La Guerra de los Clanes

Historias, leyendas y batallas en las tierras olvidadas de Arda.

Edicion 3

Árador, Tierras de la Aurora

Finalizada · 19-03-2006

Tavarcerta - Lo Que El Bosque Dirá

2007:03:07:00:19:44

Bohr Daedth

Nacido maia era Valandil. Eldar, Náredhel de Fanyarëa, Vanadessë y Venéscyth, Vanyar, Noldor y Nandor, respectivamente. De sangre mixta eran Darlak, Niëlúne y Thitoron. El resto eran "enfermizos", algunos del oeste, algunos de oriente... Sonyariel, Wethan Bohr, Alsio, Gakhan, Rialath y Eleth. Unos pocos otros, de nombres menos significativos, iban con ellos.

Encaminados desde Hon, cruzaron sin problemas las libres y refrescantes llanuras del noreste de Fanyarëa, y se enfrentaron al Taur Tasarion, espeso bosque de sauces. Allí descansaron. El clima estaba por ahora espléndido, y no había moros en la costa. Al contrario que en Amaurenori, esta vez todos sabían que estas no eran realemente buenas señales.

Entre ellos algunos apenas se conocían, otros tenían profundos lazos y algunos incluso no solían mirarse con buenos ojos. Pero todos eran arrastrados por el compromiso y el deber, o tal vez por la posibilidad de esperanza que rezaban la elocuente oratoria y los anhelos obsesivos de Darlak y Naredhel.

Se internaron en la mezcla de claros y sombras de las arboledas, y comenzaron la verdadera expedición. El primer objetivo era en pocas pausas llegar al Lintatuine...

[Editado por elessurendil el 19-10-2006 01:54]

Niëlúne Lambar

Caminaban con calma,no querían apresurarse pues no sabían aún lo que podían encontrarse.A la cabecera caminaba una guardia dispuesta por Náredhel,en el centro la Maiar y Valandil sumidos en lo que para ellos debía ser una intersante conversación.A ambos lados se dispusieron Darlak,Bohr y algunos otros compañeros.En la retaguardia estaba Niëlúne y junto a ella Gakhân.El humano vigilaba e iba borrando el rastro con la ayuda de la joven semielfa.Casi nadie hablaba,nadie se atrevía romper el silencio del bosque en el que se hallaban.Todos tenían los nervios de punta;después de la desagradable "estancia" en Amaurenori a ninguno les volvería a coger por sorpresa en caso de producirse un ataque por parte de quien pudiera habitar aquellas tierras,si es que las habitaba alguien.

Poco a poco fueron encontrando lo que parecían ser restos de alguna civilización olvidada.Había piedras de alguna muralla,algunos restos de cerámica trabajada,e incluso restos de una hoguera...

-Un momento-se detuvo Niëlúne-ésto no me cuadra.¿Qué pintan estos restos de hoguera en una ciudad abandonada y en ruinas?

-Eh,los de atrás,no os rezaguéis-gritó Bohr.

La joven se dirigió a paso ligero hacia el joven y le señaló la madera calcinada.Era reciente,unas pocas semanas nada más.

-Bah,ha podido ser cualquiera,recuerda que hay mucha gente perdida en todas partes,o han podido ser simples viajeros.

-Pero...no,no puede ser...-dijo casi en voz baja,tanto que Bohr casi no la escuchó.

-¿Qué sucede ahora?-estaba empezando a impacientarse.

-Nada,déjalo...-la joven guardó silencio-sigamos.

Había tenido una corazonada,presentía algo y no sabía el qué,sólo sabía que no era un buen presentimiento.Sabía que los refugiados de su pueblo habían estado allí pero,¿qué habría sido de ellos?

Bohr vio que Niëlúne seguía preocupada,así que por fin se decidió por hacer algo solo para que la joven se quedara tranquila.LLamó a dos guardias y les dijo:

-Adelantaos y haced una exploración por si hubiera alguien en los alrededores,venid corriendo si vierais algo extraño-miró a Niëlúne irritado-¿contenta?

La joven asintió y agachó la cabeza para ocultar su rostro ante el humano que la observaba.

Naredhel Anariel

Todavía no había amanecido cuando los viajeros partieron de Hón. La ciudad, extrañamente silenciosa incluso a esas horas de la mañana, no despidió a los viajeros. Simplemente se escabulleron en la mañana.

Al principio el viaje transcurrió rápido. Las llanuras que se extendían entre el Morehtsir y el linde del bosque de Taur Tasarion aún pertenecían a las tierras fanyarëanas. Eso brindaba seguridad.

Además, el camino se extendía mayormente llano, atravesando al principio ordenadas tierras de labranza, y después extensas llanuras de tierras verdes. Al mediodía habían llegado sin ningún imprevisto a los lindes de Taur Tasarion, y el grupo decidió hacer un alto para comer aprovechando la seguridad que les brindaba permanecer aún dentro de la seguridad de su propia tierra.

Cuando emprendieron el camino, se adentraron en el bosque, siempre en dirección norte, hasta encontrarse con las paredes casi verticales de Orod Endére. Siguieron su silueta hasta el nacimiento del Lintatuine, y a partir de ahí se desviaron ligeramente hacia el este, sin abandonar el bosque en ningún momento.

Se trataba de un bosque antiguo como pocos otros en Árador. Ancianos robles y hayas se extendían a su alrredor, con ramas enmarañadas que ocultaban sus entrañas de la luz del sol. Apenas había una senda trazada, quien sabe cuántos años antes, difícil de seguir en todo momento. No había brizna alguna de hierba. Sólo maleza, helechos y musgo, líquenes colgantes, y hojas muertas en una tierra enormemente fértil.

Finalmente llegaron a un claro en el bosque, y la luz del sol, aunque era mortecina, les deslumbró tras la prolongada oscuridad. A la derecha del extraño claro parecía seguir la senda, y hasta allí se dirigieron, mientras el bosque raleaba a su alrrededor. Cuando llegaron al final, las piedras grises que formaban las ruinas de Tavarcerta se alzaron ante ellos.

A primera vista no se distinguía apenas forma alguna que pudiera identificar edificio alguno, y la guardía enviada por Anariel anteriormente había establecido el campamento entre el bosque y las ruinas. A partir de ahí, ya sólo esperaba lo desconocido...

Rialath

Los miembros de la guardia había cumplido su trabajo, habían limpiado la zona de salteadores y bandidos, encontraron pocos y eran huidizos, pero a partir de Taur Tasarion, como le dijeron a Rialath que se llamaba el bosque que estaban cruzando no habían encontrado nada, ni tan siquiera pájaros, Rialath temió que algo poderoso estuviera actuando, pero no se hacía la idea de que, constantemente oía nombrar Amaurenori pero nadie le había querido contar nada respecto aquellas ruinas.

Las ruinas era extensas, al principio casi invisibles, meras rocas labradas que sobresalían aquí y allá cubiertas de musgo, en la ronda de inspección Rialath y los demás exploradores detectaron tres pequeñas hogueras, todas ellas recientes, bastante distanciadas entre sí, también habían hecho una exploración previa de la parte exterior del anillo de ruinas, tenían ordenes de no adentrarse en ellas. Un fuerte presentimiento cayó sobre Rialath, pero no le hizo mucho caso, estaba demasiado ocupado vigilando los movimientos de Alsio, que había hecho montar su tienda al lado de la reina "soy su mensajero" había esgrimido como excusa. Todas las tiendas formaban un círculo y en medio se preparó una hoguera, el campamento estaba en un lugar muy expuesto, pero también seria fácil ver posibles atacantes, aun así Rialath no estaba contento, pero poco importaba, era un soldado raso que no parecía contar con el favor de la reina, según se rumoreaba la reina lo había expulsado de sus habitaciones, nadie de los guardias le escuchaba, así pues Rialath callaba, observaba y esperaba.

El grueso de la expedición llegó al atardecer, demasiado tarde para iniciar la exploración en buenas condiciones, todos se apostaron en sus tiendas, los guardias estaban dispersos en sus posiciones, Naredhel en su tienda y Alsio, mirandola ansioso desde la suya. Tras la cena todos fueron a dormir, Rialath se quedó al lado de la hoguera, fingiendo que dormía profunda y plácidamente mientras esperaba que Alsio hiciera algo, estaba seguro que esa noche llevaría a cabo su intentona...

Alsio esperó a estar seguro de que todos dormían, bien entrada la noche. El fuego aun echaba sus últimas llamas y alumbraba una figura sombría, que parecía dormida. Alsio sonrió, nada podía fallar, había colocado a los guardias lejos, en posiciones inútiles en realidad para una posible defensa, nadie escucharía nada, la reina sería suya esa noche. Salío de su tienda sin hacer ruido y entró en la de la reina, le puso un cuchillo en el cuello, despertandola, y sonrió "no griteis". La reina no comprendía lo que estaba pasando.

Darlak Lórindol

Darlak tenía un sueño intranquilo, imágenes extrañas se mezclaban de forma aleatoria en sus sueños. Se despertó sobresaltado pero aún aturdido por los sueños que había tenido. Sonyariel estaba despierta.

- ¿No puedes conciliar el sueño? - le preguntó al tiempo que veía una sombra que no podía definir con palabras en el rostro de la humana.

- Darlak...tengo miedo.... - y sus ojos mostraron una expresión que él jamás había visto en ella. Veía a una joven atormentada, cabizbaja y preocupada.

Sonyariel había cambiado mucho desde que se había ido a vivir con Darlak a Mellon Vilya. Él lo había notado, ya no era la mujer despreocupada, valiente y decidida que había conocido. Sin embargo, él no sabía que es lo que pasaba por la mente de ella, pero tampoco se atrevía a preguntárselo.

- Ven aquí - dijo cariñosamente él al tiempo que la abrazaba.

- ¿Te resulta fascinante, verdad? - preguntó ella al rato.

- ¿A qué te refieres?

Sonyariel se retiro de él, había tristeza en su rostro.

- No puedo quitarme de la cabeza la imagen de Naredhel, la reina de este pueblo, mirándote el día del concilio. Tengo tanto miedo de perderte...

Darlak volvió a abrazarla. ¿Así qué era eso lo que le atormentaba?

- Creo que no te vas a librar facilmente de mí, mi guerrera. Tuviste la mala suerte de fijarte en mí - dijo él con una sonrisa.

- ¿Me quieres? - preguntó ella insegura, sin saber si hacía bien preguntandole aquello

- Te quiero tanto que no querría perderte. - lo había dicho, las palabras que tanto le costaban al semielfo decir las había dicho. Y era verdad pues sin darse cuenta había acabado queriendo a aquella mujer.

Al cabo del rato Sonyariel había conciliado el sueño y ahora dormía. Sin embargo Darlak estaba pensando. Su mente daba vueltas a un remolino de cosas, la situación de Lempë Ohtari y de Mellon Vilya, su relación con Sonyariel y ahora el viaje que habían emprendido aquel lugar inhabitado. Se preguntaba qué esperaba encontrar allí y temía que ocurriera algo parecido a lo que sucedió en Amaurenori donde la vida de Valandil estuvo en riesgo. Y no sólo la de él sino la del resto de viajeros que estuvieron en las ruinas. Finalmente volvió a caer en un intranquilo sueño.

El viento empezó a azotar la tienda de campaña de Sonyariel y Darlak haciendo que éste se despertara del frágil sueño que había conseguido concebir. Se levantó y salió al exterior donde la noche aún se hallaba envolviendo el bosque. Observó los árboles que empezaban a quedarse sin hojas, los observó detenidamente mientras intentaba reorganizar sus ideas que chocaban unas con otras en su mente confusa.

[Editado por aratir el 19-10-2006 19:49]

Bohr Daedth

El campamento... Wethan se mantenía subido a un caballo. Giraba en torno a todos esperando estar atento a lo que necesitaran. Esperando a que ninguno sufriera carencia o riesgo. Todos parecían dormir. Las tiendas diseminadas en el lugar emitían sólo susurros, él no dio a esta gente por despierta, 'los susurros son parte de la vigilia'.

La tienda de la reina sacerdotiza estaba poco más apartada, nada raro ocurría a la vista, Bohr no se preocupó tanto por ella, prefirió no molestarla. Quería cuidar a los otros, a los que pudiera sentir indefensos, aunque no lo fueran tanto... el muchacho necesitaba gente a la que cuidar.

Habían visto imágenes en el camino. No sabía si el impacto que le habían causado era porque le sonaron conocidas o por algo más, pero algo más que mera atención había encendido cierta llama en él. Además, estaba claro que no eran los únicos que merodeaban por el bosque, no había muchas señales, y Bohr tampoco se daba mucha cuenta, pero los que detectaban las pocas con las que se cruzaron se lo contaban. Y lo que decían era razonable.

El bosque... el bosque no era el habitat de Wethan, él prefería las montañas o los llanos abiertos. Aunque últimamente había le rehuído a los lugares donde se sentía cómodo. Sin pensarlo se estaba forzando a adaptarse a otros lugares, otra gente, otras ideas, adaptarse era algo que necesitaba para cumplir su visión y... no se lo diría a nadie, pero le agradaba.

El bosque era un lugar cerrado, sí. Pero estaba lleno de vida, y eso le hacía vibrar hacia todas partes, como podía hacerlo el viento en el claro. A las aves les gustaba el bosque, y el Varna se preguntó porqué. Tal vez era sólo donde buscaban su alimento, sólo donde tenían sus hogares, sólo donde paraban a descansar... y qué más quería alguien que tenía oportunidad de conocer el cielo que también comer, habitar y detenerse!!! El bosque era un hogar.

Bohr llevó el caballo hacia un árbol. Árboles, los elfos tanto los amaban como los talaban. Seres vivos condenados a no moverse poder moverse, pero sin embargo crecían, es decir, no se dejaban morir simplemente. No era que pensasen, como los humanos, pero Bohr entendía que los seres vivos no eran del todo inertes. Algo había por el que los árboles extendían sus ramas buscando el sol, y buscando al compañero, y haciendo lugar para los nidos y escondite para los roedores. Apoyó su mano en el fuerte roble, e intentó sentir si algo vibraba allí adentro, pero nada, sin embargo el contacto le transmitió seguridad. El árbol era algo noble... y vivían más que otros seres mortales, si así era es porque el espíritu que fuera que velaba por ellos había decidido que era importante que existieran. Wethan decidía respetar la decisión de ese espíritu superior. Alcanzó un rama baja y la sostuvo un momento, parecía un niño jugando con su amigo árbol, las hojas eran algo estéticamente simple y bello, y estaba lleno de ellas... arriba, y... muertas y secas debajo. Entonces fue a parar a otra cara de la corteza de ese miembro del bosque, y la ventisca hizo que en ese momento Isil se despejara y lo iluminara, allí, ese árbol tenía tallada la marca de los ramalië!...

Naredhel Anariel

No había sido un viaje agotador en extremo, pero el cansancio se sumaba a la agitada noche anterior, y al hecho de que había dormido bastante poco.

Su tienda era algo más lujosa que las demás. Una gran lona blanca, que caía de forma rectangular, apenas rota por una pequeña abertura en el centro de uno de los lados más largos. Por dentro se habían colocado enormes pieles que ayudaban a mantener el calor en el interior, que procedía de unas pilas de bronce labradas, que contenían ardientes brasas. El suelo también estaba completamente cubierto con una tela impermeable, y alfombras tejidas de gruesa lana.

Junto a una de las paredes más pequeñas, se había formado un rectángulo con maderas, y el hueco que formaba se había cubierto con plumas y pieles, formando una improvisada cama. El resto de la estancia contenía unas mesas de madera y sillas cubiertas de pieles también.

Anariel tomó una cena rápida sola en su tienda, constantemente interrumpida por el incesante trasiego de mensajeros. Los informes de la guerra no dejaban de llegar, ni siquiera en aquél lugar remoto del mundo. Finalmente retiraron los sobrantes de la cena, dejando sólo en la mesa una fuente con frutas diversas, una jarra de agua fresca y una botella de vino.

Se acercó a la entrada de la tienda y dejó caer una de las pieles que se hayaban plegadas sobre ella, cerrando de esta manera la entrada desde dentro. A partir de ese momento sabía que se habían acabado los mensajes. A partir de ese momento, disfrutaría de la soledad y del descanso.

Se quitó las gastadas ropas de viaje y cubrió su delicado cuerpo desnudo con un camisón blanco. Liberó sus cabellos de la larga trenza que los aprisionaba, y se sentó junto a la cama mientras los cepillaba con calma. Después, dejó el cepillo en una mesa, apagó los candiles dejando la estancia en la penumbra de las brasas, y se deslizó entre las pieles, quedándose dormida casi al instante.

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No debía haber pasado mucho tiempo. Su sueño era profundo pero algo la inquietó. Se revolvió entre las pieles un momento, y después abrió bruscamente los ojos. El brillo rojizo de un metal a la luz de las brasas la sorprendió. Después sintió su frío tacto en el cuello.

- No grites... - dijo una voz susurrante. Pero no la reconoció. Sólo cuando la figura oscura se movió y recibió de lleno el pequeño haz de luz que procedía de las brasas, vió el rostro de Alsio.

Aún semidormida como estaba, la conversación anterior con Rialath volvió a su mente. Ahora por supuesto se arrepentía de no haberle escuchado. De haber puesto su confianza en los suyos por encima de lo que la razón dictaba. Pero eso no la sacaría del lio en el que estaba metida...

Respiraba agitadamente y su pecho subía y bajaba rápidamente. Alsio la miró con una expresión inexcrutable, paseando su mirada por su cuerpo. Estaba inclinado sobre ella, quizás pensando en cuál sería su siguiente paso. Anariel dejó escapar un pequeño suspiro mientras trataba de calmar su respiración.

- Capitán... - intentó decir ella, si bien su voz sonaba insegura.

- Shhhhhhh - la acalló el poniendo el puñal con suavidad sobre sus labios - No digas nada. Sabes cuánto tiempo hemos estado esperando este momento... No lo estropeemos con las palabras.

Ella calló. Tantas guerras, pensó. Tanta sangre en sus manos mancilladas, y tantas muertes sobre su conciencia. Y ahora estaba asustada. Completamente a merced de la locura de su captor.

Alsio deslizó la mano libre acariciando sus brazos, su cuello, su rostro. Parecía ensimismado observándola.

- Tanto tiempo... Pero yo sabía que lo deseabas con la misma intensidad que yo, aunque no pudieras acercarte a mí. Tenía que ser yo quien diera el paso, quien se acercara a tí. Y el momento ha llegado...

- Capitán... - repitió ella. Pero él la interrumpió.

- No finjas más. Dí mi nombre. No hay nadie aquí ante quien tengas que fingir...

Anariel no entendía nada. ¿Acaso pensaba que ella había demostrado algún interés en él? ¿Qué podía haber hecho ella para que él pensara ello? Porque no recordaba nada... Había sido amable, sí. Ella era así. Con todo el mundo. No tenía por qué ser distinto con él. ¿Pero era esa razón a que él pensara que lo deseaba?

De repente algo se movió detrás de la figura del hombre. Rápidamente, Rialath entró en la tienda espada en mano, y se acercó hasta ellos antes de que Alsio pudiera siquiera reaccionar. Posó la punta de la espalda en la nuca del hombre, y éste se quedó tenso al momento.

- Sueltala - la voz de Rialath sonaba extrañamente tensa.

Anariel sintió temblar el puñal en la mano de Alsio. En la oscuridad no podía percibir qué se ocultaba en su mirada, pero sabía que la amenaza de la espada no sería suficiente. Quizás en su locura, prefiriera morir matando. Clavar el puñal en su pecho, y que después el dunadan acabara con su vida. Sus palabras se lo confirmaron.

- Llegas tarde, Rialath - dijo volviéndose hacia el otro hombre, pero sin dejar de apoyar el puñal en el pecho de ella - Ella ya es mía. Siempre lo ha sido, pero ahora se ha hecho realidad. Acaba conmigo si quieres, pero ella vendrá conmigo... Nuestra muerte nos unirá para siempre.

- Eso no es cierto - respondió ella, recobrando un poco la compostura. La llegada de Rialath le brindaba cierta seguridad - Será nuestra muerte la que nos separe para siempre, Capitan - remarcó la última palabra, consciente de la distancia que marcaba entre ellos - Porque mis pasos me llevarán más allá de Mandos, y de regreso a Valinor la Hermosa. Y los vuestros erraran en la noche, presos por siempre del destino de los hombres. Clavad vuestro puñal, y morid si así lo deseais, pero eso sólo servirá para separarnos para siempre.

Alsio dudó entonces. Sus palabras remarcaban el distinto destino de dos razas tan distintas. Pero la Unión que tanto tiempo había alimentado sus almas no podía cambiar su esencia. Unidos como hermanos, como un mismo pueblo, elfos y hombres debían saber que esa unión no podía transcender más allá de los designios de Ilúvatar. Eso era algo que los ramalië habían olvidado. Pero no su reina.

Durante un momento los tres permanecieron inmóviles, pero Alsio se incorporó bruscamente, intentando esquivar la espada de Rialath y atacarlo con el puñal. Ese fue su error. Subestimó la destreza del dunadan, al que no conocía demasiado bien. Apenas se sintió el movimiento de la espada, rápido y certero. Sólo el golpe seco de la cabeza de Alsio al caer cercenada de sus hombros y caer al suelo.

[Editado por Indil el 20-10-2006 01:39]

Rialath

Rialth se levantó al poco de que Alsio entrara en la tienda de la reina, desenvainó la espada, maldiciendose por ser tan lento, tenía que entrar ya o la reina recibiría daño, pues era evidente que no permitiría que Alsio la tomara sin más, debía impedirlo, nervioso por estos pensamientos entro en la tienda ordenando a Alsio que la soltase a la vez que colocaba la afilada punta de su espada, Serkenire, en la nuca de Alsio, consiguió a duras pensas controlar el temblor de las manos "¿habré llegado tarde?" esa pregunta le torturaba.

- Llegas tarde, Rialath - dijo Alsio volviéndose hacia el, por un segundo temió lo peor- Ella ya es mía. Siempre lo ha sido, pero ahora se ha hecho realidad. Acaba conmigo si quieres, pero ella vendrá conmigo... Nuestra muerte nos unirá para siempre.. "está viva..." recuperó la tranquilidad y la frialdad que le eran habituales.

- Eso no es cierto - respondió la reina, aunque no con total seguridad. - Será nuestra muerte la que nos separe para siempre, Capitán - remarcando la última palabra, como había hecho con Rialath hacía varias noches enfatizando su condición de Soldado, Rialath lo recordó bien- Porque mis pasos me llevarán más allá de Mandos, y de regreso a Valinor la Hermosa. Y los vuestros erraran en la noche, presos por siempre del destino de los hombres. Clavad vuestro puñal, y morid si así lo deseais, pero eso sólo servirá para separarnos para siempre.

Eran palabras sabias en el momento oportuno, Alsio pareció dudar, hubo un segundo en el que Rialath no se movió, quizás fuera posible no derramar sangre esa noche, pero fue una esperanza vana. Alsio se incorporó velozmente tratando de acuchillarle, Rialath suspiró resignado mientras con un simple movimiento, vigoroso y preciso, decapitó al desdichado enloquecido. Mas sangre manchaba ahora sus manos, Rialath no pudo evitar entristecerse cuando oyó el pesado golpe del cuerpo contra el suelo. Dio dos pasos atrás, se inclinó ante la reina y no sin cierta crueldad, quizás por el despecho creado por el desprecio sufrido noches antes:

- A su servicio, de un simple soldado- Enfatizó con desprecio esa palabra, del mismo modo que la reina noches antes, dio media vuelta y salió, allí fuera ´no había nadie despierto, todo había pasado sin que nadie alcanzara a descubrir los graves asuntos ocurridos, de no ser por Rialath, solo al dia siguiente habría sido descubierto el crimen. Rialath, al salir y ser golpeado de nuevo por un viento frio se sintió liberado de una gran carga, había pagado su deuda.

Báldor

En Laure Lopa cambió de embarcación. Ahora remontaba el río navegando en un pequeño barco de un mástil, de vela cuadrada, y diez remeros.

El viaje desde Eirë Esteldor duraba ya una semana y el tedio se había apoderado de Báldor que, indolente y distraído, jugueteaba con su daga, clavándola en la madera de la borda ante la mirada airada del capitán del barco (que se limitaba a maldecir en silencio).

El caballo del senador no parecía tampoco muy satisfecho: el cambio de sus cómodos y cálidos establos por esa tabla moviente no había sido de su gusto y lo demostraba golpeando insistentemente la cubierta.

Así pues, Báldor, aburrido y su caballo, nervioso (únicos pasajeros) se acercaban a las antiguas ruinas de Tabarcerta.

Kael Athas

En otro lugar...

Los dias pasaron...tras abandonar Anar cruzaron la provincia de Rogrant.Llegaron Sîrtal.Alli consiguieron una barca que les serviria para ir hasta Lingwilóce.Tras llegar al puerto cogieron un barco que le llevo al puerto de Lauro Hópa.

Gracias, al buen tiempo consiguieron llegar a Lauro Hópa en una semana.Desde alli irian a pie hacia Tabacerta.Partieron tras aprovisionarse partieron rumbo a Tabacerta.Ya en camino Sul intentó entablar una conversación con Kael:

-Oye en todos estos dias no te he visto sin esas capas...¿no tienes calor?¿no te has cambiado?

-Y eso que te importa niño...Pss que tu te cambies no significa que yo deba cambiarme asi que cierra la boquita...-Kael bajó el tono de voz.-Nos siguen.

-¿Cómo que nos siguen...? ¿Ein?No me entero...

-Tú calla y observa...son unos ladrones de poca monta.-dijo en alto provocando a los bandidos.

Los bandidos surgieron de unos arbustos.Los tenian rodeados:

-¿Ahora que?Te vamos a destrozar...

-¿Tú crees?-dijo Kael.-¿Puedes con la Serpiente roja del desierto?

-¿Angocarnë?-dijo un bandido asustado.-Mierda...jefe este tipo es peligroso...larguémonos...

-¿Que dices imbecil?Un niñato como tú y ese idiota desarmado contra diez hombres de Yurael....jaja no me hagas reir los vamos a destrozar...

-Basta.-dijo serio Kael.-No pienso ni desenvainar mi espada.¡Toma Sul!-le arrojó a Sul una espada envainada, su espada.

Kael dejo caer las capas y sacó una cadena. Pero era una cadena especial había sido forjada para Kael. Cada eslabón era como un arpón. Un arma para matar...la serpiente roja cuando se envolvía en sangre...la leyenda del desierto volvía a la vida mientras las marcas de Kael volvían a extenderse por su brazo .Ya llegaban a su mano. En su cara también se veían. Incluso su ojo izquierdo cambio. Era como el de una serpiente. Algunos bandidos ya estaban asustados.De repente Kael desaparecio.Aparecio tras un bandido y solo dijo:

-El primero.

Su cadena envolvio el cuello del bandido.Kael apretó.La cabeza del bandido cayó.Su sangre salpicó a Kael.Los bandidos se asustaron...:

-Jefe te lo dije este tipo es Angocarnë...Yo abandono soy muy joven para morir.-de repente el bandido se llevó la mano al corazón y le dijo a Kael.-¡Angocarnë!¡Te juro lealtad!

Kael observo divertido pero no se detuvo.El segundo,el tercero,el cuarto...siguieron sucediéndose las muertes.Le tocaba al lider de aquellos ladrones...Aquel seria la decima victima...se merece un trato espcial pensó Kael.

Kael aparecio a su lado y le susurró al oido:

-Ahora...¿que?¿donde están tus hombres?¿esas palabras que prometian mi muerte?¿dime donde estan?...¡Habla!

-No..no se.-dijo a duras penas la cadena de Kael envolvia su cuello.

-Muere.

La cabeza cayó, sesgada, con un ruido sordo.Entonces Kael envolvio el brazo del que le habia jurado lealtad:

-¡Jefe!¿Que haces?Ese te ha jurado lealtad.¡Dejalo!

Pero Kael estaba dispuesto a matar...Sul con los ojos humedos se lanzó y detuvo a Kael.Aquello refrenó totalmente a Kael:

-Perdon,niño.-Se agachó a quitarle la cadena y curar las heridas del joven que le habia jurado lealtad,Estaba llorando.-No llores más ya pasó...venga niño dejame curarte...

-¡Yo no soy un niño!

-Pss no tendras más de 25 años...eres un niño...

-¡No!¡Eso no!¡Lo que digo es que soy una mujer!Y tengo 21 años no me eches más...

-No me lo creo....

-¿¡Que no!?

El joven(o la joven) se levantó y se quito las ropas viejas.Bajo esas ropas se ocultaba una figura esbelta de una joven.Era simplemente...hermosa.No tenia ni demasiado ni poco.Su pelo negro caia en una melena sobre la espalda.Sus ojos eran verdes como los de Kael.Sul se quedó embobado mirandola...:

-¡Wow! Que guapa....jeje

-Si que eres hermosa.-dijo Kael.-Venga...si quieres venir con nosotros vale por mi¿Qué opinas tú Sul?

-Si si que venga...

-Bien pues vendras con nosotros...vamos a Tabacerta-dijo Kael.

-Pues vamos...

Los tres continuaron el camino adentrandose en la ciudad....

Niëlúne Lambar

La noche transcurría lentamente,eterna...Niëlúne no conseguía conciliar el sueño y daba vueltas en el jergón sin poder cerrar los ojos y entregarse al anhelado descanso.

Había cosas que no tenían sentido,¿dónde estaban los refugiados?¿serían de ellos los restos de hoguera que encontraron?Tenía buenos amigos entre ellos,no saber qué había podido pasarles le atemorizaba.Bohr no era de gran ayuda,su reticencia a intentar entenderla la enfurecía sobremanera.

La tienda en la que la habían instalado empezaba a parecerle demasiado pequeña,las paredes de lona se le echaban encima y se sentía agobiada,le faltaba el aire.Salió de la tienda para tomar el fresco.El otoño había llegado hacía días y el ambiente estaba húmedo y frío;el vello corporal se erizó bajo la ropa y se abrazó a sí misma para darse calor-"debí coger algo de abrigo"-pensó,pero le incomodaba la idea de regresar ya a la tienda.

El campamento estaba en silencio.Sólo los animales nocturnos rondaban en los alrededores haciendo sus vidas,campando a sus anchas y sin temor a nada.

Siguió caminando durante un rato hasta que el frío la derrotó y se decidió por regresar e intentar dormir un poco.De repente algo extraño sucedió,algo se movió detrás de ella entre la maleza.La joven dio media vuelta asustada intentando atisvar qué sucedía.

-¿Qquién anda ahí?-el frío era cada vez más intenso y no paraba de tiritar.

Otro movimiento fue su respuesta,lo que hizo que se asustara aún más.

-Por favor,seas quien seas,¡sal de una vez y da la cara!-su voz era firme,o por lo menos todo lo firme que podía salir de sus labios pues la realidad era que estaba aterrorizada,pero no lo demostraría.

Otro movimiento más entre las hierbas fue la respuesta pero,esta vez,algo cambió;de momento alguien asomó su pequeña cabeza por entre los matorrales,y al ver a la joven asustada se incorporó y se la quedó mirando.Tenía intensos ojos azules y el pelo largo y castaño,sus rasgos eran suaves pero los de un niño,sus orejas...¡sus orejas eran puntiagudas!,era...era un elfo.

La joven no salía de su asombro,justo en frente de ella se encontraba un joven elfo,no podía tener más edad que ella,pues aún su aspecto era el de un niño pero,¿qué hacía allí un niño elfo en medio de la nada,a esas horas de la noche en la que ni siquiera los animales se atraven a salir de sus madrigueras?

Niëlúne lo observó entre curiosa y extrañada,al verlo bien lo comprendió.

-Un momento,yo te conozco...¡No,espera!¡No corras!-el niño salió corriendo para volver a ocultarse entre la espesura y la joven salió en su busca-¡Hilaran,no corras!,soy yo,Niëlúne...Hilaran...-la joven perdió el rastro del niño y sin darse cuenta fue a parar a un claro del bosque en el que no había estado antes.Se detuvo para reconocer el lugar pero no tenía recuerdos de ese sitio.

-¡Hilaran!-gritó sin hallar respuesta.

Desistió en su búsqueda-por el momento-y pensó que lo mejor sería volver al campamento y avisar a alguien de lo ocurrido.Tal vez a Darlak,o a Bohr...aunque a éste último se resistía en pedirle ayuda pues se imaginaba su respuesta.Se encaminó al lugar por el que había entrado y cuál fue su sorpresa al descubrir que el paso estaba cerrado.Intentó buscar la salida pero no la halló por ningún lado,parecía como si los árboles la hubieran encerrado allí a posta.Por un momento sintió la vida que emanaba del bosque,sintió su respiración,sus latidos.Sí,definitivamente y por alguna extraña razón que no alcanzaba a entender,se había empeñado en hacerla su prisionera.

-¡Socorro!-gritó desesperada,pero la única respuesta que encontró a sus súplicas fue el silencio,un extraño silencio el que reinaba en aquel claro.

Darlak Lórindol

Ajeno a lo que había sucedido en la tienda de la reina y de lo sucedido a la joven semielfa, Darlak vagaba en la oscuridad un poco iluminada por los rayos tenues de Isil. Fue entonces cuando encontró a Bohr, sentado al pie de un viejo árbol. Jugueteaba con una rama pálidad y muerta. El semielfo se sentó al lado del humano.

- Todos duermen menos tú y yo. - el semielfo sintió el frío viento en su rostro. Al rato volvió a hablar.- Este silencio nocturno me inquieta- dijo Darlak al tiempo que tomaba una rama caída que la luna iluminaba en ese momento.

- Sí, yo también estoy intranquilo. - dijo él que seguía jugueteando con la rama.

A Darlak le resultaba peculiar aquél hombre. Era joven y a ratos daba cuenta de una gran inmadurez y tozudez, recordó los días en los que estuvo hospedado en Yävetil y el revuelo que causó en la ciudad ohtari. Sin embargo, otra veces Darlak notaba en Bohr muestras de una madurez inapropiada para su edad. El semielfo aún no había conseguido intimar totalmente con el humano, no sabría decir si por pertenecer al pueblo que Darlak tanto odiaba o porque no se había dado las circunstancias idóneas. Aunque sabía que Bohr era diferente a los miembros de su casta que había tenido la mala suerte de conocer durante su esclavitud hacia tanto tiempo ya.

- ¿Hemos hecho bien en venir aquí? - preguntó al rato Darlak

- No lo sabemos pero hay algo que no logro entender todavía, Darlak. Sé que has estado investigando sobre ese supuesto reino antiguo, que has leído sobre las ruinas de esta ciudad. Pero no entiendo por qué, temiendo al peligro que pueda verse inmersa tu gente, te has embarcado en esta expedición arrastrando contigo a aquellos a quienes quieres. ¿Qué pretendes encontrar aquí?

Bohr tenía razón y Darlak era consciente de que había algo más que le había empujado a viajar al oeste. Por eso se hallaba tan inquieto, por eso su alma se debatía en pensamientos oscuros. Si algo le sucediera a alguno de sus amigos, Darlak no se lo perdonaría jamás.

- No lo sé realmente - dijo sin más.

Bohr se levantó entonces e indicó a su acompañante a que hiciera lo mismo. Rodearon el árbol y el humano espero a que la luna irradiara algo. Cuando lo hizo Darlak vio un símbolo tallado en la corteza.

- Lo he encontrado antes...la marca de los ramalië.

- ¿Qué puede significar? - preguntó Darlak.

Fue entonces cuando les pareció oír un ruido lejano traído desde por el viento...

¡Socorro!

[Editado por aratir el 20-10-2006 21:56]

Elêth Niramar

Mientras tanto Elêth, ajena a todo, paseaba por el bosque con tranquilidad. Aunque solía negarlo, realmente disfrutaba paseando por los bosques, pues le recordaban aquél tiempo en que pareciera que el tiempo no pasaba.

Lejos estaba ya para ella aquel tiempo, penso con la cabeza gacha, aunque con una sonrisa nostálgica, mientras regresaba al campamento. Llevaba en la mano una pequeña piedra con la que se había distraído jugando durante todo el paseo y había conseguido mantenerla despierta. Tiró la piedra en alto mientras bostezaba, lo que la hizo concentrarse más en el recogerla que en el sueño. No tenía que dormirse, puesto que pronto le tocaría guardia, y de todas formas ya había dormido lo suficiente. Aun así decidió ir dónde tenía sus cosas junto al fuego para leer un poco mientras se mantenía caliente.

Mientras se dirigía allí vio una figura de pie en medio del campamento. Le pareció extraño aquello, aunque la silueta le era conocida. Motivada por la curiosidad, se acercó más. Reconoció entonces a Rialath, a quien conociera en Hón en una noche de insomnio. No pudo evitar sonreir al recordar lo absurdo de aquella situación. Había aparecido junto a él medio durmiendo y ni siquiera lo había visto... lo mirara por donde lo mirara era ridículo... pero divertido. Había sido una noche fría y él, muy amablemente le había dejado su capa... después de aquello no lo había vuelto a ver.

La capa! Por supuesto, debía devolversela... la guardaba para eso en su equipaje... la dúnadan pensó que aquella podía ser una buena oportunidad. Quien sabe si volvería a verlo, siendo como eran los viajes en los que se embarcaba cuando seguía a su capitán.

Decidió avisar primero al joven de su presencia, pues se sentía espía. De modo que le lanzó la piedra cerca, para hacerlo reaccionar. Rialath ni siquiera se inmutó.

- Vaya... o está sordo... u hoy no soy yo la que duerme con los ojos abiertos -dijo Elêth con una sonrisa mientras, sin darle importáncia iba en busca de la capa.

Cinco minutos después la capa caía sobre Rialath empujada por la fuerza de la joven, sobresaltándolo a él de tal manera que cayó al suelo, llevándose a Elêth detrás, pues todavía sostenía la capa. La dúnadan empezó a reir sin poder aguantarse al ver que, sobresaltado, Rialath había ido a defenderse con lo primero encontrado, la piedra que minutos antes ella le había tirado.

- Jajajaja, oye, si vas a atacarme, al menos deja que primero te de las gracias por salvarme de un resfriado -dijo todavía entre risas, que augmentaron al ver como Rialath intentaba sacarse de encima la capa, que todavía le tapaba la cara.

Rialath

Sumido en sus pensamientos se había quedado allí enmedio, de pie, de pronto sintió un empujón y todo se volvió oscuro, cayo al suelo y tomó lo primero que encontró a mano, una piedra, para defenderse, luego una voz familiar y una risa clara y sincera, rialath se tranquilizó:

- Esto... de nada, Elêth, verdad?- nada mas librarse de esa capa se topó de frente con el rostro de la bella dunadan- hoy no pareceis dormida...- Rialath eestaba mas bien ausente, sus pensamientos ahora se debatian entre la dunadan y en tomar la decisión, la importante decisión de que hacer, ahora que estaba liberado de su propio juramento, ¿permanecer en fanyarea o partir? pero al ver el rostro de la joven sacudió de su mente esos pensamientos, podía esperar a mañana. Reavivó el fuego y se sento junto a él, ofreciendole un sitio a su lado a Elêth.

- ¿que os parece el campamento que os hemos preparado?- Rialath ya había olvidado completamente que acababa de matar a Alsio y que aún el cuerpo estaba en la tienda de la reina, con ella dentro. Se sentía cómodo. Y contento cuando Elêth aceptó la invitación y se sentó a su lado, tan cerca que pudo sentir su aliento...

Bohr Daedth

Darlak y Bohr montaron y fueron hacia donde habían oído el grito. A pocos metros, al límite del campamento, estaba Niëlúne desesperada, pero sola e intacta.

- ¿Que te ha pasado, Niëlúne? !Dinos, hacia donde!- dijo Darlak.

Bohr la observaba, a pesar de que ella, por algún extraño motivo, creía que merecía una atención distinta del príncipe Varna, él sentía un profundo afecto, ella había sido la única mujer que había quedado de la hermandad del Luntë I Narier, y Bohr tenía la extraña sensación de que podía sentir lo que ellos sentían. Se conocían mucho el espíritu uno a otro. Entonces Bohr observó el lugar, callado, aquello que Darlak preguntaba él lo intuía. - Algo... - dijo.

- Sí...!!- Niëlúne se refrenó antes de volver a hablarle a su amigo con entusiasmo. Quería darle una lección de indiferencia. Entonces se dirigió a Darlak. – Creo que vi a alguien... alguien que no es de nuestro grupo, pero que conozco... y que algo más estaba tras el, o... – Ella aún estaba en shock.

- Tranqulizate mujer.- le dijo protectoramente el humano. –Nada te pasará, puedes creer que no dejaré que nada te pase.-

- Parece que ambos entendéis algo que a mí se me está escapando... ¿Podrían explicarme que es lo que tenemos que perseguir?

- ...– quiso decir ella.

- Darlak, no estamos solos, eso es seguro. Niëlúne se cruzó con alguien que también ronda el bosque, no sé si peligroso o no... aunque también hay algo más, algo que ella no comprende, ni yo, pero que no le pareció tan símpatico como yo.- Bohr hizo entresonrió para distender a la muchacha y al caballero.

Darlak, acompañó la gracia, pero continuó. – Entonces tendremos que profundizar... no me gusta que haya cosas que alguno de nosotros no comprende, y sin embargo, mis investigaciones... tal vez haya una relación.-

...

Al parecer fue una casualidad. Pero mientras Niëlúne se sobresaltaba, en otra parte, la cabeza de Alsio era desprendida de su cuerpo. Algún místico podría creer que ambos hechos sucedidos en el mismo instante estaban señalabando algo, pero por el momento, ninguno de la expedición relacionó nada.

Todos se despertaron, y tanto unos fueron hacia el lugar donde se oyó el gemido cómo hacia donde Rialath caminaba limpiando su espada ensangrentada, con Naredhel detrás. La medianoche había ya pasado hacía rato. Bohr montó disimulando su desesperación hacia todos, moviéndose hacia uno y otro lado con calma, y observando a cada uno a los ojos. Por ahora al menos, se auto-ungía como protector.

Entonces caminó por cerca de la extraña humana que sabía compartía “relaciones estables” con Darlak. La observó y se sintió mareado. Cuánta turbulencia ella le expresaba, aunque sin manifestación particular. Sentía amor y miedo, y un sentimiento más... más primitivo, menos complejo, pero no, no era ella... aunque provenía de ella.

- ¿Qué ocurre, niño? Te has quedado observando a mi amiga demasiado tiempo.- le dijo Vanadessë, noldor, cómo los elfos con los que Bohr solía no entenderse.

- Señora Avanessë. Lo siento. Fue necesario... creo.-

- ¿Necesario mirar así a Sonyariel? ¿Qué extraña necesidad es la que te mueve, jovencito?-

‘Jovencito’, ¿Cuántos años tendría la elfa? ¡Ridículos seres a los que no podía descubrirseles la edad!

-¿Necesita algo, su eternidad?- le retrucó Bohr ofendido, haciendo incapié en la “vida eterna” de los quendi. Pero la observó y vio que la señora tenía cierta majestad, que no merecía su ironía, y se retractó. – Disculpe, Avanesse, no he podido dormir, y esto... – Muchas cosas habían pasado en poco tiempo. Wethan, como prefería hacerse conocer, presumía que, otra vez, en este viaje, sobrevivir sería peor que dejar de existir.

[Editado por elessurendil el 21-10-2006 06:57]

Vanadessë Nissëlor

-Veo que todos estamos insomnes- dijo la elfa mientras sonreía.

-Ni por muy largo que sea el viaje y ni todo el cansancio que tengamos, nos permite conciliar el sueño... creo que éste bosque tiene algo más que árboles y vegetación- la elfa dió un suspiro.

A pesar de querer dormir y sentir la necesidad de hacerlo, no podía abandonarse al sueño. A veces pensaba que era mala idea seguir a sus compañeros y haber congelado un amor clandestino que otrora le hacía feliz, mas no se arrepentía de emprender aquel viaje, que si bien no tenía un objetivo fijo, le hacía sentir que algo le deparaba el destino en tavarcerta.

<<Qué estarás haciendo ahora...>> Vanadessë recordaba los momentos que había sido plenamente feliz y añoraba volver a vivirlos.

-Ha dicho algo, señora?- la voz de Bohr la sacó de sus recuerdos.

-Eh?, no... nada, sólo pensaba en voz alta- dijo la elfa al tiempo que se cubría con la manta que había alcanzado a coger minutos después del pequeño alboroto que había acabado con el intento fallido de dormir un poco.

Elêth Niramar

- Bueno... -empezó a contestar Elêth a la pregunta de Rialath con una sonrisa. -El suelo es duro... pero yo tenía una manta que utilizar de almohada... así que no tuve problemas... solo espero que el proximo tenga un suelo más blandito porque, ya ves... encontré al propietario de la manta y me quedé sin cojín -dijo, mientras miraba alegre el fuego. De repente su semblante cambió por uno más serio.

- Siento... siento el susto de antes. Imaginaba que os daríais cuenta de mi presencia... no... no esperaba sorprenderos así. De verdad que siento el sobresalto. Solo me alegré de veros de nuevo y... olvidé... olvidé que seguramente teníais cosas más importantes en las que pensar como para ser conscientes de que una dúnadan que el día que os conoció ni siquiera se había percatado de vuestra presencia quería devolveros la capa.

Rialath quiso hablar entonces. Parecía debatirse entre disculparse a la joven o disculparla a ella... Elêth habló antes de que Rialath alcanzara a decir palabra.

