Edicion 3
Árador, Tierras de la Aurora
Finalizada · 19-03-2006
De Camino A Ost-en-Aël
2006:12:03:12:26:07
Zirakzirak
El día se levanto lluvioso. LA humedad calaba hasta los huesos. La niebla lo envolvía todo. Y una figura, pequeña y enjuta caminaba por el camino. Embutida en pieles caminaba hablando por lo bajo. Parecía un ser pequeño y deforme de todas los bultos y ondulaciones que formaban las pieles que le cubrían.
-¿Quién demonios me dijo a mi que saliera este maldito día?.- decía la figura.- ¡Por el Hacedor! Esta es la región mas fría de toda la Tierra.
La figura siguió andando. Pronto apareció a un lado del camino un conjunto frondoso de árboles, un pequeño reducto donde la nieve no cubría el suelo y fue aquí donde la figura decidió hace un alto en el camino y descansar.
La figura encendió un pequeño fuego y se sentó a descansar los huesos. Al descubrirse el rostro dejo ver una espesa barba pelirroja y unos robustos rasgos.
Saco algo de cecina, queso y algo de pan que comenzó a comer con parsimonia mientras observaba el fuego.
Hathol Karkar
Un jinete apareció a lo lejos en el sendero, cabalgando lentamente entre la nieve y la lluvia, dejando las huellas de las cascos impresas en el barro que cubría el camino. El hombre iba arrebujado en una gruesa capa de lana con capucha y forrada de pieles, llevaba guantes largos de piel, botas altas de montar y una bufanda le cubría el rostro, y sólo dejaba al descubierto dos profundos ojos azules y y unas cejas doradas, ahora blanquecinas por culpa de la nieve que le caía en el rostro. Lentamente, el jinete se iba aproximando al Enano que descansaba y comía junto al fuego, al lado del camino.
"Mala noche para pasar a la intemperie, forastero"- dijo el jinete llegando a la altura del enano, deteniendo su montura.
"Si mañana me despierto de una pieza ya os diré si ha sido mala o no..."- dijo el Enano, hosco.
"Disculpad, forastero, no pretendía ofenderos"- respondió el hombre con sarcasmo- "pero entended que pregunte cuando me encuentro con un extraño merodeando por las fueras de la ciudad."
La luz de la fogata iluminaba el rostro barbudo del Enano, que al escuchar las insinuaciones del jinete, enrojeció de ira.
"¿Merodeando? ¿Cómo os atrevéis?- respondió el Enano visiblemente molesto y ofendido- ¿Y vos quién sois para hablar de esta menera a simple viajante en tierras extrañas? ¿Acaso también estáis merodeando? ¡Hablad! o será mi hacha la que hable por mí, y os aseguro que tiene muy mal despertar."
El hombré retrocedió un poco ante las palabras del Enano, pero se armó de valor, y paciencia, pues no quería iniciar un absurdo conflicto con un viajero tan cerca de la ciudad.
"Si tanto os interesa, Maese Enano"- respondió el jinete- "os diré que mi nombre es Hathol Karkar, oficial del ejército de Helkelen Lara, y hoy se me ha encomendado la tarea de vigilar los caminos que acceden a nuestra capital, Ost-En Äel. Ah, si queréis yo también os puedo presentar a mi espada, su nombre es Fealóke y le encanta cortar...lo que sea."
El Enano observó un momento al Hombre, que, visiblemente alterado, había llevado su mano derecha a la empuñadura de la espada, que le colgaba de la cintura. Entre los pliegues de la capa podía adivinarse el reflejo plateado de la empuñadura. De repente, el Enano estalló en una sonora carcajada.
"Tenéis agallas, amigo"- dijo, jovial- "Así que un hombre de armas, creo que nos entenderemos bien. Venid junto al fuego a calentaros, hace algo de frío esta noche. Por cierto, mi nombre es Zirak."
Hathol bajó del caballo de un salto, lo ató a un árbol cercano y se acercó al fuego, se quitó la capucha y la bufanda y su joven rostro quedó iluminado por la luz de las llamas, una cascada de cabellos rubios como el trigo caía hasta casi sus hombros. Se sentó y empezó a compartir su comida con la del Enano.
Zirakzirak
Zirak saco algo mas de cecina y pan y se lo ofreció al joven.
-Eres muy joven para ser oficial, ¿no?.- dijo el enano mientras se llevaba un trozo de pan a la boca.
Hathol miro con suspicacia al enano.
-No te pongas así jovencito es solo una pregunta.- sonrió el enano.- Así que vigilando los caminos en un día tan inhóspito como este. Debe ser divertido.
-No se si intentáis reíros de mi maese enano. Pero si es así no tiene ningún tipo de gracia.-dijo el humano
-Tranquilo muchacho, tranquilo.- volvió a reír el enano.- Veo que tendré que empezar yo.- el enano hizo una pausa.- Me dirigo a Ost-en-Äel a vuestra capital para instalarme en vuestro reino y poner una herrería. En mi opinión no tenéis buenos artesanos por aquí.-
Hathol se dio cuenta como el enano observaba su armadura al decir “buenos artesanos”. El joven se sonrojo. Era la armadura que poseía cualquier oficial de Lara; pero una armadura hecha por manos de un maestro enano, de esas que hablar las leyendas; comenzó a pensar en una brillante armadura y las batallas que podría ganar y el ejercito que podría dirigir.
Las carcajadas del enano le sacaron de si ensimismamiento.
-Vamos muchacho, no te duermas mientras estas de servicio.- volvió a reír Zirak.
Hathol Karkar
Al día siguiente, el cielo amaneció azul y despejado, ni una nube se alcanzaba a ver en el horizonte, pero el frío seguía reinando en aquel paraje totalmente nevado. Los dos viajeros se despertaron pronto y compartieron un frugal desayuno, a base de pan y queso, estaban sentados alrededor de las cenizas y brasas que habían quedado de la fogata encendida la noche anterior
"Bueno, yo debo regresar hoy al cuartel de la Guardia a presentar el informe de esta noche y a que me releven"- dijo Hathol, soñoliento- "¿Cuál será vuestro camino, Maese?"
"Como te dije ayer"- respondió el Enano, mordiendo un pedazo de queso- "mi intención es instalarme en Ost-En Äel y dedicarme al noble arte de la herrería, pues entre los míos soy considerado un buen herrero. He recorrido muchas leguas para llegar hasta aquí, y ahoras deseo establecerme en un sitio fijo...al menos durante algún tiempo."
"Excelente idea"- respondió Hathol, con una sonrisa- "De hecho, tenéis razón al decir que no tenemos buenos herreros, pues los que hay aquí toman su oficio como un trabajo más en vez de como una arte, como hace vuestra gente. Les vendrá bien algo de competencia. Pero decidme, ¿qué os ha llevado a emprender tan largo camino hasta estas tierras tan lejanas? Porque deduzco que venís de muy lejos, ¿es así?"
