Sulankalië
Otra aburrida tarde de pesca…
Redes, barcas, peces…era un ciclo sin fin que hacían de su vida una monotonía.
El chico suspiró resignado perdiendo su mirada en el río, al poco rato comenzó a silbar una vieja tonada de su aldea.
De pronto la vio…
Entre los juncos cercanos habia visto lo que parecía ser una mujer, se levanto torpemente de la barca entre nervioso y curioso mirando a su alrededor para cerciorarse si habían otros que pudieran ayudarle.
Estaba solo…
Así que haciéndose el valiente y ganado por la curiosidad remó hasta la orilla cercana cuidando de no golpear el cuerpo de la mujer, saltó a tierra y se acerco cuidadosamente.
Los vestidos le confirmaron que se trataba de una mujer, los cabellos largos y enlodados le tapaban el rostro, tenía la mitad del cuerpo fuera del agua, como si un instinto de supervivencia en medio de la inconciencia la hubiese llevado a buscar refugio en la orilla.
Ohtar era muy chico, pero haciendo acopio de todas sus fuerzas tiro de la mujer por los hombros hasta sacarla por completo del agua, se maravillo de lo poco pesada que le resulto la tarea, hasta que pudo verle el rostro…
- Es una Elda!.- exclamo sorprendido.
En la aldea de Andonen, habitada mayormente por pescadores era poco común ver a los elfos, quienes solo paraban por muy poco tiempo allí, aunque no habia antagonismo alguno entre ambas razas.
De pronto se escucharon voces que se acercaban a través de la espesura del bosque.
- ¡Aquí!.- exclamo agradecido el chico.- he encontrado algo!
Cuatro hombres altos de largos cabellos rubios surgieron de entre los arboles, por su aspecto bien podrían haber sido tomados por cazadores.
- Como ha caído al río?- pregunto el que parecía ser el jefe.
- No lo sé, estaba en mi barca… y de pronto la vi.- respondió Ohtar confundido.
El hombre se arrodillo junto a la elfa, estudiándola con ojo experto, aún respiraba pero muy débilmente, en el pecho tenia dos puntas de flechas profundamente encajadas, tenia los brazos y piernas llenos de moretones, el rostro alarmantemente pálido.
Un humano jamás habría sobrevivido a semejante herida, pensó el hombre.
- Volvamos a la aldea, Valandil sabrá que hacer.- ordeno decidido mientras se ponía en pie y tomaba en sus brazos el desmadejado cuerpo.
*****
Caminos brumosos, más alla de la realidad, las fronteras invisibles de los jardines de Lorien y las Estancias de Mandos.
Sulankalië recorre una y otra vez los mismos caminos perdida, extraviada…Lo último que supo de si concientemente fue estar entre unos brazos calidos…y una palabra, perdóname.
Todo esto parecía ahora tan lejano, a otro tiempo, y ciertamente a otra persona.
Una risa cavernosa, un manto negro…
Vaya, pensó Sulankalië, al menos tendré la oportunidad de escupir la cara de Namo.
Pero esta se desvanece en la bruma…
Ahora vislumbra claramente donde esta, es un jardín conocido por ella, y la risa clara que se escucha ahora…la ha escuchado antes.
Estë la amable la espera sentada junto a una fuente como otras veces, indicándole con un gesto majestuoso que se acerque.
La elfa obedeció, pero al acercarse más se detuvo horrorizada.
Un cuerpo de mujer tendido en los jardines, y el rostro que ve es el suyo, los cabellos son los suyos, sin embargo sabe que se trata de otra persona.
- Tienes razón pitya.- dijo la valier con su voz clara.- se trata de Miriel, ahora acércate, y acepta mi don.
Sulankalië mira fijamente el rostro de la elfa tendida, aparentemente dormido y luego a Estë.
- No quiero los besos que le negaste a Miriel.- contesta la noldo decidida.
- Descendiente de Fëanor, la hado cae sobre ti, y aún así rechazas mi don, ahora lucharas solitaria contra tu destino.- contesto la valier.- ahora retírate.
Las sombras de nuevo, pero esta vez hay algo luminoso al final de uno de los tantos caminos, parece ser el sol…es tan radiante como un silmaril, sus ojos se abren por fin, y contempla un techo desconocido.
- Buenos días.- reconvino una alegre voz desde un rincón.
Sulankalië trato de incorporandose de la cama, pero una infinita debilidad se lo impidió, volvió a intentarlo una y otra vez, hasta que suspiro sonoramente en señal de frustración.
- Llevas semanas inconciente, deberías descansar.-comento nuevamente el ser emergiendo de entre las sombras. Se trataba de un elfo silvano de cabellos rubios, con unos profundos ojos verdes cuajados de sabiduría y bondad.
- No necesito descansar.- contesto agriamente la noldo.- tengo que marcharme inmediatamente.
- Me llamo Valandil.- dijo el elfo cambiándole el temas mientras se sentaba a su lado.- soy un silvano, pero tus ojos brillan con la luz de Amán y todo tu porte indica que eres una calaquendi, ¿quién eres?.
- Sulankalië Morifinwërel.-
- Ya veo, una fëanoriana, es extraño que estés en esta parte de Arador, los noldor hace tiempo se marcharon.- dijo pensativo.- lo que es una mala suerte, de haber habido un noldo aquí tu sanación hubiese sido más acelerada, he hecho cuanto he podido.
- Es igual.- contesto la elfa con gesto cansado, de pronto los últimos acontecimientos se cernieron sobre ella y sus ojos se oscurecieron mientras sus labios pronunciaban un nombre…
Eru Andorya…
