Edicion 3
Árador, Tierras de la Aurora
Finalizada · 19-03-2006
Kheled-aya-Telêk
2007:01:26:13:22:41
Zirakzirak
Zirak había salido a pasear por las afueras del Ost-en-Aël. Necesitaba meditar todos los acontecimientos que le estaban sucediendo. Comenzó a rememorar su salida de Ered Luin, el camino hasta Khazam-dûm y la despedida de sus padres.
Y ahora aquí en tierras muy lejanas, al otro lado del mundo me siento como en casa
Camino a lo largo del lago que con sus perennes aguas reflejaba la capital. Andando llego hasta donde el lago se une al rió verde y comenzó a remontarlo por la orilla hacia las montañas. Que añoranza de la fría y dura roca. Muchas veces el enano quedaba absorto mirando los altos picas de la cordillera.
El rió corría rápido y limpio. El agua manaba en grandes cantidades, como durante todo el año. Las nieves de Helkelen Lara lo alimentaban en otoño tanto como en verano. Los pinos se dispersaban aquí y allá por todo el recorrido del rió.
Y finalmente, la falda de la montaña, los pequeños arbustos lo invadían todo por doquier. Zirak tuvo que entrecerrar los ojos para que el sol no le deslumbrara. En la ladera de la montaña vislumbro un hueco, una cueva. Despertó su curiosidad y se dirigió hacia allí.
La entrada de la cueva era la suficientemente ancha como para que cabieran dos humanos uno al lado del otro. Zirak examino la piedra.
Bueno calidad para la perforación, incluso haya en su interior piedras preciosas.
Zirak se adentro en la cueva. Veía perfectamente en la oscuridad de la roca. El túnel por el que siguió andando el enano se iba estrechando hasta abrirse a una gran sala abovedada. Zirak miro a su alrededor, las raíces de árboles y plantas de la superficie sobresalian por todos lados y un pequeño lago cristalino aunque estuviera debajo de la tierra estaba en el centro de la sala.
La añoranza de las ciudades bajo las montañas embargo a Zirak. Y entonces en aquel mismo momento lo vio. La piedra talla decorando aquella estancia, contando la historia de Helkelen Lara, los niños, los hombre y mujeres, elfos, hobbits,… andando por las calle. La gloria de Hekelen Lara, el esplendor de Khazan-dûm. Una pequeña porción de su gente que pudiera compartir con aquellos que le habían recibido con los brazos abiertos.
Zirak salio con prisas de la cueva. Memorizando el sitio donde se encontraba. Debía ponerse a trabajar deprisa. Las guerras suelen interrumpir los grandes obras. De camino a Ost-en-Aël se encontró con una patrulla por el camino.
-Mi señor.- dijeron los dos guardias inclinando la cabeza al encontrarse con el enano.- El Senescal Apacen, se encuentra preocupado y nos ha mandado en su búsqueda.
-Ese muchacho siempre preocupándose por mi, ya no soy ningún niño.- rio Zirak.- Bien muchachos me hacéis mucho bien habiendo venido a buscarme.-Zirak se subió con ayuda a uno de los caballos de los guardias.- Vamos muchachos, en tiempo no espera llevarme raudo a palacio.
Los dos jinetes azuzaron a sus caballos de vuelta al palacio de Ost-en-Aël
Kheled-aya-Telêk. pensaba Zirak de camino a palacio.
Zirakzirak
Apacen se encontraba estudiando diversos planos de Arador.
Me alegro que el rey haya ampliado mi biblioteca de mapas en relieve.
Cuando de repente las puertas se abrieron de un golpe. Y el sonido de las botas sobre el blanco mármol lo inundo todo. El aroma entre sudor, cuero y acero tan peculiar que desprendía el enano llego hasta Apacen.
-Saludos, majestad. Ya habéis vuelto. ¿Cómo resulto el paseo?.- pregunto Apacen.
-Bien, bien, magnifico…-respondió Zirak que se encamino hacia una de las estanterías de la que cogío un libro y empezó a leer pasar las paginas.
Apacen volvió a sus mapas, era normal que el rey y su carácter hicieran este tipo de cosas. Habia que dejarle su espacio.
-Apacen.- resonó la voz del enano en la sala de mármol.- Haz llamar a uno de los escribas y a Hatlor, tengo que pediros algunas cosas.
Apacen asintió con la cabeza y salio de la sala con Naulë caminando a su lado.
¿Qué demonios le pasara? He nota en su voz nerviosismo a la par que estaba muy emocionado. ¿Qué prepara el noble enano esta vez?. Apacen sonrió.
Ordeno entro los sirviente que buscaran a un escriba y llamaran al comandante Hatlor.
