Kelusse
Fin Guerra: Realengo de Farothdin deja de Atacar
Armadas perdidas por "Realengo de Farothdin" = 23
Armadas perdidas por "Lempë Ohtari" = 15
Victoria para Lempë Ohtari.

Historias, leyendas y batallas en las tierras olvidadas de Arda.
Edicion 3
Finalizada · 19-03-2006
2006:10:15:07:50:03
Fin Guerra: Realengo de Farothdin deja de Atacar
Armadas perdidas por "Realengo de Farothdin" = 23
Armadas perdidas por "Lempë Ohtari" = 15
Victoria para Lempë Ohtari.
Ohta Arandur* la cuarta batalla de las Guerras de Mellon Vilya
7 de Narquelië
“Han pasado dos días desde que las tropas de Farothdin abandonaran Mellon Vilya. El ambiente que rodea la ciudad aún tiene algo de pesadumbre y la aterradora experiencia de ver caída su ciudad aún produce dolor en sus habitantes. La gente que se refugió en las montañas ha regresado y una nueva etapa da comienzo en la ciudad.
Darlak, aquél que las leyendas señalaban como el guerrero de la espada, ha sido nombrado Senescal de Mellon Vilya y tiene ahora la gran responsabilidad de alzar de nuevo esta ciudad. Sin embargo, la sombra de la guerra aún planea sobre sus calles…”
(…)
El medallón
Las nubes movidas por el frío viento oriental cubrían con un grisáceo y espeso manto la ciudadela de los capitanes, la parte alta de la ciudad. El viento comenzaba a soplar con fuerza, moviendo las ramas de los árboles y haciendo que empezaran a perder hojas. Darlak caminaba hacia Car Menel, la casa celestial, para comprobar que todo se hallaba dispuesto para que Valandil Súleglîn y Annamel, que habían venido para tratar temas urgentes sobre la situación del país en la guerra que asola Árador, pudieran descansar del viaje.
Llegó hasta una sólida puerta de madera negra la cual abrió hacia adentro. La entrada estaba en oscuridad y tuvo que encender una vela que había en una mesa cercana. En ese momento escuchó un ruido en el piso de arriba. Le extrañó que alguna doncella estuviera preparando cosas en la penumbra. Por ello, tomó la vela que había encendido y se dispuso a subir las escaleras que conducían al piso de arriba hasta llegar a un pasillo iluminado por tenues antorchas que arrojaban su luz sobre las paredes de mármol. Escuchó unas pisadas y se dirigió hacia la habitación donde las había escuchado. Empujó la puerta de la habitación y penetró en una sala iluminada por dos velas situadas a ambos extremos de una cama ancha. A la derecha había un armario en donde una joven se hallaba buscando algo.
- No, no puedo haberlo perdido – murmuró la joven que parecía no haberse dado cuenta de la llegada del semielfo.
- ¿Qué habéis perdido? – preguntó él
Entonces la intrusa se giró al escuchar la voz. Era una mujer de cabellos oscuros y piel bronceada.
- Yo…
Darlak se acercó hacia ella. No sabía si era alguna de las doncellas de la ciudad. Pudo verle mejor el rostro y decidió entonces que no le sonaban sus rasgos.
- Decidme – le habló de forma imperativa a la extraña. El senescal notaba un cierto nerviosismo en ella.
- Mi señor – la mujer hizo una leve reverencia - Busco un antiguo medallón que perteneció a mi madre. Murió en la batalla y es lo único que tengo de ella…si es que los bastardos del Realengo no se lo han llevado como parte del botín.
- ¿Y por qué lo buscáis en este palacio? Este segmento de la ciudad no formó parte del campo de batalla cuando las tropas de Farothdin invadieron Mellon Vilya – Darlak necesitaba saber quién era en realidad esa mujer que buscaba con tanto ahínco el medallón.
- He buscado en más sitios sin obtener ningún resultado… además, en la calle me dijeron que es costumbre que las mejores piezas del saqueo se entreguen a los dirigentes
Darlak se metió la mano en el bolsillo y tocó un objeto que tenía guardado en él. Era el medallón que aquella dama buscaba con tanta desesperación. Lo había encontrado horas antes cuando había ido a dar instrucciones a las doncellas de cómo quería que se dispusiera todo en aquel palacio. Había visto entonces cerca del armario de aquella alcoba un objeto refulgente. Lo había recogido con absoluto interés. Era un dorado medallón con el gravado de un águila con sus alas abiertas sobre un fondo rojo.
