Uzbad Kibil
Fin Guerra: Lempë Ohtari deja de Atacar
Armadas perdidas por "Lempë Ohtari" = 11
Armadas perdidas por "Helkelen Lára" = 3
Victoria para Helkelen Lára.

Historias, leyendas y batallas en las tierras olvidadas de Arda.
Edicion 3
Finalizada · 19-03-2006
2006:10:30:01:39:35
Fin Guerra: Lempë Ohtari deja de Atacar
Armadas perdidas por "Lempë Ohtari" = 11
Armadas perdidas por "Helkelen Lára" = 3
Victoria para Helkelen Lára.
Las noches se comenzaba ha hacer largas alrededor de Eru Andorya. El fríos vientos de nuestra tierra lejanas parecía que nos llamaban trayéndonos su fría lengua. Los fuegos de las hogueras iluminaban aquí y allá, rodeados de soldados que hablaban en susurros de lo lejos que habían llegado.
Mientras tanto una sombra en la tienda del capitán Zirak caminaba nerviosa de un lado a otro.
-Se te oye refunfuñar desde el otro lado del campamento.- dijo Hathol mientras entraba en la tienda.
Zirak paro en seco y miro al humano.
-Vamos siéntate y escucha, jovencito.- respondió el enano señalando una silla a un lado de una pequeña mesa.
El enano siguió dando unas cuantas vueltas dentro de la tienda bajo la atenta mirada del humano que le observaba con divertida atención.
-Bien, dime hermano; ¿Qué es eso que tanto te preocupa?.- se aventuro a decir Hathol
-No lo entiendo. Normalmente después de una batalla el consejo nos hace movernos, hacia otro lado.-hizo una pausa y miro al humano.- Pero ahora están tardando demasiado. Y eso no me gusta. Algo están tramando desde Ost-en-Aël. Y algo muy gordo.-se acerco a la mesa y tomo una jarra de la que bebió un largo trago.- Los vientos traen noticias alentadoras como inquietantes amigo mío.
-No entiendo que quieres decir, Zirak.- Hathol miro al enano con sorpresa.- ¿A que te refieres?
-Prepara a los hombre antes del amanecer.- Zirak se acerco mas al humano.- Estoy seguro de que tendremos problemas.
Hathol salio de aquella tienda algo aturdido por las palabras de Zirak.
El enano no suele equivocarse, además le veo muy preocupado.
Hathol se dirigió hacia donde descansaban varios capitanes de infantería y caballería.
-Señores.-
Los soldados se levantaron ante la presencia del comandante.
-Señores, cojan a sus soldados y prepárense para partir. Aguardaran fuera de la vista del campamento y esperaran a que los exploradores les den la señal.
-Pero señor, disculpad mi atrevimiento. ¿Pero a donde nos dirigimos?.- pregunto una de los capitanes.
-Llamémoslo juegos de guerra. Para tener a las tropas entretenidas mientras esperamos instrucciones del Consejo.
¿Cómo les digo, que es por un presentimiento del enano? Me tomarían por loco.pensó Hathol.
-Bien, caballeros hagan lo que se les ha ordenado y prepárense antes de salir recibirán más instrucciones.- dicho esto Hathol salio de la tienda y volvió a la suya.
En el campamento reinaba el silencio, solo se podían percibir los cuchicheos de los soldados que traía el viento. La tienda de Hathol se encontraba cercana a la Zirak. Cuando el humano se dirigía hacia la suya vio que en la tienda del enano la luz de los candiles esta apagada y la entrada abierta. La curiosidad pudo más que el hecho de la intimidad del enano.
-¿Zirak?.- pregunto Hathol mirando dentro de la tienda.
La encontró vacía, los candiles que proyectaban la luz normalmente estaban tirados sobre el suelo, esparciendo el aceite sobre la tierra.
-¿Pero que demonios?....-
-Nos atacaran al amanecer.- dijo una voz a la espalda de Hathol.
El humano se giro lanzando su mano a la empuñadura de su espada. Pero se quedo perplejo ante la imagen que tenia delante. Las heridas de Zirak se habían abierto y estaba sangrando. Su jubón de un color verde claro se tornaba oscuro y pegajoso.
-¿Pero Zirak? ¿Qué demonios?.- alcanzo a decir Hathol
-Nos atacaran al amanecer.-hizo una pausa y miro a los ojos a Hathol.- Han intentado que dirijas solo la batalla.