-Díganle que el rey le espera en la sala de los mapas.- ordeno Apacen a los criados. Estos dispusieron todo para reunir a los hombre que el enano había solicitado. Ante de encaminarse hacia la sala de mapas hizo una pequeña parada por los jardines de palacio. Dejo que el sol bañaba su piel y le reconfortara. De vuelta a la sala de mapas se encontró la puerta cerrada. Apacen llamo tres veces.
-Adelante.- respondió la inconfundible voz del enano desde el interior.
-…espero una pronta respuesta vuestra, Príncipe Aikanáro. Sin mas Zirak Rey de Helkelen Lara.- fueron las ultimas palabras que Apacen oye la misiva que estaba redactando Zirak al escriba.- Y bien muchacho, recuerda lo que hemos hablado, trae algo de cera de aquella mesa.- El escriba hizo lo que le pedían y Zirak sello la carta y la guardo en las mangas de su túnica. En ese preciso momento el comandante Hatlor entro en la habitación.
-A su ordenes majestad.- dijo al mismo tiempo que se cuadraba y ponía un gesto impasible.
-Mira muchacho casi he cambiado tus pañales así que no me vengas con bromas o probaras mi acero.- respondió el enano plantándose delante del Hatlor. Apacen sonrió y Hatlor rió.
-OH¡¡ Bien, que desea su magnificencia.- respondió el humano volviendo a una pose relajada y acercándose a Apacen.
-Chico puedes irte.- dijo Zirak al escriba. Espero a que este saliera de la sala y cerrara las puertas antes de continuar.- Tienes que hacerme un favor Hatlor. Debes ir a Lempe y entregar una misiva a Aikanáro Tîwele en Eru Andorya..- el enano hizo una pausa a la espera de la reacción del comandante.- Así podrás utilizar el viaje de excusa para pasar unos días con Vanadessë.
Hatlor se ruborizo y sonrió a su amigo.
-De acuerdo, ¿Qué he de llevar?.-
Zirak se saco la carta que había guardado y se la entrego al comandante.
-Ve y dale un abrazo a eso orejas picudas que tienes por “amiga especial”.- rió el enano.
Hatlor salio de la sala cerrando la puerta tras él. El enano se giro hacia Apacen que aguarda paciente al lado de la mesa de los mapas.
-Necesito que reúnas a los mejores mineros, arquitectos, que tengamos en todo Lara.-
Apacen frunció el ceño
-¿Para que? Si se me permite pregunta.- pregunto el Senescal
-He tenido una visón y quiero compartirla con todo el reino.- respondio el rey.
[Editado por Valandin el 03-11-2006 18:51]
[Editado por Valandin el 03-11-2006 18:52]
Zirakzirak
Los días pasaron, las semanas fueron alejándose como los calidos aires de la primavera. Zirak se pasaba las horas en la biblioteca haciendo mapas, mirando manuscritos y dibujando planos.
El tiempo pasó.
Apacen paseaba por los jardines de palacio a acompañado de Alalmë. Entre ambos no surgía ninguna palabra. Era reconfortante pasear con alguien y no tener que mediar dialogo.
De repente Apacen se giro. Esto pillo por sorpresa a Alalmë.
-¿Qué sucede Apacen?.- pregunto la humana
-Espera unos segundo, vienen a buscarme.- sonrió él.
En ese preciso momento apareció un muchacho andando apresuradamente en dirección a ellos.
-Señor senescal, gobernadora.- dijo el muchacho haciendo una inclinación.
-Dime muchacho; ¿Qué sucede?.- pregunto Apacen.
-Un elfo y un enano con los emblemas de Lempe Ohtari preguntan por el rey.
Apacen frunció el ceño y Alalmë miro sorprendida al muchacho.
-Hazlos pasar a la sala de mapas.- ordeno Apecen.
El muchacho asintió con la cabeza y volvió por donde había venido.
-¿Gentes de Lempe preguntando por el rey?.- pregunto la humana a Apacen.
-No tengo ni idea querida. Si me disculpas iré a informar a Zirak.-
-Claro ve. Pero recuerda que tenemos una conversación pendiente.- dijo ella sonriendo
Apecen asintió y sonrió. Acto seguido se dirigió hacia la biblioteca. Allí encontró al enano enfrascado en el dibujo de un plano, rodeado de montañas de libros.
-Mi señor, gentes de Lempe preguntan por vos.-
Zirak levanto la cabeza del pergamino.
-Apacen, no termino de acostumbrarme a eso de señor, majestad o rey. Zirak vale.-hizo una pausa.- ¿Gentes de Lempe dices?
-Si Zirak. Y han preguntado por vos. Esperan en la sala de mapas.
Zirak tardo unos segundos en responder.
-Claro. Aikanaro. Magnifico.- dijo levantándose.- Acompáñame muchacho, tenemos una visita muy deseada.