- Señor, siento haber entrado en este lugar…pero estoy desesperada…significa mucho para mí - la mujer empezó a sollozar, realmente se hallaba desesperaba- Y si he de ir tras el ejército de Farothdin para recuperarlo, así lo haré.
Apenado con ella, Darlak decidió dárselo.
- ¿Es este el objeto que buscáis? – dijo al tiempo que sacaba de su bolsillo el medallón.
- ¡Sí, mi señor, ese es!
La mujer tomó el medallón de la mano del semielfo y lo acarició contenta de haberlo recuperado.
- ¿Dónde lo habéis encontrado? - preguntó - lo he buscado por todas partes.
- Antes me tenéis que decir vuestro nombre – Darlak estaba intrigado por saber quién era.
- Soy Ilanna Oreiel, hija de Morleth, un humilde orfebre – respondió.
En ese momento, los sonidos de unas trompetas entraron por la ventana de aquella habitación. Ambos se miraron extrañados.
¿Alarma de guerra?, fue lo que pensó Darlak. Rápidamente y tras pedir a la joven que se refugiara, la dejó para acudir a conocer el motivo de que los trompetas de guerra estuvieran sonando.
Un nuevo ataque
El grave sonido proveniente de los trompetas se oían en toda la ciudad y este sonido sólo significaba una cosa, enemigos se acercaban hacia Mellon Vilya.
¡Nos vuelven a atacar!
En las inmediaciones de Car Tirith, lugar de encuentro de los soldados, podía verse a éstos ir de un lado para otro a toda prisa, el nerviosismo podía leerse en sus caras. Darlak se acercó a Caragan que se hallaba preparándose para la batalla.
- ¿Farothdin? – preguntó Darlak casi convencido.
- Sí, nuestros hombres han reconocido sus banderas. Los arqueros desde las almenas están disparando lluvias de flechas para intentar contenerles. Pero han traído catapultas con ellos.
- Nos han engañado. Su supuesta retirada no era más que una tapadera para preparar una nueva invasión. ¿Podremos contar con fuerzas suficientes para la defensa? – preguntó Darlak muy preocupado por la situación. No esperaba que Mellon Vilya se hallara envuelta en la humareda de la guerra tan pronto.
-Te voy a hablar con franqueza, las posibilidades de supervivencia son mínimas aun teniendo en cuenta que las fuerzas enemigas tampoco son lo que eran, pero en una guerra de desgaste va a ser difícil ganar. Nuestros efectivos se acaban de recuperar.
Sin perder tiempo, Darlak fue a ataviarse para la guerra. Cuando estuvo listo para la batalla se dirigió hacia la parte baja de la ciudad. Se había puesto el Yelmo-dragón, herencia de su familia y que hasta aquel momento no había llevado en ninguna batalla. Ahora estaba dispuesto a ganar aquélla.
Mientras cruzaba el valle de la tierra en dirección a la entrada de la ciudad, Darlak intentó divisar a Eleth, que se hallaba poco más allá. Se dirigió hacia ella.
- ¿Y los señores del bosque?
- Han ido al encuentro del ejército que viene de Ostova Lorë, un tropel de elfos se dirige a asistirnos en este ataque.
- ¿Pero cómo sabían Annamel y Súleglîn que nos atacarían?
- No lo sabían. Annamel había querido que algunos elfos del bosque vinieran a ayudarnos a reconstruir la ciudad. Estaba previsto que llegaran esta noche. Por eso han salido a su encuentro para que aligeren su paso y vengan preparados para entrar en batalla.
Más esperanzado Darlak respiró profundamente llenando de puro oxígeno sus pulmones. Varios hombres llegaron al galope hacia donde ellos estaban.
- Señor, nuestros arqueros apenas pueden detener a los enemigos y varios de ellos ya empiezan a escalar los muros en aquellos puntos en los que están parcialmente derruidos.
Darlak dio órdenes urgentes, la situación empezaba a complicarse y había que reaccionar rápido.
- Eleth, voy a ordenar abrir las puertas. Les haremos frente pues de todas formas van a acabar entrando. Acude a dirigir a los arqueros y asegúrate que cuentan con flechas en todo momento. ¡Que no cese la lluvia de flechas hacia ellos!
