La Guerra de los Clanes

Historias, leyendas y batallas en las tierras olvidadas de Arda.

Edicion 3

Árador, Tierras de la Aurora

Finalizada · 19-03-2006

Tavarcerta - En Las Entrañas De La Runa

2007:04:23:11:40:00

Eleanor Ronaele

"...Apenas unos rayos de sol tocaban el suelo mientras las brisas cálidas y frescas se turnaban de manera secreta para invadir al viajero volviendole prisionero de su propia fe

La elfa se adentró sin saber que esperarse, el silencio no la inquietaba normalmente... pero aquella paz tan transparente le hacía dudar, por momentos preguntandose quién le había mandado a desaparecer y ,por otros, estar segura de lo que sucedía en cada trecho de aquél lugar

Sus instintos habían vuelto a rondar su cuerpo haciendole reconocer cada milimetro de bosque que se pudiera hallar allí

Su felino se había mantenido en silencio, casi viendo venir nuevos sucesos... an te esto la elfa no se preocupó, aquellos presentimientos de Etnad, más de una vez le habían permitido recordar historias que pensó nunca poder contar

Aunque sabía que esa apariencia era simplemente un entrenamiento para ella o eso pensaba...

Un grito sonó tras ella, ella se volteó...."

Eleanor abrió los ojos, sus ropas estaban mojadas por su propio sudor. No era la primera vez que aquellas imágenes la hacían despertar a mitad de noche.

Del fuego que había encendido,sólo quedaban brasas. Su felino estaba descansando a su lado, su herida parecía haber cicatrizado bastante a pesar del golpe que se habian dado

Lo último que hubiera pensado es que en aquél bosque hubiera trampas o eso parecían

Acarició a su felino y pronto dos luces verdes resplandecieron en el rostro de la elfa.

-Es tiempo de seguir, Etnad-dijo con dulzura

El gato asintió y se levantó.

Sólo había dos direcciones, al sur o al noroeste... o ... ¿Norte o suroeste?....

La memoria de la elfa empezaba a difuminarse y sólo quedaba "avanzar" y "retroceder".

Miró el mapa, según las antiguas runas estaba en algun lugar que parecía un escape para la ciudad... Tal vez sólo bastaba avanzar y esperar que algo la llevará a un destino que le devuelva la luz del sol.

Además, sentía la presencia del Rey cerca, sabía que no se quedaría de brazos cruzados y la inmortal temía por su destino. Nunca habian dejado de predecirle un juramento que le destruiría...¿Esas palabras habían tomado otro rumbo?

La elfa negó con la cabeza...El mapa era claro, tenía que ir al sur para adentrarse en las runas, a menos que pudiera subir por aquél agujero de tierra que estaba a dos metros de altura y la había dejado en aquél lugar oscuro e infinito

Guardó el mapa insegura. Simplemente se puso a caminar hacia el frente con paso decidido adentrandose al sur de ese túnel, rogando a Eru el seguir por el camino correcto

Ohtaránë

Muy lejos de allí, al sur de Tavarcerta, otro grupo de personas se acercaba a la entrada de los tuneles.

Ohtaránë llevaba a una menuda figura cogida de la mano. Era una niña, de unos ocho años, pero iba encapuchada y no se le veia el rostro; aunque su hermoso cabello ruebio caía a los lados, largo y enmarañado. Morë caminaba tras ellos, silenciosa y con una sonrisa sarcastica, con la que apreciaba cuanto habia a su alrededor. Llegaron a la entrada del runel. Unas runas cubrían el arco del tunel, como cabía esperar.

-Es aquí -dijo Morë tras leerlas.

Ohtaránë se mordió el dedo y miró pensativo a su alrededor.

-¿Seguro que tu padre está en este lugar, Kennedra? -preguntó el elfo a la niña.

-Si, dijo en Tavarcerta -replicó la niña. Su voz era dulce, pero habia algo ligeramente escalofriante en ella.

-Esta bien -dijo Ohtaránë-. Yo no tengo ningun motivo para estar aquí, pero tu -señaló a Morë- quieres esos libros de hechizos; y tu -dijo mirando a Kennedra- buscas a tu padre. De modo que tengo que tratar de estar atento a todo mientras vosotras os adentrais en la oscuridad a encontrar lo que nunca perdisteis. Si no hay ninguna objecion, entremos en el tunel, en busca de lo desconocido.

Ohtaránë desnvainó su daga y entró primero en el tunel. Kennedra miró a Morë y lo siguió. Esta ultima entró tras ellos.

Tavarcerta aguardaba.

Kael Athas

Por el Oeste...

Viene de Lo que el Bosque dirá...

La silueta de Tabacerta aparecio frente a los tres:

-Jefe...da miedo...

-Lleva razón el muchacho, Angocarnë.

-Callaos,estoy intentado oir....-Kael oyó atento...-Nada...¡Adelante!

Los tres entraron a las ciudad...Era extraña.Al contrario que Amareunori se conservaba bien.Aun asi en la parte más pegada al bosque se notaba más el paso del tiempo.

De repente el sol comenzó a caer...:

-Pararemos a acampar.-dijo Kael.-Vamos.Sul prepara un fuego y tú..tú...vaya no nos hemos presentado...

-¿Que dices jefe?

-A ver vamos a presentarnos correctamente....A ver decir vuestro nombre,lo que os gustas,lo que no os gusta,vuestras aficiones....eso.

-Por que no empiezas tú eres el más sospechoso...-dijo Sul.

-Am...bueno me llamo Kael Athas aunque tengo más nombres y no tengo intecion de contaros mis gustos....¿sueños para el futuro? Uhm... y bueno aficiones tengo muchas...venga ahora tú-señalo a Sul.

“Vaya si solo sabemos su nombre”pensó Sul...:

-Bueno soy Sul-dân.Lo que más me gusta es una buena compañia.-miro a la Yandrí(ese era el nombre de la muchacha).-lo que menos es que se metan conmigo por ser el pequeño.-miro a Kael.-¿sueño para el futuro...?Bueno convertirme en un gran guerrero y aficiones....Comer y estar en buena compañia.-volvio a mirar a Yandrí.

-Tu turno.-dijo Kael señalando a Yandrí.

-Um esto no me convence pero bueno...vamos a intentarlo.Me llamo Yandrí.Me gusta...pasear por el campo y leer...bueno aparte de...de...-se puso colorada.-Lo que menos me gusta son los babosos.-miro a Sul.-Un sueño...pues una vida tranquila...Y aficiones...leer...no se...el tiro con arco tambien....jeje

“Estos humanos siempre pensando en lo mismo...ains”

-Vaya...bueno no está mal...pero ahora a comer.

Se sentaron alrededor del fuego.Comieron algunos peces que habian pescado en el rio.

Tras comer se echaron en el suelo...Kael se levantó de repente al rato.Lanzó una aguja a la sombra...Surgio una elfa...En su moflete una herida...¿Que ocurría?

Alalmë

- Enfrente de nosotros está Tavarcerta. Sólo queda un cuarto de legua de camino.

- Tendré que creerte, Alalmë- Apacen sonrió.

- ¿Acaso dudas de mí?

- Bueno... el refugio de la pasada noche tenía ciertas goteras.

La mujer se puso en jarras, aunque sabía que era una broma. Ambos tomaron el desvío del Este, hacia el mar y hacia las ruinas. Encabezaban la marcha ambos lobos, que correteaban camino arriba y abajo bajo el tibio sol de la tarde.

- Parece que no fue utilizado en mucho tiempo. Los pastores han dejado de traer los ganados por aquí.- Volvió a echar un vistazo a la antigua ciudad y siguió hablando- Es increíble que lo que nos cuesta tanto construir, se derrumbe con tanta facilidad. Aunque no es aplicable a esas ruinas; están igual que la última vez que pasé.

- ¿Pero las conocías?Entonces, la última vez que pasaste- Apacen pasó la mano por el lomo de Naulë, que había vuelto a su lado- estarían habitadas y en su máximo esplendor.

- Hace... unos diez años que pasé cerca de aquí, aunque no me acerqué a ellas, no me interesaban entonces. Ni que fuera tu abuela. Cuando me descubriste tu visión, me pareció muy cercana a lo que yo recordaba de estos parajes.

Según se acercaban, ambos lobos, que habían estado adelantados casi todo el camino, jugando como cachorros, se habían ido acercando a los humanos, y ahora Laumon caminaba pegado a la pierna de Alalmëcon aire inquieto y los pelos del lomo erizados. La mujer iba sintiendo frío según se acercaba, hasta que tuvo que sacar del morral su abrigado chal y ponérselo por los hombros. Miró a Apacen, que parecía ausente.

-Este lugar nos está observando, Alalmë.

Ella iba a contestar con una broma, pero la respuesta se le heló en los labios. Ante ellos se alzaban los derruidos muros de Tavarcerta, en los que el tiempo había labrado huecos como ojos de cuencas vacías.

Eleanor Ronaele

La oscuridad sumió los ojos de Eleanor hasta el punto que su felino comenzó a ser su guía en aquél lugar.

Su canto sonaba como una sinfonía perdida en el fuego, perdiendose poco a poco... pareciendo cada nota un sufragio al olvido

Así siguió el canto del animal hasta que se dejo de escuchar de repente. Una leve luz aparecía como hechizo. En otra ocasión la elfa hubiera desconfiado pero sus instintos superaban a su inteligencia cuando el aire del bosque volvía a penetrar a su alma

Sacó su arco dispuesta a usarlo cuando notó q ue su caída lo había cortado en dos. Tiró con rabia aquél elemento con ira de tal manera que resonó en todo el tunel el golpe que había sufrido

Miró nuevamente esa salida

Sólo había una manera de subir en la mente de Eleanor y no la pensó más de una vez

Sacó sus dos dagas de sus mangas y las clavó en el metal que recubría aquella boca helada por la cual saldría o planeaba hacer

Con cierto dolor en su espalda comenzó a subir, clavando las dagas cada vez un poco más arriba hasta que las clavó en tierra húmeda.

Una brisa helada llegó a ella haciendole temblar...

Una de sus manos cayó de repente y soltó la daga que se clavó en el muslo derecho de la elfa. Con cierto dolor en su otra mano a causa del peso que este soportaba, quitó la daga de su muslo y la clavó en tierra esta vez logrando llegar al final de la boca de metal de aquél túnel

La luz de las estrellas cayó sobre la elfa nandor y sólo pudo respirar el aire cuando su melena blanca volvió a sentir aquella brisa sobre sí.

El sol de refulgente plata no había aparecido aquella noche, simplemente notaba las ruinas a su alrededor y la huida de su gato por segunda vez en esta historia.

Sacó sus dagas de la tierra cortandose la mano izquierda con una de ellas. Con cierta molestia cortó un poco de su manga izquierda e hizo un vendaje precario para evitar que sangrara más de lo que pudiera evitar.

Guardó sus dagas y con cierta dificultad se levantó. Su muslo apenas le molestaba, tal vez luego le doliera más... poco le importaba a Narmince eso, habia vuelto a respirar aire puro y no aquél cálido y sucio silencio que tuvo que inhalar en aquél viejo túnel

Kael del Desierto

La elfa desapareció.Era...habia sido una ilusión,producida por su subconsciente,pensaba el elfo.Peor habia tenido varios efectos secundarios.Los niños se habian asustado.Malo.

Se levantó y se dirigió a donde habia lanzado la aguja abriendo sus fosas nasales...y detecto un olor de gato.

¿Gato?¿En medio de una ciuad en ruinas?Aquello lo alertó.Entonces notó...sangre.Alli habia alguien más.Notaba la sangre,caliente y dulce.Ya la percibia.Ya la olia.Ya la saboreaba en su paladar.

Y aparte...un leve olor...Olor femenino.

"¡Oh!Que bien...una presa y no es Yandrí...parece que me podré saciar aqui sin utilizar a la joven...perfecto."

Se acercó y vio a una elfa...y al gato.Siseo levemente aún oculto.Preparado para saltar sobre la presa.Pero ,maldita sea,Sul se acercaba:

-¿Jefe?¿Donde estas?

La elfa lo oyó y giró la cabeza buscando al que habia hablado y no vio más que a Kael observandola,siseando,observando...relamiendose.

Kael sin más se abalanzo sobre la elfa.Con los puños limpios.Pensaba hacerlo él solo.Hacerlo...¿lo que?

Suena mal,cierto.Pero mirad la depravación de la serpiente.Observad al animal que es Kael.No merece la vida y se le otorga.

El momento se acercaba...

[Editado por Angocarnë el 21-10-2006 22:51]

Eleanor Ronaele

Eleanor cayó de rodillas, la inmensidad de las runas y el lejano cielo la abandonaban junto con sus últimas fuerzas

Respiró profundo dejando volver sus sentidos a su cuerpo. Un sonido la hizo voltearse

No pudo pensar mucho, ni entender que sucedía pues en ese momento una sombra se volvió carne sobre ella, haciendo que comenzará un forcejeo.

Eleanor sintió su sangre fluir por sus venas sintiendo como el deseo y la resistencia la hacían temblar.

La elfa nandor comenzó a creer que sus mentes actuaban por impulsos, jugando a un encuentro digno de olvidar por la mañana

Fue entonces cuando sintió su mano en el cuerpo del elfo, simplemente la arrebató con fuerza llevandola para sí. Logrando con esto quitar la daga que había implantado en aquél ser

La sangre comenzó a fluir, como sí fuese algo común o necesario..."¿Qué piensas hacer esta noche conmigo?", se preguntó mientras esperaba la reacción de aquella sombra encarnada

Kael del Desierto

Mientras la elfa lo miraba Kael luchaba.Angocarnë contra la Oscuridad.Asi la habia bautizado él por que si Angocarnë era él sádico,cruel,maestro de las calumnias no era malvado ni bueno.Era neutral sin importarle nada ni nadie.La Oscuridad era malvada.Simplemente malvada.

No más...Los ojos de Kael brillaron por ultima vez sintiendose rendido ante la Oscuridad.Sin embargo siempre quedan fuerzas y en las flaquezas son cuando salen.En aquel momento salieron...

La locura se disipó y quedó la razón.Miró a la elfa que lo miraba con una mezcla de deseo y miedo.La tenia agarrada.Sangraba igual que sangraba él.

Aquello excitaba a Angocarnë,a la oscuridad,no.Aquello "era" bueno por que al menos la Oscuridad no saldría a flote quedando "él" por encima.

Vamos...contente...no hagas nada...Es tan dificil...no puedo aguantarmeAguanta...espera...la recompensa suele ser mayorComo sea será...

¿Aguantó?A medias si es posible establcer el termino medio entre los extremos...

Si bien comenzó a posar su manos obre la elfa consiguió frenarse a si mismo y esbozó un trebulante:

-¿Quien...quien eres?

Apacen

Apacen se adelantó hasta situarse frente a la muralla. Alzo su mano, buscando el contacto con la piedra. Sintió la frialdad, la soledad del lugar, el lamento del viento se filtraba a través de los pequeños agujeros y hendiduras de la roca.

- No somos los únicos que hemos llegado aquí. – Dijo perturbado – La ciudad esta apunto de despertar y no es conveniente perturbar a los espíritus.

Alalmë trago saliva, sintió un escalofrió recorriendo su cuerpo, y termino de ajustarse su abrigo chal – Intentas asustarme, casi lo consigues – Le respondió.

-¿Quieres regresar? Después no habrá marcha atrás –Preguntó Apacen.

-Mes arrastrado por medio Arador, y ahora quieres que demos media vuelta – Dijo Alalmë, en tono airado – Espero que encuentres lo que andas buscando y podamos volver a casa.

-Perfecto, pues adentremos en la ciudad – Respondió Apacen. Tanteo la pared y comenzó a seguir la pared hacia la derecha.

Alalmë carraspeo, -Creo que por el lado izquierdo accederemos antes a la ciudad – Se acerco a él, lo tomo por el brazo izquierdo y lo condujo hacia una brecha que había en el muralla exterior. –Es un atajo – le susurro.

Apacen sonrió, y dejo que Alalmë le condujera al interior de la ciudad. Tras ellos Naulë y Laumon accedieron a la ciudad.

Eleanor Ronaele

La elfa observó con atención los ojos de aquél ser, parecía confundirse... controlarse y soltar deseos que iban más alla de aquél momento

Sintió sus manos sobre ella, penetrando su piel con sus áridas manos mientras se retractaba en silencio.

¿Quién..quién eres?-preguntó casi excusandose

Eleanor se sonrió y acercó sus manos a la camisa que portaba el elfo. Detrás de ella había una armadura, pequeño detalle que abortaba su querido plan.

Se levantó usando aquella tela para acercarse al rostro de aquél ser hasta que sólo distanciaran hasta que sus labios quedaran a unos pocos centimetros de los de aquella sombra

-¿Realmente te interesa eso?-dijo en un susurro y continuó- Tus ojos revelan tu secreto, no sé tu nombre pero ambos sabemos que no eres de fiar...mas yo tampoco... ¿Eso importa también?

Kael del Desierto

Los ojos de Kael brillaron con malicia.La elfa lo intentaba engatusar.¡Ja! Se carcajeó para si.Clavó sus uñas en el muslo de la elfa.El que estaba herido.La elfa tembló levemente de placer:

-¿Que te pasa cariño?-dijo con una volz dulce y cruel a la vez.

La elfa no contestó.Kael sonrió para si.Su mano recorrió el muslo de la desconocida.

No lo hagas Pienso hacerlo... Maldita Serpiente... El malvado eres tú... Pero eres tú el que nos mete en lios... ¿Y? ...

Kael procedió a...en fin luchó otra vez contra lo oscuridad.Ganó la serpiente a la sombra.La elfa...no sabia donde se habia metido.

[Editado por Angocarnë el 22-10-2006 01:19]

Ohtaránë

Ohtaránë vagaba corriendo por los tuneles, con la niña de la mano. No tenia ni idea de cuando se habian separado de Morë, pero ella era la unica capaz de orientarlos en aquella oscuridad. Para colmo, extraños gritos y ruidos llenaban el vacio.

-Hay mas gente aqui abajo -dijo Kennedra. Ohtaránë la iluminó con la antorcha y sus ojos azules, hermosos y redondos, brillaron en el interior de su capucha-. Los oigo mejor que tú. Una mujer que huye, un hombre enloquecido, una personas que discuten.

-¿Puedes tu oir a Morë? -preguntó Ohtaránë

-Aqui estoy, elfo -dijo la voz de la hechicera tras él, asustandole.

-¿Donde has estado?

-Te será revelado en su momento -replicó ella con una sonrisa felina.

-Esta bien -murmuró desconcertado el otro-. ¿Por donde vamos?

-Adelante...

Eleanor Ronaele

Eleanor sintió la mano del elfo intentando lastimarla, logrando que ella temblara del placer... del placer de ver a una sombra intentando lastimar a quién hace tiempo se olvidó de eso,pensó para sí sonriendo ante el elfo

-Lo más probable es que ...o los niños descubran que el padre es demente o que termine matando a este...-dijo sin temor a la posible respuesta del elfo y continuó-..¿Al menos puedo saber el nombre de tal?

La elfa miró atenta los ojos de aquel ser, le recordaba tanto a ella que la perversión volvía a formar parte de sí esa noche... ojala aquél ser supiera controlarlo,sí supiera lo que realmente sucedía

Kael del Desierto

El elfo luchaba contra sus insitintos.Presentia peligro...peligro para los niños.Mientras se notaba extraño se clavaba una aguja en la pierna para olvidarse de la elfa e ir a por los niños.

Te has dado cuenta idiota... Espero que no sea tarde...ahhh... Deja de gemir y vamos... Si...vamos...ya lo haré...

Kael se acercó a la elfa intentando poner la voz más siniestra que tenía:

-Te volveré a encontrar...entonces desearás no haber nacido.

Se levantó dejando el rastro de su sangre y se dirigió a donde los niños.

Por fortuna a salvo...ahora pensaba...¿y la elfa?

Apacen

[…]

La noche se cernía sobre las ruinas de Tavarcerta. Alalmë y Apacen había invertido las últimas horas de luz, atravesando la ciudad. Descubriendo como la naturaleza había vuelto a reclamar aquel lugar para ella. Las calles una vez empedradas, ahora estaban recubiertas de tenue tapiz verde. Los edificios habían sido tomados por la flora autóctona, y sus fachadas cubiertas por enredaderas. Dándole un contraste de colores vivos en las calles y una tonalidad verdosas sobre las fachadas.

-Creo que deberíamos descansar un rato – Sugirió Apacen.

-Si – Suspiro Alalmë - Hemos estado dando vueltas durante un buen rato, quizás mañana con los primeros rayos de sol tendremos más fortuna.

Alalmë le indico un sitio para que Apacen descansara, mientras ella preparaba un buen fuego y se dispuso a repartir las viandas que había preparado. Una vez que hubieron cenado, el silencio reinante se apodero de ellos.

Apacen extrajo una botella de su zurrón. -Tome prestado esta botella de tu despensa, Espero que no te importe. Le dijo

Alalmë se quedo mirando la botella, sorprendida. – Vaya, vaya como supiste encontrarla. – Le pregunto.

Apacen sonrió, mientras quitaba el tapón de la botella – Solo use mi influencia. – Se dispuso a tomar un trago.

-Este Hadar tendré que hablar con él seriamente.

-No le digas nada, quien se puede resistir a tu licor de hierbas. Apacen sonrió, y continuarón una charla animada, a la luz de la luna y las estrellas.

Narquelië

Viene de Lo Que El Bosque Dirá.

Se detuvo un momento, tenia que respirar; con el rabillo del ojo miro hacia los lados, ahí estaban: dos elfos de la escolta de Arestel, le seguían el paso. Quariel sabia que en cuanto se descuidara, ellos la atacarían y le quitarían el broche, para dárselo a Eleanor.

Recordó entonces lo que le había dicho Arestel en el volcán de lo mundano "Se le dará a Eleanor un broche pues es su derecho. Pero no serán tus manos quienes lo transporten hasta ella, ya que su poder será efectivo si es entregado por otro miembro de la Rosa."

Se maldijo porque necesitaba de aquellos elfos, bajo la cabeza y suspiro, cuando la subió unos ojos brillaron en la oscuridad.

-¿Porque no estas con tu dueña Etnad?-pregunto, un gato salio de las sombras y se acerco a ella, se agacho y le paso la mano por el lomo-Llevame con ella.

El gato la miro a los ojos y comenzo a caminar entre los árboles, Narquelië supo al instante que ese gato no tenia buenas intencionesNunca confió en mí,¡vigilalo!. Cerro los ojos un momento, al instante uno de sus cuervos se poso en su hombro.

-Ven mi niño, tú me dirás si es seguro el andar.

[...]

Etnad la llevo a la ciudad, camino por las calles en ruinas; se apoyo varias veces en la roca desnuda, le mareaba aquel sitio, toco el broche de la orden del lirio, el diamante negro brillo un momento. No le pasaría nada mientras llevara la joya, pero aun así sentía la vibra de un mal, el rencor de los antiguos habitantes la perturbo; Quariel supo en ese momento, que no podría llevar a cabo el rito gris y elevarse en el mundo de los espíritus, era peligroso.

El gato la miro y le araño la ropa, después comenzo a correr, la mujer le grito y trato de seguirlo para no perderlo. Casi no veía en la oscuridad y eso le impedía ir mas rápido, entonces se detuvo. Delante de ella había un pequeño fuego, un hombre y una mujer platicaban animadamente, más allá se encontraban dos lobos que en cuanto la vieron, se levantaron y comenzaron a ladrarle. La pareja volteo, la mujer le miro y se levanto; pero eso no le llamo la atención, el hombre parecía atravesarla, no con la mirada, si no con su espíritu.

Esta ciego y sus cabellos son como el fuego pensó. Su bandada de cuervos voló y después se oyo un sonido, como el de un grillo, Quariel se dio la vuelta y corrió hacia donde se escucho aquello, cuando ya no sintió la presencia de aquellas personas, respiro y paro su marcha. Delante de ella, los elfos la miraban esperando, Etnad estaba con ellos, el gato maullo y desapareció.

-Maldito gato-pensó en voz alta, uno de los elfos hizo ademán de caminar hacia el pequeño campamento, Narquelië saco su espada blanca y le impidio el paso-No te les acerques elfo, ellos no tienen nada de tu interés.-él puso la mano en la espada-Ten cuidado con lo que haces.

-Dejalo Meneldil, ya vigilaremos a esas personas después.-le dijo el otro elfo.

-Vaya un elfo sensato-Narquelïe rió y bajo la espada-Vámonos, tengo que resolver un asunto y desgraciadamente ustedes están incluidos.

Guardo la espada en su cinturón, el cuervo regreso a su hombro, comenzo a caminar seguida por los elfos, el ave grazno y el gato apareció de nuevo.

-Etnad, no juegues conmigo, llevame a Eleanor antes de que te atraviese las viseras con mi daga-le dijo la mujer.

El menino, alzo la cola, por un momento a Quariel le pareció que se burlaba de ella, mas no le dio importancia, avanzaron detrás de el animal en dirección de nuevo a los árboles, en busca de la elfa de blancos cabellos.

La mujer no vio a un tercer elfo que los siguio en las sombras.

[Editado por tari el 27-10-2006 00:34]

[Editado por tari el 27-10-2006 00:40]

Eleanor Ronaele

-"Te volveré a encontrar...entonces desearás no haber nacido..."

Las palabras de aquél inmortal calaron la piel de la elfa haciendole reír en sus adentros... aquél ser apenas había entendido el lenguaje de sus ojos logrando que su alma oscura renaciera sólo esa noche, sólo para consumirle a él...La elfa se asustó un poco por ello por sus adentros mas sonrio al cielo

"tranquilo padre de niño ajeno, sólo pensaba quitarte la sangre antes de morir... aunque serías un reto porque ya creo haber olvidado cómo se hacía eso..."
, pensó para sus adentros dejando que el antiguo brillo renaciera por instantes aunque él no lo viera.

Fue cuando pensó eso cuando se levantó y le dio la espalda a Eleanor. Ella ni se molestó, se lanzó hacia atrás , sin hacer ruido, dando a pensar que la sangre derramada era del elfo pues ella ya se habia vendado parte de sus heridas y le tocaba seguir curandose aunque no tenía como.

