad, el elfo no quería desaprovechar la ocasión de atacar a un enemigo extenuado debido a los ataques recibidos tan próximos en el tiempo.
Su estrategia era la de dividir aún más las cansadas tropas esteldili y para ello necesitaba la colaboración de Uzbad Kibil que se dirigía al campamento con una nutrida tropa de enanos de Orod Nid.
Los enanos dirigirían un ataque desde el sur, lo que los hará visibles desde varios kilómetros antes de llegar a los muros (pero pasarán más desapercibidos que una tropa de hombres más altos). Elfos y hombres atacarán desde el norte y el este, surgiendo de improviso de la espesura por varios lugares. Taursereg acompañado por varias bestias: lobos, perros salvajes, algún wargo... sembrará el caos en el campo de batalla.
Se producirán muchas bajas, pero son los esteldili los que han tenido que combatir en más batallas.
La señal convenida llegó al campamento del Matriarcado y la máquina bélica se puso en funcionamiento; Uzbad Kibil y los enanos iniciaron la marcha por las planicies de Eirë Esteldor mientras entonaban el típico grito de guerra enano ”Baruk Khazad, Khazad ai-mênu”. Orodril preparaba el ataque de los elfos, los arqueros tensaban sus arcos y los lanceros afilaban las puntas de sus saetas. Aradûr, hombre de piel cetrina curtida en cientos de batallas, era el comandante del ataque de los hombres a pie y a caballo.
Orodril regresó al flet de los exploradores, esta vez para coger un pájaro guía que llevaría el mensaje a Taursereg.
-Espero que esta vez se limite a capturar la urraca y no se la coma... en estos tiempos que corren no tenemos ocasión de adiestrar muchas.
-¿Por qué no usamos palomas como los reinos vecinos?
-Tenemos varias razones, hay una gran población de urracas a lo largo del Matriarcado, además son muy dóciles y la razón más importante es que en este bosque no hay urracas, por lo que nuestra mensajera llamará la atención de Taursereg enseguida.
La noche fue fresca, sin luna ni estrellas, un manto negro cubría el cielo y parecía que también cubría la tierra de no ser por la infinidad de puntos brillantes que iban de un lado al otro: Taursereg entraba en acción. Los aullidos de sus bestias eran respondidos desde Aikwa Oron y formaban un oscuro coro de voces que helaba la sangre a quien lo escuchaba.
Y llegó la aurora.
Al mismo tiempo que va haciendo aparición el sol, las nubes comienzan a difuminarse y la visibilidad desde los muros de Amon Duin es excelente. Los vigías consiguen ver a bastantes millas aún de distancia a la tropa de enanos; las roncas voces de los khazad ya podían ser escuchadas por los elfos con oído más fino.
Los esteldili pensaban que, o bien sus atacantes subestimaban su capacidad de respuestas, o bien sus atacantes habían perdido el juicio y habían enviado a la tropa de enanos a una muerte segura después de una larga caminata. Ni siquiera se molestaron en enviar a los soldados para dar muerte a los enanos, se limitaron a esperar a que llegaran cerca de los muros para abatirlos con sus flechas.
A media tarde (los enanos seguían a una distancia considerable, la llegada a los muros de Amon Duin se esperaba para el anochecer del día siguiente) varios hombres surgieron de la espesura cerca de la ciudad, pero no hicieron nada, se quedaron allí en pie con las lanzas en posición de espera.
La vigilancia a los enanos se redujo y parte se dedicó a contemplar el extraño comportamiento de aquellos hombres.
Al anochecer una lluvia de flechas surgió desde el bosque, desde un punto bastante apartado del que se encontraban los hombres, obviamente desde aquella distancia las flechas no alcanzaron los muros de la ciudad, los esteldili fueron en busca de alguno de esos proyectiles y concluyeron que eran de manufactura élfica.