La joven salió en dirección hacia las almenas mientras Darlak se dirigía hacia delante - ¡Abrid las puertas, les haremos frente!
Resonaron las trompetas al tiempo que las puertas de la ciudad se abrían. El ejército defensor saltó hacia delante después de una nueva orden del senescal y fueron hacia las puertas con fiereza hasta encontrarse con las filas enemigas. Darlak y Caragan empezaron a dirigir sus espadas contra los enemigos. El senescal y a su vez capitan se lanzó contra un guerrero al que cortó el brazo con su espada haciendo que se le cayera su arma. De otra estocada, lo hizo caer y continuó con su incansable lucha; golpeó en la cabeza a otro enemigo con la empuñadura de su espada, y después hizo un rápido movimiento hacia atrás, clavando el arma en el estómago de otro. Se iba sumergiendo poco a poco en el vaivén de la espada y la sangre, entre las estocadas y los traicioneros tajos de las dagas. Una de ellas se hincó en su muslo izquierdo pero a pesar de ello siguió luchando.
En ese momento se escucharon unos gritos y un revuelo. Una hueste llegaba por el bosque en dirección a la ciudad. Intentó ver quién eran y entonces con regocijo pudo ver las banderas ondeantes de Ostova Lorë con Annamel y Súleglîn a la cabeza. Venían los refuerzos prometidos por Eleth.
Darlak tuvo que bloquear el ataque de un nuevo enemigo, su rostro le resultó entonces conocido. Era la joven del medallón.
- ¿Tú? – preguntó incrédulo al ver que sus ojos no le engañaban. La espada que acaba de bloquear pertenecía a la mujer que había encontrado antes en Car Menel
- Sí, soy Arestel Vanimeldë, Regente de Oron Oituillë, Primera Dama de la Orden de la Rosa y coronel de la compañía que ahora mismo os ataca.
- Debí sospecharlo cuando nos encontramos en el palacio. – Darlak no se hubiera imaginado la verdadera identidad de la mujer.- Pero veo que la pretendida retirada de Farothdin no era sino una manera de intentar despistarnos pues vuestros intereses eran otros
La mujer se rió.
- Solo quería recuperar el medallón – dijo al tiempo que sus espadas chocaban de nuevo.
Y así fue como empezó un duelo entre los dirigentes de los dos bandos enemigos. Sus respectivas espadas no dejaron de proferir golpes que paraban rápidamente.
- Luchas bien- dijo Darlak al tiempo que probaba con otro golpe de Envinyanta que Arestel paró sin problemas para al mismo tiempo devolver el golpe y ser a su vez parado. Ambos poseían similar destreza.
Darlak se apartó hacia un lado e intentó dar un giro inesperado y sorprender a su rival por la parte izquierda. Arestel fue enviada hacia atrás pero no perdió el equilibrio y pudo con dificultad parar el golpe de su contrincante. Sin embargo, Darlak fue más rápido y volvió a atacar a la mujer cuyo brazo tembló. El golpe de Envinyanta hizo caer la espada de Arestel al tiempo que conseguía herirle. El dolor por la mordedura de la espada en el brazo de ella hizo que Arestel cayera al suelo.
Entre tanto las fuerzas atacantes se veían acorraladas por los dos frentes defensivos. La lluvia de flechas de las almenas volvió a caer sobre las tropas farothdianas que veían su número muy mermado. Otra lluvia proveniente de los arqueros enemigos hizo competencia con las enviadas por los ohtari.
Mientras tanto, la artillería de los enemigos intentaba hacer caer a las filas de arqueros dirigidas por Eleth. Sin embargo, la defensa era muy resistente y si caía algún arquero era rápidamente reemplazado. Además Annamel había conseguido abrirse paso entre los combatientes de las puertas para acudir con arqueros elfos de Ostova Lorë a las cimas de las murallas. Así, las tormentas de flechas se duplicaron y los enemigos empezaron a caer. En las puertas, Caragan conseguía hacer muchas bajas entre los enemigos que se vieron totalmente acorralados entre las tropas defensivas.
Aquel ataque parecía estar controlado por los ohtari, el refuerzo que había significado la llegada de las tropas de Súleglîn había ocasionado que el ejército de Darlak consiguiera dominar la situación y poder defender la ciudad.