En ese momento, simplemente cerró los ojos dejandose llevar por una sensación. Casi como sí hubiese sido predicho o escrito por la magnificencia del gran Eru... el sonido a vuelo de unos cuervos llegó a los oídos de la elfa.

Abrió los ojos de golpe y miró el cielo esperanzada...

-Aún en la noche el fulgor de la esperanza renace, aunque sea en tu simple presencia ,Quariel...-susurró casi para sus adentros rogando que la hayan visto

Narquelië

No caminaron mucho, cuando vieron a alguien caminando hacia ellos, los tres se detuvieron y esperaron, Narquelië poso su mano izquierda sobre una de las espadas, pero la retiro poco después al ver que la que caminaba hacia ellos, era Eleanor.

-No sabia que te agradara la compañía de mis semejantes-le dijo burlonamente, después agrego-¿Que hacen ellos aquí?

-¿Que te paso en la pierna?-le contesto Quariel, con otra pregunta, después toco a uno de los elfos-revisala.

El elfo, se acerco a Narmince, ella se recargo en el árbol y dejo que la revisara.

-No me has dicho que hacen aquí.

-Arestel los mando a que me siguieran, le robe algo para tí, sin embargo mis manos están corruptas y el regalo debe ser entregado por uno de la Orden de la Rosa...

Entonces Quariel le contó, todo lo que había descubierto respecto a las ruinas, de su encuentro con el rey y de como había viajado junto con Arestel a la venta de Harionen. Mientras lo hacia, Menendil(que era el elfo que curaba a Eleanor), saco unas hierbas y algunos vendajes, limpio la herida y la vendo con mucho cuidado.

-Ya esta-dijo, después se levanto y agrego-Debemos regresar a la venta señoras.

Narquelië rió Ingenuo, pensó, saco el broche y se lo tendió al elfo que estaba a su lado.

-Dáselo-el elfo tomo el broche, pero dudo-Vamos, dáselo antes de que sea tarde.

Meneldil, se lo quito de las manos y se lo tendió a Narmince, en cuanto estuvo en las manos de la elfa, Quariel saco la daga y la avento al cuello de Meneldil que cayó al suelo al instante, después saco una de las espadas y le corto la cabeza al otro, que reacciono demasiado tarde. La mujer camino hacia el elfo, que aun estaba vivo, le saco la daga y le enterró la espada en el pecho, este jadeo y un segundo después dejo de respirar.

-No tenias que matarlos-le dijo Eleanor que se limpio la sangre que cayó en su rostro.

-Escucharon todo, no podía arriesgarme a que siguieran vivos, este lugar es demasiado extraño, siento que hay demasiado ojos que observan el curso de los acontecimientos-limpio la daga y la espada, para poder guardarlas-Ponte el broche, es una protección de los reyes para nosotras.

Se escucho un movimiento entre lo matorrales, un tercer elfo apareció y miro asombrado a sus compañeros muertos en el suelo, saco su arco dispuesto a atacar a las mujeres.

-Bajalo, no nos puedes matar-le dijo Quariel-Vete a la venta y en cuanto llegue tu señora, le dices lo que has visto.

Pero el elfo no bajo el arco.

Eleanor Ronaele

Eleanor miró la escena y , comenzando a sentir un ardor en su pierna, se levantó. Ni siquiera reparó en su propio dolor, librandose de una de sus dagas casi con siniestra exactitud clavó su arma letal en la flecha quedando esta detenida por aquella mano de hierro antiguo que se había enlazado tras abandonar la mano de la nandor

-No nos harás daño, no importa sí quieres o no. La sangre de tus compatriotas no se volverá en tu contra pues sirves con gusto a nuestra Orden-dijo la elfa con un tono convincente que casi burlaba a la locura que la poseía esa noche- Si quieres lleva mi daga para dejar claro a la dama Arestel que estoy a salvo y que ha cumplido su trabajo...-a pesar de las palabras el arco seguia levantado mientras los ojos del elfo buscaban una orden, otra distinta... una que no sería dada mientras ella estuviera consiente de su entorno- no deseo haceros daño mas mi grado y mi misión son de tal importancia que tu vida no valdría más que para otro recuerdo cubierto de polvo...-sentenció Eleanor con una voz que parecía haberse engarzado en el más crudo frío de invierno mientras sus ojos atentos se habían vuelto secos y oscuros,como sí Mandos la hubiera devuelto a la vida tan sólo para destruir la confianza de aquél inmortal que no podía dejar de mirarla en su estupor

Sin darle importancia, sus labios apenas se movilizaron susurrando algo apenas entendible para la humana..¿una orden?¿un deseo? ... Quariel se sonrió, ambas conocían las mañas y los juegos que sólo ellas habian aprendido a jugar...

Mientras los ojos de la elfa nandor se mantenian fijos en la mirada del elfo, sabiendo que pronto cedería y desaparecería tan sólo con las palabras indicadas

Narquelië

Cuando el elfo desapareció entre los árboles, Narquelië reviso a los cadaveres y saco lo que les seria de provecho, luego y casi por inercia, comenzo a caminar. Sabia que Eleanor la seguía, así que no volteo hacía atrás, el olor putrefacto se confundió pronto con el del bosque dormido, la mujer supo que ya estaban lo suficientemente lejos de aquellos muertos, entonces opto por recargarse en un roble, se sentó y estiro las piernas, cerrando los ojos lentamente.

-No es momento para que te duermas-sentencio la elfa.

Quariel abrió los ojos y le sonrió ignorando sus palabras, se quito las botas; sintió el frió de la tierra y eso la tranquilizo, después saco de una de las bolsas, un paquete de Lembas, sin mucho agrado y con mucha hambre se las hecho a la boca y las mastico.

-Estoy muy cansada Eleanor-le dijo, cuando termino de masticar-No he dormido en tres días y apenas si probé bocado en el feudo de ese maldito de Roulan. Ademas tu esas herida, lo mejor que podemos hacer es sentarnos y descansar.

Narmince, se miro la pierna herida, debía sentarse, pero el fuego que tenia en las entrañas aun no estaba apagado y le consumía, como consume la avaricia al ladrón. Quariel no supo si se controlo o no, pero la elfa junto algunas ramas y prendió un fuego, se sentó al lado de ella y suspiro. Los cuervos de la mujer descendieron y se posaron no muy lejos de ellas, Etnad el gato apareció poco despues, acercandose a Eleanor, luego se acosto sobre sus piernas.

-Listo, ellos nos cuidaran amiga mía, ahora dejame dormir un poco-dijo Narquelië, que cerro los ojos casi al instante, tratando de no soñar, si no de descansar.

Eleanor Ronaele

Al sentir el felino sobre sí, Eleanor sacudió su pierna casi negandose a su protección. Miró a los cuervos, "no,no voy a estar segura con ellos... sólo Quariel podría sentirse protegida. Ella pero no yo, porque sólo yo soy la amenaza y pronto lo seré para aquél elfo.." la elfa se sonrió recordando aquel dulce temblor que había agitado a su alma carcomiendola en deseo y lujuria.

Cerró los ojos y tocó su pierna lastimada, volvió a sonreirse.."..bendito pecado serás cuando tu alma desee morderme y yo me deje... tan sólo por sentir ese placer, aunque luego sepa que por ello, luego, morirás y por tu muerte no lloraré, querido elfo... no,no ...no lloraría por ti, tan sólo moriría por el placer que tus manos..."

Eleanor abrió los ojos y comenzó a reirse, mas no con su dulce risa de niña sino con otra risa muy distinta, una nacida de su mirada oscuro y mercenaria

Etnad chilló al oírla y los ojos de Quariel se abrieron de golpe

-¿Qué sucede, Etnad?-dijo la elfa con una voz extremadamente dulce

El gato calló y miró fijamente a Quariel. Eleanor se dio cuenta de eso mas al notar callado al felino se recostó dejando que las estrellas calmaran su fuego, fantasía lejana a su realidad...

Narquelië

No había ni dormido diez minutos cuando se escucho la risa de Eleanor a lado suyo, ¿Por qué reía?, ¿que era lo que le causaba gracia a la elfa?, abrió los ojos de golpe, secuestrada por la realidad, alejada de los sueños dulces de Irmo; ahí al lado de la elfa, estaba Etnad y la miraba fijamente, pero callaba, no oyó su canto mortal, le pareció raro que el gato la mirara de esa forma, sin decirle nada ; sin embargo atribuyo eso a la falta de sueño. A su lado Eleanor miraba al cielo, en silencio, como si nunca hubiera reído de aquella forma. Quariel le devolvió la mirada al gato intentando leer el mensaje en sus ojos, pero no había nada, cansada se recargo de nuevo en el árbol, ya se disponía a ponerse las botas cuando lo vio, algo borroso casi imperceptible a su mirada; Eleanor estaba tan perdida en sus propios pensamientos que no se dio cuenta de lo que pasaba frente a ella. Narquelië se taño los ojos, ahí seguía, un símbolo formado por dos figuras, una estaba fuerte, sus extremidades se unían a la otra figura que había perdido rigor y por un momento la mujer creyó ver sangre en esa forma debilitada, la dos formaban aquella imagen que ya había visto una vez, en la piedra de Orn.

“Seremos las guardianas del secreto de Farothdin, hasta que su destino quede sellado”.

Las palabras de Eleanor se le vinieron a la cabeza, esa fue la promesa que las dos hicieron antes de separarse cada una por su lado, cada una con la misión de encontrar respuestas. Quariel se dio cuenta entonces porque no debían descansar, ahí en ese bosque ellas no eran las cazadoras, eran la presa y debían protegerse de las amenazas por venir y ese elfo, era una amenaza, porque en cualquier momento llegaría a donde Arestel y la regidora que seguía las normas al pie de la letra, no dejaría que la doncella cuervo quedara limpia ante el asesinato de los dos elfos de la orden de la rosa. La perseguiría y la llevaría ante la reina para recibir el castigo que se merecía.

-Debí matar a ese elfo también-pensó en voz alta, se levanto y miro a la elfa- Debemos movernos Eleanor, Arestel vendrá.

Narmince se levanto y le sonrió a Quariel.

-¿Ahora lo entiendes?- la mujer asintió en silencio- Manda a tus cuervos a vigilar el bosque, los encontraremos en las runas, Etnad llegado el momento les indicara nuestro paradero.

Narquelië se dirigió entonces a sus aves, que volaron sobre ella, después con un movimiento simple de manos, las aves desparecieron en el cielo. Etnad desapareció entre los árboles y las dos mujeres se quedaron solas, entonces un brillo oscuro apareció en los ojos de la elfa, un brillo que Narquelië no supo interpretar, no era un ápice de maldad como el que existía en ella, no, ese brillo era un diferente, uno que se le antojaba indeseable a la mujer. Pero ella que no confiaba en nadie, confiaba en la elfa, tanto habían pasado juntas, que no podía negar que le apreciaba. Eleanor sonrió y tomo su mano, Quariel se dejo guiar, como una niña que sigue a ciegas a su madre, sin importarle lo que ella hará.

La elfa de blancos cabellos, era ágil y sus sentidos en ese momento estaban a flor de piel; las dos se movieron entre los árboles, sin ser detectadas, hábiles como los venados, se movieron en la tierra y no dejaron rastro visible, solo su aroma en el aire, como una presencia invisible, tan etérea como los espíritus del mundo.

Las estrellas comenzaron a perder su brillo y enlazándose a este estaba ya el fulgor del amanecer de puntillas, aproximándose, pues las horas comenzaban a alargarse en la ruta que realizaba la elfa sin temor alguno. Por alguna razón parecía que corría contra las horas y a la vez, utilizaba sus instintos volviéndose prudente y extraña a su propia alma.

Pronto el paso se detuvo. Frente ellas estaban las runas esperándolas, invadiéndolas, volviéndose parte de aquél circulo que les rodeaba y engañaba, a la vez, formaba parte de otra antigua construcción y enlazándose así se conjuraba el misterio de aquella ciudad que a las pocas luces de sensatez en Eleanor, habían guiado

Cada centímetro de aquellas ruinas guardaban sus secretos celosamente y las mujeres llegaron dispuestas a desenterrar esos secretos, pues de eso dependía el sostén del Realengo, la protección de la piedra y la propia vida de la humana, que ya estaba en juego.

Eleanor Ronaele

-La llama instintiva de la luz traerá a toda alma paz o sugerente

razón para que pueda apiadarse de su alma y entonar otra canción.

Eru, entonces, habrá de guiarnos a través de la luz más recondita de

estas tierras y lograr que el amanecer que han creado los Valar me

devuelva la fe-dijo la elfa con fuerza dejando que una lágrima

cayera de sus ojos volviendo dócil la fe ante la inmensidad de aquél

sentimiento que la poseía

El sol salió tras haber pronunciado aquél ruego la elfa nandor.

Los primeros rayos penetraro aquella antigua muralla de recuerdos iluminando el rostro de Eleanor y luego dejando al descubierto las huellas del pasado y del futuro escrito.

Siendo lejana a la razón sabía que aquél camino que siguió era gracias a esos simbolos que habia entendido por la noche y por la mañana había perdido ese saber.

Mas al despertar de un sueño leve apariencia de realidad tenemos de todo pues aún no hemos cobrado la razón que niega la sabiduría del

ignorante soñador que en su locura reconoce los más sutiles signos que le llevan a la grandeza inmortal

Así fue que la elfa Eleanor pudo apenas comprender aquellos signos

para saber que estaba dentro de las runas a salvo de la sombra de

Arestel o del propio Rey pues ni una ni otro podrían hacer caso de la locura que poseyó el cuerpo de la elfa nandor.Aunque ella reconocía que Etnad podría llegar a ella sólo sí diera la orden el Rey o ella misma y, en ese pensamiento, tuvo miedo del poder de persuasión del Maia mas su amor de niña calmó esa angustia confiando a Eru su suerte y la de la humana en aquella aventura que les había impuesto el destino.



-Sin embargo-dijo siguiendo su pensamiento en voz alta-...aqui todo es distinto...

Eleanor miró tras suyo mirando atentamente los simbolos que le llevaran allí... algo dentro suyo, un instinto tal vez, le decía que estaban en el lugar correcto, pero aún no era tiempo. volveré por ustedes, creedme,pensó mientras sus ojos cerrados completaban aquél juramento.

Un sonido sonó lejos de ella, la elfa nandor miró los ojos de la humana

-¿Vienes?-dijo con dulzura

Al verla levantandose gritó un nombre en silencio virando su rostro hacia el sol amaneciente.

-Espero que sepas que estas haciendo, Eleanor

La elfa sonrió y tomó la mano de Quariel, no dijo nada sólo comenzó a andar.

¿Norte o Sur?¿Hacia el Oeste o el Este?

Eleanor no sabía hacia que dirección iba pero el sonido la llevaba lejos del centro de las runas, ellas iban hacia otro lugar de estas runas.

Las sombras comenzaban a dibujarse en los rostros de las dos mujeres mientras la elfa nandor seguia avanzando. En ese momento Quariel sintió la mano de Eleanor apretando la suya, se había detenido mirando atenta a otra persona...

[Editado por Eleanor_Ronaele el 11-11-2006 22:30]

Alalmë

-... Por supuesto que no he dejado a Hadar al cuidado de la casa. Las llaves se las he dejado a su madre, y se ocuparán ambos.

-Estaría empacando cuando hablaste con ellos. Tienes toda una responsabilidad...- dijo Apacen.

-En realidad, desde que me quedé sola reduje al mínimo los animales, y tengo arrendados varios prados. Así, cuando se instaló el gobierno permanente en Ost-en-Aël tenía suficiente tiempo para viajar a la capital... Eh, ¿qué es eso?

La mujer miraba por encima de las llamas a lo que debió ser un callejón. Mientras hablaba, Laumon, con los pelos erizados, se había puesto en pie y comenzado a aullar. Al otro lado de la fogata, Naulë había hecho lo mismo.

- Siento una presencia...- Apacen pronunció estas preguntas en voz baja.

- Yo la he visto.- Alalmë sacó el cuchillo de su funda, tomó el grueso palo de caminante y gritó.- ¿Hay alguien ahí?

- ¿Por qué has hecho esto?

-Porque quien esté ahí fuera nos ha visto. Si sabe que ha perdido el efecto sorpresa, tal vez se desanime. Voy a investigar.

Alalmé se levantó, y con el lobo a su lado se adentró en el callejón sombrío. No se oía nada, ni siquiera el viento entre las piedras. De repente vio una sombra, podría ser un reflejo de la luna. Pero no, Laumon había vuelto a erizar los pelos del lomo y sólo la mano de Alalmë tanquilizándole evitó que aullara.

Era una cabellera y una capa que flotaban al viento, sólo que no había viento. Desapareció de manera tan rápida y silenciosa como había aparecido, y fue entonces cuando Alalmë pudo recuperar del todo su aplomo. En silencio volvieron al calor de la hoguera y se sentaron.

- No era lo que tú creías- Apacen sonrió.

- No. Casi lo hubiera preferido...- Alalmë se envolvió más aún en su toquilla. Había viajado mucho, había conocido gentes y lugares muy distintos... Pero ahora hubiera dado cualquier cosa por estar al calor del hogar en la Hondonada del Espino.

Entonces fue cuando los dos lobos se levantaron al unísono, las orejas enhiestas buscando un sonido que provenía del lado opuesto a la sombra. Cuando las figuras entraron en el claro, se colocaron en postura desafiante, nerviosa, pero nada que ver con la inquietud anterior. Quienes estaban delante de ellos eran mucho más materiales. Alalme se levantó, aún blandiendo el palo.

- Caminantes, amigos o enemigos. Si sois amigos, este fuego es también vuestro. Si no venís en busca de reposo, estamos dispuestos a defendernos.

Izilsurias

"Viene de la Venta de Hanorien" Escrito por: Izilsurias (Eliahel)

Mientras los soldados quitaban las piedras del lugar la Reina trataba de descansar en brazos de su esposo...Nadie jamás había visto en ese estado a la fría, incansable e implacable Reina de La Fortaleza de hielo.

Ilimo: Mi amada…¿seguro que en tu estado podrás cumplir tan difícil misión?. Me preocupo por ti y….

Izilsurias: Mi querido y buen amado esposo…pese a que nadie, de los aquí presentes puede entrar en nuestras mentes…te rogaría que por el momento borraras eso de tu pensamiento…el enemigo esta por todas partes y como bien sabes yo fui parte de su creación hasta que renuncie a el por nuestro amor. El si seria capaz de saber lo que con buen cerrojo debemos guardar en secreto sepulcral por ahora. El esta cerca..le siento...y su mera sombra despierta en mi aquello que debe permanecer enterrado...Aun me duele...

La Reina posó su mano en su corazon, con un gesto de dolor...y el Rey la abrazo con ternura.

Ilimo: A mi tambien..eso es algo dificil de olvidar, pero gracias a Yavanna, Manwë y el resto de nuestros hermanos, estamos aqui para impedir que de nuevo su sombra invada todo cuanto este a su alcance.

La Reina asintió con la cabeza y se dejo caer en los brazo de su amado esposo.

Ambos Reyes tenían por costumbre, hablar entresi a través de sus mentes y mas cuando se trataba de ocultar cualquier detalle importante.

Izilsurias: Arestel, debemos acceder a los túneles antes de que se oculte el sol, el resto ya están casi en la entrada superior de Taverceta…Debemos llegar al centro del túnel antes de mañana por la tarde.-Dijo la Reina con tono firme.

Arestel miro a la Reina extrañada y con pocas ganas de obedecerla, pero en ese instante vio algo que la hizo mirar a la Reina con otros ojos…Había una luz extraña en los ojos de Izilsurias, como si se encontraran entre la vida y la muerte…como si algo…empezara a quitarle el velo de dureza y frialdad que siempre la había caracterizado.

Arestel afanó a los 4 elfos que estaban quitando las piedras que cerraban el paso hacia los túneles para que fueran más rápido, mientras ella y Astaroh preparaban antorchas para todos.

El Rey de acuerdo con la reina sugirió a los elfos y hombres que se quedaban en la puerta que se refugiaran y camuflaran para que nadie les encontrara.

Ilimo: -Este enemigo no es como el resto. Su Sombra Maldita es impredecible y de enorme poder….así que ocultaros y no os fiéis de nadie que no conozcáis. La Reina y yo os entregamos este manto para que os protega de esa Sombra, pero debéis ser vosotros quienes decidáis donde ponerla para que os sirva de refugio.

-A sus ordenes Alteza.- contesto el de mayor rango.- Estaremos seguros bajo vuestra protección como siempre hemos estado.

Al cabo de pocos minutos los 8 penetraron en aquella entrada oscura y húmeda pero la cual olía como si jamás hubiera permanecido cerrada. En la entrada había unas letras en elfico antiguo las cuales rezaban:

Esta puerta antes sagrada, fue mancillada con la sangre de muchos

Esta tierra antes llena de luz, se cegó ante la vil traición

Dos Razas antes unidas por la paz y el amor

Fueron separadas por la mentira y el horror.

Tan solo los guardianes que velaron por el secreto

Podrán despertar a aquellos que una vez vivieron en Luz

Y que ahora moran en la oscuridad.

Tan solo aquellos que nos desterraron a la muerte en vida

Podrán retornarnos a la casa del Eterno descanso.

Cuando el traidor sea encontrado y su maladad vencida

Narquelië

Quariel volteo y alcanzo a mirar el fuego que ya había visto antes, cuando Etnad la condujo hacía ellos.

-No son peligrosos-le susurro, lo más bajo que pudo-El hombre esta ciego Eleanor, pero ignoro por qué están aquí.

La elfa le sonrió y comenzaron a caminar hacia ellos, fue entonces cuando la mujer se levanto y hablo con voz firme, sosteniendo un palo en las manos.

-Somos amigos y sí nos permiten, tomaremos vuestra invitación de sentarnos junto al fuego-les dijo Eleanor, quitándose la capucha, dejando ver sus blancos cabellos-Ella es Elenoriën y yo soy Narmince, simples viajeras.

Narquelië se quito la capucha y miro a las personas que tenia enfrente, no dijo nada, se mantendría al margen de aquella situación, le hecho un vistazo a los lobos y temió que aquellos animales le reconocieran.

La mujer miro desconfiada las espadas de Elenoriën, ella le devolvió la vista desdeñosa, hacía el palo que llevaba en las manos. Narmince se apresuro a hablar.

-Sí, venimos armadas, pero es por protección-Eleanor saco una parte del mapa y se lo mostró a la mujer-Estamos buscando un tesoro y el mapa nos ha traído hasta aquí, pero tememos de los ladrones, que nos han atacado varias veces. Más ahora lo importante no eso, Señora, ¿Cuáles son vuestros nombres y por qué están en estas ruinas tan oscuras a los ojos de toda Arador?

Alalmë

Los helkerianos les hicieron un sitio en torno al fuego. Ambas damas parecían reservadas, sobre todo la humana de cabellos negros, que era algo más joven que Alalmë. Ésta seguía sujetando el fuerte bastón de peregrino con una mano, mientras acariciaba la cabeza de Laumon, que reposaba en su regazo.

- Mi nombre es Alalmë y este es mi compañero Apacen. Estos son Laumon y Naulë- dijo, refiriéndose a los lobos.- Todos venimos del norte, de las tierras de Helkelen.

-Y ellas también vienen del norte- dijo el hombre ciego.

Todos los presentes le miraron.

-Y no son de nuestra tierra- continuó con una media sonrisa la mujer.- Bien, señoras, tampoco eso es importante ahora, ¿verdad? No hay que decirlo todo.

-Nosotros también venimos buscando un tesoro- volvió a hablar el hombre.

-Venimos buscando respuestas, Apacen- Alalmë le interrumpió.

-Hay tesoros que no se pueden tocar, y que suponen mayor fortuna que los tangibles.

- Apacen, yo ya sabía eso cuando tú aún dormías en brazos de tu madre- se dirigió entonces a las dos extrañas.- Veo que están bien provistas contra los ladrones corpóreos, pero en este lugar creemos que nos acompañan otro tipo de seres contra los que no valen el acero ni la piedra. ¿Saben ustedes algo de ellos?

Eleanor Ronaele

Eleanor se sonrió ante la conversación entre la dama y el hombre a costa de no reir.

"..Veo que están bien provistas contra los ladrones corpóreos, pero en este lugar creemos que nos acompañan otro tipo de seres contra los que no valen el acero ni la piedra. ¿Saben ustedes algo de ellos?.."

La pregunta resonó sobre los oídos de la elfa y no meditó mucho antes de hablarles


-Sabemos parte de alguna que otra leyenda, aún así son de temer más los hombres que los espiritus, señora... los primeros buscan sangre o gloria, mientras que los segundos buscan paz.

Sí desea podemos contarle lo poco que sabemos aunque temo que pronto llegue el alba y sea mejor andar por un camino común... sí ustedes lo permiten, claro....

Apacen

-Nuestro fuego, es vuestro fuego – Dijo Apacen en tono amistoso. – Hoy ha sido un día largo y ajetreado, descansemos hasta la llegada del alba. Hay algunos temas que son mejor tratarlos con los primeros rayos del sol y una buena taza de café.

Con un sutil jesto, Apacen les señalo el fuego, después agarro a Alalmë por su brazo izquierdo y dejo que le guiara de regreso a la hoguera, donde Laumon y Naulë se encontraban rondando. Elenoriën y Narmince les siguieron y se sentarón frente a ellos. Por unas horas podrían dejar atrás sus pesares y preocupaciones.

Con la llegada del Alba, Alalmë se dispuso a prepara el desayuno, ayudad por las dos nuevas acompañantes, había llegado el momento de escuchar el relato ....

Narquelië

No le temió mas a aquellas gentes, pero no podía confiar en ellos, sin embargo en aquel momento dejo de preocuparse, sentía los parpados pesados, debía descansar y recuperar la fuerza que perdió en tan pocos días, se sentó junto al fuego y miró a Narmince, la elfo le sonrió de forma afable, entonces se recostó y cerro los ojos, al instante fue secuestrada, por los dulces brazos de Irmo.