Aquellos ojos inyectados en sangre sobrecogieron a Hathol. Conocía bien a su amigo, a su hermano ambos se habían salvado la vida en más de una ocasión. Pero aquella mirada, solo la había visto una vez; cuando Zirak le hablo de la matanza de su pueblo. Esa mirada de resignación, melancolía y pena.
Hathol asintió.
-Lo he preparado todo, he mandado varios destacamentos fuera del campamento y he apostado a varios exploradores en las inmediaciones. Si nos atacan avisaran a los tropas y les encerraremos entre dos frentes atacándolos por la espalda.
Zirak asintió y se introdujo dentro de la tienda.
-Entra conmigo muchacho, vamos a hablar.- dijo en enano desde el interior.
La tienda era un verdadero desorden. Los espías de Lempe deben de ser muy bueno para atacar al enano y que ni nos enteremos.
-Siéntate muchacho.-dijo el enano señalando una silla tirada en el suelo. No espero a que el humano se sentara.- Muchacho esta guerra esta llegando muy lejos. Se que luchamos por nuestra patria adoptiva. –hizo una pausa y miro a los ojos a Hathol.- Estoy cansado de ver tanta sangre nuestra y de nuestros vecinos.
Me esperaba cualquier frase de Zirak, pero esto….
Las horas pasaron. Zirak miraba al suelo meditabundo bajo la atenta mirada de Hathol que no sabia que decir. Pero el silencio fue roto por un soldado que dando grandes bocanadas de aire entro en la tienda.
-Comandante….nos atacan.-
Zirak levanto la cabeza y miro fijamente al soldado.
-El amanecer a llegado.- y como si aquellas palabras le hubieran sacado de sus profundos pensamientos salio de la tienda corriendo.
-Muchacho, corre a la lucha.- dijo Hathol mientras salía en pos de su amigo.
El amanecer había traído las nubes. Que con el viento favorecían el ataque de los soldados lemperianos. La niebla lo envolvía todo, casi convirtiéndolo en más pesado. Era difícil ver a Zirak si no fuera por los gritos que provenían de allí donde se encontraba lanzando su hacha contra los cuerpos de los soldados enemigos. Hathol preocupado por su compañero y olvidando sus heridas de la anterior batalla se lanzo en pos de él. Los soldados le atacaban como salidos de la misma niebla. Pero Fealóke supo responder a los deseos de su dueño y alli donde venia un ataque, ella lo defendía y contraatacaba.
Los soldados de Lara estaban preparados. Reaccionaron al ataque de los soldados lemperianos. Pero había algo que no encajaba en todo aquello. Hathol no vislumbro los estandartes de los capitanes de Lempe. Los soldados iban solos a la batalla.
Al fin sonó el cuerno. Y Hathol miro al horizonte, los soldados que había enviado fuera del campamento habían llegado. Con esto seria el final de los soldados enemigos.
La caballería de Helkelen irrumpió entre las filas del enemigo a su espalda descuartizando y pisoteando a aquellos que se interponían en su camino. Las unidades de infantería atacaron por los flancos. Los soldados de lempe estacan acorralado y su fin estaba próximo.
Y ya cuando todo estaba perdido para los soldados de lempe, cuando era ya no eran más que luchas aisladas y grupos de prisioneros. Un estandarte apareció en medio de la batalla. Los capitanes de Lempe habían llegado. Pero era demasiado tarde solo podían intentar salvar a los capturados.
Aikanaro se lanzo a la ayuda de sus compatriotas. Su caballo corría veloz entre las huestes del enemigo, tenia que ayudarlos. Pero quiera el destino no favorecer a las tropas lemperianas. Que su caballo cayó abatido por un lancero que atravesó el costado del animal.
Zirak vio como el capitán caía de su caballo y con paso firme se lanzo en su dirección. Planto los pies delante del jinete caído y alzo el hacha. Si mirada esta impregnada de sangre suya como de los enemigo. Y fue el azar o la buena fortuna del capitán de Lempe que el enano freno su furia.
-Atadle con los demás.-dijo a los soldados que comenzaban a agruparse armas en ristre alrededor de Aikanaro.
Habían ganado la batalla. Y las bajas habían sido realmente bajas.
