Uzbad Kibil
Fin Guerra: Eirë Esteldor se retira del Combate
Armadas perdidas por "Realengo de Farothdin" = 10
Armadas perdidas por "Eirë Esteldor" = 24
Victoria para Realengo de Farothdin

Historias, leyendas y batallas en las tierras olvidadas de Arda.
Edicion 3
Finalizada · 19-03-2006
2006:11:09:15:33:28
Fin Guerra: Eirë Esteldor se retira del Combate
Armadas perdidas por "Realengo de Farothdin" = 10
Armadas perdidas por "Eirë Esteldor" = 24
Victoria para Realengo de Farothdin
Un elfo alto y grácil caminaba a las sombras del Taur Kalafernë, miraba asombrado la belleza de aquellos árboles; no iba sólo, a su lado caminaba otro elfo más robusto y con extrañas brechas color plata en su cabello, parecía más un hombre que entraba en la edad de los robles viejos que un elfo. Eran Featarya e Isilion, dos nobles noldor, que dirigían a las tropas de la Orden de la Rosa. Se adentraron en el campamento, que estaba dividido en dos: por un parte se encontraban los miembros de la Rosa, en su mayoría conformado por elfos, estos vestían de verde y cuidaban cada detalle de las tiendas; la otra parte la formaba la tropa de la Orden del Lirio Negro, elfos gallardos, vestidos de negro y con camisas de color blanco con bordados según el rango de cada soldado; estos ya habían instalados las carpas, así que unos se dedicaban a mantener preparadas las catapultas y otros instrumentos de guerra, mientras que otros cuantos controlaban a los trolls, sedándolos con pociones secretas, regalos expresos de la reina.
Featarya se sentía a gusto en aquel ejército, estaba en su mundo, rodeado de elfos y en un maravilloso bosque; Isilion era más tranquilo y pacífico, y miraba el lago Saralinya, donde habían decidido instalarse para suministrar al ejército la suficiente agua.
De pronto aquella tranquilidad se vio interrumpida por una bandada de cuervos que sobrevoló el campamento, posándose luego cerca del lago. Poco después llegó un grupo integrado por hombres envueltos en capas negras, aunque dejaban entrever ropas rojas, en su pecho se veía el emblema de la Orden del Lirio Negro y en sus rostros se mostraba cansancio, pero el orgullo no los abandonaba; los dirigía una mujer, que, al igual que los hombres, vestía de rojo, esta llevaba dos espadas postradas a sus lados; su nombre era Narquelië, y oficialmente era la general de la III Compañía de Farothdin. Bajó del caballo y ordenó a uno de los elfos de mayor rango que instalara a los hombres en las carpas y que les diera algo de comer. El elfo obedeció llevándose el caballo y guiando a los hombres a las carpas de la orden oscura. La doncella miró a los dos elfos con desprecio, se quitó los guantes y se dirigió a su tienda.
- ¿De dónde han salido esos hombres?-preguntó Featarya-. Su misión no era reclutar más soldados, se le envió a Sornosunë para visitar al ejército de Alsenot, vigilar su estado y averiguar que tenemos que hacer.
-Es el batallón rojo-le contestó Isilion-. Quariel no soporta nuestra compañía Caladan, odia a los elfos, así que trajo a sus hombres; esa mujer no obedece órdenes, tenemos suerte si se acercó si quiera a la capital.
-¿Entonces por qué está al mando de este ejército? Deberíamos ser nosotros los que mandáramos aquí.
-A la reina no le quedó otra opción, Narquelië junto con Nameless son los únicos generales que le quedan a Izilsurias-Isilion palmeó amistosamente el hombro el elfo-.
[…]
Aquello era irónico, ella, que odiaba a los elfos, estaba a cargo de un ejército compuesto por primeros nacidos. Como siempre desafió las ordenes de Izilsurias y trajo a su batallón, formado por hombres astutos y gallardos a los que había entrenado durante meses, preparándolos para la guerra; Quariel estaba orgullosa de ellos y sabía que era perfecto para retar de nuevo a la reina.
Terminó de bañarse y se puso un vestido de color negro, después se colocó las joyas de oro y se dispuso a mirar el mapa, cuando los dos elfos dirigentes de la Rosa entraron en su tienda.