Una mano toco su rostro y la luz del sol le dio en los ojos, se sentó y paso la mano por su rostro, se despabiló y miro a su alrededor, Eleanor le indico que se acercara a Alalmë, ésta ya prepara un sencillo desayuno, Narquelië se toco el estomago, las lembas de la otra noche, no eran suficientes. Por lo tanto, no tuvo otro remedio, mas que ayudarle, aunque lo hizo en silencio, atenta a todo lo que pasaba a su alrededor.

Cuando terminaron de desayunar, escucharon las palabras de Eleanor.

-Es poco lo que averiguamos de este lugar y lo que sabemos, viene de leyendas y mitos, aunque-Narmince miro a su acompañante-Al escuchar aquellas historias, supe que algo tenían de verdad.

“Se dice, que la maldición de Tavarcerta, proviene de una gran traición, ésta origino una batalla, en donde se perdió un gran numero de vidas, sin embargo, la traición fue mas allá de una guerra civil; se incrusto en las almas de cada uno de los habitantes de estas ruinas, a consecuencia de esto, el camino de este pueblo se dividió en dos, aquellos que traicionaron a los suyos, fueron maldecidos y sus almas están atadas a esta ciudad, incapaces de volver al dominio de sus dioses, a causa de la traición de sangre.”

Narmince termino de contar lo que sabían y miró a Quariel, ésta asintio en silencio y miró al cielo, despues cerró los ojos y se tocó el pecho, ahí escondido, bajo la tunica, descansaba el broche de Izilsurias, estaban a salvo, de aquellos espiritus malditos, lo suficientemente poderosos, para controlar el alma de las personas.

Fue entonces, que una bandada de cuervos aparecio de entre las ruinas, Quariel hizo una mueca.

-Vaya que son rapidos- alcanzó a susurrar mas para sí, que para los demas- Narmince, hay que movernos ya.

[Editado por tari el 08-02-2007 02:50]

Alalmë

-Apacen, busca un saquito de lienzo en mi bolsa grande, por favor. Ya que no haces nada...

En realidad, no quería meterse con su compañero, pero era el único con el que podía hablar aquella mañana. Sus nuevas compañeras no se mostraban hostiles, pero sí encerradas en sí mismas, y para alguien tan charlatán y afable como Alalmë aquel silencio era el equivalente de una losa.

- Tienes muchas cosas aquí...- dijo el hombre, rebuscando en el fondo de las alforjas.- ¿Será esto?

-No hombre, estas son las hierbas medicinales, por si tropiezas y te abres la cabeza- Alalmë había tenido que dejar el fuego al cuidado de Narmincë.- Es esta... ¡Eh, Laumon, al suelo!- el lobo, juguetón, le había empezado a golpear con la pata delantera.- Ya os daré lo que sobre del bizcocho cuando terminemos.

-Mirad, este bizcocho seco se moja en la leche caliente... y queda otra vez esponjoso. Es muy bueno para los viajes- le dijo a su compañera de cocina, pero no ayudó a mejorar el ambiente.

Después de desayunar lo que buenamente pudieron, se dispusieron a escuchar la historia de Narmincë. Las dos se quedaron absortas un momento, hasta que el silencio fue roto por Apacen:

- Otro lugar maldito, como Férith ar-Karah...

- Sí, me lo contó Laureon. Estábamos trabajando en el descifrado de las runas antiguas, por eso me traje las tablillas de apuntes. Pero poco descanso vamos a tener para las aficiones, ¿no? Habrá que recoger el campamento.

Todos se pusieron manos a la obra, y antes de que el sol recorriera un cuarto de su rumbo en el cielo, ya estaban en camino con los aparejos a la espalda; los dos lobos, las dos mujeres, el hombre y la elfa.

Narquelië

Eleanor tocó el tesoro que llevaba entre sus ropas, quitó la mano inmediatamente, a sabiendas que podía llamar la atención de sus nuevos acompañantes, Narquelië caminaba junto a ella y delante de ellos iban Alalmë y Apacen, acompañados de sus lobos. La elfa de blancos cabellos no dejaba de pensar en la piedra, sabía que pronto la situación se les saldría de las manos, sintió una palma sobre sus hombros, la mujer le sacaba de sus pensamientos.

-Narmince, necesitamos saber en dónde esta la puerta- los dos helkerianos voltearon al escuchar su voz-Saca el mapa, tenemos que entrar a la ciudad subterránea lo más pronto posible.

-Hace apenas unas horas, no querías estar bajo tierra Elenoriën-le contestó la elfa, que sacó el mapa al instante.

La mujer se quedó callada y le miró de forma arrogante, Alalmë les miraba sin entender; Narmince revisó el mapa y señalo un punto al norueste.

-No podemos entrar por esa puerta y lo sabes, ellos vendrán por ese lado, es el camino mas corto desde la...- Narquelië se callo y reanudo sus palabras poco después- Busca la otra entrada.

-Entonces manda a tus siervos, una vez que estemos bajo tierra, estarás ciega y ya no sabrás en dónde están.

La bandada de cuervos sobrevoló a los viajeros, para después perderse en el horizonte.

-Ya es tarde, se han metido a los túneles y mis cuervos ya no podrán ayudarnos en nada-Quariel miró entonces a los otros dos.

-Aquí esta-Narmince señalo un punto en el mapa-No falta mucho, llegaremos antes de que el sol sea secuestrado por la oscuridad.

La elfa les mostró entonces el mapa a Alalmë y a Apacen y espero su respuesta

Ílimo

Los pasos resonaron sobre la capa de polvo que se había acumulado durante siglos en aquellas cámaras. Hasta el momento había estado callado, midiendo, observando, recordando, y sus sentidos eran ahora mas agudos que a la luz del sol, porque la oscuridad los rodeaba con sus peligros, antaño atados por magia; pero ahora volvemos a la jaula

No se tomarán con buen agrado que vengamos los que un día contribuimos a lo que son ahora_ siseó Ílimo a los congregados_ “debemos cerrar las puertas”_ dijo cortante,_ mientras, un brillo recorrió sus ojos, porque la magia recorría sus pensamientos y formaba palabras en su cabeza. Levantó las manos lentamente, como danzando, y pronunció unas palabras profundas como los abismos de la tierra, en un tono autoritario pocas veces oído. Las rocas se movieron, parecieron resquebrajarse; las puertas se cerraron y las rocas la ocultaron como habían estado antes.

Eso nos dará tiempo _asintió Izilsurias, comprendiendo que ella también había sentido la presencia de los cuervos de Narquelië_

I_ Tenemos otros asuntos en los que centrarnos, la misión es peligrosa y coincido con el resto en que no necesitamos a la irascible señora de Farothdin entre nosotros. Tenemos caminos diferentes que seguir y ya habrá tiempo de unirlos, pero no ahora. _recitó Ílimo con un semblante sombrío_

Arestel arengó a los guardias y se mantuvo cerca de su protegida, asintió en silencio decidida a avanzar.

I_ Entonces no hay tiempo que perder, vayamos a través de los pasillos y si la memoria no me falla, alcanzaremos el recibidor Sur antes del anochecer, es una sala amplia donde podremos descansar y defendernos si se diese el caso.

Apacen

Alalmë tomo el pergamino y lo estudió detenidamente. Hacia mucho tiempo que no pisaba las tierras colindantes de la Tavercerta, el tiempo no perdona, y menos la naturaleza que con avidez había reclamado aquel lugar para si.

-Hace tiempo que no pisos estas tierras- Dijo, tras una breve pausa – Si no me equivoco debemos estar situados en este punto mas o menos – Señalo con el dedo una zona del pergamino.

-Excelente, ¿nuestro destino donde se encuentra? – pregunto Apacen.

-Es este punto de aquí – Señalo Narquelië – Es la entrada a los túneles, entonces deberíamos ir hacia el noreste.

-No, eso nos llevaría en la dirección equivocada – Respondió Alalmë – Fíjate bien, este dibujo más grande corresponde a esas ruinas que se ven al final de la calle. – Señalando con el dedo en dirección sureste, después dio la vuelta al mapa – Ahora esta bien orientado, debemos descender por esa calle y después girar a la derecha, hasta alcanzar esta plaza.

Apacen asintió con la cabeza – Pues a que esperamos, pongámonos en marcha cuanto antes – Dijo Apacen en tono alegre, intentando animar al grupo – Sus intentos por limar asperezas fueron recogido con frialdad por parte del grupo.

Apacen se agarro al brazo de Alalmë -Bien parece que tu serás la guía – Le dijo con una sonrisa – Apresurémonos, tengo la impresión de que no somos los únicos que han venido a este lugar.

El grupo se puso en marcha siguiendo las indicaciones de Alalmë, a medida que ivan avanzando una duda surgió.

-¿Tenemos un punto en el mapa, pero como sabremos donde buscar la entrada? – Pregunto Narquelië.

-Fácil, debemos buscar una especie de templo, cuya entrada hay una larga escalinata para acceder a el, custodiada por dos estatuas de unos paladines. En el arco de la puerta se puede leer la incrispción: Bebe profundamente de la victoria y recuerda a los caidos

Alalmë detuvo la marcha y se encaro al joven –¿ Desde el principio sabias lo que estábamos buscando y no has dicho nada? – Le dijo en tono de regañina.

Apacen puso cara de circunstancias –Preguntaron como llegar, yo no se como llegar, solo he visto el lugar. - Dijo Apacen despreocupado.- Vamos no hay tiempo que perder

[Editado por percebal el 25-02-2007 22:01]

Narquelië

La estrella de la tarde, ya brillaba en el firmamento, cuando se acercaron al lugar indicado en el mapa, la oscuridad de la noche comenzó envolverlos, como a la ruinas del templo que se alzaba frente a ellos. Tal y com dijera Apacen, ahí estaba la escalinata y al final la forma de dos paladines, todo estaba claramente dañado por las inclemencias del tiempo. Alalmë hizo ademan de prender una antorcha, pero Eleanor movió una mano y le indicó que no lo hiciera.

-No lo hagas, no debemos llamar la atención, la oscuridad nos protejera-le alcanzó a decir-Con mi vista y la luz de la luna basta.

La mujer asintió en silencio, los cuatro observaron la entrada, fue entonces que Narquelië cruzó las escalinatas hasta llegar a la puerta, se encontro con un muro de roca, imposible de abrir.Ya volteba para avisar a sus acompañantes, cuando notó un simbolo que conocía muy bien, el simbolo de la piedra de Orn estaba tallado en las manos de los paladines, ¿Qué podia significar aquello?, Quariel se tocó la frente y trató de pensar, sí el signo de la piedra estaba ahí, entonces su destino y el camino que habían recorrido las dos, para proteger aquel objeto de los reyes, llegaba a su fin; negó con la cabeza y le habló a Eleanor, le indicó que sólo subiera ella. Cuando la elfa subió y se encontro con aquello, fruncio el ceño.

-Tú muy bien sabes, que estas malditas ruinas estaban relacionadas con la piedra- le dijo Narquelië- pero si la escencia de Orn es en verdad lo que une los brazaletes de Nolemoth, entonces, el fin de la piedra estaria aqui y por lo tanto...

-Los reyes no son tontos- le interrumpió Narmince- Sí la piedra tiene una funcíon aquí, la realizara, pero debera desaparecer otra vez, antes de que todo comience otra vez.

-¿Qué pasa?-gritó Alalmë.

Las dos se miraron, ignorando las palabras de la mujer, entonces y con la complicidad de siempre, sacaron la piedra y la agarraron entre las dos(lejos de la mirada de Alalmë), entonces y tal vez por la obra de la Rosa y el Lirio, la piedra emitió una tenue luz, la acercaron a la puerta y esta se abrío, dejando paso al olor de la tierra y la muerte. Eleanor ya hacía ademan de guardarla cuando escucharon la voz del vidente.

-La luz es lo unico que nos salvara a todos, yo que ustedes no guardaria la piedra.

Alalmë

Lo que hasta entonces parecía un muro impenetrable se había despegado del pórtico por uno de sus lados, y ante sus ojos aparecía una puerta entornada. Alalmë oyó las palabras de Apacen y sólo atinó a decir:

-¿Piedra?- y siguió para sí: "¿Por qué no tendré yo visiones y este tipo de cosas espectaculares, oh Madre, de la que todo crece?"

Ante sus ojos pasaron ambas mujeres, primero Eleanor y luego Narmincë. No veía bien lo que llevaban en sus manos, que emitía un extraño resplandor. Laumon daba vueltas en torno a sus piernas, evidentemente nervioso. Las ruinas los mantenían a todos en permanente estado de intranquilidad, pero aquella puerta era aún peor.

-Venga, Naulë, los espíritus saben que no venimos a molestarles...- decía Apacen.- Ánimo, Alalme; si quieres, puedes tomarme del brazo, al fin y al cabo yo veo lo mismo dentro que fuera.

-Está bien, señor del Hielo. No, ven hacia aquí, que si no tropiezas con la puerta.

Y así cruzaron el umbral entre el Aire y la Tierra, entre la penumbra y la oscuridad más absoluta. Alalmë tenía la sensación de oir voces, de percibir presencias extrañas, y a la vez familiares; no sabía si la llamaban o le ordenaban que saliera de allí.

"Retiro lo dicho, mi Señora, mejor que lo oculto siga como está..."

Darlak Lórindol

Entre tanto, por otro hueco, apareció un grupo numeroso de personas que habían deambulado durante mucho tiempo por el bosque de alrededor de las ruinas. En ese grupo de exploración se hallaban Anariel, la sacerdotisa de Heren Fanyarea, Bohr, hijo de Alsenot y principe de los ramalië, Nielunë y Rialath, valientes guerreros que habitaban las tierras fanyareanas, Valandil, señor del bosque Taureruin, en Lempe Ohtari, Darlak, senescal ohtari, las sagaces ohtaris Vanadessë, Sonyariel y Eleth, y Báldor, caballero esteldili.

Con ellos llevaban dos objetos, dos brazaletes que habrían de cumplir su misión en la oscuridad de aquellas ruinas, uno había sido encontrada por Rialath en el mismo bosque, el otro lo llevaba Darlak y procedía de las lejanas ruinas de una ciudad contemporánea a Tavarcerta, la esplendorosa Amaurenori.

Venían del bosque y, tras caminar por una especie de tunel habían conseguido encontrado con una pared llena de musgo reseco, algunas ramas y enredaderas de las cuevas. La sacerdotisa de Heren había limpiado la pared y, tras la misma, habían descubierto una puerta.

- Hemos encontrado la puerta, al fin - dijo Anariel volviéndose hacia los demás

Todos se quedaron mirando asombrados la puerta que se había descubierto ante ellos.

[Editado por aratir el 07-03-2007 00:15]

Narquelië

Tus manos están manchadas con sangre ajena

¿Hace cuanto tiempo que pasó?

Narquelië cerro los ojos y se detuvó un momento,la oscuridad envolvía a los cuatro viajeros, pero ella se sentía ofuscada, no era bueno que escuchara voces y menos ahí. Eleanor le tomó la mano y eso le brindo un poco de paz, respiro y se dejo guiar por la elfa de blancos cabellos, que llevaba la piedra en la otra mano, esa era la única fuente de luz, aunque la mujer seguía sintiéndose mal.

La luz de nuevo regresa a nosotros

Movió la cabeza y trato de pensar en otras cosas, poco a poco, las voces desaparecieron de su cabeza, se pregunto sí sus acompañantes escuchaban lo mismo, los miró y después regreso su vista a la elfa.

-No debimos venir aquí-susurro para sí, se quedó en silencio un momento y después le pregunto a la elfa- ¿Sabes a dónde vamos?

Eleanor negó con la cabeza y le señalo la piedra, Narquelië tocó con su mano el objeto, el brillo se intensifico un poco, sintió como unas pequeñas vibraciones subían por su brazo hasta su cabeza. ¡Era eso!, la piedra los estaba guiando, como sí ya supiera cual era el final de aquel turbuloso camino.

Las voces seguían en su cabeza, pero ya no distinguía las frases, sólo un pequeño rumor en el aire, que crecía a medida del avance de sus pasos.

Una luz aparecio a los lejos del tunel y lo que era un rumor, se convirtió en voces, voces pertenecientes a un grupo no muy numeroso de personas.

-Te lo dije, no estamos sólos- le dijo Apacen a Alalmë.

Los cuatro se detuvieron, Narquelië quitó su mano de la piedra y la llevo a una de sus espadas, Eleanor hizo ademan de guardarla.

-No te precipites- le alcanzó a decir a la mujer.Ella asintió en silencio. Alalmë sostuvo el palo entre su manos, mientras que los animales comenzaron a inquietarse.

[Editado por tari el 04-03-2007 22:25]

Rialath

Ruido, Rialath lo oyó, se echó a un lado, a oscuras, y avanzó hacia la fuente del ruido sin decir nada a nadie, desenvainó la espada con un siseo sordo del metal, la luz destelló solo un segundo en ella, pero Rialath supo que lo que fuera que hubiera ahí lo había visto. Contrariado Rialath suspiró y se plantó en medio del tunel, capucha echada, con la espada y la daga desenvainadas y a la espera, no iba nadie a pasar sin antes tumbarlo a él, se puso en guardia y a la espera, veía sombras delante de el y eél mismo era una sombra que se destacaba en la penumbra por la luz que llegaba de atrás.

- La suerte está echada- espetó con un susurro.

Ílimo

Abrió los ojos y se apoyó sobre su callado escrutando la penumbra, la luz se escapaba entre los dedos que sujetaban el cristal de luz e iluminaba sus ojos acuosos, su rostro serio, su semblante cansado; pero aún quedaban fuerzas dentro de aquella carcasa de carne y hueso que sujetaba su espíritu divino a los avatares del mundo.

¡E aquí el recibidor principal!_ dijo con una voz grave, y levantó el cayado para que la luz iluminara con más fuerza la gran estancia._ ¡ desde aquí podemos ir a la botica y allí buscar si queda algo de lo que buscamos! _ dirigió una mirada comprobatoria a Arestel que correspondió con un serio asentimiento_ no podemos confiar en pasar desapercibidos, es cuestión de tiempo que pasen por aquí los espiritus; si no saben ya que estamos dentro…algo les debe entretener…

Sus pisadas resbalaron en el polvo de la estancia cuando se fijaron en lo que antes fueron unas formidables puertas de roble. Ahora eran un desvencijado amasijo de placas de madera carcomida que luchaban por no venirse abajo. Paladeamos una corriente de viento viciado saliendo de aquel pasillo, entramos en el pasadizo y boqueamos buscando el aire; Arestel flanqueando a Helen, yo delante, e Izilsurias guardando la retaguardia con la pequeña guardia personal ¿Cuánto durarían aquellos infelices?, tal vez fueran los primeros en caer

Izilsurias tomó la palabra, aparentaba estar mas cansada pero hacia gala de un gran autocontrol. Su semblante era serio pero estaba atenta a los rumores de voces apenas imperceptibles, escuchando el lenguaje de los espíritus que hablaban entre ellos a lo lejos. Sus ojos violáceos destellaban a la luz que llevaba colgando de la muñeca, engarzada en una cadena de plata; su melena de ónice caía sobre su hombro, su mano siempre en tocando la empuñadura de su espada, lista para desenvainarse contra un enemigo invisible.

¡Ílimo! _ Izilsurias habló para todos_ el silencio es más significativo que mil voces, la aparente calma es pasajera: los espíritus murmuran, saben que estamos aquí pero ahí otros en los túneles, démonos prisa…

¿Nos atacaran…

_ Vendrán a por nosotros uno a uno, seremos los siguientes o los últimos, pero habrá conflicto aún para nosotros, ¿creéis que esto nos ayudara? _ dijo elevando su cadena con la luz tintineando_ no seáis ingenuos y apresurémonos a salir de aquí

_ Ílimo se dio la vuelta y pareció mas alto y desafiante que antes, un brillo recorrió sus ojos_ ¡tengo más recursos que la hechicería! y desenvainó su hoja al aire y el sonido del metal saliendo de su funda se convirtió en una tenue melodía que reconfortaba los corazones_

(…)

Dejaron atrás las puertas carcomidas, los muros eran de blanca piedra que se deshacía como arena bajo el tacto de la mano. Una cenefa en bajorrelieve relataba una historia protagonizada por muñecos desgastados. Helen preguntaba a Arestel e Izilsurias traducía las runas con un tono desapasionado, sintiéndose molesta. Los guardias estaban inquietos y yo velaba por todos en silencio, buscando en mis memorias canciones de magia, enlazando…al final rompió su silencio y dijo:

En estos relieves se representa una de las pestes que sufrieron los antiguos hombres de Tavarcerta, en aquellos días Melkor envió una nube infecta que hizo estragos. Aprendieron la lección, enterraron a sus muertos, relataron aquí la historia y construyeron una de las más grandes boticas que he visto nunca, con enfermerías y una biblioteca… ¡te encantará estar allí Arestel ¡ aunque quede solo un rastro de lo que fue, será impresionante!

Llegaron a las puertas de madera negra, cerradas pero débiles, enmarcadas en un marco de piedra labrada con volutas. En un tono nostálgico sentenció “he aquí la botica de Tavarcerta, salvadora de vidas, orgullo de aquellos tiempos pasados de guerra y asedios”

Darlak Lórindol

- ¡Vaya!- se oyó en el pasadizo y un leve resplandor blanquecino se percibió en la mano de Darlak que había vuelto a sacar el brazalete. Sonya, Eleth y Vanadessë, que estaban sentadas a su lado, miraron asombradas el objeto, que brillaba otra vez pálidamente. La joven Lissë se tocó su tripa esperando que sufriera de nuevo el mismo dolor que sufrió horas antes en el bosque cuando el brazalete brilló como ahora. Pero esta vez el bebé estaba tranquilo, parecía.

Habían estado unos minutos debatiendo sobre qué hacer a continuación mientras otros habían intentado abrir la puerta por la fuerza. ¿Que se suponía que tenían que hacer ahora que habían encontrado la puerta? Pero nadie tenía una respuesta convincente y algunos pidieron que regresaran y olvidarán aquello.

– Estamos unidos a este misterio desde el momento en que nos internamos en el bosque, no hay marcha atrás, salvo que queráis vivir con la maldición de este lugar durante el resto de vuestras vidas… había dicho Valandil, a lo que había añadido Eso en el mejor de los casos, porque dudo que el bosque nos dejara salir con vida de aquí.

Ahora todos estaban callados, inmersos en sus propios pensamientos, nadando en sus propios temores. Frente a Darlak y los de Lempë, se hallaban sentados Bohr y Niëlúne. El resto se hallaba a la izquierda, un poco más atrás del pasillo.

- El brazalete está interactuando con la puerta, no hay duda de que estamos en el lugar correcto – dijo Anariel al ver el resplandor que irradiaba el objeto en manos de Darlak

Mientras, el maia Súleglîn intentaba de nuevo ponerse en contacto mentalmente con Izilsurias e Ílimo, a los que conocía desde mucho tiempo atrás, pero todo intento resultaba en vano. Dejó la tarea durante un rato mientras que se sumergía él también en sus pensamientos. No había duda de que les faltaban los otros brazaletes y la piedra para abrir el portal y sabía que los reyes de Farothdin los tenían en su poder, al menos la piedra y uno de los dos brazaletes. Una solución era volver por donde habían venido y viajar a las tierras del Realengo, pero no cabía duda de que esa empresa resultaría imposible. ¿Qué podían hacer entonces? Ensimismado en esos pensamientos fue cuando se encontró con la mirada de Niëlúne. Supo ver en su mente los confusos pensamientos de ella en relación a aquel lugar. Pocos sabían como ella la verdadera magnitud de la maldición que mantenía encerrados a los antiguos habitantes de la ciudad, sólo Rialath. ¿Rialath? El maia se dio cuenta entonces de la ausencia del caballero, había desaparecido. ¿Dónde estaría?

Valandil se levantó y, sin decir nada, avanzó por el pasadizo por el cual habían venido. Halló a Rialath un poco más allá, espada en mano. El maia percibió que no estaban solos en aquel túnel. Sin hacer mucho ruido pero actuando lo más rápido posible alcanzó a Rialath, sujetándolo con los brazos.

- Eres demasiado imprudente – le dijo al oído.

[Editado por aratir el 07-03-2007 21:30]

Niëlúne Lambar

Valandil salió al encuentro de Rialath que, sin darnos cuenta, se había alejado del grupo al escuchar la proximidad de una presencia ajena.

-“Eres demasiado imprudente”-dijo el Maia al oído del hombre.

Rialath lo miró sin entender, pero Valandil ya se acercaba a las luces que eran cada vez más próximas.

Ya todos estaban preparados para lo que pudiera venir del otro extremo, la tensión se apoderó de sus cuerpos y con las armas dispuestas se prepararon para una posible batalla.

-Bienvenidos compañeros-dijo en voz alta para que todos pudieran escuchar-os esperábamos…

El grupo se miró extrañado, y unos gruñidos sonaron al otro lado de la extensa galería.

-No se alarmen Señoras, no hemos venido a pelear, en realidad esperábamos impacientes vuestra presencia-Valandil tenía toda la calma que el grupo no poseía.

-¿Qué ocurre ahí delante, Valandil?-preguntó Anariel preocupada. Por un momento cerró los ojos recibiendo la información que el Maia mentalmente le proporcionaba, luego asintió.-Bajad las armas-ordenó-son amigos, vienen de Faroth.

…. ….

Largo rato hacía que se habían encontrado y por fin, parte de la llave había sido hallada.

La hora se acercaba, y ninguno sabía cómo resolver el enigma y cómo hallar la parte restante de la llave que debía abrir la puerta…la Puerta que de alguna manera al ser abierta acabaría con la maldición, aquella imponente puerta se alzaba frente a los compañeros.

Niëlúne la miró aturdida y un presentimiento la llenó de temor. Recordó lo dicho por los espíritus que vagaban malditos entre las ruinas, “Cuidado al cruzar el umbral, pues un grandioso poder se oculta tras su sombra, un poder oscuro, cruel…” . No pudo más que reprimir un escalofrío y apartó la mirada de la puerta.