Con la noche ya avanzada llegaron a los muros de Amon Duin las duras voces de los hombres apostados en las lindes del bosque; por los colores de las libreas, los esteldili ya suponían que se trataba del ejército de Liantari Dimbar, la canción de los hombres corroboró sus sospechas:
Oídme hombres de Liantari,
hoy una nueva gesta comienza
hoy de nuevo de sangre de enemigos
se teñirán rojizas nuestras vestimentas
hoy pagaremos el favor en nuestras tierras
con mismo sino.
Hoy saldaremos cuentas.
Los espías que los esteldili enviaron para vigilar a los enanos trajeron extrañas noticias, según ellos los enanos estaban celebrando una fiesta en mitad del territorio esteldili y a juzgar por la cantidad de cerveza que estaban bebiendo supusieron que el ataque enano no se reanudaría a primera hora de la mañana.
Los líderes esteldili estaban totalmente convencidos de que los hombres de Liantari se estaban riendo de ellos, celebrando fiestas en sus tierras y en mitad de la noche indefensos (en realidad las bestias de Taursereg merodeaban para evitar que los espías se acercaran demasiado a los ociosos enanos, pero en la oscuridad eran casi indistinguibles).
Amaneció, el grupo de enanos dormía a pierna suelta, excepto la pareja a la que le tocaba montar la guardia.
De la espesura del bosque surge un arquero élfico portando un estandarte con el escudo del Matriarcado y lo coloca en mitad de la planicie a una distancia prudencial de los arqueros esteldili.
Uno de los lanceros humanos hace lo mismo desde su posición.
Los esteldili continúan sin saber qué se proponen sus enemigos.
A media tarde se reanuda la marcha de los enanos, ya no cantan ahora de vez en cuando tocan sus cuernos. Al anochecer se detienen, ya están a tiro de piedra de los muros de Amon Duin pero lo suficientemente lejos como para no ser heridos por los proyectiles lanzados desde la ciudad. Del bosque surgen los guerreros élficos que pasan la noche fuera de la protección de los árboles.
Esa noche las bestias de Taursereg sí hacen notar su presencia emitiendo profundos gruñidos y sonoros aullidos.
Al amanecer, cansados de esperar la respuesta esteldili, los soldados de Liantari se lanzan al asedio, elfos y jinetes humanos intentan acercarse a los muros, para detenerlos salen de la ciudad parte de los efectivos esteldili y les hacen frente.
Entonces los enanos reanudan su avance y protegiéndose con sus escudos y sus recias cotas de malla consiguen mantener su rumbo bajo la lluvia de proyectiles enemigos. Taursereg y sus bestias aparecen y atacan a los esteldili desde otro frente.
Los humanos que aún quedaban en las lindes del bosque comienzan a avanzar, pero su avance es lento dado que son los que llevan la maquinaria de asedio, a mediodía gran parte de esa maquinaria ya está lista y comienza el verdadero asedio a Amon Duin.
El ciervo gris de gran cornamenta en el que se había convertido Taursereg recibe una herida al ser saeteado en los cuartos traseros por un lancero esteldili y viendo que había comenzado el asedio y él poco podía ayudar en esa tarea, se retira al bosque. Orodril había recibido un flechazo en un costado, lo que unido a su enfermedad respiratoria le ha obligado a no combatir en primera línea y ocuparse de la retaguardia. Es por tanto Aradûr quien comanda el asedio.
Uzbad por su parte ha conseguido llegar con la mitad de su gente al pie de los muros de la ciudad e intentan escalarlos con ayuda de cuerdas y escalas y bajo la protección de los arqueros del Matriarcado.
Al final de la tarde, las resentidas defensas de Amon Duin sucumben a los ataques de Liantari y se produce la entrada de las tropas enemigas en la ciudad esteldili. La entrada de los soldados de Liantari es ordenada pues no es la primera vez que pisan aquellas calles, sólo los enanos recién llegados desconocen la distribución de la ciudad.
Cae la noche y los guardas de Liantari se apostan en los muros de la ciudad y alrededor de las aberturas producidas en ellos durante el ataque. Uzbad Kibil es llevado a las casas de curación de la ciudad, de gran fama en todo Árador, pues un enemigo en retirada le lanzó una flecha mientras intentaba trepar el muro y ésta había impactado ”donde la espalda pierde su noble nombre”
Orodril se encontraba descansando en aquel lugar y vio llegar al enano con la flecha, lo que le propició (y propiciará) una gran diversión.
