Kelusse
Fin Guerra: Heren Fanyarëa deja de Atacar
Armadas perdidas por "Heren Fanyarëa" = 16
Armadas perdidas por "Eirë Esteldor" = 18
Victoria para Heren Fanyarëa.

Historias, leyendas y batallas en las tierras olvidadas de Arda.
Edicion 3
Finalizada · 19-03-2006
2006:10:20:23:31:58
Fin Guerra: Heren Fanyarëa deja de Atacar
Armadas perdidas por "Heren Fanyarëa" = 16
Armadas perdidas por "Eirë Esteldor" = 18
Victoria para Heren Fanyarëa.
- ¿Quiénes son? – dijo Bohr.
- Son guerreros de Eirë Esteldor, una república del este.- le respondió Alsenot.
- Al sur de Amaurenori, sí, conozco, padre, pero quienes son ellos, cómo llegaron, por qué nos atacan, es eso lo que pregunto...- respondió el muchacho.
- Bohr, Arador está en guerra, hay enemigos en sus tierras, y aún ellos no los distinguen. Así como nosotros cercamos a la oscuridad en aquella región, ellos lo han tomado como un ataque malicioso a su pueblo. Atacando Sornosunë nos debilitarían, y han logrado alcanzar esta tierra.-
- Bien, pero... no podrán. Sornosunë es la capital de Heren Fanyarëa, padre. Heren Fanyarëa es protegida por la Unión... tenemos un propósito por el que los Supremos no desean que caigamos, así lo veo.- le dijo el humano a su padre, centinela de los Varna Rámar, nacido con el don de cambiar su forma de hombre a águila y de águila a hombre.
- Estás demasiado... místico, chico. Pero, estás a cargo, lo ha dicho el Laito Rawëin, y la reina está de acuerdo. Te he visto dirigirlos, y tienes mi voto... al menos por ahora.- Alsenot nunca había confiado del todo en su hijo bastardo, pero tenía fe en él, una fe que trascendía el día a día, una fe que estaba más allá de las ridiculeces que el joven cometía una y otra vez, algo quizás... místico.
- Bien, Señor, pretenden asediarnos. Las condiciones siguen beneficiándonos, así que,- meditó el ‘General’ Bohr - los expulsaremos de Fanyarëa.- dijo.
Fuera de las líneas del bosque fuerte que rodeaba la ciudad subterránea se plantaban obstinados los naíniri, seguían a la orden de Kelusse. Nyrath, astuto leal a Nowë, y ahora también una elfa felinesca, Serkiel, con el título de Duin Eldë, eran sus segundos.
¿Qué planeaban los naíniri que los seguían? ¿Pensaban penetrar en la ciudad con la mente o con sólo el espíritu?
Las fuerzas de Sornosunë se hicieron presentes. Del círculo de hayas que rodeaba el palacio profundo salió un águila que rodeó una y otra vez a su propio ejercito. Los humanos dotados de fuerza y destreza con las jabalinas. Los pocos naugrim que aún sobrevivían armados con sus propias creaciones de formas aparentemente caóticas pero fatalmente tajantes. Y los elfos, bien acorazados, con arcos y flechas ramalië. Además los aceros que colgaban de ornados tahalíes y las lanzas alistadas en la última línea.
Avanzaron sobre las fuerzas de la República de Esteldor. El águila rondaba sobre Hallen, la princesa Varna. Poco diestra en las armas. Pero con una alabarda dispuesta al frente. Ni en esa ocasión la muchacha tenía aspecto fiero, y poco sabía de movimientos dañinos. Todo lo que tenía eran conocimientos y poesía, en la mente y en el cuerpo. Pero estaría ahí, todos estaría ahí esta vez, y la próxima, y la próxima. Ya no había lugar a ceder.
La lucha fue terrible de nuevo. El ejército esteldili rodeó el círculo de Sornosunë. Esta vez las aves no intervinieron, fueron los mismos ramalië quienes tuvieron las virtudes de las aves, la destreza y la soltura del vuelo, la certeza y la fuerza del vuelo rasante. La crueldad de los vampiros, y la gallardía de las águilas. Y la Unión protegiéndolos. Lograron retrasar al ejercito rival fuera de las líneas de la periferia de la ciudad. Más allá.