Allí estaba él, de pie ante Arestel. Sin casi percatarse, un caballo llegó hacia ellos.
- ¡Thelidor! – gritó la dama de la Orden de la Rosa.
El recién llegado descargó su espada en el hombro de Darlak al tiempo que varias flechas lo hacía caer del caballo. La estocada había golpeado la herida que Darlak tenía desde el último saqueo y entonces sintió como se reabría de nuevo y la sangre volvía a brotar de su hombro. A duras penas alzó de nuevo la espada para defenderse del ataque de otro hombre que llegaba a socorrer a los suyos. Recibió un golpe con un martillo en el costado al mismo tiempo que con Envinyanta atravesó al atacante. Cayó al suelo debido al dolor que le suponía el golpe recibido. Darlak buscó con la mirada al hombre del caballo y lo vio cerca de allí junto a Arestel, la cual se había levantado para acudir a socorrer a su marido pero había recibido también el impacto de varias flechas.
Dolorido por las múltiples heridas, Darlak se levantó dificultosamente para ir hacía ellos. El medallón de Arestel refulgía en su cuello. Lo normal era darles muerte a los dos allí mismo pues así evitaría problemas en el futuro. No dudaba que Farothdin quisiera volver a atacar la ciudad. ¿Si lo habían hecho dos veces por qué no iban a hacerlo una tercera vez? Una voz irrumpió su mente de repente. Provenía de Súleglîn.
Senescal de Mellon Vilya, hemos conseguido evitar el saqueo de la gema del Taurëninque. Sangre noble corre por tus venas. Por eso te pido que los dejemos marchar. Ellos tampoco han elegido esta guerra, sino que se han visto empujados a ella al igual que nosotros. Quizás vuelvan a atacarnos, entonces volveremos a demostrar la valentía de Lempë Ohtari
Así sea respondió Darlak que se dirigió entonces a sus hombres.
- ¡Hemos ganado! ¡Dejemos que se retiren libremente!
Su mirada se cruzó de nuevo con la de la dama del medallón y vio en sus ojos una profunda gratitud hacia él.
(…)
“Las tropas de Farothdin han recogido sus heridos y se han retirado. Una nueva batalla, la Ohta Arandur, ha finalizado en las puertas de Mellon Vilya, una ciudad castigada por la guerra pero que aún mira con esperanza al futuro. Todos honran al senescal que ha logrado evitar un nuevo saqueo aunque la guerra no ha terminado y encontrar una vía para solucionar el conflicto es primordial para poder devolver la paz. Sin embargo, hay algo que se escapa a la hora de buscar el origen de las tensiones de Lempë Ohtari con Helkelen Lára y con Farothdin. En el sur de Árador también hay guerra y algo inclina a relacionar esta guerra sin sentido con fuerzas desconocidas…"
7 de Narquelië
* “La batalla del Senescal”
[Editado por aratir el 08-10-2006 04:43]
Hacía sólo un día que la Compañía IV de Realengo de Farothdin había abandonado la bella capital de Lempë Ohtari, Mellon Vilnya.
Los hombres no pudieron evitar echar una mirada atrás, allí dejaban el recuerdo de la última batalla junto a un buen número de compañeros que no consiguieron la misma fortuna que ellos. Tres semanas fue el tiempo que tuvieron los sanadores para atender correctamente a todos los heridos que se habían producido en la contienda.
La Compañía se desplazaba lentamente por el denso bosque de Taureninque, pues no era tarea fácil transportar las gigantescas maquinarias que sirvieron para conquistar la capital enemiga. El ritmo de la marcha lo marcaba el rey Ílimo, que montado sobre Flarënim, el más noble de los mearas que se trajera Valinor, se encontraba en la cabecera de la bélica comitiva; inmediatamente tras él, Thelidor y Arestel, Gran Maestre y Primera Dama de la Orden de la Rosa, general y coronel, respectivamente de la Compañía IV de Farothdin.
_Thelidor _llamó Ílimo.
El general azuzó a su caballo para situarlo junto al del rey.
_ ¿Sí?, mi señor.
_ No hemos parado en todo el día, bestias y hombres comienzan a cansarse. Avisa a los capitanes de que acamparemos aquí.
