La Guerra de los Clanes

Historias, leyendas y batallas en las tierras olvidadas de Arda.

Edicion 3

Árador, Tierras de la Aurora

Finalizada · 19-03-2006

Historia Por Puntos. Heren Fanyarëa. Nolymê, Y La Historia De Las Arañas

2006:10:08:07:45:48

Alsenot

Un viento gélido corría por las desoladas alturas de Dor Daedeloth, que hacían un efecto embudo, y lanzaban este aire con mucha fuerza hacia las llanuras, y hacia un pequeño poblado de Elfos que, perseguidos por la sombra del Pasado, habían osado vivir bajo la Sombra de Morgoth. Los integrantes de este pueblo eran nada más y nada menos que algunos Noldoli provenientes de Valinor, y sus crímenes jamás serían perdonados, pues masacraron a muchos de sus hermanos Teleri en la Matanza de Alqualondë, y quedaron tan trastornados que jamás pudieron vivir en paz junto a sus hermanos Noldoli. Así pues, escogieron la amargura del Exilio, y se establecieron donde nadie antes se había atrevido siquiera a acercarse.

El viento gélido soplaba, y para Nolymê esto solo significaba malos presagios. Cabalgaba junto a Lindhë, su prometida, y cuando sintió que algo malvado clavaba sus ojos en él, instó a la Elfa a acelerar el paso. Un rumor de patas resonó a lo lejos, y de repente, salida de la nada, una inmensa Araña les cortó el paso. Nolymê desenvainó su espada, y cubrió como pudo a Lindhë, pero no fue suficiente. La gran Araña saltó a toda velocidad hacia la Elfa, y Nolymê solo acertó a hacer un profundo tajo en el vientre de la bestia. Lindhë se vio arrastrada por el ímpetu del salto del arácnido, y cayó con estrépito del caballo que montaba. La Araña, sujetando el delgado cuerpo de la Elfa con sus grandes pinzas, emprendió la huida hacia las Montañas que eran su hogar. Nolymê quedó tan trastornado que no atinó sino a cerrar los ojos y llorar en silencio. De repente, al observar a la negra figura del arácnido alejarse en la oscuridad, una furia demencial se apoderó de la mente del Noldo, y con los ojos encendidos en llamas, espoleó a su caballo hacia lo que quizás fuera su Muerte.

Siguió el rastro cual sabueso bien adiestrado, y no se alimentó en todo el camino. El ansia de venganza era su pan de cada día. Tres días anduvo por Dor Daedeloth en la más absoluta soledad, y la Oscuridad se introdujo dentro de el, como la mejor compañera en las noches frías y solitarias. El ansia de sangre. Al fin, siguiendo el limo que desprendía la bestia por el corte de la espada de Nolymê, llegó a una negra abertura, cual boca de lobo, que se adentraba en las profundidades de Dor Daedeloth, y cuyo camino conducía a grandes horrores. Pero ninguna fuerza mundanal podría disuadir al Noldo de su cometido. Ya no era tan importante para él el rescatar a Lindhë, no al menos tan importante como era destruir a la causante de su desdicha. La locura se había asentado en el corazón de Nolymê, y solo la muerte serviría para aplacar su demencia.

Ató al caballo a un árbol ennegrecido, y envuelto en la más absoluta oscuridad, y guiándose solamente por oído, se adentró en las profundidades de la caverna.

Pronto se hizo patente que el arácnido había pasado por allí. El Noldo se adentró más y más en la caverna, y el aire se hizo más denso y cargado, y la maldad ocupaba todos los rincones de la caverna, asfixiando a Nolymê. Al fin, tras muchas horas de camino, dobló un recodo, y se encontró con un horrible espectáculo. Había penetrado en una gran sala, de techo alto. El suelo estaba salpicado por todas partes de huesos humanos, y huesos más grandes de otros habitantes de las Montañas. Entonces Nolymê giró la vista y la vio. La Araña lanzaba chasquidos con sus grandes pinzas, y Lindhë, aterrorizada, se acurrucaba en un rincón de la estancia, a la espera de una muerte segura. Pero entonces, antes de que Nolymê tuviese tiempo para reaccionar, la Araña se abalanzó sobre la Elfa, y le arrancó el brazo izquierdo, dejando un reguero de sangre fresca sobre el suelo de la habitación. Lindhë lanzó un grito cargado de una angustia tal, que traspasó el corazón del Noldo. La locura se encendió en sus ojos, y desenvainando su espada, se abalanzó sobre la desprevenida criatura, que estaba totalmente entregada a su sangriento festín. Nolymê lanzó un tajo potentísimo, y abrió un profundo surco en el vientre de la criatura, su único punto débil aparte de los ojos. El arácnido se retorció de dolor, y Nolymê, con un valor producto de la locura, se encaramó al lomo de la criatura. Consiguió llegar hasta la cabeza, pero la Araña estaba preparada. Intentó quitarse al Noldo de su lomo cual una insignificante mosca. Nolymê esquivó el primer zarpazo, pero el segundo le causó un profundo corte en el costado. Tan brutal fue el golpe que recibió, que casi se cae del lomo de la criatura, pero consiguió recuperar el equilibrio en el último momento. Levantó la espada, y con toda la fuerza de sus brazos, la hundió en el racimo de orbes lechosos que constituían los ojos de la criatura. Un chorro de sangre negra salpicó el brazo del Noldo, pero este no se inmutó. Siguió hundiendo la espada más y más, hasta que solo la empuñadura sobresalía. La Araña, presa de de los estertores de la muerte, se convulsionó, y el Noldo se lanzó hacia el suelo. Con una mirada fría como el hielo, esperó a que la Araña muriera, y de un tirón arrancó la espada de los ojos de la bestia.