-Eres un maldito genio, maese enano.- grito Hathol acercándose a su compañero.- Es imposible dudar de que los valar te hablan en sueños mi querido amigo.
Pero Zirak no respondió, miraba al grupo de soldados prisioneros y en especial a aquel capitán de Lempe.
-Tenemos a un capitán entre los prisioneros, Hathol tengo que hablar con el, tengo una idea.- dijo el enano sin girarse hacia su amigo.
Hathol asintió y se dirigió hacia donde estaban los soldados mofándose de los capturados.
-Nunca podréis con los ejércitos de Lara, escoria lemperiana.- decía un soldado al capitán lemperiano.
-ATENCION EL COMANDANTE.- grito un sargento que se divertía con sus hombres a costa de los arrestados.
-No quiero una sola muestra de indisciplina, son enemigos pero han luchado con honor y fuerza. Por lo que se les respetara. ¿Entendido, soldados?-
Todos los hombres respondieron a una sola voz.
Hathol llamo a dos de los soldados de mayor graduación y les pidió que llevaran al capitán a la tienda del comandante Zirak. A lo que los hombres se miraron asombrados, pero no osaron contradecir una orden directa.
Hathol se dirigió a la tienda del enano. Lo encontró recogiendo las tienda.
-Te terminaras desangrando, como no cures esas heridas, hermano.- dijo Hathol desde la puerta.
-Los enanos estamos hechos de roca, cuatro rasguños no acabaran conmigo.- respondió el enano riendo.
Ha recuperado el buen humor. Eso me reconforta.
-Y bien, ¿Qué piensas hacer con el capitán?.-
-Hablar con él. Tengo una idea. Por lo que te solicito que me permitas hablar a solas con él.-respondió el enano sentándose en uno de los taburetes.
Hathol miro asombrado a su amigo.
-¿Estas seguro?.-
-Si, lo estoy. Quédate cerca de la tienda por si necesito ayuda.- dijo el enano guiñando un ojo.
-¿Señor?.- preguntaron desde afuera.
-Pasad al prisionero.- dijo Hathol mientras salía de la tienda echando una ultima mirada a su compañero enano que sonreía de oreja a oreja.
Pasaron algunas horas. La paciencia de Hathol se iba acabando por momento. No comió nada para el desayuno, solo camino de un lado a otro cerca de la tienda. Finalmente Zirak salio seguido de Aikanro.
-Traer un caballo.- ordeno Zirak.
Hathol miraba perplejo a su amigo. Un soldado trajo un caballo y Zirak lo tomo de las riendas.
-Aquí tenéis capitán Aikanaro. Espero que la próxima vez que nos encontremos sea en una taberna.
-Sois un guerrero con honor y un enano comprometido con vuestra patria. Ha sido un honor conoceros.- dijo el capitán lemperiano mientras se subía al caballo.
Aikanaro hecho un ultimo vistazo a su alrededor y azuzando a su montura corrió al galope.
-¿Pero que demonios ha pasado Zirak?.-
-Hermano, el fin de la guerra esta cerca.
[Editado por Valandin el 23-10-2006 16:58]
[Editado por Valandin el 23-10-2006 17:10]
Los soldados de Lempë discutían acaloradamente, algunas voces decían de ir a la Yávëtil otras de luchar para intentar recuperar el honor perdido, pero entre esas voces se alzó una, era la de un joven que dijo:
- ¡Luchemos y así intentaremos vengar a nuestros capitanes caídos en batalla, es lo mínimo que les debemos, ellos arriesgaron su vida por nosotros!
- ¡No contamos con quién nos guíe en la batalla, seremos pasto fácil para Lara!-respondió otra voz.
- ¡Pero al menos habremos luchado!- respondió otra.
Las tropas se empezaron a agrupar, caras jóvenes formaban ese ejército que intentaría recuperar el honor que había perdido, muchos sabían que lo que les esperaba en esos muros era la muerte pero era mejor esto que regresar a la capital con deshonor. Así las tropas empezaron la vuelta a la ciudad, era un amanecer triste, la niebla cubría con su manto todo lo que abarcaba la vista, pero sobre ella se dejaban ver como heridas las columnas de humo que aún se alzaban desde la ciudad, mecidas por un viento gélido. Fue entonces cuando todo estalló.