Escrutó las sombras de su alrededor y descubrió entre ellas al esteldili, éste los contemplaba a todos en silencio con una mueca irónica en el rostro. Comprendió entonces la ironía de todo aquello al ver el gesto de Báldor, intuyó sus pensamientos, dejarlos llegar hasta allí, hasta la misma puerta, para abrirla y con mucha seguridad, no volver a salir de allí.

La inquietud se apoderaba de ella y luchó por no desfallecer, por no sentirse vencida del todo aún sabiendo que la esperanza era poca.

Miró entonces a Rialath que estudiaba la puerta con detenimiento y se le acercó.

-Rialath-sus palabras salieron en un susurro apenas audible en la vacuidad de la caverna, y el humano la observó unos instantes.-necesito hablar contigo, necesito hacerte unas preguntas.

-Sí, claro-contestó incorporándose.

La semielfa lo agarró del brazo y lo apartó unos metros del grupo sin que apenas éstos se dieran cuenta concentrados en la puerta como estaban, aunque pudo comprobar un destello de duda en los ojos de Bohr que los observó unos instantes.

-Necesito saber qué te dijeron los…los espíritus, sé que viste sus almas porque yo también estaba allí, pero necesito saber exactamente qué te dijeron.

El dunedain dudó unos momentos que a la joven le parecieron eternos en la inmensa oscuridad que los envolvía.

-Sé lo que quieres saber Niel…sé lo que te inquieta, yo también lo siento.

Niëlúne asintió y bajó la mirada para observar unos pies que apenas alcanzaba a ver en la negrura.

-Hay algo ahí…-las palabras se le atragantaron.

-No sigas, ni siquiera sabemos lo que hay ahí detrás, cuando consigamos abrir la puerta lo descubriremos. Aunque he de reconocer que siento lo mismo, no me gusta nada este lugar, y aún menos deseo conocer lo que nos espera al cruzar la puerta…

Tras unos segundos silenciosos Rialath dio por concluida la conversación y volvió donde los demas a seguir investigando dejando a Niëlúne a solas con sus pensamientos. Se apoyó en la fría pared de la caverna y suspiró vaciando los pulmones para volver a llenarlos del aire rancio que inundaba el lugar. Se sentía cansada, extremadamente cansada como no lo había estado nunca. Miró a Wëthan entre las tinieblas que se expandían por el túnel y sintió la calidez salada de las lágrimas que resbalaban por sus mejillas. En las últimas horas junto a él lo había llegado a sentir tan cercano…y a la vez tan inaccesible, tan lejano.

Sacó la piedra de la bolsa que llevaba consigo y la observó. Una vez separada del resto de la fuente la inscripción volvía a ser un galimatías, palabras sin sentido.

Secó las lágrimas que bañaban su rostro e intentó no pensar, no sentir…cuán difícil era todo eso cuando todo era incertidumbre a su alrededor. Apoyó aún más su cuerpo sobre la pared para descansar la rigidez de sus músculos y cerró los ojos. Empezó a notar cómo algo se deslizaba por su espalda lentamente, como si la enorme roca que hacía de pared se deslizara tras ella. Miró a su alrededor pero todo seguía igual que antes, intentó tranquilizarse diciéndose que el cansancio le jugaba una mala pasada y se relajó cuanto pudo. Poco a poco el sueño la venció, era extraño pues no se había sentido tan cansada unos instantes antes, pero el hilo del sueño era demasiado fuerte, tiraba de ella aún resistiéndose hasta que no pudo resistir más. De pie, apoyada contra el muro de fría piedra se quedó dormida.

Entonces la pared se terminó de deslizar tras ella y su cuerpo se inclinó hacia atrás. Entre las sombras unas manos invisibles la agarraron y tiraron de ella arrastrándola al interior del agujero.

Nadie se percató, pues profundamente dormida no había tenido oportunidad de gritar si quiera. La pared volvió a su lugar sin un ruido en la espesa penumbra, cuando se cerró el cuerpo de la semielfa había desaparecido,y el único que rastro que quedaba de ella era un fragmento de piedra tirado en el suelo...

[Editado por mithril_ el 08-03-2007 02:21]

Alalmë

Apacen le preguntó en voz baja a su compañera:

-¿Qué pasa?

-Luces- ella sólo dijo eso, mientras su cuerpo se ponía en tensión y mepuñaba con fuerza el garrote.

-Te lo dije, no estamos solos.

La silueta se recortaba contra la luz, inmóvil a varias decenas de pasos. Sus dos compañeras de viaje estaban también atentas a sus movimientos, y dispuestas a atacar si daba un paso en falso. De repente, la luz se apagó. Quizá se preparaban para atacar, quizá se hubieran ido, y entraran por otro lugar para atacarlos por detrás...

-Esperad- dijo Eleanor.- Vuelve la luz... La estaba bloqueando.

Era un cuerpo lo que la había estado tapando, y ahora se movía. Eso era tranquilizador, los espíritus no son opacos, ni necesitan luces para guiarse... y si no era un espíritu, se podía vencer con armas materiales. Ese ser se acercaba despacio, hasta que oyeron:

-Bienvenidos, compañeros. Os esperábamos...

No podían verse los rostros, pero cada uno de los cuatro sabía que el rostro de los otros tenía la confusión pintada. Igual que el suyo propio.

Después de una prudente explicación, los caminantes se acercaron al grupo, que se encontraba enfrente de una gran puerta. Ya habían guardado sus armas, pero la primera sensación de confusión no se había retirado del todo.

- Gracias por el recibimiento, y por no acuchillarnos- dijo Alalmë- pero... creo que se han equivocado de compañeros ¿o no?-dijo mirando a las dos mujeres de Farothdin. Si eran una verdadera fuente de secretos, este podría ser otro de ellos...

[Editado por Ancalime el 09-03-2007 00:58]

Narquelië

Eleanor sintió como el cuerpo de Narquelië se tensaba, pusó una mano en su hombre y le indicó que no sacara la espada, sin embargo la mujer no quitó la mano del arma y miró con desconfianza a los viajeros. Poco a poco todos se acercaron a ver a los recien llegados, a la vanguardia del grupo, estaba un ser en cuya apariencia, se escondía un ser de luz. Entonces escucharon la palabra Farothdin, Alalmë les miró interrogante, Quariel negó con la cabeza.

-Amo huela tehuantin nican*-le dijo la mujer a la elfa, en la lengua de las dos ordenes de Farothdin.

-yehuat tetl nican inin- le contestó Eleanor, despues miró al ser que tenía al frente- A veces señor Súleglîn, el origen de las personas es lo que menos importa.

-Y nosotras ahora mismo, somos enemigas de nuestra propia tierra- Remató Narquelië, se volteó y le dijo a Alalmë-Que mal, que no sepa todo sobre nosotros noble señora.

Niëlúne Lambar

Niëlúne cayó en la oscuridad que todo lo envolvía, y se sintió arrastrada por el suelo de piedra por un puñado de manos invisibles. Intentó gritar, pero el sopor que la aprisionaba no se lo permitió. Intentó desasirse de las garras que la aprisionaban, pero sus fuerzas eran pocas.

Despertó de pie, las manos atadas; sus muñecas unidas por metálicos eslabones colgados del techo de la estancia. Le dolían los brazos al soportar todo el peso de su cuerpo muerto, intentó incorporarse pero trastabilló falta de fuerzas y volvió a quedar colgada de la cadena que la apresaba.

Abrió los ojos y miró a su alrededor. Solo vio oscuridad, y una basta soledad. La estancia estaba vacía salvo por ella que ocupaba su centro, sucia y pestilente, la humedad se calaba en sus huesos.

Una sombra pasó a su lado casi rozándola, arrancándole incontrolables espasmos de frío y miedo. Cerró los ojos con fuerza y deseo fervientemente no encontrarse allí; no sabía a lo que se exponía y eso la atemorizaba, en cambio, rodeada de amigos –como los que había dejado ante la puerta- se sentía segura por más peligros a los que se enfrentaran.

El frío rozó su nuca haciéndola tiritar de nuevo, las lágrimas bañaban su rostro y llegaban hasta la garganta. El extraño ser respiró en su cuello con detenimiento, saboreando el temor de su víctima.

-¿Qué quieres de mi?-gritó desesperada.

-Te quiero a ti-respondió aquel ser de voz cavernosa.

Un escalofrío recorrió la espalda de la semielfa al sentir la voz tan próxima a su cuerpo. Sollozando tembló, se sentía tan cansada, solo tenía que cerrar los ojos y dejarse llevar…Apretó los puños amoratados por la falta de circulación y reprimió el grito que pugnaba por salir.

-¡No!-apretó los dientes-Debo ayudar a mis amigos, me necesitan. Debo…

-No irás a ninguna parte. Ellos ya se han olvidado de ti, ni siquiera han reparado en tu ausencia.- Poco a poco la voz cambió hasta convertirse en un sonido familiar, tan cercano…- ¿Para qué los necesitas?

-Madre…-empezaron a fallarle las fuerzas al escuchar aquella cálida voz tan familiar.

-Sí hija mía, he venido a ayudarte…-ahora era dulce y transmitía comprensión, cuando unos instantes antes había estado llena de rabia, de odio…-Deja que te abrace mi pequeña niña, has crecido tanto…mis brazos te serán reconfortantes, siempre es duro conocer la cruel verdad…

-¿Qué verdad madre?-preguntó aturdida.

-La de tus “amigos”, querida. Ellos te han olvidado. Te suponen muerta, o huída y no les importa. No valen la pena… Ahora, has de venir conmigo mi niña, no te pasará nada a donde he de llevarte…”

Niëlúne lloró desconsolada, no podía entender, no podía creer lo que su madre le decía…se dejó vagar por los recuerdos y la vio. Los rizos del color del fuego enmarcaban su rostro de suaves facciones, sus ojos almendrados la miraban con ternura…ella siempre le enseñó a seguir adelante, siempre le enseñó a luchar. Vino entonces a su memoria el Bote de las Leyendas, recordó ver las aguas deslizarse bajo el barco y se dijo cuán hermoso sería vivir siempre así, deslizándose entre las aguas, lentamente…se vio en Amaurenori luchando por su vida y por la de sus nuevos amigos, y sobre todo vio a Bohr…vio su rostro preocupado tras su desmayo en las Casas de Curación de Yävetil, sus ojos de niño inconsciente que poco a poco había madurado hasta convertirse en el hombre que era, en el hombre que ella había conocido y había llegado a amar con tanta fuerza que ésta casi le oprimía el pecho. Se vio a sí misma cargada a brazos de Gakhân la primera vez que sus ojos habían visto la ciudad de Hón…recordó…se vio correr entre la maleza, agotada, asfixiada. Algo iba tras ella sin darle tregua. Vio la imagen con total nitidez, vio los espíritus atormentados que la hicieron huir un día del mismo lugar en el que ahora se encontraba. Entonces recordó: el sueño, la noche antes de la huída había tenido un sueño…

-No, eso que me dices es imposible. Conozco a mis amigos, sé que no me abandonarán. Sé que vendrán por mi.-dijo convencida.

El silencio volvió a anegar la estancia vacía, tanto que Niëlúne se sintió extrañamente sola, pero sabía que no era así, todo lo que ocurría en este mismo momento ya lo había vivido con anterioridad, en sueños…

-¿Estas totalmente segura?-contestó la voz al cabo de unos minutos.

-Lo estoy. Sé que vendrán.-le espetó sin ningún tipo de duda.

-Está bien, si estás tan segura…-la voz fue transformándose de nuevo gradualmente conforme pronunciaba las palabras- “Serás mía lo quieras o no…aunque confíes en ellos, tengas miedo o no…lo serás…

-Estoy preparada para lo que deba ser…mi alma está encomendada a Eru, no temo por ella…

-Ni los Valar podrán ayudarte…ellos nada tienen que ver con esto…-protestó la voz que había vuelto a su estado natural. Una risa sonó en la vacuidad de la habitación penetrando en sus oídos, taladrando su mente.

De repente una gélida mano le agarró por el cuello y apretó. Poco a poco fue quedando sin sentido, hasta que sus ojos se cerraron de nuevo a la negrura.

-¡Mía! Jajajajaja…

… …

Niëlúne despertó mareada. Abrió los ojos lentamente para descubrir que ya no seguía encadenada. Instintivamente se llevó las manos al cuello y palpó las marcas que le habían dejado aquellas horribles manos, sintió un dolor lacerante en la piel y en la garganta. Se incorporó sentada y miró a su alrededor; esta vez una leve claridad se filtraba por alguna grieta y pudo ver con más claridad, aunque lo que vio no le fue demasiado esperanzador : piedras, polvo, ruina…

Lograba adivinar un murmullo lejano, aunque no sabía de dónde procedía. Intentó escuchar y logró distinguir algunas voces, si amigas o enemigas ella lo desconocía.

Se levantó tambaleándose del suelo y apoyada en la pared se sostuvo. Frente a ella se alzaba una imponente puerta tallada en madera y piedra. Miró incrédula ante lo que tenía delante, casi sin pensar corrió hasta ella y pegó el oído a la madera. Las voces se escuchaban lejanas, pero estaba ahí:

Las voces de sus amigos, al otro lado de la puerta…

Ílimo

¿Cuanto tiempo pasó desde que entraron?, que más da, hay sitios donde el sentido de la temporalidad se pierde ante tanta maravilla, donde reina el vacío y la desorientación, donde te gustaría perderte por un tiempo. Aquella botica era uno de esos lugares. La gente se merecía dar rienda suelta a su curiosidad

¿No es asombroso?, la madera aún sostiene tantos y tantos tarros y volúmenes como si fuera el primer día. Materiales de la mejor calidad y secretos olvidados…Cuanto bien podríamos hacer con todo esto ¿no creéis? _dijo con una mirada codiciosa_

Pasó sus manos por las mesas, dejando las marcas de sus dedos impresas en el polvo. Las jarras, los ceniceros, los libros abiertos… y…la marca de otras manos, no humanas, recientes..Un temblor recorrió el cuerpo de Ílimo. “habían estado allí no hace mucho” Recuperó la compostura y observó cada detalle sospechoso, la sala giraba a su alrededor intentado descubrir indicios de la presencia extraña. Mientras, el resto de la compañía permanecía ajena a que posiblemente alguien estuviese allí. Se habían desperdigado entre las baldas y los estantes. Registrando armarios y leyendo libros antiguos que aun mantenían las ilustraciones brillantes y las tapas de cuero en perfecto estado. “están por todas partes vigilándonos, es cuestión de tiempo que nos sorprendan”_pensó_

Ílimo se movió lentamente entre las mesas fingiendo estar interesado en lo que allí había. Tomó un mapa de la mesa y lo guardó en la casaca. Deslizó su mano a la empuñadura de su espada, con el dedo pulgar desenvainó una parte de la hoja. Enfocó la mirada hacia cualquier indicio sin éxito. Cada nervio de su cuerpo estaba en tensión, notaba cada músculo de su cuerpo como un resorte dispuesto a saltar y fintar contra cualquier dirección. De repente se oyó un grito ¡lo encontré! Y un golpe seco sucedió a un entrechocar de espadas.

Izilsurias había dado con el intruso antes que él. Se mantenía inclinada hacia atrás, con las rodillas flexionadas para soportar el peso de su postura. En una mano una daga bloqueaba una espada carcomida, en la otra una espada curva y fina se atenazaba a la garganta de un fantasma suplicante.

_Mi Dama, perdonad la no vida de este pobre boticario, apartad el frió de mi garganta_ dijo el maldito mientras dejaba caer su arma que los pies de Izilsurias se apresuraron a alejar de una patada_

_Maldito que apuñalas en la penumbra con tu veneno invisible, _bramó Izilsurias con una voz de ultratumba_ yacerás maldito por una eternidad hasta que en los albores del tiempo, el mundo se resquebraje bajo la última batalla_ y dicho esto no tuvo piedad y su acero lamió la figura incorpórea infringiéndole lentamente un corte sinuoso y brillante bajo el cual agonizaba en su camino a la desaparición.

_ Contemplad el secreto de la magia antigua _ canturreó Ílimo_ porque la luz de aquellos días pervive en los profundos mares o bendiciendo tesoros ocultos, honrando a la tierra donde moran, devolviendo la oscuridad a la oscuridad, cortando la mas espesa tiniebla

Arestel Vanimeldë

Arestel recorría los centenares de estanterías con la mirada. Ni la grandiosa Escuela Mayor de Sanadores, en su preciada Oron, tenía la mitad de lo que allí había Tanto saber perdido Uno a uno los botes de distintos tamaños y formas pasaban ante sus ojos alumbrados por la antorcha que Astaroth sostenía junto a ella. El haz de luz apenas alcanzaba a iluminar más allá del décimo estante…Una pena ¿Qué secretos se esconderían allí arriba? Unos que hasta la oscuridad se avergüenza de serviles como morada…

Un grito, y un resonar de espadas capto de inmediato la atención de todos los presentes. ¿Qué era aquello que Izilsurias arrinconaba con su espada? Arestel, sin moverse del lugar, intentó agudizar más su pobre vista de humano.

_Mi Dama, perdonad la no vida de este pobre boticario, apartad el frió de mi garganta_

¿La no vida?, pensó la regente al mismo tiempo que una espada envejecida llegaba hasta sus pies. La mujer no pudo reprimir la impresión y, con un rápido movimiento, se agarró al brazo de la joven Hallen. Entonces todo sucedió con esa dualidad que ocurre sólo en los momentos importantes en la que el tiempo se alarga indefinidamente pero a la vez sólo dura un instante, la mente de la mujer intentaba comprender, de veras que sí, sin quitar la vista del arma del desdichado ¿ser? lo que allí ocurría, pero en un sonoro “puf” la espada desapareció, al igual que su dueño. Izilsurias, tras proferir otra maldición, le atravesó con su daga y mandó de regreso al espectro a la inquietante oscuridad de donde había venido.

La impresión inicial de aquel lugar, ahora se veía empequeñecida por la visión del maldito. Sabía que esas cosas existían, sí, pero sólo en cuentos de las abuelas o como mucho en las leyendas que se contaban. Arestel supo al instante que algo más que la cura de su hija, había llevado a los reyes hasta aquel siniestro lugar, algo más oscuro que aun no sabía.

Ilimo observó a la Primera Dama de su orden, que flanqueada por Astaroth y Hallen mantenía la mirada fija en el suelo, donde antes estuviera el arma. La reina captó la preocupación de su esposo por los acompañantes, y tras guardar sus dagas, anunció:

_ Ya he encontrado lo que hemos venido a buscar la flor seca del acisumaë servirá igualmente, será prudente que nos alejemos de aquí cuanto antes, _dijo con voz serena y clara _los vivos y los muertos deben respetarse.

Ilimo asintió.

_Vayamos a la puerta._ anunció comenzando a caminar.

El grupo continuó tras sus pasos. Al fin saldrían de allí, o eso pensaba la regente, mientras los reyes, que encabezaban la marcha les guiaban a través de húmedos y oscuros corredores.

Parecía que hubieran pasado semanas desde la última vez que sintiera el aire del exterior en su rostro, pero lo cierto era que apenas habían transcurrido tres días desde que penetraron en las entrañas de las ruinas de la ciudad. Arestel miró a Hallen, la muchacha camia a su lado, en un silencio sepulcral, al igual que todos los que allí estaban, pero sus caminar denotaba n aire ausente como si su mente se encontrase muy lejos de allí.entonces cayó en la cuenta de que apenas había cruzado palabra con la joven desde su ingreso en aquel extraño lugar.

_Pronto saldremos_dijo en voz alta inconscientemente la regente.

Ante las palabras de la mujer, Hallen sonrió, aunque sólo fuera por cortesía.

Y después de caminar durante un buen rato, al girar en una encrucijada de corredores, divisaron una luz al fondo de un túnel

_¡Al fin!_exclamó la regente_La luz del sol

_Silencio, mujer_ ordenó izilsurias_ ¿A caso tus ojos de mortal te impiden ver que no es el brillo del carro de Arien quien iluminan la lejanía?

_Debes perdonarla, mi reina,_intervino Ilimo_ no a todos la oscuridad nos es reconfortante, y por ello, hasta la más mínima luz, tras algún tiempo sin ella, nos parece brillar con la misma intensidad que el sol.

La reina pereció indiferente ante las palabras del rey.

_Se nos han adelantado_enfureció Izilsurias

_Alguien debía ser el primero_repuso el rey_Mantened las manos cerca de las armas…

_¿Qué sucede aquí?_preguntó de improviso la regente_os he seguido fielmente hasta este lugar, porque conocéis la cura para mi hija, pero aun no me habéis dicho nada.

_Todo a su debido tiempo, Arestel. Lo sabrás cuando llegue el momento_intentó tranquilizar Ilimo_ahora, escuchadme todos, allí al fondo, hay una gruta, pero desconozco quienes son los que allí se encentran, por ello, si sus intenciones son buenas, no debemos mostrarnos hostiles desde un primer momento con las espadas desenfundadas; pero si, de lo contrario sus intenciones son malas, no debemos dudar en empuñarlas y enfrentarnos a ellos.

Caminaron con paso decidido hacia el resplandor, poco a poco la luz se fue avivando hasta que finalmente se abrió ante ellos el interior de una cueva, en donde se encontraba un pequeño número de personas. Los dos grupos quedaron inmóviles, a la espera de ver que hacia el otro.

Arestel, que se encontraba detrás de los reyes, se situó junto a estos y entre todos los nuevos rostros que allí se encontraban, reconoció uno: el de aquel elfo que tiempo atrás le perdonase la vida frente las puertas de Mellon Vilnya.

[Editado por Eldin_de_Lorien el 15-03-2007 22:56]

Darlak Lórindol

En el grupo situado contiguo a la puerta la tensión se palpaba en el ambiente debido a lo cual nadie se había percatado de la desaparación de Niëlúne.

El senescal de Helkelen Lara y Alalmë parecían venir con buenas intenciones pero las chicas de Realengo parecían muy reacias a dar cualquier tipo de información. ¿Qué ocultaban?

Darlak, Valandil y los demás supieron que en las tierras heladas de Helkelen había unas ruinas semejantes, con signos parecidos a los encontrados en Tavarcerta o Amaurenori. Las investigaciones de Apacen podrían ayudarles a aclarar el misterio de la maldición de aquella puerta. A Darlak le resultaba curioso, su país y el de los hombres del hielo aún no habían solucionado del todo las tensiones entre ellos pero la casualidad los había juntado para intentar aclarar juntos el misterio de las ruinas de Árador. El semielfo tendría que hacer un esfuerzo en olvidar su rivalidad con la gente de Helkelen y, en especial, con el senescal de su país vecino.

Justo entonces Valandil soltó una exclamación que resonó en el túnel:

- ¡Por Eru!

- ¿Qué ocurre? – preguntó Darlak

El maia sonrió. – Izilsurias e Ílimo. Sin duda el misterio se va a resolver más pronto de lo que pensabamos – dijo al tiempo que se adelantaba hacia ellos saludándolos cortésmente - ¡Dichosos sean los ojos y afortunados los caminos en los que nos volvemos a encontrar!

Darlak miró hacia delante y, trás de los Reyes de Faroth, vio a una mujer que estaba mirándola como si le estuviera examinando. Fue entonces cuando reconoció a la mujer que le miraba sorprendida. Sí, era de Realengo, capitana de una de las compañías que asaltaron Mellon Vilya hacía tanto tiempo ya. Reconoció también el medallón que llevaba colgando en su fino cuello y que brillaba tenuamente. Imágenes de mucho tiempo atrás llegaron a la mente del semielfo: en Car Menel, una de las casas presidenciales de la Ciudadela de los Capitanes, en su querida ciudad. Había escuchado unas pisadas y se había dirigido hacia la habitación de dónde provenían el ruido detectado, allí estaba Arestel, aunque ese momento había ocultado su verdadera identidad al Senescal de Lempë. Sin embargo, luego se volverían a topar en el campo de batalla. Las imágenes de la batalla entre ellos dos vinieron a su mente

Darlak se había encontrado con un nuevo enemigo pero su rostro le resultó entonces conocido. Era la joven del medallón.

- ¿Tú? –

- Sí, soy Arestel Vanimeldë, Regente de Oron Oituillë, Primera Dama de la Orden de la Rosa y coronel de la compañía que ahora mismo os ataca.

- Debí sospecharlo cuando nos encontramos en el palacio. –

La mujer se había reído - Solo quería recuperar el medallón – dijo al tiempo que sus espadas chocaron de nuevo.

Fue sin duda una gran lucha entre dos hábiles guerreros, pero Darlak consiguió herirle. El dolor por la mordedura de la espada en el brazo de ella hizo que Arestel cayera al suelo y con ella también cayó Thelidor, el marido de ella.

Dolorido por las múltiples heridas, Darlak se había levantado dificultosamente para ir hacía ellos. El medallón de Arestel refulgía en su cuello. Tuvo la oportunidad de matarlos pero no lo hizo.

- ¡Dejemos que se retiren libremente!

Su mirada se cruzó entonces con la de la dama del medallón y vio en sus ojos una profunda gratitud hacia él.

Y de nuevo sus miradas se encontraron en aquel oscuro túnel, en las antiguas ruinas de Tavarcerta. Aquel acto supuso en su momento la paz entre Realengo y Lempë. Sin embargo, Darlak y Arestel no se habían vuelto a ver desde entonces.

Rialath

Rialath se había dejado llevar desde que le dijeran imprudente, no pronunció una sola palabra, el brazalete le dolía, le quemaba con tal fuerza que pocos lo hubieran soportado, pero él se estaba regodeando en su propio dolor, los veía, veía los espiritus que los observaban, que esperaban, algunos esperanzados y otros furiosos, ellos le hablaban, le contaban como murieron, el dolor que sufrieron, todo ello lo sentía ahora Rialath, todo junto y concentrado. Cada vez su pose y su mirada eran mas sombrías y apagadas, su piel se iba empalideciendo, pero oculto como estaba en medio de las sombras nadie parecía darse cuenta.

Los observaba, asemejandose a las almas en pena que los rodeaban, los miraba en silencio, consciente de la mortalidad de los cuerpos, no tenia esperanzas, y pese al dolor físico, se sentía bien, tranquilo, libre, tenía cierta necesidad de destruir, necesitaba combatir.