- Pero bueno... eso ya no importa... -dijo mirando al cielo. -Es la de hoy una bonita noche, no creeis? Y fría... como la otra... aunque en cambio a mi esta vez el frío me hace sentir viva... pero vos pareciais preocupado antes. Espero no haber interrumpido algún pensamiento importante... -dijo vacilante. Aunque quería negarlo, todavía se sentía culpable por el sobresalto. Había sido divertido mientras pasaba, pero ahora que ya se habían calmado las risas del primer momento sentía que quizas había llegado en mal momento, a pesar de que Rialath parecía mucho más animado que antes.

Rialath

- No os preocupeis por sacarme de mis laberintos interiores... de hecho te lo agradezco, necesito... necesito no pensar en ciertas cosas, no ahora, mejor mañana, con la luz del sol que quizás haga que sean menos lóbregos... pero no deberías pasearte a solas lejos del campamento y de noche, independientemente de cuales sean tus habilidades... en la exploración inicial vimos rastros de presencia viva aquí y... algun mal esta operando, lo siento, nos vigila como un predador vigila a su presa... algo peligroso. Y ese Alsio... - volvió a su mente ese personaje, no sin rabia continuó- !ha apostado deplorablemente a los vigías! Aunque ya no lo volverá a hacer...- el último comentario escapaba a la comprensión de su compañera, pues como es lógico aún no sabía lo ocurrido instantes antes. - ¿Me acompañas? Voy a reubicar a los centinelas y a pedir a alguno de ellos que limpie cierta basura de la tienda de la reina...

Elêth Niramar

- De acuerdo, será un placer para mi acompañaros -dijo Elêth con una sonrisa. -Y... bueno, se que no es seguro pasear sola por los alrededores... más si decís que los centinelas están mal colocados, pero... ya intentaron matarme, poseerme y controlarme... y también meterme mano sin mi permiso! -dijo riendo, recordando lo ocurrido en Amaurenori. -Creo que ya es difícil que me pase nada más... aunque... bueno, siempre va bien tener un poco de intriga en la vida. De todas formas, si algo aprendí es a no tener miedo... Así que intento asustarme lo menos posible... se que hay algo raro por aquí... pero intento no pensar en ello... lo que tenga que pasar pasará... y me estoy acostumbrando demasiado a las cosas raras. Así que simplemente dejaré que pase y intentaré que no afecte mucho a mi vida... o al menos no de forma negativa. Y como es que dejasteis que se ensuciara la tienda de vuestra reina? No sabeis que una reina siempre debe estar rodeada de limpieza? -preguntó inocente la dúnadan, por el simple hecho de mantener conversación.

Bohr Daedth

...No todos debían morir. Los asesinos lo sabían con perversa exactitud...

Doscientos cuerpos, de apariencia humana, ciegos, sordos e insensibles, descerebrados podría decirse, aunque con una capacidad para captar el movimiento y una precisión impresionantemente veloz.

Los niños eran aprisionados hasta alcanzar la edad en que podían ser 'convertidos', los elfos, incorruptibles simplemente eran mantenidos prisioneros.

Dentro de las cuevas, dos trolls enormes se escondían para cazar o destruir cualquier cosa que pasara cerca. Cuando los trolls cayeran sobre, aquella docena de gente pura intentaría derribarlos, no tendrían tiempo de hacer eso y detener a doscientos asesinos a la vez. Era el único objetivo de sus perdidas vidas, y el único anhelo por el cual persistir. Pero dejarían que se relajaran unos días, así serían mejor presa. Orod Endére los cobijaba.

... No todos debían morir, algunos estaban en los planes del contratante, y algunos estarían ya a sus órdenes...

[...]

- Ese tipo no me gusta, Wethan.- decía Thitoron II.

- No sé porqué te parece eso, Thitoron. Respeto tu opinión, hermano, pero conocemos a Darlak, es buena gente, no ha hecho nunca nada para demostrar lo contrario.- le respondió el alsenotíada.

- No digo que haya hecho algo que no me guste, hermano. Sino que no me gusta, no me gusta no poder asegurar, pero es algo, algo tremendamente desagradable que tiene en sus modales... en sus modales creo.- Era extraño que Thitoron dubitara.- ¿Le has preguntado por Shathdul? Esta misión... Wethan, este tipo no me gusta. No haré nada, sólo quiero que lo sepas.- le respondió el otro.

- Bien, veré si encuentro algo tan terrible en Darlak. Pero... - asentía Bohr.

- No puede ser algo que sólo yo vea, hermano. No de nuevo... - terminó abruptamente Thitoron.

[...]

Vanadessë, por algún motivo, había atrapado la atención de Bohr, que aunque no dejaba de pretender velar por todos, se obstinaba en otras cosas. Cuando tuvo oportunidad, la vio sentada en un grueso tronco caído, se acercó y le habló de nuevo.

- Buenas tardes, Vanadessë. ¿Que estará haciendo en este momento, no? Esperándoos seguramente.-

Ella lo miró con un gesto rápido de molestia. Y Wethan pasó rápidamente a otro tema. - Mmmm... ¿Cree usted esa leyenda de una mujer de su raza que entregó su inmortalidad por un hombre al que... amaba...?- ese verbo le sonaba ajeno - ¿Ha... amado... a un hombre... tanto... es decir, cómo se cede la inmortalidad, qué tiene que hacer un elfo para... eh?

- A ver... niño... - otra vez ese trato que fastidiaba a Wethan, ¿por qué alguna gente se dedicaba a fastidiarlo? - No entiendo lo que preguntas. Si creo en lo que tú llamas 'leyenda', no creo, lo sé, Lúthien lo hizo, y no cedió su inmortalidad a Beren, sino que simplemente la sacrificó para vivir como él. Luego... no tengo que explicarte más eso.- Bohr la miraba interesado, como si ella además de demostrarle su fastidio realmente le estuviera enseñando cosas, aunque de todas formas él no creía.- En segundo lugar, a quienes he amado y a quien amo, lo siento, pero no te incumbe. Y... Lúthien sacrificó su inmortalidad por gracia de los Valar, no es algo como hablar o molestar, que puede hacerlo cualquiera de nosotros, ese fue un don divino. ¿Conforme?-

Él levantó la mirada y observó el campamento, disimulando. - No. No estoy conforme.- Se paró, hizo una reverencia, se sentía noble haciendo reverencias, y se fue. - Luego, - remarcando que habría un 'luego'- nos vemos de nuevo.- Bohr no era alguien agradable en su porte ni en sus actitudes, no era atractivo cuando se ponía cargoso y desesperado. En definitiva, no tenía nada que hacer allí con una mujer.

[...]

Habían ido a revisar las marcas que habían encontrado en los árboles, todos eran robles, y habían hallado dos más, iguales.

- Ese tallado es extraño, parece hecho con una roca o una pezuña, no con metal.- le comentaba Darlak a Bohr.

- No puede haber sido uno de nosotros, todos dormían.- le dijo el muchacho.

- Todos menos Naredhel, Alsio y Rialath... y yo tampoco, ni ella.- bromeó Darlak.

- Eh... lo siento. No soy buen vigilante al parecer. Pero qué sentido tiene que cualquiera haya hecho esto sin decirlo... ¿Confundirnos? ¿Por qué uno de nosotros querría confundirnos?-

- No creo que haya sido uno de nosotros, mi gente es toda de confiar. Y los tuyos tengo entendido también. Sin embargo, no tiene sentido. La marca de los ramalië es parte de vuestra cultura, y no todos conocemos esos aspectos de vuestra cultura... Alguien o algo que la conoce tiene que haber sido, pero cuándo que no lo hayamos sentido y con qué motivo son enigmas... - Darlak estaba preocupado, y últimamente que se preocupaba pensaba en Sonyariel.

Lo que dijo el medioelfo hizo que Bohr cambiara de repente el tema de conversación: - Darlak ¿Crees en esa leyenda de Berel y Núthien...?-

Darlak estimaba a Wethan Bohr, pero su mirada fue de indignación- Beren y Lúthien, Bohr Daedth.- y no dijo más. Darlak mismo era semilla de Eluréd, hijo de Dior, hijo de Beren y Lúthien, no respondería. Esa blasfemia le recordó a su madre.

[...]

Naredhel Anariel, sacerdotisa y reina regente de los ramalië mandó a llamar al príncipe Varna.

Narquelië

Viene de la Venta de Harionen

Una docena de personas caminaban rápidamente entre los árboles, de vez en cuando la mujer que guiaba al grupo miraba hacia arriba, buscaba el vuelo de sus cuervos y seguía el curso que ellos marcaban. Arestel y su guardia personal, formada por elfos, le seguía el paso. Entonces Quariel se detuvo un momento, había algo en uno de los robles.

-Los ramalië-alcanzo a decir la mujer, tocando las marcas con la mano.

-¿Hablas del pueblo de Heren?-le pregunto Arestel, que se detuvo junto a ella y observo las marcas-¿Como sabes que son de ese pueblo?.

-¿Te has molestado alguna vez en pasearte por las bibliotecas del reino Arestel?-le respondió la mujer con otra pregunta y de forma burlona-Hay ciertos libros que hablan de la historia de los pueblos de Arador, libros que fueron copiados de los originales. Y estas marcas pertenecen claramente a una parte del pueblo de Heren.

Narquelië dio por terminada la conversación y siguió avanzando en silencio, uno de los elfos se adelanto y les indico que habían llegado, no debían avanzar más, para no ser vistos.

Desde las sombras, las dos mujeres pudieron ver el campamento de los viajeros. Los centinelas se encontraban en puestos inútiles, así que no vieron a las figuras encapuchadas que espiaban desde los arboles.

-¿Por qué poner a sus centinelas lejos de los árboles?-pensó Arestel en voz alta-Mira, el escudo de Heren Fanyarëa y más allá el de Lempë Ohtari-Quariel asintió en silencio-Ahora entiendo tu preocupación, ellos no deberían estar aquí. Tal vez la runas fueron tañadas por ellos.

-No, las runas estaban hechas de una forma demasiado burda, no pudieron ser hechas por una persona que pertenece a su pueblo, es ilógico-Narquelië se acerco a la mujer, deslizo su mano muy habilmente por las ropas de Arestel, cuando sintió el broche de Eleanor, lo quito con mucho cuidado para que no se diera cuenta-Sin embargo no me da buena espina que estén aqui, hay que vigilarlos.

Arestel que no se había dado cuenta de lo que hizo Quariel, con un movimiento de mano, le indico a uno de los guardias que se acercara. Mientras hablaba con el centinela, un cuervo se pozo en uno de los árboles y grazno llamando la atención de Narquelië, que interpreto el mensaje en seguida.Buenos niños, ya encontraron a Eleanor.

-Nuestros caminos se separan aquí Arestel, nos encontraremos de nuevo en la venta.

Arestel asintió en silencio, Quariel toco su pecho con la mano en forma de despedida y desapareció entre los arboles. Fue entonces que Arestel se dio cuenta que le había quitado el broche.

-¡Se ha salido con la suya!, vaya que eres astuta doncella cuervo-tres elfos se acercaron a ella-Siganla, quitenle el broche y entreguencelo a la dueña.

-¿La llevamos en calidad de presa a la venta mi señora?.

-No, solo vigílen sus acciones y no dejen que haga tonterías.

Los elfos hicieron una reverencia y corrieron en busca del rastro de Quariel. La dama de la Orden de la Rosa, dejo a dos centinelas vigilando el campamento y partió a tierras extranjeras en busca de la eriossë.

Continua en las Entrañas de la Runa

Naredhel Anariel

El desenlace había ocurrido tan deprisa que Naredhel no tuvo tiempo de reaccionar hasta que Rialath salió de la tienda. El cuerpo de Alsio se hallaba tendido en el suelo. Una enorme mancha de sangre se estaba formando en el lugar donde el cuello se había abierto, mostrando huesos y venas, y vaciando su contenido sobre la alfombra. Otra mancha, algo menor, de la misma sangre, se había vertido algo más lejos, en el lugar donde ahora reposaba la cabeza con los ojos abiertos mirando al infinito. Y Naredhel no soportaba esa mirada.

Se levantó de la cama, y se cubrió con una gruesa capa de piel. Cuando salió al exterior, el frío de la noche se apoderó de ella, y un viento helado agitó sus cabellos. Temblando, se acercó a un guardia y ordenó que sacaran el cadáver de su tienda y arrojaran el cuerpo y la cabeza de Alsio a la tienda. El hombre no dijo nada, pero en sus ojos asomaron un montón de preguntas. Explícitamente indicó que quería que se cambiaran todas las alfombras, costase lo que costase, y todas las pieles de la cama. No quería que nada le recordara la desagradable situación que se había producido momentos antes.

Sabía en todo caso que tardarían bastante, y se dirigió entre tanto a la tienda principal, donde habían dispuestas varias mesas. Pidió que le sirvieran café caliente, y después se sentó a esperar, sosteniendo la taza entre las manos.

Su mirada era ausente, y de forma mecánica de vez en cuando se llevaba la taza a los labios, mientras intentaba encontrar una explicación al mal que Alsio había ocultado tanto tiempo. Ni siquiera podía sospechar que un mal mayor pudiera estar actuando en el lugar. Ella había visto la locura en los ojos de Alsio, y había comprendido que esa locura llevaba tiempo anidando en su interior, creciendo día a día, y aliméntandose de sí misma.

No le sorprendió el resentimiento en la voz de Rialath cuando se marchó de la tienda. Sabía que no había sido justa con el hombre, y ahora no podía pedirle más. Al menos, había saldado esa deuda que lo atormentaba, que no era poco. Ahora se preguntaba si el hombre decidiría permanecer con ellos, o si finalmente se alejaría de Fanyarëa y buscaría otro lugar que se asemejara más a su carácter. Porque era consciente que el estilo de vida de los ramalië era totalmente contrario al carácter serio y abrupto del dunadán. De momento, aunque se sentía obviamente agradecida, no era algo que debiera preocuparla en extremo. Al menos si optaba por irse. En todo caso, permanecería atenta a la situación. Y por lo menos, pensaba, tenían una conversación pendiente, fuera cual fuera la decisión del hombre.

Un guardia se acercó e interrumpió la larga cadena de sus pensamientos:

- Mi Señora, vuestra tienda esta preparada, tal como habéis ordenado.

- Gracias, soldado. Podéis retiraros... - dijo ella, todavía distraida. Pero cuando el soldado se dio la vuelta rígidamente para retirarse, su mente despertó - ¡Esperad! - El hombre se volvió de nuevo, con una elegancia propia de quien está acostumbrado a recibir órdenes constantes - Antes de volver a vuestro puesto, encontrad a Bohr y decidle que se presente en mi tienda de inmediato.

- Sí, Mi Señora.

El hombre se marchó, y Naredhel salió tras él todavía con la taza en la mano, en dirección a su tienda. No se topó con nadie en el camino, aunque le llegaban varios murmullos desde distintas partes del campamento.

Una vez en su tienda, observó que habían hecho un buen trabajo. No quedaba resto alguno de sangre, y todo había sido cambiado siguiendo sus órdenes. Apenas se había sentado en una de las sillas, cuando llegó Bohr, entrando sin llamar como era su costumbre.

- Mi Reina... Deseabas hablar conmigo.

Ella le miró a los ojos, y después asintió levemente.

- Alsio ha muerto - le comunicó. Y vio la sorpresa en los ojos del hombre.

- ¿Nos han atacado? - preguntó, confuso.

- En cierta manera... - respondió ella, aún más enigmática. Después añadió - Rialath ha matado a Alsio hará apenas una hora, en esta misma tienda, cuando el Capitán ha intentado atacarme.

Wethan pareció aún más confuso. Desde luego no esperaba esa noticia, ni hubiera pasado por su imaginación que Alsio fuera capaz de atacar a la Reina.

- No puede ser... - dijo, obstinadamente.

- Todavía estas a tiempo de ver cómo arrojan sus restos a la hoguera - respondió ella - Pero no habrá oraciones por la paz de su espíritu. Vagará eternamente en los albores del tiempo, pues no habrá perdón para él por parte de los ramalië.

Rialath

Rialath apresuró la marcha, con Elêth a su lado, iba de un puesto a otro ordenando a los hombrtes que se reubicaran en lugares mas cercanos al campamento, también mandó a uno que permaneciera en el centro del campamento, en caso de ataque la señal sería una flecha ardiente. Pese a ser un simple soldado raso los centinelas, quizas por el imperio, la fuerza que emanaba de la firme voz del dunadan obedecían sin pensarlo. Rialath se sentía extraño, había recuperado el espiritu que le había otorgado una rápida ascensión en las tropas del rey de los dunedain... sentía en si mismo lo que le explicaban de su padre... entre puesto y puesto seguía conversando animado con Elëth, en su espiritu aún joven los males y penurias pasados se disiparon rápidamente quedando sólo en el recuerdo. De nuevo sentía ganas de llevar a cabo hazañas dignas de ser recordadas.

- No digo que debais tener miedo, sino prudencia, los cantos están llenos de heroes poderosos que murieron en vano. En cuanto a la suciedad... digamos que ella misma se coló donde no debía...- había cierto sarcasmo en aquello. Mas tarde, cunado volviera al campamento tendría que ir a hablar con la reina, acababa de decidir que permanecería en fnayarea, pese a su condición de soldado raso, volvería a escalar puestos como había hecho antes.

Darlak Lórindol

Darlak paseaba junto a Valandil Súleglîn. Se habían alejado del campamento porque el maia quería hablar a solas con el Senescal de Mellon Vilya.

- Este bosque tiene algo de maravilloso e inquietante al mismo tiempo. - dijo el maia.- Uno de los bosques más antiguos de Árador y sin duda mucho hay que oculta.

- No entiendo todo esto, Súleglîn - Darlak se hallaba ofuscado.

El maia rio al tiempo que seguía mirando los árboles con absoluta fascinación.

- Amigo, sabes que parte de mi poder viene de Lórien y que sin embargo aún no he podido dominar por completo el poder que me llega de los árboles. El espíritu de Taur Tasarion ha querido que yo viniera aquí pero no ha sido hasta nuestra llegada a esta floresta cuando yo he sido consciente de ello.

- ¿Consciente de qué?

- Solo un bosque me ha hecho despertar lo que me está haciendo emerger éste. Es una sensación parecida a cuando vi por primera vez la silueta del Taurëruin.

- Esta zona es peligrosa y no debemos separarnos. Me niego a dejarte vagar sólo por entre estos árboles - Darlak se detuvo entonces. - Sabes mi gran estima hacia tí. Si te vuelve a pasar algo parecido a lo que te sucedió en Amaurenori no me lo perdonaría.

- Tranquilo, creo que superé la prueba en las ruinas del este. Ahora es otra prueba a la que me tengo que enfrentar.

Darlak respiró hondo sabía que no podria disuadir al maia, siempre acababa haciendo lo que él quería.

- Si Annamel no ha conseguido jamás de disuadirte de una de tus locuras menos lo voy a hacer yo.

- Entiéndeme, tengo que adentrarme solo por el bosque y llegar a su corazón, encontrar el espíritu del Taur Tasarion.

- ¿Qué le digo a los demás?

- No les digas nada, di simplemente que...he desaparecido.

- La reina de Heren me preguntara - inquirió el semielfo.

- Ella me conoce y sabrá leer la verdad en tus ojos, para los demás he desaparecido.

(...)

- Señora, disculpadme que os interrumpa pero Darlak quiere hablar con vos.

Wethan y Naredhel se hallaban reunidos en la tienda de ella cuando el semielfo entró.

- ¿Os pillo en un mal momento?

- No, por favor entra.

Darlak permaneció de pie, y aún conmocionado por la repentina marcha de Valandil.

- Mi reina, Valandil Súleglîn ha desaparecido.

Naredhel se quedó pensativa mientras Bohr reaccionaba sorprendido.

- ¿Cómo que ha desaparecido? ¿Qué ha ocurrido?

Darlak intentó desviar la mirada del humano.

- No lo sé - dijo sin más.

[Editado por aratir el 22-10-2006 16:00]

Elêth Niramar

Elêth seguía a Rialath asombrada por la rapidez con que daba las órdenes.

- Nunca dije que quisiera ser heroína, Eru me libre... ni mucho menos. Que cosas... No aspiro a tanto, yo. Solo espero divertirme un poco antes de que empiecen los problemas.

- Los problemas? -preguntó Rialath mientras se dirigían a otro de los guardias que debía cambiar su posición, cerca de la tienda de la reina.

- Creeme, cuando Darlak pregunta si quieres compañarlo a buscar un supuesto tesoro... o a investigar algo, sea bosque o ruinas... o lo que sea... cuando lo pregunta con esa cara siempre hay problemas... aunque luego las recompensas valen la pena... si no te las roba un fanático del juego que te pega las manías -dijo Elêth recordando el brazalete que había perdido frente a Aratan y mirando instintivamente su brazo.

Fue cuando levantó la mirada del brazo en dirección a la tienda de la reina cuando vio a Darlak entrar en ella, con paso rápido y decidido, pero con la expresión que parecía estar atormentada por algo.

- Ves, ya empieza... -dijo Elêth algo preocupada por lo que pudiera incomodar a su capitán.

- Como? -le preguntó Rialath, que pendiente de ordenar a los soldados no le había prestado atención.

- Nada... tu suciedad... que creo que va a desencadenar algo...

Rialath

- supongo que liquidar al mensajero de la reina tiene sus contras...- Rialath reveló por fín la suciedad a la que se refería- la traición de quien supones fiel siempre resulta dolorosa... pero no se si estará del todo bien dispuesta la reina... esperaré a hablar con ella a que me llame o a que salgan los demás de la tienda...

Se sentó con cierta despreocupación, no solo se había liberado de su deuda, sino también de muchos condicionamientos propios, se sentía liberado y con tento por tener a Elêth cerca, tenía la sensación de que había cierta comprensión entre ambos y eso le agradaba sobremanera, nunca había tenido esa sensación.

Sonyariel Lisse

Ya eran varias noches que la joven despertaba y no encontraba Darlak a su lado. Hace algún tiempo, la joven había empezado a presentir que para él era tan sólo una buena compañía, incluso las palabras de aquel soldado en la capital le rondaban bruscamente la cabeza. - ¿Su concubina?... si algunos de sus soldados piensan ello... ¿él igual lo hará?... pues, de cierta manera... creo que me he convertido en eso.

Esa noche, había sido la primera vez que el medio elfo le dijera alguna palabra referente a lo que pudiese sentir, por lo que, algo más tranquila, recostaba su cabeza sobre el pecho del que amaba.

Dormida, sus sueños la llevaron lejos del campamento, a una bella ciudad. Grandes murallas se alzaban imponentes mientras el pueblo brillaba en las calles, las risas de los niños, hombres y elfos vestidos con extraños ropajes, hablando antiguas lenguas... Se vio entre su gente, sonriente, en paz, pero de la nada una sombra lo cubrió todo y unos ojos grises emergieron de las sombras, unos que le eran conocidos y expresaban tal frialdad que lo congelaba todo a su paso hasta centrarse fijos en los suyos-... Te estaba esperando mujer... Esta vez no escaparás como lo hiciste hace cinco años...

Un grito brotó de sus labios mientras Sonyariel despertaba completamente sobresaltada. Su respiración estaba agitada, jadeante y su rostro se había vuelto extremadamente pálido.

-Darlak…Necesito contarte algo que… – Miró a su alrededor pero no le encontró... otra vez sintió las sabanas frías, indicando que llevaba varias horas levantado. Respiró hondo e intentó borrar de su mente aquellos ojos que le torturaban. - Acabé contigo completamente sola a pesar de que tenías todo a tu favor, no tientes tu suerte importunando mi sueño maldito condenado... que hasta en el mundo de los sueños te sacaría las entrañas nuevamente...- musitó la joven mientras se secaba la frente.

-¡Sonya!- Le dijo Vanadesse, mientras entraba presurosa con cuchilla en mano a la tienda y revisaba a su alrededor como buscando a algún atacante. Cuando ya se dio cuenta de que no había nadie más, vio el rostro angustiado de su compañera que, al verla a los ojos se acercó a abrazarla fuertemente.

[Editado por auriga el 22-10-2006 22:16]

Elêth Niramar

- Liquidar al mensajero de la reina? -preguntó Elêth con incredulidad. Pero al ver la cara que ponía Rialath no preguntó nada más y se sentó a su lado sin hacer comentarios. No sabía que pensar... pero, por otra parte.... en ningún momento le había parecido Rialath alguien por quien debía preocuparse. Algo le decía que seguro había una razón para que hubiera hecho eso. Sonrió al joven para transmitirle la seguridad de que no era ella quien para juzgar.

Duranet un rato estuvieron sentados sin decir nada y, entonces, se escuchó un grito en el lado del campamento ocupado por los de Lempe.

-Es Sonya! -grito Elêth mientras rápidamente se levantaba asustada y corría hacia la tienda de Sonyariel, dejando a un Rialath asombrado que no tardaría en seguirla.

Al llegar junto a la tienda, preparada para sacar la daga que guardaba en la bota si fuera necesario, la encontró abierta. Dentro, vio como Sonya abrazaba a Vanadessë con ojos vidriosos.

- Qué ha pasado Sonya? Estás bien? -preguntó sin entender todavía nada.

Valandil Súleglîn

El maia andaba tranquilamente cuando de repente recordó la última conversación con su amigo Darlak, ¿lo recordaría él?

No temas amigo mío, el pasado me ha abandonado y vagos recuerdos quedan en mí sobre Amaurenouri, todo continúa según lo planeado por Eru, el ciclo se perpetúa a pesar de lo que me depare el destino o de los misterios que nos aguardan. Si te dijera que acabo de despertar ahora...¿me creerías? ¿Cómo podría pedir perdón? ...he estado mucho tiempo desaparecido, añorando los buenos momentos pero el miedo al rechazo se apoderó de mí. Si te confesara que añoro a Annamel...¿lo creerías?...necesito volverla ver sonreír, así como sentir de nuevo nuestra amistad...he vuelto...pero no se como pedir perdón.

Al acacabar de recordar estas palabras una intensa luz frente a él apareció de la nada, poco a poco esta se fue condensando hasta quedar reducida a un pequeño óvalo luminiscente que se mantenía suspendido en el aire. La curiosidad abordó al maia, este se acercó y la quiso tocar. Aquella luz no era normal, pues el espíritu de Súleglîn era de pura luz pero aquella tras su velo luminoso escondía un terrible vacío tenebroso. Cuando el maia se acercó empezó a sentir frío y como poco a poco se debilitaba y se le hacía pesado el moverse. Para cuando estaba ya a unos centímetros de distancia notaba su cuerpo petrificado por el frío y veía como la humedad había aumentado pues el vapor expulsado por su boca al respirar era denso y blanco como una buena niebla.

Súleglîn toco la fuente de luz, al instante un calambre le recorrió el cuerpo y sintió como algo le arañaba el rostro, reaccionando rápidamente se apartó del lugar y caminó hasta encontrar una charca. Depositó sus manos sobre el agua turbia y usó su poder para hacerla cristalina como la del Aelïn Lindalë. Luego miro el reflejo de su rostro y en él un arañazo que recorría toda su mejilla.

Esto no podía quedar así, algo había pasado, y aunque no conociese la realidad de los hechos y tan solo tuviese una idea aproximada de lo ocurrido tenía que informar a Naredhel.

Súleglîn comenzó a cantar y entonando una melodía al viento hizo que este le llevase a la dama su mensaje.

[Editado por wiccano el 23-10-2006 09:41]

Rialath

Rialatrh siguió a Elêth, intrigado y con la espada en mano, aún había en ella la sangre de Alsio.

- Qué ha pasado Sonya? Estás bien? -preguntó Elêth.

Rialath no vio enemigo alguno, vio a dos personas abrazadas, una de ellas con las lágrimas a punto de saltar... supo que él era ajeno a esos hechos, estaba de mas ahí, pero se resistía a alejarse de Elêth y eso lo confundía y turbaba. Finalmente consiguió salir, solo, pensando que quizás la suerte le deparara al día siguiente la compañia de la muchacha, pero antes el debía hablar con la reina.. andando pesativo hacia la tienda de Naredhel tropezó con una piedra, nadie había reparado en ella... esa piedra, redondeada, tenia una runa inscrita, tapada por musgo y tierra que se había apartado con el descuido de Ruialath, el no lo sabía, pero la marca rera igual a la de los robles y dibujaba una linea recta, la sensación de peligro volvió a él... habían construido el campamento en una zona con al menos una runa... sabía que poder podia ocultar una runa... los exploradores, el entre ellos habían tenido un descuido, uno quizas muy grave, no se detuvo a pensar como la habían hecho, clavó un puñal a su lado para reconocer el sitio donde estaba y fue corriendo hacia la tienda de la reina, debía informar una vez mas de algo grave, a su entender, en horas incomodas de la noche.

Bohr Daedth

¡Demonios! Ya comenzaba, Darlak había mentido acerca del destino de Valandil, y ahora ella corría peligro, bah, al menos eso signficaba un tamaño grito.

Bohr de inmediato se dirigió a la tienda principal de los Ohtari, él mismo interpretaba que esa era la 'principal', casi por antojo.

Creyó que Niëlúne ya descansaba, pero enseguida ella apareció y se montó detrás suyo; cabalgaba raudamente.

- ¿Que pasa, Wethan Bohr? - le preguntó ella.

- Es la elfa, no sé... hermana, todavía no he visto...- Aunque Niëlúne había sido parte de la hermandad del Lunte I Narier, a Bohr le sonaba extraño llamar 'hermano' a una mujer, y más a esa que le acorralaba.

Ya en la tienda Bohr entró desenvainando, Eleth aún no se había hecho presente.

- ¿Vanadessë, está bien ust...?- Vanadessë abrazaba a Sonyariel.

- ¡Niño, fuera, dejanos solas por una vez!- le dijo la elfa que se preocupaba más por la tranquilidad de su amiga que por el trato al cargoso humano, en realidad, dad la situación, era al último que espera ver.

Bohr se dio cuenta que no había sido Vanadessë la que estaba en peligro y había gritado como el creía. Pero Sonyariel le inspiraba cierto cariño, tal vez por verla cerca de Darlak a quien hasta hace unos instantes admiraba sin mácula.

Niëlúne observaba la acción, y de alguna manera se sentía molesta. Se quedó afuera observando, pero no podía pensar bien.

- Necesito saber si están bien, a salvo, si hay que volver a vigilar los alreded...- No podía negarsele esa pregunta al menos.

- Si tan sólo te fijaras lo que a la gente le interesa o no! Te ordené que salieras y lo repito, sólo una vez más! - gritó la noldor.

Una mujer le daba órdenes. Una que no era majestad alguna. Pero peor aún, él obedecía! Balbuceó unas palabras queriendo decir que estuvieran bien, y que si lo necesitaban estaría allí, y salió.

Con cierto furia despechada contenida, tomó a Niëlúne por un brazo y casi arrastrandola la sacó de ahí. - Tenemos que hablar.-

Ella le soltó el brazo con cierta violencia. - Muy bien, hablaremos!- le contestó.

A Bohr, sin saber bien porqué, le daba la impresión de que Sonyariel estaba sufriendo lo mismo que Niëlúne, o algo parecido. También seguían en su mente las sospechas de Thitoron, las artimañas de Darlak, y el desprecio de Vanadessë.

... Pronto... las señales... comenzarían a aparecer por doquier...

Niëlúne Lambar

Había observado cómo Vanadessë trataba despectivamente a Bohr pero eso no era lo peor,él callaba y obedecía y eso,era más de lo que ella podía soportar.

Salió de la tienda para no ver la escena y al momento Bohr salió como una flecha agarrándola fuertemente del brazo.Niëlúne se liberó con violencia del apretón del humano y lo observó airada.

-Tenemos que hablar-fue la afirmación del joven.

-¡Muy bien,hablaremos!-empezaba a exasperarse.

Bohr iba de un lado a otro,nervioso,meditaba sus palabras aunque no estaba muy seguro de qué iba a decir.

-¿Se puede saber qué ocurre?-Niëlúne ya se había calmado,el que parecía no hacerlo era Bohr.-¿Por qué dejas que Vanadessë te trate así?¿Por qué la obedeces?

Bohr se detuvo al instante y la examinó de arriba a bajo.Niëlúne no pudo más que esperar a ver la reacción del joven.-No lo entenderías-fue su respuesta,que vino acompañada de un gesto de condescendencia.

La joven se mordió el labio en un ademán de contener sus palabras las cuales sólo habrían hecho que empeorar la situación.Se acercó poco a poco al humano el cual la miró sorprendido ante su reacción.Se aproximó al joven lo suficiente para que sus cuerpos se rozasen y en ese preciso instante alzó su mano y acarició su rostro con suavidad.

-Di lo que has venido a decir Wethan Bohr-retiró su mano de la cara del joven y volvió a colocarla en su lugar y casi en un susurro le dijo-habla...

Bohr sintió su aliento cálido sobre su mejilla y cerró los ojos.Por un momento su mente vagó a tiempos mejores,tiempos felices sin dolor y preocupaciones.Volvió a abrirlos y se encontró con los almendrados ojos de la joven que lo observaban con clama.Se retiró hacia atrás para alejarse unos pasos de ella sin desviar la mirada.Su rostro estaba sereno y su mente clara.

-Está bien,ésta es la cuestión...

[Editado por mithril_ el 23-10-2006 16:02]

Darlak Lórindol

Bohr se había marchado de la tienda de Naredhel visiblemente ofuscado, antes de eso él y Darlak se cruzaron una mirada en la que el semielfo notó su recelo repentino. Y no lo culpaba.

- Mi señora... - empezó a decir Darlak.

Ella lo miró con rostro amable, distinto a la expresión que se había dibujado en el rostro de Bohr al saber la extraña desaparición de Valandil.

- Lo sé...pero no te preocupes Súleglîn estará bien - dijo ella con voz tranquila.

- Me pidió que nadie supiera de su misión excepto vos.

Pensativo y con la mente revuelta, el senescal de Mellon Vilya salió de la tienda de Naredhel, la reina de Heren. Fue entonces cuando se dio cuenta del revuelo formado y todo parecía provenir de su propia tienda. Con paso decidido se encaminó hacia la tienda. Vanadessé y Eleth asistían a Sonyariel cuyo rostro era inusualmente pálido en ella. Se acercó y tomó la mano de ella.

- Menos mal que vienes, Darlak, no deja de repetir tu nombre- dijo Vanadessë

- ¿Qué ha pasado? - preguntó el semielfo.

- Una pesadilla, pero todos temimos de que fuera un ataque .- la noldor se hallaba preocupada

Darlak abrazó a Sonyariel que temblaba mientras murmuraba su nombre.

- Tranquila, sólo ha sido un mal sueño

- Darlak, ¿no me abandonarás, verdad? - la voz de Sonya sonó temblorosa.

- No, mi amor, no te abandonaré.

Darlak sintió entonces que el mundo se le venía encima: la marcha de Valandil, la preocupación por Sonyariel, .... Estaba convencido que aquel bosque estaba extendiendo una aciaga influencia sobre ellos.

[Editado por aratir el 23-10-2006 15:31]

Rialath

Rialath entró sin avisar en la tienda de la reina por segunda vez esa noche, pero esta vez tan solo traía noticias, había visto de camino los reostros de algunos de los compañeros de viaje y ninguno de ellos mostraba calma, el malestar por todos los presentimientos que había tenido mientras exploraba el sitio, antes d la llegada de los demás le atenazó el corazón. Pero no perdió la calma ni la compostura, una vez ante la reina, quien tenía el rostro sereno, no mostró señal alguna de cansancio por la carrera, respiró hondo recuperando el aliento y miró a la reina directamente a los ojos.

- Has venido... gra...- La reina fue interrumpida por el dúnadan.

- Mi señora, esas menudencias las trataremos cuando haya tiempo que perder. Algo oscuro hay en este bosque... y una runa muy extraña esta dibujada en una piedra... dentro del campamento y me temo que el bosque esta influenciado por algo que hay en las runas... creo que es de menester alejar el campamento y doblar la vigilancia... el bosque parece estar echando una sombra en los espiritus de la gente...he visto algunos... y no parecían muy contentos, algo esta metiendo cizaña y la runa me preocupa.

- ¿No te marcharás?- Naredhel tenia que preguntarlo, por como hablaba en ese momento parecía tener intención de quedarse... todo lo contrario a lo que aparentemente había deseado hacer el dúnadan hasta entonces.

- No... por ahora. Pero... siento haberos hablado antes de ése modo, no soy quien para... - se calló, en el fondo no era mas que un recién llegado, no conocía apenas nada de los reinos, no tenía autoridad alguna para emitir juicios, ni derecho a hacerlo, era un mero forastero... un mercenario, aunque ese epíteto le desagradara completamente era el único que creía que encajaba, pese a que su interés no fuera obtener beneficio material. Partiendo de estas consideraciones continuó: Ordenad.

[Editado por daedel el 23-10-2006 18:12]

Naredhel Anariel

- Esta bien - dijo ella entonces - pospondremos la conversación para otra ocasión, si bien eso no signifca que no pueda tomar decisiones en base a los cambios que han surgido tan... repentinamente.

El pareció confuso un momento... y ella continuó:

- La misión que te encomendé no ha concluido, y según tus propias palabras, ha cobrado una nueva dimensión, llena de peligros.

El asintió con un gesto pero no dijo nada. Ella se alejó entonces de él, y le dio la espalda mientras se quitaba de los hombros la pesada capa de piel.

- El amanecer se acerca. Y ya creo que nadie es capaz de dormir en estas tierras. Parece que la tranquilidad del sueño no tuviera cabida aquí - la reina comenzó a recoger sus ropas de viaje - Cuando las primeras luces aparezcan, organizaremos una expedición. Tenemos que investigar este bosque extraño...

Rialath asintió, y se volvió para marcharse.

- No te he dicho que te retires aún - dijo ella. Y el hombre se volvió rápidamente - Has sido ascendido. Ocuparás el puesto de Alsio. Al menos por el momento. Ahora... - una sonrisa se dibujó en su rostro - encárgate de que todos esten preparado para partir, Capitán.

Anariel se giró entonces, y Rialath, se quedó un instante de pie ante ella sin saber qué decir.

Rialath

Rialath quedó atónito, sin palabras, no se movió un apice por unos segundos, luego, sin decir nada arrastró lentamente los pies fuera de la tienda, el momento había llegado, el sol se alzaba y era necesario prepararlo todo, hizo tocar diana, todo el mundo se levantó y empezó a organizar todo, el desayuno, las provisiones para la exploración, revisó armas y armaduras, hizo que le llevaran a la reina su correspondiente desayuno y él no se sentó a comer hasta que todo estuvo listo.

Se sentó al lado de la hoguera, ,hambriento y solo, la comida estaba ya fria pero aún así era buena, al poco se sentó a su lado alguien... Vio con sorpresa que se trataba de Wethan y que este no tenia cara de estar muy animado, acabab de volver de una larga y probablemente pesada charla con Niëlúne, parecía cansado. Rialath le ofreció una taza de cafe frío.

- Salud, Wethan... tenemos un largo camino por delante ahora, tomad algo, lo necesitais.

- gracias- Wethan arrastró esa palabra, era obvio que no estaba de humor como para soportar a Rialath cerca.

- Comprendo, pero para tu disgusto debo importunarte aún un poco mas... - le explicó, sin omitir nada,pero a toda prisa, todo lo ocurrido durante la noche respecto a Alsio y a la runa, obvió a Elêth del informe pues eso era algo personal... se sorprendió con ese pensamiento.

- Además, he organizado las compañias que irán de exploración, Niëlune, Tu, yo, Elêth, Darlak, la propia reina, Sonyariël y Vanadessë iremos en un mismo grupo, con algunos mas, seremos los que se dirijan hasta el centro de las ruinas- con eso concluyó y se dispuso a partir, la voz de Wethan lo detuvo.

- Muchacho, porque te quedas? ya has saldado tu supuesta deuda... porque arriesgas tu vida por otros a los que desprecias?

- No os desprecio... ya no... siento que aquí me queda algo por hacer y es mi deber...

- Deber, honor, siempre hablas de ellos... pero para ti su sentido es diferente al nuestro.

- Yo... le doy el sentido que me fue inculcado, ningún otro y solo Eru tiene derecho a juzgar.

-Eru?

- No es momento para hablar del único, ni lugar- Rialath sonrió- Creo que ambos tenemos muchas cosas de las que hablar, muchas cosas que podemos aprender el uno del otro, sera un ho... un placer esgrimir mi espada junto a la tuya.

- Esperemos que el momento de esgrimirlas este lejano aún...

- "Si quieres paz, prepara la guerra..." es un aforismo antiguo.

- que da sentido a otro aforismo "en toda paz reside la semilla de guerras mayores"

Rialath sonrió, Wethan tenía razón:

- Hoy el hado dirigirá nuestros pasos... y quizas descubramos que mal opera en este lugar... quizas también lo padezcamos, quien sabe, pero muchos confían en tí, te seguirían hasta la muerte.

- Tu también?

- Yo sigo hasta la muerte lo que me parece justo, sé justo y te seguiré, sé injusto y te combatiré.

- Que es para ti justo?- la pregunta iba con intención y halló su objetivo.

- No sabria decir... es mas facil ver las injusticias que las justicias, quizas por ello nuestras vidas sean una guerra constante...

Bohr Daedth

- Veamos, Niel... – Bohr no sabía como comenzar con la muchacha.

- Dime, Príncipe Wëthan.- lo animó ella.

- Niel, me conoces mucho, creo que lo sabes.- Bohr la trataría noblemente, podía no ser bruto cuándo el corazón se lo ordenaba. – Tu presencia me estimula, y sabes que lugares tocar para hacerme... - no diría ‘sentir’- prestar atención a una cosa... – no se preguntó lo que había dicho, intentaba más llegar al punto que esta tediosa introducción. – Has vivido a mi lado cosas que pocos han traspasado aún teniendo mi aprecio. En esas palabras que se dicen, se diría como que alguien ‘quiere’ a otro alguien.- ‘¡No te enredes, Bohr!’- ¿Entiendes?-.

Ella lo miraba como un ángel, como una pequeña maia destinada a endulzar a los nacidos con su trato y su mirada. Aunque hacía un rato le había provocado como una buena mujer sabía.

- Hermana...- él usaba esta palabra porque ella había formado, o formaba, parte de su hermandad privada, no porque sintiera puros afectos fraternales hacia ella. – No suelo hablar de mí, ni de estas cosas, así que hónrate... Bien. Me siento gozoso con lo que soy. Bah, duele, pero... Soy un animal salvaje de la tierra fría y desierta de Dor Daedeloth, y no hay nada que vaya a cambiar eso. – Bohr cambiaría, pero aún no lo sabía. – Y... ni quiero.

Niëlúne sonrió. – A mi me agrada el niño-animal, es simpático... me inspira... - El no la dejó terminar, tenía que hablar él y decirle las cosas.

- Mis mujeres, sin querer de ofenderlas, por más bonitas y graciosas que sean, han sido desechables. Niel, podría, pero si pasas por una de ellas... ya no creo que te... pueda querer como lo hago; A ver si entiendes, daría mi vida por tu persona. Pero no pretendo que un... afecto... me detenga. Sí, dirán que soy un niño inmaduro y bla bla bla, me han cansado. Y es verdad que he nacido vacío. Tú eres parte de lo que me ha llenado. Sólo que si me acerco yo, y si llego a no responder de mí, no sé si te haré bien o mal esa noche, pero pasará y luego volverá otro día tal vez. Y me temo que entremedio... dejarás de ser quien eres, y no quiero que dejes de ser quien eres para mí.-

- ¿Temes amar? – le manifestó Niëlúne con la voz entrecortada y el rostro apesadumbrado.

- No sé qué es eso. Tal vez sea lo que siento contigo. Pero no me detiene. Y, ya... Te necesito. Ay... nunca le digo cosas así a nadie... Pero... no quiero sentir más tu olor de mujer. Hay cosas que deben permanecer de un lado y otras del otro. Yo decido que tú permanezcas dentro mío. No quiero perderte. No sé si es amor esto o qué, no me importa. Basta, no me mires así, no sonrías.

- Está bien, Príncipe... Wëthan. Te conozco, tú lo has dicho. Sólo eso, sólo es que te conozco. – con una sonrisa complaciente.

Cuánto quería Bohr a Niëlúne. Pero la línea entre la querida y la amante seguiría aún intransigente. Él sintió la necesidad de abrazarla, y ella se dejó. El abrazo fue extenso. Cuánto necesitaba el hombre que se estaba gestando, ese cariño que no recibía desde la última vez que había visto a su madre. Mas cuando el abrazo empezó a hacerle fluir la sangre, lo concluyó con delicadeza.

- Niña... –

- ¿Sí? –

- Necesito que vigiles a Sonyariel. Hay algo que Darlak está ocultando, algo que debe ser malévolo. Y en cuanto a ella, necesito que la veas de cerca... ‘intuición’ le llaman ustedes, fantochadas le llamo yo. Pero bien, parece que Bohr Daedth tiene ‘fantochadas’: ella también guarda algo.- Y le sonrió complicemente. Eran dos cómplices, enlazados, aunque cada uno tuviera su visión de lo que implicaría traspasar esa complicidad.

- Hombre...-

- ¿Eh? -

- Cuando duérmamos, necesito que lo hagas al lado mío, bien? Sólo acompañarme en el sueño, ¿si? Como digno príncipe Varna, guardián de los expedicionarios, portador del Vellocino del Pástor y líder del Lunte I Naryier.- Niëlúne había aprendido de su lado humano, a ser tan terca como el Carnero...

[Editado por elessurendil el 24-10-2006 06:07]

Naredhel Anariel

Llevaba un ajustado pantalón de cuero de un color marrón oscuro, casi negro, con los bajos metidos por dentro de unas botas que le llegaban casi por debajo de la rodilla, forradas de piel de lobo gris por dentro y por fuera. Se puso una camisa negra, y encima una casaca también de cuero con una doble hilera de botones y cuello cerrado. Recogió sus cabellos en una larga trenza que caía por su espalda como una serpiente rojiza. Unos mechones rebeldes escapan a su encierro, enmarcando su rostro. Cogió finalmente su capa, y cuando salió de la tienda se dio cuenta de que no parecía ya la reina de Heren Fanyarëa. Y esa sensación le encantaba.

