Ohtaránë
Por los cuatro costados, la cama chorreaba sangre. En aquellas Casas de Curación rara vez habían visto algo parecido. No tenían ni idea de cuanto podía aguantar la fortaleza física de un elfo, criado por orcos, llevada al limite. Habían despojado a Ohtaránë de la mayor parte de sus ropas, y sus costillas aparecían al descubierto claramente, sin piel intermedia. Se veía tras ellos latir a los pulmones entre chorros sanguinolentos... Y lo peor eran sus gritos. Alaridos agonizantes que contenían las peores maldiciones en orcos jamas escuchadas, entre vómitos rojizos y estremecimientos incontrolados. Sus brazos y piernas eran sujetados por cuatro enormes orcos. Uno de ellos no tenia brazo y era el que le había trasladado hasta allí. Los orcos soportaban sus gritos y desangramientos con regocijo mal disimulado, mientras los curadores cosían, vendaban y aplicaban pociones y bálsamos. Uno de las piernas parecía especialmente "aflojada" del cuerpo, y daba la sensación de que acabarían por arrancársela si no paraban aquello... La cadera había sido quebrada con una espada hasta la rodilla, abriendo toda la pierna. La habían cosido y vendado ya, pero el resultado no era especialmente bueno. El problema era que había perdido mucha sangre... Había pasado mucho tiempo hasta que le recogiesen del campo, y aun ahora no habían detenido ni una décima parte de aquella hemorragia.
Hastiado de sostener sus movimientos, uno de los orcos dejo de lado la hierba con la que los curadores trataban de tranquilizarle y le golpeó con fuerza en la cabeza. Ohtaránë perdió el sentido...
...Estaba en el molino de cortes aleatorios. No era mas que un niño, pero se había atrevido a burlarse del capitán orco por sus largos brazos y... Los niños no tenían privilegios entre los orcos, precisamente. Las aspas del molino giraban bajo el chorro de agua que se perdía en aquella subterránea cascada. El eje estaba suelto, por lo que las aspas cortaban una zona de su cuerpo distinta con cada vuelta. Y a lo lejos se oía la voz del orco.
-¡Te lo advertí, Grozhomut! Te dije que te traería a vivir con nosotros para poner tu espada a nuestro servicio. Todos estos años te he cuidado y alimentado tan bien como al mejor de mis vástagos... ¡¿Porque me vienes con altanerías de elfos!? ¡Tu ya no eres un elfo, maldito idiota, eres un orco hecho y derecho!
-Soy... Un... Elfo... -Ohtaránë notó como las aspas que atravesaban su cuerpo, y lo habían hecho solo sobre su cara y su pecho, se acercaban mas, desgarrándole el cuello y los órganos.
-¡Tu lo has querido! -gritó el orco-. Ni siquiera entiendo porque me molesto contigo, los otros capitanes me miran con malos ojos... ¡Todo por tu culpa!
-¡Yo no te pedí que me recogieras, cerdo! -chilló el niño-. ¡Sé que tu mataste a mis padres!
El orco hecho a reír... Aquello si que no lo había esperado.
-Estúpido, eso lo sabe todo el mundo -dijo con desdén-. Nunca he tratado de ocultarlo. ¿Sabes porque te traje? Te lo contaré...
El orco parecía haber olvidado que el niño elfo se desangraba. Se sentó y empezó a narrar... Y Ohtaránë lo escuchó, pues no podía hacer otra cosa; no le quedaban fuerzas para chillar.
-Hace unos años nos fuimos al bosque para batirnos con otro clan, pero unos malditos elfos nos tendieron una emboscada. Habríamos muerto si no hubiésemos traicionado al clan rival, aunque se suponía que era un combate de honor... Pero eso da igual -escupió-. El caso es que liquidamos a muchos elfos y seguimos a los otros... Hasta un claro. Estaba lleno de hermosas doncellas que cantaban, y comida asquerosa que solo los mas famélicos probaron, pues la carne de elfo era el mejor festín que podíamos desear... No disimules, sé que a ti también te gusta -Ohtaránë vomitó-. Bueno, si no sabias que es lo que comes tan a menudo ahora ya lo sabes. El caso es que el líder del otro clan orco trató de apuñalarme, pero una elfa le clavó una daga a él... Y la levantó contra mi. Pero yo le cogí el brazo y le dije: "tranquila, mi honor de líder me hace tener una deuda con quien me salva la vida. Así que ahora tu y yo salvaremos esa deuda..." la cogí en brazos y la llevé hacia los árboles. Esperaba que se resistiera, pero en lugar de eso me dijo: "Si de verdad tienes algo de honor, no dejes que a mi hijo le pase nada... Conmigo, haz lo que quieras." ¡Y lo hice! -el orco estalló en carcajadas.
Pero Ohtaránë, enfurecido, escapó de las cuerdas que lo aprisionaban. Una de las aspas de la maquina de tortura se le clavó en el hombro profundamente, y sin embargo se liberó y golpeó al orco, que se levantó sorprendido, lo arrojó de un puntapié hacia atrás... Y cayó por la cascada.
Lo encontraron días mas tarde, helado y desnutrido, tendido sobre una sala inundada. Pero el capitán orco se empeñó en que lo siguiesen cuidando como a uno mas. ¿Porque empeñarse en cuidar a un niño elfo? Nadie se lo explicaba...
...Ohtaránë despertó. La habitación estaba vacía, salvo por una de las curadoras que se había quedado dormida a los pies de la cama. Tenia el cabello de color marrón, a la vez que dorado como la miel. Había sido así el de su madre, y también el suyo, cuando era pequeño. Ohtaránë recordó que no había recordado a su madre desde aquel día, el día que le torturaron. Había sido una elfa muy hermosa, famosa entre los silvanos. Ohtaránë sospechaba que él mismo lo habría sido de no haber mediado aquel maldito destino. Pero ahora, la imagen de su madre había vuelto a él. Y, para maravilla de los curadores que le revisaron mas tarde, obró un buen efecto sobre sus heridas. No es que le hubiese servido como recuperación inmediata, pero al menos sobreviviría. Pues tenia ganas de vivir. Porque en su mente, había sentido que tenia algo nuevo que buscar. Algo que le daba sentido a su vida. Algo.