Wëthan Bohr

Bohr había ido recibiendo a los llegados a la Puerta con mucha alerta, muy intranquilo, fueran quienes fueran olían a amenaza. Con el pasar de los minutos, y el tratamiento que les daban los más sabios, fue siéndoles poco más indiferente, aunque la difidencia aún no había pasado. Entonces buscó a Niëlúne. No estaba a la vista, ni al oído. Buscó entre los suyos, y también buscó en los primeros giros del túnel por donde habían llegado los otros. Nada. Una mezcla de angustia y de animosidad fue recorriéndole el espíritu. Demasiada coincidencia había entre la llegada de las gentes del norte y la desaparición de la medioelfa de Fanyarëa.

Mientras algunos avanzaban en los tratos con los nuevos, él buscó a Gakhan, a Thitoron y a Vénescyth. Luego corrió a advertirle a Anariel y a Rialath. Báldor estaba cerca. Se disponía a arrastrar a todos en la búsqueda hacia la oscuridad de los túneles. Entonces Rialath lo frenó tomándolo de un brazo, eufórico, aunque discreto.

- Príncipe de los Varna Rámar. No perturbes la marcha de los hechos. Casi no queda tiempo. Tu mujer está a salvo, ella es parte. No – perturbes – la – marcha – de – los – hechos.-

Bohr reaccionó tomando al Numenoreano de las clavículas, empujándolo para imponerse. Rialath se resistió y sólo se movieron unos metros. La imagen fue la de dos bestias enfrentadas intentando cada una clavar la dentellada primero en la garganta del rival.

- Tú, Isleño, dónde está Niëlúne. Vas a decírmelo ahora, sin más de tus vueltas.-

- ... Sé que está bien.- Rialath se despabiló. Estaba como en trance y alerta a la vez. –Bohr. Confía en mí. Sé que está bien. Si no tendríamos que matarnos mutuamente, y echaríamos lo bueno a perder.-

La segunda vez el tono de Rialath había sido distinto, más cercano. “Confía en mí” dijo, y Bohr supo que decía la verdad.

Ahora sí. No sabía qué hacer. Aunque iría hacia los túneles de todas formas, sin “perturbar”. Niëlúne estaba bien, pero no estaba, así que él iría donde ella estuviese. Caminó cerca de los bordes de la cueva y se internó hacia lo desconocido. Unos pasos más allá, recibió un golpe de aire caliente que lo derribó. No se veía nada adelante. Se paró y avanzó una y otra vez... por allí iría a ella, supuso. La correntada no lo detendría si eso era lo que intentaba, primero la tomó por algo natural, luego por algún monstruo invisible, y cuando el golpe emergió con más presión que nunca, como ningún enemigo se había presentado, dio por hecho que era una fuerza física natural que se generaba dentro de esos túneles... podía seguir, aunque esta vez lo había lanzado mucho más hacia atrás que las veces anteriores, y terco o no, estaba empezando a resentirse. Cuando se movió, miró hacia atrás y pudo ver que no estaba lejos del último grupo de norteños. Se acercó a ellos, para comentar algo... no sabía bien qué. Necesitaba hablar... o algo.

Estaba rasgado por el aquilón caliente. No había quedado desnudo, salvo por su taparrabo y el vellón de carnero. Se dio cuenta que estaba cada vez más débil, el aire había seguido afectándole el cuerpo. Se dejó caer. Con un andar algo penoso acudió a un pequeño bulto que se arrebujaba cerca de la retaguardia de las fuerzas del Realengo de Farothdim.

- Oye...- dijo Wëthan.

- ¡Hamámuë!- oyó de la voz sorprendida de Hallen.

¿Qué diablos hacía ella ahí?

Ílimo

Túneles húmedos en la semipenumbra, luces de antorchas o cristales que aprisionaban con magia la luz del firmamento. Voces en alto y rumores fantasmales que pocos comprendían. Un tinte de ingenuidad en el grupo, la masa de gente daba una aparente seguridad a sus miembros...¿hasta que punto eran conscientes del peligro que se ocultaba entre las sombras, buscando el momento oportuno para manifesarse.?

Ílimo e Izilsurias entablan una conversación por telepatía

_Demasiada gente para mi gusto Mi Dama, muchos secretos y muchos intereses, y en el fondo de todo esta la ignorancia de lo que verdaderamente hay detrás de todo esto.

_Un descubrimiento fascinante mi Señor, me deleita que nos hayamos encontrado todos. Puedo leer los rostros de algunos, siento su ira, su dolor, sus pensamientos ocultos. Percibo sus naturalezas agitadas y a la vez fascinantes…Podría reclutar buenos guerreros para Farothdin…

_ Tenemos que ser cautos, vigila los susurros de los espíritus mientras yo analizo a nuestros compañeros de viaje. En especial a ese que llaman Rialath, juraría que esta agitado aunque me hace dudar, tiene un buen dominio de sus expresiones.

_ ¿Y que me dices de la Piedra que guarda Narquelië? Han utilizado sus dones para llegar hasta aquí, me pregunto si sabrán que tienen entre manos después de haberla tenido en su poder tanto tiempo… no se que se traerán entre manos estas dos, cada uno de los aquí presentes tiene sus propios planes y tenemos que averiguar cuales nos implicarían o llegarían a perjudicarnos

_ En este momento no se que pensar, ¿sería conveniente arrebatarles la piedra? Podría conseguirlo pero puede que a un alto precio, Narquelië es una excelente guerrera repleta de recursos, la prueba es que está aquí.

_ Aún no esta escrita la hora de Narquelië, no es útil y aunque lo niegue, está más atada a Farothdin de lo que se imagina. Puede que se vaya, pero los hilos que la atan a nosotros son más sutiles de lo que ella conoce.

_ Tendremos que acercar nuestras posturas, _suspiró Ílimo_ estamos condenados a entendernos si se revela el secreto de Tavarcerta, tanto ellas como nosotros tendremos que ceder por el bien común.

_ Debemos separarnos y hacer migas con el grupo

_Así pienso yo mi Dama

[Editado por gorathion el 17-03-2007 01:39]

Narquelië

Ahora estaban apartadas del grupo, discutían por lo bajo, ¿qué hacer?, el plan de la mujer era escapar, pero Eleanor se negaba rotundamente a eso, se arriesgaban demasiado, no conocían nada de aquellas gentes y no sabían nada de las reacciones que pudieran causar sus actitudes, por otro lado el caminar por aquellos túneles era sumamente peligroso, llevaban en las manos un poder muy atrayente para los espíritus y eso se reflejaba en los broches del Lirio y la Rosa, brillaban constantemente, su magia repelía maravillosamente a los fantasmas. Y por ultimo estaban los reyes, Narquelië aun no sabía que pasaría con ellas, ni con la piedra, si las llegaban a encontrar.

Nadie pareció notar la desaparición de la semielfa, pero ellas sumidas en la discusión, notaron como la piedra vibraba, Eleanor la retuvó en su cuerpo, para no llamar la atención de miradas indiscretas, entonces lo vieron, un pequeño trozo que vibraba y que comenzaba a brillar. Narquelië se movió entre los presentes y con una gran sutileza, tomo el pedazo de roca y la guardo en sus ropas, se acercó a la elfa. Eleanor saco la piedra de mayor tamaño, en el centro un pequeño orificio, donde encajaba la pieza que acaban de encontrar.

-Al parecer el secreto no estaba completo- Quariel hizo ademán de encajar las piezas, pero la elfa le detuvo con la mano.- No, espera, no sabemos que es lo que vaya a pasar y lo que menos necesitamos es llamar la atención.

La mujer asintió en silencio y volvió a guardar la pieza en el bolsillo.

[...]

Ya era tarde, frente a ellas, apareció una luz y tras ella los Reyes de Farothdin, con toda la escolta de Arestel y una muchacha que parecía no entender nada. La regidora siguió con la mirada a todos los presentes, primero no las notó, pero el rey hizo una ademán con la mano. Las dos salieron de las sombras, donde hacia unos momentos había discutido, la mirada de las dos mujeres(la primera dama de la rosa y la asesina del Lirio) se cruzaron, un ápice de rencor surgió de los ojos de Arestel y una sonrisa con sorna inundó el rostro de Narquelië.

-¿Así que estas enojada, porque mate a tus espías?-preguntó con sarcasmo. Eleanor que sabía muy bien como controlar el impulso de Quariel le apretó el brazo y le susurró al oído.

-Calla doncella cuervo, no te busques mas problemas de los que ya tienes.

La mujer le miro y después lo hizo con Arestel. Los reyes estaban sumidos en sus pensamientos, estudiaban a cada uno de los presentes, pero Narquelië sabía que hablaban de ella, en aquel justo instante estaban decidiendo si ella moría o vivía.

Ninguno notó como cuatro de los elfos de Arestel se movieron ágilmente entre los presentes, un brillo extraño iluminaba su mirada, buscaban algo y lo vieron en la elfa y la humana, una luz casi imperceptible que brillara entre sus ropas.... Entonces todo paso muy rápido.

Los elfos se le vinieron encima, la mujer saco las dos espadas y mató al primero antes de que él, lo hiciera con Eleanor, después pateó a otro en la cabeza y se la rebanó de un tajo, detuvo al tercero por el costado y le enterró la espada oscura en el pecho, mientras que con la otra detenía al ultimo que alcanzo a darle en el costado izquierdo, Narquelië movió entonces su espada oscura con la blanca y en forma de tijera le otro la cabeza, sin darle tiempo a reaccionar. Entonces cuatro sombras salieron de los cuerpos y se dispersaron en las penumbras.

Los presentes miraron atónitos la escena, la mujer ahora estaba bañada en sangre ajena y propia, no había notado como el pequeño trozo de roca se deslizo de su ropa y cayó en el piso, la piedra que traía Eleanor comenzó a brillar mas, ahora estaba claro que era lo que escondían. Aunque en ese momento, solo llamo la atención de unos cuantos.

Arestel por su parte grito de rabia, mientras que Ilimo dejo escapar una vibra muy fuerte, que le pego directamente en la cara.

-Esta vez te has sobrepasado Narquelië-Arestel la señaló y miró a la reina- Exijo un castigo inmediato para la asesina de hermanos.

Ilimo asintió con la cabeza e hizo ademán de acercarse a ella, pero Izilsurias impasible como siempre, le detuvo con el brazo y su voz retumbó en los oídos de las dos mujeres.

-No habrá castigo por matar a poseídos- Ilimo miró sorprendido a su mujer, su mirada recorrió los cuerpos, un asentimiento sobrevino después- Esos elfos, hacia ya tiempo que no eran más que marionetas, buscaban algo que ustedes dos traen.

La reina señaló las dos piedras, una tirada en el piso y la otra en las ropas de la elfa, Eleanor y Quariel se miraron, una rayo apareció en sus ojos, no cederían tan facilmente, lo que habían protegido durante mucho tiempo.

Báldor

-Esto es una maldita locura- pensó Báldor.

Oscuridad, sangre y muerte eterna.

Botas altas y bien engrasadas, pantalones de lana reforzados con cuero, camisa de limpio algodón, un chaquetón de calido cuero negro. La espada bastarda colgada a la espalda y la daga desenvainada.

-En estos pasadizos no valen las espadas- se dijo a sí mismo, mirando con ojos fieros a la cara de la muerte, empuñando la afilada daga.

Avanzaba con paso firme, hacia lo desconocido. La sangre de Bëor el viejo bullía en sus venas al tiempo que sus muertos le atenazaban las entrañas.

Rialath

El encontronazo con Wethan lo había despertado, comprendió que habían sido esas ansias de destruir, se levantó de nuego y se situó en el centro del grupo, los ojos le brillaban de furia y las musculos de su rostro, tensos, le daban un aspecto de ferocidad inusitada en el numenoreano, ni en batalla mostraba esa expresión, algunos lo miraron, Ilimo pensó que también aquel humano estaba poseido, fuera de sí, pero al contrario, acababa de liberarse del intento de dominio, seguía viendolos pero ahora solo quedaban los suplicantes, los que pedían ayuda y el brazalete le quemaba la muñeca. Lo sacó de su mano y lo depositó en el suelo, hincó una rodilla y sacó el puñal. Murmurando ininteligible en su propia lengua natal y abriéndose un corte en la palma de su diestra, vertió un hilo de su propia sangre sobre el brazalete. Luego habló en voz alta, firme, confiada, decidida y sobretodo, propia y libre, pero no habló a sus compañeros, que lo miraban desconcertados, y tampoco a los espíritus suplicantes, le habló a algo que nadie sabía que era:

- Tu, maldito ser de la sombra, mira como vierto mi sangre sobre tus maldiciones, por ella juro que te combatiré hasta que no me quede gota, tus intentos de ofuscarme ya han fracasado, a mi no me tendrás. - ahora ya si a los espíritus suplicantes, aunque al principio creyeron los demás que se dirigía a ellos- Y vosotros callad desdichados, no nos tortureis mas, sabemos lo que tenemos que hacer, dadnos paz y descanso, suficiente dura sera la prueba como para tener que soportar mientras tanto los lloriqueos de legión de sombras.

Se puso el brazalete, acercándose a Bohr.

- Levantaos príncipe, tu has señalado el camino, ahora debemos seguirlo, por nuestra cuenta y riesgo- la quemazón del brazalete aumentó.

Darlak Lórindol

En aquellas cavernas el pasado se había reunido después de tantos y tantos años. Cuatro brazaletes y una piedra al cabo de tampo tiempo se encontraban en un espacio muy reducido. El brazalete que recibiera en su momento el pueblo de Tavarcerta y que ahora poseia Rialath fue el primero en reaccionar ante el encuentro con los otros.

El primer brazalete que se creo, fue el de Serpiente, cuya armadura era una espiral de oro del cual sobresalía el cuerpo de una serpiente de oro macizo adornada con pequeños cristales verdes. Sîl-Uroloke asi fue bautizado.

El segundo fue el del aire, fue llamado Sîl-Wista realizado por un fuerte pero a la vez elástico cristal, cuyo cierre eran dos alas de cuarzo blanco azulado, resistente a la par que elástico.

El tercero fue el del fuego, RautaNárë-Sîl que así fue nombrado. Dos cadenas de un metal rojizo y plateado unían una fina lámina de cristales en tonos rojizos y amarillos, mezclados con suaves betas metalizadas.

El cuarto era el del agua, TincoNén-Sîl dos ligeras cadenas de color azul engarzaban una lámina de cristal y metal de un color casi translucido.

Las reacciones fueron en cadena. La caverna empezó a temblar y, en una esquina, Sonyariel empezó a sentir dolores en su barriga.

- ¡El bebé! ¡El bebé está llorando en mi vientre!

Darlak escuchó los gritos y se dirigió hacia allí en el mismo momento en que se dio el corte. Eleth y Vanadessë habían acudido también en la ayuda de la mujer.

- ¡Sonya está mal, Darlak, tenemos que salir de aquí!

El semielfo miró hacia atrás. Todos atentos a Rialath, los recién llegados de Faroth, los de Helkelen Lara, el esteldili y los de Heren. Era consciente de que algo estaba pasando, Valandil le había dicho que los reyes traerían uno de los brazaletes y ademas al leer la mente de la chica de Helkelen había descubierto que el cuarto brazalete que faltaba lo traían ellas. Pero no podia seguir en aquel lugar con Sonya en ese estado, le dolía mucho si a ella o al bebé les pasaba algo, así que tuvo que decidirse.

- ¡Ayudadme a llevarla, nos alejaremos de esta puerta! - les dijo a Vanadessë y a Eleth.

Sonya gritaba pero los demás no se dieron cuenta, atentos como estaban a Rialath asi que consiguieron escapar de alguna manera. Pero conforme avanzaron por el pasillo por donde habían venido el dolor de Sonya se iba volviendo más intenso. Los gritos eran cada vez mas fuertes.

- ¡Insensatos! - grió alguien tras de ellos. Era Valandil que venía hacia ellos. - Darlak, os dije que si intentabais huir de aqui no ibais a poder, la maldición nos ha sumergido a todos. Si das un paso más provocarás la muerte de tu mujer y de vuestro futuro retoño.

- ¿No lo entiendes? Estoy pagando cara mi imprudencia de venir aquí. No sabía que Sonya estaba embarazada, si lo hubiera sabido jamás hubiera dejado que se embarcara en esta aventura. - Darlak se sacó algo del bolsillo. Era el brazalete que brillaba con el fuego de su hechura.- ¡Tómalo es tuyo!

Pero Valandil se negó. - No

- ¿Por qué? A ti fue donado cuando la dama de hielo los creó. Yo no soy dueño de este brazalete.

- Te equivocas.

Y entonces Valandil le contó algo que había sabido cuando desapareció en el bosque. Sucedió que cuando Darlak llegó del oeste, Valandil necesitaba ayuda para engrandecer Ostova Lorë y protegerla de la guerra. Imploró a los poderes que les fueron concedidos y pidió que un guerrero viniera a compartir sus obligaciones con aquella tierra.

- ¿Recuerdas lo que me pasó en Amaurenori? Si yo tomo ese brazalete no podria soportar la maldición que ese objeto significa. Necesito que tú lo lleves porque en el momento en que pisaste las tierras de Lempë Ohtari estás comprometido con tu pueblo, y ese brazalete representa a los antepasados de Lempe.

Darlak estaba desconcertado, miró a Sonya la cual parecía calmarse un poco aunque aún sentía dolores.

- Tranquilo yo me quedaré con Eleth y Vanadessë aquí a cuidar de Sonya. Ahora ve, ya todo ha empezado. - dijo el maia.

Darlak se acercó a su amada y le besó en la cara y luego en el vientre.

- Volveré, os lo juro.

El brazalete empezó a actuar entonces, brillaba con una luminosidad rojiza que iluminó la cueva. El senescal de Lempe se lo puso y con el fuego de su hechura avanzó de vuelta por el tunel

Alalmë

Alalmë había arrastrado a Apacen a un pequeño recoveco en el pasadizo de piedra, mientras sus hasta ahora compañeras se dedicaban a ventilar asuntos ajenos a ellos.

- Al final vamos a recibir de las dos partes, Apacen... ¿Entiendes algo de lo que pasa?

- Tú eres la que puedes ver, tienes más información que yo.

- Entonces, no tenemos salva...

Parecía que la luz había penetrado dentro del túnel, o más bien era el túnel el que se estaba deshaciendo ante sus ojos. Ahora aparecía un paisaje tan conocido para ella como el valle entre Ost-en-Aël y las Montañas de la Nieve Perenne. Pero no era el mismo paisaje: los fértiles campos entre los ríos estaban arrasados, quedaban restos de defensas para lo que parecía un combate sostenido y, al fondo, se veían los restos de un incendio ¿en Ferith Ar-Karah?

Poco a poco se dio cuenta de que ella tampoco era ella misma. Veía a través de los ojos de otra mujer, una mujer que estaba esperando nuevas de manera casi angustiosa, y que buscaba una señal al otro lado del valle. Junto a ella, con otra gente, envuelto en pieles, se hallaba un niño de corta edad, medio adormilado.

-Señora- escuchó a sus espaldas. Se dio la vuelta y se encontró con un guerrero que se inclinaba ante ella. Si no fuera por su porte militar y su gesto, hubiera creído que era el bueno de Ramen.

- La ciudad ha caído, señora- continuó él.- Antes de que cayeran las puertas, el tirano, quiero decir, vuestro pariente, hizo quemar el palacio. La corte imperial murió antes de que pudiéramos hacer nada.

- Ojalá se hubiera podido hacer de otra manera...-dijo ella.

- Lo siento, señora. Pero también traigo nuevas de vuestro esposo... del Señor Poldon... Nuevas tristes, a decir verdad. Fue... fue herido en batalla, y cayó, mientras iba a proteger a los refuerzos del Este. Lo hemos buscado por todas partes, pero no hemos logrado encontrar su cuerpo... Todos hubiéramos dado la vida por él, mi señora.

El caballero calló, visiblemente apenado. Todos los congregados en lo alto de las murallas se quedaron en silencio, mientras Alalmë sentía la conmoción interna que sufría la dama.

- Hemos llegado al final, a la victoria. ¿Y qué nos queda?- consiguió decir manteniendo un poco de firmeza.

Todo se volvió oscuro y borroso otra vez, y Alalmë sólo consiguió evitar caer redonda al suelo concentrando las pocas fuerzas que le quedaban en la mano que agarraba el bastón para caer de rodillas sin daño. Apacen la llamaba, preguntándole si estaba bien. Había vuelto a ser ella misma, pero aún estaba confundida.

- Poldon del Lago...- dijo.

- ¿Tu padre?- dijo el hombre. Ella se quedó mirándole, hasta que su mente consiguió recomponer todo, y con esa nueva luz vino una nueva fuerza.

- ¡No! En las bolsas...- en un instante se puso a abrirlas y rebuscar en ellas, tirando al aire cuadernos de notas, tablillas con inscripciones anotadas, provisiones, mantas, saquitos de hierbas... hasta que sacó un bulto pequeño envuelto en lienzos; a pesar de ello despedía una luz que atravesaba la mano de la mujer. Las manos le quemaban, pero casi no lo notaba mientras lo desenvolvía a toda prisa. La inscripción "Poldon" estaba grabada en el interior del brazalete, cuyos ojos de serpiente miraban fijamente a la mujer.

- Aunque parezcan borrados los caminos de la sangre, siguen bajo la maleza del tiempo- dijo Apacen, que con su clarividencia habitual había atado cabos.

Pero entonces, ya habían empezado a discutir el hombre del Oeste y el que llamaban príncipe, tras lo cual pareció que le camino a tomar estaba claro. Ahora, para los dos viajeros del frío norte, también lo estaba.

[Editado por Ancalime el 18-03-2007 20:39]

Apacen

Apacen ayudo a incorporarse a Alalmë. Con su voz serena intento tranquilizarla, no duda que había sufrido una visión, aunque le intrigaba lo que había visto, lo que más le preocupa era saber el motivo de aquella revelación.

-La desorientación que sufres es normal, en unos minutos podremos retomar la marcha.

-¿Esto es lo que sientes tú? – Peguntó Alalmë

A lo que Apacen respondió con una de sus habituales evasivas, cuando alguien le preguntaba por su don:



La senda del vidente recorre por igual el pasado, el presente y el futuro. Su mente esta libre de las limitaciones del tiempo; su destino y promisión están unidos en un único estado vital.

-Alalmë le miro extrañada -¿Qué quieres decir? – Volvió a preguntar.

-Que esos síntomas, son una pequeña parte del precio que hay que pagar – Le respondió.

-Ahora pongamos en marcha, antes de que estos insensatos liberen algo para lo que no están preparados.

Niëlúne Lambar

Niëlúne escuchó a través de la gruesa madera y distinguió las voces claramente aunque eran débiles tras el espesor de la puerta. Intentó golpear con fuerza pero estaba débil y el golpe sólo sirvió para dañarle las manos. Gritó desesperada y lo único que consiguió fue que la vacuidad de la cámara le devolviera el eco. En el otro lado parecían tener sus propios problemas.

Miró desesperada a su alrededor buscando algo con lo que poder golpear, pero solo había rocas esparcidas por el suelo. La estancia no parecía tener salida, ninguna puerta se veía en sus paredes. Desconsolada rompió a llorar. ¿Por qué diantre tenía que encontrarse ella allí, sola, sin poder ayudar a sus amigos? Aquella criatura que había intentado engañarla se lo hacía pagar, ella había respondido segura por la fidelidad de ellos, y ahora era ella quien se veía impotente por no poder hacer nada por sus compañeros. Tarde o temprano aquella criatura, aquel ser infernal, se las vería con la semielfa.

Se sentía furiosa, impotente, la rabia la ofuscaba y empezó a dar vueltas sin sentido en el interior de la estancia. Apretaba los puños una y otra vez, profería maldiciones para nadie en concreto; de repente, sintió el temblor.

El suelo de la caverna comenzó a temblar levemente al principio, después con más intensidad. Se retorció violentamente bajo sus pies, dejando caer varios trozos más de roca en el suelo. Se levantó una espesa nube de polvo que se introdujo en sus ojos y en su garganta, empezó a toser mientras se frotaba los ojos con fuerza intentando ver algo. El calor del otro lado empezaba a penetrar en la habitación, le asfixiaba, abrasándole los pulmones. Emitió un angustiado gemido y corrió de nuevo hacia la puerta.

-¡Bohr! ¡Darlak!-gritó desesperada- ¡estoy aquí!

Nada.

“Debo llegar a ellos”

-Por aquí-dijo de repente una voz-Por aquí-repitió en un susurro.

Niëlúne miró asustada en todas direcciones, intentando identificar de dónde procedía.

“Otra vez no…no más espíritus por favor”

-Si quieres salir y ayudarles, ven conmigo-dijo la voz en su oído. Una leve brisa rozó su cara refrescándola del abrasador calor que procedía del túnel del otro lado.

La joven cerró los ojos y se tranquilizó.

-¿Quiénes sois?¿qué queréis de mi?

-Sólo queremos ayudarte-contestaron al mismo tiempo infinidad de voces, todas susurrantes. –Mira atentamente a tu alrededor semielfa, nosotras solas no habríamos podido, el balrog nos a ayudado en nuestra tarea…

“…nuestra tarea…”-repitieron las voces a coro.

-Un balrog…-Niëlúne sintió su voz temblar al pronunciar la palabra- un demonio del mundo antiguo. Debo salir de aquí, tengo que ayudarles, ¿qué queréis que mire?

-El temblor ha desprendido varias piedras de aquella pared-la brisa silbó en dirección opuesta a la puerta- si te fijas bien verás la respuesta…

“…verás la respuesta…”

La semielfa miró donde las almas le habían señalado y corrió hacia el muro de piedra. Varias grietas se habían creado tras el temblor, pero no veía en ninguna de ellas la posibilidad de escapar de allí. Miró desconcertada a lo largo de la pared y entonces lo vio: en el otro extremo un bloque de piedra del tamaño de una pelota de trapo como con las que solía jugar de niña se había desprendido y aunque no era suficiente, era claramente visible que con un poco de trabajo la abertura podría ser mayor.