Ambos se encaminaron hacia la sala de mapas. Donde les esperaban un apuesto elfo de cabellos castaños y un fornido enano que plantado los pies en el suelo parecía que llevara siglos allí.
Ambos hicieron una leve inclinación de cabeza al ver aparecer a Zirak y Apacen.
-Saludos rey de Lara, mi nombre Eragon de los elfo Sindar y mi compañero de Khalak del linaje de Durin; nos envia Aikanáro Tîwele que os manda sus saludos y buena fortuna.- dijo el elfo en un perfecto común.
-Bienvenidos seáis Eragon y Khalak. Soy Zirak del linaje de Linnar y rey de Helkelen Lara y mi acompañante es Apacen Senescal de este reino. Sentíos como en vuestra propia casa.
Apacen llamo a varios sirvientes para que sirvieran cerveza, vino y algo de comer. Durante el pequeño aperitivo Eregan y Khalak contaron su viaje desde las tierras de Lempe hasta Ost-en-Aël. Que eran una caravana de artesanos, mineros de lo mejor de las tierras de Lempe. Y que su señor les había pedido que vinieran a la capital de Lara y ofrecieran sus servicios al nuevo rey en lo que solicitara.
-Y yo os he de recompensar por ellos.- respondió el enano. Y comenzó a describir su visión de Kheled-aya-Telêk.
Zirakzirak
Apacen acompañaba al rey paseando por el camino en dirección a Telek. Le encantaba la pasión que tenia el nuevo rey por caminar. Nada comparado a ir a caballo.
-Oye muchacho. ¿Sabemos algo de Hathol?.- pregunto Zirak.
-Sigue en Lempe mi señor.- Apacen hizo una pausa.- Creo que volverá pronto y con Vanadessë.
-Estos jóvenes.- negó con la cabeza Zirak.- Están locos. ¿Y tu muchacho?
-¿Yo? ¿Yo que mi señor?.- pregunto Apacen sorprendido. Pocas cosas lo hacían pero aquel enano era un experto en pillarle.
-¿Cuándo demonios te vas a casar? O a caso te crees que soy entupido, Senescal.- dijo Zirak recalcando la palabra senescal pero con una sonrisa en los labios.
-No se a que os referís mi señor.- Apacen estaba estupefacto ante las palabras del enano.
-Vamos chico. He visto como os miráis la gobernadora Alalmë y tu. Ambos sois de la tierra, jóvenes,….O te crees que tu rey es tonto.
Apacen medito un momento. No era que no se sintiera atraído por la Alalmë. Pero si trabajo estaba al lado del rey. Era el Senescal y no se veía de otra manera.
-Yo…-acertó a decir.
-Magnifico ya hemos llegado.- el enano forzó el paso
Salvado….. Apacen suspiro.
Las obras iban deprisa y avanzaban por delante de lo previsto. La puerta principal a estaba casi acabada.
Un gran arco formaba la entrada con dos mas pequeños a ambos lados formados a su vez por otros dos.. En la parte de arriba coronando la entrada se encontraba el escudo de Helkelen Lara. En los laterales, en los arcos superiores se encontraban los escudos de Ost-en-Aël y Aeron Mir, las dos ciudades mas grandes del reino de Lara y en los inferiores los escudos de todas las diferentes ciudades. Mirianost, Loregard, Hondonada del Espino,…
Y en la forma de arco, había varios artesanos enanos y elfos haciendo la inscripción en ithildin que decía: “Bienvenido a Kheled-aya-Telêk, entra amigo y descansa”. Escrito en quenya, khuzul, sindarin y oestron.
Defendiendo el escudo de Lara habia dos grandes lobos de las nieves tallados en la misma roca de la montaña y las puerta de granito marrón tenían mas de 50 centímetros de grosor. Ahora abiertas de par en par.
Cuando Zirak y Apacen se acercaron a la entrada salieron a recibirles los capataces de la obra.
Eragon y Khalak salieron acompañados por Hereos, un artesano de Lara.
-Bienvenido rey a tu santuario.- dijo Eragon haciendo una inclinación que los demás imitaron.
Zirakzirak
El día se había levantado nublado y amenazaba a tormenta. El aire era tan frió que calaba los ropajes hasta los huesos y se alojaba allí, produciendo un terrible dolor. Los aires de las montañas volvía a clamar. Ese sonido que las gentes de Helkelen Lara habían oído tantas veces.
El Cónsul, Zirak observaba las montañas desde el balcón se su alcoba en palacio. Con los ojos cerrados dejaba que el aire le hablar y le tragero los mensajes de la montaña. No traían buenas noticias, la guerra había vuelto a estallar. El tiempo de paz había durado poco.