Se sintió por un momento libre de ataduras, de responsabilidades, aunque sabía que en el fondo no era así. Se preguntó una vez más si sería posible delegar la regencia en alguien. Si alguno de los ramalië estaría preparado para ello... Últimamente esa posibilidad aparecía de forma recurrente en su mente. Pero no era el momento de pensar en ello.

Llegó a la hoguera que ardía de forma constante en el centro del campamento, y observó a Wethan y Rialath mientras tomaban café sentados en un tronco colocado a modo de banco. Se acercó hasta ellos, y pasó una pierna por encima del tronco, sentándose en el a horcajadas. Casi no pudo contener la risa al ver el rostro sorprendido de los dos ante aquél gesto.

- Buenos días - dijo con una sonrisa.

- Majestad... - balbucearon los dos al unísono.

El rostro de ella se ensombreció entonces, pero en seguida la sonrisa volvió a iluminar sus ojos.

- Os informo que vuestra majestad ha partido - una carcajada espontánea brotó de su garganta. Ambos la miraron como si se hubiera vuelto loca - Naredhel se encuentra de vacaciones, en algún lugar recóndito me temo. A partir de ahora seré sólo Anariel. Dejemos las formalidades en estas tierras misteriosas...

Siguieron confusos, pero ambos asintieron. Tal vez incluso comprendieran lo que ella sentía.

- He recibido un mensaje de Valandil. Y no es muy alentador...

- ¿Ha vuelto? - preguntó Bohr.

- ¿Volver? No, me temo que no. Pero nuestra raza encuentra formas de comunicarse incluso en la distancia, aunque para los hombres siga siendo un misterio - respondió ella - Valandil ha desarrollado un gran canto de poder, y todavía lo siento en mi corazón. Esta en peligro, y me temo que nosotros también. Debemos ir a buscarlo cuanto antes.

- Todo esta listo para partir, tal como ordenasteis... - y ante la sombra fugaz en los ojos de ella, se apresuró a corregir - ... ordenaste.

- Perfecto, Capitán - sonrió ella, guiñándole un ojo con complicidad - Nuestro rumbo ha cambiado, pero no por ello creo que el objetivo sea distinto. Algo me dice que muchas de las respuestas que buscamos se encuentran en el bosque que nos observa...

[Editado por Indil el 24-10-2006 11:36]

Darlak Lórindol

El aire de la mañana era limpio y fresco cuando Darlak salió de la tienda. Sonyariel estaba recuperada aunque las horas antes del amanecer habían sido angustiosas para ella y para todos. Había estado ardiendo en fiebre mientras deliraba constantemente. Vanadessë, Eleth y él no se habían despegado de la cama de la humana. Hacía una hora su estado de fiebre había remitido y ahora dormía plácidamente. Vanadessë y Eleth le habían pedido que saliera de la tienda a despejarse y relajarse.

El campamento parecía tranquilo esa mañana, los soldados tanto ohtari como fanyareanos seguían vigilando el claro. En ese momento un grupo de tres humanos llegaron al claro del bosque donde se hallaban acampados. Darlak los reconoció era Aratan y otros dos hombres de su compañía. La víspera anterior los había enviado a inspeccionar el bosque en busca de las ruinas de Tavarcerta.

- Senescal, hemos vuelto – dijo Aratan con rostro cansado.

- Me alegra saber que estáis bien. Y decidme, ¿habéis encontrado restos de las ruinas? – preguntó el semielfo.

- Lamento decirte que no. Según el mapa que trajiste las ruinas se deberían hallar en el extremo este de este bosque, pero es posible que esté equivocado pues no hay rastro de la ciudad perdida. – el dunadan se mostró desanimado por no haber cumplido su misión.

Darlak miró detenidamente el mapa que le entregaba Aratan

- No lo entiendo. Según las informaciones existentes en Hón, también situaban las ruinas en el extremo este.- dijo al tiempo que le devolvía el mapa al capitán y amigo. Fue entonces cuando se fijó en algo que Aratan llevaba en la muñeca. – Ese brazalete…

El dunadan sonrió.

- ¿No recuerdas? Este brazalete se lo gané a Eleth en el juego de los dados.

- ¿Ese es el brazalete que ella consiguió en Amaurenori?

- Sí, éste es.

Darlak lo estuvo mirando con curiosidad. Entonces le pidió si podia estudiarlo detenidamente

- ¿Qué ocurre? – preguntó Aratan perplejo.

- Estas runas….- el semielfo vio unas runas dibujarse en el brazalete- Estas runas son parecidas a las que hay en los textos sobre el antiguo reino…

(…)

Darlak mandó a Aratan y a los otros dos ohtari a descansar. Se dio una vuelta por el campamento en busca de Bohr para hablarle sobre la expedición de sus hombres. El semielfo sabía de que las cosas habían cambiado entre ellos, de que el humano desconfiaba de él pero a pesar de ello quería probar a hablar con él. Halló a Thiroton, del que sabía que era compañero de Bohr.

- ¿Dónde se halla Wethan?

- Está reunido con la reina – dijo secamente Thiroton. Darlak notó una expresión de desconfianza en él.

El semielfo se encaminó hacia la hoguera central. Allí se hallaban reunidos Bohr y Rialath con la sacerdotisa y reina de Heren Fanyarea.

- Buenos días, Lórindol. Iba a mandar a buscaros – dijo ella.

- ¿Qué ha ocurrido? – preguntó él preocupado.

- Valandil se halla en peligro. – respondió Naredhel.

[Editado por aratir el 24-10-2006 15:36]

Niëlúne Lambar

Al despuntar el alba Niëlúne abandonó su tienda.Aún no habían terminado de salir los primeros rayos del sol y la joven ya caminaba entre los árboles.

La conversación con Bohr le había infundado ánimos,era como una inyección de energía y verdaderamente la necesitaba;últimamente se sentía cansada.

La brisa matutina le acariciaba el rostro y le despejaba.El rocío aún bañaba las hojas de los árboles y ya empezaba a escucharse el primer canto de las aves.

No se había alejado mucho del campamento así que paseó tranquila aunque atenta;quería encontrar...-"Hilaran...dónde estás pequeño,dónde están los demás"-se preguntaba constantemente;pero nada había,solo el rastro que Bohr,Darlak y ella misma habían dejado a su paso aquella noche.

-No puede ser...es imposible,no puedes haber desaparecido sin dejar rastro...

-Debes seguir adelante-dijo de repente una voz.

Niëlúne miró entodas direcciones sin ver a nadie.

-¡Hilaran!,sé que eres tú,sal por favor,no te haré daño.-poco a poco una sombra fue tomando forma delante de ella hasta aparecer delante de ella la imagen de un niño.-Hilaran...-Niëlúne se quedó sorprendida ante su presencia.La noche que lo había visto por primera vez no lo percibió pero ahora,a la luz del día lo veía claramente.Estaba mortalmente pálido y en sus almendrados ojos ya no había vida alguna.

-Sígueme-fue lo último que dijo antes de volver a salir corriendo.

La joven casi no tuvo tiempo de reaccionar,al instante sus pies se movieron casi por inercia y empezaron a seguir al niño.

-¡Bohr!,¡Darlak!-gritó sabiendo que alguien la oiría y con la esperanza de que la encontraran dejó caer un pañuelo que normalmente llevaba consigo para que lo reconocieran y siguieran la pista hacía ella.

[Editado por mithril_ el 27-02-2007 17:37]

Rialath

"Bohr! Darlak!"

Rialath había ido a dar una última inspección alrededor de todo el campamento y de pronto oyó un grito lejano y apagado, la voz no la pudo reconocer, distorsionada por la distancia. Él no era Bohr, ni Darlak, pero el presentimiento de un mal acechando cristalizó en el en una sensación de urgencia, toco una vez su cuerno, con una nota potente que resonó a varios kilometros, detestaba hacer tanto ruido pero era necesario, corrió en dirección de la voz, a medio camino halló un pañuelo, mas no lo recogió, les serviría a los demás, corrió con desespero con la espada en mano, haciendo marcas en los arboles con golpes secos. Se adentraba en el bosque, en la espesura que ocultaba la luz del sol, todo era sonmbrío, silencioso, pesado, ni rastro de la desaparecida. Sintió como la fatalidad se apoderaba de el, grito para desahogarse con la voz rasgada, frustrado se sentía resposalbe, él era el encargado de organizar todo, no podía permitirse el lujo de detalles que huyeran a su control y había ocurrido.

Siguió buscando durante horas, solo, en el interior del bosque, sintiendose observado, pero mas calmado había rastros de gente... pero no eran el que buscaba aunque no dejó de inspeccionarlos, parecían ir hacia el mismo sitio y los siguió...

Bohr Daedth

Bohr estaba acongojado. Pero lo resolvió tomando la iniciativa.

Anariel, Darlak, Sonyariel, Vanadessë, Elêth, y él mismo, tal cómo lo había dispuesto Rialath irían con el en la primer expedición formal. Pero no buscarían ruinas ni investigarían los misterios del bosque, irían tras la pista de Niëlúne y Rialath. Algunos intentaron exponer que sería mejor que nadie se quedara en el campamento, que todos: nobles, civiles y guardias, hicieran la redada, pero Wëthan se impuso, su tono de voz, que ya tenía dejos del trueno de Alsenot, hizo acallar las discrepancias. Esta vez él mandaba, le gustara o no a elfos, humanos, peredhel, enanos, o espíritus enclaustrofílicos.

Cubierto con el Vellocino, a la luz de un día nublado, avanzó al frente.

- Eleth, observa el camino que vamos dejando. Vanadessë, camina cerca mío, deja marcas en los arbustos, nada de trozos de ropa, recuérdalos. Darlak, de este otro lado...- donde pudiera verlo.- Anariel acompaña a Sonyariel detrás, observen hacia los lados, agucen los oídos. Hablaré sólo yo y cuando haga falta, así no derrocharemos sonidos.-

Siguieron un aparente sendero, deteniendose cada vez que se cruzaban con algo llamativo e intentando no dejar nada fuera de observación.

Hasta llegar a los arbustos donde Rialath se abrió paso con su espada...

Se internaron por allí y encontraron otro espacio, más amplio, que, se extendía en línea hacia el noroeste, las copas de las grandes hayas mantenían la sombra, pero aún así Darlak detectó vestigios de que allí el espacio se había abierto a mano y filo, hacía mucho tiempo. Bohr intentaba incluso captar los olores, pero nada encontraba que le guíara hasta la semielfa, los sonidos eran típicos, y todo parecía estar normal. Caminaron unos pasos por la avenida. - No seguiremos por aquí, es demasiado visible, tenemos que buscar más allá, pero atravesemos este lugar, al menos media milla.- Bohr necesitaba también un poco de aire.

Anduvieron. Hasta llegar a un lugar donde la tierra parecía removida. En partes sí y en partes no.

- ¿Que es esto? - preguntó Anariel.

- Esto es una runa.- dijo Darlak. - refiriendose a una marca en el tronco de un abedul. Esta runa, de alguna forma representa la vuestra marca.- dijo mirando a Wethan Bohr.- Pero tiene dejos de una simple ave. No sé a ciencia cierta...-

Eleth se acercó a Bohr, su semblante era serio. -Tal vez tendría que ser uno de vuestra familia, pero me ayudas a subir?- Bohr y Darlak subieron a Eleth, aunque luego de recorrer la parte lisa del árbol, la mujer pudo sostenerse de unas ramas. Casi todos la observaban, y algunos alternaban su vista entre ella y los alrededores opresivos.

- Así es...- dijo ella desde arriba. - Veo... gacelas, o algo así, en un trazo sencillo... como exigido, desprolijo, hecho rápidamente.

Claro, era una especie de dibujo que sólo los ramalie o hombres de las cimas y copas, de las nubes y del aire podrían ver. Las señales ya habían remarcado a los ramalië, ahora llevaban a un cabo.

- ¿Cuántas son?- dijo Naredhel.

- ¿Eh...? Mmmm... Una, dos... doce, son doce.- dijo Eleth montada sobre dos ramas.

- Doce... Tú, tú, tú, tú, tú y yo, y el resto de los Principales que hemos venido somos doce... - dijo el descendiente de Thingol, tomando a Sonyariel hacia él. Y mirando a los ojos a Anariel. Claramente se entendían.

Bohr los observó y le pareció entender lo que desesperaba sus ánimos. - Eso dice que... tenemos que apurarnos... apurarnos...-.

Desde allí se internaron en regiones del bosque más opresivas. Por qué la señal decía que tenían que apurarse, y por qué la señal no decía por qué tenían que hacerlo, no lo sabían, pero si eran doce las gacelas... la señal no los inhibía de terminar la empresa de su intención, encontrar a Niëlúne y a Rialath.

Y una vez siendo los doce... apurarse...

Rialath

Rialath seguía avanzando, el camino parecía hacerse eterno y sentía que el tiempo pasaba. El rastro era difuso, como si fuera antiguo, pero era nuevo, le desconcertaba, no era que fuese leve, ni habilidoso... era como si hubiera estado allí siempre y lo fueran renovando, el bosque empezaba a confundirle, se sabía observado, alguien le estaba observando! y nada de lo que hiciera podía hacer que escapara a esa sensación. Ese bosque... ese bosque le estaba influyendo, no era un bosque normal, le estaba volviendo loco?

Rialath se paró en seco, respiró hondo varias veces, recuperó la clama, el que amaba los bosques no podía temer uno de ellos. Se serenó "la incomprensión se traduce en miedo, no cierres tu mente, busca siempre el aprendizaje y el miedo desaparecerá" las palabras de un antiguo maestro le hicieron sonreir, ya no había miedo. "Te sientes decepcionado y te rindes? joven Nereruo, no llegarás jamás a ninguna parte así, que cada error sea un motivo para continuar" con ése otro recuerdo la frustración se desvaneció. "cuando un rastro te confunda, deja que tu instinto te guie, cuando un rastro te confunda y la urgencia te obligue a encontrar lo que persigues de inmediato parate y mira a tu alrededor, nunca hay una sola señal" obedeció esa antigua enseñanza, miró a su alrededor, había robles antiguos, los miró con detenimiento, los acarició con los ojos cerrados. En uno de ellos notó trazos, habrió los ojos mirandolo, había varios circulos, en el interior auna runa que no comprendia, en el siguiente doce animales (gacelas quizà?) luego otro circulo, cazadores acechando a los animales y un últoimo circulo... no sabía decir que eran pero le transmitió dolor, pena, castigo, desdicha... a un lado el sol poniendose, en el otro naciendo y la luna no estaba arriba, estaba ligeramente cercana hacia el sol poniente y advirtió algo nuevo, entre las gacelas y el centro había un dibujo medio borrado, una especie de choza, también hacia poniente. "Bueno, parece que hay que ir a poniente, allá me llevan los rastros, y parece que allá hubo antaño algo..." Antes de continuar dejó runas de montaraz en una piedra indicando de forma breve todo aquello que habia descubierto, esperaba que las supieran leer... y que las encontrarán.

Siguió su avance, ya estaba cerca.

Niëlúne Lambar

Niëlúne siguió corriendo hasta que sus piernas ya no respondieron.Estaba exausta y no había rastro del niño;hacía poco que lo había perdido.

Se sentó sobre la hierba húmeda para recuperar el aliento y decansar.-"Dónde diablos estás pequeño..."-

-Estoy aquí-dijo la voz del niño.Niëlúne miró a su alrededor y allí estaba Hilaran,al final del claro.

-Hilaran...-fue lo poco que alcanzó a pronunciar intentando normalizar su respiración.

-Sígueme-empezó a andar aunque ésta vez ya no parecía tener prisa.

Niëlúne se levantó y comenzó a andar hacia el niño que la esperaba con gesto sereno.Tenía el rostro en calma,como si descansase;podría decirse así que por fin terminaba su "misión" y ahora podía descansar.Alzó la mano hacía la joven y la sujetó con fuerza.

-Sígueme-repitió sujetando la mano de Niëlúne.

La joven caminó tras Hilaran por un escarpado sendero que seguía el curso de un pequeño río.Se adentraron de nuevo en la espesura y caminaron por ella durante un rato.Niëlúne no se atrevió a hablarle al niño,se sentía compungida y agotada y lo último que deseaba era asustarlo.Siguieron caminando largo rato hasta llegar a un claro del bosque;una vez atravesado llegaron a una amplia colina,pero lo que llamó la atención de la joven no fue el paisaje sino lo que en él había.

Ante ella se alzaba un extenso muro de piedra a partes en pie y otras derruído.Caminó a lo largo del sendero que lo seguía aún sujeta a la mano del niño.El sendero siguió hasta un punto en el que parecía converger con una plaza llena de cascotes y escombros.Niëlúne lo miró maravillada sin poder pronunciar palabra ante la magnificencia de lo que allí tenía presente.

Una enorme fuente se alzaba en el centro justo de la plaza.Tenía una representación aunque apenas era visible;el paso del tiempo se había ocupado de ocultar la información pero,algo se distinguía aún.La fuente estaba rodeada de antiguos edificios los cuales debieron ser enormemente bellos en su época pues aunque en ruínas aún conservaban parte de su encanto original con losas de mármol tallado ribeteados en oro y otras piezas de igual belleza.La joven se imaginó que todo aquello alguna vez debió de contener una belleza infinita pues nunca había visto tales trabajos en la piedra y en el mármol.En algunas de las losas esparcidas por el suelo de la plaza podían distinguirse algunos símbolos,algunos intactos y otros casi extinguidos por el paso del tiempo,la lluvia o el viento.

El niño se detuvo a un lado y se soltó de la mano de la semielfa.La joven lo miró un instante pero él la instó a que siguiera examinando el lugar.

Se acercó a la fuente que yacía en el mismo centro de la plaza y la escrutó.Estaba derruída casi en su totalidad aunque una parte de ella parecía haber corrido mejor surte.Justo en el centro de la construcción es donde se encontraba la imagen que antes había distinguido que aunque era la mejor conservada aún así era de difícil lectura.

Entrecerró los ojos para evitar la claridad del día y se concentró.Poco a poco fue descubriendo dibujos casi borrados que parecían contar una historia o algo parecido.Con sus dedos seguía las líneas del contorno y así adivinar la casi desaparecida imagen.Pudo distinguir lo que parecían ser cuatro figuras que se alzaban dignas una frente a otra,dos en un lado y dos en el otro.Un enorme rayo cruzaba el cielo estrellado para unirse a la tierra justo en el centro de las figuras.Éstas parecían cazadores,o soldados,no los distinguía muy bien pero iban armados;encima del rayo había una imagen aunque ésta estaba oculta ras una capa barro así que alzó la mano para limpiarlo y ver qué había detrás.

Retiró el barro seco y el polvo acumulado de eras interminables y observó.

-Pero qué...¡ahhh!-de repente resvaló con una piedra suelta y cayó al suelo golpeándose fuertemente la cabeza.Luego despertaría en un lugar oscuro,sucio y húmedo al que no sabría cómo habría llegado,mientras sin darse cuenta jugueteaba con un fragmento de piedra desprendida de la fuente,pero antes de eso mientras se encontraba inconsciente sólo una imagen rondaría su mente como en sueños...una magestuosa águila entrelazada a un vampiro representando la lucha eterna que les había unido con restos de barro que alguien había alcanzado a desprender antes de caer en un pozo sin fondo...

[Editado por mithril_ el 27-02-2007 19:44]

Sonyariel Lisse

la joven caminaba observando el camino, se acercó al medio elfo más tranquila. Aquella mañana, había tenido tiempo de meditar lo que le había pasado y estaba algo apesadumbrada por haber preocupado a medio mundo, en especial a Lorindol, por lo que puso su mejor cara y le dio un abrazo.

- Darlak, se que no es el momento, pero ¿Te diste cuenta que fue la primera vez que me dices “amor”?

Le susurró Sonyariel mientras apoyaba la cabeza en su hombro.

– Lo de anoche fue sólo un sueño... pero trajo recuerdos que deseo olvidar... Darlak, se que desde que nos conocemos he evitado hablar sobre algunos temas, no se si entenderás, temo que con ello pueda perderte. Existieron personas que no comprendieron, me hicieron daño, destruyeron todo lo que amaba.

Tras acariciarle el rostro suavemente al medio elfo, le tomó las manos entre las suyas y se las besó.

– Por ello esperaba no sentir esto nunca más, pero aquí estoy, a tu lado, amándote más que nunca... por lo mismo quiero pedirte una cosa... no quiero ser una carga para ti... quiero que pienses con la cabeza fría... si ocurren peligros como en Amaurenori, te protegerás. Llegué aquí contigo, y deseo llegar a nuestro hogar contigo... amor, sabes más que nadie que se cuidarme... no quiero que te preocupes, yo estaré bien.

La joven le guiño un ojo, y le besó en los labios y continuó caminando cerca de Anariel.

Darlak Lórindol

Después del beso de ella, Darlak entrelazó su mano con la de Sonya al tiempo que le lanzaba una sonrisa enamoraba. Se alegraba verla con tan buena cara, hoy la notaba más bella que nunca.

Por otra parte, aprovechó para preguntarle a Anariel algo que le tenía preocupado.

- ¿Qué sentiste? – le preguntó refiriéndose a Valandil.

- Escuché su voz, un canto tan melodioso que hizo enternecer mis sentidos pero tan angustioso al mismo tiempo.

- No me gusta esta situación. Tres personas desaparecidas en medio de este bosque tan austero. ¿Hicimos bien en venir?

- No te oprimas el corazón sin necesidad, los que te han seguido lo han hecho por su propio bien, no obligaste a nadie a hacerlo – dijo ella convencida.

- Ya…

- Nielune y Rialath estarán bien y Valandil Súleglîn…él es un maia y ha pasado por pruebas peores.

Darlak se tranquilizó con las palabras de Anariel. Ésta y Sonyariel empezaron a charlar amigablemente y él se adelantó a ellas. Fue cuando se encontró a Bohr que le miró con una expresión ceñuda.

- ¿Por qué se fue el maia? – le preguntó al semielfo.

El senescal ohtari no pudo contenerse entonces. Bohr le respetaba como un miembro más de la expedición pero en un día Darlak había notado que la simpatía del humano había cambiado. Sabía que la marcha de Valandil era uno de los motivos principales pero notaba que había más. Y Darlak empezaba a sentirse incómodo de que el humano estuviera constantemente vigilándolo como si él constituyera un peligro para los demás.

- Creo que no tengo que darte explicaciones al respecto. – respondió secamente. - Lo importante ahora es hallar a Rialath, Nielune y Súleglîn. – Darlak se metió la mano en el bolsillo para buscar uno de sus mapas. Se encontró con el brazalete. Antes de partir a la expedición y dejar a Aratan a cargo del campamento le pidió al dunadan que le prestara el brazalete. Sin embargo, no le había dicho a nadie de la relación del brazalete de Amaurenori con las señales encontradas en el bosque, esperaba tener un momento para poder estudiarlo más detenidamente.

Darlak sacó el mapa. Bohr seguía caminando a su lado pero no había replicado a la contestación del semielfo.

- Algo no cuadra – dijo al rato sin levantar la mirada del pergamino – O los cartógrafos no supieron elaborar los mapas de Árador con exactitud o el bosque ha cambiado su disposición.

- ¿Nos hemos perdido?

A Darlak se le pasó su enfado con el príncipe de ¿? y le contó las averiguaciones de Aratan y sus hombres en la víspera anterior. No habían encontrado rastro de las ruinas de Tavarcerta en el lugar que indicaba el mapa. Lo que en ese momento no sabían ninguno de los dos era que el bosque les depararía más sorpresas.

Niëlúne Lambar

Niëlúne despertó y no veía nada,solo oscuridad.Le dolía horriblemente la cabeza después del golpe y había perdido la orientación.Miró alrededor pero no reconocía nada.Estaba en una habitación fría y humeda,el suelo estaba lleno de desechos y olía mal-"he de salir de aquí"-se dijo a sí misma.Se percató del fragmento de piedra que se había desprendido de la fuente y lo observó detenidamente,no vio nada en especial en él y se dispuso a desecharlo.

-No te desprendas de él,ahora parece insignificante,pero es más de lo que aparenta...-le dijo la voz de un niño.

Se incorporó ayudándose de la pared de la estancia y se quedó apoyada en ella,se sentía cansada y hambrienta,no había comido nada desde la noche anterior.

-Hilaran,¿eres tú?-el niño se acercó a la semielfa y le agarró la mano;ella se estremeció al sentir el frío que su piel desprendía pero la sujetó con fuerza.

-¿Dónde estamos?-hacía frío y la joven tiritaba.

-Estamos debajo de la fuente,aquí estarás segura,por el momento...

-¿Por el momento?¿Qué quieres decir?...¿Dónde están los demás,Hilaran?

-Yo me escondí aquí,al principio,hasta que el hambre me obligó a salir.Algunos lograron escapar e ignoro qué suerte han corrido.

-Pero,¿qué ocurrió?-la joven empezaba a tener un mal presentimiento.

-En verdad no lo sé,sólo consigo recordar que mi madre me ocultó aquí y me dijo que no me moviera,que volvería a por mi;pero no lo hizo,pasaron los días y ella no regresó,así que salí a buscarla a ella y algo de comida.Pero cuando regresé los vi,y ya no pude volver aquí.

-¿A quién viste Hilaran?-ahora sólo podía recordar a los misteriosos encapuchados que les atacaron en Amaurenori.

-A ellos,ya los verás tú también,pero aún no.Ahora debo llevarte con tus amigos,te están buscando.Debes decirles que no se acerquen aquí o el destino que les espera será peor que la muerte.

-Pero,¿quiénes eran?¡Contéstame!-la joven sujetaba con gran fuerza la mano al chico instándole a responder pero el joven parecía no darse cuenta.

-Rápido,ya vuelven.-tiró de Niëlúne obligándola a correr y sin darle tiempo a reaccionar.Subieron una angosta escalera casi desmoronada y salieron a la plaza de nuevo.

La joven se detuvo en seco a echar un último vistazo a la fuente y así rememorar lo que había visto.-"¡El águila y el vampiro!"-recordó entonces.Hilaran le devolvió a la realidad con un nuevo tirón.

Continuaron corriendo hasta llegar al bosque y se detuvieron para que la semielfa pudiera tomar algo de aliento aunque el niño no parecía afectado por la carrera.Niëlúne lo observó y de repente sintió un nudo en el estómago y una opresión en el pecho.Le dolía ver a aquel chiquillo al que había visto crecer con una total carencia de vida en su interior.Continuaron la marcha hasta que encontraron un rastro;era de sus compañeros así que Hilaran se detuvo y se deshizo de la mano de la joven.

-Sólo tienes que seguir sus huellas y los encontrarás.Recuerda lo que te dije.

-Pero necesito que me expliques...-fue la réplica de Niëlúne.

-Ahora no,tú solo recuerda tanto las palabras como las imágenes .-el joven salió corriendo y desapareció entre los árboles.

La joven siguió el rastro de los demás durante un rato hasta por fin hallarlos.

-¡Alguien se aproxima!-gritó alguien.Entre los árboles aún no podían distinguirla pero poco a poco se fue acercando hasta estar a escasos metros de ellos.

-¡Bohr!-gritó la joven y salió corriendo hacia el humano.Lo abrazó con fuerza y sin parar de llorar,lo que había visto y sentido en las últimas horas le había producido un fuerte impacto.

-Ya estás con nosotros niña,no llores...ya estás con nosotros...

[Editado por mithril_ el 25-10-2006 20:10]

[Editado por mithril_ el 27-02-2007 17:46]

Naredhel Anariel

Cuando Nielúne llegó se formó un pequeño caos en el grupo. Al principio todos parecieron callados, algo apesadumbrados, mientras ella le contaba a Bohr en particular, y a todos en general, lo que había visto y sentido en el tiempo que estuvo perdida en el bosque.

Después, mientras la semielfa y Bohr permanecían abrazados, varias voces se alzaron con propuestas dispares. Darlak, a pesar de tener un gran interés en ver las ruinas, opinó que deberían buscar primero a Suleglin y Rialath. Otros en cambio dijeron que era mejor opción explorar las ruinas, aprovechando que estaban relativamente cerca. Y que lo más probable era encontrarlos allí...

Anariel mientras tanto meditaba profundamente. Tenía mucho interés en esas ruinas. Como Sacerdotisa comprendía perfectamente el poder de las imágenes que Nielúne había visto. Y su primer impulso era acercarse hasta las ruinas, y averiguar qué es lo que estaba pasando allí. Por otro lado, tenía la convicción de que todo el poder de aquél bosque les dirigía en aquella dirección, tanto a ellos, como a los que habían desaparecido.

Habían sido largas horas de búsqueda. El sol comenzaba ya su descenso, y no habían tenido descanso desde que partieran poco después de amanecer. Anariel, junto con Sonyariel se acercó a Darlak.

- Deberíamos hacer un alto. Comer algo rápidamente, y reemprender la marcha... hacia las ruinas.

- ¿Estas segura? - preguntó Darlak con semblante preocupado.

- Tanto como es posible estarlo en este lugar. Algo me dice que en ese punto es donde converge nuestro destino, y ellos también llegarán allí. De una forma u otra...

Eleth se acercó a ellos entonces. En sus manos llevaba una piedra chata, y la mostró a Lorindol con una sonrisa.

- Creo que ella tiene razón - dijo - He encontrado esto...

Grabados en la piedra había unos signos grabados de forma rápida, pero precisa. Con la maestría del saber que dan los años de experiencia. Algo confuso para ellos, pero no para la experta dunádan que era Eleth.

- Rialath ya ha pasado por aquí. Y sigue la misma pista que nosotros. Lo más probable es que ya haya llegado a las ruinas - la voz de la dunádan parecía preocupada también.

- Esta claro que Rialath confíaba en que tú lo encontrarías, Eleth - dijo Anariel con una sonrisa - Y esto confirma mis sospechas. Pero no se si Nielúne estará preparada para seguir... Tomemos un descanso. Le daremos tiempo para que se recupere. Y reemprendamos la marcha tan pronto como nos sea posible.

Sonyariel asintió. Tampoco ella se sentía bien. Anariel había visto signos de lo que le ocurría a la mujer, y sabía que podía tener problemas. Ni siquiera ella imaginaba lo cerca que estaba de perder la vida que llevaba en su interior. Las preocupaciones, los miedos, todos aquellos sentimientos encontrados, habían pasado al lado físico y la habían envuelto en fiebre la noche anterior. "Si Darlak supiera lo que ocurre realmente, pensó, ni siquiera le hubiera permitido tomar parte en esto".

Obviamente no era algo en lo que ella debiera tomar parte. Pero aún así, el instinto protector que había en ella, le dictaba que debía intentar que Sonyariel se cansara lo menos posible. Y que Darlak no notase aún cual era el problema.

Niëlúne Lambar

Niëlúne comió algo y pronto se quedó dormida.

Hilaran aparecía constatemente en sus sueños y se entremezclaba con el águila y el vampiro entrelazados.Por momentos veía su pálido rostro convirtiédose en ceniza para renacer de nuevo en la forma del gran ave en su eterna lucha con el vampiro.

"Recuerda lo que te dije..."-repetía constantemente en susurros.

"¿Qué más debo recordar?¡Ya les dije todo!"-respondía gritando Niëlúne una y otra vez.

Su sueño se volvía por momentos inquieto,gemía y se revolvía en el jergón como si de una pesadilla se tratase.

"¿Qué más debo recordar?"-volvía a gritar.

Lentamente el niño se acercaba a ella en el sueño y le tendía la mano,pero en ella había un objeto que no conseguía identificar.Niëlúne alzaba la suya en un ademán de alcanzarlo pero una barrera invisible se extendía entre ellos.De repente,cuando por fin la barrera se rompió y alcanzó al joven la imagen de éste se distorsionó hasta convertirse en un vapor ardiente.En este vapor se distinguían ojos ,nariz y boca.Era una imagen espeluznante,salida del infierno.La vaporosa cara abrió la boca para hablarle.

"Niëlúne"-no dijo nada más,pero la voz,la forma de pronunciar su nombre,le produjeron un escalofrío que le recorrió todo el cuerpo.Era una voz vacía,carente de todo sentimiento digno,era una voz gutural y terrible.En ella solo había odio,destrucción,solo había...muerte.

La joven se despertó sudando y casi sin respiración.Miró a su alrededor esperando encontrarse en la fría sala en la que despertó horas antes tras la caída pero no fue así,se encontraba en su tienda y sabía que fuera de ella se encontraban sus compañeros.

-Sólo ha sido una pesadilla-se dijo para calmarse-sólo una horrible pesadilla...

Sonyariel Lisse

Todo parecía tan extraño, el aire se había tornado por unos instantes algo denso mientras caminaban entre la foresta, rogó a sus antepasados para que ello no influyera en el grupo.

Mientras caminaba al lado de la reina, la joven le preguntaba sobre su cultura, sobre los ramalie y las figuras de sus estandartes. Hace algunos años había transitado por esas tierras pero nunca se había preocupado por conocer sobre las costumbres de aquel pueblo. En aquella época, sus pensamientos sólo se centraban en escapar de los recuerdos pero, al final se dio cuenta que no sacaba nada con vagar por todo arador, si ellos siempre estarían con ella.

Vio algunas flores silvestre en un especie de claro, pequeño, pero lo necesario como para que aquellas nacieran bellas, bajo los rayos del sol.

Observó a la reina, era de especial belleza, y desde aquella mañana se veía más “liberada”. Era agradable, pero aún tenía un leve temor de la forma en que aquella observaba o se dirigía a Lórindol.

Tras sentarse unos momentos, se recostó bajo la sombra de un árbol y empezó a jugar con una rama seca dibujando en la tierra un infantil mapa con los lugares que recordaba de Arador, y marcó con círculos las ruinas que había relativamente conocido, algunas desde fuera, otras, recorrido como en el caso de Amaunenori, y de Yánalitse, su lugar de juegos cuando era una niña.

Recordó las ruinas de Yulmehuine, cercanas de las tierras donde provenía su abuela paterna, de un pequeño poblado en la rivera sur del Río Rojo. Según le contaron, era una hermosa elfa descendiente de la casa de Eöl. Algunos dijeron que su padre fue fruto de un ultraje, otros, de extrañas prácticas que hacía aquella mujer, a quien catalogaban de hechicera. Había escuchado algunas cosas referente a ella mas, nunca tuvo bien claro cual fue la verdad. De ella nació su progenitor, un medio elfo de carácter serio y melancólico, pero con tal fuerza interior, que logró cautivar a su madre a pesar de las diferencias. Ayudó a un pueblo donde sólo habitaban humanos, un pueblo noble, situado en las cercanías de Yánalitse.

En aquel lugar fue recibido y posteriormente considerado el brazo derecho del rey. Fue un gran hombre dentro del pueblo.

Lástima que no lo fuera para su hija... siempre ausente, frío, triste, reprochándole cada vez que la veía, la muerte de su madre de la cual había heredado sus rasgos. Aun así, nunca le tuvo odio. Ahora su pueblo era parte de las ruinas, desaparecida bajo la arena. En aquellas tierras vivió feliz, sin preocupaciones, durante su niñez y adolescencia.

El pueblo donde había nacido su tutora estaba en la rivera sur del Mornie Ailin, cerca de las ruinas de Nolemoth. Había sido una mujer hábil y hermosa. Una nómada que prefirió las cálidas tierras de Alaterumë para asentarse, bajo la tutela de un rey de quien sentía más que admiración. Tomó la labor de madre, padre y educadora de una pequeña e inquieta Sonyariel que sacaba de quicio a cualquiera... pero a ella no... Gracias a ella, la pequeña aprendió a luchar, y a ser la mujer que era.

A Amaunenori llegó haciéndose la invitada, siguiendo al grupo de compañeros del Lempe. Estas ruinas se encontraban cerca de la ciudad donde nació su madre, en la cercanía del Río Verde. Una mujer especial, según le contaron quienes tuvieron el placer de conocerla, había sido una mujer fuerte y apasionada, pero por arreglos entre familias, fue desposada por un hombre que, con su frialdad la estaba marchitando lentamente.

En aquellas tierras, su madre conoció a su padre, quien había llegado a aquel pueblo para firmar un tratado para rutas comerciales, y al encontrar sus miradas, se quedaron prendidos uno del otro.

Se veían a escondidas ayudados por una aya y de su romance nació una pequeña Sonyariel. Las dificultades en el parto se hicieron presentes, desangrándose la mujer ante el dolor de quienes la amaban, y dejando a una pequeña completamente sola en los brazos de la matrona.

Aquella que conocía su historia, ante el esposo dio a las dos por muertas, a madre e hija, entregando a la pequeña escondida en los brazos de su progenitor, pensando que con él tendría mejor vida. Pero su padre, que nunca se atrevió a tomar a la mujer que amaba y llevarla lejos, se arrepintió de ello el resto de su vida, volviéndose un hombre mucho más tosco y melancólico de lo que era. No sintiéndose capaz de cuidar a la pequeña dejó al rey que dispusiera de ella.

En aquella ciudad, en el cementerio que mira en dirección al bosque, yacen los restos de su madre y de su padre que, fue a morir a esas tierras deseoso de descansar al lado de su amada. Aquel lugar fue el inicio de la inquietud de Sonyi por ir a las tierras del Lempe.

Y las ruinas de Ferith Ar-Karah, a las cuales vio en la lejanía al reconocer el terreno enemigo, durante las batallas que llevaba con la tercera compañía contra Helkelen Lara.

La joven, metida en sus pensamientos, inconcientemente empezó a trazar líneas como por juego, uniendo cada una de las ruinas. La imagen que quedó al final la dejó intrigada... - Creo que estoy algo paranoica... ¿Una estrella?... supuestamente Tavarceta debería encontrarse en el centro del pentágono formado en el interior... ¿Significará algo?... Por Eru, realmente estoy paranoica...

La joven se levantó y se alejó un poco del grupo, llegando al lado de una lagunilla rodeada por extrañas plantas. Se acercó para mojar su rostro y vio en su interior 6 rocas más oscuras de lo normal. De improviso una parvada de cuervos entre los árboles se elevaron asustados y al girar y ver nuevamente el agua, vio los ojos fríos que aparecieron en su sueño junto a unas manos que la jalaron al fondo del lago... de improviso abrió los ojos... ¿estaba soñando? miró a su alrededor y estaba sentada bajo el árbol con la rama entre sus manos... y la figura trazada en la tierra... -¿otro sueño? realmente sí... estoy paranoica...

[Editado por auriga el 10-02-2007 00:57]

Rialath

Había caminado un largo trecho, a medida que avanzaba el bosque se hacia mas opresivo. Un dificil sendero bordeando un arroyo, de vuelta a la espesura, había rastros de la persona que buscaba, al fín tras una larga caminata alcanzó un claro, tras el una colina y en ella un muro de piedra semiderruído.Caminó a lo largo del sendero que lo seguía. Siguió hasta una especie de plaza llena de cascotes y escombros. Antaño deió de ser un lugar de asombrosa belleza.

Una soberbia fuente se alzaba en el centro justo de la plaza, con motivos apenas visibles ya, la antiguedad de esas construcciones lo turbó, con su magnificencia ¿que podría haberle pasado a esa civilización tan capaz? Ahora por primera vez la curiosidad le entraba, hasta entonces solo había tenido la preocupación de Alsio, desaparecida esta y tomada la decision de permanecer en Fanyarëa... Alrededor de la fuente edificios que dejaban entrever un esplendor pasado, marmol, ribeteados dorados... Se conservaban demasiadas riquezas ahí como para que el fín de ese lugar hubiera sido violento, su turbación aumentó y esos simbolos... había simbolos por todas partes, a veces casi intactos, otros casi invisibles, se sentía molesto consigo mismo por no ser capaz de leerlos, su hambre de conocimiento se veía insaciabe por ese motivo en aquel lugar, pero tenía una mente analítica, si no podia leer al menos memrizaría los detalles de las construcciones y copiaría los simbolos, llevaba consigo siempre un volumen que le servía las veces de diario, copió con toda la precisión posible esos simbolos, con rapidez, y hizo rápidos esbozos de algunas construcciones, cada vez se acrecentaba una sensación de premura, de peligro, pero no podía dejar pasar la oportunidad de recopilar información que pudiera contrastar con lo que pudiera encontras en los archivos de Hon u otras ciudades.

La fuente despertaba su interés con especial fuerza, en el centro una imagen difícil de ver, la copió como mejor supo, había otros signos, pero no veía en ellos mas que leves irregularidades, ilegibles pese a su buena vista, apoyó un par de hojas de su volumen y paso un carboncillo por encima, peró no se detuvo en mirar los dibujos, había alli restos de barro ¿lo habían retirado apenas unas horas antes! copió tambien, casi caeyó por una abertura, tuv la suerte de caer al lado, pero del interior del agujero oyó algo, un miedo irracional le dominó un instante, una vez mas palabras escuchadas de sus maestros hacía años resonaron en su cabeza "El miedo es tu debilidad, la de todos, conviértelo en tu ferza cuando te domine, así lo dominaras tu a él, deja que sea tu amo durante un momento, un instante apenas, luego échalo a un lado y sabrás que hay que hacer" Así lo hizo, con la serenidad recuperada volvió a oír el ruido, parecía estar subiendo. Slo no podía hacer nada, no sabía que eran, pero aquello no era algo a lo que pudiera enfrentarse solo, lo sabía. Se levantó y corrió por donde había venido, ya le habían descubierto, fueran quienes fueran así que no le preocupó hacer ruido con su cuerno, una nota sonora, fuerte, potente, que se alzó por encima de los arboles y cuyo eco se oyó en varias millas, recordo la runa del arbol, doce gacelas rodeadas de cazadores, mientras corría se dio cuenta él era una de las gacelas y para su horror recordó que había once capitanes mas, contando a la reina, de los diferentes clanes pero ¿cómo podía ser el una de las gacelas? era un extrangero, ascendido esa misma mañana. "Destino" Esa palabra cruzó su mente como un rayo, se sintió pequeño mientras cruzaba el bosque a toda prisa, ahora sabía en parte porque había tenido la sensación de que le quedaba algo por hacer, que no debía partir del lado de la reina, que imprudencia iniciar la búsqueda de la mujer desaparecida él solo, pero... había olvidado a la mujer, ¡no podía dejarla sola! No ante ese peligro desconocido, pero el solo no podía hacer nada, dudó, se paró en seco y con desagrado pensó "Eru, ¿que quieres de mí?" Dióse la vuelta para volver atrás cuando oyó una voz familiar que le llamaba.

Darlak Lórindol

Todos estaban cansados y el descanso que se procuraron a la llegada de Nielune les vino muy bien. Comieron un poco de pan de lembas, carne y algo de fruta. Algunos se fueron a dormir, especialmente la semielfa que había sufrido una situación angustiosa de la que aún no se había recuperado.

El día estaba transcurriendo tranquilo a pesar del mal tiempo que habían sufrido la noche anterior y que los había acompañado en la situación de insomnio de la mayoría de ellos. Las nubes que había por la mañana habían desaparecido a lo largo de la mañana dando paso al sol otoñal, un sol agradable en un día tan aciago.

Darlak, después de charlas con Anariel y Bohr sobre lo siguiente a seguir, buscó a Sonyariel para saber de su salud.

- Está un poco más allá - dijeron al mismo tiempo Eleth y Vanadessë.

El semielfo caminó hacia la humana y la halló sentada al pie de un árbol haciendo dibujos con una rama en el suelo. Se sentó a su lado.

- Me sorprendes, no conocía tu faceta de artista - dijo sonriendo después de darle un beso en los labios.

- ¿Adivinas qué estoy dibujando? - preguntó ella con picardía

- Parece un mapa, ¿Arador? - Darlak estaba sorprendido.

- Sí...he dibujado las ruinas parecidas a Tavarcerta que he conocido en mis viajes o por otras causas- dijo Sonyariel y le mostró el mapa al tiempo que le hablaba de cada una de las seis ruinas y de qué las conocía. Darlak se sintió apresadumbrado de lo poco que conocía de la vida de ella aunque ya sabía que su madre era originaría de la frontera sur de Lempë Ohtari. - Por eso viajé a las tierras ohtari, mi madre nació cerca del río verde.

- Has unido las ruinas bajo un... pentágono...- el semielfo empezó a sentir impactado por la curiosa figura que había trazado ella sobre el mapa.

- ¿A qué es fascinante? Y Tavarcerta podría ser el centro de ese pentágono.

Una brisa fresca empezó a soplar entre las ramas pero el senescal, ajeno a ello, no dejaba de observar intrigado la figura.

- Creo que estoy paranoica - Sonyariel se echó a reir.

Darlak levantó la mirada hacia ella y dijo:

- Puede que no estés tan paranoica, al menos no en este caso - respondió la risa de ella pero despues volvió a tener un semblante serio - Suponiendo que todas estas ruinas pertenecieron al antiguo reino de Arador sería curioso que formaran este pentágono y que precisamente Tavarcerta se sitúe casi en el centro...

- ¿Y...ese reino perdido...existió? - preguntó Sonya.

- Todo es muy difuso y poco se sabe al respecto pero yo estoy convencido que sí existió.

Darlak no podía dejar de mirar el pentágono formado por Nolemoth, Ferith-Ar-Karáh, Amaurenori, Yánalitse y Yulmehuine.

Y en el centro de ese pentágono se hallaba Tavarcerta.

[Editado por aratir el 26-10-2006 19:30]

Sonyariel Lisse

¿Cómo que no tanto?Sonrió la joven y saltó sobre la espalda del medio elfo.

