Narquelië
Manik, el sirviente de Narquelië entró sigilosamente en la habitación de las casas de curación de Ost in Alassëa Esde, la capital. Por la ventana, podía verse el palacio del hielo eterno, Manik sabía que en cuanto su señora se recuperara del todo, regresarían ahí y sus días de apacible alegría terminarían, miró a la elfa que se encontraba tranquilamente dormida en la cama de a lado, después y con mucho cuidado colocó un pequeño cuaderno, tinta y pluma en la mesa de la cama de Quariel, que lo miraba sin entender.
-Es para que escriba, así tal vez no desquite su mal humor conmigo.- la mujer le sonrió- hay algunos recuerdos, que son mejor guardarlos en la tinta y el papel y no en nuestra memoria.
-Tal vez tengas razón Manik y tal vez no, retírate- el muchacho hizo una reverencia.- vete a pasear a la ciudad, ya te llamaré cuando sea necesario.
Entonces las dos mujeres se quedaron solas, Quariel después de mucho pensarlo tomó el cuaderno, mojó la pluma y comenzó a escribir.
“He pensado mucho en lo que nos ha pasado a la elfa Eleanor y a mí, he decidido ponerlo entre la tinta y el papel, que se quede aquí y desaparezca de nuestras memorias, pues ello conlleva un gran secreto, que aun no he podido entender.
Lo que más recuerdo es aquella noche, cuya fecha he decidido guardar en las arenas del tiempo. Estaba atada y miraba a mi alrededor, dos hombres nos vigilaban muy atentamente, el resto del grupo se encontraba cerca del fuego y hablaban de su siguiente paso. Moví mi mano muy lentamente por la cintura, era hábil para ese tipo de cosas, sentí la daga guardada en secreto junto a mi pierna, ya iba asacarla cuando sentí la mirada de la elfa sobre mi cuerpo, mi mano más concretamente.
-No, debes esperar el momento oportuno.- oí su voz que sutilmente dejó escapar, logrando que los guardias no la escucharan.- Yo te diré cuando lo sea.
Apreté lo dientes, no me gustaba recibir ordenes y menos de una elfa perteneciente a la Orden de la Rosa, bajé la cabeza en señal de asentimiento y quité mi mano de la pierna. En ese momento, mientras éramos vigiladas, mi mente se dejó llevar por los recuerdos del por qué habíamos llegado hasta ahí…
Todo comenzó aquel día en el que Izilsurias me mandara llamar, muy pocas veces me presentaba en la sala del trono, a excepción de la reuniones de la Orden del Lirio Negro, se me hacía muy extraño que la reina demandara mi presencia; desde el principio de mi estancia en el palacio del hielo eterno, había tenido múltiples peleas con la maiar y con sus mas fieles servidoras, no nos llevábamos bien y la reina tenía que soportarme porque nunca pudo controlarme, yo era su niña malcriada, su mejor guerrera y su peor dolor de cabeza.
-Te tengo una misión.- me hablo Izilsurias, luego me indicó que me sentara, sin embargo no lo hice, a la reina pareció no importarle-Necesito que busques un objeto de suma importancia para mí y para el rey…
-¿Por qué me manda a mí? ¿Es acaso que sus dos manos las tiene ocupadas?- le pregunté interrumpiéndola. La reina exasperada se acercó rápidamente a mí, sin embargo me hice hacia atrás, conocía perfectamente aquellos movimientos de mi señora -No, esta vez no me tocar con su viento helado ¿Qué es esto tan importante para usted, que tiene que mandarme a mí?
-Escucha atenta doncella cuervo, no lo repetiré dos veces, te mando porque existe cierto informante, él tiene un mapa que te guiará al objeto.- la miré sin entender.- el informante es un amigo tuyo- tuve que sostenerme de la silla, mi rostro pasó del orgullo a la preocupación -por lo tanto lo buscarás y lo obligarás a que te guíe , ya sabrás qué es cuando lo encuentres y me lo traigas de regreso. Ahora se encuentra en la ciudad de Oron Oiotuilë en el bosque de Taurestë, si sales hoy en la noche llegarás en tres días, apresúrate y no pierdas el tiempo.