-Es difícil matar con una flecha a un enano, la disparas al bulto y nunca sabes en que parte del cuerpo le va a dar... como está todo tan junto.
Fue lo único que consiguió vocalizar el elfo mientras reía. Al día siguiente ambos se reunieron para decidir qué hacer, Orodril se pasó gran parte de la reunión ofreciendo asiento a Uzbad mientras que éste no hacía más que rechazar la “generosa” oferta del elfo.
-¿Algo de valor? -preguntó Uzbad.
-Sólo la muerte de esteldili, no hemos encontrado nada dentro de los muros, o está muy bien oculto o finalmente hemos abusado de la "hospitalidad" de Amon Duin.
-¿Entonces qué vamos a hacer?¿Regresaremos?
-Esperaremos las noticias de Halatiryon, entonces decidiremos qué hacer
La ciudad, debido a los múltiples ataques recibidos, se asemejaba a las puertas del infierno. ¿Cuántos habían sido ya? ¿Tres? ¿Cuatro? Ni siquiera ahora puedo recordarlo con claridad.
Me doy cuenta de mi falta de respeto. Mi nombre es Arose Dragoch-In’noch, y sirvo al buen Señor Húrin. En el momento de escribir esto, llevo ayudándole en sus pesadas tareas no más de 6 días, aunque no dejo de preguntarme si no han sido 60, pues mis obligaciones no me han dejado reposar tranquilo apenas unas horas. Tal vez se pregunten acerca de mí, mas no quiero aburrirles con mi vida, sólo contaré más adelante lo necesario; y quizás se planteen otra cuestiones como son la de mi nueva presencia en este cargo, las cuales tengo intención de explicar. Parece ser, que, después de mucho insistir, la señora Jade consiguió que mi ahora Señor Hurin aceptara disponer de un escudero para descargarle, en la medida de lo posible, de sus obligaciones. Dudo mucho de conocer las verdaderas razones de mi elección, pero puedo aventurar (pido perdón por adelantado ante mis casi seguras equivocaciones tanto en este como en otros temas) que fue por mi mezcla entre erudición y falta de coraje. Estudié bajo la tutela de los elfos de Caras Aelin durante unos años, adquiriendo escasa sabiduría solventada con una gran facilidad para la escritura tanto en Oestron como en las diversas clases y derivaciones del Quenya. Poseo también nociones básicas de caballería, lucha y construcción, aunque nunca he destacado en estos campos. Precisamente, en el que menos ducho se me considera (y con razón, creo yo) es en de la guerra, por lo que mi designación obedece en cierta medida a que soy el efectivo más prescindible en ciernes de lucha.
Una vez concluidas las presentaciones de rigor, comenzaré a narrar la historia de esta quinta batalla. Ha de saberse que llevábamos unos días ya instalados de nuevo en Amon Duin, intentando salvaguardar la ciudad en todo lo posible. Se dio orden de reconstruir los muros hasta cierto nivel, pues no disponíamos de tiempo suficiente para rehacerlos enteros antes del próximo ataque, o al menos eso pensaban Jade y el Señor Hurin. Se habilitaron también unas chozas de madera para guarnecernos del viento y la lluvia, amen de un comedor comunal donde se repartían equitativamente las raciones de comida que poseíamos.
Pasamos tres días en estas condiciones, sin nada que reseñar aparte de mis escasos momentos de descanso. Fue el cuarto día cuando, estando yo en compañía del Señor Hurin, llegó un mensajero jadeando, seguido por Jade:
¡Señor! – informó – Se ha visto un grupo de enanos de Lempe dirigiéndose hacia nuestra posición desde el Sur.
Bien visto – agradeció mi Señor - ¿Cuándo llegarán?