-No hay nada aquí para vosotros, elfos-les dijo la mujer, enfatizando la palabra “elfos” con gran resentimiento-.
-Mi nombre es Featarya, soy un noldo y mi nobleza sobrepasa la vuestra Narquelië-le contestó Caladan-; no merezco este trato… y menos de vos.
-Yo te doy el trato que yo quiera, tu pomposo nombre y nobleza no me sirven de nada-la mujer se sentó y jugo con las piezas de estrategia que tenía sobre el mapa-. Deberías aprender de Isilion, que ha optado por ignorarme.
-Yo tengo mi propia personalidad –le respondió Featarya con una sonrisa traviesa – y ni vos ni nadie vais a decirme que tengo que hacer. Quizás seáis orgullosa, pero eso no os hace superior a nadie-ella se volvió hacia el elfo con una mirada asesina, no necesitaba palabras para decir lo que quiso expresar en ese momento.
Isilion lo miró fríamente, censurando su comportamiento, se sentó e indicó a su compañero que hiciera lo mismo.
-¿Y bien?
-El ejército de Alsenot no está muy lejos de la ciudad, pero no se encuentran en condiciones de atacar; aunque han ganado las batallas sufrieron cuantiosas bajas y espero que se recuperen pronto; se han unido a la compañía de Niëlúne Lambar- la mujer puso dos piezas en el mapa, después tomó otra de color amarillo y la puso un poco más al oeste-. La compañía II de Esteldor está aquí; no niego que están debilitados, aunque se recuperarán rápido y en cuanto estén listos volverán a atacar. Debemos aprovechar su debilidad y atacarlos nosotros lo antes posible.
-No-le dijo Isilion, acomodándose en la silla-; no atacaremos hasta que tengamos órdenes expresas de Ílimo; si nos arriesgamos podría ser peor para nosotros.
-¿Necesitas la orden del rey?-Quariel rió, burlándose del elfo-. Este ejército lo comando yo Isilion, si yo decido atacar, atacamos y se acabó, o te atienes a mis…
Caladan la interrumpió, mirándola a los ojos:
-Pero nosotros dirigimos la mayoría del ejército y si nosotros lo decidimos no atacaremos Quariel, iréis sola y os aseguro que no aguantaríais en combate mucho tiempo.
-No me subestimes elfo-la mujer le sostuvo la mirada-; ¿qué te hace pensar que no ganaré una batalla con una sola parte del ejército? Tú no me conoces, así que mejor cierra la boca y limítate a escuchar.
Él se levantó, la mujer lo imitó, retándose ambos en silencio; Isilion movió la cabeza en señal de negación, hizo sentar a Featarya y miró a Narquelië, invitándola a hacer lo mismo.
-No irás sola al combate, pero tampoco atacarás sin nuestro consentimiento; aunque tú tengas un título, sabes perfectamente que no puedes hacer nada sin la aprobación de la Orden de la Rosa.
-Tal vez tengas razón, pero sinceramente lo dudo-la mujer había permanecido de pie-. Si en dos días no tenéis ninguna orden del rey, atacaremos.
Narquelië salió de la tienda dejando solos a los dos elfos.
[…]
Había caído la noche, las estrellas brillaban en el cielo; se respiraba un ambiente calido, provocado por la humedad de los árboles que parecían vigilarlos, protegiéndolos de cualquier enemigo.
Narquelië estaba sola y sus pasos la llevaron al lago, mirando al cielo y esperando, mientras que Featarya e Isilion se habían metido en sus respectivas tiendas. Entonces la mujer vio una nube negra que se acercaba rápidamente hacia ella, eran sus cuervos, que la rodearon y le informaron de lo que habían visto; después de un rato las aves iniciaron el vuelo otra vez y desaparecieron en el horizonte. Quariel apretó los dientes y se encaminó hacia donde estaban los hombres; Isilion, que había salido a ver que estaba pasando, le salió al paso.
-¿Qué te comunicaron tus espías?
-Bargabot, ven-le dijo a uno de hombres, que parecía tener el mayor rango después de ella, después se dirigió al elfo- Kelluse, el general, ha ordenado el avance de las tropas.