Entonces Izilsurias desapareció de la sala, dejándome preocupada, yo sólo podía tener un amigo y si él estaba en Farothdin era porque algo demasiado grave había pasado con los Noliënar, tenía que buscarlo, salvarlo y traerle necesariamente el maldito objeto a la reina.
Salí aquella misma noche del palacio, mandando a mis cuervos antes de partir, ellos me informarían de cualquier cosa extraña que rondara por la ciudad.
Dos días pasaron y ni un rastro de mis preciados cuervos, la ciudad ya no quedaba lejos, entonces mientras miraba a las estrellas y pensaba que hacer, oí el graznido de mis siervos, les llamé y escuché claramente lo que tenían que decirme.
Habían visto a un grupo no muy numeroso rondando cerca de ahí, eso a mí no me importó hasta que oí que vigilaban atentamente a un hombre de mi edad y a una nandor de cabellos extrañamente blancos, negociaban sobre un pergamino gastado y viejo. Entonces entendí aquella situación y me interné a través de la espesura de los árboles. No había avanzado mucho cuando oí claramente los clamores de una pequeña lucha, me bajé del caballo y corrí hasta ahí. Había tres elfos luchando contra una banda de ladrones, uno de ellos alcanzo a salir de la contienda, para después caer a unos pasos de mi cuerpo, descubrí que no era un elfo, si no una elfa, que se apretaba la pierna para detener alguna hemorragia.
No lo pensé ni dos veces, saque a mis espadas Aurë y Dûr y fui directamente hacia mis nuevos enemigos. No tardé mucho en herir de muerte a la mayoría del grupo, los dos elfos consiguieron la victoria gracias a mi intervención, sin embargo, huyeron unos cuantos y eso me preocupó un poco así que mandé a mis siervos seguirles atentamente pues presentía que aquel grupo al que vencí no eran todos los que seguían a mi amigo y a la extraña. Entonces lo recordé a él, lo busqué, pero no lo encontré, limpié las dos espadas de sangre, me acomodé el cabello, miré a los dos elfos que socorrían a la elfa tendida en el suelo.
-Ve a buscar a mi caballo y tráelo -dijo la elfa a uno y mirando al otro elfo continuó- Tú busca entre los muertos mi colgante.
La mire atenta, la elfa sacaba una daga de su bota izquierda y tras tomarla hizo una cruz en el talón de la bota. Clavó la daga en el suelo y sacó de su bota un pequeño frasco que develaba cierto color púrpura en su interior.
Utilizando la tapa del frasco tomó un par de gotas del líquido y gritó en silencio. Luego guardó el frasco en su cinturón y colocó la daga en su bota.
En aquél momento puse especial atención al líquido púrpura y la forma en que la elfa lo tomaba. Después guardé las espadas en el cinturón y miré a la elfa con sorna.
Sabia que algo tenía que ver con mi amigo y no encontrarlo, me dio mucha rabia y preocupación por no llegar a tiempo, mi mejor amigo era fuerte pero no en el campo de batalla.
-¿Dónde está el hombre con el que negociaba? ¿Cómo se llama, elfa?- le pregunté, debía saber la ubicación de mi amigo inmediatamente- Dígamelo rápido, pues no pienso perder el tiempo entre los primeros nacidos.
-Mi nombre es Eleanor. No me importa quién sois pero no os revelaré lo que no os incumbe. -dijo mientras se levantaba- Si desea saber el paradero de ese hombre, búsquelo usted.
Uno de los elfos se acercó con las manos ensangrentadas y le dio un objeto a la elfa.
-Hantalë y a usted, señora, buena suerte. Pues no creo que encuentre a su amigo entre los vivos por la mañana.
Sonreí ante la respuesta de la elfa y saqué la espada oscura de mi cinto, la puse en el pecho de Eleanor y los elfos se mantuvieron en espera de alguna señal de la elfa.