El rostro del Enano se ensombreció el instante, y fijó su mirada en las cenizas que tenía enfrente, como si esa visión le hubiera hipnotizado, respondió.
"Los Enanos no solemos contar nuestra historia al primer desconocido con el que nos topamos...Maese Humano"- dijo Zirak, con un deje de acritud y amargura en la voz. La pregunta de Hathol había dado justo donde Zirak poseía su armadura más fuerte y resistente: su corazón y su alma.
"De acuerdo"- respondió Hathol, sin perder la compostura, y sobreponiéndose a las palabras del Enano- "En ese caso, y si eso os sirve como prueba de mi buena voluntad, os relataré mi historia, pues yo tampoco soy originario de estas frías tierras...no obstante, tampoco es que haya mucho que contar."
[...]
"Nací muy al Oeste de estas tierras, una región llamada Dor-lómin, bajo el linaje de la Casa de Hador, una de las más antiguas estirpes de Hombres de una vasta extensión de tierra llamada Beleriand. Mi padre fue un gran guerrero al servicio del Rey Supremo de los Elfos de aquellas tierras. Yo siempre quise ser como mi padre, tener su valor y habilidad en la batalla, y su gran corazón y generosidad con los demás Hombres, Elfos y Enanos. Pero la desgracia llegó cuando murió atravesado por tres flechas disparadas por un orco, superviviente de un grupo al que habíamos abatido en el bosque, durante una de las numerosas patrullas que yo realizaba juento con otros hombres de la aldea. Mi padre había regresado de una campaña de guerra, y ya no pudo volver a combatir nunca más. Mi madre murió de pena a los pocos años, y yo decidí emprender viaje hacia el Este, en busca de una nueva fortuna. Al cabo de unos meses llegué a las tierras de Helkelen Lara, y a su capital, Ost-En Äel. Allí oí que necesitaban gente para formar parte de la Guardia de la ciudad, y me alisté como soldado. Hoy soy oficial...pero aún tengo muy presente el recuerdo de la tierra que me vio nacer...y sobre todo el recuerdo de mi padres..."
[...]
Hathol calló de repente, y se sumió en oscuros pensamientos. Zirak no había dejado de mirarle durante todo el relato, al fin dijo: "Es una triste historia...amigo."
"Sí..."- respondió Hathol, cabizbajo y con lágrimas en los ojos.
Zirakzirak
El enano se puso en pie y apoyo una mano sobre el hombre del muchacho.
-La muerte de un ser querido siempre es algo difícil de aceptar.- suspiro.- El tiempo no cura todas las heridas. Sobre todo las mas profundas.
Zirak emitió una especie de gruñido. Como intentando recuperar la compostura.
-Bueno muchacho. Deberás irte o te capitán se preocupara y mandaran a alguien a buscarte y con un humano puedo lidiar pero mas de dos me empalagan en el desayuno.-rió el enano.
Hathol se seco las lagrimas que le caían por las mejillas y se puso en pie.
-Si debería volver, antes de que manden a mas “humanos” a buscarme.- dijo mientras se acercaba a su montura.- Disculpar maese enano; por curiosidad. ¿Desde donde venís?
Zirak que se encontraba recogiendo sus pertenencias se giro como movido por un resorte.
-De las montañas Azules, mi joven amigo del otro extremo del mundo.- respondió y volvió a organizar sus cosas.
Hathol subió a su caballo.
-Seguir este camino que os llevara a la entrada principal de Ost-en-Aël, no tiene perdida. Espero volver a veros maestro herrero.
-Yo a ti no, joven guardián de Lara.- rió el enano
Hathol comenzó a trotar con su caballo, sonriendo ante la respuesta del enano.
<<Estoy seguro de que volveremos a vernos. Maestro Herrero Zirak>>
El humano azuzo a su caballo de vuelta a la ciudad.
Hathol Karkar
Era ya mediodía cuando Hathol llegó a Ost-En Äel, el sol lucía brillante en el cielo y la nieve empezaba a derretirse. Las puertas estaba abiertas y empezaba a crecer el tráfico de mercaderes que entraban en la ciudad a vender sus productos: carretas con trigo, avena y demás cereales, ganaderos con sus rebaños de ovejas, cerdos, gansos y gallinas, buhoneros con multitud de objetos variopintos...en fin, gente intentando ganarse la vida.
Hathol llegó cabalgando, descabalgó y se puso en la cola de comerciantes que esperaban su turno para ser inspeccionados por los guardias y ser autorizados a entrar en la ciudad. Hathol bien hubiera podido abrirse paso entre la gente sin esperar su turno, pues era oficial de la Guardia de la ciudad, pero no le gustaba hacer ostentación de los privilegios que tenía, así que esperó pacientemente como uno más de los comerciantes que allí se agolpaban. Cuando le tocó a él los guardias enseguida le reconocieron y le saludaron tal como correspondía, después enfiló por la calle principal, atestada de los mercaderes, tanto locales como foráneos, que habían colocado ya sus puestos de venta y gritaban intentando convencer a la gente de que sus productos eran los mejores. La plaza también estaba abarrotada, así que Hathol decidió atajar hacia el cuartel de la Guardia por un callejón estrecho y maloliente, pero que al menos conducía más directamente al cuartel. Torció hacia la derecha por otro callejuela y al final llegó a una amplia plaza, donde se encontaraba el cuartel de la Guardia de la ciudad.
Se podría decir que el cuartel de la Guardia de ost-En Äel era una pequeña fortaleza dentro de la ciudad, pues estaba rodeado por una muralla alta y gruesa, con una torre de vigilancia en cada una de sus cuatro esquinas. En el centro se encontraba propiamente el edificio del cuartel. Una gran cosntrucción rectangular de piedra, con el techo, a dos aguas, de madera. El edificio contaba con dos pisos, en la planta baja se encontraban las esancias y los despachos de los oficiales y en en piso de arriba las celdas de los guardias y soldados, a las cuales éstos accedían por una escalera exterior de piedra adosada al muro del edificio. Encima del dintel de la puerta principal del cuartel estaba el emblema del país de Helkelen Lara, tallado en piedra. A la derecha del edificio principal se encontraban los establos para los caballos y a la izquierda un pequeño edificio de piedra de una sola planta para alojar a los criados y sirvientes.
Cuando Hathol llegó, la puerta principal de la fortaleza ya estaba abierta, entró y dejó el caballo a un sirviente que acudió presuroso, se quitó los guantes y se dirigió hacia el cuartel con paso rápido, pues debía entregar el informe de la ronda de la noche anterior. Cuando accedió al interior de la sala principal una sensación de calor le invadió, pues la chimenea estaba encendida, se quitó la gruesa capa de pieles que llevaba sobre los hombros y la colgó de un perchero clavado en la pared, rápidamente se dirigió a los aposentos de Durbem, uno de los capitanes de la Guardia, para el informe de la noche anterior, no obstante, no consideró importante mecionar el encuentro con Enano, pues no le había parecido alguien peligroso como para ordenar que se le siguiera. Llamó a la puerta y entró en la estancia.