- ¡Una cosa es que diga estoy paranoica, otra que tú me digas que lo soy, cariño, mira que te muerdo esas orejitas sabrosas mi niño hermoso!

Tras bajarse de su espalda, se sentó al lado de él, y notó que no paraba de mirar el dibujo…

- Tú que sigues así y lo borro, mira que me da cosa cuando te da por pensar mucho, que te puede hacer mal, además hace algunos días que no me haces un cariñito… ¿no crees que ya a siendo la hora? – le dijo lascivamente la joven mientras le acariciaba el borde de las orejas.

- So… Sonyi… no... No hagas eso que hay gente mirando… - decía el medio elfo mientras la joven reía y no paraba de acariciarle, terminando con un abrazo y un beso que duró por algunos momentos.

- Te amo mi niño hermoso… ¿lo sabes? Lo diría una y otra y otra vez, lo gritaría ¡¡¡Te amo!!! ¡Y pobrecito de ti si te pillo mirando para el lado! Que ahí me enojo ¿Ah?

Darlak con una sonrisa la toma en brazos y la recuesta bajo el árbol y el se ubica a un lado acariciándole el rostro… por un momento se olvidaron de que existía el grupo… solo se quedaron ahí… por unos instantes, mirándose a los ojos… con las manos entrelazadas.

Niëlúne Lambar

La mañana había llegado de nuevo y parecía no dar tregua a los compañeros.Conforme iban caminando el aire se volvía más denso;a unos parecía afectarles más que a otros,pues unos callaban y otros aún les quedaba ánimo para la conversación.

Hicieron un alto en el camino para descansar;Niëlúne se sentó a solas en el tronco de un árbol caído y se limitó a observar.

Sus ojos se detuvieron en Anariel.Nunca antes se había fijado bien pero ahora que se había "transformado" parecía otra.Se le veía más tranquila,había adoptado un papel diferente al que había desempeñado durante demasiado tiempo pues ahora en sus ojos se podía adivinar algo de calma aunque en este dichoso viaje no hubieran más que preocupaciones.

Sonyariel y Darlak conversaban amenamente bajo un árbol-"Así que ella era quien le llenaba de dudas"-pensó,recordando la conversación que mantuvo con Lórindol la noche antes de partir de Hón.

Vanadessë y Eleth parecían estar sumidas en una interesante charla.En el rostro de Eleth podía adivinarse su preocupación por Rialath,aunque en el fondo de nuestros corazones todos intuíamos que se encontraba bien,al menos por el momento...

Bohr se acercó a la joven y se sentó a su lado.Por un rato nadie dijo nada hasta que el humano se decidió por fin a romper el hielo.

-¿Cómo te encuentras hoy,Niel?

-Algo mejor,gracias-fue su contestación.Durante unos instantes que se le antojaron eternos ambos guardaron silencio,como si supiesen qué venía a continuación y sólo esperasen a que el otro hablara.-He estado pensando en lo que me dijiste-dijo al fin ella.-creo que empiezo a entender.

Bohr la miró algo sorprendido.

-Sé que no quieres amar,y que no estás preparado para dar algo que ni siquiera sabes si alguna vez has recibido.Entiendo que-Bohr hizo un gesto en ademán de hablar-no por favor,déjame que termine.Entiendo que lo desconocido a veces,puede dar algo de miedo.He vivido toda mi vida en la ignorancia al haberme sido negada toda explicación referente a mi madre.Ahora sé,despúes de las cosas que he visto desde que llegué a ustedes que,hay cosas horribles en el mundo,que hay cosas que ocurren por la maldad de algunos y empiezo a pensar que si me fue ocultada su vida fue por mi bien,pues podría conocer una parte de ella que me hubiera atemorizado...

Bohr guardó silencio meditando las palabras de la semielfa.La joven quedó un instante pensativa,sopesando lo que diría a continuación para no equivocarse en sus palabras.

-Sé que eres aún niño,yo aún no termino de crecer.Pero estas últimos meses me han hecho ver que hay un mundo además del mío,y algo me empuja a madurar al margen de mis deseos.Entiendo tus sentimientos y los respetaré pero,quiero que me hagas un favor.-Bohr la miró y asintió-prometeme que no cerrarás la puerta que he abierto,no dejes que tu orgullo o tu arrogancia te nieguen una vida mejor y no digo ya a mi lado,sino al lado de quien el destino te sitúe.

Niëlúne se levantó y lo observó un momento.Se inclinó hacia el joven que la miraba y lo besó en la mejilla.

-Sé que no cumplirás la promesa-le susurró al oído-pero finjamos al menos,mientras esta aventura dure.

Y dichas estas palabras dio media vuelta y se dirigió de nuevo a su tienda.

[Editado por mithril_ el 27-10-2006 03:47]

Naredhel Anariel

- ¿Y bien? - preguntó Bohr mientras observaba cómo la elfa se sentaba sobre una piedra.

Anariel cruzó la pierna derecha sobre la rodilla, y comenzó a soltar las cuerdas que se entrecruzaban sobre sus botas.

- ¿Y bien qué? - preguntó ella a su vez, alzando la mirada entre los mechones de cabello rojo que caían sobre su rostro.

- Pareces demasiado silenciosa... Y me extraña. - Bohr aún no se había acostumbrado a la familiaridad que ella había establecido. En cierto modo prefería dirigirse a la Reina, porque la distancia obligada le parecía mucho más segura.

Ella rió entonces. Lo miró de frente apartándose los mechones de la cara con un ademán.

- ¿Silenciosa? - pareció meditar sus propias palabras.

- ¿Siempre respondes a una pregunta con otra pregunta? - dijo él, molesto por la actitud de ella.

- Sabes que no - respondió - Aunque hace tanto tiempo que no era yo, que en cierto modo aún no se muy bien qué responder a tus preguntas. Acaso no sepa ni yo misma cuánto de silenciosa soy - pareció alejarse a pesar de no haberse movido ni un milímetro - Cuando una tiene que representar un papel durante tanto tiempo, al final tiende a confundir las cosas. En cierta manera ésta es la ocasión de reencontrarme conmigo misma. Con la Anariel que un día marchó desde Nevrast...

Sabía que sus palabras no tendrían sentido para él. Nevrast era un lugar, y quizás eso era algo que él sabía. Pero poco más. Tampoco le importaba. El había nacido bajo el poder de los Sagrados. ¿Qué podía importarle acaso una guerra lejana? ¿Qué podía importarle el destino de la Hermosa Gondolin?

- Pensaba quizás... Pensaba que tendrías mucho que decir de los símbolos. Siempre te han importado mucho.

- A Naredhel le importan los símbolos - corrigió ella - Y a mí... A mí no es que me importen o dejen de importarme. Simplemente, lo que pienso lo guardaré de momento para mí.

Volvió a concentrarse en la tarea de soltar las cuerdas, cambiando de pierna esta vez.

- Eso me hace pensar que no confías en mí - sentenció él, ofendido.

- No es eso - afirmó, mientras volvía a atar las cuerdas enrollándolas con más firmeza - Podría decirte sin embargo que esta situación nos supera con mucho. Y podría decirte que tal vez alguno de nosotros no regrese nunca de esas ruinas. O al menos, que es seguro que muchos de nosotros ya no seremos nunca los mismos. Podría decirte muchas cosas, todas ellas oscuras - hizo una pausa y volvió a mirarlo desde donde estaba sentada, y su mirada de oro se oscureció - Porque son muchas las cosas que veo con mis ojos de Maia. Y muchas más las que Valandil me muestra en sus mensajes. Pero todo lo que podría decirte son cosas vagas, y sobre todo tan oscuras, que es mejor que no lo sepas.

- ¿Acaso prentendes amedrentarme? - preguntó él, intentando aparentar que no lo estaba.

- ¡No! - rió ella, y la sombra de sus ojos desapareció - Lo único que pretendo es que dejes de hacerme preguntas - Terminó de acomodar su calzado, y se incorporó rápidamente.

Él retrocedió un paso. Parecía confundido y ella no podía reprocharle nada.

- ¿Recuerdas aquella noche lejana...? ¿Aquella vez que pasaste la noche en Yána Ramárea?

Bohr se sorprendió de que se lo recordara, pero asintió levemente.

- Sé que tu orgullo juvenil te impulsó entonces. Quisiste jugar conmigo a un juego peligroso. Al menos para tí... - ella le guiñó un ojo, y después se acercó hasta él y le susurró al oído - Mis doncellas todavía te recuerdan con cariño...

Bohr sonrió de forma insegura. Porque durante todo este tiempo había querido creer que había pasado la noche con la reina de Heren Fanyarëa, aunque era consciente en su interior de que eso no era posible. Y entendió que para él, como para muchos, la reina Naredhel era inaccesible en modo alguno, pero no Anariel.

Ella se alejó entonces. Lorindol y Sonyariel se acercaban hasta ellos, y Anariel se apresuró a su encuentro.

- ¿Reemprendemos la marcha? - preguntó - Creo que ha sido ya suficiente descanso...

Elêth Niramar

- ¿En qué piensas Elêth? -le preguntó Vanadessë de repente.

Habían estado un buen rato charlando, pero desde hacía unos minutos hasta el momento, la dúnadan se había quedado mirando al frente sin decir nada. Al ver que su amiga no respondía, la elfa le pasó la mano varias veces ante los ojos. Al ver su mirada cortada, Elêth regresó a la realidad.

- Eh? Qué? No, nadie... no pensaba en nadie en especial... -contestó Elêth.

- Niña! Estás ausente! No pregunté quien sino qué! Te pusiste sola en evidencia! Empieza a contar todo eso que, por lo que parece, me perdí.

Elêth se ruborizó al instante y intentó escapar del interrogatorio de forma desesperada.

- No digas tonterías... no te entendí bien, eso es todo... ya te dije que no pensaba en nada ni nadie en especial... no saques conclusiones precipitadas.

- Como siempre, tus ojos te traicionan, jovencita! Y me pregunto... quien puede haber en la dirección en la que miras para que estés tan preocupada? -preguntó Vanadessë. Era una pregunta retórica. Las dos lo sabían. Como siempre, a Elêth le había traicionado la mirada; y como tantas otras veces, Vanadessë había sido capaz de ver más allá del caparazón que Elêth había creado para proteger su yo más íntimo. Hasta el momento, solo Vanadessë y Sonyariel habían sido capaces de ver la existencia de tal caparazón. Pero, aunque Elêth estaba ya acostumbrada desde niña a que Vanadessë lo traspasara sin problemas, ello no quitaba que la incomodara bastante.

- Vana... si sabes la respuesta para qué preguntas? -dijo con una falsa sonrisa que intentaba devolverle la seguridad en sí misma.

- Porqué alguien tiene que conseguir que superes ese miedo que te impide hablar de estas cosas abiertamente. Sabes que estará bien. En el fondo sabes que va a volver... la pregunta que yo te hago es, qué harás cuando lo haga si conmigo no eres capaz de hablar del tema?

- Vana no... no creo que este sea un buen momento para... hablar del tema. Y... creo... creo que has sacado conclusiones muy pronto. Digo yo que si alguien se pierde es normal que yo me preocupe, no? Y, además, tampoco es que lo conozca tanto como para que tu deduzcas... nose que has deducido, pero seguro que te has pasado en conclusiones...

- Pero entonces... algo de razón tengo -dijo la elfa con simplicidad. Había acabado llevando a Elêth a su terreno. -Y eso significa que...

- Qué? -preguntó Elêth ya despreocupada mientras empezaba a recoger sus cosas, pues habían anunciado ya la reanudación de la marcha. Convencida de que había dejado las cosas claras, no se preocupó por levantar la mirada hacia su amiga, que esperaba expectante.

- Como que qué? Qué cuentes ya de una vez lo que te ha pasado!

- Pe... pero Vanadessë... esto... la marcha, reanudaron la marcha -intentó escabullirse Elêth.

- Y? Perfectamente sabes hablar mientras caminas, no? De pequeña se te daba muy bien hacerlo... y también mientras corrías. No creo que ahora tengas problema alguno en hacerlo -dijo resuleta, en una actitud que no aceptaba negativas.

Elêth suspiró y empezó a contarle a grandes rasgos lo que le había pasado desde la noche del insomnio con toda naturalidad, sin percatarse de la sonrisa que Vanadessë tenía en su rostro. Al hacer que la dúnadan olvidara sus miedos aunque solo fuera por momentos, había ganado.

Valandil Súleglîn

Una extraña luz cautivó de nuevo los cinco sentidos terrenales del maia, empero su conciencia sabía que algo raro ocurría. Tras aquella luminosa fuente una cruel realidad se hallaba...una realidad a la que ciegamente se debería enfrentar...

En cambio, una fuerte conexión crecía junto con Naredhel, la cual recibió otro mensaje del cual se podía entretejer la repetición de una única palabra:

Aman...Aman...Aman...

Pero Súleglîn no se hallaba solo en aquel extraño e irónicamente sombrío paraje, pues en su camino la presencia de un dunadan se interpuso. Esta extraña casualidad provocó en él una visión y reuniendo fuerza y valor le pudo gritar:

Allí donde la luz agoniza, dónde los sueños realidad son, una vez más se deberá alzar tu voz y el destino del dunadan se eregirá por encima de "su voluntad"...

Una fuerte melancolía aprisionaba con ansias el corazón del maia...Annamel...tan lejos se encontraba que una dulce pena le recorría cada palmo de su ser.

[Editado por wiccano el 28-10-2006 03:09]

Vanadessë Nissëlor

La elfa sonreía mientras seguía a Eleth para reanudar la marcha, al parecer Vanadessë ésta vez había ganado. Sin dudarlo, sabía que Eleth sentía algo más que preocupación por el dúnadan y esto la alegraba.

-Cuanto mas tendremos que caminar?- preguntó la elfa distraída.

-Vana, no me digas que ya estás fatigada- rió la dúnadan, quien notaba que la alegre elfa que conocía estaba saliendo a flor de piel. En el viaje la había sentido algo distante y melancólica, mas no quería indagar más pues sus propias preocupaciones se estaban desviando a otra persona.

-Como crees!!, no es fatiga... sólo un poco de preocupación- dijo Vanadessë. -Has notado que sonyariel esta algo extraña?. Eleth la miró y asintió con la cabeza.

-Pues bien, es ella quien me preocupa- la elfa dió un suspiro y miro en dirección al lugar en donde se encontraba su amiga y su novio, se veían tan lindos juntos que un dejo de tristeza se invadía su corazón.

-No creo que sea algo grave, Vana- dijo Eleth.- si algo grave le ocurriese ya nos habría contado, no crees?.

La voz de su amiga era dulce y le calmaba su angustia en cierto modo. Se aproximaban al lugar en donde se encontraba el resto de los viajeros y Vanadessë miró a todos y cada uno de ellos, sus rostros denotaban preocupación, y no era para menos, pero aún así la elfa sintió la necesidad de alegrar un poco aquellos corazones afligidos.

-Espero que cuando lleguemos a destino, en las ruinas aquellas, encontremos además alguna fuente termal, porque el estres del viaje se me está acumulando- bromeó la elfa, al tiempo que se ruborizaba y reía al ver que lograba robarles algunas carcajadas a sus compañeros de viaje.

Báldor

Báldor cabalgaba pensativo sobre su caballo tordo, casi negro, dirigiéndose al Norte. Vestía cómodas ropas de viaje: pantalones negros de lana con refuerzos de cuero, camisa de algodón blanco y un tabardo de suave piel para protegerlo del frío; calzaba botas altas de cazador, relucientes y bien engrasadas. Su espada bastarda colgaba de la silla de cuero repujado mientras su daga permanecía hundida en una hermosa vaina que pendía de su cintura, escondida bajo el tabardo.

La visión del conjunto no podía mentir, un noble y rico canciller, de aire militar, montando un poderoso caballo de guerra, se dirigía en solitario hacia el norte.

¿Pero qué hacía un senador de Eirë Esteldor tan lejos de casa? ¿Qué había hecho abandonar a Báldor a su familia, sus ricas ropas, el repicar de los pasos sobre losas de mármol por ese viaje peligroso, en tierras enemigas?

Un sueño vino a perturbar su vida capitalina, un sueño extraño y perturbador. Un sueño que lo encaminaba hacia Tabarcerta. Tabarcerta: hasta ese momento sólo un nombre lejano, ahora algo oscuro por lo que arriesgar la vida.

El caballo tenía un paso vigoroso que molestaba a Báldor, le recordaba que el tiempo se la acababa, que caería en esas ruinas sin saber siquiera porqué estaba allí, porqué había cedido a las insinuaciones veladasas de un sueño sobrecogedor.

Rialath

Rialath habia esperado un largo rao en el claro sin que nada pasara, se hartó de esperar. Pensó sin darse cuenta en Eleth, se sacudió ese pensamiento de la mente no sin antes preguntarse porque esa muchcha volvía una y otra vez a su mente... pero ahora no era el momento de pensar en ello, habría sido la voz de Eleth en el recuerdo...

No le gustaba esperar a la sentencia, sintiendose vigilado, ya no tenía miedo. Solo piodía volver, esa muchacha que había estado buscando debía estar ahí, aunque fuera la boca del lobo se metería de nuevo en ella, voluntariamente y consciente del peligro.

Avanzó con paso firme y veloz, al poco estuvo de nuevo en la fuente, silencio, soledad pero tensión, allí habia algo, la luz se veía diferente, la fuente estaba envuelta en ella, era de gran belleza pero, ¡otra vez pensando en Eleth! Supiró resignado absorto en sus propios pensamientos, ahora hechaba de menos a su tío, la única persona en la que había confiado plenamente y con la que había hablado siempre con total franqueza, necesitaba consejo, pese a la luz algo peligroso se acercaba, las pocas trazas de sangre èlfica que corrían por sus venas le permitían ver ciertas cosas que un hombre normal no veía, algo estaba allí.

Allí donde la luz agoniza, dónde los sueños realidad son, una vez más se deberá alzar tu voz y el destino del dunadan se eregirá por encima de "su voluntad"

Ese grito le sacó de su ensoñación miró hacia atras, nada, bueno, sí, había algo pero no acertaba a decir si era real o no, ni qué era pero... "por encima de su voluntad"! era verdad, el destino lo había llevado allí y eso era una señal, debía irse inmediatamente ¿donde? no lo sabía, pero debía irse de allí, encomendandose a Eru marcho con buen paso sin fijarse por donde iba ni hacia donde, dejaba que su instinto le guiara hacia algun lugar seguro, estaba demasiado confuso y aturdido para pensar, lo que pasara allí se escapaba de su entendimiento, necesitaba investigar, necesitaba consultar libros... libros! siempre libros, de pronto vió quan absurda dependencia tenia de esas cosas y quan profundamente las amaba pero que podía hacer allí, nada, andaba absorto, sumido en infinidad de pensamientos sinenterarse de nada del mundo que lo rodeaba.

Naredhel Anariel

El sol estaba alto cuando reemprendieron la marcha. Pero sus rayos apenas lograban abrirse paso a través de las frondosas ramas de los árboles que se apiñaban en torno a ellos.

Pronto descubrieron que no era fácil avanzar por el camino. Las enorme raíces de los árboles se extendían por todas partes, y cada poco alguno tropezaba si no vigilaba atentamente por dónde pisaba. Anariel sentía que eso en el fondo era una buena señal. El Bosque protegía el centro de su energía, y en cierto modo, les hacía difícil llegar a ella. Aunque estaban agotados, cansados de vagabundear por el bosque sin rumbo fijo.

Caminaba sumida en estos y otros pensamientos cuando algo la golpeó en el corazón. Algo que sintió muy dentro. Se llevó la mano al pecho, como intentando que el corazón siguiera a pesar de todo en su sitio, y cayó de rodillas sobre las hojas caídas.

Sus labios emitieron un quejido apenas audible, que fue creciendo hasta que todo el grupo la oyó gritar.

- ¡Aman... aman... aman...!

Bóhr corrió hasta ella, y se arrodilló sosteniéndola de un brazo.

- ¡Anariel! ¿Te encuentras bien? Dí algo...

Ella lo miró fijamente a los ojos, como si no lo reconociera, buscando en su rostro algo que la ayudara a volver a la realidad. Sus labios se movieron buscando la respuesta a su pregunta, pero sólo acertaron a repetir la misma palabra.

- Aman...

Se levantó como pudo y se alejó del hombre caminando de espaldas, para quedarse apoyada sobre el tronco retorcido de un gran sauce.

Un rayo de sol se coló entonces entre las ramas, haciendo titilar las sombras de las hojas del sauce. El rayo de ella acarició sus ojos, y sintió que poco a poco volvía a respirar. El dolor en el pecho remitió. Y sacudió la cabeza, como si despertara poco a poco de una ensoñación.

- ¡Valandil! - dijo, y salió corriendo en una dirección determinada, sin saber muy bien que buscaba. Los demás corrieron tras ella, extrañados, temiendo por ella y por el Maia que había nombrado.

Corrió durante un rato, perdida entre los árboles. De pronto se detuvo, y observó algo extraño en el suelo. Algo brillante. Una larga espada yacía tendida en el suelo. Las hojas muertas aún no se habían posado sobre ella. No podía llevar mucho tiempo allí. Reconocía la espada. Los demás llegarón allí justo cuando Anariel tomaba la espada entre sus manos.

- Aman - dijo ella.

- ¡La espada de Valandil! - gritó Darlak preocupado, acercándose hasta ella - ¿Pero cómo demonios ha llegado hasta aquí? ¿Y dónde está él?

- Necesita nuestra ayuda, él y muchos más. La espada señala al oeste... creo que es una señal... A partir de ahora tenemos que estar muy atentos... Encontraremos muchas más señales a medida que avancemos....

Sus palabras se interrumpieron. Un sonido como de hojas llegó hasta ellos, y ella fijó su mirada en la espesura. Los arbustos se movieron, y ella empuñó la espada de Valandil, pues aún la tenía en la mano.

La espesura se abrió, y ante ellos apareció Rialath. Se apoyó contra un tronco de un árbol. Su rostro estaba arañado, y la sangre corría cegando sus ojos. Las ropas aparecían rasgadas, y respiraba con dificultad. Parecía exhausto. Intentó esbozar una sonrisa, mientras todo el grupo lo miraba boquiabierto.

- Os habíais perdido... pero os encontré - dijo apenas en un susurro, y después intentó reir. Pero la risa se apagó en sus labios, y cuando intentó dar otro paso, cayó de rodillas.

Anariel corrió hasta él, y lo sujeto en su regazo.

- Creo que hoy no podremos avanzar más - dijo.

Niëlúne Lambar

Rialath apareció como de la nada,al igual que la espada de Valandil solo para llenarnos de más dudas.

Todo sucedió muy rápido y casi no dio tiempo a reaccionar.Cuando Anariel salió a la carrera no pudimos hacer más que seguirla e intentar no perderla entre aquellas enormes raíces de los viejos sauces.

Habíamos instalado el campamento en un pequeño claro y Rialath fue conducido a una de las tiendas para sanar sus heridas y darle tiempo para el descanso.Primero necesitaba recuperarse,luego vendrían las explicaciones.

Por fin todos juntos de nuevo,todos,excepto Valandil.Su extraña desaparición había empañado el ánimo de muchos,sobre todo de sus amigos y compañeros.Aunque su desaparición había sido una incógnita para todos y algunos no podían evitar sentirse recelosos ante tanto misterio.

Niëlúne caminaba por el claro sin dejar de prestar atención a todo lo que sucedía.Anariel,Eleth y Vanadessë estaban en la tienda con Rialath.A veces Eleth asomaba para dar alguna orden y pedir vendas,o alguna hierba curativa aunque hasta el momento parecía que el humano acabaría por ponerse bien.

Darlak hablaba con Bohr,aunque el humano era uno de los que desconfiaba por la desaparición del Maia no por eso había perdido todo su respeto hacia el semielfo al ocultarle la información.Respetaba su opinión y lo sabía sensato y responsable.

Niëlúne observó a Sonyariel;ésta estaba apoyada contra un árbol y lanzaba miradas a Darlak de soslayo mientras éste hablaba con Bohr.Se acercó a ella y se puso a su lado.La humana le dirigió una sonrisa y la saludó.

-No hemos tenido mucha ocasión de hablar-comenzó la semielfa;Sonyariel asintió.Niëlúne guardó silencio un instante y luego volvió a hablar-Tal vez te parezca indiscreta pero,Darlak y tú,teneis una relación...especial,¿no es así?

Sonyariel asintió nuevamente y le dirigió una mirada interrogativa a la semielfa como quieriendo saber a dónde quería llegar.

-No quiero parecer indiscreta,lo siento,no suelo meterme en estos asuntos pero,me intrigais.No se si supone un problema una relación entre humanos y semielfos,no se si me entiendes...-la joven se ruborizó al recordar la "curiosa" relación que mantenía con Bohr,pero la humana pareció entender a dónde quería llegar.

-Bueno...realmente no sé si a algún otro podría suponerle un problema.Nuestra relación comenzó como un juego y acabamos enamorándonos...sólo sé que le quiero,y que lucharía y daría mi vida por él.-parecía algo reacia a dar respuestas,algo extraña ante aquella desconocida,pero no vio problema en contestar.

-Gracias...siento haberte importunado,sé que apenas nos conocemos y que a lo mejor me estoy metiendo en donde no me llaman,no suelo ser así.

-No te preocupes-fue su respuesta,la cual acompañó con una sonrisa y un guiño de complicidad-he notado algo...tal vez,te esté pasando algo parecido a lo que a mi me pasa.

La semielfa la miró sorprendida-"¿tanto se me nota?"-pensó,y no pudo evitar un leve rubor en sus mejillas.

-No te preocupes,tranquila,será un secreto entre nosotras dos-ambas se rieron ante la idea de guardar un secreto que al parecer,era un secreto a voces.

[Editado por mithril_ el 28-10-2006 21:05]

Bohr Daedth

Rialath llamó a Darlak y a Bohr... ambos acudieron. La única que iba a permanecer en la tienda fue Eleth. Pero supo que acontecería una reunión entre hombres así que con mucha nobleza se retiró.

Los hizo sentar. Y se acomodó sentado en el catre, aunque hizo ademán de pararse.

- Oiganme, por favor. Estuve allí, creería saber cómo volver a llegar... pero no. Hay algo en el aire, algo que llega al corazón mismo. Que no sé cómo... me es imposible volver. Pero debemos llegar allí. He visto cosas que empiezan a borrarse de mi memoria. Pero... oiganme. ¿Somos nosotros, está claro? Este camino no está dispuesto para nadie más, si no somos nosotros hoy, no será nunca nadie.

- Bien, tranquilo Rialath... ¿Viste algún rastro de Valandil? - dijo Darlak.

Bohr lo observó, 'y qué sabía él de que Valandil se hallaba en el lugar donde estuvo el dunadan?'

- ¿Porqué dices que nosotros, Rialath, uno de nosotros o todos? ¿Qué tenemos de especial si nada nos une realmente?- opinó Bohr.

- Varna, - Rialath no podía contener sus prejuicios, aunque los moderaba. - hay más en el mundo de lo que ves y de lo que te han dicho. -Así como algunos dicen que estás destinado a reemplazar a Alsenot siendo un hijo no legítimo, hay destinos que aún están velados, y que no son individuales.-

Bohr iba a incluir un "pero", pero calló.

- ¿Entonces? ¿Qué es lo que estamos experimentando?- Preguntó en general el noble medioelfo.- ¿Cómo habremos de resolver todo este laberinto? ¿Y qué es primero, ir donde Valandil o entender las señales?-

Bohr, cuya esencia no habría tolerado las preguntas en otro tiempo, sacó su espiritu básico, nuevamente... a veces, en realidad la mayoría de las veces, había despertado cuando le era útil. - Hay que descubrir a quien está dejando esas señales, sean para nosotros o lo que sea, hay alguien. ¿Cómo? Darlak... yendo allí afuera y atrapandolo.

Los otros dos rieron, un poco de su lo ridículo que era Bohr cuando se mostraba tan ingenuo, y otro poco como cómplices de su plan. Él también sonrió, esos hombres tenían sus cosas, pero le caían bien.

- No hallaremos a nadie, Wethan. Pero lo que has dicho, vayamos allí al bosque, donde...el bosque dice cosas, y donde el bosque dirá, y lo resolveremos. Pues está puesto ahí para nosotros.- Dijo Darlak, entendiendo a Rialath.

- Vamos ya.- Se entusiasmó Bohr.

Habían llegado a un acuerdo. Los tres hombres habían decidido enfrentar las señales, y negociar con ellas. Todo estaba más claro. Saldrían y llevarían a toda la expedición nuevamente a observar. Esta vez no se les escaparía más nada.

... Sin embargo, no sabían aún que no todos debían sobrevivir a los asesinos, que esperaban el momento indicado.

Rialath

Gracias a los constantes cuidados de Eleth Rialath se recobró físicamente a un ritmo veloz, animicamente bastó con tener a la Dúnadan cerca, al acabar esa aventura le resultaría doloroso que se separara de él, le gustaba su compañia...

Pero ése dulce descanso no iba a durar mucho, pronto la realidad se cirnió sobre él, tras la charla con Bohr y Darlak, los cuales iban progresivamente cayéndole en gracia Rialath estaba decidido a colaborar con esos dos y a tomar la responsabilidad y el peso que suponía, junto a sus dos compañeros, el guiar la expedición, antes, pero, una incomoda y molesta charla con todos, querrían explicaciones, Rialath se preparó mentalmente para revelar solo lo estrictamente necesario, le habían sido reveladas cosas durante su andar que era mejor reservar para mas tarde y la perspectiva de que quizás no salieran de ahí todos era lo menos abrumadora.

Poco después de mediodía salió de la tienda, acompañado siempre por una extremadamente atenta Elêth, que estaba quizas demasiado preocupada, él agradecía esa atemción. Una hoguera en medio del campamento, todos los exploradores reunidos entorno a ella, todos menos Valandil y eso provocaba en el una pregunta ¿era Valandil el dueño de esa voz que le había gritado en la fuente?¿Era valandil la presencia que había sentido? de ser así ¿porqué no se había mostrado? ¿quizas porque no podía? ¿porqué no podía? Tetricos pensamientos le invadieron unos instantes, en el fondo empezaba a sospechar algunos posibles motivos.

Todos los exploradores le recibieron con calidas sonrisas, en algunos ojos advirtió alivio, Rialath supo, en parte se alegró y en parte se lamentó, que su ánimo hacia aquellas personas se había suavizado notoriamente, los veía con ojos distintos.

- Saludos Rialath...- dijeron varios al inicio, Naredhel no dijo nada. Rialath no prestó atención a la comida que le ofrecían:

- Debemos partir inmediatamente hacia la fuente.

- ¿Puedes llevarnos hasta ahí?- La voz de Naredhel ¿ansiosa o preocupada?

- Fui... educado para seguir rastros... pero también para no dejarlos y mientras me alejaba de las ruinas por instinto no dejé rastros, lo siento, pero yo no puedo guiaros al punto exacto, solo acercaros a la zona, tendremos que confiar en las señales que nos vayan dejando los que quieren que vayamos ahí.

- ¿los que quieren?- Elêth expresó la perplejidad de los asistentes.

- Mientras estaba ahí sentí que había algo, no todo maligno, pero tampoco todo benigno, algo me gritó justo a tiempo para que pudiera escapar de algo peor que ser capturado o muerto- Rialath sacó el volumen donde había copiado las runas que había visto, los dibujos de algunas de las estructuras arruinadas y los enseñó a todos.- Yo no soy capaz de descifrar esta lengua, entiendo algún signo pero no más pero el que mas me inquieta es éste- señaló el que habia calcado de la fuente. - Esos somos nosotros y no esta hecho por manos humanas o élficas- Darlak iba a decir alguna broma, pero se contuvo, no era el momento.

-Allí donde la luz agoniza, dónde los sueños realidad son, una vez más se deberá alzar tu voz y el destino del dunadan se eregirá por encima de "su voluntad"- Rialath pronunció esas palabras una vez, Naredhel miró con interés. Los demás sin comprender. -esas palabras fueron mi salvación y son mi condena, las pronunció Valandil, creo.

- ¡Viste a valandil!- unánime

- no le ...

Naredhel Anariel

Valandil, en cierta forma extraña y misteriosa, ya no formaba parte de éste mundo. Aunque seguía conectado a ella. Aunque había conseguido dejar un rastro material, en la forma de la espada que tanto amaba... pues se la había regalado Anammel mucho tiempo atrás. Y aunque su cuerpo debería permanecer en algún lugar físico. Pero a pesar de todo aquello, el espíritu de Valandil había transcendido. Quizás por eso su conexión se había hecho tan fuerte. Quizás por eso lo había sentido en cierta manera dentro de ella, golpeándola desde dentro.

Pero esa conexión no tardaría en perderse. Anariel la sentía debilitarse por momentos, y temía que en el momento en que esa conexión desapareciera, lo perdieran para siempre.

No exteriorizó sus miedos, ni su preocupación. No quería que los demás sufrieran, sintiéndose impotentes para ayudar a su amigo. En ese momento, sólo ella podía ayudarle, luchando interiormente para que los lazos que los unían no se rompieran.

Ante las últimas palabras del dunádan, Anariel se mostró extrañamente callada.

- ¿Cómo es que no le viste si aseguras que estaba allí? - preguntó Vanadessë preocupada.

- Algo tienes que haber visto... Algo... - había cierta angustia en la voz de Sonyariel. Darlak se sentó junto a ella, y pasó un brazo por sus hombros, reconfortándola. Ella apoyó su cabeza en el rostro del hombre, agradecida pero no menos preocupada.

- Anariel ... - dijo Niél entonces, mirando fijamente a la Vanya - No has dicho nada, y eso no es normal en tí. Tú encontraste la espada... ¿No nos dirás más?

Con un suspiro profundo, Anariel los miró uno a uno, y después fijó la mirada en el fuego que bailaba ante ellos.

- Fue el poder de Valandil lo que sintió Rialath. Un gran poder que utilizó para salvarlo, aunque no pudiera salvarse él mismo. Temo que haya sido demasiado, y estoy preocupada. No lo puedo negar. Pero - eligió las palabras con cuidado - yo todavía lo siento, de alguna manera. Y eso debe tranquilizaros. No sé dónde está. No sé cómo llegar a él. Pero de una forma u otra los dos estamos conectados, y el nos guiará para llegar a él. No perdáis la esperanza - concluyó con una sonrisa forzada.

Darlak se puso de pie, con un impulso repentino e incontrolable.

- ¡Debemos reemprender la búsqueda de inmediato! - gritó, y Sonyariel se levantó, con gesto decidido, apoyando su decisión.

- No podemos buscar nada de noche, Lorindol - sentenció Anariel - Y mucho menos encontrarlo. Aún contando con expertos rastreadores como contamos - añadió mirando a Eleth y Rialath - Porque los mensajes llegarán de improviso, y ni siquiera nosotros sabemos qué forma tendrán. Si nos arriesgamos a pasar por alto, nos arriesgamos también a extraviar el camino. Y eso sería la condena total de Valandil.

Darlak y Sonyariel se sentaron apesadumbrados. El grupo entero permaneció entonces silencioso, cada uno sumido en sus propios pensamientos, y en la incertidumbre de lo que la aventura les depararía.

Báldor

El paso del caballo se hizo más impreciso y sus ojos evitaban el Norte. Era un caballo valiente, acostumbrado a la guerra y a las sombras, pero algo lo espantaba.

La noche se les estaba echando encima y algo, algo casi imperceptible, le estremecía el corazón también a Báldor. Sus entrañas le hablaban -Mañana será otro día, necesito descansar... este camino es mejor hacerlo a la luz del día-

Y se escuchó a sí mismo.

Al Oeste se vislumbraban los lindes de un espeso bosque. Con unas palmaditas tranquilizadoras dejó que el caballo se internara en él.

La noche ya devoraba al mundo y las sombras azules de los altos y viejos robles veteaban el suelo perfumado y esponjoso. Al fin se detuvo y bajó del caballo.

No se había adentrado demasiado en el bosque, pero sí lo suficiente como para sentirse inmerso en la espesura, resguardado del mundo, hundido en olores y ruidos nuevos... en nuevos peligros.

Al pié de un tronco negro dejó sus alforjas, su espada y la silla del caballo, que mordisqueaba hierba fresca. Mientras, él, encendió un pequeño fuego para calentarse, y comió algo de carne salada.

Estaba cansado pero no tenía sueño ni deseaba soñar. Sabía que estaba ya muy cerca de las ruinas que habían perturbado sus últimas noches. Los sueños que, a medida que avanzaba hasta Tavarcerta, se hacían más y más siniestros, le hacían preguntarse si había obrado con sensatez al emprender el largo viaje. Pero sus ansias de saber siempre le habían hecho despreciar las dudas y continuar hacia delante.

Se arrebujó en su chaquetón de cuero negro, estiró las piernas y cerró los ojos; casi creyó que volvía e estar en el frente, de cacería en Hyarmenassea. Pero no, ahora estaba solo, mucho más lejos de casa, y ya no era el joven capitán que fuera antaño, en las guerras contra los hombres salvajes; no era sino un hombre de mediana edad, canciller, senador de Eirë Esteldor, cansado de tanta guerra, las del pasado y las del presente.

El sueño le estaba venciendo.

[Editado por elfo_negro el 31-10-2006 12:03]

Niëlúne Lambar

Llegó la mañana y los compañeros se prepararon para partir de nuevo.Rialath,que se encontraba algo mejor decidió que podría desplazarse sin problemas,aunque la siempre atenta Elêth se encargaría de atenderlo.

La mañana transcurría lentamente,y a medida que los compañeros se adentraban en el bosque el aire se hacía más y más denso.

Pronto una espesa neblina los fue envolviendo y las imagenes a veces se volvían borrosas.

Pronto llegó el mediodía e hicieron un alto en el camino para comer algo

Las atenciones de Elêth para con Rialath parecían dar resultado pues mejoraba notablemente y y su rostro volvía a tener color.

Conforme iban avanzando Niëlúne reconocía lugares,en algunos ya había estado y en otros creía haberlo hecho.Estaba confusa.Tenía vagos recuerdos de los lugares por los que Hilaran la había llevado,todo había sido como un sueño.

Mientras caminaban y sin darse cuenta,se había situado al lado de Bohr.Se sorprendió a si misma al cerciorarse del detalle.

-¿Recuerdas algún sitio por el que hayamos pasado?-le preguntó el humano.

La semielfa dudó un instante pues realmente no sabía si había reconocido alguno.

-No lo sé...mi recuerdo es pobre y todos los parajes me son familiares.Todos se parecen mucho.Lo único que puedo asegurarte es que la sensación de urgencia que me invadió aquella noche mientras Hilaran me conducía a la plaza en ruinas es la misma que siento ahora...no sé qué es exactamente,pero algo me apremia a seguir adelante,y terminar ya con esta incertidumbre...

Rialath

Al cabo de un rato llegaron a un claro, le era muy familiar a Rialath, se dió cuenta que allí era donde se había parado justo antes de volver se de nuevo hacia las ruinas pero no conseguia recordar el camino.

- Yo estuve aqui... y oí tu voz. - dijo mientras se volvía hacia Eleth

Ella lo miró sin comprender.

- Aunque no fueras tu me agradó oirte...- rialath parecía desanimado, hablaba en voz muy baja. Wethan lo vio:

- Rialath, ocurre algo?

- Estamos cerca... yo estuve aquí, creo que seria conveniente agruparse todos ya. A partir de aquí el riesgo aumentará a cada paso... hay cosas en este bosque...

Algo en la mirada del numenoreano le dijo a Wethan que había ocultado algo, que había algo que no había querido contar

- hay... algo que debamos saber?

- Todo a su debido momento.- Rialath respondió con una voz seca, sus ojos parecieron durante un momento ausentes, no lo sabía, pero se acababa de manifestar el Rialath vidente, raras veces despertaba en Rialath ese poder, pero cuando lo hacía... - Tan solo te diré por ahora que las almas vacias de muertos de antaño son la menor de nuestras preocupaciones. En marcha!

Naredhel Anariel

Con las primeras luces del amanecer reemprendieron la marcha. Se había creado tal compenetración entre los viajeros tras aquellos días de viaje, que eran capaces de recoger o montar un campamento en muy poco tiempo. Cada uno de ellos sabía perfectamente qué era lo que tenía que hacer, y eso contribuía a agilizar el trabajo.

Rialath y Niélunë iban delante, comentando entre ellos qué era lo que cada uno recordaba del camino. Pero todos permanecían alerta, escudriñando cada rastro.

Anariel se hallaba envuelta en su propio silencio. Había notado cierta variación en el aire. El viento frío de la mañana le había traido nuevas de otra presencia en el bosque. Y aunque había buscado en su corazón intentado descubrir si se trataba de una presencia amiga o enemiga, no conseguí discernir nada aún.

Y el peligro... cada paso que daba se hacía más pesado. Y los golpes de su corazón parecían más fuertes.

Báldor

Los ojos sanguinarios de un elfo enloquecido le despertaron.

Aun no había amanecido y había dormido apenas 3 o 4 horas, pero ya era suficiente.

Hacía frío y las brumas se habían extendido, tenues.

Báldor se levantó entumecido y dolorido gracias al terreno pedregoso que había hecho las veces de cama.

Haciendo estiramientos y ejercicios, un poco fuera de lugar, logro entrar en calor y normalizar su estado físico. Avivó el fuego, del que apenas quedaban unas pocas brasas, y se sentó junto a él. El caballo seguía atado.

De las alforjas sacó dos libros de tapas verdes. Abrió uno con cuidado. Su propia letra, en tinta roja, se apretaba en las páginas gruesas. Contenían varios años de estudio y notas sobre hallazgos realizados en sus largos viajes de antaño. Hacía ya mucho que se había decidido a escribir compendios sobre los datos que iba recopilando. Antes de partir hacia Tabarcerta había cogido los dos libros en que, de algún modo, se hacía referencia a ella. En el barco que lo llevo hasta Laure Hópa tuvo tiempo de hojearlos con detenimiento, pero no encontró sino vagas referencias en un estudio mucho más vasto sobre las ruinas de Amaurenori.

Ahora, más cerca de Tabarcerta de lo que nunca había estado, sentía la necesidad de comprender, de entender esa antigua civilización que pobló esas tierras cuando sus antepasados luchaban, muy lejos de allí, en la hundida Beleriand, contra el Señor Oscuro. Esas notas, esas descripciones de ciudades fabulosas, esos dibujos detallados de frisos ricamente ornamentados, de capiteles que fueron, algún día, sostén de todo un mundo, le hacían sentirse un extraño, un extranjero y le incitaban en su búsqueda y en su hojear calmado. Pero nada le decían sus viejas palabras. No encontraba la relación entre las piedras que tan bien conocía y los ojos encendidos que le despertaban algunas noches.

Con el alba cerró y guardó el libro. Desayunó y se dispuso a partir. No estaba cansado y la lectura le había calmado y animado.

Con la intención de encontrar respuestas ensilló y enjaezó a su caballo, colgó la espada y montó de un salto. Se rió de si mismo al recordar el desasosiego que sintió la noche anterior y que le hizo desviarse de su camino y entrar en el bosque.

Se disponía a acortar camino dirigiéndose directamente hacia el noreste, cuando, no habiendo caminado más de una hora en una dirección un tanto intederminada, exigida por las irregularidades del bosque, oyó ruidos que se acercaban. Reconoció lo que debía ser un pequeño grupo con algunas voces femeninas.

Después de pensar un instante, y de analizar los ruidos y los ritmos, decidió que lo mejor sería averiguar de qué se trataba, ya que, en principio, descartaba que se tratara de una patrulla militar. Comprobó que la espada se deslizara con suavidad en vaina, buscó bajo su tabardo su daga y acarició a su caballo.

Darlak Lórindol

Darlak caminaba sumergido en sus propios pensamientos. Principalmente no dejaba de pensar en su amigo Valandil. No debió haberle dejado partir pues su espíritu se hallaba débil desde lo sucedido en Amaurenori. Aunque era cierto que, como maia de los bosques, Valandil tenía una cierta conexión con los árboles y las florestas y que, por alguna razón extraña, aquel bosque había requerido su presencia.

Se maldijo a sí mismo por haber conducido a todos a aquella expedicion, él había sido el motor de aquella búsqueda y en su corazón la espina del temor por la suerte de sus amigos hería su interior.

Siguió caminando y su mirada se halló entonces con la imagen de un árbol, especialmente frondoso y luminoso. Era un fresno. Se desvió de la expedición y se acercó a él. Rozó la corteza con su mano y, en ese momento, sintió un quemor en su muñeca.

Retiró la mano ofuscado y entonces vio que el brazalete de Eleth que se había puesto en la muñeca brillaba extrañamente.

Nai elye hiruva

El quemor era insoportable y Darlak se quitó el brazalete que cayó a la maleza llenándose de hojarasca, con estupor vio como en la corteza del árbol había un extraño símbolo que brillaba de igual forma.

Bohr llegó entonces y contempló sorprendido el símbolo de la corteza y el brazalete en el suelo.

- ¿Y ese brazalete? - preguntó

- Eleth lo tomó prestado del tesoro que hallamos en Amaurenori - Darlak se acercó al brazalete y lo tocó con cuidado pero el brazalete ya no estaba caliente.

En ese momento, en la parte delantera de la expedición sus compañeros se topaban con el extraño hombre de Esteldor.

[Editado por aratir el 04-11-2006 13:03]

Bohr Daedth

Una extraño tunel formado por los arbustos cruzaron Venéscyth y Eleth... los más sigilosos del grupo. El elfo y la montaraz seguían los sonidos de pasos que se oyeron más intensos. Eleth le dijo a su compañero sólo con un movimiento de labios sin sonido, que era un hombre el que estaba del otro lado del camino, y estaba armado.