Corrió hacia aquel extremo y observó. No se había equivocado, un poco de fuerza y el problema estaría solucionado, pero era fuerza lo que le faltaba.

-No puedo…no yo sola-dijo dejándose caer en el suelo de piedra-este es el fin, no podré llegar a ellos.

-Nosotras te ayudaremos, solo necesitamos que estés con nosotras.

“…con nosotras…”-repitió el eco.

La suave brisa volvió a soplar a su alrededor revolviéndole los cabellos, mientras miles de manos invisibles le incitaban a intentarlo.

Cogió la piedra con ambas manos y empujó con todas sus fuerzas, pero nada pasó. El sudor brillaba en su frente y resbalaba por sus mejillas. Cogió aire y volvió a empujar. La piedra cedió al impulso y se desencajó. Ésta cayó al suelo con un ruido sordo amortiguado por la espesa bruma que se creaba a su alrededor.

La grieta era ahora más ancha por lo que podría pasar por ella aunque no sin dificultad.

-Gracias-dijo entre lágrimas a los espíritus- solo decidme, ¿por qué hacéis esto? ¿Por qué me ayudáis?

-Tienes buenos amigos aquí, semielfa, que desean tu bien y el de tus amigos… No todas las almas caminan por la luz, pero tampoco todas andan perdidas.

“…andan perdidas…”

Asintiendo para sí volvió a darles lar gracias y se despidió.

-Dadle también las gracias a Hilaran…seguro que tiene mucho que ver en ésto.

Sin perder más tiempo se introdujo por la grieta. Primero los brazos, luego la cabeza… y así hasta que solo quedaron sus pies que en cuestión de segundos desaparecieron por el agujero.

Izilsurias

Para la Reina de Farothdin todo empezaba a cobrar sentido. Aquella llamada que años atrás los Tavarcianos habían enviado a Ilimo y a Izilsurias, cuando el Rey Elfo Chirith les había vuelto a enmarañar en su telaraña de ardides oscuros. El aviso de Mandos sobre la sombra de Morgoth actuando aun en Arador. Ahora todo volvía su mente como las piezas de un gran rompecabezas que empiezan a cobrar sentido……la partición de la piedra de hielo tras aquella visión…. la desaparición de ambos trozos de la gran piedra, que gran movimiento de la mano negra que parece mover los hilos del destino.

La aciaga visión de aquellos tormentosos días, junto el malestar de Sonyia atormentaron, en momentos sin fin durante lo que parecía ser una eternidad, a la mente de la reina haciéndola sucumbir en un espiral descendiente en sus cuotas de poder, haciendola parecer prácticamente humana. La ilustre y temida Reina de los Hielos Eternos también esperaba al futuro heredero de Farothdin, el cual, también sentía algo más allá de la mera presencia de aquel Inmundo Demonio exiliado de las oscuras y corruptas profundidades del vientre Ea.

Mientras el joven Rialath y Alalmë descubrían la verdadera majestuosidad de aquellos insignificantes brazaletes, mientras los demás estaban atentos a cualquier movimiento sospechoso en las sombras. Narquelië se defendió del ataque de cuatro desdichados elfos poseídos por las almas arropadas entre las tinieblas malditas de aquel lugar, Izilsurias no se inmuto. Más al vislumbrar las dos mitades de la piedra, la mirada de la Reina emanó un frió glaciar mas imponente que el de los mismos cimientos de su fortaleza de hielo de tal manera que ambas mujeres fueron heladas hasta la esencia misma de su alma...un frió tal que ni los mismos Valar podrían soportar…

-Vosotras…No podía haber sido nadie mas…Hablaremos en cuanto todo esto acabe…No sabéis lo que habéis estado custodiando, tras haberlo robado de nuestras propias manos…Habéis traicionado nuestra lealtad y las normas de las Casas que os acogieron…No habrá castigo peor que el que yo os pueda inflingir...mas en cuanto todo esto acabe, pediréis estar muertas…mas la muerte no os reclamara, pues en las mil y una veces que estaréis al borde de la destrucción yo os traeré de vuelta para mostraros los mil y un tormentos sin fin en una eternidad de dolor y desesperación.-La cara de la Reina se había transformado en una luz tenebrosa mas allá de la oscuridad del firmamento, sus ojos brillaban como las estrellas mas con la ira de mil volcanes en su interior.

-Mi señora...-Dijo Ilimo asustado por la tenebrosa aura que su esposa emanaba en esos momentos...pues durante un breve instante el universo se detuvo y todo lo que había a su alrededor se congeló no solo en el espacio sino también en el tiempo.-...Mi señora...- volvió a repetir el rey asustado y temblando de un frió que hubiera apagado las mismas forjas de los siete reyes enanos primigenios…-Calmaos...no es saludable en vuestro estado la ira que ahora profesáis.

De repente se oyó un pequeño estruendo y una sombra desde el principio del túnel llego como fluyendo por él a una velocidad increíble mientras emitía gritos de algo que al principio se confundían con los gemidos de dolor de Sonya.

-¡¡¡Ya viene, corramos ya viene!!! –Gritaba la sombra que se iva acercando apresuradamente desde el fondo. Era Niëlúne del clan Fanyarëa…

Sus compañeros al verla se alegraron ya que la habían dado por perdida…al verla tan asustada todos la acogieron con cariño y preocupación.

-¿Qué pasa Niëlúne? ¿Qué has visto? ¿Dónde demonios has estado?-Todos se agolpaban a su alrededor preguntándole que estaba pasando.

La semielfa se dirigió ha Izilsurias con cara de sorpresa…y al verla la señalo con el dedo mientras recuperaba el aire diciendo.

-Ella lo sabe…como siempre...ella lo sabe todo…

La semielfa medio inconsciente cayó en los brazos de Apacen, mientras señalaba aterrada a la Gran Dama del Hielo.

-Es cierto que conozco todos los secretos de este lugar, pero no solo yo, también mi esposo y como no Valandil. Lo cual me resulta curioso que confié tanto en los suyos al prestar tan preciado objeto.-Mientras tanto la Reina alzaba sus manos y recitando unos versos cuya lengua nadie entendía…atrajo para sí ambos trozos de las piedras ante la sorpresa de todos.

- Traed aquí los brazaletes, hemos de juntarlos antes de que sea demasiado tarde.

Uno a uno todos fueron entregándole a Ilimo los brazaletes, mientras tanto la reina quitaba de la gran entrada sendos matojos y raíces los cuales habian hecho de aquel lugar su zona de enraizamiento contribuyendo a protegerla de todo mal, con un leve movimiento de sus gráciles manos.

-Lindar mereth uthur, Sirien alter carfat. -Ante estas palabras de la Reina, la piedra antes partida se volvió a fundir en una sola. Aquel brillo antes mortecino que esta emanaba se transformo en una luz casi cegadora, al igual que el resto de los brazaletes los cuales se elevaron por encima de sus cabezas, como si una mano invisible los elevara y los moviera a su antojo formando una extraña figura, al acabar regreso a las manos de la Reina dejándoles a todos boquiabiertos sin saber que decir, ni como había sucedido aquello.

[Editado por eliahel el 24-03-2007 22:05]

Alalmë

El resplandor, en vez de cegar los ojos acostumbrados a la oscuridad, iluminó toda la sala como si estuvieran a la luz del día. Los presentes vieron como, lenta y silenciosamente, la pared se iba separando, convirtiéndose en una puerta de dos hojas. Sólo resonaban las palabras de la Reina de Farothdin, que parecía que llamaban algo no sólo en el interior de la tierra, sino en el interior de los presentes.

Alalmë, aunque no estaba acostumbrada a esas sensaciones, percibía todo tipo de presencias: familiares, como si la acompañaran a ella, pero también extrañas y pertenecientes a otros compañeros, y algunas oscuras y reticentes, quizá peligrosas. Cuando todo paró, aunque sólo la puerta se había movido, su cuerpo se sentía como si en la estancia se hubiera producido un terremoto.

Apacen intentaba hacer volver en sí a Nielunë, junto con sus compañeros, y otros se preocupaban de las mujeres encintas; pero había otros que necesitaban ayuda.

- Mi Señora- se aproximó a Izilsurias con un poco de trabajo, e hizo una reverencia. La Reina había vuelto a su estado normal, después de la transformación producida por el conjuro.- Tenemos aún mucho que hacer, y todos estamos preocupados por el futuro de quienes están dentro. Pero yo no puedo evitar pensar en los que están vivos, y quisiera interceder por Narquelië y Eleanor: el destino toma muchos caminos, y no son siempre rectos. Gracias a que ellas tomaron la parte de la piedra, Apacen y yo pudimos venir aquí y con ello se reunieron los brazaletes, así que su acción, aunque equivocada, tuvo buenas consecuencias. Quizá su ayuda aún sea necesaria, y puedan aprovechar una oportunidad para redimirse.

Niëlúne Lambar

Con cuidado, posó las manos en el suelo. Sintió cómo miles de pequeños fragmentos de piedra le atravesaban la piel, produciéndole cortes como si de cristales rotos se tratara. Deslizó su cuerpo por el agujero golpeándose en el costado. Al otro lado de la grieta todo era oscuridad. Cogió impulso con los brazos, se había quedado atascada entre la piedra, clavó los codos en el suelo y contuvo el grito de dolor al sentir las finas piedras clavarse en sus huesos; maldijo para sí. Moviéndose con cuidado, poco a poco, consiguió cruzar. Tendida en el suelo se palpó las heridas; no eran graves pero eran molestas y le incomodaban, algunas habían empezado a sangrar. Poniéndose en pie lentamente descubrió que había ido a parar a otra especie de cámara. No veía nada, ni siquiera sus propias manos que, a pocos centímetros, eran invisibles. Retrocedió unos pasos hasta chocar con la pared por la que había venido. Tanteó con las manos, la piedra era fría al tacto pero suave como mármol. Caminó despacio a lo largo del muro tropezando constantemente con los bloques de piedra esparcidos por el piso. Caminó varios metros a tientas buscando la salida-si es que ésta existía…-

La encontró.

Una puerta se erguía orgullosa a varios metros del agujero abierto en la pared. Al otro lado no se veía nada. Se colocó bajo el arco de la entrada e intentó pensar. Cerró los ojos y relajó la respiración ya de por sí acelerada. De izquierda a derecha se extendía un largo túnel que se perdía en la penumbra. Tanto si escogía una dirección como otra tanto daba, tantas posibilidades tenía de encontrar a sus amigos como de perderse, tal vez para siempre, en la negrura¸aunque los espíritus le habían ayudado, tenían sus esperanzas puestas en ella, no había ninguna razón para que debiera temer, las almas no le habrían ayudado por nada pero aún así, tenía miedo, lo sentía…

-“Piensa Niëlúne, maldita sea, piensa…”- se urgió.

Miró a su derecha y escrutó en la oscuridad. El aire era cálido, hasta ese momento no lo había notado, pero el calor aumentaba gradualmente de intensidad, éste procedía de su izquierda. Una luz ambarina danzaba sobre la pared, ésta volvió a tambalearse bruscamente. Un fuerte rugido se extendió por el pasadizo.

-El balrog…-sus palabras sonaron apagadas frente al fuerte rugido.

Empezó a andar por el camino de la derecha, al principio vacilante, luego con decisión. Sí, éste era el camino a seguir. Ya nada importaba, con paso resuelto se zambulló en la oscuridad sin mirar atrás, al incesante resplandor que tan malos presagios traía.

El calor se hacía cada vez más insoportable, asfixiándola, dejándola sin aliento.

Un fuerte mareo se apoderó de Niëlúne que se vio obligada a detenerse unos instantes para recuperarse. Se apoyó contra la pared pero ésta abrasaba la piel; con un sobresalto se apartó de ella y algo más recuperada siguió adelante.

La tenebrosa voz le obligó a recordar:

-“Ellos ya se han olvidado de ti”-dijo en su mente.

-¡Pero yo de ellos no!-gritó a las tinieblas que la envolvían.

Caminó decidida por el pasadizo, cada vez apretando más el paso. Sabía que se dirigía con toda seguridad a una horrible muerte, pero ya nada de eso importaba, todo había pasado a un segundo plano. Apartó sus miedos y sus dudas y se sintió volar. Sus pies corrían ligeros levantando trozos de piedra y polvo en su andar. Frías lágrimas recorrían su rostro, pero éstas a su vez calentaban su ánimo, pues eran lágrimas de resolución: la resolución de la persona que acepta su destino, que lo espera y lo acoge con fuerza para no dejarlo escapar. Había decidido caminar por el sendero de la muerte, y dejaría esta vida feliz sabiéndose amada por el ser amado-por más que Bohr no lo reconociera, por más que él aún no lo supiera-, sabiendo que acataba su deber para con sus compañeros de viaje-y ahora amigos- y que no los defraudaría.

Fue dejando atrás la espantosa luz aunque ésta ganaba terreno.

Al fondo, unas voces.

Se instó a correr más deprisa aunque sus piernas ya casi no le respondían. El vapor venenoso se introducía en sus pulmones dejándola sin aire. Cada paso era un suplicio, lleno de dolor y un horrible sufrimiento. Las lágrimas, antes frescas y reconfortantes, ahora le abrasaban la piel.

Un nuevo temblor la hizo detenerse de nuevo, la criatura estaba cerca, muy cerca…Tropezó dándose un fuerte golpe en el costado ya de por sí magullado que le hizo gemir de dolor.

Unos pasos más y habría llegado…

Una leve luz al final del camino, unas débiles sombras que bailoteaban en la piedra.

Hizo el intento de sonreír al ver que su búsqueda llegaba a su fin, pero no así el tormento que no hacía más que empezar.

-¡Ya viene, corramos, ya viene!-gritó esperando que la escucharan aunque su voz sonaba débil.

Las sombras se volvieron hacia ella desconcertadas, pero pronto corrieron hasta ella al descubrir quién era.

Izilsurias le preguntó:

-¿Qué pasa Niëlúne? ¿Qué has visto? ¿Dónde demonios has estado?

La semielfa miró a la Reina de los Farothdin casi sin saber a quién se dirigía, luchaba con fuerzas para no caer en la inconsciencia, pero de éstas ya no le quedaban.

-Ella lo sabe…como siempre…ella lo sabe todo-respondió en un susurro, para caer después en los brazos de un desconcertado Apacen.

Izilsurias

Alalmë miraba directamente a los ojos de la perversa Reina del Realengo, ambas mujeres permanecienron unos segundos en silencio mientras, el resto observaban la escena con espectacion ante las suplicas de la mujer hacia las dos condenadas del Realengo.

-Siento deciros señora, que estos menesteres no son de vuestra incumbecia. De entrada no perteneceis a mi clan y si asi fuera estariais muerta en el mismo instante en el que os atrevierais a diriguiros a mi tal y como lo habeis hecho ahora. Nadie me mira a los ojos directamente, por si no os habeis dado cuenta, ni mi esposo se atreve a contrariar mis decisiones y mas sin condenas de por vida y encima por traicion. Da igual lo que las haya empujado ha realizar este acto deneznable, el acto de traicion no es perdonable ni justificable para mi.- Izilsurias, se acerco mas a la mujer señalandola con los dedos de la mano derecha, de los cuales parecian salir chispas de hielo a cada segundo que pasaba...-Si no quereis acabar condenada a tener congelada vuestra voz y sellada vuestra boca para toda la eternidad os suguiero que no digais una sola palabra mas...o no tendre piedad ni con vos misma. Meteos en vuestros asuntos personales, que por lo que yo puedo ver teneis aun mucho que solucionar con los vuestros.

Ilimo poso una mano en el hombro de su amadisima esposa tratando de que dejara tranquila a la pobre y asustada Alalmë.

-Querida porfavor tienes razones mas que justas para castigarlas a ellas y yo te apoyo. Pero no ataques a quien contra ti nada puede hacer. Dejala no es mas que una niña.- Ilimo diciendo esto giro a su esposa hacia el, dandola un beso en una de sus mejillas, pero sin mirarla a los ojos.-Izilsurias no provoques una guerra, ahora que estamos tan cerca de conseguir la paz. -Continuo el Rey hablando mentalmente con su esposa.

La Reina asintio con la cabeza mientras los alli presentes se habian perdido en mitad de la funcion.

La Reina escudriño a fondo la puerta con los ojos, dejando atras los pensamientos que momentos antes la habian invadido. El mero hecho de imaginarse los gritos de ambas mujeres torturadas por toda la eternidad la deleitaba sobremanera, pese a que juro que nunca mas volveria a infringuir dolor a nadie para deleite propìo ya que eso seria su condenacion en EA para la eternidad.

Apacen

Niëlúne se precipito sobre Apacen sin darle tiempo a reaccionar, sintió que algo se abalanzaba sobre él. El bastón golpeo el suelo, y el ruido retumbo por los angostos pasillos del subsuelo. Apacen intento aferrar como pudo a Niëlúne. Dada su condición, fue como si agarrara un saco de patatas que se desplomaba.

Una vez sobrepuesto del susto inicial, tanteo con sus manos en busca del rostro. Reconoció los rasgos delicados de una mujer, después intento colocarla en una posición más cómoda. Rebuscó entre el zurrón que portaba, algo que le ayudara a volver en si a la mujer.

-¿Dónde demonios lo tendré? – Se preguntó.

-Alalmë!! – llamó Apacen – Necesito tu ayuda – Mientras no alcanzaba a encontrar el frasco adecuado.

-En estos momentos vuestro poder nos sirve bien poco, necesitamos los conocimientos de Alalmë, tanto en materia de curación, como de comadrona. –Respondió Apacen a las amenazas de la reina de realengo.

-Me entristece saber que la reina de Realengo en vez de súbditos tiene esclavos, que solo la obedecen por miedo a sus castigos y represalias. Os ofrecemos compasión y misericordia, y solo mostráis vuestra soberbia. Un soberano debe ser como un padre para sus súbditos, amoroso y comprensivo.

Izilsurias dirigió su mirada encolerizada hacia Apacen. Este noto la tensión de los movimientos de todos sus músculos – ¿Me someteris a algún tormento de hielo? – Preguntó Apacen, pero no tuvo respuesta alguna.

Mientras Alalmë se habia situada frente al joven, atónita ante la reprimenda que le había propinado.

-La verdad no se quien de las dos tenia más miedo – Le susurro Apacen a la mujer – Debe causar bastante terror que alguien pequeño te plante cara de manera tan descara – Apacen acabo sonriendo para quitarle hierro al asunto.

Después los dos se pusieron manos a la obra para comprobar el estado de Niëlúne y ver que podian hacer para aliviar su dolor.

Darlak Lórindol

Darlak contemplaba la discusión entre Izilsurias y la chica de Helkelen que no se había dado cuenta de la llegada de Nielunë. Cuando él había llegado de más allá del pasillo para dejar a salvo a Sonya, el encontronazo de los reyes de Farothdin y las rebeldes del Realengo ya había sucedido. Todos convenieron entonces que era el momento de realizar el ritual por el que los brazaletes se unirian a la piedra después de tanto tiempo, sólo así podrían acabar con la maldición que Rialath y Valandil habían descubierto que existía en el lugar.

Sin embargo, la intervención de Alalmë en favor de las rebeldes farothdianas había supuesto la interrupción del ritual y la reaparición de Nielunë confirmó que era demasiado tarde.

-¡Ya viene, corramos, ya viene! -Ella lo sabe…como siempre…ella lo sabe todo-

El suelo de aquel túnel empezó a temblar y, mientras Apacen y Alalmë asistían a la joven fanyareana, Darlak se dispuso a actuar lo más rápido. Se dirigió al resto:

- ¡Rápido, todos, preparad vuestras armas, vamos a ser atacados!

Ílimo

Ílimo había permanecido callado todo este tiempo, midiendo, observando, calculando… cada momento, cada gesto era información que debía ser analizada. Conocía a algunos de estos héroes de oídas, pero a los que no, de esos desconfiaba…

Desconfiaba por naturaleza de los hombres, de los elfos y más aún de los enanos. Farothdin había sido un refugio de muchas banalidades, salvaguardado de las lacras del mundo terrenal. Un pequeño paraíso que le desacostumbraba de una realidad a la que ahora se enfrentaba.

Las voces de Apacen llegaron a sus oídos…

“Un soberano debe ser como un padre para sus súbditos, amoroso y comprensivo….”

_ Un padre malcría, el amor es un camino pasajero no siempre correspondido y la comprensión tiene un límite..Política proteccionista que te aleja de la realidad del mundo. el cariño se dispensa en dosis racionadas, anciano, tal vez tus sentimientos no sean un buen sustituto para tus ojos en cambio opino como tu y actúo en esa línea..Si supieses que costoso es eso no hablarías con tanta ligereza

Ya es hora de que lo sepan…

Ílimo levantó el cayado, y sobreponiéndose a lo que se avecinaba y a todo lo que tenía que controlar, consiguió apartar sus sentimientos a un lado y conjurar una luz más fuerte que llamase la atención de los presentes…Antes de que fuese demasiado tarde. Las palabras brotaron de su mente y la luz aumentó con ellas. En el último momento improvisó un discurso, amparado por un juego de luces que le hacía parecer mas amenazador de lo que realmente era.

“Hace siglos, cuando caminaba entre los hombres que aquí moraron se forjaron historias de gloria en las que tuve que parte. En una de ellas que no os contaré ahora, encerramos a un ser antiguo cuya naturaleza es tan divina como corrompida por el mal que contiene. Solo esta cámara de dura piedra pudo detener su envite de fuego y acero… y ahora es el momento de vernos las caras…

El suelo tembló y las palabras de Ílimo ya no se escucharon más …

¡Rápido, todos, preparad vuestras armas, vamos a ser atacados! _dijo Aratir_

Una prueba que originara una crisis y tal vez un nuevo orden. Estamos unidos al destino que aquí se nos presenta desde el momento que tomamos estos cuerpos. Cuerpos que nos permiten sentir de primera mano lo que en el paso creamos, pero que nos hace vulnerables a pruebas como estas. No se si esta vez estaré preparado, Mi Dama, pero algo me dice que acabaré dando más de lo que debería por los señores de mi reino. Solo pido a Eru no pasarme de la raya y ser juzgado antes de tiempo

_Recuerda Ílimo que no es la primera vez que luchamos juntos aunque de eso haya pasado mucho tiempo. Mira, Narquelie se acerca con Arestel y Narmince, serán de ayuda aunque puede que alguna muera. Mi señor, no dudo de tus habilidades. Deberías confiar más en ti mismo. ¡Aunque seas un caballero de Lorien tienes mucha experiencia a tus espaldas y tus hazañas son memorables!. Particularmente me alegro de tenerte cerca en este momento_ sonrió_ Solo te pido que te dejes llevar por el instinto de la guerra, ¡sumerjámonos en ese trance letal!

_ Narquelie, en estos momentos me alegro de no haberte matado.

[Editado por gorathion el 31-03-2007 03:31]

Wëthan Bohr

Hallen en medio de unos extraños. La princesa de Nestnwelath, la más culta y delicada mujer entre los Varna Rámar en Tavarcerta... lo que conmocionó a Bohr no fue tanto lo protocolar del caso. Ella era, de entre todos los hijos de Alsenot, la que más quería y veneraba.

- ¡Bohr! ¡Hermano mío! ¡Oh, Nienna! ¡Oh, Elbereth! - la muchacha se acercó corriendo a abrazarlo desesperada, intentando no rozarle las heridas. El príncipe no pudo menos que sonreir.

- ¿Hallen? ¿Hallen, hija de Maillén? Mi más preciada de las hijas de mi padre... que estás haciendo aquí? – Entre toda la alegría, Bohr no sabía si ponerse severo con la niña por exponer su vida en lugares lejanos. – ¿Qué ha pasado, que hace la guardia de Nestnwelath contigo aquí?- Aún dicho esto, Wethan se permitió darle un fuerte abrazo, conmovido, a la pequeña princesa. Pensó en no mancharla con su sangre y mugre, tal vez era una de las pocas personas a quien siempre era consciente de mantener inmaculada, pero esta vez era era más importante sentir el estrujón.

- ¿Qué te ha pasado a ti, mi Hamámuë? – Ella lo había bautizado así y era una de las pocas personas que así lo llamaban.

Hallen era lejanamente la persona más culta entre los Varna Rámar. Habiendo estado siempre sobreprotegida y encerrada, no hizo más que conocer el mundo que otros no alcanzarían, libros, imágenes, tecnicas, modales, verdades, aunque el resto de los suyos la veían simplemente como la Princesa.

- Olvidate de porqué mi presencia aquí, no hay ningún Varna conmigo, he venido sola, tengo nobles personas que me acompañan, pero no vamos a discutirlo ahora, por favor. Dime... tu cuerpo... vas a estar bien? –

Tal vez Alsenot aún desfalleciendo el último día de su vida no se detendría de hacerle preguntas y echarle reproches. Maneras y maneras de demostrar el afecto. Bohr decidió no ser Alsenot por esta vez. Estaba teniendo somatizaciones a causa de la desaparición de Niëlúne, y rendido a causa del enfrentamiento con esos vapores en los tuneles, a pesar de ello estaba contento. Hallen era mágica para él, inconscientemente ella era parte de su panteón personal, estaba al lado de los Sagrados, de algún que otro espíritu que había conocido y de su madre, a quien había dejado de visitar hace mucho tiempo.

- Estaba casi exhausto hasta hace unos minutos, “niña de cristales”, y no siento que mi cuerpo quiera morir hoy. De todas formas estoy cansado y necesito tiempo para restituirme. – dijo Bohr.

Hallen lo había visto herido otras veces, pero nunca lo tuvo en brazos en una ocasión como esta. Se alegró de que él le dijera que, a pesar de todo, estaba bien.

- ¡Gallardo te queda ese vellocino Hamáma Bohr! – la dulce sonrió y le guiño un ojo.

Wethan apenas vio el gesto, sus ojos se entrecerraban.