"Capitán"- dijo Hathol- "el informe de la noche anterior..."
Zirakzirak
Zirak comenzó a andar en dirección por donde le había indicado el soldado.
<<Pobre muchacho tan joven y ya ha sufrido tanto dolor. Eso cambiara su carácter para el resto de su vida.>> pensaba el enano mientras caminaba.
El camino como bien había dicho el muchacho era bastante recto y solo alguna pequeña colina aquí y allá manchaban la llanura. La primavera estaba comenzándose ha hacerse presente en estos fríos reinos del norte.
Zirak caminaba despacio habían sido muchos días, semanas de largo camino como para tener prisa ahora. Al alcanzar el punto la cima de una de aquellas colina se presento ante si Ost-en-Aël con el amanecer del sol a la espalda de la ciudad daba una sensación de grandeza y nobleza, solo comparable a las grandes mansiones de los enanos bajo montaña, pensó Zirak.
El enano suspiro y continúo su camino hacia la entrada de la ciudad. Comenzaron a aparecer gran cantidad de personas a los largo del camino en su misma dirección. Todos le miraban con ojos perplejos. Un muchacho no mas de unos 14 años que caminaba con su padre que parecía ser un curtidor, no hacia otra cosa que girar la cabeza para observarle con curiosidad.
En una de estas miradas; el enano le salto.
-Haber muchacho. ¡Nunca has visto a un enano que podría partirte la cabeza con una mano.-
El padre el muchacho se giro y miro a Zirak no con ira por las palabras que había pronunciado hacia su hijo. Sino con la misma curiosidad que él.
-Perdónele maese enano.-dijo mientras le daba un pequeño golpe en la cabeza a muchacho.- No hay muchos de su raza por Arador. Por no decir que sois el único en todas estas tierras. En Helkelen Lara nunca se ha visto a un enano.
-¿Nunca?.- Pregunto Zirak asombrado.- Vaya, pues esas perdonado muchacho. Pero te recomiendo que no vayas mirando a la gente así, no todos los de mi raza son tan parados y alguno ya te hubiera clavado el hacha en el cogote.- rió el enano, al que acompaño el padre.
-Ermur Lothar.- dijo el hombre extendiendo la mano.
-Zirak. Un placer maese curtidor.- respondió el enano estrechando la mano del hombre.
Caminaron juntos hasta una cola a la entrada de la ciudad. Ermur informo al enano de la mayoría de las costumbre de Lara y en especial de la capital. Y de donde podría encontrar un lugar para encontrar una forja en mas o menos buenas condiciones y precio. Al humano le alegro mucho saber que un buen herrero enano se instalaría en Ost-en-Aël. “Eso le traerá mucha categoría a la ciudad”, como bien dijo Ermur.
Pasaron el control de la guardia de la entrada. Que volvieron a mirar estupefactos al enano y por ello recibieron un gutural gruñido. Desatando las risas de Ermur y su hijo y de la inspección algo rápida de los guardias.
Ost-en-Aël era una gran ciudad. Aunque a los cimientos de roca de las casas Zirak les haría algunos cambios. Acompaño a Ermur y a su hijo hasta la plaza principal del pueblo donde se reunían todos los mercaderes, tramperos y demás comerciantes que venían a la capital a vender sus productos.
-Bien, aquí nos separamos maestro enano.-dijo Ermur.- Seguir aquella calle y llegareis a la Casa de Ost-en-Aël. Alli os informaran. Espero volver a veros maese.
-Muchas gracias maestro curtidor. Volveremos a vernos.-
Zirak se encamino hacia donde le habían indicado. Ya estaba en Ost-en-Aël, ahora empezaba el verdadero trabajo.
Hathol Karkar
Habían transcurrido dos días desde el encuentro de Hathol y Zirak. Esa mañana, el humano se encontraba en el salón principal del Cuartel de la Guardia, sentado en una pequeña mesa, redactando cartas y revisando cuentas, cuando una algarabía de voces que venían de fuera le sacó de sus pensamientos...y enseguida reconoció a quién pertenecía una de ellas. Lentamente, se levantó, se ciñó la espada a la cintura y salió fuera. Allí, en el patio, había cuatro guardias, ataviados con sus uniformes y sus picas, que tenían amarrados a un hombre y a un enano de barba rojiza y cara de malas pulgas; uno de los guardias llevaba el rostro teñido de sangre por una herida en la frente.
"¿Qué es lo que ocurre aquí, Radhruin?"- dijo Hathol, con el ceño fruncido, al jefe de la patrulla- "Parad de armar tanto escándalo o alertaréis al Capitán de guardia, y no creo que le guste que le molesten por culpa de dos alborotadores."
"¡¿Alborotadores!? ¿Cómo osá...?"- gruñó el enano, retorciéndose entre los brazos de los dos guardias que le sujetaban.
"¡Silencio!"- gritó Hathol, levantando la mano- "o haré que os amordacen...Maese Enano."
"Bien"- continuó Hathol, cansinamente- "Ahora, que alguien haga el favor de explicarme a qué viene este escándalo...Radhruin."
"Bueno..."- titubeó Radhruin- "...el caso es que oímos gritos y vimos mucha gente agolpada en una de las calles adyacentes a la plaza. Fuimos a ver qué ocurría y nos encontramos con este hombre y este enano discutiendo acaloradamente, estaban muy nerviosos, tanto que casi llegaron a las manos. Entonces, decidimos detenerlos y traerlos aquí para que resolvieran su disputa sin armar tanto jaleo en la calle."
"Y por lo que veo, al Enano no le ha sentado demasiado bien"- dijo Hathol, observando al guardia herido- "¿Me equivoco Maese?"
El Enano emitió un gruñido por toda respuesta.
"Si me permitís, oficial"- dijo el otro hombre detenido- "os explicaré la razón de la disputa. El caso es que yo poseo una forja que deseo arrendar, y éste Enano vino a pedirme precio, le pareció muy elevado, empezamos a regatear, pero yo ya no puedo bajar más el precio, entonces me llamó ladrón y empezamos a discutir, llegó la guardia, y el resto....pues ya lo conocéis."
"¿Es eso cierto, Maese Enano? ¿Ocurrió así?"- preguntó Hathol a Zirak.
"Bueno...sí, algo así"- respondió el Enano a regañadientes- "¡Pero es un ladrón!"
"¡¿Volvéis a insultarme?!"- gritó, rojo de ira, el hombre.