...

El resto se acercaba a menor velocidad por las circunscripciones.

...

En otra parte Bohr dialogaba con Darlak sobre el brazalete, y comentaron también algo sobre Amaurenori. Ambos callaron algunas cosas, pero dijeron lo que era importante para las circunstancias. Bohr pensó en Darlak, que para él era más un elfo que un humano, por lo que sabía, él también había sufrido, pero sin embargo se preocupaba ahora por cosas más importantes que él día a día, y el momento. Darlak se estaba ocupando del pasado. Había recopilado información y llevaba adelante una misión inmensa junto a su gente. Los elfos estaban atados al mundo, y al tiempo, el humano creía haber oido eso alguna vez. Pero Wethan Bohr no podía comprender que un ser pensante no decidiera plenamente por sí mismo, entonces admiró a Darlak por su compromiso con algo que para él mismo no era fundamental, pero sí había algo en el tiempo que era importante para los pueblos, sí, eso lo había entendido, los padres, los hijos, los nietos...

...

Desde el otro extremo del tunel de hojas Báldor se acercaba hacia donde había oído las voces femeninas. Llevaba su espada en una mano y una daga en la otra. Caminaba sin apenas un sonido, intentando que los filos que apuntaba a uno y otro lado no hicieran silbar el aire. Un elfo y una mujer humana se acercaban desde el otro lado, y sabían de su presencia, los había oído. Así que no le causarían ninguna sorpresa. Sí intentaba descubrir quién se podía esconder por fuera del tubo en el que se había internado...

...

El extraño camino que recorrían Eleth y Venéscyth estaba muerto, no había ningún animal en el paso, ni siquiera se oía su andar entre las plantas. De allí no se veían los árboles del alrededor, ni se olía alguna flor o esencia. No corría el viento... y las hojas cuyo verde iba desapareciendo mientras se internaban no buscaban el sol para alimentarse, cada vez más eran las hojas secas. Lo más extraño fue que comenzaron a hallar piedras en el suelo, que se hacía menos natural y tenía un aspecto pavimentado.

...

Darlak había detenido a Wethan que se habría lanzado tras el resto de la expedición, encabezada por Rialath, Niélune y la Sacerdotiza de Heren Fanyarëa. Ambos deseaban con desesperación ir en protección de los suyos, pero mejor servirían custodiandolos de fuera que junto a ellos. Bohr observó al dunedain, los hombres que él había conocido no tenían nada que ver con esos humanos del oeste. Conocía a los Noldor, y a los Sindar, pero los Dunedain, eran humanos que se creían bendecidos... ver a Rialath más tarde le inspiraría meditar sobre los humanos.

...

Báldor estaba a un giro de Venéscyth. Ambos llevaban las espadas desenvainadas, y aunque ambos creían ser sigilosos, estaban a un giro de los sonidos de los movimientos de mutuos descuidados rivales.

Llegada la curva, Báldor lanzó una estocada a la vuelta, sin tirar a matar, sino al menos cubrirse para luego apuntar su daga a alguna garganta. Venéscyth a su vez se lanzó acostado cabeza arriba preparado para clavar su espada desde abajo. Eleth se había mantenido más atrás con el arco tensado... y se enfrentaron...

... a una puerta. Una portilla armado con maderas y roca, una puerta era eso, tenía todo su aspecto aunque no tenía sentido ni función. No dejaba ver hacia el otro lado y tampoco tenía un lugar de donde abrirse, no se abría. Pero eso era una portilla, una puerta...

Naredhel Anariel

Cuando vio la escena que se desarrollaba ante sus ojos, Anariel no pudo por más que reir. Pero pronto la risa enmudeció en sus labios, al ver los emblemas que el Hombre portaba. Frunció el ceño, y su mirada reflejó una gran preocupación. Calmadamente se acercó hasta el Hombre. Sostenía en sus manos la espada y la daga, en posición claramente defensiva.

El Hombre los miraba uno a uno, calibrando sin duda sus posibilidades. Consciente sin duda de que se encontraba en inferioridad numérica, y que era poco probable encontrar una escapatoria si finalmente el grupo con el que se enfrentaba era hóstil, o le consideraba hóstil.

Anariel se situó frente al hombre. No iba desarmada, su espada todavía reposaba en su vaina. Pero su mano descansaba sobre la empuñadura, preparada para cualquier cosa.

- Que ven mis ojos... - dijo mirando al Hombre fijamente a los ojos - Jamás pensé que los nainir viajaran tan lejos en estos tiempos, cuando toda Árador se ha convertido en su enemiga.

El Hombre la miró a los ojos. Había duda en sus ojos, pero no miedo. Quizás buscaba las palabras adecuadas, que habrían de salvar su vida.

Báldor

Había decidido dejar su caballo atado y acercarse a pie al grupo, sin duda era una apuesta arriesgada, pero consideró que lo más importante era no aparecer como algo amenazador contra lo que disparar antes de preguntar.

Pero tampoco quería encontrarse desprevenido si se daba el caso que se trataba de una banda de ladrones o gente violenta, así que desenvainó sus armas dispuesto a usarlas pero deseando poder evitarlo.

Cuando por fin se encontró cara a cara con algunos del grupo supo que era gente de calidad y calmó su posición. Una distinguida elfa le habló, educada pero afilada.

Báldor bajó la guardia de su larga espada (inútil ante tantos rivales, si es que lo eran) y la clavó en el suelo, apoyándose con apariencia descuidada en el pomo mientras disimuladamente se pasaba la daga a la mano derecha, preparado, por si era necesario atacar con rapidez, abalanzándose contra su rival más próximo para hacer inútil las espadas (almenos la del primero... luego sin duda no habría nada que hacer).

-Señora- Empezó Báldor. -Extraña es mi presencia aquí, como extraños son los viajeros lejos de casa. Pero no son peligrosos los viajeros, como mucho, somos imprudentes. Digo esto, señora, para animar a vuestros amigos a bajar las espadas y la flecha. Es más fácil hablar cuando uno no tiene la sensación de ser una diana-.

Naredhel Anariel

Anariel hizo un gesto, y los demás bajaron las armas. El arco de Eleth relajó su cuerda, aunque la flecha todavía estaba en su mano. Venéscyth envainó su espada, incorporándose rápidamente.

Aunque todos ellos se mantenían alerta, comprendieron que contaban con bastante ventaja aún prescindiendo de las armas.

- Veamos entonces - dijo ella. Señaló unas rocas junto al camino, y se sentó en una de ellas invitando al esteldili a sentarse también - Sentaós, viajero. Y decidnos que os trae a Taur Tasarion. Y sobre todo, me gustaría que me dijérais que motivos habría para que una celda de Osto Fendassë sea el destino de vuestro próximo viaje.

Báldor

Lentamente, Báldor, Enfundó su espada. Por dos razones actuó con lentitud, una, la evidente prudencia, la otra, para tener unos segundos para pensar qué responder. Obviamente no podía contarle la verdad, de los sueños sangrientos que le impelían hacia ese lugar, sin que creyera que estaba loco... pero de hecho su viaje ya era una locura.

Enfundó su daga (no sería mediante las armas como saldría vivo de allí), se recolocó correctamente el chaquetón negro y, con la espada envainada sobre el regazo, se sentó junto a la elfa.

Dejó de lado el tema de la prisión y dio a su conversación un tono distendido.

-Para empezar, Señora, mi nombre es Báldor- la saludó con un ligero movimiento de cabeza -y, como habéis adivinado soy un nainir de Esteldor. En cuanto al motivo que me ha llevado hasta este bosque- continuó sin perderse en formalismos que aun no había adquirido de su reciente puesto -debo decir que ha sido la curiosidad. Son las piedras las que me han sacado de Caras Aelin, las piedras de Tavarcerta, a las que ayer noche estuve a punto de llegar pero el destino me esquivó, conduciéndome a este bosque.-

-Piedras curiosas... y oscuras- dejó escapar sin saber muy bien porqué.

Rialath

Rialath había sido el único que no había desenfundado en ningun momento sus armas, lo había observado todo apoyado en un arbol, cerca de Naredhel, pues era su obligación protegerla.

Le había llamado la atención ése hombre al descubir que era un hijo de Esteldor, el enemigo tan odiado por todos pero por el que Rialath sentía autentica simpatía. Esa simpatía por Esteldor era lo que impedía a sus compañeros eliminar definitivamente todos los recelos que sentían hacia el.

Rialath escuchó el primer intercambio de palabras con una mente analítica, se había criado en la corte del rey de Numenor y había vivido rodeado de formalismos cortesano, en todas las palabras, extrañamente poco contaminadas por la ampulosidad propia de las clases o castas políticas, se notaba una ocultación que iba ma allá de lo razonable para alguien que se encontrara en esas condiciones, era claramente un hombre valiente y parecía muy capaz, aquello animó a Rialath a mejorar un poco la posición de aquel Esteldili:

- En tus ojos hay mas que simple curiosidad- Rialath se adelantó hacia el hombre, con las manos cruzadas en la espalda para demostrar que no tenía intención de atacar, la espada, la daga y el martillo pendían inofensivos.- y oscuras es una palabra que se queda corta. Mas... creo que debierais uniros a nosotros, creo que tenmos el mismo objetivo, aunque vos no lo reveleis y...- dirigiendose a los suyos- con esta empresa pretendemos descubrir el mal que aqueja arador y enfrenta a sus moradores- Naredhel frunció el ceño cuando rialath reveló aquella información, Rialath lo vió y continuó.- mi señora- este epíteto no le asó por alto al esteldili- es lógico, justo y necesario que todos los estados formados en arador tengan un representante en esta empresa, de otra manera no conseguiriamos la paz y es óbvio que el destino empuja a este hombre, Eru ha trazado un camino para él y ha sido encontrarse con nosotros, me atrevería a aventurar que ése camino ahora debe unirse al nuestro, debemos alejar nuestras rencillas personales en pos de descubrir los males de esta tierra... se que soy un recién llegado pero como vosotros deseo la paz.

La mayoría no sabían que pensar ante este discurso sorpresivo de Rialath en favor del Esteldili, pero en verdad nadie de los prensetes había oido tantas palabras juntas salidas de la boca de Rialath desde que este había llegado a Arador, esa prodigalidad podría ser alarmante, quizas, o tranquilizadora, dependería del juicio de cada uno, con todo las últimas palabras las había dicho dando la espalda a Baldor a escasos pasos de este, algo completamente imprudente pero que quizas consiguiera convencer a la compañía que el esteldili venia con buena fe.

Sonyariel Lisse

Sonyariel observó y escuchó las palabras de Rialath, y una sonrisa brotó de sus labios.

- con razón mi amiga no le quita el ojo de encima...- pensó para sí. Gran parte del camino había observado las miradas que tanto Eleth como Rialath se daban, sin darse cuenta uno de que el otro lo observaba, y eso le causó gracia.

Tantos años alejada de cortes y palabras engalanadas, aprendió a guiarse por su instinto, y hasta el momento no le habían fallado y no sintió peligro alguno ni maldad en aquel ser... sólo inquietud... posiblemente la misma inquietud de muchos de los que habían marchado a esas tierras.

Se acercó y apoyó su mano en el hombro del dúnadan.

- Apoyo tus palabras... aquellas dan buena señal de ti. le dijo a la vez que observaba a su amiga que se sonrojó al notar la mirada pícara de Sonyariel, luego se acercó al recién llegado y le ofreció una mano.

- No es seguro andar por estas tierras solo, si los rumores son ciertos... en conjunto es más factible que si algo ocurriese, podamos sobrellevar las cosas de mejor manera... ¿no crees?...- y mirando a los demás - ¿No creen? luego, dirigiéndose nuevamente a aquel recien llegado - Por mi parte, se bienvenido Bádor, mi nombre es Sonyariel... Sonyariel Lisse

[Editado por auriga el 06-11-2006 22:35]

Naredhel Anariel

Se quedó en silencio tras las palabras de Rialath y Sonyariel. Apresuradas le parecieron sus palabras, y meditó ante la atenta mirada de Báldor.

- Demasiadas trampas oscuras oculta éste bosque como para no creer vuestras palabras - dijo entonces - Y las palabras de Rialath son sensatas. Pero no por ello olvidaré mi deber, pues yo soy por encima de todo la Reina de los Ramalië. Y eso quizás pueda a veces esconderlo, pero nunca olvidarlo.

Los demás la miraron en silencio, y finalmente añadió:

- Quizás mis compañeros exhiban una confianza ciega. Pero ese no es mi caso. Y sin embargo, sabemos que ninguno de nosotros podrá abandonar este bosque por su propio pie. Ya no. Mal que nos pese, estamos condenados a encontrar la solución a este enigma. Y mal que os pese, vos también lo estáis. - su mirada dorada reflejaba una profunda frustración - No puedo dejaros marchar, eso debéis comprenderlo. Pero tampoco puedo cargar esta expedición con el peso de un prisionero. Debéis uniros a nosotros por vuestra propia seguridad, y por la nuestra, no lo dudo. Pero no olvidéis que estais en territorio enemigo, y que os vigilaré de cerca.

Báldor

Las palabras del humano le tranquilizaron y las de la muchacha le confirmaron que no había caído en las redes de una banda de forajidos. Iba a levantarse para saludar educadamente cuando las palabras de la elfa le dejaron helado. La sonrisa que ya había empezado a dibujarse en sus labios se convirtió en una mueca tensa rápidamente disimulada -¡Por todos los Valar!- Pensó Báldor -Naredhel Anariel, ¡lo que me faltaba en este viaje!, de todos los malditos bosques, de todas las malditas rutas, he tenido que venir a parar en el que está la Hija del Amanecer-.

Pasaron unos segundos que le parecieron eternos. Era un hombre de mente clara y acostumbrado a pensar con rapidez pero ahora se le agolpaban las ideas en la cabeza y ninguna sobresalía con nitidez: atacar, no atacar; ofenderse, no ofenderse; primar su faceta de soldado, la de estudioso de la historia... Pero pensó demasiado tiempo, al menos dos latidos de corazón, y ya era demasiado tarde para casi todo.

-Entiendo vuestra desconfianza, Señora- Dijo a Anariel, mirándola a los ojos – Y ahora que sé vuestro nombre, supongo que comprenderéis la mía, pero, si la invitación de vuestros amigos es lo sincera que parece ser, quizá al acabar nuestro viaje las desconfianzas habrán desaparecido-

-Quizá estaremos todos muertos- Pensó Báldor mientras se levantaba, con una ligera reverencia que consideró demasiado teatral (quizá sin serlo) cuando ya no había posibilidad de corregirla, y se hubiera reído con gusto si no se hubiera encontrado en una situación tan delicada.

De pié, mientras enganchaba la espada bastarda en el tahalí, de modo que le quedó, pesada, colgada de la espalda, se acercó a Rialath y a Sonyariel.

-No sé muy bien qué me ha traído tan lejos de casa a tan peligroso lugar, pero sin duda será mejor hacer el viaje acompañado- Les dedicó una sonrisa de reconocimiento.

-Sus palabras Señor- continuó, dirigiéndose al fornido hombre que tenía ante él -Me preocupan, suenan muy precisas, demasiado. Cuando para mí todo es vago y demasiado siniestro, para ustedes parece ser todo conocido, no siendo por ello menos oscuro. ¿tendremos tiempo para hablar, verdad? Quizá me atreva a contarles qué me ha empujado a dejar a mis hijos para adentrarme en una boca hambrienta.

Al decir eso no pudo sino mirar de reojo a la Reina.

-Señora, a una corta distancia he dejado atado a mi caballo, y con él todo mi equipaje, ¿Hay algún problema en que vaya en su busca?- .

Rialath

Rialath sonrió al Esteldili, al fin tendría la oportunidad de cruzar palabras con uno de aquellos hombres que con valor y honor resistian como podian al resto de Arador.

- Supongo que no debe haber problema, mi señora- dirigiéndose a Naredhel de nuevo, aunque esta vez todos captaron en el tono que ese epíteto lo decia por ser pura formalidad y se dieron cuenta de que siempre era así cuando lo decía, Rialath no olvidaba que su lealtad última era hacia el propio Eru i tras este era a Numenor.- en que pongamos al dia en los detalles necesarios a este hombre pues solo así podría sernos de ayuda, incluso puede que el sepa ayudarme a descifrar los signos que copié de aquella fuente, sin los libros de las bibliotecas de nuestras ciudades estoy bastante limitado... Y si vos lo deseais yo mismo le acompañaré a buscar su caballo, había verdad en sus palabras, no habrá traición.

Naredhel desconfiaba pero una mirada de Rialath dejó bien claro que tanto en las actuaciones como en las palabras seria cauteloso y no revelaría nada que no fuera absolutamente indispensable.

- Me presentaré- hablando de nuevo al esteldili- Soy Rialath Mirlith, de Numenor, encantado de conocerle, senador. -A nadie se le había escapado que el nombre de Baldor había sido oido en toda Arador.- Si haceis el favor de guiarme...

Báldor

No muy lejos encontraron, atado, al caballo tordo de Báldor. Estaba completamente enjaezado, con las alforjas sujetas a la grupa y a punto de partir. Se desató la espada de la espalda y la colgó a la silla.

Los dos hombres regresaron a pie, Báldor tirando de las riendas del caballo, en una distendida conversación con Rialath, en quien descubrió, enseguida, a un hombre noble en quien confiar.

La vida había convertido a Báldor en lo que era. En otro mundo sería probablemente un sabio pacífico, quizá un poeta, pero la guerra y la muerte lo habían convertido en un soldado. No en el más hábil ni el más fuerte, pero sí en uno inteligente y valiente. Mejor capitán que soldado. Y últimamente había tenido la responsabilidad de mandar a muchos hombres, demasiados. Cumplía con eficacia su misión, era un buen estratega, astuto y perspicaz, íntegro y respetado, pero no le gustaba la responsabilidad que se le había concedido, no le gustaba que tantas vidas dependieran de sus decisiones. Aceptó el nombramiento de Senador porque sabía que lo ejercería con eficacia y para responder al honor que se le hacía, pero sabiendo y concediendo que su tranquila vida daría paso a otra más peligrosa y problemática. Pero eran tiempos de guerra y no se podía hacer otra cosas, sólo vivir con honor y valor el tiempo que el destino decidiera.

Se acercaban ya al grupo, las voces llegaron hasta ellos.

-...Cuando una parada en el viaje lo permita, Señor, debería mostrarme esos dibujos, estuve estudiando hace años las ruinas de Amaurenori y, quizá, pueda sernos útil la comparación. Lo que me ha estado comentando es muy preocupante-.

Y, entrelazados con sus palabras, pensamientos le asaltaban, sombríos y callados. -¡Mis sueños sangrientos son ahora, si cabe, más preocupantes... ¿Porqué yo, quién me guía hasta aquí?-.

Llegaron junto a los demás.

[Editado por elfo_negro el 08-11-2006 11:13]

Rialath

Rialath tomó rápido aprecio por Baldor, era un hombre de caracter y aspiraciones similares a las suyas propias... nunca había encontrado en Fanyarea alguien así y le apenó que fuera un enemigo.

Charlaron con tranquilidad mientras iban y volvían de la busca del corcel esteldili.

- Los dibujos te los mostraré cuando tengamos un poco de tiempo para mirarlos con calma, en el descanso, la verdad es que a mi me dejaron perplejo, jamás en el oesti vi algo igual... algunos signos eran similares si, pero no puedo tener la seguridad de que esten emparentados... - la pasión que acompañaba estas palabras dejaba en evidencia que era un hombre que prefería y amaba el estudio y que se sentía frustrado por no conseguir descifrarlos.

Con todo llegaron al grupo una vez mas, Naredhel propinó una mirada extraña a Rialath, que este no supo interpretar y una desconfiada a Baldor. Wethan parecía querer hablar con Rialath y Darlak con los dos, Wethan y Rialath.

Darlak Lórindol

Wethan y Darlak, que se habían quedado atrás, habían llegado mientras Rialath acompañaba al esteldili a recoger sus cosas. Ambos se sorprendieron cuando supieron la repentina llegada del viajero.

Esteldili, ¿qué hará en este bosque? se preguntaba Darlak para sí mismo. Era curioso, la palabra Esteldor le resultaba algo lejano al semielfo. Lempë Ohtari era quizás el único pueblo que no había tenido problemas diplomáticos con Esteldor. De hecho, cuando el antiguo rey de Lempë Ohtari estaba vivo, había buenas relaciones entre ambos pueblos. Sin embargo, tras la muerte del rey ohtari en el campo de batalla y la instauración de un consejo de gobierno habían perdido el contacto. La guerra tiene eso, hace que se pierda la comunicación entre los pueblos.

Cuando Rialath y el senador esteldili regresaron, Darlak lo miró con curiosidad. Anariel les había contado la forma en la que el recién llegado había quedado inmerso en su extraña expedición.

Tiene algo que aportar... pensó Darlak.

Miró a Anariel y entonces comprendió lo dificil que sería para ella aceptar a un miembro del enemigo de su pueblo en la expedición. A pesar de ello la reina fanyareana hizo las presentaciones de rigor.

- Ellos son Bohr Wethan, principe de los Varna Rámar, y Darlak Lórindol, miembro del Consejo de Lempë Ohtari y Senescal de Mellon Vilya. - señalando al recién llegado añadio- Él es Báldor, senador de Eirë Esteldor.

Tras hacerse las presentaciones pertinentes hubo un silencio que rompió Darlak al rato.

- Creo que es el momento de poner en claro nuestra situación antes de continuar - dijo.

Muchos asintieron y poco a poco se fueron acomodando. Era el momento de tener un concilio improvisado, allí en mitad del bosque de la runa.

- ¿Quieres empezar tú? - le preguntó Anariel al joven ohtari, el cual asintió.

- Bien. - no sabía como empezar aunque en ese momento decidió remitirse al inicio de todo .- Yo fui unos de los motores de esta expedición como la mayoría sabeis y os he arrastrado a muchos de vosotros a un viaje incierto. - el viento parecía aullar mientras intentaba aclarar sus ideas.- Todo empezó con cierta aventura que junto a algunos de los presentes .- Darlak miró a Bohr, Nielune, Eleth y su querida Sonyariel - tuvimos en las ruinas de Amaurenori. Tras aquello estuve investigando sobre estas ruinas. En mi lugar de origen hay muchas leyendas de Amaurenori, historias que hablan de un imperio y de unos reyes élficos que gobernaron la ciudad. Sobre todo se nombraba las palabras Reino de Arador, como si durante la primera edad hubiera habido un reino que hubiera alcanzado todas tierras de Arador o gran parte de ella, no sé exactamente si aquello es cierto o no.

- Yo estuve mucho tiempo leyendo esas historias, fascinado por la idea de que los pueblos de Arador hubieran estado unidos. - continuó exponiendo .- De ahi que en una de estas lecturas apareció una referencia a Tavarcerta, un cierto pueblo, ciudad o territorio importante en aquella época. Estuve buscando en mapas donde ubicar esa referencia y hallé en algunos mapas unas ruinas con ese nombre. ¿Y si en esas ruinas pudiera encontrar algo que me ayudara a saber más de ese reino? Por eso propuse esta expedición...

[Editado por aratir el 09-11-2006 00:38]

Niëlúne Lambar

La llegada del esteldili pilló a todos por sorpresa aunque afortunadamente,no hubo que hacer uso de las armas ni lamentar ninguna perdida,tanto por un lado como por el otro.

Tras las pertinentes presentaciones el grupo se acomodó e improvisó una reunión para tratar de poner al corriente al recién llegado,aunque sin la necesidad de revelarle demasiado.

En primer lugar habló Darlak...se refirió pues,a su interés por las ruinas y lo que le había llevado a emprender tan arduo viaje,no sin mostrar culpa por lo que según él decía,nos había arrastrado hacía allí.La semielfa lo escuchó pero no pudo evitar interrumpirlo.

-Espera Darlak,por favor déjame hablar-dijo con un gesto de su mano.-Debo decir que...no estoy del todo de acuerdo con ese sentimiento de culpa que tienes...sé que el precursor de esta expedición fuiste tú,pero no hubieramos aceptado si no hubiesemos tenido algún interés en este viaje...-Anariel la miró entre sorprendida y extrañada,pues parecía que la intención de Niëlúne era desvelar demasiado,pero la joven la miró un momento con ojos conciliadores,tranquilizándola-nadie nos obligó a ello y aceptamos de buena gana aun sabiendo las consecuencias sobre todo,siendo conocedores de lo acontecido en Amaurenori;pero no nos echamos atrás por ello,porque todos tenemos el mismo interés en descubrir qué ocurrió,y ya no podemos arrepentirnos por ello...yo he de decir que mis intenciones para con vosotros tal vez no fueron del todo honestas...

Bohr intentó interrumpirla pero Niëlúne no lo dejó.Apoyó una mano en su hombro y lo instó a que la dejara continuar.

-El pasado de Arador me interesa lo mismo que a todos,por lo menos ahora es así,pero he de confesar que en un principio mi única intención al venir aquí era saber de mis compañeros,qué había pasado con ellos.El día que aparecí en Hón y Gakhan me halló yo huía de algo,no sé muy bien aún de qué se trataba pero algo me hizo huir y llegar hasta ustedes.Algo ocurrió aquí ese día y me propuse averiguar el qué,pero ahora comprendo que todo lo que mi mente podía haber imaginado se queda corto ante la magnitud de lo que nos enfrentamos.Hilaran me mostró cosas que no sabría explicar,y vi el miedo en sus ojos.Un miedo indecible,a lo que yo temo desde entonces...

Sonyariel Lisse

La humana miró a la Reina de los Ramaliê después de escuchar sus palabras y meneó la cabeza se acercó a ella y le dijo con voz baja - Puede que a su majestad le hayan parecido apresuradas mis palabras, pero no creo que un hombre solo vaya a ser gran problema para nosotros, nadie en su sano juicio quisiera transitar por estos bosques con los rumores que corren de este lugar maldito.- sonrió - Solo si estuviera acompañado y no creo que asustándolo fuera a decir algo… aunque por mis medios… posiblemente cantaría pronto – dijo la humana con una extraña luz en sus ojos. Con un suspiro observó las copas de los árboles y prosiguió - Cuando acepté venir creía que esta empresa era sin banderas, ya que a la mayoría convocaba la razón de averiguar ciertos temas que atañen a todos, además, si más no recuerdo, ya no estamos en territorio Fanyareano – lo último la joven lo dijo casi susurrando, mientras se alejaba con sus pensamientos y para aprovechar y sentarse un momento.

Habían ya caminado un largo trayecto, y se sentía algo mareada. En ese momento ya no le importaba si sus palabras sonasen mal o no. No sabía si era el calor se estaba sintiendo ya a esas horas, o sus pensamientos que no la dejaban tranquila. En ese momento deseaba estar en casa, cerró sus ojos y apoyó la cabeza en el tronco de un grueso árbol.

Tras la llegada de quienes habían ido a buscar el caballo, y la aparición de Darlak con el humano, no se sintió muy cómoda con la idea de otra reunión. Acostumbrada a tomar decisiones sola, y a actuar rápidamente, veía en las reuniones una especie de pérdida de tiempo. Tras escuchar un momento se levantó sin hacerse notar, y se fue a sentar bajo un árbol algo más alejado, cerrando sus ojos.

Tras un rato, sintió que alguien se sentaba junto a ella, la fragancia le era familiar así que abrió sus ojos, sin levantar el rostro y cuidando que nadie más la oyese susurró – No me estoy sintiendo bien.

Rialath

Pese a lo dicho, Rialath no pudo contenerse y sacó el libro con los dibujos y se los enseñó a Baldor, era aun joven y pese a lo mucho vivido era una mente inquieta y ansiosa por nuevos saberes y a veces actuaba impulsivamente, pasaron horas discutiendo posibles significados, sin atender mucho a su alrededos

"Hilaran me mostró cosas que no sabría explicar,y vi el miedo en sus ojos.Un miedo indecible,a lo que yo temo desde entonces..." Había dicho Nielune, el también había visto algo, pero sobretodo sentido y aunque ya no lo temía, sentía que era necesario interpretar los signos de la fuente, era necesario... Pero... ¿temer? ¿para que? se preguntaba, todos los reinos ahora estan representados, símbolo de que podía haber un nuevo amanecer para Arador, quizás pecaba de inocente, pero en el fondo no era mas que un recién llegado que no sentía odio por ninguno de los reinos, si se veia envuelto en el combate era porque por el momento estaba bajo el servicio de Fanyarea y era su deber... pero aquella expedición se le presentaba como una oportunidad. De pronto bajó la voz y cambió de tema, con un leve empujón separó a Baldor ligeramente del grupo y le preguntó, sosteniendo el libro para disimular: "¿que motivó la guerra con Fanyarea?"

Había leido los motivos que se exponían en los libros de Fanyarea, había escuchado a soldados, capitanes y habitantes de Fanyarea pero no había oído la opinión del contrario y siempre trataba de ser imparcial y escuchar todas las versiones, esperó la respuesta de Baldor disimulando la impaciencia aunque con una leve sonrisa y su habitual mirada triste, no se dieron cuenta que Eleth les estaba escuchando, ya que no se alejaba de Rialath, preocupada por el.

[Editado por daedel el 10-11-2006 17:04]

Báldor

Los dibujos mostrados por Rialth le recordaron las estructuras de otras ruinas. Las runas, si bien no las comprendía en su totalidad tenían relación con las de Amaurenori, que tanto había estudiado.

-Con un poco de trabajo podremos descifrar al mensaje de las piedras- Se limitó a decir Báldor, animado, mientras miraba y remiraba ávidamente los cuadernos del numenoreano.

La pregunta sobre la guerra vino a interrumpir un incipiente pensamiento (si es que pensamiento puede llamarse a una sensación sin forma) que le estaba helando la sangre. Agradeció la distracción que le evitó la nausea helada que le empezaba a provocar la visión de esas imágenes (quizá la relación extraña con su sueño negro lo provocaba).

-La guerra... incluso el más brutal de los conquistadores te justificará sus actos. Porque nadie puede mirar a los ojos de la guerra y no sentir vergüenza, siempre se necesita una excusa. Nací en una ciudad guerrera, y he participado en muchas batallas, he matado muchos hombres y he perdido a otros tantos... y dentro de mil años nadie nos recordará, no dejaremos siquiera unas ruinas misteriosas, no habrá más que polvo. Yo no sé quien tuvo la culpa, quien empezó, sólo sé que nosotros somos pocos y ellos muchos. Sólo sé porqué lucho yo.-

Báldor se dio cuenta de la sonrisa triste de Rialth y la acompañó con una mueca de asentimiento.

-Quizá aquí podamos averiguar cual es nuestra tarea, nuestra finalidad, si es que tenemos alguna... Oh!, pero ya basta de pensamientos apocados! Debemos ser fuertes, sino, fracasaremos.-

Y la bruma que había pasado ante sus ojos de brillo antiguo desapareció, de momento.

[Editado por elfo_negro el 10-11-2006 19:48]

Elêth Niramar

Elêth estaba a pocos metroe escuchando la conversación. La guerra? La consideraba tan inútil como necesaria... el mundo solo parecía estar en paz cuando había alguna guerra en algún lugar... Y para ella no era más que una manera de evadirse de la realidad y de sentir que estaba vengando la muerte de su familia... aunque no le gustaba el hecho de no sentirse segura sin llevar un arma encima.

A pesar de toda la reflexión que la pregunta le causó, Elêth no dijo nada. No sabía si era prudente meterse en el conversación. En realidad ni siquiera sabía que hacía allí, observandolos hablar... no lejos de allí vio a Vanadesse mirándola. La sonrisa picarona de su amiga le ponía nerviosa... estaba sacando conclusiones precipitadas! Solo...

En aquel momento un mosquito eligió su nariz para posarse, y un consecuente estornudo sorprendió a los dos hombres.

- Eleth? -preguntó Rialath mientras la joven todavía buscaba, roja, un sitio donde esconderse.

Bohr Daedth

A Wethan le perturbaba la presencia del esteldili, eso era innegable. Pero sus sensaciones le llevaban hacia cuestiones más importantes. ¿No habían dicho que tenían que apurarse?

Las señales iban apareciendo muy de a poco. O ellos se negaban a verlas o ellas mismas se escondían. Pero de qué servirían señales escondidas...

Prefirió sacarse las dudas que le inspiraban la vista de la elfa Vanadesse y la presencia de Sonyariel. En ese momento Vanadesse se encontraba observando a Eleth. El caballo que Bohr montaba husmeó sobre el hombro de la elfa.

- Príncipe humano... otra vez metiéndote donde no te corresponde?- le dijo ella con una sonrisa amable.

- ¿Que ocurre, Vanadesse? ¿Que ocurre con Eleth?- preguntó él, que se había autoproclamado guardián "de todos".

Intervino de pronto otra voz femenina.

- Cuidamos de nuestra amiga, Wethan Bohr. No veo ningún problema en eso.- decía Sonyariel, recuperada, aunque se notaba que había estado sufriendo su 'malestar'.

- Pero, es que por lo que he visto, Eleth puede cuidarse muy bien sola.- Dijo Bohr mirando a Vanadesse. - Aunque no, no está mal cuidarse unos a otros.- Concluyó apuntando a Sonyariel.

Pensó qué motivos habrían traído a Vanadesse tras Darlak. ¿Qué interés podría tener la elfa en investigar un bosque al otro lado del mar?

- ¿Sonyariel Lisse, no es cierto? Ese es tu nombre... - le dijo Wethan a la mujer.

- Sí muchacho. Así es todo mi nombre.- le contestó Sonyariel, amable pero intentando comprender las intenciones del Varna.

- Los nombres son importantes... sí... porque son...- pensó qué palabra encajaba. -... significados. Poco sé de 'significados', Sonyariel Lisse, me gustaría saber qué significado te dieron tus... padres.- Algo lo turbó cuando dijo esa última palabra. Sonyariel, aunque no tenía esa apariencia, se le representaba como 'familia'... o algo así, tal vez sería por esa rara costumbre que tenían los más adultos de constituir esos lazos como el que le contemplara con Darlak.

- Muchas cosas te interesan, ¿No es verdad, Wethan? ¿Tal vez no demasiadas?- le dijo ella siguiéndole la conversación.

- Muchas cosas hay en el mundo, me quedaría sólo con las que tengo aunque sean pocas, pero...- Se interrumpió, no tanto porque no supiera explicar su necesidad de colmarse como por el sonido que oyeron. Algo como un zumbido más allá del campamento, o dos zumbidos, o más, y un duro golpe contra el suelo, una especie de temblor.

Poca información tenían que les permitiera resolver hacia donde debían ir. Indiferentes a eso, dos trolls avanzaban a no mucha distancia de ellos. Y una peste de mil humanos entrenados exclusivamente para dar el corte letal corrían se escurrían entre ellos, a unos cuantos minutos del campamento.

[Editado por elessurendil el 12-11-2006 17:34]

Darlak Lórindol

El improvisado concilio había terminado. Pero Darlak sabía que se le ocultaban cosas. Sólo Nielunë había expuesto lo ocurrido y el semielfo era capaz de entrever que había dicho todo lo que sabía. Pero, ¿y Rialath? ¿Qué le había ocurrido exactamente cuando estuvo desaparecido? Darlak se sentía ofuscado por lo que podría haberles no contado que, por otro lado, parecía dispuesto a contárselo al esteldili. Entre el soldado fanyareano y el recién llegado parecía estar forjándose una camaradería. El esteldili también parecía tener información pero se lo había callado durante la reunión que Darlak había propiciado.

Araniel, a su lado, observaba el brazalete con gran interés

- De poco ha servido mi intento. Quería que todos pusiéramos en común todo lo que sabiamos para poder interrelacionar unas cosas con otras, pero ha sido un intento fallido.

Ella levantó la vista hacia el senescal ohtari.

- Una extraña atmósfera empieza a inundarnos a todos, ese es el problema. Este bosque y su historia guardada tan celosamente nos está atrapando en su manto.

Una bruma se estaba extendiendo por el bosque. Darlak también estaba notando algo, era la sensación que se tiene ante la calma que precede a una tormenta.

- ¿Tú también lo notas? Este bosque me está pareciendo cada vez más intranquilo y seguimos sin saber nada de Valandil.

- ¿Y dices que esos mapas que has traído contigo están errados, Darlak? - les interrumpió Nielunë que se hallaba al lado del semielfo ojeando unos mapas.

- Justo al llegar al campamento, envié a varios de mis hombres a inspeccionar el borde del bosque, pero no encontraron rastros de las ruinas de Tavarcerta. Seguramente los antiguos cartografos de Lempë no eran tan buenos como pensaba - dijo Darlak con una sonrisa. Pero su interior se hallaba preocupado.

En ese momento Sonya, Wethan y Vanadessë regresaron hacia donde ellos estaban.

- ¿Habéis escuchado? - preguntó Bohr.

- ¿A qué te refieres? - dijo Nielunë preocupada al tiempo que le pasaba los mapas a Darlak. Anariel hacía lo mismo con el brazalete que el ohtari guardó.

- Tenemos problemas.- dijo el semielfo al tiempo que se levantaba .- ¡Son tambores de guerra!

[Editado por aratir el 12-11-2006 19:08]

Rialath

El lejano sonido de tambores de guerra sobresaltó de pronto a Rialath, eso era algo que no había previsto, no un enemigo físico, se había estado preparando mentalmente para enemigos del espiritu, no del cuerpo, no le agradó, mirando a sus compañeros vio que estaban alterados, Rialath se tumbó y puso el oido a ras de suelo, lo que oyó le perturbó, al menos dos trolls y un numero indeterminado de pesadas botas de hierro, lo unico que podía decir con certeza era que eran mas los enemigos que los amigos.

- !Por la ira de los Valar!- murmuró, Baldor había comprendido de inmediato. Rialath se levantó y haciendo señas consiguió que todo el grupo se fuera juntando alrededor de Bohr y Darlak, habló clara rápida pero tranquilamente, como si estuviera acostumbrado a hacer lo que estaba a punto de decir- tenemos poco tiempo... me voy a explorar para descubrir cuantos son, quizás tenga tiempo de preparar alguna trampa... sugiero que os movais en busca de algun lugar donde defenderos, tienen trolls, a juzgar por el ruido que hacen son un buen puñado de soldados... si se diera la necesidad, dispersaos e id eliminandolos poco a poco, sin arriesgaros... Necesito un arco y un voluntario que se preste a obedecer lo que le mande sin rechistar y que este dispuesto a aceptar las posibles conseqüencias de ir en busca de un tan formidable enemigo.- aunque luego murmuró para si mismo- vaya explorador estoy hecho, fallar de esta manera.

[Editado por daedel el 13-11-2006 12:19]

Báldor

Ante la nueva amenaza, Báldor, apretó la cincha de su caballo y, con suma agilidad, se subió a él. Comprobó que la espada estuviera correctamente atada a la silla y que fuera fácil desenvainar.

Mientras daba unos golpecitos al cuello del animal pensaba en lo poco apropiada que era su vestimenta de viaje para una batalla -Cuero y lana en lugar de acero- Por lo menos tenía su vieja espada.

Por un instante contempló la posibilidad de añadirse a la expedición que proponía Rialth, pero desistió -Aun soy un extraño para esta gente, debo mantenerme en un discreto segundo plano, observar y prestar atención... con la espada presta, eso sí-.

Elêth Niramar

- Yo lo haré-se ofreció Elêth. No sabía que era lo que se les venía encima, pero prefería ir de frente hacia el peligro a dedicarse a esperarlo.

- No creo que... -empezó Rialath.

- Puedo hacerlo. No tengo miedo... y pocas veces fallo cuando disparo -contestó Elêth tajante.

- Ya, pero quizá prefieras quedarte con el grupo preparando la defensa -insistió el dúnadan, reacio a aceptar que Elêth se expusiera a tan gran riesgo.

- Prefiero ir en busca del peligro a esperar a que éste me encuentre a mi. No me gusta la idea de esperar sin hacer nada... de modo que si nadie más tiene inconveniente, me gustaría ser la voluntaria.

Durante un instante nadie dijo nada. El trabajo era igual de peligroso para todos, y Elêth había demostrado ser buena avanzadilla durante el viaje; nadie, salvo Rialath, parecía tener inconveniente en que fuera ella quien lo acompañara.

- Está bien... -dijo resentido al final. -Pero tendrás que acatar mis órdenes. Todas. Sean las que sean... -añadió con voz severa.

- Estoy acostumbrada a las órdenes. Nunca dejo de acatar ninguna, Darlak es testigo de ello -dijo contenta, mientras dirigía una mirada a su capitán. - Entonces que? Vamos? -añadió al final. Acababa de ajustarse el carcaj en la espalda para que no le impidiera moverse con facilidad, llevaba el arco preparado en una mano, mientras con la otra escondía el mechó de pelo tras la oreja. Nada debía dificultarle la visión.

Sonyariel Lisse

- Eleth, cuídate amiga- Sonyariel tras ver como partían se dirigió donde Lórindol – no creo que sea conveniente en este terreno boscoso usar los caballos, hay que llevarlos a un lugar seguro, no podemos correr el riesgo de perderlos y menos las provisiones…

Trolls… pensó… no era la primera vez que se enfrentaba a numerosos atacantes, también recordaba haber peleado contra un troll, que a duras penas pudo derrotar, pero ahora era distinto, estaba más nerviosa y eso le molestaba… así que cerró los ojos por unos segundos y respiró hondo… luego sacó su espada, revisó sus dagas al cinto y se encomendó a sus antepasados.

Miró a los demás, estaban todos listos para convatir eso saltaba a la vista, todos eran grandes guerreros, pero era necesario una buena estrategia, se acercó a Vanadesse pelearían juntas, como en muchas otras ocaciones.

- ¿Lista? preguntó la humana.

- Como siempre amiga

[Editado por auriga el 14-11-2006 05:02]

Naredhel Anariel

Anariel se sintió sorprendentemente tranquila. Sabía que el mal que ocultaba aquél bosque no encontraba su fuerza en lo físico, sino en algo que transcendía carne y cuerpo. Ésta nueva amenaza era quizás un último aviso. Una última advertencía. Y seguramente significaba que sin saberlo, se hallaban muy cerca de su destino.

Eleth y Riálath se perdieron pronto en la espesura del bosque. No le pareció una buena idea... quién sabía si podrían encontrarse de nuevo, entre todas aquellas sendas cambiantes entre los árboles. Pero no dijo nada.

Los dos únicos caballos que llevaba el grupo se habían dedicado al transporte, conscientes de que la mayor parte del tiempo no iban a poder cabalgar a través del bosque. Así que el organizar la defensa a caballo no tenía sentido.

Se preguntaba cómo iban a solventar la diferencia de número, por mucho que Eleth y Rialath consiguieran mermar al ejército enemigo antes de llegar hasta ellos. Porque aún así seguirían siendo demasiados.

Se acercó hasta los caballos, y se entretuvo acariciándolos mientras su mente seguía buscando una solución. Parecían nerviosos, y no se les podía culpar por ello. Aún no se había derramado una sola gota de sangre, pero podía sentirse su olor en el ambiente.

Wethan se acercó a ella, y apoyó un brazo sobre uno de los caballos.

- ¿Preocupada?

- Ciertamente. - respondió ella mirándolo fijamente a los ojos. Después se volvió, y se dedicó a acomodar las provisiones y las tiendas - Demasiadas cosas, tan repéntinamente.... Y ese esteldili... Me pregunto por qué todos lo han acogido tan bien, sin preguntas. No es normal. Quizás ellos puedan olvidar. A algunos quizás los entienda mejor... El reino de Ohtari no ha sufrido el enfrentamiento directo como lo hemos sufrido nosotros. Pero yo no puedo olvidar. Son miles las almas que he visto alcanzar el cielo, entre humo y cenizas. Y cada vez que miro sus ojos, sólo veo muerte.

- Quizás llegue pronto el momento de perdonar...

- No todavía - se separó del caballo, y desenvainó su espada - Rûnyacyr se ha teñido tantas veces de sangre esteldili... Ahora probará otra distinta. Entiendo que para Baldor también ha de ser difícil. Nosotros somos los causantes en gran medida de la desgracia de su pueblo. Las muertes que han contado son muchas más que las nuestras. Y Caras Aelin la Bella es ahora un montón de ruinas, y apenas se diferencia de las que ahora buscamos. No llegará el perdón tan pronto. - suspiró finalmente, cerrando los ojos - Pero ésta conversación no nos ayudará ahora. Nuestro enemigo es otro, y tiene demasiada ventaja.

- Rialath ha estimado que deben ser unos 30 hombres... y varios trolls - Wethan permanecía con semblante serio. Pero una mirada curiosa asomó a sus ojos, cuando se fijó en la caja de madera que ella llevaba a la espalda.

- Entiendo - dijo ella asintiendo. Acarició el filo de la espada. "Ojalá supiera cuando es el momento", pensó, "Ojalá llegara una señal".

De entre el equipaje sacó una daga blanca, en una vaina de cuero blanca. La acomodó en su cinturón, atada a la espalda.

- Estoy preparada.

Bohr Daedth

Bohr, comprendiendo la preocupación de Anariel, cayó en la cuenta de la situación. Algo amenazaba a la gente que tenía a cargo, aunque pocos de ellos lo respetaran, un líder se forjaría así, luchando incluso por aquellos que no lo amaban.

- Sigueme Anariel.- pensó en las leyendas, el contenido de la Caja de Naredhél sólo serviría si el último ramalië corriera riesgo de muerte, o si algún otro ramalië importante para la persistencia de la Union el día que sólo quedara uno, y que contribuyera a que este último quedara, podía dejar de existir sin cumplir su parte de la Visión.

Bohr reunió a los restantes. Y habló, obviando la presencia de su 'Reina', como un superior. Un destello le trajo a la memoria cómo había encontrado su propia espada y que nunca se había preguntado mucho acerca de ella.