No fueron pocas las bajas. El esfuerzo por cubrir los trescientos sesenta grados de atacantes fue tanto una ventaja para los arqueros como una demasiada exigencia para los enfrentamientos cuerpo a cuerpo.
Esteldor tuvo su oportunidad cuando el cansancio alcanzó a los ramalië. Pero fueron dos las armas de Heren Fanyarëa. Primero, Hallen levantó la voz como nunca lo había hecho, y recitó poesía, pronunció palabras conocidas por los Varna, por los Yárear, y también elevó unos veinte versos en la lengua de los Russan, también cantó poemas que sólo estaban en la Palabra, los escritos que nutrían a la religión de la Unión, unos que pocos conocían, y otorgó entre ellos bellos poemas de guerra y de paz que había aprendido de la cultura esteldili. Pocos atacaron a Hallen y los que lo hicieron lo hicieron con cierto respeto, en más de una ocasión con tanta indulgencia que terminaban vencidos. Sólo Kelusse intentó callarla con Swordwine, a pesar de que hirió el brazo con el cual sostenía la alabarda, la niña se las ingenió para portarla con la otra mano.
En el campamento más trasero de Esteldor, un águila descendió, cargando a un hombre cubierto con plumas y lana, nada más que un taparrabo, y algunos vendajes, debajo. Se presentaron ante la tienda de Serkiel. Solicitaron su presencia y los guardias hicieron lo suyo.
El Águila, corpóreamente humano, estaba allí, y Bohr Alsenotíada con él.
- Así que tú eres Sekiel, he oído de ti. – Bohr iba directo al grano.
- Y tal vez, por tu poco tacto, tú seas Bohr de Nestnwelath. Sé poco de ti, pero lo suficiente para reconocerte. – dijo la Duin Eldë.
- Bien. Kelussë no oye palabras sensatas. Mi rey me ha dicho que hablara contigo.- Bohr se detuvo un momento y miró a la elfa a los ojos. Retírense de Sornosunë, no hay nada más por lo que combatir. No tenemos ningún prisionero, y nuestra ciudad no es el lugar donde vuestra sensibilidad se necesita en estos momentos. Hay otras cosas que deberíais estar combatiendo para salvar a vuestro pueblo. – desató el humano.
Alsenot pidió permiso y se retiró caminando entre las tropas enemigas. Nyrath debería esperarlo para una revancha. Allí mientras combatían Nyrath con bravura, y Alsenot con su habilidad para transformarse instantáneamente, un traicionero enemigo escondido lanzó flechas que dieron en ambas alas de El Mártir.
- Serkiel del Oeste.- continuó Bohr.- Estoy débil, pero es lo que me corresponde estar aquí. Si hay una disputa se tratará diplomáticamente. Cumplo órdenes de Heren Fanyarëa. Retírense, no mueran lejos de casa. Esperaremos en el bosque circundante de nuestra ciudad capital. Ya es suficiente intrusión la vuestra aquí. Meditadlo,... Tíndomerel.
Cuando Bohr se internó por los bosques más allá de Sornosunë, solo y herido. Fue cazado como una bestia salvaje por una avanzadilla que lo siguió. Un hacha consiguió dar en su pierna, pero sobrevivió y recorrió el camino de regreso, a duras penas, escondido, pero llegó a casa.
Más tarde, Sornosunë volvería a dominar la batalla. Y cuando comenzara a encrudecerse y a penetrar en las entrañas de la confianza de las armadas de Eirë Esteldor, Alsenot daría la orden de retirarse nuevamente hacia el interior de la pared de hayas, flets y arbustos.
Si había una, la tercera sería la vencida.
La batalla había finalizado con idéntico resultado que la primera. Era la segunda ocasión en que las hordas de la segunda compañía de Eirë Esteldor intentaba traspasar las puertas de Sornosunë y era la segunda vez que las tropas que defendían la ciudad se habían refugiado tras los muros, algunos pensaban que de forma cobarde, rehuyendo la batalla, presos del terror que les inspiraba el tener el enemigo al acecho en las puertas de su amada capital.
