La Guerra de los Clanes

Historias, leyendas y batallas en las tierras olvidadas de Arda.

Edicion 3

Árador, Tierras de la Aurora

Finalizada · 19-03-2006

Historia Por Vida - Lempe - Sonyariel

2006:10:29:02:10:58

Sonyariel Lisse

"El viento arreciaba y la nieve se cubría de rojo con la sangre que emanaba a borbotones de mi pierna. Trataba de mantenerme en pie, pero la herida punzaba dolorosamente. Aquella espada enemiga había atravesado mis carnes, y el viento blanco carcomía fuertemente mi entendimiento. Algunos dicen que es efecto de la lentitud de reacción de nuestra cabeza provocada por las bajas temperaturas, no lo sé, solo sé que en ese momento quería estar al lado de una chimenea, cubierta por una piel blanca, un tazón de chocolate y abrazada del medio elfo que me roba el sueño.

Espada en mano, permanecía atenta ante cualquier movimiento, ya que a esas alturas difícilmente podía distinguir a más de dos metros si se trataba de un soldado del Lempe o de Lara. No creo que la situación haya sido diferente para unos y otros en aquellos momentos solo la palabra sobrevivir nos cruza la mente, dejando de lado idealismos y banderas. Ya que al final ¿no somos todos hijos de Eru?

El zumbido provocado por el viento simulaba la voz quejumbrosa de cientos de seres y, por un instante, aquella imagen pareció macabra. Luego vino una luz, ¿Un rayo? No pude distinguir que fue dentro de aquella borrasca. Creo que nadie supo que fue, pero luego, tras ella llegó aquel estruendo que se hizo sentir horriblemente en lo alto de la montaña. El chocar de las espadas se detuvo en seco y cientos de hombres horrorizados tiraron sus armas y corrieron para salvar el pellejo. ¿Qué situación no? Hay que estar ahí para poder entender la magnitud de sensaciones y pensamientos que te cruzan la cabeza en esos momentos. Traté, por más que traté de avisar a los que no se percataron de la avalancha, aquello fue inútil, el ruido provocado por el viento ahogó mi voz y sólo pude abrirme rápidamente paso dejando un camino de sangre tras de mí. A pesar de mis esfuerzos la nieve me alcanzó cubriéndolo todo. Chocó con fuerza, como lo hacen las olas cuando golpean las rocas y los muros de Tumbale Hópa. Fue angustiante, toda mi vida pasó velozmente frente a mis ojos hasta detenerse en aquel gélido lugar. Por algunos momentos, perdí toda noción del tiempo y del espacio, sólo sabía que estaba ahí encerrada en una tumba de nieve y la oscuridad total, me abrazaba completamente.

En esa situación no supe que hacer y la sensación de claustrofobia es total... la mayoría de las veces, en situaciones extremas, trato de calmar mi mente lo más posible y las ideas llegan como por arte de magia, pero esa vez no fue así, sólo un pensamiento rondaba dolorosamente mi cabeza, que el pequeño ser que crece en mi vientre no llegaría a conocer la luz del sol, a sentir el aroma de las flores, a correr y saltar alegre por todos lados, y a entregarle todo el amor del mundo a su padre.

La vida se transforma en algo extraño si la vez con los ojos del miedo. ¿Cuántas veces hemos tomado decisiones erradas tan sólo por guiarnos por falsas ilusiones y por estúpidos pensamientos? Y ahí, en lo que sería mi tumba vi que había sido la mujer más estúpida del mundo.

Con tanto por vivir, yo misma me puse límites, con tantos “pero”, “es que”, y “no se”... temor de arriesgarme y vivir sin la carga del que dirán. Tenía grandes amigas, gente que me respetaba, y alguien que me amaba. Y lo estaba perdiendo todo por el miedo...las ganas de vivir, las ganas de ser feliz, ser libre, liberarme incluso de mi misma. En aquel momento entendí. Era yo quien me estaba encarcelando. Ya era tiempo de romper las cadenas y ser yo nuevamente.

