Narquelië
Miraba hacia el horizonte, perplejo por todos los cambios que se dieron durante ese tiempo, el bosque tenía algo diferente, las hojas cantaban por el retorno de su luz, pero también lloraban porque esta luz, pronto se extinguiría; espoleó al caballo y avanzó rápido entre árboles, ya no podía perder el tiempo, esta vez no tenía toda la eternidad…
[...]
Un grupo conformado por alrededor de 40 jinetes avanzaban rápido por el bosque, la mayoría llevaba un velo en el rostro dejando ver sólo sus ojos de extraños colores; los dos jinetes que guiaban a la caravana eran ancianos, sin embargo sus ojos eran los mas hermosos de todos y su fuerza era superior a la de los demás aun dada su edad. Uno era un hombre que no llevaba velo, dejando ver un rostro surcado de arrugas que sin embargo no opacaba su bellaza, su cabello era plateado y sus vestimentas recordaban a la perdida tierra del don, la otra figura pertenecía a la de una mujer que al contrario de su compañero sí llevaba un velo, sus ojos no perdían la atención de aquellos que les acompañaban, su vestimenta era de un azul muy oscuro, su caballo era negro con una mancha en forma de estrella en la frente y sus manos mostraban la dureza del tiempo en su cuerpo.
La fortaleza comenzó a divisarse entre los árboles, el hombre susurro levemente.
-Sigue siendo tan hermosa, como la primera vez que la vi.
La mujer asintió en silencio, la marcha se hizo más lenta, hasta que se detuvieron frente a las murallas de la ciudad. Los guardias los miraron extrañados, uno de ellos, les gritó.
-¿Quién va?
-Ningún enemigo mi joven capitán.- le respondió el hombre.- muy al contrario, somos amigos de la reina Narairë y hemos venido a pasar una temporada con ella antes de que nuestro destino nos llame.
El guardia sonrió de buena gana, mandó abrir la puerta y cuando estuvieron adentro les dijo.
-Por lo que veo están atrasados de noticias nobles señores.- hizo una reverencia cuando llegó hasta ellos.- hace ya mucho que el rey consorte murió, con esta muerte la reina decidió partir dejándole el trono a su hija Naira.
Los ancianos bajaron de sus caballos y el guardia se sorprendió de que tuvieran fuerzas para montar y de su postura que no hablaba de vejez si no de madurez.
-Ya me lo suponía.- dijo la mujer, que había estado callada durante todo ese tiempo.- Dregnor no tenía un vida tan longeva como nosotros.-el guardia le miró extrañado.-No me haga caso joven capitán, ve y avísale a tu señora que Aratan y Haradriel han venido a verla.
El guardia abrió los ojos como platos, asintió en silencio y salio corriendo rumbo al palacio, Aratan miro a su hermana y le dijo.
-Me hubiera gustado ver a Dregnor una vez mas, vamos a instalarnos, después iremos a ver a la nueva reina.
Los jinetes que habían esperado en silencio, bajaron de los caballos y siguieron a los ancianos a la antigua casa donde vivieron alguna vez…
La reina jugaba con el anillo que sustentaba su cargo, miraba por la ventana; la paz había sido reestablecida en las tierra ocultas, el reino de Eithel era prospero y aun se cantaban las hazañas de los que formaron aquella famosa alianza, Naira sólo había conocido a su abuelo. Sabía de boca de él, muchas de las cosas que había pasado en aquella guerra; ahora recibiría a los hijos de los primeros señores de la fuente, Naira estaba sorprendida, desde hacía 400 años que ellos habían partido y no creía que siguieran con vida, suspiro, se dio la vuelta, ya era hora de recibirlos, se sentó en el trono y le indicó al guardia que abriera la puerta. Aratan y Haradriel entraron lentamente en la sala recordando todo lo que habían vivido ahí, Haradriel miró a la hija de la que llegó a considerar una hermana y sonrió.
-Sin duda alguna eres igual a tu madre, la antigua reina.- se acercó a ella y la abrazó como si la conociera de toda la vida.-Sin embargo tu carácter debe ser igual al de tu padre. Te saludo con afecto hija de Dregnor y señora de la fuente.