No lo sé, señor – respondió firme, mas luego se volvió dubitativo – Perdón, quiero decir... Van muy despacio, y en la última hora han hecho al menos dos paradas. Si se dieran prisa podrían estar aquí a medianoche, pero si siguen a este paso podrían tardar semanas en llegar.
Gracias. Retírate y mantenme informado de sus movimientos. – Dicho esto, el emisario (creo recordar que se llamaba Lindë) dio media vuelta y marchó de nuevo a su puesto
¿Qué te parece todo esto de los enanos? – preguntó Jade
Desde luego, no tengo demasiado aprecio a Limpe, pero no creo que sean tan parcos en tácticas de guerra como para pretender atacarnos con un regimiento de burdos enanos. Es estúpido y anormal. Deben de estar escondiendo algo. ¿No se ha visto nada entre los demás vigías?
No, parece que sólo vienen esos enanos. –respondió ella - Estoy de acuerdo contigo, aquí hay algo oscuro, pero no adivino a ver qué es.
Bien, ordena vigilar toda la muralla, y tenme informado de lo que acontezca en el Sur, si a esos enanos paticortos les da por venir dando zancadas, tendremos una bonita pelea esta noche.
A partir de entonces, mi Señor se paso la tarde sumido en sus pensamientos, mientras yo atendía las informaciones con orden de informarle si ocurría algo relevante. Estuvimos expectantes hasta medianoche, cuando le dije que los enanos habían parado a descansar y que no se preveía que llegasen hasta al menos el amanecer. Me agradeció mi trabajo y me encargó velar durante la noche por si había novedades. No las hubo, pero a pesar de todo me mantuve firme, gracias en parte a un brebaje azulado y maloliente que me aconsejó Jade. Aun y todo, al amanecer, con los enanos todavía a luenga distancia de nuestra ciudad, los párpados no me aguantaban abiertos, por lo que el Señor Húrin, apreciando mi demacrado estado, me ordenó dormir unas horas.
Desperté a media tarde. No había nadie en la habitación, pero supuse que no se había entablado lucha, pues se me habría despertado a pesar de que, como ya he comentado, no destaco por mi habilidad en ese campo.
Salí al patio y me encontré a mi Señor dialogando con algunos de sus capitanes.
...que lanzaron flechas élficas a medianoche, que hemos oído aullidos entre la espesura, y que se han visto humanos con lanzas no muy lejos. Está claro que tienen intención de atacarnos y nos están provocando para que salgamos fuera de la protección de la ciudad – concluyó un capitán.
Estoy de acuerdo – corroboró Hurin – Debemos permanecer aquí resguardados todo el tiempo que podamos, hasta que llegue el ataque definitivo. Os seré franco: veo muy difícil la victoria, pero al menos acabaremos con tantos enemigos como podamos. Nowe nos lo agradecerá.
¿Qué hacemos entonces?- se oyó
Apostaos a lo largo de la muralla, seguramente el ataque más fuerte vendrá de cualquier sitio menos del Sur, aun y todo, la fuerza enana no es tan pequeña como para considerarla insignificante. Tengo la sensación de que seremos atacados de noche, amparadas bajo la escasa luz de Isil, los seres que aúllan tendrán ventaja, y eso ellos lo saben tan bien como nosotros. – se dio un respiro y prosiguió – Esas son mis órdenes. Avisadme en cuanto empieza la batalla.
Así pasamos toda la tarde, y la noche, a la espera de una inminente lucha que no llegaba. Por fin, al amanecer, sonaron nuestros cuernos de guerra, y mientras nuestros señores daban palabras de ánimo a los soldados llegaron los enanos a nuestra murallas. Se abrieron las puertas y emergió Jade comandando el primer grupo de hombres. Las palabras alentadoras habían hecho efecto, porque la formación enana fue dividida en dos el acabo de pocos segundos, gracias sobre todo al ímpetu de nuestros guerreros.