En el rostro del Enano se pintó una sonrisa de satisfacción, pero Hathol volvió a interrumpir la discusión, recordando a los dos alborotadores lo frías y oscuran que eran las mazmorras del Cuartel. La discusión la zanjó Hathol pidiendo "amablemente" al Enano que se disculpara con el hombre de la forja, bajo pena de encerrarle en las mazmorras si no lo hacía, a lo que Zirak accedió de mala gana. Después, acordó con el dueño de la forja un precio algo más bajo para el alquiler, algo a lo que el hombre se negó al principio pero finalmente acabó aceptando. Al finalizar las negociaciones dejó en libertad al hombre y al Enano, pero antes de que Zirak se marchara le susurró algo al oído.
"Os he salvado esta vez Maese, pero que sea la última, ya que quizás la próxima no podré hacer nada para evitar que os encierren en las mazmorras."
El Enano se giró y asintió, después le dio la espalda y se marchó. Hathol suspiró aliviado, pero no vio la sonrisa traviesa que esbozó Zirak al cruzar la puerta de la fortaleza.
[Editado por Encalion el 19-10-2006 11:31]
[Editado por Encalion el 19-10-2006 11:36]
Zirakzirak
Pasaron algunos días. Zirak consiguió llegar a un acuerdo con el dueño de la herrería. Y al final consiguió un sitio donde no tener que dormir al raso. La herrería se componía de la zona donde estaba la fragua y el taller y un anexo que hacia las veces de casa. Disponía de un pequeño jardín en la parte trasera de esta. La casa se componía de una especie de un gran salón donde se encontraba una cocina forjada al lado de una chimenea. Justamente enfrente hay una pequeña mesa cuadrada con cuatro sillas iluminada por la ventana que daba al jardín y entre ambas y subiendo un par de escalones se encontraba una gran cama. Una cama de humanos y para humanos como había dicho Zirak. Acompañada de un gran armario y una cómoda donde descansaba una jarra de metal y un gran cuenco.
Zirak entro por primera vez en su nuevo hogar. El aire era espeso y se notaba que aquello llevaba tiempo cerrado. El polvo lo invadía todo por doquier. Pero ante él, en se encontraba en toda su grandeza una fragua. Un especie de cosquilleo a recorrer el cuerpo. Le subió por los pies hasta cubrir todo su torso y depositarse en las manos, donde se hizo mas fuerte.
La mochila, y demás aparejos del viaje se le cayeron al suelo. Había algo de leña y carbón apilado en un lateral de la fragua. Dedico el resto del día a encender la fragua. Y ya cuando el sol se escondía en el horizonte. Zirak sentado delante del fuego quedo dormido.
Zirakzirak
Los días pasaban apaciblemente. La herrería había comenzado a funcionar. Zirak había hecho varios abalorios, así como alguna arma que exponía en la calle, delante de la tienda. Había construido un toldo, dándolo a todo una apariencia de puesto del mercado. Lo había visto en otros herrerías humanas a lo largo de su viaje y le pareció una buena idea.
Las gentes de esta ciudad no estaban acostumbradas a ver enanos. Quizás alguno del linaje de los hielos, pero parecía que nunca habían visto a un artesano enano en el dominio del metal.
Zirak había observado las construcciones de la ciudad, asi como las armaduras y armas que utilizaban la guardia de Ost-en-Aël. Trabajo de humanos para humanos, era lo que siempre se decía.
La herrería empezó a funcionar. Un par de ricos jóvenes y atolondrados le compraron un par de espadas de alta calidad. “Seguro que se cortan la cabeza entre ellos”. Pensó el enano mientras los veía alejarse y sostenía la bolsa con las monedas de aquellos dos atolondrados.
Zirak se volvió dentro del taller y después de guardar la bolsa con dinero a buen recaudo se quedo mirando un gran bulto a un lado de la fragua. Se acerco y aparto la manta oscura que lo cubría. El emblema de Helkelen Lara relució cuando un pequeño rayo de luz entro por la venta.
[I] Con esto estaremos en paz, capitán.[/]
Apacen
Algo pillo por sorpresa a Zirak, notó que algo suave y calido acariciaba su espalda, el enano sintió un escalofrió recorriendo su pequeño cuerpo.
-¡Por todos los demonios! ¡Lobos!– Exclamo Zirak, dando un paso hacia a tras. Dando un rápido vistazo en busca de su hacha. Maldita sea, esta demasiado lejos – pensó.
Se encaro ante el animal, sus ojos brillaron con fuerza, y los dos adversarios se miraron mutuamente. Pero lo que encontró en aquellos ojos, no fue el instinto del cazador, su mirada era mucho más humana, tranquila, serena. Se encontró ante los ojos curiosos de un animal que jamás había visto a un enano.
Zirak relajo sus músculos, se adelanto y acaricio la cabeza del animal. El animal era muy dócil y se dejo acariciar. – ¿De donde has salido pequeño? – Le preguntó. El animal le miró de forma curiosa y divertida, y le dio un lametón en toda la cara.
-¡Naulë! , ¡Naulë! – Se escucharon unos gritos provenientes del exterior de la herrería. El animal acudió a la llamada de su amo.
-Espera bibroncete – Dijo Zirak, y salio detrás del animal.
Al salir de la herrería Zirak se encontró junto al animal y su dueño. Un hombre joven, su aspecto era sencillo, tan solo destacaba sus cabellos rojos como el fuego, y un bastón de peregrino pensó.
-Discúlpeme señor, si Naulë le ha molestado. – Dijo Apacen con voz serena. – No siempre puedo controlarla, es de ideas fijas.
Zirak se enfureció – Estoy aquí abajo – Gruño –
Apacen bajo la vista, en la dirección de donde procedía la voz.
Zirak abrió la boca sorprendido, se fijo en las extrañas cicatrices del hombre. Esta ciego pensó.
Zirakzirak
-Oh¡¡ Vaya muchacho.-acertó a decir Zirak- No ha pasado nada. Creo que te mascota no esta muy acostumbrada a ver a gente de mi raza. No somos muchos por aquí, por lo que he podido comprobar. A todo esto; ¿y tu quien eres? Tampoco es normal ver a alguien con una mascota tan exótica.
Apacen dirigía la mirada hacia donde se encontraba el enano. Intentando discernir si se encontraba delante de una hobbit o enano.
-Disculpar mi atrevimiento maese. Sois un enano,¿verdad?.- pregunto Apacen.
-Pues claro, hijo. Crees acaso que hacia donde diriges la mirada en un hombre que va de rodillas. Y no creo que tenga la voz de uno de esos pequeños hobbits.
-Desde luego señor. Es solo que quería cerciorarme. Como seguramente os hayáis dando cuenta no poseo el don de la visión y las imágenes que se forman en mi cabeza a veces difieren mucho de la realidad.- respondió Apacen.