El camino desde el campamento base de la compañía esteldili hasta las puertas de Sornosunë ya era conocido, puesto que ya era la tercera vez que era recorrido. Kelusse buscaba entre la maleza, mas no buscaba enemigos, ni espías, su objetivo era otro, la misteriosa mujer que había aparecido durante el regreso al campamento tras el primer asalto fallido. La búsqueda fue en vano, pues la anciana no hizo acto de comparecencia y entre la maleza tan solo consiguió vislumbrar algunos animales asustados y algunas alimañas, deseosas de capturar algún desperdicio lanzado por los soldados con el que alimentarse.
Nowë, se había recuperado de su dolencia, y había notificado antes de la partida hacia Sornosunë que su sitio no se encontraba en tierras enemigas. Debía regresar a Esteldor, para defender a nuestra amada Caras Aelin. Su lugar no sería cubierto y los mismos capitanes que abordaron el primer asalto serían los encargados de realizar el segundo, Kelusse y Nyrath.
El estado de ánimo de los soldados era frenético, pues era una compañía poco acostumbrada a encontrar serias resistencias, y, hasta ese momento, atravesar los territorios enemigos de Árador había sido tan fácil como cortar mantequilla con un cuchillo al rojo vivo.
La táctica adoptada por la compañía de Heren Fanyarëa se había mostrado muy eficiente, aun cuando enervaba a los dirigentes esteldili. Kelusse tendría muy claro que, estando en mayoría de soldados como estaban los enemigos, la retirada no era una opción contempable; sin embargo, esa técnica, que podríamos llamar como morder y correr, había dado unos resultados fantásticos.
Kelusse charlaba con Nyrath mientras se trasladaban hacia el campo de batalla, en las afueras de la ciudad.
- Nyrath, amigo mío, pase lo que pase en esta batalla, la próxima lid que debamos dilucidar no será bajo mi mando. Si desde nuestra capital no llegan órdenes en sentido contrario, cederé en tu persona el mando de la segunda compañía.
- ¿Qué ocurre, Kelusse?
- Estoy cansado. Soy un soldado al que se le ha cargado con un peso excesivo sobre sus espaldas. Mi mundo es mi espada y la batalla.
Nyrath calló pero no apartó la mirada de Kelusse. Su ojo clínico le permitía ver mucho más allá de lo que los demás veían. El abatimiento que se vislumbraba en el fondo de sus ojos era preocupante y Nyrath temió por la capacidad de Kelusse de llevar a buen puerto la misión que tenía encomendada.
Las tropas llegaron a las afueras de la ciudad. Los defensores se encontraban perfectamente pertrechados para la batalla y esperaban la nueva embestida esteldili. Los arqueros dieron la bienvenida con sus saetas a los recién llegados, que procuraban mantenerse a distancia de las flechas, esperando que los carcajes fueran quedándose libres de sus ocupantes.
Kelusse observaba. Algo en el ambiente le hacía estar intranquilo. Ese día una sombra se cernía sobre su alma desde que el sol había aparecido sobre el horizonte. Algo grave podría pasar.
Nyrath estaba atento a las indicaciones de Kelusse. Ninguna señal llegaba. La mirada perdida del Duin Atta no denotaba nada bueno. Nyrath gritó:
- ¡Duin Atta! Las tropas esperan vuestras órdenes.
Silencio. Un largo minuto transcurrió que a muchos se le antojó largo como una hora. De pronto Kelusse alzó un brazo y su voz sonó con furia.
- ¡Soldados de Esteldor! Esta ciudad no merece nuestro respeto. Sus habitantes la hacen indigna. Quiero que la arraséis.
- ¡Kelusse! –gritó Nyrath- ¿has perdido la cabeza? Lanzarnos al ataque será un suicidio.
Kelusse no oyó la pertinente súplica de Nyrath y ya cabalgaba desbocado hacia una muerte casi segura.
Los soldados le vieron partir y, en su interior, no vieron al capitán, vieron al compañero de batallas, vieron al soldado que había luchado hombro con hombro con todos ellos y, como un acto reflejo, salieron corriendo y gritando tras él.
Los rostros sonrojados de la ira, los ojos encharcados en sangre, las extremidades tensas y musculosas empuñando sus armas, los ánimos encrespados y las voluntades decididas a defenderse atacando.
Las hordas de Fanyarëa salieron al encuentro de la vanguardia esteldili y, al coincidir en el espació, un fuerte estallido sonó con vehemencia. Los gritos de los soldados de ambos bandos, las espadas al chocar entre sí, los escudos interponiéndose entre las armas agresoras y la débil carne.