- ¡Niña, Hallen! ¿Qué necesitais? ¿Estáis Bien?... – otra voz habló de entre las personas nubladas, otra mujer, una adulta. No había exaltación en el tono, sino fuerza, delicada y apacible. Bohr volvió del desvanecimiento, abrió los ojos e hizo ademán de sostenerse solo, de liberar a su hermana de su carga.

Si hay fenómenos incomprensibles en la vida no son tanto... las mutaciones de los maiar, la resistencia de los espíritus a partir, o los monstruosos dragones como montura de los balrogs destellando fuego como si el carro del sol pisara la tierra para enfrentarnos en todo un maligno fulgor, como abrir los ojos y sentir tremendo júbilo en el cuerpo y en el alma frente a alguien que nunca en la vida se vio antes. Apenas Bohr apreció la vista de Arestel, no sólo en su gracia estética, sino en sus magníficas maneras, sintió por un breve instante una completa entrega, como si alcanzara con contemplar aquello para conformarse, para dejar que el mundo haga lo que quisiera con él. Enseguida ese instante se desvaneció, los lazos que forja el destino no siempre son perdurables, a veces son extraños, y así de fugaces, aunque siempre tienen un motivo, una causa, un porqué... mujeres, madres, la conservación de la especie...

- Está bien, gracias, Arestel. Arestel Vanimelde, él es mi hermano, Hamámuë... Bohr. Es un hombre extraordinariamente valioso, aunque parezca simplemente un gran muchacho. – Hallen agradeció con una sonrisa la gentileza de la regente de la Orden de la Rosa de Farothdim.

Arestel no pudo no enterarse del gesto que tenía Bohr al mirarla.

- Encantada de conocerte, Hamámuë, hermano de Hallen... si eres familia de esta esplendida dama mereces todos mis respetos. No dudes en solicitarme lo que necesites.-

Extrañamente Bohr no ‘solicitó’ lo que su lado animal le hubiese inspirado. Su lado animal había desaparecido inundado de... misterio. Atinó a hacer un leve gesto de consentimiento con la cabeza.

- Hermanito. Arestel es buena gente, desconfías de... – susurraba Hallen, hasta que se detuvo porque intuyó algo más, y habló a Bohr porque conocía cómo él solía reaccionar y comportarse. – Bohr, está casada. –

Wethan pudo cerrar la boca. La palidez del cansancio le volvió al cuerpo, y también el alma se apagó.

- No, Hallen. Simplemente no me cae bien esa... mujer.- Se miró con su hermana, ambos le sonrieron a la Señora de Orod Otullie, y ella respondió con una grácil sonrisa también. – Ahora sí, necesito descansar. –

‘Odiosas costumbres adoptaron los hombres comunes de los elfos’. Molesto, fue lo último que pensó, sin embargo... como si nunca hubiese sufrido herida alguna en el cuerpo o en el corazón. Entonces bastó con distinguir al extraño Apacen intentando mejorar el cuerpo de Melyanna, como ella se hizo llamar un vez. Tomó de la mano a su media hermana y se acercó a velar con su vida por Niëlúne, desde entonces y para siempre... Poco rato después ella comenzaba a despertar.

Un balrog apareció entonces.

Darlak Lórindol

El temblor que la llegada del balrog estaba produciendo en aquella caverna empezaba a parecer un terremoto. Apacen y Alalmë intentaban hacer volver en sí a Nielunë, los reyes de Farothdin intentaban por su parte proseguir con el ritual mientras el resto se preparaba para un posible combate.

- ¿Alguien tiene algún plan? - preguntó Darlak – Mi espada está dispuesta para la lucha pero no sé si nuestras armas le podrían hacer algún daño a este demonio.

Rialath, Bohr y sus compañeros, Anariel, Báldor, el esteldili, Arestel y los guerreros de Farothdin, todos prepararon sus armas.

El túnel temblaba con cada paso del balrog, piedras empezaron a caer de las paredes, y el tiempo se volvía valioso. Darlak miró hacia Izilsurias. ¿Conseguiría realizar el ritual antes de que el balrog atacara? ¿Qué pasaría si no podrían realizarlo? ¿Quedarían atrapados en la maldición para siempre?

Volveré, os lo juro los pensamientos del ohtari se fueron hacia Sonya y su hijo, a los que Valandil, Eleth y Vanadessë ya habrían puesto a salvo seguramente.

Báldor

La sombra y el poder, el fuego y el terror: balrog lo llamaron en los días antiguos.

Báldor de Amon Duin, el hijo del alcalde Vali y de la misteriosa y hermosa Kraya... hasta aquí lo había llevado su vida.

Su mente hervía -¿es ésto? ¿sólo ésto? Tan largo viaje, sueños siniestros, susurros negros... ¿y sólo para morir bajo tierra, junto a extraños y contra un enemigo inalcanzable?. Pues bien, ¡que así sea! No he de echarme atrás-

Se abrochó su casaca, pensó en sus hijos y en su esposa muerta. Apretó con furia su daga, 30 centímetros de acero, un regalo de muerte para la sombra y la llama.

Y en la oscuridad vió los rostros decididos de sus nuevos compañeros, saludó con una sonrisa a Anariel y le habló con voz clara -¿Hora de morir... o quizá sólo de matar? Los hombres libres no temen ni una cosa ni la otra, pero prefimos vivir y brindar con cerveza negra sobre la sangre de nuestros enemigos- Se tocó, con un gesto explícito, la venda de la cabeza, agradeciendo a su enemiga los cuidados que le había prestado. -Quizá aun podamos brindar con espumosa cerveza compartiendo el triunfo, señora-

Desvió lentamente la mirada, y miró con ojos grises, ojos de metal de Beleriand, hacia el terror.

[Editado por elfo_negro el 02-04-2007 17:15]

Hallen

Todo habia sucedido tan ràpido, todas las precauciones que la joven Hallen habia tomado para lograr pasar desapercibida durante el peligroso viaje habian pasado a segundo plano al ver a su querido Hamámuë tirado en el suelo y herido, solo habia podido gritar su nombre y correr hacia el para abrazarlo y hacerle saber que no estaba solo en aquel lugar y que ella lo cuidaria, su identidad quedaria sin duda al descubierto ahora, pero en realidad ya no importaba demasiado, lo unico realmente preocupante para Hallen era como reaccionaria la dama Arestel, esa dama tan noble quien se habia ganado toda la admiracion por parte de la joven princesa, despues de saber que le habia estado mintiendo, como reaccionaria? acaso la odiaria? ese pensamiento era terriblemente doloroso para ella, estaba feliz de ver a su querido hermano pero el hecho de pensar en ser forzada a abandonar el viaje era desalentador, era cierto que era un viaje peligroso en el que ella habia temido por su vida y por la de la querida Arestel y en el que tambien habia estado lidiando con el siempre desconfiado capitan Astaroth (quien despues del pequeño enfrentamiento con Hallen antes del viaje se habia vuelto el doble de precavido y apatico), pero apesar de todo Hallen le veia el lado positivo, todos esos sucesos le habian confirmado que estaba viva y que podia llegar a sentir emociones mas alla de pensar en que cenaria estando encerrada en el frio palacio de Nestnwelath, haria todo por no ser retirada de Tavarcerta y su primera acción seria, dejar a Bohr descansando adecuadamente y buscar a la dama Arestel para contarle todo ella misma, antes de que alguna otra voz se levantara diciendo que la hija primogenita de Alsenot señor de los Varna Ramar, estaba viajando sin la guardia de su ciudad y haciendose pasar por una simple campesina, todos esos pensamientos se vieron interrumpidos por la voz de Bohr.

-Hallen, me alegra de sobremanera tenerte a mi lado pero aun me debes una explicación, como esta eso de que viniste sola sin?........

la joven sonrie poniendo sus dedos en los labios de Bohr para impedirle hablar.

-por favor mi querido Hamámuë, ahora no, te prometo que te contare todo en su momento, ahora solo quiero que te recuperes.

Bohr no estaba del todo convencido pero al final asintió con la cabeza, Hallen le dio un beso en la mejilla mientras vendaba algunas de sus heridas, ambos estaba cerca a otra mujer que estaba malherida, Hamámuë no le quitaba la vista de encima preocupado, sin duda esa dama era muy importante para el, en verdad ambos hermanos tenian muchisimo de que hablar.

Por algunos momentos todo estuvo relativamente tranquilo, pero eso fue interrumpido por un repentino temblor seguido por un terrible rugido, Hallen y Bohr salieron para ver lo que sucedia, y nada, nada que Hallen hubiera podido leer o imaginar podria compararse con lo que veia ahora.

-Un Balrog!!!! Hamámuë....

Bohr habia tomado su arma y se disponia a unirse con los demas guerreros para hacer frente a la temible amenaza, Hallen lo tomo de la mano para detenerlo, estaba a punto de decirle que debia descnsar para recuperarse, pero la mirada de su hermano la convenció de que nada lo haria alejarse de la batalla, apenada Hallen lo dejo ir, ella no podia hacer nada, conocia algo del arte de la lucha pero su padre jamás le habia permitido profundizar esos pocos conocimientos y si se atrevia a hacer frente solo representaria un estorbo en especial para Bohr quien de seguro no se podria concentrar en la lucha al tratar de proteger a su hermana, miro de nuevo hacia la mujer que Bohr vigilaba y fue hacia ella sentandose a su lado, con lagrimas en sus ojos rogaba porque aquella terrible bestia no causara una gran tragedia.

Narquelië

¿Cometí un error Eleanor?, ¿Qué pasará contigo y comigo, cuando esto se termine?. Cuantas cosas rondaban en su cabeza, ninguno de aquellos pensamientos la alentaba, ya no escuchaba las palabras hirientes de la reina, ¿Qúe decia?

"Nadie me mira a los ojos directamente, por si no os habeis dado cuenta, ni mi esposo se atreve a contrariar mis decisiones y mas sin condenas de por vida y encima por traicion."

!Que dulce ironía!, ¿Cuántas habían sido las veces, en que ella Señora del Lirio, le contrariara?, ¿Cuántas las veces en que le había mirado directamente a los ojos?. Narquelië sonrió con sorna, ella era la unica capaz de hacerlo y por cierto, que no le temía, tal vez era la unica de sus siervos que no lo hacia; pero era obvio que eso a Izilsurias poco le importaba, Quariel sabía ya en aquellos instantes que el precio por no temerle a la reina, le costaría bastante caro.

De golpe regreso a la realidad, todos se movieron inquietos.... algo balbuceaban, pero no lograba entender nada. Eleanor le toco el hombro y señalo el pasillo.... Comenzo a hacer calor y un olor a humo y fuego le pegó directo en la cara. Miró a donde Izilsurias, la reina manipulaba los brazaletes y la piedra, el ritual para unirlos ya había dado inicio.

Rapidamente se unio a Arestel y su comitiva,sin embargo ¿qué podian hacer ellos, contra un balrog?

Ílimo

Y allí estaba ella, la reina del hielo eterno, la Dama del Lirio Negro, señora de las almas oscuras y atormentadas a las que un día alojó en su reino, Farothdin. Estaba concentrada bajo un hálito de fría calma, recordando el pasado y murmurando palabras de lenguas olvidadas. Su larga melena negra colgaba sobre su espalda bajo un fino velo azulado, sus ojos azules destellaban luz mientras estaban ajenos al peligro de fuego y sombra.

no se atreverá a acercarse aún, _dijo mientras fijaba sus pupilas en las de aquella bestia_ conoce nuestra naturaleza, Ílimo, pero no lo que estoy haciendo. Cuando tenga las manos libres podré luchar como en los viejos tiempos, solo necesito tiempo

Narmince _ vigila a tu reina, Quariel, Arestel ¡conmigo!, demostrad vuestro rango señoras de Farothdin. organizad a la multitud o caeremos de uno en uno. Yo mientras, tengo una baza que jugar..

Entonces Ílimo echó su capa hacia atrás y un brillo refulgió tan cegadoramente que el Balrog trastablilló y retrocedió tras las puertas.

Wëthan Bohr

Fuentes de poder, si el demonio de fuego no era inteligente, al menos reconocía las fuentes de poder.

Niëlúne estaba erguida junto a Wethan. Y junto a ellos los seres 'lobunos' de Helkelen Lara. Bohr buscó con la vista a su reina y a sus 'hermanos', de alguna forma también buscó al tipo de Esteldor que andaba entre ellos. Lo que encontró en cambio fue la mirada guerrera de Rialath.

- No te le acerques.- Le dijo el dunadan. - No sobrevivirías.-

Bohr aceptó el consejo. Aunque quería encontrar la forma de combatir a la amenaza.

- ¿Conoces eso? ¿Algún metal puede resistirlo?- consultó nervioso el varna de Heren Fanyarea.

- Poco. Pero el metal y la roca puede que sean nuestra unica defensa.- respondió Rialath.

El Balrog buscaba a uno entre todos. Izilsurias, el centro del ritual que estaba abriendo las puertas interiores. Ilimo al frente de las damas del Realengo de Farothdin, se disponía a resistir. Pero sin embargo el monstruo avanzó hacia su reina.

- No sobrevivirán.- Le dijo Niëlúne a Wethan.

- Bien... ¡Amontonados no serviremos, nos freirá de un solo soplido! ¡Rodeemoslo! ¡Cúbranse en las rocas, y todo metal servirá! ¡No se acerquen... cubramos a los farothdin! ¡Y si no queda otra opción... saquemoslos de allí! -

Bohr se dispuso a formar un semicírculo con centro en donde estaba Izilsurias. Algunos lo siguieron, y algunos, los más arriesgados, decidieron ir por detrás.

- ¡No amontonados, pero juntos! - arengó el alsenotíada.

El monstruo percibía fuentes de poder. Fuentes de poder individuales. Pero carecía absolutamente de la capacidad de reconocer el poder de una comunidad.

[Editado por elessurendil el 03-04-2007 18:56]

Darlak Lórindol

Darlak siguió a Bohr, ciertamente el poder del grupo podría servir en algo para detener al balrog.

- Sí...en efecto...alguien tiene un plan...bueno o malo, lo sabremos...muy pronto

Darlak desenvainó Envinyanta, que refulgió con su brillo oscuro en aquella caverna opaca, y se apretó lo posible en la roca, que podría ser su defensa. El corazón le latía a mil por hora pues el poder de un balrog era terrible.

Sin embargo, el demonio parecía distinguir cual era su misión principal, detener el ritual, e Izilsurias era en aquella especie de comunidad el motor del ritual para liberar la maldición de aquel lugar. Ella creó los brazaletes y ella tenía que unirlos de nuevo, así que si la dama de hielo caía toda esperanza para aquel lugar y para ellos se desvanecería.

La sombra ardiente entonces empezó a correr hacia donde Izilsurias pronunciaba el ritual.

- ¡Todos! ¡Protegamos a Izilsurias!

Afortunadamente todos parecieron haber captado el plan de Bohr y comprendido que en aquella ocasión el poder de la comunidad podría servir para proteger a la reina de Faroth. De esta manera consiguieron formar una buen circulo entorno a la reina.

El balrog se detuvo, un poco dubitatito. El fuego le salió por la nariz y extendió las alas ocupando el túnel de lado a lado. La expectación era máxima entonces.

Apacen

Apacen sintió la presencia del Balrog, no podía verlo, ni siquiera podría llegar a imaginarse el espectáculo que estaba a punto de producirse. Aun así era capaz de sentir el calor abrasante de la bestia, el alo de terror y miedo que le envolvía, escuchar el rugir de la bestia. Una criatura que jamás abría concebido, ni en la peor de sus pesadillas.

Tomo las manos de Alalmë y sintió el mismo miedo que recorría su cuerpo. Tan solo le dio tiempo a susurrar unas palabras - el miedo es un verdugo mental, la pequeña muerte …-

Aquellas palabras les reconfortaron un poco, Alalmë reunió fuerzas para poder balbucear unas palabras:

-Contra una fuerza de la naturaleza desatada, la fuerza o el poder sirven de bien poco, tan solo otra fuerza de la naturaleza podría detenerla o al menos conseguir el tiempo que necesitamos.-

Apacen asintió con la cabeza, -los antiguos moradores tan solo pudieron encerrar a la bestia – pensó - quizás podríamos hacer los mismo - el plan no sonaba tan descabellado. Ahora más que nunca necesitaban la fuerza de la tierra y el agua.

Llamo a Naulë y Laumon que regresaron raudos junto a sus dueños, tomo a Niëlúne entre sus brazos y se levanto.

-Hallen - Dijo Apacen, captando la atención de la mujer. - Debemos irnos de aquí. nada podemos hacer - Ella dio unúltimo vistazo a su hermano antes de partir con ellos.

Alalmë recogió el bastón, le tomo del brazo y le guió hacia uno de los pasadizos, dejando atrás la sala.

Su esperanza, encontrar el método que utilizaron los antiguos para encerrar a la bestia.

[Editado por percebal el 05-04-2007 17:50]

Wëthan Bohr

- ¡Atrás! - gritó la Dama Negra, del Frío Eterno.

Había detenido el ritual. Y avanzaba hacia el grupo que intentaba hacer lo imposible, defenderla a ella del gigantezco monstruo que ardía.

- De nada servirán los brazaletes, ni mi presencia, sin vuestra existencia. - dijo enojada, retando al grupo. - Nos necesitamos.-

Entonces avanzó hacia el Balrog. Ambos eran de la misma hechura. Aunque él fuera una bestia del fuego de las profundidades y ella una dama del hielo de los confines. Habían servido a la misma causa alguna vez. Y ninguno era más fuerte que el otro ahora.

- Sabes que es cuestión de tiempo, esposo.- le dijo al Señor Ilimo. Él entendió esas palabras y la dejó avanzar aunque en principio se había sobresaltado.

Ilimo contuvo al resto que intentó detenerla.

- Cálmate. Hay mucho que aún no entiendes, mi querido Bohr, y esta situación es algo de todo eso. Nuestra parte vendrá pronto. Ahora es momento de ella. Es poderosa, tanto como la naturaleza lo es.- Dicho esto, Anariel blandió Rûnyacir y le sonrió a su amigo.

Wethän se irguió al frente, sosteniendo Shatearffelak. Tenía a su familia detrás, sonrió, su alma estaba a salvo. Y su mente también, no había renegado de las palabras de la sacerdotiza, estaba aprendiendo otro mundo, y eso lo hacía sentir digno. Buscó a Niël, encontró su mirada extrañada, y a Hallen. Luego cruzó miradas con los hombres, compañeros de la Misión.

Izilsurias le gritó algo al Balrog en palabras y sonidos incomprensibles. Y luego destellando como el hielo de la región de Ringil, al inimaginable sur, a la luz de la luna, dio un tremendo sobrenatural salto sobre la bestia, cayó sobre su cadera y se aferró ejerciendole una presión que, sino daño, le causaría molestia.

El choque fue deslumbrante, ambas fuerzas, el fuego y el hielo, emitieron destellos astrales y tonos contrastantes. Y estaba claro que, a pesar del pugna permanente, ninguno predominaba sobre el otro.

El balrog se movía bestialmente golpeandose la pierna mientras Izilsurias trepaba hacia su vientre. Ella, que había asumido forma femenina, se arrastraba sobre el fuego emitiendo vapores y humos brillantes. Cuando permanecía en un estado de concentración cercano al trance, pareció caer inconsciente. El demonio lanzó un zarpazo que desprendió a la Dama Negra, y la sostuvo, como habiendo logrado su trofeo.

Ahora tendría que retirarse o eliminar al resto de las “alimañas” que lo enfrentaban.

Las “alimañas” se resguardaban y, habiendo hallado materiales con los que cubrirse un poco tiempo del calor del monstruo, que al haber chocado con la maia ya no era tan omnipresente, se acercaban a intentar sus más esmerados golpes para dañarlo.

Mientras tanto, el plan había comenzado a tomar forma, y estaba en marcha.

Ílimo

Izilsurias no había podido refrenar su espíritu guerrero. En otros tiempos había dado muerte a algunos como este, pero tenía el apoyo de sus pares. ¿Hasta que punto podían tomarse la libertad de acabar con un espíritu divino?, aunque corrompido, era un ainur como ellos.. ¿Tendrían derecho a dispensar muerte o indulto? Había cuestiones que plantearse antes de la lucha _pensó para sí Ílimo, e Izilsurias lo sabía_ .

El rey tomó el mando del ritual. Lo conocía tan bien como ella, de su mano salieron los brazaletes, y la piedra de Orn era un regalo de Valinor. Ya quedaba poco, pronto poco se necesitaría a los herederos para sellar el ritual, y entonces podrían irse. Cada uno debería indultar de palabra a los espíritus que se mantenían en las sombras, hablando en alto. “Vais a ser perdonados por estos descendientes que olvidaron vuestro delito, dad gracias de su ingenuidad porque yo nunca lo hubiese hecho. _pensó en voz alta Ílimo_ ¡Ni siquiera soys capaces de defenderles del Balrog!

" Y una y otra vez los intrépidos guerreros fintaban y esquivaban los ataques del Balrog de Tavarcerta. se vieron armas de muy buena manufactura, legendarias, bendecidas, de mortal aspecto..tan hirientes como bellas, empuñadas por héroes de aquellos tiempos que luchaban contra algo que figuraba en las leyendas. Nada más y nada menos que un Balrog de acero y fuego al que plantaban cara valerosamente"

“¡Acercaros!, ¡tomad mi carcaj y apuntad a su cuello y a los tendones!, ¡allá donde la armadura sea más débil!. _dijo al resto, y especialmente a Quariel y a Arestel,_. Luego, viendo la situación de Izilsurias, dejó de lado el ritual y sacó fuerzas de flaqueza: tomó una flecha, tensó el arco pronunciando unas palabras y un haz de luz plateada destelló en la punta de la flecha. Soltó la cuerda y el dardo surcó el cielo zumbando, yendo a dar justo en el cuello del Balrog. Se vió un fogonazo y luego se oyó un grito de dolor. El Maia trastabilló y dejó caer a Izilsurias. Cuando la iba a rematar, su inmensa espada se interpuso con la de Ílimo. El choque fue brutal. Volvió a surgir un fogonazo que desparramó chispas iridiscentes en todas direcciones. Sonó una melodía de la espada de Ílimo. Ahendal cantaba e inspiraba valentía en los presentes; mientras, una burbuja de cristal empezaba a envolver a ambos maias, protegiéndoles del fuego.

El Balrog bramó de rabia al verlo y desplegó sus alas lleno de furia. El látigo chisporroteo alrededor buscando azotar a los que le disparaban aquellos molestos dardos embrujados, pero no lo consiguió. Nació fuego de su boca, se envolvió en un mar de nubes de azufre, hollín y llamas que reblandecían la roca y hacían subir la temperatura hasta un bochorno insoportable. Mientras, el escudo de luz seguía allí, brillando tenuemente. El Balrog tomó aliento y tras echar a volar envuelto en llamas se abalanzó sobre las dos figuras que se escondían bajo aquella hechicería. Un canto puro y claramente audible manó de la burbuja de magia que ahora se veía azul y destellante, como si una luz parpadease dentro. El canto sonaba suave, dulce; alternaba ritmos lentos y desapasionados que hacían poner la piel de gallina con susurros que arrastraban palabras, era Izilsurias. Se entremezclaba con un tono lejano que sonaba como el eco, era Ílimo.

Entonces el Balrog tomó ganas y bajó del techo de la sala, más grande y majestuoso que antes, envuelto en nubes negras y llamas que salían de su boca y envolvían su cuerpo. Con la espada en ristre se abatió como una hoz gigantesca sobre aquel indeseable capullo de magia cristalina.

Y el choque sordo se produjo, se hizo el silencio. El látigo del Balrog salió disparado y chocó contra la roca, rebotó y calló al suelo congelado. Se hizo un sonido sordo entre las negras nubes, como de metal contra metal; y la espada rodó por el suelo temblando. Se hizo el silenció. Algo crujió, y al momento manó tal torrente de luz, plateada, cegadora, y fría, … Que las nubes se vinieron atrás y las llamas se apagaron ante tal explosión. Los gritos del Balrog se consumieron y sus ojos se velaron. La luz lamió su cuerpo en llamas y lo sumió en la parálisis, tropezó y cayó entre las piedras que habían caído del techo, envuelto en un manto de escarcha.

Quariel y Arestel se acercaron a ellos; les apoyaron en sus hombros y les sacaron de allí. Izilsurias estaba débil por el sobreesfuerzo. Ílimo parecía malherido, con el brazo roto. _”Que se acerquen al círculo los herederos de los brazaletes, acabemos con esta locura cuanto antes”_ dijo él en un tono cáustico_ “no quiero estar aquí si lo que hicimos no resulta, contra semejante oponente,el efecto de la magia es pasajero"

[Editado por gorathion el 09-04-2007 02:22]

Báldor

De la tierra en que morimos procede tu sangre,

Tus ojos de acero frío nos son ajenos.

Bullan las entrañas y ténsense los músculos,

Brille el acero lejano, báñenos la sangre.

¡Despierta, venganza!

Hijo de los valles, nube henchida de lluvia

Olvida a tu padre y recuerda a tu madre

Préstanos, hijo, tu brazo y tu acero experto.

Beleriand nos permita la venganza de la Tierra.

Las palabras retumbaron en su cabeza venidas de un tiempo lejano.

Ante sus ojos se desplegaba el horror, pero no temía a la muerte ni al dolor, algo había protegido su corazón.

Eso… eso era. Para eso había sido llamado.

Desde la primera lección de esgrima, hasta ese salto a la nada. Todas las batallas, todo el dolor,… todo el placer.

Un salto hacia la sombra y el fuego.

Pero ya no era sólo Báldor de los Beornidas de Occidente. Ahora era Báldor de Árador y el espíritu de sus antepasados muertos le protegían.

Se lanzó contra el Balrog con una daga plateada, preparada para herir.

Un grito acompañó su fulgurante acción, un grito, una palabra, nacido de su garganta pero inspirado por un dolor antiguo:

-¡Venganza!-

[Editado por elfo_negro el 07-04-2007 17:30]

Wëthan Bohr

Semejante espectáculo que pareció durar instantes para algunos, había sido para otros el tiempo necesario.