El humano estaba seguro que se encontraba delante de una enano. Al igual que sabia que no era recomendable hacer enfadar a esa raza.
-Y decidme; ¿Qué trae a un enano a las frías tierras de Helkelen Lara?.- pregunto Apacen
Enano medito su respuesta algunos segundos.
-Algunos te dirían que aventuras y fortuna.- rió el enano.- Pero la verdad es que he visto que no tenéis buenos herreros en estas tierras. Sin menospreciar el trabajo de los herreros de aquí. Pero os falta un toque.
Apacen rió.
-Si, la verdad que la artesanía de los enanos en la forja de materiales es legendaria.- hizo una pausa.- Y siempre es un gran honor recibir en Ost-en-Aël a un maestro artesano.
-Desde luego muchacho.
-Bueno si me disculpáis he de volver a los asuntos del palacio. Pronto se preocuparan por mi. No soy un niño pero al parecer al ser ciego es como si lo fuera..- sonrió el humano.
-Claro muchacho vete.-
Zirak observo como el humano se alejaba y desaparecía entre la multitud.
Un chico extraño donde los haya.
Zirak volvió al interior de la herrería y se dirigió al bulto tapado al lado de la fragua. Termino de atarlo y para que no se cayera ninguna pieza y salio de la herrería digiriéndose al cuartel de la Guardia de Ost-en-Aël. Debía entregar un regalo.
[Editado por Valandin el 30-10-2006 11:18]
Hathol Karkar
Era ya mediodía cuando Zirak llegó al Cuartel, pues se había entretenido paseando por la bella Ost-En Äel, zambulléndose en sus concurridas calles, pues el mercado de la plaza estaba a rebosar tanto de comerciantes como de clientes, y de rateros que intentaban robar un mendrugo de pan que llevarse a la boca. Finalmente, el enano había abandonado la plaza y sus aledaños y se había encaminado hacia el Cuartel de la Guardia y el Ejército de Helkelen Lara, el portón principal estaba abierto, como era costumbre durante el día, e informó a los guardias que lo custodiaban de su deseo de ver al Oficial de la Guardia, Hathol Karkar. Los guardias le pidieron que antes les enseñara el contenido del fardo que llevaba a la espalda, pues era muy voluminoso y parecía muy pesado.
-"Lo siento"- les respondió Zirak, plantando firmemente los pies en el suelo, y llevando la mano libra al mango de una de las hachas que le pendían del cinto- "pero el contenido de este saco sólo lo puede ver el Oficial Hathol."
Al ver la determinación del enano los guardias se miraron, y le dijeron que esperara, mientras le ordenaban a uno de los mozos que fuera a buscar a Hathol, pues alguien le reclamaba en la puerta.
[...]
La mesa estaba llena de papeles y pergaminos con numerosas cuentas, balances, hojas de pedidos, etc...y Hathol se las veía y deseaba para aclararse entre tanto desorden, pues cuando tenía algún rato libre de servicio se encargaba de ordenar las cuentas del Cuartel, pero aquel día las cuentas no cuadraban de ninguna manera. Hathol suspiró y dejó a un lado los papeles, cogió la jarra que tenía encima de la mesa y sorbió un trago de cerveza, aquel prometía ser un día muy largo. Entonces, llamaron a la puerta de su despacho, uno de los mozos entró, asustado, pues siempre imponía hablar con alguno de aquellos recios y duros hombres de armas.
-"Eeh...¿Oficial Hathol?"- dijo el chico, tartamudeando un poco- "Los guardias de la puerta le reclaman, parece ser que alguien le busca."
-"No espero a nadie hoy, decidle que vuelva en otro momento, ahora estoy muy ocupado"- respondió Hathol, dejando la jarra otra vez encima de la mesa.
-"Como ordenéis mi señor"- dijo el chico, ya más clamado- "Diré a los guardias que le transmitan vuestro mensaje al enano."
El semblante de Hathol cambió de repente.
-"¿Un enano dices?"- dijo, visiblemente alterado.
-"A..así es...mi señor"- dijo el chico, temeroso de haber hablado más de la cuenta.
Sin decir nada más, Hathol se levantó de repente y se encaminó hacia la puerta principal de la fortaleza, pues ya sabía quién era aquel enano que le estaba buscando, y tenía mucha curiosidad en saber porqué, además, era una excusa perfecta para dejar atrás todo ese montón de papeles sin sentido.
[...]
-"Bueno"- dijo Hathol al llegar a la puerta, sonriendo de oreja a oreja- "¿A quién tenemos aquí? Me alegra mucho volver a veros Maese Enano. No hay problema guardias, conozco a este enano y no es peligroso, o al menos espero que no mucho."
-"Sólo soy peligroso cuando me dan motivos para serlo, Oficial"- respondió Zirak, orgulloso.
-"Sois mordaz pero sincero Maese, y eso me gusta"- dijo Hathol- "Venid y hablemos del motivo de vuestra visita."
Hathol hizo pasar al enano a su despacho. Era una celda bastante grande, que a la vez también le servía de habitación al Humano, no obstante, era austera, tal como correspondía a un hombre de armas. Hathol acercó otra silla a la mesa aún llena de papeles y le dijo a Zirak que se sentara, éste así lo hizo, dejando el enorme bulto en el suelo, junto a sus pies.
-"Bien"- empezó Hathol- "decidme, ¿qué es lo que deseáis de mí?"
-"Tengo una deuda"- respondió Zirak- "y he venido a saldarla, os traigo un presente."
-"Oh, vamos Maese"- dijo Hathol, sorprendido- "No hablaréis en serio, ¿verdad? Mi deber es hacer justicia en esta ciudad, y ese arrendador os estaba pidiendo un precio desorbitado por la herrería, sólo hice mi trabajo."
-"La gente de mi raza nos tomamos muy en serio los asuntos de honor, y para mí este lo es"- dijo el enano- "Además, he pasado muchas noches en vela forjándolo, me haréis un grave desprecio si lo rechazáis."
-"Entonces..."- dijo Hathol, dubitativo- "...si es así, lo acepto con gusto, pero no os deberíais haber molestado."
-"Pagar una deuda no es una molestia para mí"- respondió Zirak, tendiendo el saco hacia Hathol y mirándole con una mezcla de orgullo y burla- "y ahora, ¿no queréis mirar que hay dentro? Es el mejor trabajo que he hecho aquí...por el momento"
Hathol cogió el saco con las dos manos, pues pesaba bastante, lo abrió y no pudo contener la expresión de asombro en su rostro. Poco a poco fue sacando del saco las piezas de la más bella armadura que jamás había visto, era una armadura completa, provista de grebas, musleras, cintura, guanteletes, hombreras, coraza y yelmo. Era plateada, pues estaba hecha de mithril, un metal muy raro en Árador y que el enano debía de haber traído de tierras lejanas. Estaba toda decorada con filigranas de oro, y en el centro del peto estaba el emblema de Helkelen Lara, labrado también en oro, además, el yelmo tenía la forma de la cabeza de un dragón, con dos alas a los lados, pues Zirak se había fijado en que la empuñadura espada que Hathol llevaba a la cintura tenía la forma de un dragón. Cuando se hubo recuperado de la sorpresa incial habló.