- Damas, Amigos, nadie os hará daño. Anariel esperará conmigo... detrás mío. Nosotros detendremos el primer ataque de lo que Rialath y Eleth no puedan contener. Hay muchos seres preciados entre ustedes, para otros o para mí. Cuando llegue el momento, cuando pudieran no quedar esperanzas huyan. Nadie discuta, huyan y vivan. Repito, deben vivir, es una orden incuestionable.-

Wethan desenvainó Dulfelak, y se arrimó hacia por donde se escabulleron la pareja dunedain. - Naredhel, quedate cerca, si llegua el momento, protegelos a ellos. Estoy seguro de que no me obedecerán, mi reina, tu te encargarás en ese caso de darles vida, es tu destino, no?-

Rialath

Rialath y Eleth avanzaron rapido, Rialath susurraba instrucciones a Eleth, había tardado unos instantes solamente en preparar un plan, lo primordial eran los trolls, esa treintena aproximadamente de hombres serian asequibles para los demas sin los trolls y... Rialath sentia un odio especial por aquellas criaturas, le habían arrancado la vida a su familia... Eleth solo tenia que cubrirlo, sus flechas debian entretener a posibles enemigos mientras Rialath combatia al primer troll, luego ya seria improvisar el combate con el segundo, porque ahora sabia que eran dos.

Llegaron a un pequeño claro, se oian voces y los gruñidos de los trolls, Rialath y Eleth se escondieron tras unos matorrales, Eleth no comprendia que ocurria, pero Rialath si, los hombres excepto los cinco q se encargaban de los trolls, se irian por un lado y atacarian desde el sur, los trolls desde el norte en un ataque imparable... pero eso les daba una oportunidad, dos trolls y cinco hombres contra dos dunedain, podían conseguirlo...

Eleth vio como en el rostro de Rialath se dibujaba una sonrisa extraña, tipica de el antes de un combate complicado, de un reto, también un brillo especial en los ojos, vio como se arrodillaba, descolgando el martillo y sosteniendolo recto, apoyado en el suelo, una rodilla en el suelo y la cabeza gacha, murmurando algunas palabras mientras que con la mano libre se desabrochaba la capa, nada iba a embarazar su movimiento en esa lucha:

- Eleth... sabes que tienes que hacer- sonrió calidamente a la chica.-

-ten cuidado...- algo en el tono hizo a Rialath sentirse bien.

Rialath salió disparado y una flecha pasó a su lado, clavandose certera en la garganta de uno de los hombres, el primer troll reaccionó con un movimiento de oscilacion de su pesado garrote, que arrancó de las manos el martillo a Rialath que se estampó contra una roca con tal fuerza que roca y martillo se partieron, empezó el primer combate.

Niëlúne Lambar

Rialath y Elêth ya avanzaban entre las espesura. Bohr y Anariel se adelantaban para iniciar el ataque.Lo que llegase después,Niëlúne lo desconocía.

Había visto cómo el humano y la Vanyar se perdían entre la maleza y no pudo más que lanzar una plegaria.

-Que Eru los proteja y los guarde en su seno.Por la fuerza de los Valar que su poder les ayude;que no permitan que nada malo les suceda hoy-mientras susurraba estas palabras no tenía más que la imagen de Bohr en su mente.Cómo le gustaría,en estos momentos,haberle dicho todo cuanto sentía,todo cuanto anhelaba;haber actuado y dejarse llevar,en vez de dejar que el tiempo pasara y diluyera toda posibilidad.

Los tambores aún sonaban algo lejanos pero poco a poco se iban aproximando;estaban cada vez más cerca de los compañeros y la tensión del momento era palpable.

La joven estaba nerviosa,recordaba la batalla en Amaurenori,la sangre,los gritos y la desesperación.Cerró los ojos y apretó los puños con fuerza para reunir valor.Sintió que las piernas le temblaban y casi se sintió desfallecer pero hizo de tripas corazón y se recompuso.No podía fallarles ahora,no podía...

Los tambores estaban a escasos pasos del grupo,sintió un escalofrío recorrer su espalda al reconocer el sonido metálico de las espadas al otro lado del claro.Bohr y Anariel habían comenzado el ataque.La semielfa tomó posición junto con el resto y se dispuso a apoyar a sus compañeros.A una señal fueron entrando en el claro casi a urtadillas para cogerlos desprevenidos,había varios cadáveres en el suelo y tanto Anariel como Bohr se debatían por sobrevivir ante tan numeroso contigente enemigo.

Al parecer,Rialath y Elêth habían tenido exito en su misión pues no había rastro alguno de los trolls.

Rápido el grupo se avalanzó sobre el enemigo clavando espadas,cuchillos y flechas...

[Editado por mithril_ el 16-11-2006 00:53]

Darlak Lórindol

Darlak, Sonyariel, Vanadessë y el esteldili se hallaron también inmersos en la batalla que se había abierto en el bosque.

Todo estaba siendo muy rápido y mientras Darlak manejaba a Envinyanta en medio del fulgor, intentó no perder de vista a Sonyariel. Ella se hallaba cerca demostrando sus habilidades de combate aunque el semielfo hubiera preferido que no luchara sabia que la naturaleza de ella se hubiera opuesto.

Cuando llegue el momento, cuando pudieran no quedar esperanzas huyan. Nadie discuta, huyan y vivan. Repito, deben vivir, es una orden incuestionable.- había dicho Bohr pero él jamás huiría, no era de esa clase de personas y dejaría a sus compañeros, preferiría morir antes que huir.

Sonyariel se encontró con la mirada de Darlak, le sonrió pero entonces vio unos brazos extenderse hacia el senescal ohtari por detrás, que pronto se vio atrapado mientras otro enemigo delante de él intentaba aprovechar la nueva situación. La espada de Darlak cayó al suelo al tiempo que Sonyariel que era la que más cerca se hallaba acudía a socorrer a su amado. Clavó una daga que guardaba en la espalda del opresor mientras que Darlak aprovechaba su recién libertad para golpear a su otro enemigo que cayó al suelo. Tuvo tiempo de recuperar la espada y acabar con él.

- Si no fuera por mí estarías muerto .- dijo ella sonriendo. Pero no era momento para descansar pues los enemigos eran numerosos y aunque ellos hacían lo que podían por contenerlos.

Darlak se preguntó como estarían Eleth y Rialath, además le inquietaba saber la procedencia de aquellos hombres que parecían una especie de asesinos por la forma de combatir, evitando el frente a frente en lo posible. Sin duda aquello se estaba complicando.

Envinyanta mientras tanto volvía a la carga, Darlak y Sonyariel se adentraron en el combate y pronto se hallaron espalda contra espalda rodeados por varios enemigos. El resto del grupo estaba en situación similar.

[Editado por aratir el 16-11-2006 01:34]

Rialath

Tras ver volar, no sin cierto desconsuelo, su martillo Rialath no perdío el tiempo, apoyó una mano en el suel e hizo una voltereta, rodando por el suelo y paro entre las piernas del troll, aprovechando la confusión de este desnvainó la espada que tintineó y golpeó con furia un poco por encima del talón de la pierna izquierda a suerte de que la hoja de mithril de aquella espada mordió la dura carne del Troll hasta cortar el tendón, y girando sobre si mismo Rialath aprovechó la fuerza del giro para golpear el otro tendón de la pierna derecha, el troll, cayó al suelo con un pequeño grito ronco, impedido para levantarse pero completamente furioso. Rialath no tenia tiempo para rematarlo,los cuatro hombres restantes se avalanzaban sobre él, unó cayo por otra certera flecha, el segundo fue derribado por una estocada del dunadan después de que desviara el golpe que pretendia asestarle. El tercero resistió un breve intercambio de golpes mientras el cuarto caía traspasado por otra flecha, Rialath había salvado la vida por dos veces gracias a las flechas de la dunadan, cayó el tercero tras una finta y la súbita aparición de la daga de Rialath, que hasta aquel momento, llevandola en la diestra, la había mantenido en la espalda, con un penetrante golpe en el estomago, sin tiempo apenas para esquivar, Rialath, el golpe del otro troll, que consiguió golpearlo en el brazo izquierdo, con fuerza pero sin llegar a romper hueso, ya que con su movimiento -Rialath había conseguido minimizar el daño. Otra flecha silbó y se clavó en el brazo izquierdo del troll, que aunque no llegó a provocar gran daño dio tiempo a Rialath, esta vez si, de esquivar otro golpe.

Rialath se colocó fuera del alcance directo del troll, respiró recuperando la compostura y la calma, adelanto el pie derecho apenas unos veinte centimetros, envainó la daga, que de nada servía contra las escamas del troll y tomó la espada con las dos manos, la izquierda le daria la fuerza y la velocidad, la derecha la dirección a la espada. El troll hizo un movimiento, con su garrote, de barrido a suficiente altura para que el dunadan, agachandose resultara ileso y aprovechó también para clavar la espada hondamente en el brazo del troll, mas flechas hostigaban a esta criatura de forma que no atinaba a golpear con suficiente fuerza ni precisión.

Rialath solo contaba con una mayor agilidad y una mayor velocidad como bazas a favor, el toll era inmensamente mas fuerte y rudo que no el, per tampoco era demasiado inteligente y ahora, cegado de ira por el dolor de las múltiples heridas recibidas actuaba sin estrategia, golpenado con su mazo alllí donde estuviera el dunada, que aprovechava cada distracción del troll, provocada por una nueva flecha de Eleth, para asestaro otra herida, mientras el primer troll trataba de arrastrarse hacia ellos.

Rialath iba guiando al troll hacia unas rocas, allí conde yacian los fragmentos del maltrecho martillo, con intención de usar las dichas rocas a su favor, y así lo consiguió, con un par de saltos sobre las rocas ganó suficiente altura para asestar el golpe definitivo, la espada entrando por la boca atravesó el craneo de la bestia y murió, batiendose con un sordo golpe al suelo, llevandose consigo la espada del dunadan que temió que esta también se partiera, aunque al poco la recuperó intacta. Eleth habia salido de los arbustos y lo miraba con una sonrisa de plena alegría, Rialath, maltrecho y cansado sonríó solo con fatiga, al fin y al cabo había recibido un par de golpes y las armas del los hombres habían consiguido alcanzarlo superficialmente... pero las viejas heridas, quizas por aquello de hacer honores a las nuevas se habían reabierto y el sudor del dunadan hacía que fueran heridas realmente molestas.

Mientras Rialath pasaba cerca del otro troll, que hacía un buen rato que no se movia ésta, vil y astuta béstia, con un rugido atronador, estaba boca arriba, apoyó todo su peso sobre un costado levantando el brazo de su mazo, eran imposible ya para Rialath esquivar el golpe, se irguió y cerró los ojos pensando "bueno, no podía ser tan facil, muramos con dignidad" pero solo oyó como el brazo se derrumbaba de nuevo lejos de el, al abrir los ojos vio una flecha atravesando el cuello del troll y a Eleth, mirando con aire casual, ciertamente divertida. "cuantas veces me habrá salvado la vida hoy?" era la única pregunta que ocupaba la mente del dunadan, pues tenia la certeza de que sólo las constantes flechas de Eleth habían permitido esa victoria.

- Que será de los demas?- dijo Eleth

- Nosotros hemos cumplido nuestra parte- respondió Rialath mientras pensaba "pragmática, no se ha permitido siquiera un momento de desconexión, ya se esta preocupando por los demás"- así que vayamos para allá inmediatamente, con algo de suerte, si aún hay combate, nuestra llegada sea una sorpresa para nuestros enemigos y una ayuda para nuestros amigos.

[Editado por daedel el 16-11-2006 12:31]

Elêth Niramar

Elêth se quedó mirando divertida a Rialath. El dúnadan a penas podía moverse, y sin embargo ya quería correr a ayudar a los demás. Lo cierto era que a pesar de todo se sentía contenta. Lo había pasado mal durante el rato en que Rialath había estado luchando solo contra los trolls... tanto que había fallado más de una flecha por los nervios, cosa que pocas veces le pasaba. Sin embargo al final todo había salido bien, y en ese momento sentía que nada podría borrar la sonrisa de su cara.

- Espera! -gritó al ver que Rialath ya se marchaba. Al alcanzarlo puso una mano sobre su hombro con más presión de la normal, lo que hizo que el dúnadan se quejara dolorido. Elêth no pudo más que echarse a reír. - Anda, y tu quieres ayudar así a nuestros amigos? Cero que será mejor que descanses un rato... estás agotado. En tu estado poca ayuda puedes ofrecer

- No erás tu la que estaba preocupada por los demás? -dijo Rialath mientras se sentaba. Realmente pocas ganas tenía de discutir.

- Y lo estoy... por supuesto que me preocupan, pero... no vale la pena que... bueno, como has dicho... ya hemos hecho nuestra parte del trabajo... creo que podemos permitirnos el lujo de dejarte descansar...

- Estoy bien -atajó el dúnadan.

La chica volvió a sonreir, que Rialath quisiera aparentar estar mejor de lo que estaba le resultaba curiosamente divertido.

- Sí, claro... pero si no llego a darle al troll te quedas ahí... cero que... bueno... es solo... no me gustaría que te pasara nada -dijo Elêth, más para sí que para Rialath. Las afirmaciones que se había hecho constantemente durante los últimos días, sobre que estaba preocupada por el dúnadan sólo porque era su amigo, empezaban a perder peso conforme hablaba. Se dio cuenta de ello e intentó rectificar al instante. -Pero bueno, que eres tu quien ha peleado contra el troll, yo solo me he dedicado a disparar flechas... si prefieres que vayamos ya, pues... bueno, seguro que un poco de ayuda no les vendrá mal... -las afirmaciones de Elêth, que tan seguras habían sido en un principio, estaban perdiendo fuerza.

Báldor

Báldor cabalgaba con un galope corto, dirigiendo al caballo con los talones mientras atacaba a los rivales desde la altura que le daba su montura. Su pesada espada bastarda golpeaba con contundencia, matando al primer golpe.

Los enemigos eran esquivos y rápidos, se zafaban tras los árboles. Pero Báldor no era un aprendiz, sabía colocarse en el campo y aprovechar sus ventajas. La muerte dirigía su espada y hubiera provocado una auténtica matanza entre los enemigos si una flecha no hubiera herido al anca derecha de su caballo.

El animal se dolió, se asustó y perdió el equilibrio. Jinete y caballo cayeron al suelo.

La oscuridad hizo presa de Báldor, fué un golpe terrible, contra una encina burlona.

El caballo, cojeando, se levantó. Báldor quedó tendido en el suelo, le manaba un hilillo de sangre de la cabeza.

Naredhel Anariel

Se agachó y esquivó ágilmente la espada que esgrimía su enemigo. Había dirigido su ataque directamente hacia su cuello, lleno de furia, pero con cierta torpeza.

Con una rodilla todavía en tierra, se volvió y Rûnyacyr se deslizó de izquierda a derecha segando el vientre del hombre. Una mancha roja fue apareciendo gradualmente sobre la tela blanca de su camisa, y él se llevó una mano al vientre acompañado de un gesto de dolor.

No obstante la herida no era grave. Se tambaleó un momento, pero pronto se recuperó. Anariel detuvo su siguiente golpe sosteniendo su espada con la mano derecha. Aún no había conseguido incorporarse, y la fuerza del hombre de pie sobre ella empujando la espada era mucho mayor que la suya. Se inclinó hacia atrás, mientras su mano izquierda descendía rápidamente hacia la empuñadura de su daga. El hombre ni siquiera se dio cuenta. Sus ojos permanecían fijos en el rostro de ella, y no advirtió nada hasta que el filo de la daga penetró en su cuerpo, internándose entre sus costillas hasta perforar el pulmón.

Un gran chorro de sangre escapó de la herida abierta cuando Anariel extrajo la daga. Aprovechó el dolor y la confusión del hombre, para empujar con su espada e incorporarse rápidamente, y sin darle tiempo a reponerse, le asestó una nueva estocada desde la izquierda. Esta vez la daga atravesó el cuello del hombre, mostrando su filo ensangrentado en el lado opuesto, como una lengua sangrienta.

El hombre cayó de rodillas, y ella se agachó para recuperar su daga, empujando después el cuerpo con el pie para que terminara de caer al suelo. "Uno menos", pensó. No había sido el primero. Y tal vez no sería el último. Pero seguían siendo demasiados.

Se entretuvo observando lo que era el campo de batalla. Quizás demasiado. A lo lejos vio caer el cuerpo del senador esteldili, mientras su caballo se alejaba de la carnicería cojeando. Haciendo acopio de todas sus fuerzas, echó a correr hacia donde había caido. Pero se distrajo demasiado. Un hombre se acercó hasta ella por la espalda, y descargó un fuerte golpe a la altura de sus omoplatos. Anariel cayó bruscamente de bruces, conmocionada.

Sus armas escaparon de sus manos, y cuando levantó el rostro manchado de tierra, las vio a lo lejos. Demasiado lejos para las pocas fuerzas que le quedaban. Se arrastró angustiada sobre la tierra, pero avanzaba despacio sintiendo al hombre detrás de ella. Él parecía regodearse en su angustia. Finalmente, se colocó sobre ella y puso una bota firme sobre su espalda deteniendo su avance. Anariel intentó volverse, pero el pie del hombre la pisaba con fuerza. Se agachó sobre ella, y la agarró bruscamente del pelo, dejando su garganta expuesta para acariciarla con el filo de su espada.

Rialath

Rialath y Eleth no habian descansado demasiado tiempo, pese al dolor de los golpes recibidos Rialath no habia querido esperar mas, en cuanto se sintió capaz de andar bien y de mover los brazos sin que el dolor le forzara a hacer gestos extraños se había levantado y habia echado a correr, tenia un mal presentimiento.

Al poco oyó los ruidos de la refriega, el metal conta el metal... pero también el metal rasgando carne y tela, partiendo huesos, gritos y gemidos de dolor y de ira, ¿habían llegado a tiempo? ¿estaría todo perdido? Nada mas llegar al lugar del combate observó con desconsuelo al esteldili en el suelo, abatido, pero con mayor dolor a la reina regente a punto de ser degollada. Rialath llevaba su espada, sabia que corriendo no alcanzaría, Eleth estaba mas preocupada por los de su clan, que tampoco parecían estar en buenas condiciones. Rialath apoyó firmemente los pies en el suelo, tomando la espada con las dos manos y, alzandola por encima de su cabeza, imprimió foda la fuerza que pudo a la espada, adelantandola y lanzandola contra el agresor de Naredhel, la espada lo traspasó, soltando a la reina y cayendo a su lado pesadamente. Desenvainó Rialath su daga y tomó un cuerno que pendia de su costado, los asesinos no habían advertido aún que esos dos no estaban al principìo y que habían llegado por donde correspondía que llegaran los trolls,. Rialath se llevó el cuerno a los labios, tomando aire, lo hizo sonar grave y potente, con una nota aun así clara, aquello sorprendió y turbó a los asesinos, acababan de comprender porque no llegaban los trolls, el desanimo cundió entre ellos pero siguieron luchabndo, aunque no con tanta decisión. Rialath sabía que no estaba en condiciones, ni por armamento ofensivo ni defensivo, ni por estado fisico para conseguir grandes cosas, si se abalanzaba al ataque probablemente moriria, pero con un orgullo propio de los guerreros numenoreanos se lanzó a la carga, quizas muriera, pero no se marcharía solo mas allá de los mares.

Naredhel Anariel

Su agresor cayó bruscamente a su lado, con las piernas extendidas sobre ella. Libre de su captor, Anariel cayó bruscamente hacia delante de nuevo. La herida abierta en la espalda parecía arder. Se arrastró de nuevo hacia delante, intentando desesperadamente librarse del peso muerto que todavía tenía sobre ella.

El sonido del cuerno resonó en sus oídos. Tras unos minutos que le parecieron eternos, consiguió alcanzar su espada que yacía en la tierra con un brillo rojo. Asió la empuñadura, sintiéndose más segura aún sin saber si tendría fuerzas como para sostenerla.

Báldor se encontraba ahora relativamente cerca. Quiso alejarlo del peligro, si bien no sabía si lo conseguiría. Espada en mano se arrastró hacia él, y afortunadamente esta vez no se cruzó ningún enemigo en su camino. El hombre yacía inconsciente en el suelo. La herida abierta en la cabeza sangraba ahora abundantemente. Notó que le costaba respirar, pues parecía que el caballo al levantarse había golpeado con sus cascos el pecho del hombre.

Intentó ponerse en pie y arrastrarlo, pero fracasó en el intento. Finalmente consiguió sentarse al menos, y se arrastró de espaldas con gran esfuerzo, llevando consigo el cuerpo inerte, hasta apoyarse contra un árbol. El dolor que sintió al apoyarse sobre la madera rugosa contrajo su rostro. Cerró los ojos, mientras un sudor frío perló su frente.

Pese a sus enemigos, pese al peligro, pese a todo, sabía que no podía hacer más por ellos de momento. La batalla estaba ganada. Ya eran pocos los enemigos que quedaban. Pero ella no podía hacer más, salvo proteger con las pocas fuerzas que le quedaban, al senador esteldili.

Sonyariel Lisse

- Cariño...

- ¿Si Sonya?

- Te amo.

La joven sintió la presencia tras de ella de Lórindol, tenía tanto porque luchar y aquellos cobardes no terminarían con ella tan fácilmente, pero al ver que por poco perdía a Darlak, se dio cuenta que si a él le pasase algo, ella moriría con él.

Eran asesinos, de ello estaba segura, y se heló al reconocer entre ellos a una figura que la miraba sonriente, alzando la mano quienes los rodeaban se detuvieron por un instante, rodeándolos, mientras aquel se acercaba a la humana y la saludaba burlescamente con una reverencia.

- Tantos años señora, es un placer veros, nunca pensé que os vería nuevamente y menos aquí y con gente tan... distinta... el hombre observó Creo que esta vez terminaremos lo que dejamos pendiente – dijo con voz ronca aquel hombre de rostro pálido y mirada perversa.

La joven se puso pálida, se sentía aturdida al encontrarse con una parte de su vida de la que sentía desprecio y el rostro perplejo de Lórindol le confundió más.

Los hombres apuntaron con sus armas al medio elfo dándole el paso libre a la humana. Sonyariel miró a Darlak angustiada, y giró su rostro encontrándose con la mirada de Morohtar.

El fuego en sus ojos era notorio, y con aparente calma la joven guardó su espada se armó sólo de sus dagas.

- Pues si eso es lo que quieres- pegó un grito y se lanzó sobre aquel raudamente, sacando chispas de las armas al chocar con rapidez una y otra vez. Los movimientos de aquellos se transformaron en suaves y firmes a la vez, quedando cara a cara, con las armas cruzadas, aquel lanzó a la mujer al piso para enterrarle la daga en el pecho, pero con un movimiento rápido, la mujer alcanzó a hacerle el quite pero no del todo, recibiendo un tajo en el hombro.

- A pesar que soy mucho más hábil que tú reconozco que no pierdes tu toque... que lástima que no quisiste aceptar mi propuesta, ahora estarías como una reina – A Sonyariel aquel comentario le provocó una carcajada. - Yo siempre trabajé sola, además nunca fuistes mi tipo – Y levantándose con dificultad, supuestamente por el dolor provocado en el hombro, para sorpresa del asesino, la joven lanzó una de sus dagas dándole certeramente en medio del cuello. - y tú sigues tan estúpido que antes. – y sacando su espada, miró a Lórindol y guiñándole un ojo, con una sonrisa le dijo: -Démosle una paliza a estos malditos- mientras el enemigo se lanzaba nuevamente en batalla.

El danzar de las espadas no paraba, y los asesinos empezaban a desaparecer, algunos arrancaron, pero fueron alcanzados por los otros guerreros, tiñendo con su sangre maldita el bosque de Taur Tasarion.

[Editado por auriga el 20-11-2006 01:51]

Naredhel Anariel

La herida abierta en la espalda parecía quemar su piel desde dentro. Intentó acercar sus manos hasta la herida, pero quedaba lejos de su alcance. Notó eso sí que la casaca de cuero se había abierto, y quizás la camisa también. El cuero era resistente, pero no tanto como lo hubiera sido una cota de malla. Ahora se arrepentía de no haber traído una consigo. Aunque la verdad es que ninguno de ellos había esperado éste ataque.

Respirando con dificultad, y consciente de que no podía hacer nada por detener la hemorragía en su espalda, se dedicó al senador esteldili. Abrió torpemente los botones de su casaca, y haciendo un gran esfuerzo se la quitó. Hizo lo mismo con la camisa, y entonces pudo comprobar la gran mancha roja que se extendía por la espalda, y calcular el tamaño de su herida. Sintió frío, cubierta sólo con un delicado corpiño blanco.

Con la destreza que provocaban largos años de experiencia, cortó la camisa en largas tiras a modo de vendas. De un pequeño saquito que pendía de su cinturón, extrajo unas hierbas todavía frescas. Limpió la herida del hombre con cuidado. No parecía grave en sí misma, pero le preocupaba que siguiera inconsciente. Trituró las hierbas con sus dedos, y las colocó cuidadosamente sobre la herida limpia. Vendó la frente del hombre intentando no moverlo demasiado, al menos en la medida de lo posible.

Exhausta, volvió a recostarse sobre el árbol, con la cabeza del hombre apoyada en su regazo. Intentó permanecer alerta, espada en mano y con los ojos abiertos. Pero estaba agotada. Había perdido demasiada sangre. La espada cayó al suelo lejos de su mano inerme, y sus párpados cayeron pesadamente.

Rialath

Rialath, consciente de sus limitaciones nada mas iniciar la carga cambió de decisión, cruzó el campo de batalla, golpeando a cuanto enemigo se ponia por delante para apartarlo de su camino, así golpeó a varios y llegó hasta donde la reina y el esteldili, heridos y ambos parecía inconscientes. Movió a la reina, el numenoreano conocía un poco las artes de la curación, solo lo justo para curar heridas y lavarlas, nunca se había tenido que preocupar de la curación, los años que había servido en la marina y el ejercito numenoreano había dirigido y combatido, de la curación se encargaban los sanadores, no él. Torpe pero con la suficiente perícia consiguió que la herida de la reina quedara limpia y cerrada, luego se volvió y vio a Darlak y a Sonyariel rodeados. Se encaminó hacia allí, pero de pronto se hizo para el la oscuridad y cayó pesadamente al suelo.

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Despertó horas mas tarde, estaba tendido, no sabía donde, lo último que recordaba era dirigirse, daga en mano, hacia Darlak, poco a poco su mente tomó consciencia de su cuerpo. Sentia un escozor en la sien, un fuerte golpe. Poco a poco fue comprendiendo, le habían noqueado. ¿Estaría prisionero? Los ojos se negaban a abrirse y prefirió mantener la acompasada respiración del sueño que lo había dominado hasta hacía apenas unos instantes. Progresivamente sentía todos los musculos de su cuerpo, doloridos, exhaustos, aquí y allá la presión de vendas sobre sus heridas. Sonrió para sus adentros, por dos veces había acabado tendido y vendado, con sarcasmo pensó que como capitán dejaba bastante que desear. La primera vez el ataque contra él había sido mas hacia el espiritu que hacia el cuerpo, era consciente que se había salvado porque le habían encontrado, sino habría terminado con Valandil, no había querido explicar aquello en el concilio improvisado que se celebró justo antes del ataque, no le pareció prudente atemorizar alos demás, pero esta segunda vez el daño era eminientemente físico, por un olor, un aroma agradable, dulzón y familiar, que le llegaba de cerca, por unas voces familiares, supo que no estaba prisionero, siguió respirando acompasadamente, con los ojos cerrados. Ahora se convertía en un lastre para la marcha, el fuerte golpe de su pierna izquierda, ahora que había reposado, le causaba gran dolor, la cabeza poco a poco se le aclaraba, pero ademas había perdido sus armas, como mucho conservaría su daga, ñla espada se había perdido en la confusión del combate, su espada serkeníre, que en tantas batallas le había acompañado... su pesado martilla de guerra estaba partido en varios fragmentos allá donde los trolls, irrecuperable, se sintió indefenso, aquellas dos armas le habían acompañado toda su vida, de pronto sintiío que su pérdida era además una ruptura con su pasado, aquello lo alivió, tantas faltas cometidas en el pasado, aquel orgullo que le había arrastrado a numerosos problemas, todo quedaba atrás, se sintió liberado de verdad, nuevas armas para una nueva vida, ahora su destino estaba entrelazado con el de aquellas gentes, ahora Heren Fanyarëa era su hogar, esbozó una sonrisa de satisfación, casi imperceptible, en su interior algo cambió, ahora se sintió seguro, por primera vez en su vida no ´tenía la necesidad de estar alerta, otros velaban por él, no dependía solo de sí mismo para sobrevivir, no estaba solo, se había sentido solo toda su vida, desde que quedara huerfano... Suspiró sonoramente mientras habria los ojos, veia borrosamente unas figuras que se movían por delante, a sus lados otras figuras, también tendidas, nadie había reparado en que estaba ahora despierto.

- ¿Que ha ocurrido?- su voz sonó cansada, lentamente, algo confusos los sonidos pues arrastraba la lengua.

[Editado por daedel el 20-11-2006 13:03]

Elêth Niramar

Elêth había pensado poco al llegar donde se encontraban sus compañeros. Viendo a sus amigos en peligro, no lo pensó dos veces. Buscó un buen lugar des del que disparar las flechas y fue abatiendo uno por uno a todo aquel que se le puso por delante, hasta que se le acabaron las flechas. Entonces se sintió indefensa, pero tomando la daga que siempre guardaba en la bota, aun así, se lanzó en ayuda de aquellos a los que quería. No había reparado en Rialath. Pensaba que sería lo suficientemente sensato como para ser prudente y mantenerse al margen, estando cansado como estaba.

A la dúnadan casi le dio un ataque al corazón cuando, tras haber ayudado a Vanadessë a deshacerse de uno de sus atacantes, levantó la vista y lo vio caer.

- Si todavía sigue vivo, lo mato yo -murmuró Elêth.

- Qué dices? -le preguntó Vanadesse desde detrás, acababa de hacer caer al último de sus atacantes. Pocos enemigos quedaban ya en pie y podían considerar la batalla ganada.

Elêth se acercó a Rialath sin decir nada. Toda ella temblaba y, de hecho, no hablaba por esa razón. Su voz temblorosa le habría resultado tan poco convincente que la habría desmoronado del todo. Se acercó con cuidado. Tenía miedo, pero aun así no dudo. A los ojos de cualquiera parecía segura. A sus ojos estaba tan temblorosa que no entendía como no había caído ya en el suelo. Tomó el pulso del dúnadan. Por suerte, seguía vivo.

La sensación de alivio que invadió entonces a la dúnadan fue tanta, que no recordaba haber sentido nunca una similar. Volvió a ser ella al instante. Si estaba vivo, despertaría en un momento u otro. No había por qué preocuparse... de hecho, si estaba dormido, aprovecharía para dormir, que falta le hacía.

Ya más tranquila, Elêth se unió a las labores de curación de los heridos. No era muy diestra en el arte de curar, pero era una buena ayudante cuando hacía falta. Una vez llevados a cabo los primeros auxilios, la joven se dedicó a buscar flechas para volver a llenar su carcaj.

- ¿Qué ha ocurrido?

La cansada voz la sobresaltó. Su búsqueda la había llevado hasta donde descansavan sus inconscientes compañeros... pero no esperaba que ninguno de ellos despertara. Al darse la vuelta, comprobó que quien la miraba con los ojos abiertos era Rialath.

- Vaya... ya has despertado... Te dieron fuerte por la espalda... ni siquera se como lo has aguantado después de la lucha con los trolls... te hemos curado las heridas... como te encuentras?

- Bueno...

- Espero que no muy mal, porque me has dado un buen susto! -dijo Elêth sin dejarlo acabar. Su voz simulaba un regaño, pero su cara mostraba la felicidad que sentía la dúnadan de ver al chico despierto.

- Estoy bien -correspondió él con una sonrisa.

- Ya... bueno... pero espero que hayas escarmentado y se te hayan quitado las ganas de jugar a ser heroe...

- No jugaba a ser heroe...

- Ya, lo que tu digas. Y me da igual que tuvieras razón y que nuestros amigos necesitaran ayuda... -dijo Elêth. Se había sentado al lado del dúnadan para hablar con más tranquilidad. No supo como continuar. No era una reprimenda, de hecho su rostro irradiaba felicidad. Pero... al mismo tiempo... se había asustado tanto que aquello era una manera de decirle que no lo volviera a hacer, pues la chica no podía quitarse de la cabeza la sensación de pánico que la había invadido al verlo caer.

Bohr Daedth

Wethan había quedado sólo con el taparrabos y el vellocino cubriendole hombros y espalda. Estaba herido, muchos rasguñones en muchas partes, pero había encauzado toda su estrategia a evitar que al resto lo sobrepasaran los enemigos.

Era extraño, pero los asesinos que le habían lanzado encima, no clavaron sus dagas hasta atravesarle la carne, aún cuando él los desmembraba blandiendo Dunffelak en una danza hacia los que atacaban hacia un lado y los que atacaban hacia otro.

El bosque no era su habitat, así que los rasguños también se le habían hecho por el roce con los arbustos que atravesaba para llegar una vez hacia detrás de Rialath, otra hacia cerca de Anariel y al extraño, y varias para cubrir a Nielúne y Sonyariel. Ellos podían defenderse solos, sí, pero él le aliviaría la carga a todos y cada uno, tanto como pudiera, costase lo que costase. Casi no era cuestión ya de reconocimiento, sino un sentimiento en sí, aunque... no estaba todavía libre de defecto.

Mató a muchos, con facilidad, y de la misma manera, recibió más cortes que los otros, tal vez sino hubiera sido él, se habrían incado hacia sus entrañas. Pero por suerte o no, no fue así. Wethan Bohr estaba satisfecho de sus movimientos, porque contribuía a salvar a los que en estos días habían sido los "suyos". Ver la propia sangre volvía a ser, como en su niñez, motivo de orgullo.

Los asesinos no estaban cumpliendo con su tarea. Y, luego, los acontecimientos comenzarían a desenrollarse trepidantemente...

Darlak Lórindol

Los pocos asesinos que habían sobrevivido habían huido, y ahora el grupo estaba recuperándose de las heridas sufridas. Los que más cuidado necesitaban eran Anariel y Báldor, no habían recuperado la consciencia aún. Los demás tenian algunos rasguños y cortes diversos.

Eleth se hallaba curando a Rialath que había despertado. Nielunë y Sonyariel asistieron a la reina y al esteldili. Vanadessë había ido a buscar algunas hierbas para la curación de los heridos.

Darlak aprovechó para estudiar la situación con Bohr.

- ¿Tienes alguna idea de donde han surgido estos enemigos? - preguntó el semielfo.

- No sé pero tengo la convicción de que tenían alguna misión.

- ¿Piensas que alguien los envió? - volvió a preguntar Darlak y ante la afirmación de Bohr preguntó- ¿Y quién?

El humano se encongió de hombros. Ambos estaban desconcertados y la situación les hacía no saber que tenían que hacer a continuación. Habían sido atacados y sin duda algo pasaba con aquel bosque, pero el qué aún no lo sabían.

Rialath

- Eleth... nos disculpas?- Eleth lo miró, pero asintió y se alejó. - Wethan, Darlak... acercaos, hay algo que no he contado pero que debo explicaros...

Los dos se acercaron, Bohr extrañado, Darlak contento porque al fín parecía que el dunadan revelaría algo que había escondido en el concilio previo al ataque:

-¿y bien?- Darlak parecía seguro de si mismo.

- Bueno... veamos, cuando volví de las ruinas, por el camino, pi y sentí cosas... cosas que nos podrían ocurrir si no resolvemos el enigma, pues ya no podremos salir de este bosque si no resolvemos el motivo de porque ellos esten aqui.

-¿ellos?- al uní sono ambos- ¿quienes?

- Los asesinos, me temo, los envia lo mismo que los condenó a ellos... son seres atrapados entre este mundo y la muerte... desesperdos, desean... desean que les liberemos, pero cuanto mas nos acercamos mas peligro hay para nosotros de compartir su destino... de hecho ya no podemos retroceder y Valandil se acercó demasiado y está con ellos.. pero el me salvó a mi.

Naredhel Anariel

Primero fue un ligero estremecimiento en sus dedos. Sintió un cambio en la oscuridad que la rodeaba. Una luz temblorosa en algún lugar de su mente. Intentó abrir los ojos, pero notaba los párpados pesados. Intentó hablar entonces, pero sólo pudo emitir un gemido ronco entre sus labios resecos. Alguien vertió entonces unas gotas de agua sobre ellos. Las lamió con la lengua, y casi sin darse cuenta se quedó dormida.

-------------------

Horas después despertaba de nuevo, esta vez más consciente. Abrió los ojos, y aunque la luz de las velas apenas creaba una semipenumbra en la tienda, le costó acostumbrarse a su fulgor.

Se encontraba sola en su tienda, cubierta con varias mantas de piel. Recordaba haber temblado de frío, pero ahora sentía calor, y retiró algunas dejándolas caer al suelo.

Sentía aún un dolor profundo en la espalda. Pero la herida había sido curada y vendada con cuidado. Cansada de mirar al techo de lona de la tienda, finalmente se levantó. Junto a la cama había una cantimplora. Todavía sentía la boca seca, y bebió un largo trago de agua fresca.

Después, cubierta tan sólo con el largo camisón blanco y su capa de piel, salió de la tienda en busca de un poco de aire.

Niëlúne Lambar

Todo había sucedido con mucha rapidez.Solo recordaba haber desempuñado su espada y haber empezado a matar.En su mente solo quedaban pequeños retazos de la batalla;Anariel apoyada contra un árbol cuidando de Rialath,a Baldor tirado en el suelo.A Sonyariel y a Darlak espalda contra espalda cuidando el uno del otro.A Bohr semidesnudo,luciendo un cuerpo lleno de cortes y magulladuras pero sin ninguna herida importante.Se descubrió a sí misma recordando esta imagen;con la adrenalina segregada en el fragor de la batalla no había podido apartar su mirada del humano.

Ahora ya todo había pasado,por el momento...Sus heridas eran superficiales así que dedicó toda su atención a los cuidados de Anariel.La herida en la espalda la había debilitado y había sufrido fuertes fiebres.Casi todo el día había velado por ella en su tienda,pero ahora era la semielfa la que necesitaba descansar.Anariel ahora dormía más tranquila y la fiebre iba remitiendo.

Salió de la tienda de su reina y la noche ya había llegado.Echó un breve vistazo a su alrededor.Elêth cuidaba de Rialath que ya había despertado y hablaba con Darlak y Wethan.Sonyariel y Vanadessë hablaban sentadas frente a la hoguera.El esteldili aún estaba inconsciente pues la herida de la cabeza había sido grave aunque su estado de salud no era precupante.

Pasó por delante del trío que conversaba y percibió la preocupación en sus rostros,algo sucedía y Niëlúne presentía qué podía ser,pero se guardó sus pensamientos para otro momento.Se detuvo un instante y observó a Bohr aunque no quiso entretenerse demasiado;el humano lo percibió y levantó el rostro hacia la joven que se la quedó mirando unos instsantes mientras la veía alejarse del grupo.

Sonyariel Lisse

Tras el ataque, se decidió levantar un campamento improvisado mientras se recuperaban los heridos, además todos habían quedado agotados despuesde aquel encuentro.

La guardia se dobló, y los cuerpos de los enemigos caídos fueron apilados y quemados lejos de ahí por los soldados, para evitar que animales llegaran con el aroma a muerte y sangre.

Mientras algunos tomaban decisiones, otros se dedicaron rápidamente a establecer el campamento, revisar los caballos y los viveres, revisando que no se hayan perdido con el ajetreo.

La batalla había sido dura para ella, el pensar que pudo perder a Darlak, la puso algo nerviosa, aunque no lo aparentaba así que para no pensar se dedicó a ayudar en lo más que pudo.

Cuando ya todo estuvo listo se sentó cerca de la fogata, al lado de Vanadesse, a pesar que la adrenalina ya había menguado en los cuerpos, la humana sentía que su corazón se iba a escapar.

- No me gustó para nada lo que ocurrió.

- ¿A que te refieres?, ¿al ataque? -preguntó la elfa.

- Si, además estaba ese bribón que provocó que escapara a los bosques.

- Si lo vi, pero no todo fue malo, gracias a ello nos conocimos Sonyariel ¿no?-
la humana sonrió, recordando que aquello era cierto - pero lo que me intriga es que según supe a este lo habían... bueno.. eso ya no importa.

Sonyariel sintió algo que no le agradó, el dolor producto de la caída en batalla no pasaba, así que se levantó para estirar un poco las piernas, pero al hacerlo, fue peor y lanzando un grito, abrazó su vientre. - - Mi... bebé... yo no...- -susurró Sonyariel mientras estallaba en llanto ante la elfa, la cual se levantó rápidamente para sujetarla y que no cayera sobre la fogata, y llamando al capitán con desespero.

-!Darlak!

[Editado por auriga el 23-11-2006 00:54]

Elêth Niramar

Elêth se hayaba paseando por los alrededores, pensando en los últimos acontecimientos. Aquello era muy raro. No le sorprendía llegar a aquella conclusión, pocas de sus excursiones no acababan en situaciones... poco comprensibles, pero aquella se le salía de las manos. Las cosas iban pasando y ella no alcanzaba a asimilar una antes de que llegar la siguiente.

Después estaba aquel bribón que se había encontrado Sonya. Lo habían estado hablando poco después de montar el campamento... que aquel hombre volviera a aparecer ante su amiga no podía ser nada bueno.

Y después estaba Rialath... pero aquello era secundario... o no? Sí, seguramente lo era. Se habían conocido hacía poco y... le había caído bien. Y luego, bueno, era normal que se preocupara por él siendo amigos. O no? Sí, seguramente lo era. Porque... no había otra explicación posible. Lo que ya le parecía más raro era que, incluso cuando estaba haciendo otras cosas, sus pensamientos volvieran a él. En ese mismo momento, por ejemplo, estaba mirando de reojo hacia donde se encontraba el dúnadan. Pero aquello... no tendría importancia. Seguramente tuviera alguna explicación lógica... por ejemplo ahora, el chico acababa de despertar tras la batalla... era normal que...

La dúnadan se estuvo repitiendo lo mismo durante unos minutos, hasta que el grito de Vanadessë la sacó de sus pensamientos. Algo le había pasado a Sonya. Puesto que no estaba muy lejos de donde se encontraban sus amigas, llegó al instante junto a ellas.

- Mi... bebé...

Sonya se encontraba en brazos de la elfa, repitiendo constantemente lo mismo.

- ¿Bebé? ¿Que... qué le ha pasado? -preguntó Elêth asustada mirando a Vanadessë. Esta negó con la cabeza y, mientras intentaba tranquilizar a su amiga llamó de nuevo a Darlak con voz potente, algo asustada.

- ¡¡Darlak!!

Báldor

El negro se rasgó en sinuosas líneas rojas. Notó el frío. Le costaba respirar. Una pesada manta aprisionaba su cuerpo magullado. Sintió su pecho desnudo y la presión de una venda en la cabeza.

Las voces amarillas habían callado pero todo continuaba siendo negro.

Sí, ahora el rojo parecía querer hacerse un lugar, rompiendo la inconsciencia, pero aun no era posible: la muerte aun tenía secretos que contarle.

Y volvió la voz amarilla y el olor a hongos, contando secretos y mentiras en la negra inconsciencia.

Sonyariel Lisse

Al abrir sus ojos, el aroma a hierbas inundaba la tienda donde se encontraba. Su cabeza estaba apoyada en la falda de Vanadesse mientras su cálida mano le pasaba un paño frío por la frente. Por su mente algunas imágenes aparecieron entrecortadas de la lucha con los asesinos, la fogata, Eleth, el rostro de Darlak...

- Mi bebé – susurró la joven con la angustia a flor de piel, mientras se llevaba las manos al vientre.

- Está bien, no te preocupes - le dijo la elfa regalándole una sonrisa-. Sólo fue un susto, pero debes tener mucho cuidado. Un soldado me ayudó a traerte a esta tienda mientras Eleth fue corriendo a buscar al capitán. Por Eru niña, un bebé... tú más que nadie sabes que ello te puede...

- Pero se dio – interrumpió la humana con sus ojos húmedos – , sucedió y en un par de días cumpliré los tres meses de gestación. - Una leve sonrisa se dibujó en los labios de la humana. – Mi pequeño es el fruto de todo lo que siento por el medio elfo. Vanadesse, lo amo tanto... y... yo... perdóname amiga.

- No hay nada que perdonar - le dijo la elfa con una sonrisa.

La elfa quedó en silencio, entendía más de lo que muchos sabían, lo que su amiga estaba sintiendo y sobre todo, lo que quería decir con su última oración.

- Tres meses... – susurró – ¡¿Tres Meses?! – sus ojos se centraron en los de la humana abriéndose como platos mientras no podía creer lo que su amiga había hecho – , ¡Sonya! ¡Estabas metida en la guerra esperando a este pequeño! ¡Dónde tienes puesta la cabeza! ¡Acaso estás loca! ¡Y no me dijiste nada!

La elfa bajó la voz al ver como los ojos de su amiga se inundaban en lágrimas. No era necesario que la humana le dijera el porqué. Sus ojos lo decían todo. Tenía miedo.

- Por qué no le dijiste a Darlak... él te quiere enserio, no sería capaz de hacerte daño ni menos al bebé... Creo que deberías hablar con él. Merece saber esto de ti ¿no crees? – le dijo a la joven con una sonrisa- , está afuera de la tienda. Le pedí a Eleth que no le dejara entrar, así que ambos deben estar echando chispas. Así que arregla esa carita y seca las lágrimas que yo le llamo. Mira que hacerme tía y yo tan joven - le dijo la elfa mientras salía de la tienda con una sonrisa.

