Kelusse
Fin Guerra: Lempë Ohtari se retira del Combate
Armadas perdidas por "Helkelen Lara" = 10
Armadas perdidas por "Lempë Ohtari" = 20
Victoria para Helkelen Lara.

Historias, leyendas y batallas en las tierras olvidadas de Arda.
Edicion 3
Finalizada · 19-03-2006
2006:10:06:18:41:22
Fin Guerra: Lempë Ohtari se retira del Combate
Armadas perdidas por "Helkelen Lara" = 10
Armadas perdidas por "Lempë Ohtari" = 20
Victoria para Helkelen Lara.
[…]
Eldacar comía con hambre, intentando no actuar como alguien que no lo hacía desde el día anterior. A pesar de las pocas comidas que había disfrutado continuaba mantenido la moral alta. Era mucho mejor ser un escribano al servicio del consejo, aunque eso implicara soportar las largas reuniones, transcribiendo y redactando informes. La otra alternativa era más aterradora, permanecer en las murallas de la ciudad, esperando que la muerte llegara en cualquier momento.
Remojó una galleta en el guiso y se la metió en la boca, saboreando lentamente la que sería su única comida hasta el día siguiente.
-Disculpa, ¿sabes dónde está el mirador oeste? – Le preguntó un joven.
Eldacar miró hacia arriba desde el cuenco de espeso guiso de patatas y carne.
-Creo que andas un poco perdido, chico – Respondió Eldacar con una sonrisa – Esto es el comedor del consejo, el mirador oeste se encuentra tres plantas más arriba.
Una mueca de desconcierto se dibujó en el rostro de Herkeblam, se había perdido. Eldacar tranquilizó al joven y le dio las instrucciones precisas para que el joven llegara a su destino.
[…]
Apacen permanecía inmóvil en la terraza, dejando que la brisa del atardecer acariciara su rostro, jugueteara con su rojizo pelo y sus ropajes. A sus pies, Naulë permanecía agazapada, saboreando los restos de un enorme hueso. Escrutaba el horizonte, consciente de la tormenta que se avecinaba, sin saber si esta vez la suerte les sonreiría.
Herkeblam permaneció inmóvil en el umbral de la puerta observando al hombre que allí se encontraba.
-No te quedes ahí, acércate – Le indicó Apacen con un gesto - te estaba esperando. – Su voz era cálida, pero a la vez autoritaria.
-Me han dicho que has hecho una petición extraña a tu capitán- su voz sonaba cada vez más hipnótica.
Herkeblam vaciló, reunió en su interior la fuerza suficiente para elevar la voz. – Mirianost está siendo asediada por las tropas de Lempë, y pido la licencia para partir hacia allí. – Dijo con la voz entrecortada.
Sin dejar su posición, Apacen extrajo un pergamino de sus ropas, extendió el brazo para que Herkeblam lo viera bien.
Los ojos del joven se iluminaron, el salvo conducto que tanto deseaba. Jugueteó con la idea de cogerlo, se vio a sí mismo regresando a su hogar, luchando por su gente, como los héroes de las historias que tantas veces había escuchado narrar. Entonces la voz de Apacen le devolvió a la realidad.
-Todos soñamos con ser alguien grande, pero primero uno ha de llegar a ser un hombre. Tú tan solo eres un cachorro,-Apacen hizo una breve pausa - tu momento aun no ha llegado. – Sentenció.
Herkeblam comprendió entonces que su vuelta a casa sería inútil, hizo un ademán y se despidió de Apacen.
Apacen dejó que el viento arrastrara el pergamino; tan solo era una hoja en blanco. Frunció el ceño y dirigió sus pensamientos hacia la visita anterior. ¿Qué tenía que hacer con la tozudez de Ezel? - Se preguntó, recordando el encuentro.
[…]
Si la Edain lograba contener cualquier manifestación que evidenciase el suplicio físico que sentía, era únicamente porque lograba enclaustrarla a fuerza de tragarse las lágrimas más amargas.