-"No sé qué decir...es la armadura más bella que jamás he visto...ni siquiera en mi tierra natal he visto un trabajo tan hermoso, sólo los elfos son capaces de llegar este nivel"- dijo, a duras penas, el humano- "Este pago es demasiado grande para una deuda tan pequeña, no sé si puedo aceptarlo. Además, ésta es una armadura de reyes, y yo soy un simple oficial...no sería apropiado..."
-"Guardadla"- le interrumpió Zirak, con una sonrisa- "Guradadla hasta que vuestro rango os permita enfundárosla, quizás no podáis ser rey, pero estoy seguro de que llegareis muy alto con vuestra espada, y cuando llegue ese momento..."
-"Ahora soy yo el que queda gravemente endeudado"- dijo Hathol, también sonriente- "Pues no tengo nada que ofreceros en pago, pues lo único que tengo son plazas libres en la guardia de la ciudad, en estos días andamos escasos de buenos soldados, y no contamos con ningún bravo enano."
-"Si me alistara...¿podría añadir unas cuantas muescas más a mi hacha?"- dijo Zirak, pensativo.
-"Por supuesto, todas las que queráis"- respondió hathol- "Ahora mismo estamos en guerra contra nuestro vecino del este, el país de Lempë Ohtari."
-"De acuerdo, contad con mis servicios, hace tiempo que no tengo una buena pelea"- dijo el enano.
-"¡Estupendo!"- exclamó Hathol- "Entonces venid, hemos de celebrar tan buena noticia, conozco una taberna donde sirven la mejor cerveza en varias millas a la redonda de la ciudad."
-"Habláis con sentido común muchacho, creo que nos entenderemos"- dijo Zirak- "Ah, y considerad vuestra deuda saldada...cuando tenga una jarra llena de espumosa cerveza flotando en mi barba."
Apacen
[…]
Alguien llamo a la puerta, interrumpiendo los planes de la celebración de Hathol y Zirak.
Adelante – Dijo Hathol
La puerta se abrió, y un hombre ataviado con el uniforme de mensajero del alto consejo de Helekelen Lara entró.
-Con su permiso oficial Hathol, traigo un mensaje urgente del consejo – Dijo en tono solemne, para después entregarle un pergamino.
Hathol recogió el pergamino, estaba lacrado con el sello de la marca del Helkelen Lara, el lobo. Con sumo cuidado rompió el selló y desenrollo el pergamino para leer su contenido:
A la atención del oficial Hathol,
Uno de nuestros miembros más jóvenes del consejo ha desaparecido, tenia que haberse presentado para una reunión esta mañana, pero no lo hizo. Durante la mañana se ha intentado localizar su paradero por el palacio sin éxito alguno.
Por eso os encomendamos la misión de encontrar al joven, esperamos de vos la máxima discreción en este asunto, pues es un miembro de vital importancia. Su desaparición seria un duro revés para el proceso de unificación de las tribus nómadas del Aeglos.
Es un hombre joven, complexión normal, pelo rojo, ataviado con las ropas típicas de los nómadas errantes del Aeglos, una capa negra, y ropas marrones. Va acompañado de una loba de pelo plateado y lleva un bastón. Es ciego. Su nombre es Apacen.
Extreme las precauciones, y traiga al muchacho, es de vital importancia
Consejo de Helkelen Lara.
Hathol frunció el ceño mientras arrugaba el manuscrito. -Decid al aconsejo que cumpliré con sus designios, de la forma más diligente.
-Entendido señor – Respondió el mensajero. Después dio media vuelta y desapareció por la puerta.
Hathol miró al enano, con el rostro preocupado – Lo lamento maese Zirak, pero os seguiré debiendo la cerveza, el deber me llama. – Le dijo en tono solemne,
[...]
Mientras en las afueras de la ciudad
Las premoniciones vuelven a llamarme,una vez dude de ellas, cuando me llamaban en mis sueños. Pero ahora ya son parte de mi ser, ya nunca volvere a ser el mismo - Pensó Apacen.
Como un desterrado, debo afrontar la derrota. Buscar la paz en este doloroso aislamiento que me quieren imponer. Me quieren convertir en un oraculo contra mi voluntad. - Prosiguió con sus preocupaciones.
[Editado por percebal el 03-11-2006 23:46]
Hathol Karkar
-"Bueno, Maese Enano"- dijo Hathol con cierta decepción, una vez que el mensajero se hubo marchado- "Como veis, aquí no hay tiempo ni para celebraciones."
-"Siempre es mejor estar en movimiento que detenido, muchacho"- respondió Zirak, riendo.
-"Sabias palabras, Maese"- dijo Hathol- "Por cierto, ¿os apetece estrenar vuestro nuevo servicio? No os preocupéis, será una misión fácil, sólo se trata de encontrar a un chiquillo que se ha perdido."
-"Por supuesto"- dijo Zirak, con orgullo- "Para un enano todas las tareas son igualmente honorables."
-"De acuerdo entonces"- dijo Hathol- "Acompañadme."
Mientras el Enano y el Humano salían de la celda del éste, un pensamiento intranquilo cruzó la mente de Hathol.
Me pregunto porqué es tan importante para el Consejo encontrar a este chiquillo...¿será realmente "sólo" un niño perdido?- pensó Hathol para sí.
[...]
Hathol llamó a un mozo que se encontraba limpiando el Salón Principal, y le ordenó que preparara a Asfaloth y y a otro caballo, pues iban a partir de inmediato a cumplir las órdenes del Consejo.
-"Supongo que no aceptareis una cota de malla ni ninguna otra arma o protección forjada por humanos"- dijo Hathol, dirigiéndose a Zirak- "Pues veo que lleváis las vuestras, no obstante, sí que os recomiendo que os pongáis alguna ropa gruesa, pues vamos a salir al bosque, y, cómo comprobasteis el día en que nos conocimos, estas tierras son particularmente...heladas. Id al almacé y decid al mozo que os dé algo de abrigo."
-"Los Enanos somos como las rocas, muchacho"- dijo Zirak- "Por duras que sean las condiciones siempre resistimos incólumes...no obstante, en esta tierra hace un frío de mil demonios, así que acepto gustoso el ofrecimiento."
Cuando Zirak se marchó, Hathol se quedó solo en el Salón Principal, se sentó en una de las mesas frente al fuego que ardía en la chimenea, y empezó a recordar, melancólico, su hogar, en las colinas de la lejana Dor-lómin. Pensó en su vida pasada, en su padre, su madre...lo feliz que había sido junto a ellos, en la oportunidad que había dejado escapar al renunciar a ir a ese paraíso prometido por los Valar para su gente, llamado Númenor...también se preguntó si regresaría algún día a la tierra que le vio nacer. Entonces, una voz le sacó de sus pensamientos.