[Editado por auriga el 20-01-2007 22:14]

Rialath

- Continua- Darlak presióno un poco a Rialath para que hablara mas, pues se había tomado unos segundos de absoluto mutismo. Bohr, aunque no decía nada, pues aun quedaban reminiscencias de su desconfianza hacia el Nuemenoreano tendido ante él también ansiaba que éste continuara. Con una mirada reprobatoria.

Rialath se tomó aún unos segundos que aprovechó para incorporarse, con un hondo suspiro y tras aclararse la garganta continuó, visiblemente contrariado por tener que contar cosas que hubiera preferido no tener que llegar a contar:

- Hay... una puera, lo sabeis, y tenemos tres partes de la llave que lo abre, por desgracia... necesitamos otra parte, estoy hablando de los brazaletes que guardan los reyes del Realengo y del que encontrara Eleth.

- Cómo sabes...- la sorpresa de Darlak era visible, Bohr miró cargado de sospechas.

- Valandil- atajó Rialath- lo sabía y me lo dijo, también me abrumó con una gran cantidad de imagenes e informaciones que hasta ahora no he acabado de asumir, entre ellas- bajó la voz hasta que fue un murmullo apenas audible- es que la puerta esta guardada por la sombra... y la llama.- También me indicó que la cuarta pieza de la llave se halla en el bosque... y creo que en los dibujes que tomé esta la localización, necesito mi libro, ahora creo que seré capaz de comprender los mensajes que ellos nos estan dejando pero... no me lo ha revelado todo, hay muchas lagunas y estas me provocan tanto terror como el guardian de la puerta, no hace falta decir que tras la puerta se halla la respuesta a muchos de nuestros interrogantes... o al menos pistas de como hallarlas, los asesinos son meros peones...

Bohr y Darlak se miraron indecisos, había sido prudente de no anunciar en el concilio la presencia de un terror de morgoth en las ruinas, pero no sabían si debian creer al numenoreano que había mostrado abierta simpatía por el Esteldili y que además había recibido fuertes golpes...

- En todo caso- interrumpió Rialath los pensamientos de los dos- hay que encontrar el cuarto brazalete, si no os fiais de mi iré solo o con la escolta que dicteis, si en verdad miento, mi pérdida no os resultará grave, mas si digo la verdad... - intencionadamente no dijo nada mas y esperó la respuesta de sus dos contendientes.

Bohr Daedth

Por algún motivo todos los prejuicios... y juicios, que Bohr venía sumando sobre Rialath se amontonaron en esos momentos.

- Mira, te has acercado demasiado pronto a nuestra reina, adoras el orden y los refinamientos absurdos del Eirë, desapareces y apareces como te da la gana, ocultas secretos por motivos que sólo tú crees sensatos... Rialath, espero que estés diciendo la verdad o procuraré que las circunstancias regresen al día en que Lyshiön debería haberte dejado morir.- El joven pronunciaba una palabra atrás de la otra como los fluires de sangre le atravesaban las venas como estampidas.

- Bohr, cálmate. – intervino Darlak. – Lo que Rialath está diciendo se ajusta a suposiciones que he analizado según los pergaminos. No me gustan tampoco los secretos, aunque... las formas en que todas las cosas nos son dichas parecen no ser tan normales en sitios como este bosque.-

- Pues estoy cansado de eso... ¿No vemos más allá de nuestras narices porque algo más lo quiere así? Todo lo que vemos es incierto. Nada está claro. Ni siquiera podemos tomar unos dichos tales y como los oímos. ¡Que eso que nos está velando la verdad venga y se enfrente a mí y acabe con esto de una vez por todas!- estalló Bohr

- ¿Aunque fueran maldiciones lo que enfrentaras, Bohr?- dijo Rialath

La reacción del Varna fue echar una mirada al Dunedain digna del Águila cuando su presa saca sus espinas instintivamente para no ser cazada. Una mezcla de odio e impotencia.

- Maldiciones... sí.- dijo Darlak dejando escapar su pensamiento en voz alta más que hablando con los otros. – No lograremos nada enfrentándonos ahora, Wethan. Está claro que el tiempo está siendo perdido.-

- Malditos...- dijo Bohr hablándose para sus adentros y haciendo ademán de darles la espalda a los otros dos...

Por un momento hubo un denso silencio.

- ¿Entonces sabemos ya hacia donde ir?- preguntó el príncipe alsenotíada irónicamente pero expresándose más conciliadamente.

- Paso a paso estamos yendo a donde debemos ir. La información...- decía Darlak.

Bohr recordó que también Darlak tenía sus secretos.

- ... a donde no sé quien quiere que vayamos... ¿Verdad?- interrumpió con los restos de furia que debía moderar y escupir.

Rialath habló antes de que Bohr dejara la interrogación en suspenso.

–Adonde alguien nos pide que vayamos. Podemos elegir, príncipe de humanos de mi nueva tierra, aunque no mi príncipe. Pienses lo que pienses de mí deberías tratarme con mayor respeto, aunque tu tribu no acostumbre, mi corazón está en Fanyarëa, y la reina por algo me ha hecho un lugar en la Orden, tal vez sea porque necesite humanos... distintos. Así que...- expresándose con justa altura y soberbia.

Darlak también tenía sus desacuerdos con cada uno de ellos, pero de alguna forma eran sus camaradas. Y esto era lo que haría prevalecer. Caminó entre ellos, aunque no había habido amagos de ataques, mejor era así.

- Basta... tenemos una misión, si es que estamos todos de acuerdo en que seguiremos...- ninguno lo contradijo- Necesitaremos... sentidos, mente y corazón. Alguien sagaz debe ser nuestros sentidos, guiarnos a través de lo que nosotros no vemos... ir un paso más allá, ver, oír, oler, saber, lo que nos espera y alertarnos de los peligros antes de que los tengamos encima.

Un capitán debe llevarnos hasta los puntos del camino que debemos alcanzar, debe dirigirnos y comandar nuestro frente, atento a todo obstáculo que necesite ser eludido o derribado.

Y un “tronco” tiene que mantener a los elementos del grupo unidos, y calmos entre sí. Tiene que conservar el espíritu interno de nuestra expedición intacto, fuerte, fortalecido...

Tenemos buenos elementos, pero estableceremos una grave e incomprensible dirección, necesitamos dirigir las partes, y mantenerlas bien coordinadas y armoniosamente, para eso... ¿Qué mejor que nosotros tres?- dijo con una sonrisa incisiva.- Y si no lo hacemos ahora nosotros, que por ciertos motivos tenemos preeminencia sobre el resto, ¿Cuándo y quien lo hará?-

- Bien.- dijo Rialath, secamente.

- Bien.- dijo Wethan, bajando la mirada.

- Entonces,- concluyó Darlak- ¿Quien cumplirá cada parte?...-

[Editado por Elessurendil el 22-01-2007 12:17]

Niëlúne Lambar

Los pasos de la joven se dirigieron hacia el exterior del campamento,lo suficiente para que la oyeran gritar en caso de urgencia,pero lo necesario para pensar en la intimidad.

Se sentó sobre el tronco de un árbol caído en la oscuridad tan solo con los cantos de los animalillos nocturnos y la luz de una luna que se expandía inmensa en el firmamento.

Aún sentía sus músculos doloridos por la reciente lucha,pero las heridas causadas por el enemigo no habían sido peor que las que ella había podido causarles.A diferencia de ella que seguía con vida,ellos habían muerto bajo su espada,o bajo la afilada hoja de cualquiera de sus compañeros.

Todavía escuchaba las voces de Darlak,Rialath y Bohr aunque ya más amortiguadas por la distancia y la maleza.

De repente se sorprendió a sí misma volviendo a pensar en el humano;nunca se había sentido tan viva como ahora aunque su mente fuera un hervidero de dudas,sentía que todo estaba bien claro.Casi podía notar cómo la sangre fluía por sus venas incontrolablemente,con una rapidez que nunca antes había experimentado,y el corazón rara vez en los últimos meses había dejado de golpear con fuerza en su pecho.Ahora que había abandonado la frivolidad con que antes su rutina estuvo envuelta podía ver las cosas y sentirlas con mayor claridad;por fin después de tanta resistencia había llegado a comprender y a admitir que,lo que sentía por Bohr,era algo más que amistad o camaradería.

Se sonrojó al pensar que nunca había estado con un hombre "a solas",en la intimidad de una alcoba.Entre elfos adultos esa cuestión era algo casi ceremonial,más espiritual.Sin embargo,entre humanos,al saberse tan efímeros,aprovechaban cada minuto,cada precioso instante que la vida les brindaba,por lo que aunque con su cierta importancia,se tomaba más a la ligera.

Había escuchado en su estancia en el barco las historias de los marineros y no había dejado de ruborizarse cada vez que las oía.¿Cómo podía haber mujeres que por el simple placer de la carne se entregaran a un marinero cualquiera al que jamás volverían a ver?Niëlúne no conseguía explicarse estas cuestiones al escuchar las historias y las chanzas.Ahora su parte humana clamaba salir y vivir a toda costa y empezaba a entender-aunque desde luego nunca se le entregaría al primero que pasara-.

Sabía que Bohr no podría considerarla más que una compañera o con mucho una hermana,él mismo se lo había explicado-no sin dificultad- hacía poco tiempo atrás;pero sabía que no la dejaría atrás,que no la abandonaría y que incluso llegado el momento,daría la vida por ella,y eso,en ese instante,la confortaba.

Largo rato estuvo divagando en estos pensamientos cuando una fría brisa se levantó en el pequeño claro.La niebla empezaba a inundar el paraje poco a poco.

Un escalofrío recorrió su espalda un momento,la noche era fría pero había cogido abrigo,por lo que se extrañó al sentir alquel repentino helor que la inquietó.

Después de todo lo vivido y lo acontecido desde que llegaran a ese maldito bosque sabía que podía encontrarse con algo peor que los asesinos de hacía escasas horas.

Se levantó del tronco y rápidamente sus pasos se dirigieron de nuevo al campamento,donde el calor del fuego y las voces de sus amigos la harían sentirse segura,aunque solo fuese por unas horas...solo unas horas...

[Editado por mithril_ el 29-01-2007 23:49]

Rialath

Ante la pregunta de Darlack y pese a saber que no le gustaría a Bohr la respuesta que iba a dar, Rialath habló:

- Prefiero adelantarme con los exploradores, pues esa función tuve al ser de la avanzada que llegó al bosque para aseguraros un campo base seguro.

- No me gusta la idea de verte ir y venir a tu aire- espetó Bohr en abierta hostilidad.

- Tu puedes dedicarte a guiar al grupo principal, ya que te muestras tan paternalista con todos- repuso, impasible pero intencionado, el joven numenoreano, en alusión al evidente comportamiento que había visto en Bohr de procurar por el bienestar de todos, por su deseo de protegerlos, por esa repentina responsabilidad de la que Bohr se habia investido calladamente y que Rialath habia percibido y juzgaba absurda. El comentario, como Rialath había buscado, no hizo mas que enfurecer a Bohr, quien no se esperaba esta respuesta.

- No dejaré de vigilarte, numenoreano- recalcó con evidente asco la procedencia de Rialath y en un embate de furia- demasiadas circunstancias sospechosas te rodean.

- Claro, yo soy tu enemigo- dijo con sorna Rialath, quien esbozaba una torcida sonrisa, continuó su sarcasmo: debes concederme el honor de dedicarme todo tu tiempo a mi, ya que soy tu enemigo, porque es completamente seguro que los asesinos y demas peligros del bosque no volverán o...- iluminó falsamente la expresión para dar mas efecto, como si acabara de descubrir alguna cosa importante, exclamó: Claro! soy yo quien los ha enviado! yo soy el que ha organizado todo esto! y eso que nada conocia de esta tierra hasta que llegue no hace mucho, pero que mas da, eso a ti no te sirve- acabando su monologo con una expresión dificil de definir pero que era evidentemente agresiva, Darlack asistia al encontronazo sin saber que hacer, Bohr repuso, al fín:

- Tu, esteldili, dame una excusa y...

- YA BASTA! - interrumpió Darlak a lo que seguro iba a ser una respuesta contundente- Estamos aqui para colaborar, no para matarnos entre nosotros, sea quien sea que provoque esto se debe estar riendo a pleno pulmón por nuestro comportamiento, Tú irás como los ojos, Rialath, tu serás el frente Bohr... es obvio que yo debo ser la columna, y ninguna queja, mañana por la mañana nos pondremos en marca en pos de ese brazalete y luego a resolver el misterio de la puerta, ahora sosegaos, nada conseguiremos si nos peleamos.

Elêth Niramar

Tras el desmayo de Sonyariel, Vanadessë había enviado a Elêth en busca de Darlak, que no parecía haber escuchado la llamada de la chica. En aquellos momentos, Elêth se acercaba corriendo al lugar donde Rialath, Bohr y su capitán estaba hablando.

Al acercarse disminuyó la marcha... no alcanzaba a entender lo que decían, pero parecía importante... no quería interrumpir... sin embargo Sonya necesitaba a Darlak en ese momento... "mi bebé" aquellas habían sido las palabras que había dicho Sonya antes de desvanecerse... bebé... ¿como se le había ocurrido meterse en todo esto si estaba esperando un bebé? Elêth negaba con la cabeza mientras se acercaba... estaba perocupada por su amiga... aquello no era una simple excursión... y, si encima estaba esperando un hijo... aquello podía volverse peligroso... no era bueno...

- YA BASTA!

El grito de su capitán la volvió a la realidad... "Sonya!" pensó mientras acababa de recorrer el poco espacio que quedaba entre ella y los tres hombres. Esperó a que Darlak acabara de hablar para hacer notar su presencia... el ambiente parecía tenso y no quiso hacerlo más.

- Esto... Darlak... siento la interrupción pero... -dijo finalmente tras el silencio de este, haciendo por fin que el grupo reparara en ella.

Su capitán la miro, mostrando una actitud que la regañaba por la interrupción... a la vez que inquisitiva... no había razón para ser interrumpido... o si?

- Es... es Sonya... -dijo Elêth con cuidado. -No sabemos... exactamente lo que le ha pasado... se ha desmayado. Ahora está con Vana en su tienda, pero... pensé que debías saberlo... no paraba de hablar sobre un bebé y... bueno... -la dúnadan calló finalmente, esperando la reacción de Darlak... casi sin atreverse a mirarlo a la cara.

Báldor

Un ruido amortiguado hizo que abriera los ojos, deslumbrado. Se tocó torpemente la venda de la cabeza.

Sentía dolor y frío –¡estoy vivo!- susurró.

Niëlúne Lambar

Una fina niebla envolvía el pequeño campamento de los amigos en la fría noche.Poco a poco se espesaba dejando un tenue aunque aún visible resplandor del fuego.Sin mirarse si quiera a las caras,todos comprendían que no era seguro mantenerse alejados los unos de los otros,y aún menos después de la cruenta batalla.

Un pequeño alboroto se produjo en la tienda donde permanecía Sonyariel.Darlak y Elêth esperaban nerviosos a la entrada queriendo ver qué sucedía con la humana.

Bohr ya no se encontraba con Rialath,por lo que Niëlúne miró brevemente a su alrededor hasta localizarlo.Meditabundo,había ido a sentarse frente a la hoguera.Niëlúne se acercó al humano y se sentó unos instantes a su lado.

El joven ni siquiera pareció darse cuenta de su presencia,fruncido el ceño y pensativo no había reparado en ella.

-Pareces preocupado.-Fue lo único que se le ocurrió decir.

Éste no contestó al instante,sino que dejó vagar su mente unos minutos más.

-Lo...lo siento,pensaba...-fueron sus palabras,y en su rostro se dibujó un leve esbozo de sonrisa.-Nunca pensé que llegaría a preocuparme tanto por alguna cosa...-"por algo que no fuera yo mismo",debió de pensar pues esta vez sonrió de verdad al darse cuenta de tal pensamiento.

-Sea lo que sea,seguro que lo verás todo más claro cuando llegue la mañana,dudo que en esta espesa noche los pensamientos puedan ser del todos lúcidos. -dichas las palabras apoyó un momento su mano contra el brazo del humano y éste la volvió a mirar;en su rostro arañado aún se avistaba el orgullo,y aunque intentaba mostrar despreocupación las marcadas ojeras lo delataban.-cuando llegue la mañana...

Se levantó de su lado y dio la vuelta en direccón a su tienda.Se detuvo unos segundos notando aún la mirada del joven clavada en su espalda.

-Deberías descansar,no tienes buena cara.Buenas noches.-volvió la faz para volver a mirarlo unos segundos más y llevarse consigo la prueba de que "Wethan" Bohr también sentía,y que no todo en él era vanidad e infantilismo.Le sonrió,y después se fue.

Entró en la tienda mordiéndose los labios al pensar en todo lo que no le había dicho pero que en verdad anhelaba expresarle.

Se acurrucó entre las mantas mientras observaba la oscuridad que la envolvía,poco a poco fue venciendo el sueño hasta quedar totalmente dormida.

Al principio el sueño fue tranquilo,leves imágenes de su infancia,recuerdos felices de una época pasada que fueron dando paso a otras imágenes que aún sin percibirlo la inquietaban.

"La espesa niebla envolvía una enorme fuente de piedra en la oscura noche.Ella se sabía justo en frente,mientras la observaba sin poder dejar de mirarla maravillada y a la vez espantada,presa de una fuerte mano invisible que la obligaba a permanecer allí.

Reconocía la fuente,el lugar no le era del todo desconocido pues ya había estado allí en una ocasión,hacía relativamente poco...notó el frío tacto en su mano al ser agarrada por una más pequeña y supo de quién se trataba;Hilaran estaba su lado dándole fuerzas y valor.

Volvió a sentir el gélido hálito mortal que ya una vez experimentara en sueños,sueños que había borrado de su mente pero que al parecer,permanecían ocultos en algún oscuro rincón de su subconsciente.

"Ya estás cerca...."-y sintió el mortal aliento a su espalda,rozándole la nuca."Muy cerca..."

Apretó los dientes intentando retener el grito que afloraba de su garganta pero entonces algo la sacudió.

"¡Despierta!-gritaba el pequeño-"¡Despierta,Niëlúne!"

La semielfa despertó sudorosa y casi sin respiración.Miró a su alrededor asustada pero no vio nada en la oscuridad.Había gritado en sueños sin darse cuenta,y Anariel que dormía a su lado había corrido a despertarla.

-¿Estás bien?-preguntó la reina.

-Sólo...sólo fue una pesadilla...sólo una pesadilla...

[Editado por mithril_ el 29-01-2007 20:08]

Bohr Daedth

Al amanecer, Rialath ya había partido con uno o dos hombres siguiéndolo. Eso Bohr lo sabía, no ver a Eleth ya era distinto, no sabía si ella seguiría al patrullador o estaría por ahí buscando algo para su compatriota amiga embarazada. Ahora Darlak iría con ella y mantendría la unión entre el resto.

Bohr encabezaría la marcha. Junto a él como no podía ser de otra manera iban Niëlúne, Venéscyth, Gakhân y Thitoron. Detrás, no muy lejos, Anariel montaba cargando a Báldor que parecía recuperarse; al parecer no pretendían dejar al esteldili echado a su suerte.

Y el grueso de la expedición iba más atrás. Todos tenían monturas o eran llevados por alguien. Sonyariel, dormía en el centro, montada en el caballo de su amado, que la cubría por detrás llevando las riendas.

- Este es el camino que tanto hemos esperado.- Le comentaba Venéscyth a Wethan.- Tal vez deberíamos confiar más en ese hombre del oeste, hermano. Mis sentidos de eldar distinguen un aura cada vez más particular por este sendero, nada peligroso, sólo algo... antiguo, arcano... Confías en mí, ¿no?-

- Hermano. ¿Qué pregunta es esa? ¿Crees que me he olvidado algo de lo que he vivido ayer o el día anterior? Nunca vuelvas a preguntar... Con respecto al Oesterlinga, no es que no confíe en él... pero sus procederes... atentan contra lo que es natural y eso muchas veces es peligroso. No digo que tenga oscura intención, pero si sigue actuando tan... así, llevará todo al desastre.-

- Que ya lo ha hecho una vez, ¿has oído de su Isla?...- dijo Gakhân.

- Ya habrá pruebas, y velaremos porque te equivoques.- Interrumpió Thitoron, dirigiéndose al Príncipe.

Más tarde Gakhân le contaría a Bohr su versión de la caída de Númenor. El grupo prosiguió la marcha. Anariel (así llamaban ahora a Náredhel, ya que no pretendía que la confundan con la reina que era), se acercó y dialogó calmadamente con el Varna. Fue una conversación privada y extensa, y del agrado de la reina, que se retiró contenta y orgullosa, el heredero de Alsenot estaba mostrando ya algunos rasgos del rey de los humanos de Fanyarea.

Báldor

Se había vestido una camisa limpia y le habían ayudado a abrigarse con su tabardo, pero aun le sobrecogían repentinos temblores. En la cabeza lucía un limpio vendaje (su vieja camisa había dado su postrero servicio).

Lo habían cargado como un fardo sobre su caballo que, cojeando ligeramente, era arrastrado y dirigido por manos ajenas.

Báldor se limitaba a apretar las rodillas y a sujetarse a la silla para no caer desplomado del caballo.

En cierto sentido estaba ofendido de que se le tratara así: aunque era un hombre de mundo que sabía adaptarse a todas las situaciones, era orgulloso y le molestaba ser tratado como una carga inútil y molesta, con condescendencia. Apretó con fuerza la mandíbula decidido a recuperar el control de su persona y su caballo... pero aun no, una náusea estuvo a punto de hacerle vomitar, la cabeza le seguía dando vueltas.

El cuero de la silla crujió bajo el apretón furioso de Báldor.

Rialath

Ajeno a los conciliabulos del grupo principal, Rialath se libró a su intuición, no necesitaba pensar sus pasos, estos mismo lo guiaban y cada vez sentia más cerca el objetivo, guiado así por su inconsciente la parte consciente de su mente empezó a recorrer el sendero de la memoria, desde que se viera obligado a abandonar su hogar, alejó aquella parte de su pasado, aun era demasiado dolorosa, la pérdida de sus padres, apenas unos meses posterior a su exilio... pero luego había crecido como militar con tropas de su estirpe, se había ganado gran fama como marino pero la desgracia parecía cebarse en su juventud pues pronto fue calumniado falsamente por algunos que le envidiaban y tuvo que escapar para poder algun día volver y demostrar su inocencia... mas hasta entonces, sólo había seguido huyendo de los asesinos que le iban enviando y ahora, se hallaba ahí, de nuevo al servicio de una corona en una tierra convulsa, ni tan siquiera se había permitido él mismo la soledad (o quizás fue Eru, quien reservaba aún algun papel para ese desdichado), ésa duda lo atormentaba, más confiaba plenamente en Eru y por eso decidió seguir lo que sus designios parecían indicarle, así, con su estricto código de comportamiento y de moral, Rialath se hallaba ahí, en frente de dos o tres hombres, acercandose a alguna fuerza antigua.

La sentía, cada vez más cerca, más esa fuerza no se dejaría atrapar por una mente débil... le puso a prueba, revivió los mas intensos y dolorosos recuerdos, ardió en sus entrañas un dolor intenso; se paró en seco, curvó la espalda, vacilaba, los hombres que lo acompañaban, ajenos a esos prodigios lo miraron preocupados pero queitos, pues una señal de Rialath le ordenaba quedarse en sus puestos.

Allí estaba, estaba cerca, muy cerca, a apenas unos pasos de él y el sufrimiento era intenso casi asfixiante, pero llevado por el convencimiento de que solo era una prueba de su fortaleza, con una oración a Eru aflorando de sus labios en leves susurros, sudando copiosamente pese al frio ambiental, pálido, avanzaba paso a paso, lenta pero firmemente y cada paso esta un suplicio mayor al anterior.

Un reniego sonó en su mente, la voz le resultaba familiar, recordó una vez mas la voz de su maestro de armas, quien odiaba la magia "pérfida mente debió ser la que creó la magia, por los mil demonios de la caida utumno, cobardía impía el refugiarse en poderes invisibles y no encararse al enemigo con el bello arte del combate con espada... o martillo en tu caso, no se que le veras a esas armas" la respuesta de Rialath, apenas un niño por aquel entonces fue "maestro, la magia és mas peligrosa muchas veces para el que la usa que para el que la padece" repuso su maestro a modo de final "claro... por ti corre un poco de ése poder, por eso sabes lo que a mi me está vedado, pero soy tu maestro de combate y en este arte mi palabra es ley, así que deja de encorbarte y avanza, en medio de la lucha la voluntad es tu arma más poderosa, con ella podrás ignorar el dolor y asestar golpes que para otros son inimaginables"

"En medio de la lucha la voluntad es tu arma más poderosa " esta frase se repitió una y otra vez, Rialath vació entonces su mente y avanzó hacia el objeto, ahora lo veia y lo sentía, estaba al alcance de su mano.

Darlak Lórindol

- ¿Qué hora es? - murmuró una voz somnolienta a sus espaldas. Sin desviar ni un milimetro, Darlak sonrió.

- No debe ser más del mediodía, sin embargo, hoy las nubes han querido prohibir al sol que nos dé un poco de su refulgor - dijo el senescal ohtari al tiempo que intentaba no desviar la mirada de adelante.

Estaban cabalgando por el bosque. Mientras Rialath dirigía a los exploradores y Bohr dirigía un contigente al frente, Darlak dirigía al grueso de la expedición. Junto a él cabalgaba su amada Sonyariel que acaba de despertarse. Al lado cabalgaba Anariel, que después de su conversación con el hijo de Alsenot marchaba más aliviada y Baldor, el esteldili. Más atrás iban Vanadessë y Eleth y el resto de la comitiva.

Detrás suyo, Sonyariel se volvió a dormir y Darlak continuó cabalgando con miles de pensamientos en su cabeza. Sobre todo el hecho de saber que la chica esperaba un hijo suyo lo llenaba de alegría pero de preocupación también, el estado de Sonya era delicado ahora. Al principio el señor de Mellon Vilya había querido abandonar la expedición y regresar lo más pronto posible a Lempë pero Anariel y Bohr le habían hecho entender que separarse ahora del grupo iba a significar un nuevo peligro para ella y su bebé. No obstante Darlak no podía dejar de pensar en ellos dos y...la idea le llenaba de confusión. ¿Un hijo suyo? Nunca lo habría imaginado. Se enfadó al saber que ella se lo había mantenido oculto y más al conocer el motivo: temía que él la rechazará. ¿Cómo se iba a mostrar enfadado porque ella estuviera esperando un hijo suyo? Jamás. Era más, ahora se sentía en deuda con Sonya por haberle dado aquella alegría.

- Te quiero, Sonya le susurró a la joven que dormitaba en su espalda.

Un ligero viento enturbió de repente la calma del bosque. Otro pensamiento llegó al joven y era el desconocimiento del mal que controlaba aquel lugar. Tenían que encontrar cuantos antes las ruinas de la ciudad, hacer lo que parecía estar destinado a hacer en ese lugar, encontrar a Valandil y volver a casa. No anhelaba ahora otra cosa sino volver a casa.

De repente, el caballo golpeó una piedra y Darlak estuvo a punto de perder el equilibrio.

- ¿Qué ha pasado? - dijo Sonya al despertarse del sobresaltó.

Un objeto cayó del bolsillo del senescal. Ofuscado, se detuvo. El caballo parecía como asustado.

- El caballo ha estado a punto de perder el equilibrio. No sé que le ocurre. - dirigiéndose hacia Eleth y Vanadessë, las llamó - ¡Ayudadme a mantener el caballo!

- ¿Qué pasa Darlak? - preguntó Anariel que se había detenido a su lado.

- Se me ha caído el... - dijo Darlak cuando se hubo bajado del caballo para recoger el brazalete que se había caido de su bolsillo. Eleth y Vanadessë mientras intentaban calmar al caballo que sostenía a Sonya. - ¡Ah!

Darlak se quemó la mano cuando fue a coger el brazalete, el cual ahora brillaba con intensidad.

- El brazalete está ardiendo - masculló el senescal.

Todo sucedió al mismo tiempo, pues mientras el brazalete aumentaba su brillo, Sonya sintió un nuevo dolor en la barriga.

- ¡Ah!

Rialath

El numenoreano habló en voz alta usando la lengua de su pueblo, el Adunaico, más los que lo seguín no la comprendían y esas palabras tampoco iban dirigidas a ellos. El joven sostenia en su mano un brazalete, la luz que éste despedía reverberaba en los ojos de Rialath, tenía un expresión extraña, parecia estr luchando con alguna voluntad, la luz se intesificó, a Rialath le estaba quemando la mano con un dolor indecible, la luz misma traspasaba su piel, los exploradores estaban asustados.

Luego, poco a poco la luz se iba apagando, hasta que pronto sólo quedó un brillo extraño es los ojos del habitante de Fanyarea y también este se apago pronto. Rialath se sentó, a descansar, poniéndose el brazalete, mas derrotista que triumfal y se dispuso a esperar el grupo, la sombra había huido hacia ellos.

Sonyariel Lisse

El dolor en el bajo vientre fue repentino, convulsionándole todo cuerpo. El aire se le hizo pesado, por lo que se le dificultó la respiración.

- Por favor no- susurró la mujer antes de dar un suspiro ahogado y caer su cuerpo sobre el lomo del animal que reaccionaba con nerviosismo.

- No puedo respirar... – fue lo último que susurró antes de que su cuerpo se desvaneciera sobre el animal encabritado siendo alcanzada, antes de tocar el piso, por Lórindol.

El rostro de la joven iba tomando una palidez espeluznante, al mismo tiempo que el brazalete emite vigorosamente su brillo...

...

- ¡Sonyi! – Una pequeña gritaba alzando la mano desde tras las forjas de un cálido lugar.

- ¿Trajiste aquello? – susurró mientras un par de trenzas claras topaban el piso y una chica de ocho años se arrodillaba y desenrollaba de un viejo pañuelo, unas pequeñas y extrañas dagas.- ¿Y dices que son de tu tutora?

- Sí, y me dijo que cuando crezca será mía junto con su espada, pero esa es muy grande. Pero primero dijo que tengo que vivir y aprender muchas cosas... mañana iremos de excursión a las ruinas...

Luego... la oscuridad...

Elêth Niramar

Elêth tenía la cabeza en las nubes. Tras volver de ir a recoger algunas hierbas que pudieran ayudar a Sonya en sus dolores por el embarazo, Elêth se había quedado retrasada con Vanadessë. Su amiga había intentado entablar conversación con ella, pero Elêth a penas la escuchaba... Rialath había vuelto a desaparecer... no quería aceptarlo, pero estaba preocupada... cada vez que desaparecía de su vista sentía que sólo Eru sabía si volvería a verlo... y aquello dolía... pero Elêth no quería ver el por qué.

- Nira... qué te pasa? Niña, tu a mi no me engañas, eh? Ya estás como Sonya?! Secretos a mi ni uno, eh? que ya ves luego lo que pasa! -la regañó su amiga elfa con media sonrisa... mientras con la cabeza hacía referencia a Sonya, que dormitaba entre los brazos de Darlak.

- No digas tonterías... no... no me pasa nada, por qué debería pasarme algo? es solo que... nada, no es nada.

Elêth volteó la cabeza para no tener que mirar a Vanadessë, sabía que no tendría escapatoria de ver la mirada inquisitiva de ésta... decidió cambiar de tema.

- Y tu que tal, Vana? No hablas mucho de ti... que es de tu vida? Qué tal os va a ti y a Sonya en la guerra? Ninguna anécdota digna de ser explicada? Parece que el viaje va para largo... tendremos tiempo.

La elfa miró a su amiga sin muchas ganas de hablar... pero no le hizo falta buscar ninguna excusa, porque fue entonces cuando Darlak las llamó.

- ¡Ayudadme a mantener el caballo!

Las chicas se apresuraron a obedecer, y entonces todo pasó muy rápido... y instantes después Sonya se encontraba en brazos de Darlak completamente ida.

- ¿Sonya? ¡Sonyariel!

Báldor

El ritmo del caballo, en cierto modo roto por la cojera del animal, empezó a hacérsele monótono. El mareo estaba desapareciendo lentamente, a medida que se tranquilizaba y se dejaba llevar, mecido. Se notó más fuerte, pero se sentía cansado, dolorido y hambriento.

Respiraba profundamente, y en ocasiones cerraba los ojos pensativo.

Una imagen lejana se dibujaba, difusa, en sus párpados cerrados: era la imagen de un anciano, de pelo muy blanco y barba recortada, de profundos ojos negros. Jamás antes lo había visto pero lo sentía cercano. Había sido la muerte quien se lo había mostrado en sus horas de oscuridad. Recordaba que le había hablado con su voz familiar, venida de un pasado remoto, con una voz que no era voz, que era sólo un color, que era una mano ardiente –En las piedras se derrama la sangre de los tuyos-

Niëlúne Lambar

La mañana era fría y nubosa, los rayos del sol ni siquiera habían tenido la suficiente fuerza para traspasar la espesa masa de nubes que se concentraban en la bóveda celeste ahora oscurecida.

Cabalgaban apesadumbrados formando pequeños grupos; Rialath había partido antes, al mando de los exploradores, Bohr encabezaba la reducida comitiva con algunos más, y Darlak cubría la retaguardia con Sonyariel a la grupa de su caballo.

Niëlúne cabalgaba sumida en una especie de sueño letárgico. No había dormido bien la noche anterior y eso lo reflejaban las oscuras marcas que ahora tenía bajo sus ojos. Aquella pesadilla...había sido muy real, demasiado real; no recordaba siquiera haber gritado durante el sueño, algo la mantenía clavada en el suelo y con la garganta agarrotada y muda. Tan real había sido el sueño que cuando Anariel la despertó le costó darse cuenta de dónde se encontraba en realidad.

Perdida en sus pensamientos, plena de dudas y de temores, apenas sí percibió el alboroto que empezó a formarse a su alrededor. Sacudió la cabeza como despertando de un sueño para comprobar que Sonyariel caía a los brazos de Darlak desde el caballo de éste.

Casi no se había recuperado aún del ensoñación cuando desmontó de la noble bestia para acercarse donde la escena trascurría.

Vanadesse y Elêth habían corrido a socorrer a la pareja mientras los demás los observaban entre preocupados y desconcertados; la semielfa observó la escena casi sin inmutarse, sólo presente físicamente pues su mente parecía vagar por otro tipo de senderos. Miró al suelo y encontró el brazalete que instantes antes se le había desprendido a Darlak y se agachó para verlo mejor.

Ella podía notarlo, casi podía palpar la fuerza y el poder que emanaban de aquella pieza. Acercó la mano hasta casi rozarlo y sintió cómo aquel poder se extendía desde sus dedos hasta el rincón más oculto de su ser, captó cómo la energía penetraba dentro de ella y la recorría de extremo a extremo; el calor fue tal que empezó a sudar. Agarró la joya con ambas manos y reparó en que era abrasadora pero el dolor no era suficiente para que ella la soltara.

Los demás casi no la habían visto preocupados como estaban por la humana y el bebé que crecía en sus entrañas.

De repente una mano se posó en su hombro y la hizo girar. La mano se apartó bruscamente al sentir el contacto de la joven que al contrario que el brazalete que sujetaba entre sus manos, ésta estaba helada y con los labios amoratados.

-¡Niëlúne!-le gritó Thitoron, que era quien la había volteado-¿se puede saber qué diantres te ocurre?-pero la joven apenas lo alcanzaba a ver en frente suya como estaba.

El elfo volvió a sujetarla pero esta vez soportó el tacto glacial de su piel y la sacudió.

-¡Niëlúne!-volvió a gritar.

Ésta lo miró un momento con ojos ausentes, los cerró un instante y cuando los volvió a abrir lo hizo para por fin despertar. Notó el ardiente contacto del brazalete y emitió un quedo gemido de dolor. Lo volvió a dejar caer en la hierba y retrocedió unos pasos asustada.

El noble elfo se le aproximó agarrándola de las muñecas.

-¿Estás bien?- preguntó un tanto angustiado.

Niëlúne dudó un momento, se abrazó al amigo llena de una enorme congoja que le estrujaba el corazón. Temblaba terriblemente en los brazos del elfo que la sujetaba con delicadeza. La joven sufría grandes convulsiones y emitía agudos sollozos que quedaban amortiguados por el pecho de Thitoron.

-Los…los he visto-contestó como bien pudo, afligida como se encontraba- están aquí, nos llaman constantemente Thitoron.- las palabras apenas eran audibles por el llanto.

[Editado por mithril_ el 06-02-2007 19:17]

Rialath

Mientras duraba la tensa espera el brazalete fue enfriándose, pero el dolor no menguaba, los exploradores observaban al que los capitaneaba, absortos, no comprendiendo esa nueva mirada, esos nuevos ojos, apagados pero vivos.

Una fría brisa le secó rapidamente el sudor y de atender al frio que sentía se habría puesto a tiritar, pero Rialath se había sumido en una especie de estado de somnolencia o semisomnolencia, su cuerpo no se movía pero su mente era un crisol de pensamientos distintos, analizaba lo que había visto, era muy parecido a lo que viera cuando Valandil lo salvó en las ruinas, pero ahora estaban mas "despiertos" ahora todas aquellas sombras bullían de actividad, les pedían ayuda algunas, otras los atraían hacia una trampa, otras solo buscaban perjudicarlas...

Bohr Daedth

El camino subía y bajaba una loma.

Desazón, eso sintió Wethan. Eso transmitían sus compañeros en este momento. Los amuletos habían brillado y ardido. Luego se habían apagado. Sonyariel y su bebé habían pasado una nueva crisis. Algunos permanecían idos. Todo eso iba haciendo mella en la mente del joven, caería o reaccionaría.

No se explicaría bien porqué, sabía que la estimaba, pero... el ataque de angustia de Niëlúne lo hizo espabilar. Ella no tenía que sufrir cosas así, le gustaba verla alegre, provocativa, o seria, pero no así, de ninguna manera.

- ¡Niël! - dijo en un tono severo. - ¡Ven aquí, a partir de ahora te necesito a mi lado, cerca!- Le hechó una mirada cuando ella y Thitoron se aproximaron que bastó para decirle cuestiones sentimentales que no estaba diciendo con las palabras.

Darlak envió a Vanadessë a ver porqué se habían detenido, el tenía decidido no separarse de Sonyariel.

- ¿Que...?- alcanzó a decir la elfa cuando llegaba hasta la cima donde Bohr hacía espamentos. Ya Anariel y Báldor estaban junto a él y su pequeño grupo.

- ... Nissëlor, dile a Darlak, que abrace a su mujer, y si eso sirve de algo para ambos, que se nutran de eso, por que... de alguna manera, ha llegado el momento, se respira muerte y no voy a permitir que se aproxime así como así, entonces que se nutran y tomen fuerzas, todos ustedes! Niëlúne y Rialath tienen mucho para decirme y es ahora... La Unión os bendiga.- Cuando Wethan terminó, Vanadessë Nissëlor se volvió. El príncipe Varna se llevó a la medio elfa que era su compañera... y se internó hacia donde estaba el numenoreano. - Gakhan, a cargo! - fueron sus últimas palabras.

Todo el grupo comenzó a respirar un aire diferente. Cargado de tensión y pesadumbre, pero a pesar de todo lleno de una luz que venía del interior de cada uno, y crecía.

Rialath estaba ya en el descenso de la loma. Al parecer, en trance. Wethan Bohr se bajó del caballo y tomó por las riendas el de Niëlúne llevandolo con él. Tomó de un hombro a Rialath y comenzó a agitarlo. - Rialath, es aquí donde se le necesita caballero de Numenor, sí, siento por lo que transitas, pero ya, es hora de que hables. ¡¡¡Rialath!!!-. El otro hombre despertó del trance con un bruto codazo a su mejilla. La nariz sangró. Fueron largos los segundos en los que pensó desenvainar su espada atigrada. Pero al ver a Niël, se calmó. Estaba, de alguna manera, contento, había logrado su objetivo.

- ¿Que ocurre, Rialath? No deberías estar en tal...- le reprochaba de la mejor manera que podía el oriental al occidental, aunque era más una pregunta que un reproche.

Con un sonido disfónico Rialath dijo:- Observa... sólo observa. Es que el hombre de las cumbres no sabe ver el bosque. Pero lo verás... observa.- Estaba tranquilo pero azorado.

- ¿Que cosa, que observe que cosa?- respondió "el hombre de las cumbres".

Niëlúne se había bajado también. Traía el vellocino que Bohr llevaba en su montura. Comenzó a abrirle la chaqueta que ahora llevaba él. - Es tiempo de que cada uno sea lo que debe ser, Hamáma Bohr.- No era del todo ella. - Observa...- señaló hacia la ladera de la loma a cuyo pie hablaban.

Bohr miró y los ojos le ardieron de la sensación que lo inundó comenzando por la vista. El montecillo tenía salientes, no del todo naturales, humanas, construcciones y los caminos que parecían recorrerlo no eran caminos, parecían venas, eran sí... arterias que parecían cobrar vidas. Vetas que surcaban la tierra y habían comenzado a arder con una lumiscencia de color dificil de definir. Más allá, hacia el norte... la tierra brilló también con un ardor de fuego, como el efluvio inicial de un volcán, pero la atención ahora estaba hacia la loma. Que no era una loma, sino un túmulo.

- Una ciudad.- Le escupieron Niëlúne y Rialath a la vez.

Bohr se quedó absorto. Reaccionó enseguida. En silencio les hizo entender a los otros dos que volverían. Ella le abrazó la espalda, y él le tomó brevemente la cintura.

Cuando llegó a donde estaba Náredhel quiso hablarle. Pero la vanya se adelantó:- Una ciudad... lo sé, Bohr.- El esteldili a su lado parecía ya entender todo. - Hubo una puerta. Debemos abrirla.-

- Sí, hubo una puerta. Pero... ¿abrirla?, ¿Qué? ¿La ciudad? ¿La puerta? ¿Que puerta? - preguntó casi nervioso el varnalië.

- Debemos hallarla, está debajo. Lleva a la ciudad, a sus ruinas tal vez.- Le dijo el extraño hombre del sudeste de Arador, Báldor.

Bohr ya llevaba el torso desnudo y el vellocino sobre los hombros. Desenvainó, todos lo hicieron. - Entonces debemos cavar... - Concluyó. La luz de los 'senderos' se apagaba.

- Sí, entonces debemos cavar.- Dijo Darlak, que llegaba con Sonyariel y el resto de la comitiva a la cima... de las ruinas de Tavarcerta...

En la distancia, el rojo fulgor había amainado. Pero lo que había entre sus entrañas había despertado.

[Editado por elessurendil el 07-02-2007 01:34]

Báldor

Conocía bien Amaurenori, había vagado horas y horas entre sus secretos: bajo el sol abrasador y empapado por la lluvia helada, al amanecer y a la luz plateada de la luna. Había estudiado sus piedras intentando entender qué eran, tenía libros llenos de sus impresiones, llenos de detallados dibujos... pero lo que no había hecho nunca hasta ahora era preguntarse qué le empujaba a ese esfuerzo. Siempre había dado por hecho que su interés era algo normal, sólo ahora empezaba a dudar de ello, sólo ahora empezaba a pensar que tal vez hubiera algo más.

-En las piedras se derrama la sangre de los tuyos- recordó de nuevo, en medio de una nausea. Pero no era por el golpe en la cabeza por lo que se sentía mal, era algo que brotaba de sus entrañas.

Había bajado del caballo y estaba comiéndose una manzana (ya un poco arrugada pero deliciosa).

¿Cómo sabía que ahí había una puerta? ¿Era gracias a sus conocimientos sobre otros sitios como ese, o era por otro motivo? Tiró el hueso de la manzana, lejos.

Aunque aun iba con cuidado de no moverse bruscamente, para un observador exterior parecía completamente recuperado y, sólo la venda que aun adornaba su cabeza recordaba el peligroso accidente que lo había sumido en una semi-muerte durante horas.

-Una parte de tu sangre viene de lejos, la otra es de la tierra.- le había dicho el anciano de ojos negros. -Nosotros te llamamos, ¡despierta y despiértanos!- Y luego todo había vuelto a ser negro y el roer de gusanos había sustituido a la voz amarilla.

De eso parecía que habían transcurrido siglos, cuando estuvo muerto por unas horas, ahora no era más que un lejano recuerdo, apagado por la luz de la vida.

Se acercó a Rialath -Creo que ha llegado el momento de sincerarnos, estamos demasiado cerca del abismo como para andar con una venda en los ojos, y cuando hablo de abismo -hizo una pausa y miró a los que le escuchaban- hablo del más oscuro de los abismos... puertas y abismos de muerte... uno debería saber adonde va cuando decide transitar por sendas de las que puede que no regrese.

Niëlúne Lambar

Después de las visiones,de las extrañas sensaciones percibidas,Niëlúne empezaba a entender,comenzaba a experimentar un cambio...

Se la veía tranquila tras la breve conmoción.El velo que todo lo cubría se había disipado y podía verlo con claridad.Los veía,estaban por todas partes,amigos y desconocidos;entre ellos el rostro de un niño,Hilaran,que le sonreía.

-"Por fin entiendes..."-le había susurrado.

La joven sonreía para sí,aunque estaba pálida se sentía radiante,la calma la envolvía,por fin empezaba a comprender...

-Bohr...-el humano apenas la escuchó,envuelto en el vellocino y con la espada desenvainada como estaba,parecía una bestia salvaje.

La semielfa se le aproximó y lo tocó en el hombro con suavidad;el joven se volvió para ver quién le interrumpia mientras hacía y deshacía.