-Eso no quiere decir que vayan a atacar la ciudad-era Featarya, que se acercó rápidamente; Quariel lo miró y sonrió
-No voy a esperar para saber si se van o se dirigen a la ciudad para atacarla- Bargabot se acercó a ella-. Prepara a los hombres lo más antes posible.
-Pero señora lo elfos dijeron…
-¿Qué Bargabot?-el hombre agachó la cabeza; la doncella lo tomó por la barbilla mirándolo a los ojos-. La que ordena aquí soy yo, prepáralos; tú te quedarás aquí, con los más jóvenes.
Bargabot inclinó la cabeza, avergonzado, y se fue rápidamente hacia donde se encontraban sus compañeros, que ya se preparaban. Narquelië miró a los elfos.
-A vosotros no os puedo dar órdenes, pero yo ya no puedo esperar.
Sin dejarles replicar se metió a su tienda y le pidió a Manik que le ayudara a vestirse; cuando estuvo lista salió y se encontró con el batallón que ya la esperaba, un elfo de la Orden del Lirio Negro se acerco a ella; los arqueros estaban listos y los trolls se movían inquietos, esperando. Sin embargo la mujer sólo dispuso de unos cuantos arqueros y le ordenó al elfo que se movieran en la retaguardia con los trolls, por si fuera necesario. Quariel ni siquiera se fijó en la tropa de la Orden de la Rosa, no le importaba. Volteó hacia la derecha y asintió en silencio; comenzó a avanzar seguida de sus hombres, en la retaguardia venían los arqueros y más atrás, los trolls; pronto desparecieron entre los árboles. Isilion y Featarya se miraron y con unas cuantas señales el ejército se preparó rápidamente y los siguieron entre los árboles.
El batallón rojo se detuvo cuando vio al ejército, después se movieron entre los troncos hacia al frente para impedirles el paso, los soldados enemigos miraron hacia delante. Quariel sacó sus dos espadas y los hombres la imitaron sacando sus sables, sin embargo ella era la única que manejaba con las dos manos pues esos movimientos eran un secreto que debía guardar hasta la tumba. No hubo palabras, la mujer comenzó a caminar seguida de sus soldados, que aceleraron en el paso dejándola atrás.
El choque no fue brutal, sólo se escuchó el metal atravesando la carne y choques ligeros que terminaban en movimientos simples, silenciosos y limpios. Narquelië hizo girar las espadas, tomó impulso y dio un salto hacia delante, las espadas hicieron su trabajo… la mujer sólo tuvo que sacarlas del cuerpo del abatido, sintió la sangre en el metal y sonrió, comenzando así su danza, la artes de la luz que proclamaban sus habilidades como guerrera. Los soldados que se le acercaban morían rápido, no importaba de qué raza fueran.
La primera embestida les dio ventaja a los hombres de Narquelië, porque eran hábiles como ella; una mancha roja que mataba a lo que se le pusieran enfrente, avanzando sin problemas entre el ejercito enemigo... sin embargo no se dieron cuenta de que los esteldili colocaban a sus arqueros en los flancos, ni de la avanzada que venía detrás dispuesta a despachar a los que atacaban a sus tropas…
Los elfos de la Orden de la Rosa alcanzaron a los arqueros y a los trolls que esperaban alguna señal de Narquelië para entrar en batalla. Isilion los miró y después de observar la lucha, se dio cuenta de lo que planeaban los enemigos.
-Que insensata, no se ha dado cuenta del movimiento de sus adversarios-le dijo a Caladan-. Rápido, vosotros, conmigo-señalando a los arqueros vestidos de color verde y a los trolls que se movieron inquietos-; yo iré hacia la avanzada, Featarya, tú encárgate de los proyectiles enemigos, si esas flechas se disparan estamos…
No terminó la frase cuando en ese momento se oyó la descarga de las flechas enemigas, provocando varios gritos, pero eso no evitó que la lucha cesara. Los elfos dieron por terminada la conversación y se internaron en el campo de batalla.