Júbilo, desdén y gloria se ocultaron en su rostro, cuando a pesar del sinfín de consejos que exigían clemencia con su cuerpo su delgada mano se cerró alrededor del anillo de plata que evidenciaba el poder de los grandes guerreros. Su yema repasó la superficie pulida del metal reparando en el relieve del Lobo. El aullido reproducido tan solo en su imaginación la llamaba a seguir adelante.
Así pues, y arrastrando una pesada estela de silencio tras sus pies llegó Ezel a las estancias de Apacen; delgadísima luego de las interminables jornadas en que su cuerpo se batió contra la muerte.
No sabía por dónde partir ni qué decirle al joven, pues en el fondo él intuiría cualquier omisión en su plegaria. Si intentaba sonar decidida afirmando haberse recuperado de sus heridas, el más leve titubeo delataría su infidelidad. Tal vez Apacen no la veía, pero oía variaciones en los registros del habla mejor que cualquier otro.
Y sin embargo estaba dispuesta a faltarle a la verdad a aquel que tanto estimaba, por librarse de su sentencia prohibitoria.
-Es un buen día Apacen, y hoy como nunca siento ese ímpetu juvenil latiendo maduro y listo para enfocarse en una meta real. – Confesó a media voz - saldré a combatir.- dijo sin más rodeos la muchacha.
Apacen, que estaba sentado en la terraza no dijo nada y Ezel, en un impulso maquinal se le acercó, y agachándose a su lado tomó una de sus manos entre las suyas.
- No hay nada que temer, amigo, excepto que la muerte alcance a aquellos que no la han pedido. – concluyó antes de alejarse la Atani.
[…]
¡Espera! – Exclamó Apacen - hay algo que puedes hacer por mi… - Dirigiéndose a Herkeblam, que justo abandonaba la terraza.
[…]
Al cabo de unos días, tal como temía Apacen, los ejércitos de Helkelen Lara y Lempë Otahri se alzaban imponentes, los guerreros Helkerianos se postraban delante del portón principal de la capital, Ost-En-Aël; los soldados de ambos ejércitos se miraban mutuamente sin sentirse capaces de hacer ningún movimiento.
Los dirigentes de las compañías daban sus últimas instrucciones a los soldados, para prepararse para la batalla,
La infantería helkeriana estaba en primera fila con sus grandes picas para repeler el ataque contrario, los arqueros se apostaban en los grandes torreones de la ciudadela y en segunda línea detrás de la infantería. La caballería se situaba en los flancos del ejercito helkeriano.
Los dirigentes de las compañías se quedaron quietos al frente del ejército, Herkeblam estaba nervioso por perspectiva de una contienda: era la primera en la que luchaba, y en sus ojos se reflejaba el miedo que sentía a cada paso que daba. Se aproximó más a Ezel, quien cuidaría de él en la batalla.
Ezel miró con ojos de malicia hacia el grueso enemigo donde ya se oían los tambores retumbar, era el inicio de la batalla, los soldados de las primeras filas no se movían de su sitio aterrorizados de lo que podría suceder, Ezel junto con Herkeblam levanto el brazo para dar la orden a los arqueros para que tensaran sus cuerdas para disparar a la siguiente orden.
Hubo un segundo de silencio en las filas helkerianas, solo se oían el entrechocar de las armaduras de los soldados de Lempë, a los arqueros se mantuvo les sudaban las manos deseando que dieran ya la orden de disparar. Los soldados cada vez sentían el rostro de la muerte más cerca de ellos conforme se acercaban los soldados de Lempë. Cuando Lempë estaba demasiado cerca como para lanzar un ataque a distancia con los arqueros se pararon, excepto la infantería que prosiguió el avance.
Ezel alzo el brazo en alto unos instantes, hasta que los soldados de Lempë estaban lo bastante cerca como para acertarles con las flechas, entonces Ezel bajo el brazo con fiereza y al instante el cielo se cubrió de una lluvia de flechas.