El general estaba dispuesto a rebatir la orden del rey, no era prudente detenerse tan cerca de la ciudad enemiga, pero miró a su mujer, y vio en su rostro el cansancio de una larga jornada. Thelidor, asintió con la cabeza y tiró de las riendas de su equino.
En menos de dos horas las tiendas principales estaban montadas. El Gran Maestre tras asegurarse que el rey Ílimo estaba bien acomodado se dirigió a la tienda donde le esperaba su mujer. Entró y encontró a Arestel rebuscando en los baúles de viaje.
_ ¿Qué buscas?_preguntó Thelidor mientras se quitaba el talabarte con su espada.
_ El medallón._ respondió sin dejar de buscar entre las ropas_ No lo llevo encima y no lo encuentro, Thelidor.
_ Estará en alguno de tus cofres.
_Es el primer sitio donde miré…
Thelidor dejó la espada, se acercó a su esposa y la agarró por los hombros con dulzura.
_Tranquila _dijo sentándose junto a ella en el camastro_ piensa dónde lo viste por última vez.
_No lo sé, no…_ respondió llevándose las manos a la cara.
_ Piensa _le susurró.
La mujer cerró los ojos e intentó concentrase en todo lo que había echo la noche anterior, en los preparativos a la partida de Mellon Vilnya.
_ ¡No!_exclamó _ Tengo que regresar, Thelidor_ se levantó de la cama_ ¡Ílimo!, ¿Dónde está el rey?
El hombre agarró a la mujer por la cintura y la atrajo hacia sí.
_Arestel, estas cansada, ha sido un día muy largo para todos. No molestes a Ílimo_ intentó disuadirle el hombre.
_ ¿Por qué no ha de hacerlo?_Ílimo se encontraba en la entrada_ sabéis que estoy a vuestra disposición.
_Mi señor_ dijo Arestel corriendo a arrodillarse frente al rey_ Necesito regresar a Mellon Vilnya…
_Arestel, a que se debe tal necesidad _repuso el rey indicando a la mujer que se incorporase.
_Dejé el Avath en la habitación en la que nos hospedamos Thelidor y yo.
_Es sólo un medallón_ dijo su marido intentando quitar importancia al asunto.
_No, no lo es_ Arestel comenzó a llorar_ Acompaña a mi familia desde hace mucho tiempo, tanto que no lo recordamos… si no lo encuentro, los Avathrim perderemos el derecho de gobernar Oron…
Ílimo asintió.
_ No pretenderás poner en riesgo la seguridad de esta Compañía por recuperarlo_ interrumpió el general.
_ ¡Claro que no! Partiré esta noche yo sola, así no pondré en peligro a nadie…
_ ¿En peligro a nadie?_repuso su marido_ Tu no eres nadie, Arestel.
_Si no recupero el Avath, desde luego que sí.
_Thelidor _intervino Ílimo_ en seis horas partiremos hacia la capital…
_Señor, no podemos arriesgarnos a otra batalla
_No habrá batalla, o al menos lo intentaremos. Nos mantendremos en las lindes del bosque, mientras tu mujer va a la ciudad y busca el medallón.
Llegaron a Mellon Vilnya al atardecer del día siguiente. Arestel cambió sus ostentosas ropas por otras más modestas, se despidió de su marido y del rey, y partió hacia la capital.
La mujer consiguió unirse a un pequeño grupo de mujeres y niños que regresaban a su ciudad después del retiro obligado. Arestel miró la cara de aquellos niños, victimas inocentes de esta guerra, y, por primera vez en su vida, se avergonzó de ser quien era.
Una vez dentro de la urbe no perdió tiempo y marchó rápido hacia Car Menel . Atravesó las puertas del palacio, subió las escaleras y entró en la habitación que horas antes había abandonado. No recordaba haber dejado encendida las velas. Daba igual, se acercó al aparador, tomó una candela que se encontraba sobre él, y la prendió con la llama de la que estaba encendida. Corrió hasta el pequeño mueble que había próximo la cama. Nada. Se agachó y miró por el suelo _seguramente se me cayera cuando me puse la capa, junto al…_ pensó al mismo tiempo que se levantaba de un salto y se dirigía al armario. Abrió una de sus puertas obteniendo el mismo resultado que la vez anterior. La desesperación, que había estado oculta tras la esperanza, comenzó ha abrirse paso en el interior de la mujer.
_No, no puedo haberlo perdido…_dijo en un último intento de negación.