Nolymê llegó junto a su amada, y tomándola por la muñeca, le susurró al oído:

- Debéis despertar, amada mía. Estas tierras son peligrosas. Debemos partir cuanto antes, hemos de curar nuestras heridas.

Lindhë se agitó débilmente, y al fin, para regocijo de Nolymê, consiguió abrir los ojos. El Noldo cortó un trozo de la camisa de gruesa tela que llevaba, y con ella envolvió el muñón sangriento que era ahora el brazo de la Elfa. Cargando con el cuerpo inconsciente de su amada, el Noldo salió de la cueva, desató el caballo, y colocando a la Elfa en su regazo, cabalgó rumbo al Este, con la mayor rapidez posible, pues la vida de Lindhë pendía de un hilo, ya que había perdido mucha sangre.

Mientras cabalgaba, Nolymê sentía como a cada momento el alma de Lindhë daba un paso más hacia las estancias de Mandos. Entonces, o eso pensó Nolymê en ese momento, quiso Eru que se encontrase con Ariodyr, un antiguo amigo del Noldo. Lo habían dado por muerto, a el y a Lindhë, y habían organizado patrullas de búsqueda. Con el caballo fresco de Ariodyr, el Noldo se dirigió al pueblo con la mayor rapidez posible. Alli, dejo el cuidado de la Elfa a las ancianas del pueblo, expertas en el arte de la curación. Nolymê creía haber llegado a tiempo para salvar la vida de su prometida, pero lamentablemente para él, no fue así. Espero en la puerta de la casa que utilizaban como hospital los habitantes del pueblo muchas horas, y al fin, una anciana decrépita le salió al encuentro. Nolymê dijo con ansiedad:

- ¿ Cómo ha ido todo, se recuperará ?.

Pero algo en los ojos de la anciana le inspiró temor. Ella simplemente negó con la cabeza, y señaló a la parte trasera de la casa. En ese mismo momento, tres sanadoras sacaban de la casa un cuerpo envuelto en una tela blanca, y mientras cantaban un lamento fúnebre en lengua Noldorin. Nolymê, presa de la ansiedad, se acercó al cadáver envuelto en telas, y retiro la que le cubría la cara poco a poco. El horror que sintió por dentro se reflejó de tal manera en sus ojos que las sanadoras huyeron despavoridas. Si, allí estaba el bello rostro de su amada, Lindhë de los Bosques, bella como ninguna otra imagen albergara el corazón de Nolymê. Ya nada tenía sentido para él en la vida. Observó como huían las sanadoras a la carrera, y una sonrisa diabólica se dibujó en su rostro. Corrió tras ellas, y mientras lo hacía desenvainó la espada. A la primera que alcanzó le traspasó el pecho con la punta de la espada, y la apartó a un lado. Las otras dos, al oír el grito, volvieron la vista, y la Muerte les sonrió. Nolymê alcanzó a la segunda, y de un tajo profundo la abrió en canal. La sanadora empezó a boquear, y el Noldo, con una sonrisa fría en su rostro, le traspasó la garganta. Reanudó la carrera, y alcanzó a la última sacerdotisa. Esta se volvió, y le imploró clemencia, alegando que ella nada tenía que ver con la muerte de Lindhë. Pero eso a Nolymê no le importaba. Con un rápido sesgo, decapitó a la sacerdotisa.

Esa noche, rápido y certero, fue casa por casa, asesinando a todos los habitantes del pueblo. Un tiempo después, se pudo observar, cerca del Precipicio de las Hojas Muertas, como una figura colocaba la espada en el suelo, y tras asegurarla, se empalaba en ella con gesto abstraído. Así acabó la locura de Nolymê Vangladir, y así acabó la historia de un pueblo por siempre.

[[[HISTORIA ESCRITA POR NECKNOR]]]

[Editado por Radagast_III el 05-10-2006 19:59]

Naredhel Anariel

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