En las filas de Lempë se abrieron huecos, dejando tras el paso acelerado de los soldados cuerpos inertes. Los arqueros de Lempë dispararon la holeada de flechas que abrieron brecha en las filas helkerianas antes perfectamente formadas.
Lempë ya estaba muy cerca del grueso del ejercito helkeriano, estos no parpadeaban del miedo que les producía aquello, las miradas de los solados se chocaron haciendo latir el corazón muy rápidamente, el enemigo por fin se abalanzo con fiereza hacia los soldados de la capital. Los guerreros de ambos ejércitos fueron cayendo uno tras otro en el campo de batalla pero los soldados enemigos no paraban de embestir contra los aguerridos guerreros de Lara.
La caballería hasta entonces inquieta por lo que pasaba en el campo de batalla sin poder hacer nada hasta que recibieran una orden. Los cuernos de Lara sonaron dando la señal a la caballería ligera para que comenzara un ataque lateral, los jinetes velozmente pusieron sus caballos al galope para embestir con fiereza al enemigo. Los arqueros de Lempë arremetieron contra ellos con una serie de flechas que acabaron con demasiados caballeros, estos llegaron al campo de batalla arrasando todo lo que se interponía en su camino. Los jinetes acabaron con las filas de arqueros de Lempë, los guerreros confiados de que la batalla se decantaba a su favor, se crecieron en valor y espíritu y contraatacaban con mas fuerza y fiereza que antes los ataques enemigos.
La infantería de la ciudad iba avanzando esquivando compañeros suyos muertos en el campo de batalla haciendo retroceder a los soldados oponentes. Esto hacia que Herkeblam se llenara de ganas de venganza, sus ataques eran mortíferos sus mandobles acertados en las armaduras del enemigo eran letales.
Herkeblam y Ezel luchaban codo con codo por la supervivencia tanto de uno como de otro, los dos estaban apostados muy cerca del grueso del ejército de Lempë ya diezmado por los continuos ataques, un soldado de Lempë se acerco arduamente hacia la espalda de Ezel para arremeter contra ella cuando esta estaba con otro guerrero, Herkeblam observo lo que ocurría y de inmediato corrió hacia Ezel como si los espíritus le persiguieran, esquivo con pasos agigantados a dos de sus compañeros, saltó sobre un enemigo muerto y llego hasta donde estaba Ezel, empuño la espada y le clavo una estocada en el pecho del guerrero que intentaba herir a Ezel, los dos se miraron, Ezel intento hacer una mueca de alegría pero fue en vano.
Herkeblam distraído por la acción que acababa de hacer el guerrero contra el que esta luchando Ezel le asesto un mandoble en el muslo atravesándolo y rompiendo ligamentos y un par de huesos, dejando a Herkeblam tendido en el suelo, malherido fue recogido por Ezel que lamentaba su descuido, esta lo retiro de las primeras líneas a Herkeblam pronto se le propago la sangre por toda la pierna. Cuando Ezel dejó agazapado a Herkeblam, una flecha disparada de la otra parte de la batalla iba a alcanzar a Herkeblam pero una sombra extraña la intercepto, era Naulë la fiel loba de Apacen la que había detenido la flecha alcanzándole en una extremidad trasera, esta se desplomo en el suelo y Ezel dirigiendo la vista hacia el torreón vio a Apacen, Ezel se quedo un instante escrudiñandolo con la mirada y un aullido de dolor de Naulë lo volvió a la realidad, y se volvió hacia la batalla y camino hacia ella.
La guerra continuaba con la misma fiereza desde el principio, ya quedaban pocos guerreros en batalla, Ezel era certera con sus movimientos con la espada, dejando sin vida a todo el que se le acercara, sus ropas iban manchadas de sangre de los enemigos a los que mataba sin piedad, cuando estaba mano a mano con el enemigo este saco el cuchillo de su funda y le propino un largo y profundo corte en el brazo, Ezel de la ira que sentía, agarro su espada y le corto la cabeza con un mandoble. A lo lejos Ezel oyó los cuernos de Lempë indicando la retirada.