Las tropas de Lempë irrumpieron en la planicie ayudadas por la espesa niebla, las espadas empezaron a desfilar como fantasmas plateados pero pronto se tiñeron de rojo, el rojo de la sangre. Los gritos se alzaron entre el sonido de las espadas, las tropas de Lempë sin capitán alguno que las gobernara estaban siendo aniquiladas, pero no sin combatir. Aquí y allá grupos de soldados luchaban pero sin seguir una directriz lo cual hacía de su lucha una causa perdida. Las tropas de Lara los estaban cercando cada vez más y eso se demostró cuando sonó un cuerno a sus espaldas, una imponente caballería se dirigía hacía ellos arrollando a todos los que se encontraba en su paso y rodeando a los soldados de Lempë definitivamente. Y, cuando todo parecía que estaba perdido, de detrás de la bruma, como si de fantasmas se trataran, aparecieron los capitanes de Lempë. Aika por el sur levantaba su martillo mientras gritaba encabritando a su corcel y por el este aparecían Valandil y Sulankalië. De esta manera los capitanes de Lempë se lanzaron a la carga con la única idea de salvar a tantos soldados como fuera posible aunque eso no sería tarea fácil.
Aikanáro saltó a la batalla, el corcel negro como la noche galopaba a toda velocidad entre las tropas de Lara mientras las espadas de Aika se iban hundiendo en la carne de aquéllos que encontraba a su paso, su único objetivo era llegar hasta ese grupo, ese grupo de soldados que no eran más que aprendices de soldado. Y ya estaba cerca de ellos cuando el caballo pareció tropezar y éste al caer lo arrastró, quedando atrapado por una pierna bajo el peso del animal. Fue entonces cuando miró a su amigo y vio que una lanza sobresalía de su costado. Aika intentaba zafarse del peso del caballo pero no podía. Al mismo tiempo que veía como un enano se dirigía hacía él con el hacha en alto, Aika intentó por todos los medios coger su martillo, pero no alcanzaba y fue cuando sus miradas se encontraron, entonces esperó que todo terminara y, aceptando su destino, escuchó por boca del enano:
- ¡Atadle con los demás!
Aika estaba sorprendido, lo podía haber matado pero no lo hizo, ¿qué lo habría frenado? Entonces sintió el frío acero de las lanzas de Lara en su cuerpo, levantaron al animal y, tras liberar a Aika, le ataron las manos. Lo llevaron con los otros soldados, los cuales tenían sus rostros muertos de miedo y uno de ellos le dijo:
- ¿Qué nos ocurrirá ahora, mi capitán?
- Estad tranquilos, yo os protegeré, ahora manteneros tranquilos- respondió Aika.
Los condujeron junto con los demás prisioneros, muchos se alegaron de ver a Aika con vida y se sentían más seguros con él. Sentían como los insultaban y se jactaban de su derrota. Sucedió entonces que un soldado de Lara golpeó a Aika en el rostro, el capitán ohtari tropezó pero logró mantener el equilibrio. Haciendo acopio de todas sus fuerzas rompió las cuerdas que lo sujetaban y girándose, ante el asombro de sus enemigos, logró golpear al soldado que antes había hecho lo propio con él, fue tan fuerte el golpe que recibió el soldado que los que estaban a su lado cayeron al suelo y entonces gritó Aika:
- ¡Podré estar preso pero nunca me someteréis!
De pronto una voz se alzó entre las de los soldados gritando:
- ¡Atención, el comandante!
El enano se aproximó a Aika el cual estaba postrado de rodillas ante éste, el enano mirándolo a los ojos dijo hacía sus hombres:
- No quiero una sola muestra de indisciplina, son enemigos pero han luchado con honor y fuerza. Por lo que se les respetará. ¿Entendido, soldados?
Aika fue separado del grupo y llevado hasta la tienda del capitán Zirak, entraron dentro donde el enano hablaba con un soldado. Cuando éste salió de la tienda el enano se acercó a Aika y, sacando una daga, cortó las cuerdas que ataban sus muñecas. Aika se las frotó y, mirando al enano, le dijo:
- Sois un capitán digno de teneros en cuenta, ¿pero cuál es el destino de mis hombres? Decidme.
- La libertad, si así queréis. Largo tiempo llevo pensando qué motivos propiciaron realmente esta guerra y no veo más que antiguas rencillas, por eso os propongo una tregua, que puede ser fructífera para nuestros pueblos.- dijo el enano mientras iba hacia una mesa y cogía un pergamino el cual tendía a Aika.