-Mucho he oído sobre vos y su hermano, señora, y me da mucho gusto recibirlos aquí en la fortaleza de plata.- saludó a Aratan con un abrazo y los invito a sentarse.- bien me lo dijo mi madre antes de partir, “debes prepárate pues los hijos de Tholglîn y Neldoriel vendrán a cumplir su destino aquí, donde su semilla se sembró”, y es verdad han venido.
-Y tu madre no se equivocó, hemos venido a morir aquí, pero antes queríamos pasear por el bosque y verte a ti, la nieta de Telimektar.
Fue así que Aratan y Haradriel regresaron a las tierras de la alianza y pasaría un año antes de que el jinete misterioso entrara al gran bosque del sur y que buscara entre los árboles a la que alguna vez amo…
[...]
Haradriel caminaba lentamente por los árboles, no iba sola, a su lado caminaba una muchacha de no mas de 20 años, con unos ojos azules, tan profundos como el mar, era igual a Haradriel cuando joven y sólo su mirada era distinta, las dos llevaban los rostros descubiertos, pues desde hacía algún tiempo, todos los descendientes de Haradriel (incluida ella) ya no portaban el velo, dejando ver su belleza misteriosa. Se detuvieron frente a un gran árbol, tan alto para apreciar la fortaleza desde ahí y en extremo frondoso para poder subir en él. La muchacha miró a la anciana con una gran sonrisa suplicante.
-Sube querida, yo ya estoy demasiado vieja y cansada para subirlo, yo te esperaré aquí abajo.
-¿De verdad puedo, abuela?
-Claro, vamos sube.
La joven le abrazó y comenzó a trepar, la anciana le gritó una cuantas veces, pidiéndole que andará con cuidado. Cuando llego a lo alto, le gritó a su abuela, pero no recibió respuesta, después miró hacia abajo y no la encontró, sonrió, no era la primera vez que Haradriel desaparecía de esa forma, ella conocía bien el bosque, así que la muchacha no debía preocuparse por las escapadas de su abuela. Bajo del árbol con mucho cuidado, cuando sus pies tocaron el suelo, miró a su alrededor, debía regresar sola a la fortaleza, comenzó a caminar recordando el sendero que la llevaría de regreso. Se oyó una voz por detrás.
-¿Eres tú, Lalwendë?, aun después de tanto tiempo sigues tan hermosa como siempre.-la muchacha dio la vuelta y miró a un elfo(aparentemente), este suspiró.-No, no eres tú, ¿Quién eres?
-Mi nombre es Neldoriel y Lalwendë es mí tatarabuela.-le respondió, agregando después.-Muchos dicen que soy igual a ella, sólo mis ojos son diferentes, estos me los regaló mi padre.
-Qué grato fue tu padre al dártelos.- le dijo él en tono burlón.- ¿En dónde está ella?
-Se ha ido, le gusta pasearse sola entre los árboles, ¿Quién es usted? Y ¿Qué desea de mí tatarabuela?
El elfo sacó un sobre entre sus ropas, después se quitó un brazalete muy hermoso y se los tendió a la muchacha.
-Dáselos.- dijo ignorando sus preguntas.- y dile que no fue la guerra y el odio lo que nos separó, si no mi propia maldad y su muerte mortal.-Neldoriel tomó la carta y el brazalete,los observó un momento, sintió las manos del elfo sobre su rostro y después sus labios sobre los suyos.
-Después de 400 años, tenía la esperanza de que siguiera joven y hermosa como tú.-la muchacha le miró sonrojada y se separó rápidamente de él.-Qué lástima que tu espíritu no sea el de tu abuela, como le llamas tú, si así fuera te secuestraría en este momento.- él suspiró.-Adiós joven Neldoriel, dile a tu abuela que me has visto y que ahora ya puede morir en paz.
El caballero hizo una reverencia y se alejó caminado, mientras que la joven intentaba entender aquel acto y las palabras venidas del extraño, suspiró y caminó de nuevo hacia la fortaleza cuando sintió la mirada de Haradriel sobre ella.