Pero no sólo era evidente el ruido. La vista también se exasperaba por la fusión de los colores de ambos ejércitos, las enseñas de las diferentes familias hondeando en los blasones, el color rojo de la sangre al salir a presión por unas venas que, de sopetón, se habían visto expuestas al exterior al ser amputado el miembro por el que corrían.
Sonido y colorido. Olor. Se olía la rabia, la rabia de los esteldili con una misión clara, la rabia de los defensores que luchaban contra los posibles invasores. Se olía el miedo. Miedo a la muerte. Miedo al dolor. Tan solo los soldados que no había perdido la capacidad de tener miedo eran capaces de resistir la tensión acumulada sin perder los estribos y los nervios, llevándoles a una muerte segura.
Sonido, colorido, olor. Gusto. Gusto del sabor del sudor que corre por las caras de los combatientes, siguiendo el camino que marcan las comisuras de la cara hacia la boca. Gusto salado de la sangre que se vierte por todas partes.
Sonido, colorido, olor, gusto. Tacto. Contacto con el frío metal, con la cálida sangre, con el intangible miedo.
Todos los sentidos luchando frenéticamente para mandar los datos. Todos los sentidos desbordados por todo lo que estaba sucediendo.
En el plano terrenal, los cuerpos luchaban, caían, se alzaban de nuevo.
Nyrath se había embarcado en una batalla de la que difícilmente podría salir ileso. Los esteldili eran inferiores en número y Nyrath se vio superado rápidamente. Con su espada abatió muchos enemigos, mas el desenlace era muy incierto y, finalmente, fue herido de gravedad al ser alcanzado por una flecha y una certera espada.
Kelusse era un animal rabioso, cegado por la determinación, sabedor de que de esa batalla o se retiraban los de Fanyarëa o la batalla no acabaría hasta que uno de los dos ejércitos no fuera borrado para la eternidad de las tierras de Árador.
En su camino acabó con cuantos soldados, de diferentes razas se interpusieron en su camino. Un momento de duda apareció al ver una joven, aparentemente sin peligro, pero que recitaba y cantaba en una lengua antigua. La duda se dibujó claramente en el rostro del duin; mas pronto decidió acabar con ella al ver el efecto devastador que su voz tenía entre los esteldili.
No quiso matarla, tan solo herirla para hacerla callar, pues de todos es sabido que Swordwine, la espada de Kelusse, tenía un encantamiento que provocaba la muerte a quien hiriera si esa era la voluntad de su portador. El ardid tuvo éxito y la maldita voz calló, pero el esfuerzo que tuvo que hacer Kelusse fue inhumano y fue herido por un hacha y una espada desde su retaguardia.
Con sus últimas fuerzas, Kelusse gritó:
- ¡Esteldili! No rehuyáis la batalla. Sigamos hasta adentrarnos en el corazón de esta ciudad.
Tras el esfuerzo se derrumbó en el suelo, gravísimamente herido.
Los capitanes de Heren Fanyarëa vieron claramente que no vencerían jamás a los decididos soldados de Esteldor y ordenaron la retirada, aun cuando la batalla les estaba siendo propicia.
La batalla había acabado. Era el momento de recoger a los heridos. El camino de vuelta hacia el campamento se repetía de forma monótona.
El segundo asalto había acabado. El tercero tendría un nuevo capitán, un capitán quizás más afortunado.
Heren Fanyarëa ha perdido 16 armadas x35= 560 puntos.
Recuperables: 370 puntos.
Valoraciones: 7,14+8+8,4+9+8,2 = 8.14
Recupera: 301 puntos. Los dirigentes han sufrido daños por el 75%, por este concepto recupera 262 puntos. Total recuperación: 563 puntos.
No pierde puntos.
Eirë Esteldor ha perdido 18 armadas x35= 630 puntos.
Recuperables: 208 puntos.
Valoraciones: 8,14+8+9+9,5+9,2= 8.76
Recupera: 182 puntos. Los dirigentes han sufrido daños por el 130%, por este concepto recupera 455 puntos. Total recuperacion: 663 puntos.
No pierde puntos.
Heren Fanyarëa percibe 300 monedas por la victoria en la batalla.
Heren Fanyarëa entrega 100 monedas a Eirë Esteldor por abandono de la batalla.
Compañías actualizadas y listas.