_ ¿Qué habéis perdido?_preguntó una voz tras ella.
La mujer se giró lentamente. Junto al dintel de la puerta se encontraba la persona que había formulado la pregunta, un elfo, rubio envuelto en una capa.
_Yo…_comenzó Arestel sin saber qué decir pues no podía cometer ningún fallo.
El elfo se acercó hasta donde estaba ella.
_Decidme_ exigió el eldar.
Entonces la mujer pudo ver la insignia que llevaba el elfo en la capa. Nueve triángulos alrededor de uno central más grande. Al instante lo reconoció. Un alto cargo de Mellon Vilnya, o el mismísimo senescal de la ciudad.
_Mi señor_ reacción rápidamente, y tras hacer una leve reverencia prosiguió_ busco un antiguo medallón que perteneció a mi madre_ bajó la cabeza y continuó_ murió en la batalla y es lo único que tengo de ella…si es que los bastardos del Realengo no se lo han llevado como parte del botín.
_ ¿Y por qué lo buscáis en este palacio? Este segmento de la ciudad no formó parte del campo de batalla cuando las tropas de Farothdin invadieron Mellon Vilnya _repuso el elfo.
_He buscado en más sitios sin obtener ningún resultado… _dijo con falsa humildad_ además, en la calle me dijeron que es costumbre que las mejores piezas del saqueo se entreguen a los dirigentes_ mintió pues sabía bien que todo lo recaudado se guardaba en baúles sin importar la categoría del objeto. Y continuó _Señor, siento haber entrado en este lugar…pero estoy desesperada… significa mucho para mí…_ Arestel comenzó a sollozar, sentía que nunca lo encontraría _ y si he de ir tras el ejército de Farothdin para recuperarlo, así lo haré_ añadió secándose las lágrimas de la cara.
Entonces el elfo se llevó la mano al bolsillo y tendiéndola hacia la mujer dijo:
_ ¿Es este el objetos que buscáis?
A Arestel le dio un vuelco el corazón, allí estaba su medallón, el Avath, en la mano de aquel elfo.
_ ¡Sí, mi señor, ese es!
El eldar se lo tendió y la mujer lo sostuvo en una mano mientras con los dedos de la otra acariciaba el suave relieve del colgante.
_ ¿Dónde lo habéis encontrado?_preguntó inconscientemente.
_Antes me tenéis que decir vuestro nombre_ respondió el elfo
Arestel cayó en la cuenta de que no se había identificado.
_Soy Ilanna Oreiel, hija de Morleth, un humilde orfebre…
La mujer fue interrumpida por unas campanas. La ciudad estaba siendo atacada.
[…]
Thelidor caminaba de un lado a otro _Está tardando mucho_ pensó_ ¿Y si la han descubierto?_ El hombre comenzó a imaginarse que clase de torturas podrían hacer a su mujer…No pudo aguantar más. Montó sobre su caballo y fue hasta donde se encontraba el rey y el resto de los capitanes.
_Señores, a sus puestos, vamos a atacar la ciudad_ anunció.
Los hombres miraron al rey, esperando que disuadiera a su general.
_Que así sea_ afirmó el maiar, pues el también temía por la vida de la joven.
Parecía mentira que el rey, una vez más, estuviese luchando por pacificar aquellas tierras. Qué sería de las guerras de los hombres del helado norte o…qué sería de la sacerdotisa Naredhel Anariel. A estas horas estaría defendiendo el sitio de los hombres del sureste, e Ílimo allí, en primera línea de batalla intentando debilitar lo más posible al reino de Lempë Ohtari. Luchando contra Suleglîn por la supremacía. ¡Qué dirían las leyes de Manwë si ambos cayesen y sus espíritus incorpóreos tuviesen que rendir cuenta a los poderes de Arda!
¡Maldito sea el caprichoso destino! ¡Por qué tendría que ir a liderar precisamente esta tierra Suleglîn! ¿Acaso creería que le era fácil a Ílimo empuñar una espada contra él? No nacieron del mismo pensamiento de Eru para reunir ejércitos y lanzárselos como piedras el uno contra el otro, estaban poniendo en juego las vidas de aquellos a los que un día juraron proteger, ¡Qué paradoja! Al fin y al cabo utilizaban como marionetas a los hijos de Illúvatar aprovechándose de sus debilidades y anhelos y justificándolos con palabras vanas de sentido como paz, tranquilidad, supervivencia o supremacía… todo por mantener sus ideales.