La atención del balrog había sido atrapada. La canción de Ilimo, y el frío de Izilsurias, bajo el escudo plateado, habían provocado una furia irresistiblemente cegadora para el monstruo, que concentró su daño absolutamente sobre él.

Incluso creyó no sentir ya el ataque de los insignificantes, que le estaban haciendo daño, trabajosamente, horadando los miembros que por su permanencia en el mundo se habían hecho más y más terrenos. El fuego era, de a poco, consumido por el vacío que dejaban las espadas al arrastrar el aire con sus furiosos azotes.

Otros, habían hallado la debilidad de la sala de la cueva, la cobertura que la rodeaba se había cristalizado por el calor que la bestia hubiera dejado tiempo atrás, era como lava petrificada sosteniendo el espacio que en algún momento él mismo hubiera formado con su magna presencia allí. Ahora sería cuestion de terminar de aflojarla... y dejar que la montaña hiciera el resto.

El sonido del lugar era aquella melodía que, a su vez, fortalecía los espíritus de los guerreros de la Misión. El tiempo era distinto para ellos ahora. Tenían aquella superioridad sobre el demonio.

Bohr y Hallen contribuyeron a la escalada hacia la cúpula junto con Apacen y Alalme. Las rocas desmembradas de las paredes sirvieron para que cada uno de los heroes alcanzaran mejor posición para dañar el abrazador y misterioso "cuerpo" del balrog. Luego, cuando fue derribado, todos contribuyeron con sus metales a terminar de apagar el espíritu guardián que había sido enviado a detener a quien encontrara forma de abrir Las Puertas.

Luego, cuando el calor aún no había terminado de hacer mella y amainaba lentamente, todos se reunirían nuevamente junto a la Piedra de Orn... y los brazaletes de la primera unión.

Darlak Lórindol

“¿Todo había acabado?”

Darlak miró su espada, resplandecía satisfecha, jamás antes se había enfrentado a un enemigo tal desde que estaba en manos del senescal. Y su brillo oscuro iluminó entonces la caverna, todo había acabado.

La lucha había sido intensa, jamás hubiera pensado que podrían vencer a tal demonio pero el poder de los maiar había contribuido favorablemente. “Hemos tenido suerte, sin duda”

El balrog era una bestia poderosa, y el senescal había intentado hacer lo posible con su espada desde abajo, pero poco había podido hacer. Mientras algunos dirigidos por Apacen lo habían seguido para contribuir con su plan a acabar con el balrog, produciendo el desprendimiento de piedras y rocas de la caverna, otros habían quedado frente al balrog distrayendolo mientras Apacen, Bohr y los demás por un lado y los maiar por otro contribuían a detener a la bestia. En la contienda, el balrog había azotado a Darlak que lo había arrojado a un lado de la caverna, inutilizándolo.

Se levantó y comprobó que no había sufrido heridas apreciables salvo algunos rasguños y magulladuras. La caverna estaba ahora semiderruida pero la puerta seguía intacta, había llegado el momento de abrirla. Se levantó y se dirigió hacia donde el ritual se continuaría.

Sonyariel Lisse

Un escalofrío inundó el pecho de la joven, sentía tal congoja, que deseo despertar de aquella pesadilla.

Al ser llevada a una sala posterior, tras el largo pasillo, un fuerte temblor se hizo sentir provocando la caída de algunas rocas a su alrededor, y luego se sintió un rugido. El rugido de un demonio que estremeció toda la sala.

La temperatura del aire empezó a elevarse, y la joven miró temblorosa a las demás chicas que no sabían que decir. Luego observó al maia que se quedó incólume ante tal situación.

- ¿Valandil? ¿Que significa eso?... ¡Valandil!

- Un Balrog... existe desde tiempos inmemorables... ha venido a detenernos.

- ¿Un qué? ¿Balrog? ¡Valandil tú lo sabías! - la joven le observó desesperada, se acercó y le abofeteó el rostro antes de caer arrodillada a los pies del maia, con la respiración completamente agitada.

- !Tú lo sabías de antemano y así nos pediste venir!

En sus ojos aún tenía la imagen de Darlak despidiéndose. Su amado medio elfo. Tantas cosas había vivido a su lado, tantas locuras y en ese momento sintió que el mundo se le venía encima.

Buscó entre su ropa la empuñadura de su espada, y de un grito se levantó del piso a pesar de la negativa de todos.

- ¡No he venido a ser una carga para nadie! ¡Ni mi bebé hará que me transforme en un bulto! ¡Por Lórindol, mientras pueda empuñar mi espada, enfrentaré incluso al mismísimo Melkor si fuere necesario! – gritó la joven mientras se dirigía hacia el pasillo pero sólo alcanzó a dar un paso. El conjuro había iniciado... y su cuerpo cayó tumbado al piso estremeciéndose completamente por el dolor ... y luego nada... la sensación se había detenido extrañamente.

Algo estaba ocurriendo en la otra sala. El calor afixiante, los temblores, y el rugido del animal.

Luego de un rato su cuerpo volvió a estremecerse. El dolor fue tal que por un instante dejó de sentir, y su angustiado corazón empezó a calmarse lentamente. Observó el muro que la separaba de aquel ser que le había devuelto la fe y una lágrima rodó por su mejilla.

- Padre... si alguna vez me amasteis... protégelo... - susurró mientras un escalofrío le recorrió el cuerpo a pesar del calor asfixiante del lugar.

Y extrañamente su relicario comenzó a brillar al mismo tiempo que se reiniciaba el ritual y sus ojos se cerraban lentamente para caer en un profundo sueño.

Niëlúne Lambar

Se sintió zarandeada, abrió los ojos poco a poco para comprobar que estaba en brazos de Apacen.

¿Qué había pasado?

Se había desmayado...había corrido por el túnel hasta dar con ellos, había caído inconsciente en los brazos de Apacen en un intento de avisarles.

Reaccionó en seguida, el Balrog ya había llegado.

Intentó deshacerse de los brazos que le sujetaban. El humano intentó tranquilizarla pero Niëlúne luchó hasta conseguir que la bajara.

-Debo ayudarles-dijo entrecortadamente-no puedo huir ahora.

Apacen asintió y la dejó ir, estaba débil pero si debía morir sería al lado de sus amigos.

-Ve con ellos, nosotros pondremos a salvo a los que no pueden luchar.

-Gracias-dijo la semielfa,le sonrió y al instante dio la vuelta y corrió en dirección a la luz.

El caos se había desatado. Izilsurias e Ílimo realizaban el ritual que debía unir los brazaletes, el resto se erguía protegiéndolos de la amenaza. El Balrog se alzaba frente a ellos desafiante lanzando llamas por doquier abrasándolo todo.

Todo era fuego y terror. Encontró a Bohr en el grupo protector, se acercó y agarró su mano. El joven la miró, pareció tranquilizarse al verla.

En ese momento otra humana se les acercó. Bohr la miró unos instantes y sonrió. Era Hallen, la hermana de Bohr por parte de Alsenot.

Niëlúne había oído hablar de ella pero nunca antes la había visto. No supo en entonces de quién se trataba aunque distinguió algunos rasgos que se asemejaban a los del humano.

Sacó la espada enfundada y se dispuso para el ataque.

De repente, la Reina de Farothdin pasó a su lado y se abalanzó sobre el Balrog. Todo desde entonces sucedió muy rápido.

Cuando todo parecía perdido e Izilsurias derrotada, Ílimo vino en su ayuda y juntando ambas fuerzas se encerraron en una burbuja azulada que desprendía una luz cegadora. Todo se iluminó entre el azul y la plata. Niëlúne cerró los ojos ante aquella fuerza que la cegaba y de repente algo estalló en la cueva. Luego, silencio...

Abrió los ojos para comprobar que el Balrog permanecía tendido, el fuego que antes lo envolvía se había convertido en escarcha.

Ílimo ayudó a incorporarse a su esposa y reanudaron el ritual.

Rápido, esquivando las rocas que se habían desprendido ante la pugna de tan grandes poderes, el resto corrió a terminar con la bestia con la ayuda de sus aceros.

Destruída, hecha pedazos. Eso es lo que quedó de la horrible criatura que permanecía en el suelo de la caverna. Haciendo un coro todos la rodearon y la observaron.

-Ya todo ha terminado-escuchó que una voz decía sin saber de dónde venía.

Miró a su alrededor sintiéndose perdida. Encontró a Bohr a su lado, éste la miró y agarró su mano con fuerza. Niëlúne se acercó y se apoyó en su hombro, sintiéndose de nuevo reconfortada.

-Sí, ha terminado...-Bohr la rodeó con el brazo y la atrajo hacia sí.

-Así es-dijo con voz queda el humano-ahora nos toca a nosotros comenzar de nuevo.

La semielfa alzó el rostro y lo miró sorprendida sin entender. Escrutó en sus ojos el significado de sus palabras y lo encontró. El joven le sonrió, una sonrisa cálida y sincera. Niëlúne sintió un ardor en sus ojos, las lágrimas empezaron a resvalar por sus mejillas y le devolvió la sonrisa. Estrechó su torso desnudo con fuerza y se relajó. Acercó su rostro al del humano y lo besó con ternura en los labios; ésta vez no fue un beso robado, el humano respondió con dulzura ante el gesto de la joven. Sus manos acariciaron sus mejillas, los cabellos de la semielfa ocultaron sus rostros.

Un fuerte rugido los devolvió a la realidad, alzaron sus armas esperando encontrarse con la muerte cara a cara. Miraron desconcertados al no encontrar al enemigo.

Las grandes puertas se estaban abriendo. El fuerte rugido sonó de nuevo al deslizarse las hojas por la piedra mientras se abrían poco a poco dejando entreverse la larga oscuridad del otro lado...

[Editado por mithril_ el 11-04-2007 00:34]

Báldor

Báldor se apartó unos metros de la escena de la batalla. Tomó aliento, se apoyó en la fría pared y se miró el brazo izquierdo: una piedra, pesada y afilada, cayendo de la bóveda de la caverna, le había desgarrado la carne. El chaquetón, la camisa y luego la carne. Le sangraba.

-En bonita aventura me he implicado- dijo con sarcasmo para sí mismo -Primero casi me parto la cabeza, tengo el caballo herido, atado solo en un bosque extraño, y ahora, intentando matar a un Balrog, ¡ja!, he conseguido una hermosa brecha de 4 pulgadas en mi brazo-

Mirando la carroña sintió un escalofrío y agradeció a los oscuros espíritus familiares su protección ante la llama del balrog. Había sido una hazaña, una temeridad que rozaba la locura inconsciente... lanzarse contra un balrog con una daga.

Había sentido cómo el acero se hundía en la carne de la bestia al tiempo que se apercibía de que no estaba sólo en el intento, que la caverna se hundía.

Todo sucedió muy rápido, apenas fue consciente de sí mismo, y mucho menos del resto de la situación. Sólo ahora lograba desentrañar lo sucedido.

Se separó de la pared; el brazo herido le dolía y entorpecía su habitual movimiento elástico.

Un crujido y un temblor anunció que algo sucedía: la puerta entreabriéndose anunció que aun faltaba mucho para que todo acabara. Báldor suspiró y empuñó su daga ensangrentada.

Báldor

Palabras del Grimorio Negro de Leng, en el Este (abominación jamás leida, guardado bajo llave en los sótanos del castillo de Harancar):

"Nada menos que la Apertura de la Puerta de Tavar es la que lleva a los Siete Peldaños hacia el interior del horrible Hoyo. Por tanto, que no os alarmen las visiones y sonidos emitidos por esa Apertura, pues serán los gemidos y lamentos de las Sombras que están encadenadas allí y el chillido del Dios Loco en el Trono de la Oscuridad".

[Editado por Elfo_Negro el 12-04-2007 18:45]

Wëthan Bohr

"Las damas y caballeros reunidos se ordenaron conformando un semicírculo frente a la piedra y a la reina del Realengo de Farothdin, creadora de los brazaletes que se ubicaban en posición para llevar a cabo el último ritual.

- En este sitio, antaño, mantuvimos un lazo que se perdió. El rey de las tierras del sur y su mujer, que fue exiliada al norte, se siguieron contando sus desventuras aquí, aún cuando cada uno se entregó a sus lejanos compromisos. Sus nombres fueron y Orbic y Arid. Nunca dejaron de sentir amor, pero la sombra se interpuso entre ellos. Nuestro deber fue mantenerlo, y de ese cariño inmenso, que quedó grabado a fuego en lo que fueron estas salas, como una runa que significaría todo el destino de estos pueblos, surgió la ciudad de Tavarcerta. Sus primero habitantes fueron sirvientes de aquellos que aquí se reunían para no abandonarse del todo.-

Mientras Izilsurias contaba aquellos hechos, y movía sus brazos sobre la piedra de Orn, mientras los aventureros se formaban intentando tener a sus lados a gentes de pueblos distintos al suyo propio, mientras las paredes y los techos temblaban y el polvo de la roca creaba brumas, algunos buscaron la mirada de sus aquellos a quienes le entregaban esa parte única del corazón que se cede sólo a uno en toda la vida.

- ... esta ciudad fue nuestro sueño, nuestro hijo entre tanta incertidumbre. Ilimo dio su aporte para consolidar estas fortalezas inexpugnables, tanto así que dio parte de si mismo, como muchos lo hicieron, para que este refugio no pudiera ser penetrado siquiera por fuerzas de poder inimaginable para la mayoría de vosotros.-

Como en un momento Hallen había estado al lado de Arestel de la Orden de la Rosa, ahora se encontraba Wethan. No pudo contenerse y le susurró "¿Señora, por qué tengo la impresión de que usted tiene o ha tenido tanto que ver conmigo o que tendrá que ver con mi destino? No he estado en vuestras tierras... Usted se parece a... Mmm... mis disculpas...". Algo tenía que ver su familia con todo aquello, pero no estaba a su alcance ahora. Sobre la familia era que hablaba la Dama Negra, y los sentimientos de todos se encontraban emocionalmente fuera de la realidad fisica y temporal, pero el acto debía continuar, no podía Bohr permitirse dispersarse más.

- Luego de la primer unión, los leales pasaron al ostracismo, ascendieron los más corruptibles, los menos dignos. Entonces el Enemigo derramó sus venenos entre nuestras arterias. Y usó el buen deseo que habíamos promovido, de unirnos en una federación, en su favor. Y contaminó los lazos. Y los motivos se confundieron. Y en lugar de una unión se instaló un intento de imperio... que, este bastión resistió, nuestra querida ciudad.

Su gente, confundida, se mantuvo firme, y obraron para el bien, aunque de alguna manera el veneno influyó en ellos, los hizo errar... negando a los rivales, descuidaron también aquello que los mantenía unidos y fuertes frente al poder oscuro. Y entonces la batalla los condenó. El Refugio no pudo ser violado. Así que la locura hizo que cayera la maldición, y nunca salieran de allí sus espíritus. Pero digno, Cirthil, se condenó junto con sus hermanos y a la par de sus hermanos tavarcertanos, rodeandolos, asumiendo el mismo penar que a ellos les había consignado. Fue gracias a esto, que el bosque encontró y atrajo a los puros que habrían de redimir toda miseria aquí ocurrida: Vosotros.-

[Editado por Elessurendil el 23-04-2007 00:56]

Wëthan Bohr

[Editado por Elessurendil el 23-04-2007 01:04]

Wëthan Bohr

La Puerta del Refugio se abrió.

Toda la Misión estaba expectante. Izilsurias había hecho y dicho todo lo que debía con los brazaletes sobre la piedra de Orn.

- ¡Ilumina! - Dijo alguien.

Nada se oyó adentro. El espacio no era pequeño, poco se distinguía más allá.

El semicírculo de los aventureros observó. Pero luego uno a uno fueron mirando hacia atrás... los techos que habían caido con la destrucción del balrog habían abierto un espacio que daba al bosque... y por él habían llegado. Tenían la forma del cuerpo al que habían pertenecido, aún sus ojos brillaban. Eran el fëa de los elfos de la tragedia de Tavarcerta. Parecían flotar, aunque buscaban el suelo. Eran una tropa completa, grande. Pero se fueron asomando unos pocos. Uno, su líder, se acercó.

- Mi nombre es Cirthil, rey... de unos pocos. Gracias por estar aquí. Lo hemos logrado.- dijo con una voz reverberante.

- ¿Y, qué pasará allí dentro? - se oyó preocupada a Eleth.

Los espíritus élficos también la oyeron. Aunque Cirthil continuaba.

- El padre del niño... - dijo observando a Sonyariel, que no se acobardó aunque protegió su vientre.

- Soy yo, señor Cirthil.- dijo Darlak, rodeado de quienes lo seguían.

- Caballero Darlak Lórindol. Tú, determina a uno de tus compañeros. Y déjalo perderse hacia el interior. Elije a quien tenga el don de acompañar, el don de entender a las almas.-

- Pero... Todos aquí...- se expresó el medioelfo manifestando que no podía elegir entre sus compañeros.

- Confía en él.- Le dijo Izilsurias.

- Eres el centro, Darlak. Él te conoce, porque eres el centro. Siento la luz.- agregó Naredhel.

- Os conozco a todos, gente de Arador, y no tengo enseñanzas para vosotros. No más que lo que han aprendido aquí. Sólo habré de terminar lo que un día comencé, con vuestro favor.- dijo el espíritu de Cirthil.

Entonces Darlak recorrió con la mirada a sus compañeros. Buscando lo que el viejo fantasma le había pedido. Uno a uno, todos tenían tales habilidades. En un momento recordó ciertas situaciones y se aclaró, aquel que había demostrado sus virtudes de empatía aunque sus formas hubieran sido antes torpes, Bohr.

- Bohr.- dijo - Wëthan Bohr. El Pastor. El Carnero.- Rió.

- Amigo.- se inclinó el humano. Los ramalië solían tener dones empáticos. - Dime que debo hacer.-

Darlak miró a Cirthil. El fantasmal elfo miraba hacia la oscuridad del refugio abierto. Sabía lo que debía decirle a Bohr. Pero no quería darle órdenes a un par. Al menos no quería que sonara como eso.

- Sabes. Ilumina allí y traelos.-

- Los humanos de Tavarcerta, no comprenden del todo bien, han perdido el sentido de libertad. Alguien tendrá que mostrarles el camino ahora. Te acompañaré- Le dijo Ilimo a Bohr.

- Yo iré contigo.- casi grita Niëlúne.

Fue entonces, que el humano se sumergió en la sala. No fue solo, unos cuantos más se acercaron con él. Los que se quedaron se acercaron a los elfos. Izilsurias se puso a un lado de Cirthil. Y Darlak se mantuvo al frente con Sonyariel.

Adentro, los aventureros acompañaron a Bohr hasta que este les pidió que se mantuvieran unos pasos atrás. Las figuras podían casi distinguirse más adelante.

Tavarcertianos, siento vuestro miedo [...] Hemos venido, somos amigos. [...] Si vuestro amor por la luz permanece, ya sabrán que vuestro enemigo se arrepintió el mismo día que os dañó. Y que comparte vuestra pena. Sabrán que el verdadero enemigo es ese otro del que hablan, ese que dicen que ya no está. [...] Ha pasado tiempo, mucho. Pero quien pudiera entender más allá de lo que digo, quien pudiera leerme, vería que ahora todo por lo que sufrieron se acabó, que ahora el camino es hacia la paz. Os invitaré a comprobarlo por vosotros mismos. Habéis triunfado, Tavarcertianos. Es hora de la gloria... Estas palabras se dice que son las que dijo Bohr, aunque tal vez hayan sido distintas, muchas menos o muchas más. Lo cierto es que el que hacía las veces de señor, se le acercó y lo saludó afectuosamente. Y así todos los demás le regalaron una sonrisa del alma.

Luego. Caminando al frente Wëthan Bohr, todos salieron del refugio.

El fanyareano, con Niëlúne apoyada sobre él, avanzó en silencio hacia Darlak, el ohtari. Fuera de la cueva el sol comenzaba a hacer amanecer. Pudieron verse unos y otros. El encuentro fue tan fabuloso como inquietante. Wethan y Darlak se acercaron y se dieron la mano, contentos.

- No puedo dar más que mi arrepentimiento.- dijo Cirthil a los Tavarcertianos que los observaban. Lo mismo dijeron todas las ánimas que estaban de su lado, discordinados, pero juntos... lo mismo.

- Entendemos ya, señor. No puedo yo darte más que perdón y paz.- dijo primero el comandante de Tavarcerta. Lo último repitieron los demás.

- Entonces ya, será que descansen, sea paz para vosotros.- dijo Báldor, el último esteldili. Y eso repitieron los aventureros, aprobándose unos a otros.

Fue que la luz del sol se hizo más intensa. Y las almas dejaron el lugar para ir cada una quien sabe adonde. Algunas se elevaron y otras se desvanecieron. Ya se habían entremezclado.

Al fin, se hizo la luz. Y la gente de la misión, los aventureros, la comunidad que se había integrado para resolver la última de las tristes batallas de los tiempos de la reunión de Arador, se preparaba para volver a casa.

[Editado por Elessurendil el 23-04-2007 03:28]

Darlak Lórindol

El sol iluminó entonces las antiguas ruinas de Tavarcerta, una ciudad que volvía poco a poco a la paz. Una pequeña sombra se acercó a Nielúne. Casi no se distinguían sus rasgos, lentamente iba desapareciendo.

-Hilaran-dijo la semielfa compungida.

-Gracias Niëlúne Lámbar, gracias a ti y a tus compañeros podremos volver a casa.

El espíritu de Elhedriel, la madre del niño, se acercó despacio.

-Es la hora…-dijo agarrando de la mano a su hijo.

La semielfa, con lágrimas en los ojos se despidió de ambos. De repente sintió que una mano tocaba su hombro, al dar media vuelta vio a Sonyariel que la miraba con ojos muy abiertos.

-¿Te…te sucede algo?-preguntó la semielfa.

-¿Lámbar?...¿Niëlúne Lámbar?-preguntó la humana casi sin respiración.

-Ssí-contestó extrañada.

Sonyariel llevó a parte a la semielfa y hablaron entre ellas. La humana le contó la triste historia de cómo su madre murió al darle a luz, y fue entregada a un semielfo el cual, era su verdadero padre, habiéndosele dicho al marido que tanto su esposa como su hija habían fallecido. Poco sabía ella de su madre, sólo que tenía un hermano soldado, y que se apellidaba Lámbar.

Niëlúne no daba crédito a lo escuchaban sus oídos. No podía ser, después de tantos años…tenía cara a cara a la hija de su tía, la hermana de su padre, Roleus. Las lágrimas volvieron a surcar su rostro, pero éstas eran de felicidad; tantos años sin saber de dónde venía, qué había sido de su familia, y ahora, de un plumazo, la tenía delante…

Muchos años felices le esperaban al lado de Bohr, preveía un futuro a su lado ahora que se había revelado. Ahora tenía dónde empezar de nuevo, tenía esperanzas para seguir…volvía a estar viva de nuevo…

***

Sonya estaba emocionada y se acercó a Darlak para sentir su abrazo en esos momentos, él sonrió y le secó las lágrimas de emoción que discurrían por su rostro.

- Pensé que te perdería en estas ruinas y no sólo te sigo teniendo sino que he encontrado a alguien de mi familia, Niëlúne…

- Todo ha salido bien – dijo Darlak mientras acariciaba el vientre de ella- . Y ahora nuestro hijo podrá crecer en tu vientre sano y fuerte.

- Será un gran ohtari – dijo ella sonriendo.

Caminaron hacia la gran plaza de Tavarcerta. Los reyes de Realengo estaban más rezagados, el resto iba adelante hablando sobre lo que habían vivido en aquel lugar. Darlak echó entonces una última mirada hacia atrás y algo vio que lo hizo dudar, un brillo tras los pasos de los reyes de Faroth. Dejó a Sonya y se dirigió hacia el lugar donde habían hecho el ritual, los brazaletes y la piedra seguían brillando, en el mismo lugar donde Izilsurias había pronunciado las palabras de liberación de la maldición.

- ¡¿Los vamos a dejar aquí?! – gritó Darlak para que todos le pudieran oír.

- Sería conveniente que se sigan conservando, quizás la oscuridad vuelva a estas tierras y los necesitemos – dijo Valandil y, dirigiéndose a los reyes de Farothdin, añadió. - ¿No creéis? Antaño juramos que no propiciaríamos guerra en Árador y creo que ninguno de los que en esa época firmamos el pacto de los brazaletes hemos cumplido con nuestra promesa.

Las almas ya habían desaparecido por completo cuando el grupo, formado por las gentes de Lempë Ohtari, Realengo de Farothdin, Heren Fanyarëa, Helkelen Lara y Eirë Esteldor se detuvieron en la plaza de Tavarcerta cuando Darlak los llamó a todos.

Fue entonces cuando Izilsurias tomó los brazaletes y la piedra. La dama de hielo ofreció el brazalete de los elfos del este a Darlak, el del antiguo Imperio del Norte a su descendiente, Alalmë, y el de los hombres de Tavarcerta a Rialath, puesto que habían sido traídos por ellos. El cuarto fue entregado a Ílimo; por su parte, la reina conservaría la piedra.

- La piedra de Orn la guardaré yo misma, espero no vuelva a tener que echarla de menos – dijo Izilsurias mirando a Narquelië y Eleanor.

- No perdáis los brazaletes – habló entonces Valandil Súleglîn.- Veo tiempos inciertos entre nuestros clanes, posiblemente nuestras diferencias se agraven con el tiempo y quizás llegue el día en que tengamos que recurrir a los brazaletes para traer la paz a Árador igual que hemos hecho en las ruinas de esta bella ciudad.

Aquellas palabras proféticas enturbiaron la mente de todos pero el sol había salido y acariciaba dulcemente las piedras de Tavarcerta, en el centro de Árador. Pero Darlak se adelantó y los miró uno por uno, pensativo, luego habló:

- No os atribuléis. Ahora ya podemos volver a casa, por el momento…hemos desentramado un hilo más de esta maraña pero también a mi algo me dice que aún hay mucho por llegar. Descansemos y vivamos nuestras vidas, un tiempo al menos, luego, ya veremos a qué nos debemos enfrentar. Volvamos a casa…regresemos…

/escrito por mithril y aratir/