- Suena interesante lo que proponéis pero no estoy autorizado para firmar ninguna paz, solo os puedo dar mi palabra de que será tenida en cuenta.- respondió Aika, mientras cogía el pergamino.
- Pues sólo os queda la libertad, para tí y tus hombres, mas debo deciros que hay uno de tus capitanes que está herido, no sé la magnitud de sus heridas pero mis médicos ya están atendiéndolo.- le dijo el enano mientras abría la tienda y ordenaba que le trajeran un corcel a Aika.
El capitán ohtari y caballero del reino se despidió del enano con un gesto y salió al galope hacía sus tropas, allí les notificó a los soldados que acaban de ser liberados y que había que empezar a agrupar a los heridos para el regreso a la ciudad. Y fue cuando un soldado le dijo que Valandil estaba herido. En ese momento un latigazo recorrió el cuerpo de Aika y entonces lo buscó con su mirada pero por más que lo llamara no aparecía y fue cuando escuchó:
- Aika, aquí, aika.
Y hacía allí corrió empujando a todo aquél que encontraba a su paso hasta quedar junto a Valandil que estaba siendo atendido por unos soldados de Lara. Al lado de Valandil estaba Sulankalië, ensangrentada. Mientras miraba a Aika éste le dijo:
- ¿Qué ha ocurrido?
Sulankalië empezó a decir:
- Entramos por el este con un grupo de soldados y empezamos a descender por la colina. Logramos avanzar un buen trecho pero entonces nos vimos rodeados por un grupo de lanceros. Valandil luchó con fuerza pero nos superaban en número y las lanzas no tardaron en hundirse en los cuerpos de nuestros corceles. Debido a ello fuimos derribados. Valandil se alzó rápido y logramos formar un círculo con los soldados de los que aún contábamos. Los gritos de dolor se alzaban entorno a nosotros, veía como luchaba cada vez más desesperado pero entonces algo lo distrajo, miró hacía donde estabas y vio como tu caballo era abatido temiendo por ti. Entonces fue en esa milésima de segundo que su cuerpo fue ensartado por las lanzas del enémigo, se las arrancó y empezó a gritar tu nombre. Su única idea era llegar hacía ti. Intenté ayudarle pero no había manera de llegar a ti, nos separaban demasiados soldados y no contábamos con suficientes efectivos para llegar hasta donde tú estabas. Fue cuando nos apresaron, pero lo que más me sorprendió fue que al poco llegaron los sanadores para atender a Valandil por orden directa de un tal Zirak, ¿sabes quién es?
- Sí, es el que nos ha liberado y agradecido de él estoy por salvar la vida a mi hermano. Ahora nos toca recoger a nuestros heridos y regresar a casa. Mas prepara las cosas para el regreso con los soldados que yo haré que los que puedan mantenerse aún en pie apilen a nuestros caídos y así darle el entierro que se merecen, las llamas consumirán sus cuerpos porque no hay tiempo para enterrarlos.- le dijo a Sulankalië mientras miraba a Valandil.
Los sanadores trabajaban afanosamente para hacer que las heridas dejaran de sangrar, cuando uno se acercó a Aika y el dijo:
- ¿Me dejáis mirar vuestra pierna?
- No le pasa nada a mi pierna, ocupaos de Valandil ya que quiero partir cuanto antes para notificar a mis compañeros las buenas nuevas. – el caballero ohtari se negó a ser curado y, antes de irse, le susurró unas palabras al maia – Saldrás de ésta, hermano.
Helekelen Lara ha perdido 3 armadas x35= 105 puntos.
Recuperables: 69 puntos.
Valoraciones: 6+6,6+7,4+8,3+5 = 6,6
Recupera: 45 puntos. Total recuperación: 45 puntos.
Pierde 24 puntos.
Lempë Ohtari ha perdido 11 armadas x35= 385 puntos.
Recuperables: 254 puntos.
Valoraciones: 8+8,4+7,4+6,7+7= 7,5
Recupera: 190 puntos. Los dirigentes han sufrido daños por el 60%, por este concepto recupera 210 puntos. Total recuperacion: 400 puntos.
No pierde puntos.
Lempe Ohtari entrega 100 monedas a Helkelen Lara por abandono de la batalla.
Compañías actualizadas y listas.