-"Señor"- dijo la voz de un mozuelo, que no tendría más de quince años- "Los caballos están listos, señor, y el enano también, está fuera esperando con los caballos."
-"Bien"- dijo Hathol, aún ensimismado- "Enseguida voy."
Cuando el mozuelo se hubo marchado, Hathol se levantó y cogió su capa forrada de piel de marta que descansaba en le perchero al lado de la puerta, se puso los guantes, también forrados de piel, y salió al patio. Ahí estaba Zirak, montado en un espléndido caballo de color castaño, y al lado estaba Asfaloth, el magnífico caballo élfico de Hathol, regalo de Fingolfin, Rey Supremo de los Noldor de Beleriand, a su padre en compensación por el servicio prestado en una de las numerosas campañas de guerra que habían mantenido contra el Señor Oscuro Morgoth.
-"Vaya sorpresa"- dijo Hathol riendo- "Nunca imaginé ver a un enano montar a caballo por gusto y sin estar constantemente luchando por mantener el equilibrio."
-"Los enanos de la Casa de Linnar poseemos algunas cualidades de las que los demás enanos carecen...pero no te creas que me hace mucha gracia estar tan lejos del suelo y de la sólida roca, muchacho"- dijo Zirak.
Y los dos soldados emprendieron el camino hacia la puerta norte, en busca de ese misterioso chiquillo, tan importante para el Consejo.
[...]
Habían transcurrido varias horas ya y los dos soldados no habían encontrado ningún rastro, la tarde caía ya y pronto anochecería, así que Zirak y hathol se apresuraron en buscar un sitio para cobijarse durante la noche, no obstante, salvo árboles no había nada más donde resguardarse, así que eligieron un árbol de una copa considerable y se acomodaron junto a él, encendiendo un pequeño fuego y sacando las viandas que el mozo de cocinas les había preparado para el camino.
-"Bien Maese"- dijo Hathol al rato- "Decidme, ¿cómo llegasteis a Helkelen Lara? Pues creo adivinar que venís de la misma tierra que yo, ¿me equivoco?"
-"Dices bien, muchacho"- dijo Zirak, encendiendo su pipa después de haber cenado- "Provengo de las Montañas Azules, en la tierra de Beleriand. Hace mucho tiempo hubo guerras entre los de mi raza, guerras que nos desangraron, después hubo un gran número de nosotros que iniciamos un éxodo desde las Montañas Azules hacia otras comunidades de enanos, primero pasé un tiempo en un lugar de gran belleza llamado Khazad-dûm, pero mi objetivo era ir a las comunidades de enanos de Uri, que pensaba vivían en las Montañas de la Nieve perenne, pero ya no moraban allí, así que seguí hacia el este...y el resto ya lo conocéis."
-"Veo que todos tenemos una historia por contar, Maese"- dijo Hathol, melancólico- "Ahora durmamos, mañana debemos eeguir la búsqueda."
[...]
Se despertaron al alba y levantaron el improvisado campamento para proseguir la marcha, sin darse cuenta de que unos ojos que no veían y otros ojos, amarillos como el ámbar, les estaban espiando desde la maleza.
Zirakzirak
El enano recogía sus cosas con mucha calma mientras Hathol se desperezaba.
-Buenos días maese enano.- dijo el humano mientras se estiraba.
-Muchacho, mueve con mucho cuidado.- hizo una pausa.- Nos están observando.
Hathol se quedo perplejo. Ese maldito enano tiene que estar bromeando. Hathol se restregó el dorso de las manos en los ojos como ahuyentando a las nieblas del sueño y volvió a mirar al enano esperando alguna burla por su parte. Pero no hubo ninguna risa o burla. Zirak estaba muy serio mientras recogía sus pertenencias y se iba acercando a su hacha de batalla.
-Vamos muchacho, recoge tus cosas y prepárate.- susurro el enano.
Hathol comenzó a recoger sus cosas en silencio. No sabia desde donde les están observando y eso le molestaba.
-Decidme Zirak, ¿Quién o que? Y, ¿Dónde?.- se aventuro a preguntar en un susurro.
-Entre la maleza muchacho, a nuestra siniestra.- Zirak tomo el mango de su hacha.- Dos pares de ojos. Los he notado toda la noche en el cogote.
-¿Pero si no han atacado?.-
-Algunas bestias y mas las de estas tierras pueden pasarse horas observándote hasta que verdaderamente bajas la guardia.-respondió Zirak
Hathol lo sintió. Algo o alguien lo estaba mirando. Se sintió observado. Maldita sea, podría haberme atacado en cualquier momento y no me hubiera enterado. Hathol se levanto y tomo su espada colocándosela a la cintura.
-¿Y bien maese enano, que hacemos?.- pregunto Hathol.
-Tu espera aquí muchacho.- Zirak hizo un gesto hacia la maleza.Hatlor asintió- Siento la llamada de la naturaleza.- rio el enano y se encamino hacia la derecha de donde se encontraban Apacen.
[…]
-¿Dónde me has traído Naüle?.- pregunto el muchacho.
La loba le lamió la mano.
Voces….me esta llevando a las voces….. Apacen oyó a dos voces charlar. Una era la de un humano. La otra ya la había oído antes. Un voz robusta, nada parecida a las voces humanas o a las armónicas de los elfos. Era la voz de un enano. El herrero de Ost-en-Aël.
Charlaba con un humano. Las voces, la sensación de vida apaciguo su espíritu y se sintió cómodo. Intentaría no hacer ruido y pasaría aquí la noche. Cerca de las voces.
Apacen
Mientras ZIrak se acercaba a las malezas algo le sorpendio.
-Pensaba que los enanos preferian la dureza de la roca a la suavidad de la hierva. - Dijo Apacen.
-Por todos los demonios - Exclamo Zirak, -No sobresalteis así a un enano, ya no tengo edad para estos sustos.
Apacen sonrio -¿Que os trae por esto parajes, vais a entregar algun encargo?
Zirak dudo, debia decir la verdad, o inventarse algúna excusa. Se escucho la voz de Hathol en la lejania que lo llamaba.
Apacen fruncio el ceño - ¿Y ahora que encontrasteis al pichon, lo devolvereis a su jaula dorada?
Hathol Karkar
Hathol obeservó cómo el enano desaparecía entre la maleza para aliviar un poco la pesada carga de la cena del día anterior, después terminó de recoger sus cosas y apagó el fuego de la hoguera.
-Condenado enano- pensó el humano- ¿Quién se cree que es para hablarme así? Aquí el oficial soy yo, debería obedecerme él, además, no conoce estos parajes tan bien como yo.
