Annamel
LA LEYENDA DEL AMOR DE MELKOR.
Cuenta una leyenda muy antigua, tan antigua como la misma Tierra Media que el malvado Morgoth una vez amo, que no siempre fue su corazón el pozo de negrura eterna que lo llevó a tan fatal destino.
Sucedió durante su estancia en Valinor, durante el poco tiempo que permaneció libre entre los elfos de aquella hermosa tierra creada por los Valar, que durante un tiempo su corazón olvidó la venganza y el afán de dominación, pues cuando el amor toca un corazón lo vuelve noble y elevado, y así sucedió también con el del oscuro Valar, brillando brevemente.
Tras el perdón concedido a Melkor por Manwe, pues en aquellos días Melkor era aún su nombre, este obtuvo libertad para caminar entre los habitantes de la bella isla, libertad que en un principio uso para tejer sus engaños, pero que olvidó el día en que una bella doncella Noldor lo miró a los ojos sin asomo de miedo, no vio Melkor en aquellos ojos el odio que muchos de sus congéneres le dedicaban a su paso, sólo vio la pureza y la inocencia, por aquellos ojos estaba dispuesto a separarse de su camino de perdición, mas no sabia Melkor nada del amor, pues nunca hasta ese día había amado, y no sabía cómo acercarse a la joven que lo había cautivado, no sabía cómo llegar a su corazón de la misma forma en que ella había llegado al suyo, y por primera vez en su vida se sintió desesperado, porque no sabia que debía hacer.
Varios días pasaron desde la primera vez que la vio, y Melkor se encontró batallando en su interior con sentimientos confusos pero dulces al mismo tiempo. En su mente evocaba aquellos ojos una y otra vez, y se paseaba nervioso por sus estancias, cual animal enjaulado. Había olvidado toda idea de venganza contra los Valar y los Noldor, pues sólo ella ocupaba sus pensamientos. Finalmente se armó de valor, el cual nunca le había faltado, pero ahora parecía que le abandonaba, y se decidió a visitar a Varda. Cuando la Valar lo vio llegar no pudo menos que notar el sorprendente cambio que se había operado en Melkor, sus ojos brillaban con una mezcla de melancolía e ilusión, de su boca habían desaparecido las líneas que le daban aquel rictus de fiereza, su rostro aparecía más sereno y hermoso que nunca.
- Buenos días Melkor - lo saludó alegre Varda.- ¿En qué puedo ayudarte esta hermosa mañana?
Melkor la miró sorprendido.
- ¿Por que supones que vengo a pedirte ayuda?
- Porque soy Varda, y leo en los corazones, y en el tuyo hay una inquietud difícil de definir siendo tú… ¿qué agita tu corazón Melkor?
- Quisiera saberlo Elbereth, por eso acudo en tu ayuda, llevo días sin dormir, porque unos ojos me han atrapado, y no puedo pensar en ninguna otra cosa, ¿qué es esto que siento? ¿Por qué me siento alegre y triste a la vez?¿ Por qué siento que me han robado algo? - mientras hablaba Melkor se había acercado a Varda y ahora la tomaba por las manos.
La hermosa Valar lo miró como si lo viera por vez primera, pues era asombroso el cambio operado en él, estaba casi irreconocible. Sonriendo le puso una mano en la cabeza.
- Melkor, Melkor…el amor hace estragos en los corazones, incluso en el tuyo, nadie está a salvo de él…¿quién te ha robado el corazón?
- No sé su nombre…sólo sé que sus ojos son tan negros como una noche sin estrellas, que su mirada es pura e inocente, pues no vaciló al mirarme, que su piel es tan blanca que la misma nieve le tendría envidia, que sus cabellos sólo rivalizan en negrura con sus ojos, que su boca contiene la dulzura de todas las cosas creadas por ti Varda, oh Varda!, dime ¿ quién es?
La señora lo miró conmovida, jamás habría pensado que aquel corazón sería capaz de amar, tal vez, pensó, aún estemos a tiempo de recuperar a Melkor, de atraerlo hacia el bien por el camino del amor…sólo que ese amor era simplemente imposible.