-¿Cómo sabe que no me incumbe?- le pregunté- Y a usted ese hombre le importa mucho, porque no tiene en su poder ese pergamino sucio y viejo ¿cierto?, hacía negocios con aquel hombre hace apenas un rato, dígame en dónde está y la dejaré en paz.- bajé la espada en señal de paz.- Favor por favor
Eleanor se detuvo y tras unos segundos me miro diciendo
-Al norte seguro se van a dirigir los ladronzuelos, por el modus operandi de quién los guía tardarán tres días antes de llegar a otra ciudad, que tiene una emboscada exclusiva para ellos-dijo sonriendo y luego continuó- matarán al informante al amanecer o al llegar a la ciudad, depende del humor de los ladronzuelos....
Oí el graznido de los cuervos, seguramente habían visto a mi querido amigo, ya no debía perder el tiempo con esa elfa, puse mi mano en el pecho y asentí en modo de despedida. Caminé al caballo, subí a él y salí disparada en la dirección que me indicaban mis cuervos.
Entonces miré como las aves bajaban en circulo entre lo árboles, algo pasaba y no me gustó en absoluto, baje del caballo y corrí hasta ahí, había dos hombres muertos y un tercero que estaba a punto de morir. Era él, me acerque y lo tomé en brazos, me miró y acarició mi rostro
-Elenoriën, mi querida reina.- sonreí tristemente pero no salió lágrima alguna de mis ojos -nos encontramos demasiado tarde, mi espíritu ya parte a la casa de mis antepasados; vine buscando en donde dejar el mapa y te encontré a ti, maravilloso regalo me han dado las estrellas.
Me indicó que sacara algo de su bolsillo, lo hice lentamente para no lastimarlo.
- La dama blanca, la que viste en tu estupor te ha mandado por mi, te ha mandado porque el equilibrio de su maravillo reino esta en peligro. ¡Qué astuto fue el rey al mandar aquella elfa Eleanor primero!
Le miré sorprendida pero seguí callada, el tosió sangre y respiró con dificultad.
- Ya no hay tiempo, mi Elenoriën, busca el camino y encontrarás lo que tanto desea tu reina.- entonces cerró los ojos y alcanzó a pronunciar sus últimas palabras.- Adiós mi eterno amor, nos veremos en la casa del padre.
Entonces murió, cerré los ojos y lo deposité en el suelo, después me paré lentamente aun con mapa en mano
-Bien, al parecer señora Eleanor usted me necesita.- dije en voz alta, volteando hacia los árboles.
Unos minutos antes había sentido a alguien tras de mí y al voltearme, creí que vería a aquella extraña elfa
Pero no vi a nadie y antes de poder darme cuenta, sentí un rasguño y un tirón. No solté el mapa y gracias a esto, el pergamino se cortó en dos partes. Con aquél botín el animal blanquecino que le había tironeado escapó.
No pude seguirle pues un manto de flechas comenzó a caer sobre este.
Fue en ese momento, cuando la dama Eleanor apareció con su arco para herir al gato que tan magistralmente había escapado de sus flechas.
Al lanzar la primera flecha una daga casi le cortaba el cuello sí no fuera porque uno de los elfos se lanzó sobre ella tirándola al suelo.
En cuanto el animal desapareció el otro elfo apareció ayudando a su compañero.
Eleanor se dio vuelta ,ya desaparecidos los elfos y me tomó la mano haciendo que soltara el documento
-El rasguño es leve...-dijo pensando en voz alta-...¡Qué extraño!....¿Te gustan los animales?-me preguntó casi sorprendida.
Un felino cayó en el hombro izquierdo de la elfa y yo comencé a escuchar suaves y melodiosos sonidos incapaces de entender.
La elfa me miro y me golpeo suavemente.
-Sí te duermes con su voz no le servirás a la Reina...ni a mí-dijo dando una señal con la mano izquierda, tras la cual el animal se retiró- Tienes parte del mapa...¿Cuánto quieres por él?
Desperté del aquél hechizo, era muy débil en ese aspecto, podía ser manejada de esa forma pues mi espíritu es más propenso a entrar en trance, que a estar en alerta ante aquellas voces. Miré a la elfa y le dije:
-¿Venderlo?- sonreí con sorna - No está en venta y usted parece necesitarme, tanto como la reina Izilsurias.
Di media vuelta y me acerqué al cuerpo de mi mejor amigo, que yacía inerte en el suelo, después le señale a la elfa que se acercara.