Isilion detuvo a la avanzada con el embiste de los trolls que causaron pánico entre los de Esteldor y después los arqueros hicieron su trabajo. El elfo miró como los capitanes, en vano, trataban de reunir a su gente, aquello los había tomado por sorpresa; sin embargo, en su interior Isilion se preguntaba si habían hecho bien en atacarlos, aquello se había convertido en una masacre y eso a el no le agradaba en absoluto. Debido a esa pequeña reflexión que duró sólo unos segundos, el elfo no advirtió el ataque de unos de los hombres, que lo arrojó a tierra, sin embargo se levantó rápidamente y, sacando su espada, se abalanzó sobre el; la lucha fue dura pero al final el elfo lo derribó y puso su espada en el pecho del enemigo. Entonces miró su emblema, estaba seguro de que era un general, aunque no sabía quien. Retiró la espada y le dijo:
-Vete, haz que el cuerno de retirada suene y saca a tu gente de aquí, antes de que ya no tengas hombres a los que salvar.
El hombre le miró rabioso, seguramente prefería luchar, pero se tragó su orgullo, se levantó y corrió hacia los suyos.
[…]
Featarya no esperó a que los hombres de la mujer siguieran luchando, mas le resultaba extraño porque parecían bailar y no luchar y sin embargo mataban sin ninguna consideración al ser que tenían enfrente. El elfo no le dio más vueltas al asunto, hirió a los arqueros esteldili y se adentró en la lucha, sin reparar en los que seguían vivos pues le importaba poco; sacó su espada y comenzó a pelear.
Fue en ese momento que Featarya vio luchar a Narquelië, quedando anonadado ante su manera de pelear, era increíble la forma en que revoleaba sus dos espadas y como movía su cadera, era sin duda una danza hermosa; sin embargo esos segundos en que se distrajo hizo que una flecha se hundiera en su brazo izquierdo; clavó su espada en la tierra y partió la flecha dejando la punta clavada, volvió a tomar su espada y siguió luchando. Quariel se quedó mirando burlonamente a Featarya, mientras este trataba de partir la flecha, lo que provocó que no viera a un enemigo que se acercó hacia ella, hiriéndole el omoplato derecho; el pobre no supo lo que había hecho y sufrió la ira de la mujer, matándolo de un tajo en el cuello.
El dolor que sentía Narquelië en la herida era muy intenso y le impedía levantar el brazo, cuando tuvo que flexionar las piernas del dolor, sintió un fuerte calor en la herida, era la mano de Featarya.
-¡No me toques! –le gritó ella al elfo-. No necesito la ayuda de nadie –en esos momentos todavía sentía la herida, pero podía levantar el brazo nuevamente-.
-¡Basta! –le contestó Featarya-. Estoy harto de tu estúpido orgullo, he mantenido la compostura pero esto es intolerable. Yo he venido de más allá del océano y he visto cosas que tú nunca conocerás. Ambos estamos heridos y si no nos ayudamos mutuamente no habrá triunfo posible.
Narquelië lo miró seria, demostrando independencia.
-Por la victoria -le dijo Featarya mirándola profundamente a los ojos y extendiendo su mano en signo de amistad; ella lo miró y su mirada se suavizó, sonrió sinceramente y extendió el brazo hacia él; así ambos comenzaron a danzar en medio del campo de batalla, formando una pareja magistral, y pobre de aquellos que tuvieron que enfrentarlos.
El enemigo resistió valientemente el ataque, fueron muy heroicos y obsesionados, se defendieron hasta morir, hasta darse cuenta que no valía la pena seguir perdiendo fuerzas. No pasó mucho tiempo cuando se oyó el cuerno de retirada de Esteldor, los dos se pararon, bajando las espadas, mirando como el ejército se reunía y se retiraba rápidamente de ahí. Quariel respiró por fin, saco un pañuelo blanco y limpió las espadas, después las guardo y a continuación llamó a uno de sus hombres que se acercó a ella rápidamente.
-Recoge a nuestros heridos, tanto elfos como hombres-le dirigió una rápida mirada a Caladan y después continuó-; mata a los supervivientes enemigos-el hombre asintió en silencio, la mujer posó una mano en su hombro-. Pero de forma honorable, que no sufran lo que ya sufrieron en batalla.
Cuando el soldado se hubo retirado, Narquelië se dirigió a Featarya que se había limitado a ordenar unas cuantas cosas.
-Gracias por esto-dijo señalando su hombro- pero no vuelvas a cuestionarme, yo sé lo que hago Featarya y mis acciones no conllevan errores. Mi lógica no es la de cualquier persona vulgar, no soy ninguna bruta siguiendo las órdenes de Izilsurias y no me manejo con el instinto, sino con la razón.