-Bohr-volvió a decir-debes escucharme.

Sus ojos irradiaban paz,su mano estaba fría aunque reconfortaba el tacto ante la excitación.El humano la miró extrañado no obstante,se detuvo un momento para escucharla.

-Están aquí Bohr,ellos saben quién eres,aunque jamás llegaron a conocerte,a todos nos conocen.

-¿Pero quién?¿Quién está?-Bohr empezaba a impacientarse ante tanta incertidumbre.

-Rialath también los ha visto,y le han hablado,al igual que a mi.Nos necesitan,están atrapados...Hay una puerta en el interior de la ciudad;una puerta que nos desvelará muchos misterios,y que les ayudará a...a ellos...-hizo una breve pausa buscando las palabras-Hay algo allí,algo oscuro y poderoso,pero no sé de qué se puede tratar,no han querido decirlo,lo temen demasiado...

Bohr meditó las palabras de la joven entre el desconcierto y la exasperación.

-No soy ducho a los misterios y a los acertijos Niëlúne,y aún menos a las almas perdidas que vagan implorando la ayuda de los demás.Soy hombre,y como hombre que soy me limito a lo conocido,a lo que vive;pero pase lo que pase encontraremos esa dichosa puerta,y para bien o para mal veremos qué se esconde detrás,ya sea por liberarlos a ellos o a nosotros mismos del embrollo en el que estamos metidos...

El rostro del joven estaba ceñudo,expresaba preocupación y nerviosismo.

Niëlúne le cogío la mano con dulzura y se la llevó a los labios,lo miró intensamente con sus ojos almendrados y le sonrió.Poco a poco lo apartó de las miradas ajenas hasta quedar ambos a solas.

-Hace tiempo quería hacer algo,pero por mis miedos y mis dudas nunca tuve el valor...ahora todo está más claro,y no deseo dejar de hacerlo...

Bohr la miró apenado sabiendo lo que la muchacha se proponía,pero no se lo impidió.

-Niëlúne yo...sabes que no puedo,no por ahora-dijo con voz ronca el humano.

-No te estoy pidiendo nada,ningún tipo de sacrificio,pero si algo me pasara después del día de hoy porque,seamos realistas,puede que jamás salgamos de aquí,o que muchos de nosotros no regrese a casa;si algo me pasara,sé que ésto es algo que me arrepentiría de no haber hecho.

Lentamente su rostro se fue acercando al de Bohr,con suavidad,hasta que ambos se econtraron uno frente al otro,tan cerca que sus propias respiraciones eran lo único que les separaba.Unió sus labios con los del humano en un delicado beso que pareció durar su vida entera,aunque sólo pasaron unos segundos...

-Es la hora-le susurró-ha llegado el momento.

Y cogidos de la mano volvieron a encontrarse con sus compañeros.Todo estaba listo;las ruinas,las almas perdidas, y quién sabe qué más,los aguardaban...

Rialath

Rialath se tomó su tiempo, alzó la vista y, la mirada que había sido hermética desde que encontrara el brazalete dejó, por espacio de unos breves instantes, traspasar el dolor, el suplício interior al que se veía abocado por portar el brazalete, pues aquel era el brazalete de Tavarcerta, que restaría maldito mientras durara la maldición de su ciudad y Rialath combatía por controlar el brazalete ants de que éste lo controlara a él.

El instante de dolor cesó y volvió a ostentar la mirada hermética, impasible, nada más denotó que se llevara a cabo en su interior tal lid. Respiraba rítmica y sosegadamente, casi hasta transitía seguridad a los demás pues una cosa se podía leer en su semblante, decisión.

Al fín, tras observar uno por uno a los que le esperaban y tras un par de carraspeos impacientes de Wethan -a Rialath aún le dolía el tremendo golpe que le había propinado- al fín habló, firme, sincero pero extrayendo sus antiguas habilidades como capitán de tropa, inspirando confianza y seguridad en que todo iba a marchar sobre ruedas, para dar mas efecto a sus palabras se irguó en toda su altura y lució en el un porte noble que nadie aun le había visto, en aquel punto perdido en medio de un bosque, lejos de su patria, exiliado para siempre, Rialath el numenoreano recuperó su espiritu y se concilió consigo mismo, un numenoreano de ilustre linaje se hallaba ante los ojos de los demás:

- Bien, esta es la última oportuidad para dar marcha atrás, no todos, por supuesto, algunos estamos atados a este bosque mientras no descubramos el enigma o el busque absorva nuestra vida. ¿No quereis mas secretos? Entonces tendreis la verdad, en todas partes puedo ver a los espiritus que moran en este bosque, sus lamentos truenan en mi cabeza sin cesar; es una tortura que no puedo evitar... - tomó una pausa de unos segundos, vista perdida hacia las ruinas, luegó reanudó su parlamento- si contra toda prudencia quereis quedar aquí a resolver el enigma, os diré a que nos enfrentamos, por una parte no todos los espiritus son cautivos... hay otros que son carceleros y estos tratarán de debilitarnos para condenarnos, luego tenemos que encontrar una puerta, que esta oculta bajo estas ruinas, y que solo se puede abrir con los brazaletes... mas de los que tenemos nosotros ahora mismo, tras el escollo de la puerta un paladín de la negrura, ah, por supuesto la puerta solo puede ser cruzada por unos pocos destinados a ello y también por los que porten los brazaletes, nadie más cruzará ése umbral, pero no creais que toda la diversión se la llevarán los que crucen la puerta y se enfrenten al guardián, los asesinos del otro dia sólo eran una avanzada, hay más que estan por caernos encima. Tras el guardián, en el caso de que sea derrotado lo qual no es ni facil ni probable, una de las respuestas al enigma, se supone que si consiguieramos interrogar alguno de los asesinos deberíamos obtener mas información útil.

Báldor

-Bien, espíritus, brazaletes, puertas,...- Báldor sintetizaba interiormente la información que había dado Rialath.. Cuando tras un brevísimo tiempo lo hubo interiorizado todo y lo hubo puesto en relación con sus propios sueños, dijo:

-Supongo que a todos nos ha traído algo particular a este remoto sitio, en mi caso, debo confesaros que, ha sido un sueño que viene atormentándome desde hace semanas, un sueño sangriento, un sueño de matanza, un sueño que me ha guiado hasta aquí.- Suspiró -Hace tiempo que me interesan las ruinas del mundo antiguo y, hace poco creo haber descubierto un motivo, me temo que durante toda mi vida he sido observado y, en parte, guiado, por el espíritu de algún remoto antepasado materno. Desconozco porqué me eligió a mi, pero tengo la convicción de que está sufriendo y de que desea ser liberado.

Tomó aire y continuó.

-Todo esto me hubiera sonado a locura hace sólo unos meses, pero lo cierto es que ya no sé qué pensar, sólo sé que no puedo volverme atrás.-

Báldor, hijo de Vali, de la casa de Bëor se sentía ahora, más que nunca, perteneciente a esta tierra, una tierra que sus antepasados paternos ni siquiera conocieron, pero en la que los ancestros de su madre derramaron la sangre.

Respiró profundamente y se sintió fuerte, sus ojos grises brillaban.

[Editado por elfo_negro el 14-02-2007 19:02]

Darlak Lórindol

Darlak estuvo escuchando a Rialath y su mirada se topó entonces con el brazalete que el humano había encontrado. Era parecido al de Amaurenori, opaco y negro en su estado de calma. Le susurró a Eleth que vigilara a Sonya y se acercó hasta el caballero de Heren.

Se hallaban ante las puertas de Tavarcerta y todos miraban asombrados, Bohr, Nielune y los demás compañeros de aventuras, la Sacedortisa de Heren y el llegado de la República de Esteldor, Sonya y sus amigas Vana y Eleth.

- ¿Me permites? - le dijo a Rialath al tiempo que señalaba su brazalete. Él dudó y miró con desconfianza al Senescal de Lempë pero no le dio el brazalete. Viendo que el caballero no tenía intención de dejarle el otro brazalete, Darlak sacó el que Eleth encontrara hacía mucho tiempo atrás en Amaurenori y que horas antes había conectado de algún modo con el bebé que llevaba Sonya en su interior y con Nielunë. - Dinos Rialath, ¿los brazaletes no los hemos encontrado por casualidad no?

- No - dijo alguien detrás de todos ellos. Todos se dieron la vuelta y se hallaron con una figura, blanca y misteriosa.

- ¡Súleglîn! - dijeron algunos al reconocer al recién llegado.

Estaba encapuchado y su voz había sonado un poco más ronca de lo normal, pero Vanadessë y Eleth lo habían reconocido. También lo habían hecho Rialath y Darlak pero las palabras no habían brotado de sus labios.

- ¡Feliz encuentro, mis estimados amigos! - Valandil dio un salto y se situó al lado de Darlak- Senescal, mi querido amigo, nos volvemos a encontrar. Mucho ha pasado desde que desaparecí y creedme no fue a propósito. Rialath sabe todo lo que tuve que soportar.

- Hay tinieblas que cubren estas ruinas pero Súleglîn ¿que te ha pasado? Nunca aprobé que nos dejaras y tu ausencia envolvió de pesadumbre a esta expedición - dijo Anariel complacida de ver de nuevo al maia.

- Mi reina, lamenté mucho abandonaros pero tenía una prueba que superar. Pero sabía que en esta expedición había buenos guías y buenos guerreros. Puse en un aprieto a mi querido amigo Darlak al pedirle que os ocultara la verdad de mi marcha.

- ¿Por qué te fuiste? - preguntó Bohr, recordando cómo desconfió del senescal cuando ocultó la desaparición del maia.

- Necesitaba superar una prueba. La mayoría no lo sabéis, pero yo estuve aquí antes en aquellos olvidados años de la primera edad. Yo fui Taureon, el maia de los bosques de Taureruin y en aquellos años yo tuve buenos tratos con todos los elfos que habitaban Arador.

- ¿Por qué nunca lo dijiste? - inquirió Darlak.

- Oh mi buen amigo, fui herido en aquellos años en los que Morgoth mandaba hordas de orcos a estas tierras, me llevaron a Valinor y los recuerdos desaparecieron en mi mente. Cuando regresé solo era Valandil, no Taureon. Celeval, elfo del bosque donde está Ostova Lorë me descubrió la verdad pero no ha sido hasta mi prueba en Tavarcerta cuando los recuerdos han venido a mi mente de nuevo. Estos brazaletes son los simbolos de una antigua unión pero no son los únicos que existen.

Valandil les habló de los principales reinos que existían en aquella época: las tierras de Ílimo e Izilsurias en Realengo y sus aliados los hombres de Nomeloth, los reinos élficos del este Taureruin y Amaurenori, que estaba bajo la custodia del maia Taureon, el Imperio del Norte en lo que eran las tierras de Helkelen Lara y el reino de los hombres de Tavarcerta.

Todo iba bien hasta que empezaron las rivalidades. Los Maiars y reyes conscientes hasta donde podrían llegar aquellos enfrentamientos por la posesión de tierra, ganado y riquezas…y sabiendo quien estaba detrás de todo aquello, crearon una fortaleza oculta a prueba de espías, entre bosques y acantilados, donde poder reunirse y tratar todos los terribles asuntos que aquellos enfrentamientos estaban acarreando a las tierras de Arador, sin la necesidad de temer por sus vidas. Para garantizar la seguridad de aquella fortaleza, decidieron encargar a los Maiars del Valle frío (así se llamaba la región protegida por Iaman e Inandaro) la creación de una llave por cada clan que sirvieran para sellar un pacto entre ellos y la seguridad de la Fortaleza de Tavarceta. Luchar contra aquel al que no debían nombrar, aquel cuya tenebrosa presencia todos conocían aquel cuyo poder de destrucción y ansias de poder tan solo era equiparable a los grandes Valars y que debido a la relación entre Iaman y LA SOMBRA era propio que fueran ellos quienes crearan dichas llaves que mas tarde serian repartidos los regentes de cada región.

El primer brazalete que se creo, fue el de Serpiente, cuya armadura era una espiral de oro del cual sobresalía el cuerpo de una serpiente de oro macizo adornada con pequeños cristales verdes. Sîl-Uroloke asi fue bautizado.

El segundo fue el del aire, fue llamado Sîl-Wista realizado por un fuerte pero a la vez elástico cristal, cuyo cierre eran dos alas de cuarzo blanco azulado, resistente a la par que elástico.

El tercero fue el del fuego, RautaNárë-Sîl que así fue nombrado. Dos cadenas de un metal rojizo y plateado unían una fina lámina de cristales en tonos rojizos y amarillos, mezclados con suaves betas metalizadas.

El cuarto era el del agua, TincoNén-Sîl dos ligeras cadenas de color azul engarzaban una lámina de cristal y metal de un color casi translucido.

Pero todos ellos tenían truco…Como todo lo que creaban los Maiars tenían alguna pega…tan solo podrían portarlos, aquellos herederos de los primeros Reyes y Reinas del las Tierras de Arador. Tan solo al unirse los 4 brazaletes con la piedra de Iaman se formaba la única llave que abriría las puertas de la fortaleza secreta y de la Sambë hrótafanyarë de la Paz.

Sin embargo, la tregua duró poco. Un grupo de elfos del este bajo la dirección del elfo Círthil, que se autodenominó Rey de los Elfos del Oeste, emigraron a una tierra al sur de Tavarcerta. Ambicionó entonces dominar Árador y los hombres de la ciudad de la runa fue su primer objetivo. Así fue como mandó desde su ciudad en la rivera del río sirhonë un ejército contra Tavarcerta y ahí empezó la desgracia. La guerra fue cruenta y Círthil desesperaba por no poder someter la ciudad y lanzó una maldición por la cual no encontrarían el descanso más allá de la muerte, y serían siempre espectros, sin encontrar el camino de su hogar. Y destruyó la fortaleza, dejando apenas piedra sobre piedra. Pero los elfos se dieron cuenta de sus actos y se arrepintieron, pero la maldición les llegó a ellos también. Los espíritus de ambos pueblos eran los que estaban atrapados en aquellas ruinas.

El silencio se produjo sobre todos los congregados en el lugar. Fue entonces cuando Valandil habló:

- Han aparecido dos brazaletes. El que tiene Rialath fue entregado a los hombres de Tavacerta. Y el de Amaurenori fue el que en su día fue dado a los elfos del este. Faltan otros dos brazaletes y la piedra que los une

[Editado por aratir el 26-02-2007 23:45]

Rialath

Rialath apenas dijo nada hasta que acabó su explicación Súleglîn. Entonces habló en voz baja, grave y arrastrada:

- Ha empezado... Atrapados sin remisión, no hay vuelta atrás, bien, no podemos avanzar porque no tenemos todos los brazaletes y no podemos retroceder para ir a buscarlos, y la prueba esque Súleglîn está aquí corporeo. Bien, ahora o alguien nos trae los brazaletes restantes o nos podemos sentar a disfrutar de una maldición eterna. Bueno, yo no tengo previsto que mi espíritu se quede por simpre en endor... nada me horroriza mas, así que con vuestro permiso voy a ir a explorar para ver si hay forma de resolver este cruce de caminos.

Báldor

Báldor estaba confuso, pero jamás se dejaba vencer por el desánimo.

Se apartó un poco del grupo y se sentó sobre una piedra, sobre un trozo del pasado. Su caballo mordisqueba hierba junto a él.

De las alforjas sacó un libro y empezó a hojearlo. No sabía qué buscaba ni si lo encontraría. Sus ojos grises se deslizaban rápidos por las notas y dibujos que hiciera hace años, todo lo recordaba, pero como algo lejano que nunca comprendiera del todo, quizá ahora había llegado el momento que las piedras antiguas cobraran sentido.

Darlak Lórindol

Algunos se habían puesto a buscar por los alrededores la posible entrada a las ruinas de la antigua Tavarcerta. En la mente de todos circulaban muchos pensamientos, principalmente el saber en qué podría acabar aquello, la presunta maldición de aquel lugar los tenía en alarma pero nadie había pensado en abandonar la misión. Mientras Darlak y Valandil discutían la posible ubicación de los otros dos brazaletes.

Darlak sacó el de Amaurenori y se lo mostró al maia en ademán de dárselo.

- Creo que te pertenece, Súleglîn- le dijo el semielfo

El maia miró la joya fascinado, un montón de recuerdos se agolparon en su mente. Recordó aquellos lejanos días de la primera edad cuando se reunieron para repartir los brazaletes.

- No, prefiero que lo conserves tú hasta que llegue el momento en que haya que usarlo, mi querido amigo.

Darlak dudó pero accedió a la petición de Súleglîn y se guardó el brazalete. En ese momento se acercó la sacerdotisa de Fanyarea.

- De nada sirve buscar la entrada a las ruinas si no tenemos todos los brazaletes y la piedra. – dijo desanimada, la expedición la tenía muy cansada anímicamente.

- Sino he entendido mal, Iaman, la maia que creó los brazaletes es Izilsurias, la reina de Farothdin. Vosotros dos sois maias también, ¿no podríais contactar de alguna manera con ella?

Anariel y Súleglîn se miraron.

- Se podrían intentar. ¿Me ayudarás, Anariel? – preguntó Valandil.

- Intentémoslo. No perdemos nada. – contestó la sacerdotisa.

El senescal de Lempe los dejó intentando contactar con la reina de Farothdin. Rialath, Nielunë y Bohr se hallaban de exploración por los alrededores buscando las ruinas. Vanadessë y Eleth asistían a Sonya, que aún sufría los desmayos de su bienaventurado estado. Darlak vio un poco más allá al esteldili y se encaminó hacia él. Se sentó a su lado, el senescal era consciente de que aquel hombre sabía muchas cosas que podían esclarecer más aquella misión.

Baldor se hallaba ojeando un libro.

- A veces dudo si hice bien en conducirlos a todos a este lugar maldito. – dijo tras proferir un suspiro. El esteldili seguía ojeando el libro aunque se había dado cuenta de la presencia del ohtari. - Pero ya no hay remedio, ahora hay que salir como sea de este atolladero. ¿Habrá algo que se nos escape?

Báldor

-¿Algo que se nos escape?- Repitió para sí mismo Báldor.

Iba a responder al elfo alguna formalidad propia de su rango cuando unas palabras del libro llamaron su atención: "el símbolo de la mano...". Se detuvo nervioso y volvió a leer: "El símbolo de la mano se repite en ambas jambas y el símbolo del ojo, profunda y profusamente grabado en la piedra, decora el dintel, debía dar entrada a una sala importante pero sólo queda en pié una de las paredes y parece pertenecer a una habitación demasiado baja y que desentonaría con la importancia que parece tener el recio portal, la utilidad del recinto se me escapa, quizá algo con sentido funerario, quizá bajo todas estas piedras haya un tumba".

No había nada más, giró la página buscando alguna ilustración pero sólo vio repetirse su cuidada caligrafía, en apretadas líneas; desconcertado volvió atrás, había una nota al pié: "el símbolo del ojo aparece en algunos túmulos pero el de la mano, si es que eso es una mano, sólo lo he visto en las ruinas del palacio de la tercera zona, en el fuste de un pilar derribado, por lo visto no le presté la debida atención."

Entre esperanzado y contrariado por la falta de una ilustración, que pudiera facilitar la búsqueda, cerró el libro. Las ideas se agolpaban en su mente y, a medida que se aposentaban en ella, las iba comunicando al semielfo que se había sentado a su lado. Manos, brazaletes, ojos en bajorelieve, quizá la entrada a un mundo subterráneo,... sólo una teoría, claro, y además, todo eso pertenecía a las ruinas de Amaurenori y quizá no tuvieran nada que ver con las de Tabarcerta pero, había descubierto demasiadas similitudes para no sentirse animado. Era sólo un comienzo, pero era algo: buscaría algún símbolo parecido a las manos de Amaurenori.

Darlak Lórindol

Darlak estaba agitado con lo que había leído Báldor en el libro. Intentó acordarse de cuando estuvo en las ruinas de Amaurenori y con la mente intentó buscar la tercera zona de aquellas ruinas.

- ¡Eleth! – el semielfo llamó a su compañera de aventuras que llegó tan rápido cómo pudo.

- ¿Qué ocurre? – dijo ella mientras observaba tanto a Báldor, el cual se hallaba mirando el libro cerrado como intentando acordarse de algo.

- “El símbolo del ojo aparece en algunos túmulos pero el de la mano, si es que eso es una mano, sólo lo he visto en las ruinas del palacio de la tercera zona, en el fuste de un pilar derribado” – recitó de memoria el esteldili.

- Eleth, ¿te acuerdas cuándo estuvimos en las ruinas de Amaurenori? En la tercera sala, antes de que te raptaran. A la entrada de una de las salas había un símbolo con forma de mano. Ayudemos a Báldor a buscar ese símbolo entre las ruinas. Tavarcerta fue construida en la misma época que Amaurenori y los hombres veneraban entonces el arte de los elfos. Quizás encontremos ese símbolo en estas ruinas.

Mientras Báldor y Darlak se levantaban para junto a Eleth buscar el símbolo de la mano entre las ruinas de Tavarcerta, Anariel y Valandil seguían intentando comunicarse con Izilsurias, pero les estaba resultando difícil, no sabían que la reina de Farothdin se hallaba entonces sumergida en la oscuridad. Por su parte, Rialath, Bohr, Nielune, Thiroton y los demás habían desaparecido. Y Sonya se hallaba dormitando en brazos de Vanadessë, mientras el bebé parecía tranquilo.

Niëlúne Lambar

Creo que, creo que empiezo a reconocer algo-dijo la semielfa.

Ambos humanos se giraron en seco y la observaron interrogantes.

-Este sendero me resulta familiar, creo que ya lo he visto antes cuando…-las palabras se le ahogaron en la garganta y un escalofrío recorrió su cuerpo al recordar. Sobraban las palabras, tanto Rialath como Bohr ya sabían a lo que se refería.

Bohr se le aproximó y la rodeó con su fuerte brazo para reconfortarla.

-¿Estás segura?-le preguntó el dunedain.

-De nada se puede estar seguro en estos tiempos que corren, solo de uno mismo se puede tener certeza, y a estas alturas empiezo a dudar también de ello.-le respondió la joven.-mi mente ha tratado de borrar el recuerdo pese a mi reticencia, pero podría asegurar que ya estuve aquí.

Rialath asintió dándole la razón y añadió:

-Creo que deberíamos avisar a los demás, se han quedado demasiado atrasados.-tras esto último se alejó por el sendero por el que habían venido dejando a la joven pareja a solas.

Bohr miraba adelante inquieto y con el ceño fruncido. Hacía unos minutos que se había separado de la joven.

-Que sea lo que deba ser-la voz de la joven le cayó como un bálsamo que suavizó sus facciones.

´ Aquella plaza-le costaba pronunciar las palabras-en la que estuve emana una profunda tristeza Bohr, una pena infinita. No imagino qué pudo suceder allí pero lo que vi, lo que percibí es un sentimiento que no deseo volver a experimentar; pero no tenemos más remedio que seguir adelante y terminar con esta historia`.

Apoyó suavemente la mano en el hombro del humano a lo que éste respondió apartándose bruscamente. Niëlúne apartó la mano desconcertada aunque lo disimuló.

-Yo…lo siento, no deseaba perturbarte.

Bohr la miró unos instantes y en sus ojos se veía la pena, el miedo; pero dentro de ellos había también esperanza, una esperanza vana tal vez de que todo saliera bien y consiguiera llevarlos a todos sanos y salvos a sus casas después de todo.

-Nada que pudieras hacer conseguiría algo parecido, es sólo que…es sólo que noto el peso en mis hombros y esta carga es enorme. Nunca debí consentir esta expedición y ahora henos aquí, perdidos y sin las respuestas que necesitamos. No, nunca debí permitirlo…

Rialath había vuelto acompañado de Darlak y del esteldili.

-Báldor ha encontrado algo en sus escritos –comunicó Rialath.

Éste les hizo un breve resumen de lo ocurrido y esperaron al resto de la comitiva.

Los demás no tardaron en llegar y ponerse al corriente de todo, prestos se dispusieron a seguir el sendero, si Niëlúne no se equivocaba con un poco de suerte no tardarían en encontrar las dichosas ruinas.

Caminaron un largo trecho siempre alerta de cualquier peligro.

Anariel y el Maia Valandil que continuaban intentando establecer contacto con Izilsurias, habían comunicado que extrañamente el velo que les impedía comunicarse con ella se estaba levantando, aunque aún les costaría de más esfuerzos conseguirlo.

Poco a poco el frío se fue intensificando y la niebla se tornó más espesa. Todos podían sentir en sus propios corazones que estaban cerca, pero ninguno se atrevió a romper el silencio que los envolvía.

Encontraron una antigua carretera antaño bastante transitada y ahora destrozada en gran parte. Grandes cascotes de piedra se habían levantado del camino por las raíces de los árboles que crecían en el lindero del bosque. Un gran muro de dura roca se extendía a su izquierda en parte aún de pie, en parte derruido.

-Hemos llegado-dijo Niëlúne en voz tan baja que solo los que estaban a un palmo de ella la pudieron escuchar.

El muro llegó a su fin dando paso a una gran plaza en ruinas. Todos los edificios de alrededor habían sufrido las consecuencias del tiempo-y la masacre-, solo en su centro se había conservado una gran fuente esculpida en piedra. Niëlúne la reconoció al instante y se estremeció. Sujetó con fuerza la mano de Tithoron que estaba a su lado y éste reaccionó.

-Es esto lo que viste, ¿me equivoco?

La joven asintió lentamente casi paralizada por la emoción-y el miedo-.

Todos contemplaban sorprendidos la magnificencia de aquella obra, apenados por lo que veían a su alrededor. Las ruinas evocaban el dolor de los muertos en la batalla, de las almas errantes que vagaban sin rumbo fijo, solo esperando ser liberadas tras siglos de encarcelamiento.

-Recuerdo…-dudó un momento intentando poner en orden sus recuerdos-recuerdo haber despertado en una cámara subterránea. Ésta era oscura y fría; recuerdo una gran escalera y una pequeña sala que daba al exterior. No recuerdo mucho más pues salí de aquí como alma que lleva el diablo pero, si consiguiésemos encontrar la escalera podríamos…

Todos comprendieron al instante a lo que se refería y se miraron decididos los unos a los otros.

-La encontraremos, tenemos que dar con ella-reconoció Anariel-.Debo comunicaros que al fin hemos estado a punto de contactar con Izilsurias, pero al llegar aquí el velo ha vuelto a cubrirlo todo. Sea lo que sea, ahora tendremos que seguir sin la ayuda de nadie.

Dicho ésto se dispusieron a examinar las ruinas buscando la entrada. Estaban cansados, doloridos, pero la prisa apremiaba, cuanto antes la encontraran antes podrían llegar al final y desvelar los tantos misterios que la ciudad ocultaba.

La semielfa se acercó a la fuente y la observó. Casi podía notar la presencia del niño elfo que una vez la condujera a aquel mismo lugar y por un momento le pareció escuchar su voz.

”Recuerda lo que te dije…”-decía débilmente la voz.

Pero Niëlúne no conseguía recordar. Apartó las enredaderas que se enroscaban en la cúspide de la fuente para mirar el grabado superior y entonces lo vio. Cuatro figuras erguidas una frente a la otra, dos en un lado y dos en el otro. Un magnífico rayo surcaba un cielo invisible en su centro para unirse a la tierra en un fuerte impacto. Justo encima del rayo, un desafiante ojo se cernía ante los atacantes.

No podía creer lo que sus ojos estaban viendo, lo tenía delante y ahora lo recordaba todo. Esa misma imagen había volado por sus sueños sin explicación ninguna, y ahora por fin la comprendía. Buscó en sus alforjas esperando encontrar lo que necesitaba. Rebuscó desesperada hasta que por fin la encontró; extrajo la piedra de la bolsa y la observó detenidamente. No tenía nada de especial, solo unas runas grabadas ya casi extinguidas que no lograba si quiera leer.

-¡Anariel! , ¡Bohr! –gritó la joven- ¡rápido venid!

Ambos corrieron donde la elfa exaltados creyendo que le habría ocurrido algo.

-¿Qué pasa? , ¿qué ocurre?- preguntó la Reina.

-Creo…¡creo que ahora lo entiendo!-les hizo un breve resumen de lo ocurrido y les recordó la aventura de la vez anterior, cuando Hilaran le había recomendado que guardara el fragmento de la piedra. El resto de los compañeros se habían acercado al escuchar la voz exaltada de la semielfa y esperaban a su ardedor a que les explicara lo que sucedía.

´ Antes no lo comprendí, es más, había olvidado la piedra por completo entre una cuestión y otra, pero ahora que he visto el grabado de la fuente-lo señaló para que todos lo vieran- lo he visto claro`.

Volvió a apartar las enredaderas para que todos lo vieran con claridad.

-Creo que estas cuatro figuras representan a los cuatro reinos que una vez poblaron las tierras de Arador, uno por cada brazalete, y que cada uno de ellos era un portador de éstos mismos. Mirad el ojo, parecen atacarlo, o defenderse de él, éste representa la amenaza por la cual se unieron. El fragmento de piedra que poseo se desprendió de aquí-dijo señalando un pequeño hueco que se había creado justo en el interior del rayo-al principio creí que simplemente era una grieta, pero ahora que lo veo sé lo que significa.

Colocó la piedra en el hueco y ésta encajó. Entonces las runas se hicieron visibles al converger roca con roca, concluyendo las palabras que antes no tenían explicación.

“Serpiente. Aire. Agua. Fuego.”

-Ésta piedra es el nexo de unión, falta el resto. Una vez que encontremos los dos brazaletes restantes y la piedra, ésta habrá de sellar la llave.

-Creo que tienes razón joven-habló Valandil-gracias a que encontraste este fragmento ahora nuestras dudas están algo más claras, pero debemos encontrar la entrada a las ruinas subterráneas y terminar con la maldición.

Niëlúne volvió a desencajar la piedra y la guardó.

Dicho ésto último todos asintieron unánimemente, el tiempo apremiaba y éste, era un bien escaso.

-¡Aquí! , ¡creo que he encontrado algo!-gritó Darlak de repente produciendo un sobresalto en el grupo. Se encontraba frente a una puerta totalmente en ruinas. Las piedras impedían el acceso al interior casi en su totalidad aunque no parecía a causa del derrumbamiento, parecían colocadas allí a posta con la intención de esconder algo de importancia.

Todos se acercaron y examinaron el lugar. Por una pequeña abertura se entreveía la oscuridad del interior y una pena enorme, profunda, les acariciaba el rostro.

Apartaron los cascotes uno a uno y los hicieron a un lado. La puerta se alzaba ante ellos y les daba la bienvenida. Del interior salía una fría corriente de aire que los hizo tiritar.

-Bajaré a inspeccionar-se ofreció Bohr.

-Yo iré contigo-apuntó el semielfo-que venga Rialath también. El resto quedaros aquí y estad alerta.

El trío penetró en la basta oscuridad y unos metros más adelante las siluetas desaparecieron.

Sonyariel emitió un gemido expresando su preocupación por su bien amado. Todos estaban preocupados-y asustados-.

A los pocos minutos Rialath asomó a la luz, lleno de polvo y sudoroso.

-Es por aquí-anunció-hemos encontrado la escalera. Rápido, Bohr y Darlak nos esperan abajo.

Uno a uno se introdujeron en el agujero y se perdieron en la penumbra. Varios minutos más tardes unas manos invisibles colocaron una piedra tras otra, amontonándolas de nuevo ante la puerta. La oscuridad se hizo infinita, la puerta de nuevo volvía a estar sellada.

[Editado por mithril_ el 27-02-2007 20:37]

Báldor

Mientras se colgaba su espada bastarda a la espalda se adentraron los tres a través de las fauces de la tierra.

Báldor contempló de nuevo los símbolos antiguos, gemelos de los que ya conocía, siguió el grabado con la yema de los dedos, sobre la piedra fría y basta.

Todo se estaba precipitando, se había dejado levar por la situación, deseaba tener un tiempo para reflexionar, incluso deseaba tener un tiempo para poder agradecer a la Hija del Amanecer que lo cuidara cuando estuvo insconsciente (lo cómico de la situación imaginada le hizo esbozar una sonrisa). Se tocó el vendaje por encima de lo que debía ser la herida de su frente y un dolor agudo se le escapó hacia la espalda -podría haberme partido la cabeza- pensó mientras desistía de su propósito de quitarse la venda.

Se levantó el cuello de su grueso tabardo y taconeó impaciente: volvía el soldado que fuera antaño. El caballo ya estaba atado, sus armas dispuestas... El numenoreano les indicó el camino.

-Bien, ha llegado el momento-.

Elêth Niramar

Elêth siguió al grupo adentrándose en el agujero tras echar un último vistazo al dibujo grabado en la puerta... estremecida, tomó de un brazo a Sonyariel para ayudarla a descender. Aquello empezaba a no gustarle nada... tantos recuerdos de su anterior viaje a Amaurenori no eran buenos.

- Recordadme que la próxima vez que Darlak diga de salir de excursión me quede en casa -susurró a Sonya y Vana.

Vanadessë rió antes de contestarle a su amiga.

- No podrás, a ti te llama todo esto, no niegues que estás intrigada por lo que pueda ocurrir.

Aunque estaba oscuro, Elêth pudo imaginar la sonrisa que había aparecido en la cara de su amiga.

- Sí, bueno, yo... -empezó la dúnadan... era cierto, le gustaba la aventura, aunque aquella no estaba siendo tal y como esperaba. Recordó la batalla de Rialath en la que casi había acabado muerto, sus constantes desapariciones... y lo mal que se encontraba Sonya. Deseó que su amiga humana estuviera en casa, fuera de peligro. -No, Vana, realmente preferiría no tener que estar pasando por esto... -dijo lanzando una mirada a Sonya, que la elfa tuvo que adivinar.

Entonces Sonya tropezó, y a punto estuvo de caer al suelo. Estaba débil y no se encontraba nada bien. Llevaban ya bastante rato caminando sin detenerse a descansar.

- Estoy... estoy bien -susurró la humana mientras intentaba levantarse. Vanadessë la abrazó y la obligó a sentarse en el suelo.

- Tienes que descansar, Sonya... esto no es bueno para ti.

- Pero... -dijo la enferma. Sus amigas comprendieron, ellas habían parado, pero el grupo continuaba.

- Avisaré a Darlak para que reduzcan la marcha -dijo Elêth mientras se ponía en marcha al mismo tiempo de que Vanadesse ayudaba a levantarse a Sonya.

Sorteando la gente, la dúnadan llegó junto a su capitán. Cerca, con una antorcha en la mano, se encontraba Rialath. Al verlo a la luz de la antorcha a Elêth se le encogió el corazón. Estaba tan cerca... y a la vez tan lejos. No entendía lo que le pasaba, pues a pesar de todo lo que estaba ocurriendo a la joven no se le iba la imagen de Rialath de la cabeza, pero durante el viaje había aprendido a aceptar lo que sentía. Ya no lo cuestionaba, solo lo intentaba no pensar.

Desvió su mirada hacia Darlak, que no había notado su presencia.

- Capitán -dijo en un susurro para no sobresaltarlo. Darlak se giró, interrogándola con la mirada.

- Hay que reducir la marcha... Sonya no aguanta este ritmo. No se donde vamos, y no se si quiero saber lo que está pasando. No se si tenemos prisa... ni si deberíamos tenerla. Solo se que si seguimos así la vamos a matar... tal vez deberíamos quedarnos las tres rezagadas... podemos hacer eso si no se puede reducir la marcha. Pero no le podemos hacer seguir a este ritmo...

Tanto Elêth como Darlak se habían parado al empear a hablar ella, y ahora ambos miraban como Sonyariel se acercaba lentamente, apoyando todo su peso en Vanadessë.

Elêth se compadeció de su amiga. No solo estaba embarazada en medio de tan singular aventura, sinó que encima el niño que llevaba dentro reaccionaba de alguna manera con los brazaletes...

Sonyariel Lisse

Tantos pensamientos volaban por la cabecita loca de Sonyariel en esos instantes, ideas, recuerdos, sentimientos que la perturbaban de sobremanera.

Se sentía un estorbo, un enorme estorbo y eso le pesaba en el alma. Ella nunca quiso eso, nunca quiso preocupar a los demás y menos al medio elfo. Es más, cuantas veces había pensado en dejarlo todo y huir lejos, para no molestar ni preocupar a nadie, en dirección de las tierras donde yacen los cuerpos de su padre y madre. Tierras que pasaron a ser parte de ella.

Cuantas veces había pensado en partir (a pesar del amor que sentía por Lórindol) llevando en el vientre aquella criaturita, para criarla con amor, y enseñarle a ser un buen ser humano, inculcándole el valor de la vida, enseñándole a vivir del esfuerzo, agradeciendo cada día el poder respirar, a amar la tierra y a los seres que en ella habitan, y a luchar por lo que creyese que es correcto. Siempre con honor y valor, así como su padre.

En Mellon Vilya, a pesar de todo el cariño de la gente, sabía que era vista con ojos dudosos por convivir con el senescal sin ser su esposa, y le acongojaba lo que dirían si supieran que esperaba un hijo de él. Por ello, en más de una ocasión, había pensado huir. Huir... odiaba tanto esa palabra. Pero... ya no tenía fuerzas para caminar... y menos fuerzas para dejar a Darlagil, en especial ahora que lo sabía todo.

Aquellas ruinas le atormentaban. Era como si alguien se riese a sus expensas, y no deseaba pensar en ello. Presentía que se trataba de aquel elfo que terminó con su anterior vida, con lo que más amaba y se reía al verla sufrir, al arrebatarle lentamente la vida. Todo aquello le provocaba sensaciones extrañas y el frío le calaba desde los huesos. Sentía como si cargara un peso enorme sobre los hombros, peso que no deseaba...

Mientras caminaba, sintió nuevamente una leve contracción al acercarse al interior de aquel pasaje. Estaba asustada. No quería perder a su pequeño y una lágrima rodó por sus mejillas. Tomó entre sus manos su relicario, con la imagen de Urulóke. Una pequeña cadena lo sostenía al rededor de su frágil cuello. Era antiguo y frío, pero lleno de recuerdos de su anterior vida. Había pertenecido a su madre Mizriel, y llegó a ella como obsequio en la primera incursión en las ruinas del desierto. Siempre lo lleba en el cuello cargando entre sus líneas un pequeño frasco de cristal con un antídoto del veneno que usa en sus dagas.

Mientras seguìa caminando, la humana no se sentía ella misma. No se sentía la mujer sin preocupaciones, que no le importaba dónde estaba parada; no se sentía la joven que se arrojaba en combate sin importar sus heridas, ni la mujer que se entregaba a las más locas emociones sólo por disfrutar la vida. Una vida tan corta que, a pesar de todos sus dolores, había aprendido a amar y disfrutar cada momento a fondo. Una vida que sentía que se le estaba yendo de las manos y... por un momento... lo deseó... y cerrando los ojos se abrazó con fuerza de Vanadesse.

Wëthan Bohr

Wëthan Bohr

Estaban dentro.

La escalera los llevó a una hondonada, que metro a metro se hacía más oscura. Tenía el aspecto de una cueva, horadada con fuego... por el matiz, la materia y el olor que se desprendía de las paredes... No anduvieron mucho, solo algunas vueltas del camino. Pero podía sentirse que había otros pasadizos, y marañas de ellos, pero no allí, allí el camino era amplio y la dirección que llevaba era clara.

- Nielúne... No te alejes. -

-...qué? ¿Que dijiste, Bohr?-

- Que te mantengas cerca mío.- En sus ráfagas de pensamiento, que habían aprendido a empezar a aquietarse unos minutos, Bohr no sabía si lo que quería era cuidar de su amiga, o que ella cuidase de él. No le gustaban los lugares cerrados. De todas maneras, ella sabía cuidar una parte de él de la que él apenas tenía consciencia.

Wethan Bohr no era ningún santo. Había cometido muchas acciones injustas e incluso perversas, aún sin entenderlo. Había herido a su rey, un niño. Había hecho un pacto que nadie conocería en mil años. Había pecado de ira, de ambición, de necedad. No era un mal muchacho, pero se había equivocado con frecuencia en honor de su vacuidad interior. Esto no significaba que no hubiera tenido sentimientos, sólo que estos se habían subordinado siempre a sus constantes impulsos caprichosos y/o viscerales, impulsos que pretendían llenar el alma de un angustiado niño de las tierras heladas del polo norte.

Bohr era un humano afectivo, aunque su actitud no lo demostrara. Nunca había establecido lazos muy duraderos. Había tenido tantas familias como gente con la que había convivido. Esta gente que lo rodeaba ahora era su familia actual. Aún cuando los lazos parecían superfluos, en su interior cada uno de ellos dejaba mucha marca. Y por algo, tal vez porque ya estaba abandonando todo vestigio de adolescencia, esa más consciente de esto.

Y Niëlúne, lo hubiese querido él o no, había sabido cuidar de esa parte de él como nadie lo había hecho. Y Bohr lo reconocía. Pero sólo era una amiga, aunque tuviera el aspecto de una espléndida mujer. ¿De qué le serviría tocarla si a la mañana siguiente se iría y los suyos serían gentes distintas... y ella ya no estaría o él ya no estaría con ella? No cabía aún posibilidad en la cabeza del Varna de que ella se quedara, o de que él se quedara junto a ella. Al menos, en estos momentos, la necesitaba a su lado, para cuidarla, y ser cuidado por ella. "En estos momentos" podía que fuera sólo hoy... apenitas imaginaba él que eso podía durar mañana y algo más, o más que todo aquel poco tiempo...

Ella sonrió, en complicidad con las señas del destino. - Me quedaré cerca.- dijo. Observó el vellón que Bohr llevaba a hombros, esta vez sin el torso desnudo, y con las piernas bien cubiertas. Y pensó en los hechos que le habían sucedido en Tavarcerta y una y otra vez. -... y... tú me contarás de nuevo sobre como conseguiste esto. ¿Sí?-

- ¿El Carnero? ¿Te interesa el Carnero?- dijo Bohr, confuso por el repentino interés de Niëlúne.

- Sí, el carnero, y cuéntame de nuevo sobre el pastor.- Ella miró a su compañero como si hubiese encontrado alguna respuesta a alguna pregunta. -Y yo te contaré nuevamente sobre los hombres condenados de Tavarcerta.-

Bohr la tomaba demasiado en serio. Si hubiese sido otra, la hubiese dejado hablar y no se hubiese preocupado por lo que decía, le hubiese respondido con presunción. Pero ella no era cualquier mujer.

Anduvieron poco, casi el tiempo exacto para que él y ella se recontaran sendas historias. Al terminar había una expresión distinta en sus rostros. Aunque poco duró...

Se enfrentaron a una gran pared, sin salida, llena de musgo reseco, algunas ramas y enredaderas de las cuevas. Pocos rastros había allí del calor que parecía haber modelado los otros pasillos.

- Deberíamos volver.- dijo Vanadessë. - Sonyariel tiene que descansar y este sitio no es adecuado.-

Sonyariel miraba encantada a su amado. Y éste observaba cómo Anariel limpiaba la pared seguida por Báldor. Sonya no sintió celos esta vez, estando incluso más sensible que antes, pudo ver lo que veía su hombre. Y entre sus angustias se sintió dichosa por él.

Darlak dijo al resto, traduciendo el comportamiento de la sacerdotiza:- Claro... esto no es una pared. Es una puerta... Esta es "la puerta". Y no es el fin del camino. Aquí habrá un nuevo comienzo...-

Todos se estremecieron. Ante ellos comprendieron la forma de un enorme portón de roca y madera, inmóvil y de a poco dramático y hermoso. La entrada al templo-palacio-refugio de Tavarcerta. Las puertas que la maldición había cerrado, si alguna maldición pudiera, para siempre.

[Editado por elessurendil el 02-03-2007 02:23]

Darlak Lórindol

- Hemos encontrado la puerta, al fin - dijo Anariel volviéndose hacia los demás

Todos miraban asombrados la puerta que se había descubierto ante ellos. Mientras decidían los pasos a seguir, Darlak se dirigió hacia Sonyariel. Antes había visto la angustia en los ojos de la mujer y había intentando calmarla con la mirada. Ella estaba embarazada y el senescal estaba decidido a no entrar en las ruinas y regresar por el bien del estado de ella y del bebé. Pero ella le replicó:

- Ya no podemos regresar, sabes qué el bebé conecta de alguna manera con este lugar y ya no hay retorno posible. Ciertamente temo por el bebé, pero tanto tú como él sois necesarios aquí. Soportaré el dolor de mi termor - dijo ella mientras surgían dos lágrimas de sus ojos que Darlak limpió de forma tierna con su mano. Sin duda la admiraba por su fortaleza y decisión.

- No dejaré que os pase nada a ninguno de los dos - le dijo y se volvió al grupo y les preguntó: - Sé que no es un lugar para descansar, ¿pero sería posible que Sonyariel pudiera tener un momento de relajación?

- No nos vendría mal - dijo Bohr hablando por todos.

[Editado por aratir el 03-03-2007 01:15]

Báldor

Báldor se apoyó en la fría roca del pasadizo, la puerta prometía mil terrores.

-pararse aquí- se dijo el humano -¿Qué tiene esta gente en la cabeza?-

Pero no dijo nada: bajo las sombras húmedas se limitó a intentar descifrar los rostros de sus compañeros.

Vio determinación en alguno de ellos, poder en otros... -Puede, incluso, que salgamos con vida de aquí- Pensó. Pero, inmediatamente, una sonrisa sarcástica vino a dibujarse en su rostro delgado y los jirones de un pensamiento se quedaron colgando en su mente -Aunque lo dudo, lo dudo,...-

Darlak Lórindol

Continúa en Tavarcerta - En Las Entrañas De La Runa