- Conozco a la doncella de la que me hablas, y tienes razón, es una de las criaturas más puras que camina bajo el sol de Arda, y como tal, delicada, inocente, frágil…su nombre es Kerima, es hija de uno de los altos Noldor de Tirion, quien la considera su más preciado tesoro, por eso ella desconoce tu identidad y te mira de frente, pues su padre la mantiene protegida celosamente de todo mal, de forma que ni la mención de la palabra la roce. Tal vez has posado tus ojos demasiado alto Melkor.
Melkor la miro con desesperación, ahora era consciente de todo el daño que había hecho, y de que aparecería ante ella como la criatura malvada que desde el principio fue.
-Varda, ayúdame por favor, cambiaré, por ella cambiaré, porque ella despierta en mí sentimientos nobles, por ella me uniré a vosotros, olvidaré la traición y que un dií mi sueño fue destruir todo lo que habíais construido.- en los ojos de Melkor Elebereth observó la desesperación.
La Valar suspiró…
- Está bien Melkor, veo que ha nacido un sentimiento noble en ti, algo que todos dudábamos que algún dia llegara a suceder - hizo una pausa- Puedes encontrar a la dama Kerima en las estancias de su padre en Tirion, pero te advierto que no te será fácil, ya te dije que su padre la protege del mal, y para él tú eres el mal hecho realidad.
Melkor la miró, y dentro de Varda algo se conmovió ante aquella mirada tan intensa y triste. Este dio la media vuelta y se alejo del jardín de la Valar, seguía arrastrando un peso indefinible en el corazón.
A la mañana siguiente Melkor decidió presentarte ante Kerima, pero no quería hacerlo con las manos vacías, sino con un presente que ella conservara para siempre, y como el Vala jamás había creado nada por sí mismo, sino que su lucha había sido la destrucción de las obras ajenas, le llevó más tiempo crear algo hermoso, y aun así lo consiguió. De sus manos surgió la primera y última obra propia, una joya que aún en los días que corren no ha tenido igual, una diadema de mithril, con engastes de diminutos rubíes, esmeraldas y zafiros, cada uno brillando con la luz que reflejaban, dando lugar a miles de destellos de diferentes colores, una joya prodigiosa, más aún teniendo en cuenta las manos que la habían creado. La culminación de esta obra le llevó algunos días a Melkor, pero durante los mismos consiguió que su alma se volcara en su trabajo, y se sintió menos angustiado.
Finalmente llegó el día en el que Melkor, con su presente se dirigió a los dominios del padre de Kerima, en pleno corazón de Tirion. Allí encontró a la muchacha, que cantaba a la sombra de un gran árbol, estaba sola, y no se percató de su presencia, circunstancia que este aprovechó para beber una vez más de su belleza, para enamorarse aún más profundamente de aquella criatura que era la definición misma de la inocencia y la pureza. De pronto ella notó su presencia y volvió sus ojos a él. Melkor quedó congelado en el sitio, más aún cuando le sonrió y le invitó a entrar en el jardín, sintió que su corazón se paraba.
- Bienvenido mi Señor - le saludó ella, su voz le pareció aún más dulce de lo que había imaginado.
- Señora, ¿acaso no sabéis quién soy? - preguntó Melkor sorprendido.
-¿ Debería saberlo? - dijo ella con toda inocencia - Seguramente habréis venido a tratar asuntos con mi padre, ¿vuestro nombre, mi Señor?
- Mi nombre es Sinya, pues por el nombre que antes era conocido lo olvidé, y no vengo a ver a vuestro padre Señora, sino a vos, si me permitís el atrevimiento.
- ¿Y en qué puedo yo ayudarle mi Señor, qué se os ofrece?
- Nada, soy yo el que vengo a ofreceros Señora, pues debéis saber que os habéis convertido en la dueña de mi corazón y de mi voluntad, que desde que os vi llevo vuestros ojos clavados en el corazón, hermosa Kerima, aceptad por favor esta muestra del amor que siento por vos.
