La Guerra de los Clanes

Historias, leyendas y batallas en las tierras olvidadas de Arda.

Edicion 3

Árador, Tierras de la Aurora

Finalizada · 19-03-2006

Historia Por Vida. Lempë Ohtari. Sonyariel Lissë.

2006:10:08:08:55:42

Sonyariel Lisse

Luces y sombras… imágenes intermitentes, de una batalla perdida… una espada y los ojos de una loba que saltaba sobre la jinete, cayéndole el caballo encima.

Sus ojos reabrieron por algunos segundos… entre gritos de algunos soldados era llevaba de pies y manos antes de perder nuevamente la conciencia.

Abrió los ojos nuevamente y se vio en un camastro, los elfos ocupados en los heridos corrían de un lado hacia otro. ¿Estaba en el campamento? no tenía seguridad pero el dolor del abdomen era insoportable, el sudor de su frente caía confundiéndose con lágrimas de impotencia al recordar la masacre en el campo de batalla, cerrando nuevamente sus ojos.

Los médicos estaban inquietos, la herida de la pierna no era grave, fácilmente con algo de reposo podría sanar, pero la fuerte caída y la herida en el abdomen, preocupaba al elfo que caminaba de un lado a otro.

- Esta mujer en su estado no debía exponerse en batalla- murmuró un elfo a la vez que una dúnadan entraba presurosa.

- Señora Eleth, ¿usted aquí? – preguntó el joven al ver a la dama entrar después de un largo viaje.

- Me avisaron que tuvieron problemas, así que vine a ver como estaban las cosas. El senescal quería venir personalmente pero asuntos diplomáticos no le permitieron venir.

- Hay muchos heridos, y bajas considerables… La señora Lisse se encuentra también malherida.

- ¿Cómo? – la dúnadan se dirigió rápidamente buscando entre los heridos a Sonyariel. La joven La encontró durmiendo, pero su sueño era intranquilo. ¿Alguna pesadilla? ¿Los recuerdos de la batalla? No lo sabría hasta que se despertase.

- La señora durante el camino se ha estado sintiendo mal. El cambio de temperatura le provocó una baja en las defensas, ha estado afiebrada, pero a pesar de ello no quiso apartarse de la batalla. La dama es terca, no quiso escuchar, pero gracias a Eru ambos están bien

- ¡Siempre lo ha sido! ¡Terca como una mula! Eleth se quedó observándola, estaba pálida, y su rostro completamente mojado. Se acercó a una fuente y sumergió un paño en algo de agua fresca y le limpió el rostro. – Ay mujer... si se entera... musitó la joven, mientras la miraba absorta.

- Yo me quedaré un momento con ella, anda a ver a los demás deben estar necesitando más manos Le dijo al elfo, el cual asintió y salió de la tienda. La dúnadan se quedó pensativa a un lado de Sonyariel, no sabía si avisarle al capitán.

Aquel día transcurrió entre vendas y ungüentos, brebajes y hierbas. Entre su delirio Lisse recordaba sus viajes entre los bosques, las salidas a excursionar con Eleth y Vanadesse, una elfa y una dúnadan con quienes había compartido por algunos años, pero que por cosas del destino se habían separado. Recordó sus pequeños juegos, maldades y travesuras.

La juventud no tiene límites, mientras las responsabilidades no caigan encima. Entradas a escondidas a reinos custodiados con sólo el fin de probarse y burlarse de los guardias que salían como locos sin poder atraparlas.

- ¿Eleth? ¿Amiga? ¿Eres tú?... y mi...- la joven angustiada se acarició el vientre e intentó levantarse pero una punzada en su abdomen la detuvo.

- Si no quieres que rompa la silla en la cabeza, no te levantes de ahí cabeza loca - la dunadan esbozó una sonrisa. – no te preocupes está bien - Comentó Eleth mientras se acercaba a tomarle la temperatura.

- Ya ha bajado la fiebre, hace poco te cambiaron las vendas, el médico dijo que no iba a quedar gran marca, ni secuelas...por Eru Sonyariel trata de cuidarte tu sabes que ahora no estás sola... ¿Aún no le has dicho a Lórindol?

- No, aún no. No quiero preocuparlo. Además, no se si le diré. No quiero cometer los mismos errores de antes - comentó la joven con los ojos humedecidos, mientras acariciaba su vientre.

- Sabes que el no te haría daño, te quiere demasiado, además una noticia como esa no le vendría mal – le dijo con una sonrisa – Me encantaría verle la cara cuando sepa.

- Eleth... no - le dijo con seriedad en el rostro - Eleth... está aquí... Vanadesse musitó Sonyariel mientras cerraba los ojos por efecto de las hierbas medicinales.

Al tercer día desapareció completamente la fiebre. Las heridas ya no sangraban y gracias a los cuidados de los médicos y de su compañera de aventuras.

La joven al abrir los ojos, vio las luces matutinas rebotando entre las telas de la tienda establecida para los heridos en el campamento.

Se reincorporó y cubrió su cuerpo con una gruesa manta de pieles, y sin que nadie le viese se asomó fuera de la tienda.

La brisa fresca le acarició su rostro, sus cabellos ondeaban siguiendo el ritmo armonioso de aquella mañana, sus pasos la llevaron hasta la tienda donde se encontraban los aposentos de la maia de fuego.

Entró y se encontró con la dúnadan dialogando con la maia.

- ¡Pero que demonios haces levantada! - le espetó Miramar.

Sonyariel saludó con una sonrisa y se acercó a la joven –Espero no importunarles, ya me siento mejor, solo quisiera saber como se encuentra Vanadesse.

La maia, se encontraba sublime, no importaba donde ni con quien se encontrara, siempre brillaba con la belleza de un valar, y con la calidez que la caracterizaba.

La joven elfa se encuentra bien, conversé con ella un rato. Es una hermosa chica ansiosa de ayudar al reino Sonyariel. - La suave voz de la maia tranquilizó – Me dijo que os conocíais. Algo debe tener estas tierras que está produciendo tantos encuentros comentó la dama de fuego con una sonrisa mientras se retiraba de la tienda.

Sonyariel y Miramar se observaron, después de estar años separadas se volvieron a encontrar como compañeras de guerra. Ello era cierto. Extrañamente se habían tropezado tres amigas que no se habían visto en años. Recordó la circunstancia en que llegó a ver a Eleth en aquel río. A pesar del pasado se sentía contenta de reencontrarse con ella. Sentía que tenía otra vida, otra oportunidad, y en ese momento supo que debía pensar en el futuro... y en su presente.

- Amiga.

- ¿Si? – respondió Eleth.

- Es bueno saber que estás aquí.

Kelusse

Este personaje recupera un 35% de vida.