-No lo dudo Narquelië- le contestó el elfo mirándola maravillado- sois un ser increíble y se puede aprender mucho de vos, pero eso no os hace perfecta, y los imprevistos siempre pueden suceder- y nuevamente le volvió a sonreír como siempre lo hacía-. Fue un placer haber peleado a vuestro lado- dio una reverencia y volvió a reorganizar sus tropas.
La noche se acercaba en el campamento esteldili.
Kelusse, Duin Atta, y hasta hace unos días Comandante de la Segunda Compañía, descansaba en su tienda de sus heridas aún sin sanar por completo, cuando un soldado solicitó permiso para entregarle un mensaje.
-Adelante.-
-Mi señor, me envía el Nainir Antekile para rogaros que vayáis por su tienda con la mayor premura posible.-
-Está bien. Decidle que iré enseguida.- Respondió Kelusse.
¿A qué venía tanta prisa? Pocos días antes Kelusse había renunciado al mando de la Segunda Compañía, mando que había recaído en Nyrath debido al regreso de Nowë a Esteldor. Esta renuncia venía motivada por un cansancio difícil de remediar en el Duin Atta. No era un cansancio del cuerpo, fácilmente curable, y más aún con Nyrath cerca. No, como el mismo Nyrath viera, el cansancio de Kelusse venía de muchos años luchando y causado por un gran peso sobre sus hombros, quizá excesivo, aún para él.
Encaminó sus pasos hacia la tienda, donde un centinela le abrió paso.
-Mi buen Kelusse, que alegría me da verte caminar sin problemas. Tus heridas de la última batalla fueron especialmente preocupantes. Reconozco que temí por tu vida.-
Kelusse se quedó un momento perplejo. Nyrath estaba recostado al entrar él en la tienda, y le pareció detectar un rastro de dolor cuando se irguió para recibirlo. Tales signos de debilidad no eran nada frecuentes en su camarada.
-Mis heridas evolucionan bien, y en gran medida te lo debo a ti. De no ser por tus conocimientos puede que ni yo, ni muchos otros pudiéramos volver a ver la luz del sol. Sin embargo ¿qué hay de ti? Sabía que habías sido herido, no obstante los sanadores no me dejaron ni siquiera a mí venir a verte. Por orden tuya según entendí.- En la voz de Kelusse había un deje de resentimiento.
-Sí, bien entendiste. Pero no me lo tomes a mal. En verdad mi estado era muy grave, aunque quizá no lo hubiera sido tanto si mis preocupaciones no fueran asimismo tan graves como mi salud. En verdad muchas horas de reposo me habéis costado tú y el resto de los heridos, y temo que mi estado actual es el precio de vuestra mejoría.- Kelusse lo miró sombrío. - Pero no entiendas esto como un reproche. Perfectamente habría podido tomar una pócima para descansar tranquilo y dejar en manos de los otros sanadores vuestra vida. Si no lo hice fue por decisión mía en contra de muchas opiniones, de lo cual me alegro.
-A pesar de eso, lamento que te vieras privado de reposo. Y más aún si en verdad has tenido tantas preocupaciones como dices. ¿Cuáles son?
-Nuestros espías han detectado novedades a nuestro alrededor. Varios mensajeros han llegado a Sornosunë. Y muchos otros han partido de la ciudad. Temeroso de que nuestra presencia aquí halla despertado el interés de los aliados de Heren Fanyarea envíe espías en varias millas alrededor. Me han llegado nuevas preocupantes. Parece ser que un ejército de Realengo de Farothdin acude en auxilio de la capital. Su fuerza es ligeramente superior, pero si acude lo hará en perfecto estado, mientras que nosotros aún hemos de recuperarnos de nuestra última batalla.