Y entonces sacó la diadema que había tallado para ella, y esta brilló como si tuviera concentrada todas las luces de miles de estrellas diminutas, y se reflejó en los ojos de la hermosa joven, que asombrada no desprendía su mirada de la de Melkor, y entre ambos surgieron los lazos de un sentimiento universal, que une a su capricho criaturas de tan distinta naturaleza, y ella, en su inocencia supo que su corazón latía al unísono con el de él, y que sería así por siempre.
- Mi Señor, no sé qué deciros…
- No digáis nada, sólo aceptad el regalo…
Y así comenzaron a discurrir los días que para los enamorados pasan demasiado deprisa, en los que ambos se encontraban al amparo de los árboles del jardín de Kerima, hasta que una noche fueron descubiertos por el padre de la misma, y el desastre los envolvió.
- ¿Maldito seas Melkor!!!! - exclamó iracundo - quita tus sucias manos de mi hija!!!. Haréque los Valar te condenen por esto!
Kerima palideció al oírtan terrible nombre.
-Padre!, os equivocáis!! = sollozó desesperada = Él no es Melkor, su nombre es Sinya, el es hombre que amo! Padre!
El elfo miró a Melkor con todo el odio de su corazón, Kerima se había escondido tras la espalda de él, temiendo el ataque de ira de su padre. Las palabras que dijo a continuación sonaron graves como un juramento.
- Te has valido de tus mentiras de siempre para seducir a mi hija, pero no te saldrás con la tuya Melkor, pues antes que verla en tus brazos, desdichada y marchita prefiero verla muerta, aunque tenga que matarla con mis propias manos, lo juro aquí y ahora.
De pronto la joven salió de detrás de Melkor, y habló con palabras firmes.
- No será necesario padre, si me separas de él yo misma me quitaré la vida.
- ¡¡ Guardias!! = gritó el padre de Kerima - ¡¡echadle de aquí!!
Melkor alzó un brazo en gesto tranquilizador.
- Tenéis que escucharme Señor, amo sinceramente a vuestra hija, por ella he cambiado, ya no soy aquel que una vez fui…
- ¡¡ Mentiras!! - le interrumpió el elfo = no lo intentes conmigo, a ella la puedes engañar porque es un ser inocente que no conoce la mentira, pero no lo harás conmigo, ¡¡ fuera de aquí maldito!.
Melkor comenzó a enfurecerse, su voz se endureció cuando volvió a hablar.
=-Me iré, pero volveré a por ella, con tu consentimiento o sin él, y me la llevaré.- de pronto Melkor sintió que la ira y el odio que lo habían abandonado desde que conociera a Kerima volvían a bullir en su interior. Y diciendo eso dio media vuelta para abandonar el jardín, cuando de pronto oyó el grito del elfo y se volvió justo para ver impotente la atrocidad que acababa de cometer.
El padre la muchacha desenvainó su espada y se abalanzó sobre ella, hiriéndola de muerte, esta apenas fue consciente del hecho de que su propio padre le estaba quitando la vida, y mirando a Melkor le dijo.
- ¡¡ No te la llevarás!! - y acto seguido se dio muerte allí mismo.
Melkor quedó petrificado donde estaba, un frío como el hielo comenzó a correrle por las venas, alcanzando su corazón, instalando allí un vacío y un odio aun mayores que los que había albergado antes de conocer a kerima. Su rostro se ensombreció y el grito que profirió debió llegar a las profundidades de Arda, y sobrecogió muchos corazones. Melkor, el de negro corazón había vuelto.
No derramó ni una lágrima, pues ya no había sitio para ellas. Con delicadeza recogió el cuerpo de Kerima, y se marchó de allí con él sin que nadie tuviera el valor de impedírselo, pues ardía un fuego indescriptible en sus ojos. Dónde lo llevó, nadie lo sabe, pues forma parte de la leyenda, nadie sabe con certeza la veracidad de esta historia, pero hay algunos que aseguran haber visto la diadema de mithril. Lo que sí se sabe es que Melkor regresó a su naturaleza oscura, causando mucho daño en Valinor y en la Tierra Media, pero toda esa historia ya se sabe…
