La Guerra de los Clanes

Historias, leyendas y batallas en las tierras olvidadas de Arda.

Edicion 3

Árador, Tierras de la Aurora

Finalizada · 19-03-2006

Historia Por Vida. Eirë Esteldor. Kelusse.

2006:10:08:07:49:06

Kelusse

Otra batalla había concluido. Kelusse había salido malparado nuevamente. Las heridas causadas por los enanos de Heren Fanyarëa eran graves, y su cuerpo había tenido que ser retirado del campo de batalla inconsciente y con un aspecto lamentable.

El traslado al campamento base en unas improvisadas literas se había hecho de forma veloz. Nyrath había aplicado sus extensos conocimientos de medicina para aliviar los tremendos dolores de Kelusse y del resto de heridos. Una incursión precipitada en los lindes del bosque había sido suficiente para encontrar las hierbas que curaban las heridas, aunque esa solución era provisional y la llegada al campamento donde Nyrath tenía los ungüentos necesarios era fundamental y urgente.

La compañía se encontraba en algún lugar del linde entre Taur Haldafernë y Taur Kalafernë y los elfos de la compañía admiraban aquel espléndido bosque. La canción de los árboles mecidos por el viento era como una canción de cuna que relajaba las almas de los guerreros otorgándoles momentos de paz y sosiego.

Los animales que habitaban el bosque observaban de forma tímida y desde sus escondrijos como la compañía integrada por elfos y humanos desfilaba con celeridad. Si alguien pudiera acceder a sus pensamientos sería divertido saber lo que éstas inocentes, en su mayoría, criaturas pensaba de aquel grupo de bípedos; mas nadie tenía el poder de comunicar con las mentes de los animales. Lo más cercano era la capacidad de comunicarse que algunos elfos tenían.

Los elfos no dejaban de observar el interior del bosque, dejando de lado el sendero que estaban siguiendo, buscando algunos pastores de árboles. Un bosque tan frondoso como ese debía tener algunos ents y los elfos no querían arriesgarse a topar con un ent enemigo, sabedores del tremendo poder que albergaban si se enfurecían. La fortuna se alió con la maltrecha compañía puesto que ningún pastor de árboles apareció, quizás no consideraban a esa cuadrilla lo suficientemente importante como para mostrarse.

Lo tupido del bosque era una auténtica bendición puesto que, como de todos es sabido, Heren Fanyarëa es un clan cuyo escudo refleja la unión entre el vampiro y el águila. Las copas de un bosque tan espeso como ese impedían que los ojos curiosos de cualquiera de los dos animales voladores pudiera espiar la ruta de los esteldili.

Periódicamente la compañía tenía que detenerse para tomar aire y reposar unos breves instantes. Esos instantes eran aprovechados para sustituir las hierbas medicinales que cubrían las heridas de los más desafortunados, entre ellos el capitán Kelusse, Duin Atta de Esteldor.

En uno de las frecuentes paradas se oyó el chasquido de una rama al ser pisada y romperse en varios fragmentos. Los soldados se pusieron en guardia y rápidamente desenfundaron sus espadas.

¿Cómo es posible? –pensaba el capitán de la guardia- Primero huyen al amparo y refugio de su ciudad y ahora nos atacan.

De entre la maleza apareció la “amenaza”. Se trataba de una mujer, con los años reflejados en las arrugas de su rostro y manos. Iba vestida con unos harapos que, años ha, debían haber sido bonitas capas de seda. Se presentó ante ellos con la cabeza cubierta con una capucha, si bien de inmediato se la quitó para tranquilizar a los nerviosos y amenazantes guardianes.

- ¡Sére! –dijo la recién llegada.

- ¿Qué ha dicho? –se oyó un rumor entre los humanos.

- Sére significa “Paz” –replicó un elfo. Esta mujer habla el lenguaje de los elfos, si bien ella no es uno de los nuestros.

- ¿Dónde se habrá metido Nyrath? –clamaron algunos.

- Está en el bosque buscando Athelas.