-Ahora entiendo esas preocupaciones. Pero ¿por qué no las compartiste antes conmigo? Bien sabes que hace ya tres días que puedo moverme sin problemas, aunque las heridas aún duelan. Y he estado consciente aún antes.-
-¿Acaso tu mente está tan recuperada como tu cuerpo? Perdóname si te sientes apartado del mando, nada más lejos de mi intención. Pero consideré que necesitabas unos días de reposo total antes de pedirte lo que me veo forzado a pedirte.- Al tiempo que decía esto Nyrath se enderezó, y durante un segundo su cara se contrajo en una mueca de dolor mientras se apretaba el costado con la mano. –Como ves no estoy aún en condiciones de combatir, y esta Compañía necesita un capitán.-
-Nyrath. Como seguro que recordarás, renuncié a mandar esta Compañía tras el último asalto a Sornosurnë. Es a ti a quien corresponde el mando. Sabes como me siento. De hecho estaba pensando en marchar de vuelta a Esteldor, y aprovechar para tratar de enviaros socorro.-
-Temo que poco socorro podamos esperar de nuestra tierra. La guerra asola Esteldor. Respecto a ti, sabes lo que opino. Entiendo tu estado. Soy el primero en decirte que necesitas un reposo largo y muy merecido, pero temo que no ha llegado aún la hora del reposo para los fatigados. Necesito que dirijas la batalla en mi lugar, una última vez si tal es tu deseo. Pero aún te resta una batalla para descansar.-
-¿Es una orden?- Kelusse sonreía. La perspectiva de recibir una orden dentro de la Compañía que había mandado durante meses parecía divertirle.
-En modo alguno, Duin Atta. Aunque en verdad podría serlo.- Nyrath sonrió a su vez.- Considéralo más bien un ruego, en nombre de la Segunda Compañía.- Ante la duda de Kelusse aún se atrevió a añadir. -Confío en que el aprecio que sientes por estos soldados no te permita negarte.
En el campamento se sentía inquietud. Los soldados hablaban en pequeños grupos. Por doquier se decía que el Duin Atta había sido convocado a la tienda del Nainir Antekile, el cuál había asumido el mando ante la renuncia del primero a seguir dirigiendo la Segunda Compañía.
¿Qué consecuencias sobrevendrían de esa reunión? Había quién aseguraba que el Duin Atta había perdido el espíritu de lucha y planeaba regresar a Esteldor. Sentado junto con sus camaradas, Aratar escuchaba los rumores con el ceño fruncido.
-Os digo que el señor Kelusse quiere irse, y que el Nainir Antekile le ha ordenado que permanezca en su puesto.-
-Yo creo que trata de expulsarle tras el fracaso de los últimos ataques.-
-No sé quién se ha creído ese curandero para tratar de dar ordenes al Duin Atta. Él ha mandado esta Compañía desde que abandonamos Esteldor. Debería ocuparse de ungüentos y dejar el mando para los soldados.-
-¡Si te vuelvo a oír hablar en ese tono del señor Nyrath juro que te arrancaré la lengua!- Aratar se había levantado ante ese comentario. El había conocido al nuevo Comandante al poco de alistarse y a poco había estado de cruzar espada con él, ignorante de con quién se jugaba la salud. –Ese curandero como tu dices ha luchado en más ocasiones que los años que tienes. Si el Duin Atta no va a mandar esta Compañía me alegro en verdad de que sea él quién nos dirija.-
-¿Acaso ha dirigido alguna Compañía antes?-
-O callas ya o por mi vida que...-
Un cuerno sonó en todo el campamento y agitó a los soldados. Un cuerno que anunciaba noticias. Y dada la situación, poco halagüeñas podrían ser.
Los soldados se acercaron a las tiendas de los Capitanes. En un pequeño montículo se encontraban Kelusse y Nyrath. De pie el primero y sentado, y con aspecto cansado, el segundo. Su estado parecía menos grave que lo que se podía entender por las habladurías, pero distaba mucho de la imagen tranquila que solía dar.
Cuando reinó el silencio, Kelusse tomó la palabra.
-Soldados de Esteldor. Malas nuevas han llegado a nosotros. Nuestra presencia ha despertado el miedo entre aquellos que asolaban nuestras tierras, y he aquí que han pedido socorro a sus aliados en el norte. Sabemos que un ejército se acerca procedente de Realengo de Farothdin, con la intención de acabar con nosotros.- Un murmullo surgió del ejército esteldili. –Su número es escasamente superior, pero son tropas de refresco, mientras que nosotros llevamos muchas semanas en campaña.-
Nuevos murmullos de preocupación surgieron del ejército. Kelusse los dejó crecer durante unos segundos antes de continuar.