-Abuela, pensé que te habías ido, seguramente sabías de la venída de aquel ser, que por cierto no es un elfo, es un maia.- la anciana asintió en silencio.-¿viste todo lo que pasó, cierto?- ella asintió otra vez.- ¿Quién es?, ¿Era tu amante, cierto? ¿El abuelo lo sabía?
-Demasiadas preguntas.- le contestó ella tajante.- No era mi amante, a el lo conocí antes que a tu abuelo, hace ya 400 años. Ahora léeme la carta que te ha dado, pues mis ojos ya no funcionan también como antes.
Neldoriel asintió, abrió el sobre y comenzó a leer.
Mi querida Lawendë.
Ha pasado demasiado tiempo desde la primera vez que te vi. Y aun recuerdo tu rostro orgulloso frente a mi mirada escrutadora. He hecho un viaje muy largo para verte por última vez, he cruzado el mar y los bosques en tu búsqueda, sólo por dos razones : regresarte el hermoso brazalete y pedirte perdón por todo el daño que os hice a ti y a tu esposo.¿Hace cuánto que murió?, los rumores en el viento me lo confirmaron y supe en ese momento que tu letargo empezaría, supe de tu tristeza y que no deseas otras cosa más que la muerte, pero estas atada a mi y al regalo que me hiciste( aun no sé porque me lo diste), este brazalete lo he traído puesto desde que nos separamos y en mi corazón siempre estuviste presente. Que regrese esta joya a tu mano, dame tu perdón hija de los hombres, entonces tu podrás morir tranquila y yo tendré la paz que tanto ansia mi alma corrupta. Te bendigo Haradriel, por haberme amado, por haber sacado un poco esta oscuridad que me consume por dentro. Que Eru te guarde hija de Neldoriel.
-El dijo que no fue la guerra y el odio lo que los separo, si no su maldad y tu muerte mortal.-la muchacha dobló carta, sin ver el nombre del extraño, después le entregó el sobre y el brazalete.
-Sin duda alguna él tenia razón.- una lágrima cayó por la mejilla de la anciana.-Si su alma no estuviera corrupta y si no hubiera conocido a tu abuelo, a él le hubiera dado mi corazón. Pero el poco entendía a los mortales y el amor que me tuvo, poco tenía que ver con el cariño y entrega de un ser que ama; él aun ahora lo sabe.- la mujer suspiró y miró el brazalete.- es una lástima que llegue a mis manos y se separe de mi de nuevo muy rápidamente.- entonces tomo la mano de la joven que la miraba sin entender y le puso el brazalete.- guárdalo como tu mayor tesoro y cuando sientas que sea el momento oportuno pásalo a tu hija y así de generación en generación, hasta que llegue a manos de su legítima dueña.
.-¿Qué quieres decir abuela?.
-Ven, ya es tiempo.- le dijo ella ignorando sus palabras y guiñándole un ojo.
Entonces las dos caminaron hacia la fortaleza, ya estando en su casa se dieron cuenta que Aratan las esperaba sentado en un cómodo sofá, se levantó para recibirlas y le indicó a la muchacha que le avisara a todos sus parientes que fueran a la habitación principal, pues los señores del Taurënúva( como los había nombrado la reina a su llegada) deseaban despedirse de aquellos que amaban antes partir rumbo a las estrellas. La muchacha sonrió y salió al patio, mientras tanto los hermanos subieron las escaleras y se separaron por unos instantes, cada uno preparo sus ropas para aquel día; sus armas fieles acompañantes ya esperaban impacientes por retozar en manos de sus magníficos dueños. Cuando estuvieron listos se reunieron en la habitación principal y ahí se recostaron sobre la cama, pronto la habitación estuvo llena de hombres, mujeres y algunos niños que descendían de los hermanos, todos les miraban con respeto y sobre todo con amor. Aratan suspiró cansado y comenzó hablar.