La desconocida observaba con ojos divertidos la escena. Esa compañía era un tanto anárquica. Si se la decapitaba, inutilizando a los capitanes, nadie tomaba decisiones.

- Elen síla lúmenn’ omentielvo.

Todos los elfos del grupo bajaron levemente la cabeza en señal de saludo ante las amables palabras de la mujer.

Un elfo llamado Ramus traducía las palabras a los hombres del grupo.

- Es un saludo, es la fórmula antigua de saludarnos. Significa “una estrella brilla sobre la hora de nuestro encuentro” –dijo Ramus.

- Tana firya maur yuldar lisse-miruvoréva –prosiguió la anciana.

- Ese humano necesita tragos de dulce néctar –continuó con la traducción Ramus.

Dicho lo cual, la anciana se dirigió hacia Kelusse. Nadie se interpuso en su camino, puesto que los elfos sabían que quien hablaba en el lenguaje antiguo no mentía.

La anciana sacó un pequeño frasco de entre sus ropajes y lo acercó a los labios del inconsciente Duin Atta. Apenas vertió unas gotas sobre la reseca lengua de Kelusse, éste tosió con violencia y abrió los ojos. Su rostro recuperó color e intentó levantarse.

La anciana le puso una mano sobre el pecho impidiéndoselo. Le dedicó una sonrisa.

- Lassi lantar laurie súrinen –musitó al oído de Kelusse por lo que no fue escuchado por nadie más.

- ¿Quién eres? ¿Qué quieres? –interpeló Kelusse.

La anciana puso un dedo sobre su pecho y dijo:

- Ydrial

Acto seguido se dio media vuelta y se dirigió al interior de bosque. Nadie se interpuso en su camino. Con un gesto ágil de su mano, se pudo la capucha y levantando la mano se despidió de todos. Fue como si se desvaneciera entre la maleza, puesto que la perdieron de vista.

Cuando Nyrath regresó todos estaban discutiendo acaloradamente sobre la naturaleza de la anciana. Los elfos la defendían con vehemencia, los hombres la tildaban de bruja; solo Kelusse mantenía silencio, postrado sobre la improvisada camilla hecha con troncos, ramas y follaje.

- ¿Kelusse, cómo es posible…?

- Mi buen amigo, Nyrath, no puedo explicarlo.

Tras un rápido examen Nyrath constató la enorme mejoría que Kelusse había sufrido de forma sorprendente; si bien vio que todavía estaba extenuado y que el reposo era absolutamente necesario para recuperarse completamente.

Las impetuosas órdenes que Nyrath gritó pusieron a todos en marcha hacia el campamento. Kelusse dormía de nuevo sobre la camilla y Nyrath hablaba con Ramus, quien se había aproximado al Nainir Antekile para relatarle todo lo que había sucedido.

En la mente de Nyrath toda la información daba vueltas, buscando una explicación. El diagnóstico de Kelusse había mejorado considerablemente a nivel físico; pero una sombra que iba tomando cada vez una forma más oscura crecía en su interior. Era un mal poderoso, pero que escapaba a las artes curatorias de Nyrath y de cualquier sanador. Esa batalla debería librarla en solitario el propio Kelusse y esperaba, por el bien de Esteldor, que saliera victorioso de esa lid.

La llegada al campamento se llevó a cabo sin más incidentes ni visitas inesperadas. Nyrath acudió a la tienda en la que Nowë se encontraba para relatarle lo ocurrido durante la batalla, la retirada de las tropas de Heren Fanyarëa, la visita de la misteriosa dama.

Ese punto interesó sobremanera a Nowë y solicitó más información al respecto. Hizo acudir a la vera de su camastro a Ramus, quién le repitió la historia nuevamente y recitó palabra por palabra todo lo que la anciana había dicho.

En la mente de Nowë toda la información daba vueltas.

“Así pues, las leyendas son ciertas y es aquí donde habita la misteriosa Ydrial…”

Naredhel Anariel

Los Valar otorgan una recuperación del 45% de vida para Kelusse.