-¡Soldados de Esteldor! Recordad que vosotros no combatís para saquear, ni para destruir a vuestros enemigos. Si nos hemos embarcado en esta guerra ha sido para proteger nuestra tierra. Un hogar que mucho esfuerzo nos costó crear y que es nuestro deber defender. La cobarde alianza del “Pacto de Tabacerca” no ha dudado en destruir todo cuanto ha podido de nuestra historia. Nuestra misma existencia es sinónimo de miedo para sus dirigentes, temerosos de que las costumbres libres de Esteldor calen entre sus vasallos. Sólo con nuestra destrucción podrán justificar su gobierno con puño de hierro. Para ellos somos el “Reino de Esteldor”, en un intento de ponernos a su misma altura, tal es su miedo a nuestra forma de ser.-
Nyrath tomó la palabra antes de que el silencio que siguió a la arenga de Kelusse se apagara. Su voz sonó cansada y comprensiva.
–Todos teméis por vuestras familias y tierras. Esteldor está en grave peligro. Temo que incluso Caras Aelin esté bajo un asedio de incierto futuro. Nuestros enemigos se regocijan con el sufrimiento que han expandido por Esteldor, alegres de que la guerra se desarrolle lejos de su territorio.-
-Sólo una cosa más, pues los rumores nunca han sido buenos en campaña. El Duin Atta ha solicitado ser liberado del mando de esta Compañía por razones que confieren sólo a él. Me veo obligado a aceptar, por lo que el mando recae en mí tras la marcha del señor Nowë de regreso a Esteldor. No obstante mi estado no me permite luchar todavía, por lo que vuestro Capitán Kelusse ha aceptado dirigir esta Compañía una última vez en mi lugar. Sé que todos vosotros haréis lo que esté en vuestras manos. Buena suerte.–
El sol lanzaba sus últimos rayos sobre los árboles. Ondeando orgulloso al viento, en la vanguardia del ejército parecía planear el Fénix, estandarte de Esteldor.
Kelusse, conocedor del suicidio que supondría aguardar cerca del campamento la llegada de los de Realengo, había decidido presentar batalla a campo abierto. No se ocultarían de sus enemigos. Si les buscaban les encontrarían. No obstante, su ánimo distaba de ser el habitual en tales momentos, y temía como nunca antes había temido por la vida de los que se hallaban bajo su mando.
Los espías habían alertado del avance enemigo, pero éste no se dejaba ver todavía. También el hecho de que la mayoría de ejército de Realengo estaba compuesto por Elfos era conocido por los esteldili. Los Elfos de Esteldor se turbaron por esa nueva, y se preguntaron qué había provocado tal situación, sin embargo al saber que varios trolls avanzaban contra ellos no pocos se indignaron de que sus congéneres pudieran servirse de tales bestias para sus propósitos.
La línea de Esteldor avanzó un poco más en perfecta formación. Formaban una línea central de lanzas, picas y escudos, flanqueados a su diestra por los mejores arqueros de la Compañía. Ante este avance el enemigo se mostró al fin, como era intención de Kelusse.
Un pequeño grupo de Hombres surgió de los árboles. Rojo era su uniforme, y rojo vestía la mujer que los mandaba, de cabellos más negros que la noche que se acercaba. Sin una sola palabra se abalanzaron sobre la línea esteldili, con una despreocupación que sólo el odio es capaz de generar.
Su ataque alcanzó el centro del frente que dirigía Kelusse. Una poderosa cuña parecían. Pero por fuerte que fuera el ataque, los soldados de Esteldor eran ya veteranos de muchas batallas. Casi sin órdenes la línea de batalla se ensanchó y los flancos se desplegaron, preparándose para cerrarse contra sus atacantes mientras los arqueros estaban atentos al resto de ejército enemigo tras una primera ráfaga de flechas.
Su llegada fue como el mar contra un muro de arena. Los trols del enemigo alteraron por un momento la línea de batalla, como era su función, antes de caer ensartados en flechas y picas. El resto del enemigo cargó directamente, pese a lo que la Segunda Compañía aguantó firme. Aunque era fácil ver que no podría mantener tal posición sin sufrir excesivas bajas.