-Este hombre, no le quiso dar el mapa por algo, ahora al parecer nuestros enemigos lo tienen, no me gusta mezclarme entre los primeros nacidos, pero si tenemos que unir nuestros caminos para encontrar lo que tanto desean los reyes, lo haré.- entonces tomé la mano muerta entre las mías.- Déjeme darle un entierro decente a la única persona que tenía en este mundo, después veremos que hacer.
Eleanor pudo haberme respondido con gran soberbia acerca de aquél motivo por el cual no le dio el mapa pero prefirió tragarse el orgullo y susurrar:
-No sé quién fue para ti pero haz ese entierro si lo deseas, yo estaré en el campamento.
Tras decir esto se levantó y se retiró. Miré entonces a mi alrededor, no necesitaba mucho para hacer el ritual funerario, así que comencé por hacer los preparativos, ya sabía en donde encontrar a la elfa... "
Quariel dejó de escribir, al sentir la mirada escrutadora de la elfa.
-¿Qué es lo que haces?- le preguntó.- ¿Escribiendo tu?, vaya sorpresa que me has dado Narquelië.
-¿Desde cuándo te importa lo que yo haga o deje de hacer?.- le respondió la mujer con otra pregunta, después agregó.-No suelo escribir, pero esta vez mi alma me lo ha exigido.
Le tendió entonces el cuaderno, Eleanor lo leyó, cuando terminó dos lágrimas surcaron su rostro y comenzó hablar.
- Recuerdo que tras el funeral que habías dado a tu amigo, te apareciste en el campamento. Fue extraño lo que sucedió luego pues me invitaste a ver el mapa... o lo que teníamos de él... y pareció iluminarnos la luz que desprendía esa noche el sol de refulgente plata.
El mapa marcaba un punto de referencia imposible de no haber notado esa noche, debíamos ir a una de las ciudades de Farothdin...
Pero no tendríamos sólo el problema de que tal vez el mapa señalará ese punto también para los ladrones, debido a que el mapa terminaba allí no dejando terminar una frase...sino que pronto seríamos traicionadas por los dos elfos que me acompañaban..
El frío congeló el aire cuando Eleanor dejó denotar su ira reprimida. Quariel le miró y respiró hondo, después le dijo:
-Los elfos nos traicionaron antes de que pudiéramos notarlo... aunque nunca le tuve mucha confianza a los elfos... pero eso sucedió gracias a que la verdadera comisión que iba hacia a ti por tu petición hacia el rey fue interceptada y destruida y eso ahora lo sabemos y me arrepiento por no llegar antes de que eso pasara. Otros tomaron su lugar, parte de la banda de ladrones y se presentaron ante ti. Como los tiempos apuraban no notaste que no se siguieron “los protocolos oficiales”, un grave error de tu parte Eleanor, muchas de las cosas que pasaron y que no deberían haber sucedido, se dieron por ese encuentro… En la noche que llegaron debieron actuar y por la precipitación la banda actuó impulsivamente logrando que pudiéramos salvar cerca de la mitad del mapa...
-Y eso lo sé de sobra Quariel.- le respondió ella.-En el camino no tuvimos muchos problemas, tal vez porque a ellos no les convenía. Aún así al llegar nos atacaron por la retaguardia y con la ayuda del resto, nos desvalijaron y ataron.
En unas ruinas nos dejaron atadas, una al lado de la otra. Enfrente de ellos y una guardia deprimente que pronto cayó a causa de la bebida y del dulce aliento del silencio.
-Lo que siguió luego fue sencillo... nos desatamos, nos vengamos y tu mantuviste con vida al jefe, gracias a los murmullos de tu felino. Lo hubiera matado yo misma Eleanor.- la mujer apretó los dientes.-Sí tan solo…
-No.- le interrumpió la elfa.-eso ya no importa, lo que me preocupa ahora, es saber quien mando a esa banda de hombres dispuestos a hacer cualquier cosa por el poder.
Las dos se quedaron calladas y miraron por la ventana, hacía un tiempo que la búsqueda de la piedra había terminado, pero las dos sabían que las respuestas no estaban completas y debían encontrarlas, antes de que ese asunto se le saliera de las manos.
