Kelusse
En algunas ocasiones la vida te enseña algunas amargas lecciones. No es suficiente estar rodeado de personas para sentirse acompañado. La soledad puede acogernos en sus gélidos brazos sin importar la presencia física de acompañantes.
Postrado en su lecho, descansando después de la batalla, un soldado cualquiera reflexionaba:
“¿Qué sentido tiene esta guerra? Nadie se ha preocupado de explicarnos los motivos reales que nos han conducido a esta catástrofe. Nuestros dirigentes exponen razones de diversa índole que pueden explicar parcialmente lo que está sucediendo, pero que no son convincentes para obtener una visión global de la situación.
Razones políticas. Eirë Esteldor es el único territorio soberano de Árador que es una república. El resto de países son monarquías y, sobre todo, oligarquías. Se nos dice que los demás reinos no pueden tolerar nuestro sistema de gobierno, en el que el poder reside en el pueblo, ya que corren el peligro de que las clases subyugadas de sus respectivos reinos se rebelen contra el poder establecido o bien que deserten a una tierra que les ofrece grandes posibilidades de desarrollo. Únicamente Lempë Ohtari tiene la madurez necesaria para aceptar un estilo de gobierno diferente al suyo sin sentirse agredido.
El ataque sistemático a las ciudades esteldili hace menos atractiva esta posibilidad, arruinando Esteldor.
Razones económicas. La economía global que lo mueve todo. Una alianza en superioridad de cuatro clanes contra uno, absolutamente injusta, buscando financiarse de forma abusiva amparándose en una mayoría que aplaste al rival. Es una cuestión de tiempo que acabe imponiéndose el peso del cuatripartito. Las ciudades de Lempë y de Esteldor sufren asedio constante buscando los saqueos que les permitan mantener el ritmo de la guerra y enriquecerse a costa de las minorías.
Razones étnicas. Esteldor está integrado por seres de distintas razas, de naturaleza inconformista que han emigrado buscando un territorio donde puedan subsistir sintiéndose cómodos, con unos dirigentes de su agrado y no con unas familias instauradas en el poder permanentemente. Los clanes agresores no permiten que ciudadanos de sus propios territorios hayan emigrado y ahora luchen contra ellos.
Razones personales. Nunca se nos dio la opción de negociar. Desde el principio de los tiempos la alianza mayoritaria estaba forjada y fuimos declarados enemigos públicos. No existe ninguna razón lógica que justifique un ataque tan desmesurado y aplastante contra una minoría; tan solo se puede justificar por las enemistades personales que los dirigentes se tienen. Especialmente ásperas han sido con los dirigentes de Liantari Dimbar.”
La soledad, fortuita o inducida voluntariamente, nos lleva a viajar hacia nuestro interior y nos ayuda a dar forma a ideas inconexas, buscando las relaciones entre ellas y otorgándonos una visión más completa de la situación, estableciendo vínculos entre situaciones que, a priori, parecían no existir.
“¿Vale la pena morir por ello? Es la eterna pregunta que las milicias se hacen.
Cuando se pone en juego la propia vida nos podemos preguntar si entregando lo único que tenemos, que somos nosotros mismos, conseguimos algo.
En caso de derrota, el fracaso es total, puesto que poco importará si hemos luchado con orgullo y entereza; si hemos sido valientes; si hemos cumplido con nuestra obligación. Los vencedores sólo tendrán ojos para si mismos. Es una prebenda del vencedor el derecho de mirar a su propio ombligo. En todas las batallas el derrotado siempre ha sido olvidado.
En caso de victoria, el precio pagado siempre marcará si ha sido equitativo el coste de la guerra con los beneficios que otorga la victoria. No se tiene la certeza absoluta de estar haciendo lo correcto aun cuando se obtenga ventaja en buena lid.”
La soledad es mala compañera. Normalmente nos sumerge en profundas reflexiones que nos abocan a tomar decisiones equivocadas; suele inspirar pensamientos pesimistas y, en multitud de ocasiones, nos da una visión partidista de las situaciones. Por el contrario, es absolutamente necesaria ya que sin esos momentos en su compañía el ritmo de nuestras propias vidas nos impide pararnos unos instantes para reflexionar.
“Finalmente siempre se llega a la misma consideración. No luchamos para defender sistemas políticos, no luchamos por defender etnias, entonces ¿cuál es el motivo por el que luchamos?
Luchamos por nosotros mismos, luchamos por defender nuestros hogares, luchamos por defender nuestras familias y demás seres queridos. ¿Pero, eso es todo?
No puede ser todo, si fuera así una vez puestos a salvo dejaríamos la lid o, más sencillo todavía, huyendo del conflicto desmontamos el argumento.
Luchamos por rabia, luchamos por odio. Este razonamiento adquiere peso. ¿Es el ser humano, élfico, enano, hobbit, orco, huargo… de cualquier raza malo por naturaleza?
Me niego a pensarlo. Conozco a muchos soldados de diferentes razas y el mal no reina en su corazón.”
La soledad nos ayuda a aclarar ideas, pero también nos confunde. En algunas ocasiones nos lleva por senderos hacia la solución, en otras muchas ocasiones nos conduce por autopistas hacia la confusión más absoluta.
”¿Quiero recuperarme para regresar al conflicto? ¿Es el conflicto la batalla o es mi propio interior que se rebela?
Quizás sea esta la pregunta más difícil de responder. No me asusta la muerte, cualquier soldado la asume como propia y normal en el mismo instante en que empuñamos un arma. Los soldados portamos dos corazas, la coraza exterior, que nos protege de los proyectiles o mandobles enemigos, una coraza más o menos resistente dependiendo de su composición y de la composición del material que agrede: acero, mithril, hierro… Pero también tenemos que llevar una coraza interior, la que nos protege de nuestros propios hechos, del sentimiento que nos oprime cuando acabas de matar o de herir a alguien; porque todos somos conscientes que el ser al que estás hiriendo o matando es tu hermano, tu semejante y se mueve por las mismas motivaciones que lo haces tú. No somos diferentes.”
La soledad oprime con fuerza y nos arrebata la capacidad de respirar libremente.
”No quiero regresar, sí quiero regresar.
No quiero regresar, porque las motivaciones no tienen un peso suficiente para justificar semejante carnicería.
Sí quiero regresar, porque nosotros nos defendemos de ataques injustificados e injustificables.
No quiero regresar, porque quiero estar con mis seres queridos, esposa, hijos, padres, hermanos.
Sí quiero regresar, porque también tengo seres queridos que se están dejando la vida en el campo de batalla y no voy a traicionarles abandonándolos.”
La soledad es mi eterna compañera, aun cuando no sea grata. Es la amiga a la que todos queremos evitar, pero que necesitamos periódicamente.
Por fin, el soldado cae rendido y se sume en un profundo y reparador sueño. Cuando despierte todo tendrá un cariz diferente. Todos los pensamientos y reflexiones que le han visitado en las últimas horas, se verán con otros ojos, porque la soledad tiene eso, tiene una voz poderosa si la dejas hablar pero de una importancia relativa cuando la dejas pasar.