Por un momento pensé que podríamos incluso ganar esta batalla, pero pronto aparecieron los elfos y bestias animales enemigas para nivelar la contienda. Húrin salió comandando el segundo y último grupo, en cuya retaguardia me encontraba yo. Luchamos a brazo partido, dando mandobles a diestro y siniestro, e incluso he de reconocer que ha sido una de mis mejores actuaciones en batalla. Creo recordar que perforé el trasero de un enorme y violento ciervo gris que se dirigía hacia mí, pero en el fragor de la batalla es difícil recordar con claridad todo lo que nos sucedió.
Vi a mi señor Húrin pelear, con sangre chorreándole de su brazo izquierdo, contra tres enanos a la vez, acabando con sus vidas y con sus cabezas. Vi a la hermosa Jade, bella como una elfa, y mortal como una humana, acabar con varios elfos de Limpe, sin mas rasguño que una herida poco profunda en si mejilla derecha. Vi a nuestros valientes hombres, en aquel día, luchar, no ya por la victoria que era irremediablemente imposible, sino por su honor, su dignidad, y su Señor. Y vi, entre toda aquella masacre, como un hacha caía hacía mi. Ya no volví a ver más.
Desperté, según me contaron, dos días después de la batalla. Al parecer, poco después de caer yo, se dio la orden de salir huyendo. Obviamente, como es necesario en estos casos, se había aceptado un punto de reunión por si huíamos, cosa bastante previsible. Se comprenderá, al igual que en otras ocasiones, que por razones de seguridad, todavía es pronto para revelarlo. A pesar de ello, me atrevo a decir que estábamos cercanos a un río, cuyo agua ayudó considerablemente a nuestra salud, en gran medida sanando nuestra heridas, amen de darnos de beber en estos calurosos días.
Uno de los bardos cantaba un lamento, apagado, triste, lento... en recuerdo de los compañeros que había caído injustamente. Nos llenaba a todos de nostalgia, pues hacía recordar tiempos mejores, y nos hacía también dudar de si esta guerra merecía la pena o sólo nos iba a llevar a una derrota implacable.
Por dar cuenta de algo positivo, nuestros dos líderes había salido casi ilesos. Jade sólo había recibido el tajo que yo había vislumbrado antes de quedarme inconsciente, y mi Señor Hurin, algo más herido, tenía su brazo izquierda lleno de costras de heridas, y una ligera cojera en su pierna derecha debida a una torcedura de tobillo. Pronto se curarían, al igual que yo, que presentaba una fea herida en la cabeza, pero sin gravedad. Era joven y fuerte, seguro que me recuperaba después de una buena cena.
Empezó a caer el sol con la llegada de Isil, y eso no nos animó demasiado. A pesar de que la batalla, en sí misma, no había provocado demasiadas bajas ni demasiadas pérdidas (pues Amon Duin estaba hecha una ruina) la tristeza era indescriptible. Eran ya demasiadas luchas que finalizaban en nuestra contra. Mientras la lastimera canción de derrota, imperturbable, ensombrecía nuestros corazones, donde quiera que se posasen mis ojos sólo veía desesperanza. Como dijo un antepasado mío: “No hay peor mal que la esperanza, pues prolonga el tormento del hombre”... Por un momento pensé que quizás había llegado la hora de abandonarla.
Respetuosamente, Arose Dragoch-In’noch.
Resumen de la batalla.
Liantari Dimbar ha perdido 8 armadas x35= 280 puntos.
Recuperables: 187 puntos.
Valoraciones: 8,2+9+8,4+9,1+7,8= 8,5
Recupera: 159 puntos. Los dirigentes han sufrido daños por el 40%, por este concepto recupera 140 puntos. Total recuperación: 299 puntos.
No pierde puntos.
Eirë Esteldor ha perdido 12 armadas x35= 420 puntos.
Recuperables: 140 puntos.
Valoraciones: 8+9+8+7,3+9,2= 8,3
Recupera: 116 puntos. Los dirigentes han sufrido daños por el 50%, por este concepto recupera 175 puntos. Total recuperación: 291 puntos.
Pierde: 129 puntos.
Liantari Dimbar recibe 150 monedas por la victoria en la batalla.
Eirë Esteldor entrega 100 monedas a Liantari Dimbar por el abandono de la batalla.
Compañías actualizadas y listas.