Y una vez más las escalas se lanzaron a las murallas amparadas por el incesante llover de globos en llamas. Algunas escalas caían y aplastaban a muchos de los nuestros. ¡Más de la cuenta mi señor! _dijo un capitán que venía del frente_ ¡Para qué contar y parar a pensarlo! ¡No se lucha con pena, Ílimo!_ se dijo el rey, para continuar con voz pétrea_ ¡Abatid a los que intentan cortar las escalas! ¡Arqueros! ¡Artillería! ¡Nuevo destino! ¡Apuntad a la cima de las murallas y castigad a sus arqueros!
Ílimo pareció notar que había muchas bajas, más de lo normal. Muchos de los capitanes que dirigían las subcompañías habían sido abatidos. Por eso se acercó a una escala caída y preguntó a un capitán que estaba socorriendo a los heridos, por el reporte de la situación…
_Señor, el regimiento de Arestel ha sido acorralado en la muralla este, su guardia de elite esta rodeada porque allí no apunta la artillería, temen herir a los nuestros que están mezclados en la batalla con los de Ohtari. El general Thelidor ha ido en su busca_ le informó.
_ ¡Si Arestel y Thelidor caen, si acaban con ellos… sólo usted, mi rey, podrá dirigirnos!_exclamó otro.
_ ¡No puedo prescindir de ellos ni como guerreros, ni lo más importante, como camaradas! ¡No soportaría una guerra en estas tierras sin ellos!_ respondió Ílimo con rabia en sus palabras_ ¡Arqueros de Farothdin! Seguidme, tenemos que evacuar a aquellos que han quedado aislados en la muralla._ gritó
Un oficial se interpuso en el camino del rey
_ ¡Señor, estamos siendo atacados por la retaguardia!
_ Guía a los arqueros_ le pidió el rey_ ¡A mi la guardia! ¡Rechazaremos a los nuevos atacantes!
Ílimo y los suyos desenvainaron las espadas a la vez, pero la hoja de Ahendal cantaba no una tonada de ánimo y valentía, si no algo triste que empequeñecía los corazones_ Comprendes bien mi interior espada, el alma que retienes dentro es sabia, pero ahora usaré el acero que la aprisiona para enfrentarme a mi destino. ¡Lo que menos necesito es el peso de la conciencia!_se dijo el rey, sacando fuerzas de su interior para continuar_ ¡Suleglîn! No envíes a la muerte a tus guardias ¡venid aquí si os atrevéis!
_Has cometido un error al afrentarme en mi territorio, probaremos la lealtad de tus hombres. ¡100 monedas de oro y el indulto a aquel de vosotros que traicione a vuestro rey!_ Se oyó decir a Suleglîn.
_ ¡La debilidad de los hombres en mi contra! bien sabes que no tienes potestad para acabar con mi vida y por eso incitas que se revelen contra mí… ¡Vosotros!_dijo Ílimo dirigiéndose a los suyos_! Si alguien me traiciona en este momento caerá sobre vosotros y los vuestros una cólera como jamás habéis visto. _ la orden siseó como un latigazo.
_ ¡Basta ya de charlas! ¡Fuera de aquí todos!_atronó Suleglîn_ Y un aire huracanado vino de la ciudad arrastrando a muchos guardias personales y lanceros.
Ílimo se sujetó a su espada clavada en el suelo y pronunciando una retahíla de hechizos de protección, pidió piedad al elemento aire, y pidió, egoístamente, por salvar las vidas de Arestel, Thelidor, el mismo…y Suleglîn…_ ¡Maldita conciencia! No es tiempo de pensar _se dijo el rey.
El viento era tal que por desgracia para todos, las bolas incandescentes de la artillería de Farothdin se desviaron hacia aquella zona. Ílimo no daba crédito a lo que se avecinaba y sus palabras no terminaron de pronunciarse para evitar la debacle del viento cuando otra amenaza mayor se cernía sobre ellos, una nube de flechas, lanzadas por los arqueros desde las murallas fueron arrastradas por el viento culminado su trayectoria sobre el cuerpo del monarca. Ílimo, atravesado por más de una docena de saetas, cayó al suelo.