Después de ese último pensamiento Hathol empezó a llamar a Zirak, pues el enano estaba tardando demasiado y en esos bosques eso era mala señal. Al cabo de unos instantes el humano empezó a correr hacia los arbustos por donde había marchado Zirak, con la mano en la empuñadura de Fealóke. Llegó a un pequeño claro, y se topó con una escena bastante peculiar, pues el enano se encontraba hablando con un chico joven, no tendría más de 20 años, con el cabello rojo como el fuego y la mirada perdida, lo acompañaba una joven loba de pelo plateado. Hathol concluyó que se trataba del chico al que estaban buscando por orden del Consejo, y dio gracias a Eru por haberlo encontrado tan rápido, pues podrían por fin retornar a la ciudad, a la calidez del hogar y dejar aquellos fríos parajes.
-"Bueno"- dijo Hathol, soltando la empuñadura de su espada- "Veo que tu escapadita ha servido para algo, Zirak"- y volviéndose hacia el chico, dijo- "¿Tú debes de ser Apacen, me equivoco jovencito? Vaya viajecito nos has hecho hacer, menuda chiquillada la de huir de la ciudad y adentrarse en parajes tan peligrosos. Venga, vámonos, cuanto antes partamos antes llegaremos."
-"Tengo mis motivos para haber hecho lo que he hecho, mi señor"- dijo Apacen, con una calma y serenidad impropias de un muchacho de su edad.
Hathol, que ya andaba hacia el camino se giró bruscamente al oír las palabras de Apacen.
-"¿Cómo que tus motivos?"- dijo Hathol, empezando a enfadarse- "¿Te das cuenta de las molestias que por tu culpa se está tomando el Consejo? No, por supuesto que no. Venga, es tarde y tengo prisa por llegar."
Apacen no se movió ni un metro.
-"Creo que deberíamos escucharle, Hathol"- dijo Zirak, frunciendo el ceño y plantándose al lado de Apacen- "Es cierto que el Consejo nos ha ordenado llevarle de vuelta a la ciudad, pero creo que sería bueno oír qué es lo que tiene que decir este muchachito, a veces no es bueno acatar órdenes ciegamente, porque te pueden llevar al desastre sin que te des cuenta."
-"Pero...el Consejo..."- empezó Hathol- "Está bien"- dijo finalmente, viendo que la tozudez del enano no sería fácil de romper- "oigamos lo que tiene que decir este jovencito."
[Editado por Encalion el 22-11-2006 11:55]
Apacen
Apacen sugirió buscar un lugar para conversar. Pues entre aquellos matorrales no invitaban a mantener ninguna tipo de conversación. Hathol y Zirak condujeron al joven hasta su campamento. Mientras Hathol se ocupaba de acomodar al invitado, Zirak se encargo de avivar de nuevo el fuego.
Entonces bajo las oscuridad de la noche y el chisporretear del fuego Apacen relato su historia. Les hablo de las tierras del oeste más allá del Aeglos, de sus gentes y costumbres. De la prueba de madurez que no supero, de las adversidades que tuvo que enfrentarse.
Pero nada de los que les explicaba les parecía extraordinario o valioso, para que el consejo estuviera tan preocupado, más sentían lastima por el pobre muchacho, que a pesar de todos los contratiempos, mantenía una serenidad y entereza admirable, que no era propia de alguien tan joven.
Zirak se impaciento e interrumpió al joven – ¿Todas estas penurias nos llevaran a algún lugar?
Apacen sonrió –Debéis perdonarme, pero siento debilidad por transmitir la historias y costumbres de mi pueblo.
Soy capaz de recorre por igual el pasado, el presente y el futuro. Mi mente esta libre de las limitaciones del tiempo.
Aquellas palabras calaron hondo en los dos oyentes, una mezcla de asombro y estupor se apodero de ellos. Hathol y Zirak se miraron mutuamente, habían entendido bien.
-Estas sugiriendo que eres capaz de ver el futuro- Preguntó Hathol, algo nervioso por aquella revelación.
Apacen permanecía sereno, mientras acariciaba la espalda de Naulë que permanecía acurrucada a su lado. –No funciona exactamente así, pero si- Respondió con total naturalidad.
Gmork
"Es por eso que debes volver al redil... corderito..." Dijo alguien en la espesura del bosque. Apacen miró a su izquierda y el enano se puso entre él y lo que hubiera en el bosque. Entonces se oyó un movimiento entre la maleza y algo se movió hacia otro lado. Hathol desenvainó la espada y pidió alto en nombre del rey. Entonces se escuchó una carcajada.
- ¿Qué ocurre? ¿Son enemigos? ¿Acaso la presencia de hombres del rey no les hacen recapacitar? – preguntó Zirak.
- ¿Quiénes son muchacho? –preguntó el humano al ciego.
- Solo es uno, pero es bastante rápido.
- ¿Solo puedes ver eso?
- Ya te he dicho que no soy un adivino, no veo las cosas poruqe sí. Huí del consejo porque pretendían usarme como me estáis pidiendo. ¿Aún no lo comprendéis?
- Perdonad que os pegunte: ¿Deseáis conservar el rostro intacto u os es indiferente? –interrumpió de nuevo la voz.
Zirak enfadado gruñó “Como se acerque no le daré la oportunidad de que su rostro se afee. Sencillamente acabaré con él”
- ¿Naüle? –susurró Apacen. La loba no estaba –¿Dónde estará? –la voz con unos gritos de dolor le aclararon donde estaba su compañera.
Hathol corrió hacia el lugar de donde provenían los gritos, pero entonces se oyó un aullido y se detuvo. Hacia él corría despavorida la loba y de nuevo se oyó la carcajada. Naüle se cobijó entre las piernas del joven ciego.
Esta vez ,con un aire burlón, la voz les presentó una opción: “Si conseguís salir de este bosque no os perseguiré más... si no... digamos que vosotros dos moriréis, el ciego se vendrá conmigo y me comeré a ese perro. Escoged, que tengo hambre”
Apacen susurró: “Creo que está en uno de los árboles de enfrente. ¿Podríais lanzar algo contra él?” En el tiempo que Apacen había hecho la sugerencia, zirak había sacado de su espalda un hacha más pequeña, había buscado un brillo de algún arma para apuntar hacia allí y había lanzado el hacha. Entonces hathol apareció soltando gritos y el enano supuso que había dado al extraño. Cuando se acercó del todo prosiguió: “¡¡Mira a donde tiras el hacha!! ¡Por poco me matas!” en la mano llevaba el hacha de una mano de zirak, y este levantó las manos en señal de disculpa.
- ¡Ups! Por poco –se volvió a oír la voz, que cada vez parecía más divertida con la situación. Sobre todo porque ya se imaginaba comiendo perro a la brasa...