-Estamos aquí, en el final de nuestras vidas, junto a los seres que amamos, en la tierra donde nuestra semilla fue plantada, nos vamos felices por tan grata compañía y ahora en este momento, queremos darles algunas cosas.-Aratan miró aun hombre maduro y con los cabellos negros surcado por algunos de color plata que lo miraba con gran amor.- Ven aquí hijo mió, esto es para ti y para tu familia.-le entregó un pergamino.- Las propiedades que están en el puerto de Dol Amroth, así como las casa de Minas Anor y Minas Ithil pasan a ser tuyas, así como la fortuna recabada a lo largo de mi vida.-el hombre sonrió y le beso la mano en señal de gracias, después un niño de no mas de 15 años se acercó a él.- a ti, mi niño, te doy mi daga, utilízala bien y no hagas maldades con ella.- el niño asintió y se la guardo en las ropas celosamente.
-Después de este día, nadie está atado a quedarse en estas tierras, pueden regresar al cauce de sus vidas.- dijo por primera vez Haradriel.-Guarden celosamente los secretos de sangre que os unen, no olviden nuestras enseñanzas y pásenlas llegado el momento a aquellos que tienen el don de escuchar y aprender. Descienden de una maia y por lo tanto sus vidas son mas largas que cualquier otro mortal, incluso más que la casa de Elros, pero eso sólo era causado por nuestros deseos.- todos le miraron sin entender.- Nadie vivirá más que nosotros y por lo tanto sus vidas menguaran a partir de nuestra muerte, vosotros tenéis el don de elegir el momento en que partan a la casa del padre, sin embargo no deben desear la inmortalidad pues eso esta mas allá de sus propios pensamientos- todos asintieron en silencio, la anciana sacó un libro y se lo entrego a Neldoriel.- Estas son las memorias del sur, cuídalas y así entenderás mucho de lo que viste hoy, mi niña.
La joven asintió en silencio y se alejóde la cama, después una mujer y cuatro hombres se acercaron a Haradriel, eran sus hijos, le besaron la frente y esperaron a que ella hablara.
-Vosotros mis queridos hijos, aun poseen muchos de los dones que conlleva su sangre, escuchen al viento siempre, pues muchas cosas tiene que decirles, no usen sus dones en demencia y guarden sus conocimientos celosamente.- cada uno asintió en silencio y ella continuó.-No están obligados a usar el velo, lo usaban por orden mía y ahora eso se acabó, que el mundo admire la belleza de los descendientes de Lairelossë.
Entonces sus hijos sonrieron y comenzaron a cantar, y a esas voces se unieron las demás, cantaban en honor a los hermanos que tomados de la mano los miraban con nostalgia, Aratan cerró los ojos y después de un último suspiro murió, Haradriel sintió sus muerte y aclamó sus últimas palabras, entonces cerró los ojos y lo alcanzó en el sueño eterno.
Mientras cantaban, los descendientes de Aratan y Haradriel, tomaron sus cuerpos y los pusieron en unas camillas llenas de flores, después depositaron sus armas en las manos de cada uno, con cuidado para no lastimarlos, cargaron las camillas y salieron de la casa.
Cuando los cantos se oyeron en el palacio, la reina salió y todos aquellos que conocieron a los señores del bosque, siguieron la procesión y también cantaron como si le cantaran a un rey de enorme grandeza. La familia paro en la fuente resplandeciente, ahí la reina elevó un canto, el fluir de las aguas aumento, las flores de aquel jardín se desprendieron de su tallo y danzaron con el viento, a los lejos se oía el canto triste de los árboles que habían perdido su luz. La brisa de la fuente roció los cuerpos de Aratan y Haradriel y pareció como si una luz les encendiera el rostro. Neldoriel que cantaba junto a los demás, se dio cuenta que unos ojos la observaban, volteó discretamente y vio a un mujer con la mirada mas hermosa que haya existido alguna vez, la mujer miro hacia los fallecidos y después le sonrió a la joven, Neldoriel sintió un alo de esperanza en su corazón y le correspondió la sonrisa a la mujer, esta le guiñó un ojo y desapreció entre la multitud.
La joven rió y continuó cantando, mientras que las flores acompañaban aquel canto y el agua resplandecía como una fuente de luz insaciable, entonces el canto se elevó más alto y pronto comenzó acallarse, la muchacha sintió el viento en su rostro y supo que aquel no era el final de Aratan y Haradriel y que los vería pronto en la casa del padre.
[Editado por tari el 03-10-2006 05:34]