Ante la aparición de los trolls embravecidos Kelusse maldijo. Varios enemigos ya habían caído ante su él, pero temía no poder mantenerse firmes ante el ataque final. Con un grito asió una pica, y rodeado de un grupo de soldados la plantó ante los trols. La embestida fue brutal. Los piqueros fueron derribados por el choque, aunque habían amortiguado la carga de los trols. Kelusse cayó sobre un cadáver sobre su costado derecho, y las heridas aún recientes volvieron a mostrar su existencia provocando una sacudida de dolor.
Desesperado, se puso en pié a duras penas y empuñando la espada se abalanzó sobre el más próximo de los trols. El golpe seccionó tendones y ligamentos de la rodilla. Aún antes de caer un nuevo ataque le atravesaba el costado haciendo aullar a la criatura. Cuatro picas más acabaron con el grito ahogándolo en sangre negruzca.
Haciendo un esfuerzo por tomar aire, Kelusse reparó en que el campo estaba perdido. Esteldor resistía, pero se tambaleaba. Era preciso retirarse ahora antes de que las bajas fueran mayores. Realengo había entablado batalla, no perseguiría a sus enemigos en retirada.
Aún no había acabado de ordenar sus pensamientos cuando uno de los Hombres de rojo se abalanzó sobre él. Kelusse desvió su ataque y amagando una primera estocada al abdomen traspasó rápidamente el pecho de su atacante. Su cansancio le hizo sacar la espada un segundo demasiado tarde.
La lanza de un trol le buscaba la garganta, logró evitarla a costa de que se le hundiera en su hombro izquierdo. Clavando su espada en la mano del trol logró liberarse con un grito de dolor, pero un nuevo ataque le buscaba el cuerpo. La lanza atravesó el costado del Duin Atta, pero su espada alcanzó el pecho del trol, que se alejó un paso mientras Kelusse caía.
Uno de los Capitanes de Esteldor acudía con su escuadra en ayuda del Duin. Las picas ensartaron el cuerpo de la bestia mientras el Capitán se arrodillaba junto a Kelusse.
-¡Déjame! No te preocupes por mí. Ordena la retirada, el campo está perdido. No rompáis la formación...- Su vista se nublaba y cayó inconsciente sin oír la repuesta del Capitán.
-¡Ayudadme con el señor Kelusse! ¡Rápido! Sacadle de aquí. Tengo órdenes que cumplir.
Los cuernos sonaron. Hubo una pausa de un segundo en el combate. Tras un amago de ataque que sorprendió al enemigo, la línea de Esteldor se rehizo y empezó a retirarse en silencio sin dar la espalda al enemigo mientras los arqueros trataban de cubrir a sus camaradas.
Un grupo de soldados se abrió paso. Eran los únicos que corrían lejos del enemigo, pero portaban una rudimentaria camilla en la que yacía Kelusse. Su estado era grave y casi sin detenerse junto a los sanadores para unos primeros auxilios, fue llevado de inmediato junto al Nainir Antekile, quizá el único capaz de evitar su muerte.
Orgulloso aún en la derrota, el estandarte de Esteldor parecía desafiar a sus enemigos mientras retrocedía, con el frente de batalla erizado de picas.
[Editado por Morandir el 31-10-2006 16:08]
Realengo De Farothdim ha perdido 10 armadas x35= 350 puntos.
Recuperables: 231 puntos.
Valoraciones: 8+8+7,8+7.4+8.4 = 7,92
Recupera: 183 puntos. Los dirigentes han sufrido daños por el 60%, pero los daños del personaje Isilion no aparecen correctamente reflejados en la historia. Por este concepto recupera 140 puntos. Total recuperacion: 371 puntos.
No pierde puntos.
Eirë Esteldor ha perdido 24 armadas x35= 840 puntos.
Recuperables: 277 puntos.
Valoraciones: 8+8.6+7,2+8+8.3= 8,02
Recupera: 222 puntos.Los dirigentes han sufrido daños por el 50%, por este concepto recupera 175 puntos. Total recuperacion: 397 puntos.
Pierde 443 puntos.
Eirë Esteldor entrega 100 monedas a Realengo De Farothdim por abandono de la batalla.
Realengo De Farothdim recibe 300 monedas por batalla ganada.