Suleglîn, le dirigió una mirada de tristeza atroz… el rey se la devolvió de comprensión e imprimió en sus pensamientos las que probablemente fuesen sus últimas palabras:
Nuestras conciencias nos los estaban dictando en forma de aviso, no estamos libres del destino ni de la muerte que conocen los seres de Arda. Por fin el destino me liberará de esta carga a un pesado precio… ¡Izilsurias! Amada esposa ¡Intercede por mí porque llega mi hora!
_ ¡Administra la llama de Orn que llevas dentro!_le recordó desde su interior una voz más allá de sus memoria.
[…]
Arestel llegó a las puertas, donde la batalla era más encarnizada. Se colocó el medallón en el cuello y desenvainando la espada se lanzó contra un elfo.
_ ¿Tú?_preguntó el eldar que momentos antes le entregase el Avath_ ¡Maldita sea! ¿Por qué tienes que ser tú?_pensó la mujer pues no quería enfrentarse a quien le había devuelto el medallón.
_Sí, soy Arestel Vanimeldë, Regente de Oron Oituillë, Primera Dama de la Orden de la Rosa y coronel de la compañía que ahora mismo os está atacando_ respondió.
_Debí sospecharlo ciando nos encontramos en el palacio. Pero veo que la pretendida retirada de Farothdin no era sino una manera de intentar despistarnos.
La mujer no pudo evitar sonreír ante tal suposición, más lógica que la real.
_Sólo quería recuperar el medallón_ aclaró para después continuar con el entrechocar de sus espadas.
[…]
Thelidor, que había sido herido de gravedad en la pierna, seguía luchando y daba órdenes a sus subalternos mientras buscaba con la mirada a su mujer. Tenía a su alrededor a sus dos guardias personales dando su vida por evitar una desgracia. Sin embargo eran muchas las espadas enemigas que daban la vida con tal de ser ellos los que pasasen a las canciones por acabar con alguno de los mas afamados héroes de Farothdin. Su vida por la inmortalidad de las leyendas…un precio caro pero por el que muchos se arriesgaban._ ¡Arestel!_gritaba el general con la esperanza de que su voz se levantara por encima del repicar metálico y los gritos de las dos hordas.
Y al fin la encontró, junto a la puerta, luchando contra un elfo. El general vio como, en un rápido movimiento, el eldar consiguió desequilibrar a la joven, hiriéndola con una profunda herida en el brazo. Thelidor azuzó a su caballo, y cuando estuvo cerca, descargó su espada en el hombro del elfo, pero en respuesta por tal atrevimiento, los arqueros dispararon al general que cayó al suelo con siete flechas en su torso. Arestel, al ver caer a su marido, se incorporó y corrió hacia él. Los arqueros no hicieron miramientos y cuatro saetas se hundieron en las entrañas de la mujer.
La joven consiguió llegar a rastras hasta su esposo.
_Perdóname, cariño_ y las lágrimas comenzaron a correr por su rostro, el dolor de su corazón sobrepasó al de las heridas. La muerte estaba próxima.
_ ¡Hemos ganado! ¡Dejemos que se retiren libremente!_anunció de improviso el elfo.
Sus miradas se cruzaron, y, Arestel, antes de sumirse en el reino de la oscuridad, le mostró, a través de sus ojos, la profunda gratitud que sentía hacia él.
[Editado por Eldin_de_Lorien el 11-10-2006 22:26]
Lempë Ohtari ha perdido 15 armadas x35= 525 puntos.
Recuperables: 525 puntos.
Valoraciones: 7.8+9+8.6+6.8+8.8 = 8.2
Recupera: 430 puntos. Los dirigentes han sufrido daños por el 45%, por este concepto recupera 157 puntos. Total recuperación: 612 puntos.
No pierde puntos.
Realengo de Farothdim ha perdido 23 armadas x35= 805 puntos.
Recuperables: 265 puntos.
Valoraciones: 7.8+9+8.4+6.4+8.1= 7.9
Recupera: 209 puntos. Los dirigentes han sufrido daños por el 185%, por este concepto recupera 647 puntos. Total recuperacion: 800 puntos.
No pierde puntos.
Lempë Ohtari percibe 300 monedas por la victoria en la batalla.
Realengo de Farothdim entrega 100 monedas a Lempë Ohtari por abandono de la batalla.
Compañías actualizadas y listas.