Ezel junto con los guerreros que seguían en pie regreso a Ost-En-Aël tras una fiera y dura batalla. Ezel corrió junto a Herkeblam quien la miro con cara de satisfacción pero a la vez de dolor, le ayudo a levantarse para entrar en la ciudad donde estaría a salvo y seguro.
Historia escrita por Fredo y arantxa.
Un suicidio, simplemente un suicidio era el rumor que inundaba a la compañía del Lempe mientras se dirigía a la capital de Helkelen Lara. Las batallas anteriores habían mermado mucho a la compañía que, a pesar de todo se dirigía firme a cumplir el mandato de sus dirigentes.
El ejército apostado en las cercanías de Ost-En-Aël, y liderados por Yárfaila Veryawen, estaba preparado para la batalla. La dama de mirada ardiente y sensual figura vestía un traje color púrpura, con un escote pronunciado con su cabellera al aire, observó a los soldados notando el nerviosismo en sus miradas.
- ¡Guerreros del Lempe! ¡Por la gloria del reino, luchad con valor!
Una bandada de cuervos que se dirigía de norte a sur otorgó más dudas en el espíritu de los otharianos quienes lentamente comenzaron a avanzar, adentrándose cada vez más en tierras extranjeras. Los soldados de Helkelen se movían inquietos entre sus filas al ver acercarse a los enemigos.
La humana vio los ojos de Yárfalia, estaba inquieta, no era una buena idea atacar directamente y a plena luz del día, y sabía que los soldados aún tenían en sus memorias la fatídica batalla en la cual habían perecido dos de los grandes dirigentes otharianos. Sonyariel meneó la cabeza y notó la figura de una elfa. Hace pocos días había llegado al reino ofreciendo sus servicios a la soberana, para su sorpresa le indicaron partir de inmediato con su compañía en una difícil batalla. Había sido todo demasiado rápido para ella, así que se comprometió a quedarse cerca para apoyarla en combate.
Cuando la compañía estaba muy cerca del ejército enemigo, miles de flechas surcaron el cielo. Para algunos, aquella era su primera vez en batalla, entre ellos Vanadessë, que apacible hasta ese momento, con horror miraba como sus compañeros caían abatidos por las flechas, algunos quedaban malheridos y otros estaban inmóviles. El ataque de su compañía no se hizo esperar, a la orden de Yárfaila, los arqueros lanzaron el primer golpe, haciendo retroceder a los enemigos, para luego atacar con más fiereza.
Sonyariel al ver a la caballería aproximarse, desenvainó su espada y comenzó a dar certeros golpes a los soldados que se acercaban abatiendo todo en su camino. La humana no había compartido la idea de atacar directamente la capital, pero era lo que se había convenido, ahora tocaba hacer el trabajo lo mejor posible. Con destreza manejaba su espada y con perfecta estocada dio muerte a muchos soldados enemigos, pero el cansancio comenzó a hacer de las suyas. Por otro lado Vanadessë lanzaba sus flechas sin descanso, acabando con muchos enemigos, pero esto no impidió que no saliera lastimada.
- No te dejes intimidar por ellos, Vanadessë!- gritó Sonyariel, al ver una veta de miedo, en los ojos de la elfa.
- ¡Estoy cerca tuyo para apoyarte!
La batalla seguía cobrando miles de vidas en el ejército de Lempë, no obstante pelearían hasta el final. Cuando las fuerzas se estaban agotando, Vanadessë dejó de lanzar sus flechas que ya se estaban acabando, sacando así su espada que llevaba firmemente ajustada a la cintura.
El chocar de las espadas, los gritos de los soldados se escucharon por kilómetros, dando a conocer la feroz batalla.
Yarfalia al ver la compañía mermada alzó los brazos enviando lenguas de fuego las cuales alcanzaron a gran parte del enemigo pero ello no provocó que bajaran sus fuerzas, al contrario, con la rabia en los ojos al ver a sus amigos calcinados se dirigieron con mayor bravura en contra de las huestes otharianas.