No se cuanto tiempo pase ahí, pero el frío empezó a provocar que dejara de sentir mis piernas. No podía quedarme ahí, debía luchar hasta el final, luchar por lo que más amo.

Intenté moverme, tratando de soltar un poco los brazos de la presión de la nieve, no podía quedarme demasiado tiempo quieta, a pesar del grueso ropaje que me cubría, el frío terminaría por robarme la conciencia. Aquél problema no podía paralizarme, así que sólo seguí mi instinto, como en cientos de oportunidades. Estiré mis manos, he intenté abrirme paso entre la oscuridad. Con el rose de la nieve, empezaron a aparecer pequeñas heridas en mis manos. Sangraban y se me encogían los dedos, pero ello no me detuvo. Incluso el dolor de mis manos hicieron que excavara con más ánimo. Tenía una razón enorme por qué vivir, ya no era algo personal, no era por el reino ni por aquel que tanto amo. Sabía que de mí, dependía la vida de mi hijo, a pesar de la sombra que cubría mi futuro, de quizá no poder estar con él, de verlo crecer con su padre, lejos de mí.

No recuerdo cuanto tiempo pasé enterrada en la nieve, no se cuanto fue lo que me abrí paso en la oscuridad, pero de repente llegó una pequeña esperanza. Escuche unos pasos cerca de donde me encontraba, y grité hasta más no poder, pedí ayuda, esa palabra que tanto me costaba pronunciar brotó de mis labios una y otra vez, hasta que unas manos tomaron las mías y sacaron mi cuerpo a la superficie. Eran soldados de la llama roja. El día estaba claro, el viento había menguado pero todavía nevaba. Organizados, bajo las órdenes de Annamel, se buscaron a los desaparecidos en la avalancha. Muchos desaparecieron, lamentablemente. Vanadesse me contaron que se encontraba bien. Es difícil soportar esos fríos cuando una está acostumbrada a los climas cálidos.

Esa elfa, fue mi compañera de locuras de adolescencia, era nuestra conciencia, nos trataba de llevar por el buen camino pobrecita, pero al final terminó siendo parte de nuestras locuras. Nunca pensé que después de tantos años la encontraría peleando. Se ha transformado en una gran guerrera. Espero que recuperemos los años perdidos. La separación fue difícil. Mi culpa eso lo tengo claro. Puse a un ser innombrable por sobre mis amigas a pesar de que me dijeron que tuviera cuidado, que no era de fiar. Me costó asumirlo. Lo que después ocurrió fue mi castigo. Por ilusa. Pero los errores nos enseñan, y la sabiduría de los hombres está en aceptarlos y en seguir luchando, con la frente en alto.

Ya se me ha soltado la lengua, espero no haberte aburrido, pero necesitaba conversar con alguien. Y a ti te debo mucho, si no fuera por tu ciencia habría perdido la pierna. Aunque me digan que no, lo sé, conozco mi cuerpo y se cuando peligra. Instintos como verás, a veces parezco más animalito que ser humano, pero me ha servido para sobrevivir por mucho tiempo.

Y aquí me vez. Dentro de poco podré salir de esta cama que me está hartando. Como te comenté tuve algunas complicaciones con la pierna, según la señora que vino ayer, me contó que la sangre cristalizada por el frío hizo que la herida se hiciera más complicada, que loca, eso ya debes saberlo, es tu área. Gracias a ti está casi curada.

Las cicatrices de cada guerra quedan como un recordatorio mi querida amiga, esta vez no quiero perder lo más bello que ha llegado a mi vida y cada vez que la vea me sentiré feliz de estar viva y le seguir luchando cada momento por mí y por lo que amo."

Naredhel Anariel

Los Valar otorgan un 45% de recuperación de vida para Sonyariel.