Al ver a la elfa más segura en sus movimientos, Sonyariel tomó las riendas de un caballo, el cual galopaba ya sin rumbo, pues con un certero golpe había dado muerte a su jinete. Raudamente se acercó a los dirigentes enemigos. A su paso rodaban cabezas enemigas, pero esto no fue suficiente. Sin aviso alguno, una loba atacó al animal que la Ohtari dirigía, haciendo que se encabritara botando a la jinete. Con la fuerte caída, Sonyariel quedó malherida, un par de costillas rotas y una profunda herida en la pierna izquierda, levantándose como pudo al ver que el enemigo se acercaba en su dirección tomando con fuerza la espada.
Por su parte, Vanadessë que luchaba cada vez más debilitada por el esfuerzo de mantenerse con vida, cubriéndose como podía y dando muerte a quien la atacaba sin piedad, al ver a su compañera en el suelo, corrió como pudo, abriéndose paso entre los cadáveres. Momentos antes de llegar a su destino, sintió que una flecha se le clavaba en el costado derecho, Sonyariel, al ver que su compañera estaba herida, trató de acercarse, pero el dolor pudo más que ella y con un grito llamó la atención de algunos de los Ohtari que aún quedaban ilesos. El instante fue aprovechado por un soldado Helkeliano, que con su espada dio una estocada en el abdomen de la mujer, cayendo al suelo en total inconciencia por el dolor. Dos elfos corrieron con espada en mano en su ayuda y un tercero fue en ayuda de Vanadessë que sangraba abundantemente.
Mujer y elfa se encontraban a poca distancia una de la otra. Vanadessë apoyada contra un enorme árbol y Sonyariel yacía de espaldas en el suelo pedregoso del lugar. Al ver que la victoria no estaba con ellos, se oyó a lo lejos la voz de Yárfaila.
- ¡Retirada! ¡Haced retirada de las tropas!, esta batalla a llegado a su fin... por ahora- esto último lo dijo casi en un susurro, pues no estaba dispuesta a dejarse vencer por los Helkerianos.
El ejército de Lempë Ohtari comenzó a retirarse al campamento cercano, a los heridos los trasladaron a la tienda de curación, mientras que algunos soldados cubrían la retaguardia en el campo de batalla.
Los Helkerianos volvieron a la ciudad con la frente en alto por el triunfo obtenido. Los muertos eran un número considerable, pero esto no preocupaba a la compañía, pues los de Lempë Ohtari habían sufrido más bajas que ellos.
Algunos soldados, ordenados por Yárfaila, fueron en busca de algunas de las pertenencias de los que habían perecido en aquel lugar. Sin duda se había derramado mucha sangre, pero esto no era motivo para que los Ohtari se diesen por vencidos tan fácilmente.
Un día teñido de sangre había acabado, pero esto recién estaba comenzando...
Resumen de la batalla.
Helkelen Lara ha perdido 10 armadas x35= 350 puntos.
Recuperables: 233 puntos.
Valoraciones: 8+7,6+6,6+8,2+8,5= 7,78
Recupera: 181 puntos. Los dirigentes han sufrido daños por el 50%, por este concepto recupera 175 puntos. Total recuperacion: 356 puntos.
No pierde puntos.
Lempë Ohtari ha perdido 20 armadas x35= 700 puntos.
Recuperables: 467 puntos, al usar el poder especial de Yarfaila.
Valoraciones: 7,6+8,8+6,4+7+8= 7,56
Recupera: 353 puntos. Los dirigentes han sufrido daños por el 110%, por este concepto recupera 385 puntos. Total recuperación: 738 puntos.
No pierde puntos.
Helkelen Lara recibe 300 monedas por la victoria en la batalla.
Lempë Ohtari entrega 100 monedas a Helkelen Lara por el abandono de la batalla.
Compañías actualizadas y listas.