La reunión del consejo el día anterior había sido una de las más acaloradas de todos los tiempos. Zirak, suspiro profundamente y pensó en todo lo que había pasado el día anterior.
Sentado en el gran salón, con Hathol a su diestra y Apacen a su siniestra. Se hablaba de los movimientos de los demás clanes.
-No, podemos dejar a esos ejércitos de Realengo entrar en territorio de Lara.- decía el joven Herkeblam.
-¿Por qué, han sido aliados nuestros desde mucho antes de que tu nacieras muchacho?.- respondía un su gutural voz Gmork a la vez que expulsaba humo de su pipa.
-Los ejércitos de Lempe; están todos en nuestros territorios. Ha excepción de una sola compañía.- dijo en un susurro de voz Ezel.
Zirak, los observaba. Tanto Laureon como Alamë, habían permanecido callados durante toda la reunión. Zirak, toleraba los alejamientos de Laureon a aquella torre. Y no se inmicuia en lo que hacia allí; sabia que era un hombre sabio y al igual que de Alalmë su opinión era tomada muy encuenta.
-¿Entonces que hacemos?.- corto la discusión Zirak.- ¿Debemos de poner a todas las compañías en alerta? ¿Lanzarlas a la guerra sin pensar?
Llamaron a la puerta. Se abrio dejando paso a un mensajero de Lempe Ohtari. No medio palabra y se dirigio directamente a Zirak. Hathol se puso tenso y lanzo su mano a la empuñadura de su espada.
El hombre extendió la mano y dio una carta con el sello de Lempe a Zirak, acto seguido lanzo una mirada furibunda a Hathol y salio de la instancia.
Zirak miro la carta unos segundo y después rompió el sello. La leyó para el mismo. No movió ni un solo músculo; cuando termino paso la misiva a Apacen que comenzó a leer. Zirak se volvió hacia los comandantes.
-Dar la alarma, vamos a la guerra. Todas las compañías que ataquen a los ejercitos de Lempe. Esos traidores nos han declarado la guerra.-
Herkeblam sonrió, Gmork apago su pipa y se levanto, Ezel lo siguió.
-Será mejor que me mueva deprisa, esos Lemperianos no tardaran.- dijo Alalmë mientras se levantaba.
-Voy contigo.-dijo Laureon.- Y mi señor, no se puede decir que no lo hayáis intentado.
Zirak sonrió ante las palabras de Laureon.
Hathol, puso una mano en el hombro de su compañero.-Iré a preparar las cosas. Debemos partir pronto.- y salio de la habitación
Apacen guardo la misiva, para añadirla a la biblioteca de Lara.
-Podremos con ellos mi señor.-dijo volviéndose a Zirak.
-Eso no es lo que me preocupa ahora mismo Apacen.-
-¿Entonces? ¿Cuál es el problema aun mas grave?.- pregunto el Senescal
-Tenemos una gran cantidad de artesanos de Lempe en nuestras tierras, durmiendo en nuestra ciudad. Ese es el problema.-
Apacen enmudeció. No había recordado a los trabajadores de Khelek.
-Iré a decirlo; tiene derecho a salir del territorio y poder ir a la guerra. No voy ha hacer prisioneros a nadie.
Apacen asintió.
El aire de las montañas cortaba la piel. Los obreros trabajaban dentro de la caverna. Las puertas se habían terminado hace meses y permanecían cerradas. Entrando y saliendo los trabajadores, los productos de la construcción por una abertura algo mas pequeña situada en un lateral.
Artesanos de Helkelen y Lempe, trabajan codo con codo. Forjando nuevas amistades. Ya se había terminado el gran pasillo de la entrada que unía las puertas con la sala de bienvenida. Una gran sala abovedada, con un rió subterráneo que la cruzaba. A su alrededor se habían construido gradas de mármol blanco y en todas las paredes adornaban frescos de la historia de Arador. En la parte izquierda de la instancia salia otro pasillo que conducía a la “Sala de la Estrellas”. Aquí los trabajos estaban en su ultimo momento. Pues se estaba esculpiendo en Ithilien la bóveda celeste exterior.
<<Este sera un lugar precioso>>[/I. pensó Mikandra.
Ella era un soldado, del señor Aikanaro. La había mandado aquí por su pasión por la excavación y los minerales. Cuantas veces la habían comparado con un enano.
[I]<<Ese rey, es un gran arquitecto. Aunque haya niebla o el cielo se oscurezca aquí siempre se podrán ver las estrellas
La sala ya estaba casi terminada. Se habían dejado gran cantidad de huecos en el techo para poder dejar entrar la luz de la luna que iluminaría el Ithiilien y representaría el cielo exterior. De repente, uno de los muchachos que ayudaban a los capataces llego corriendo a la instancia.
-Mi señora Mikandra, el rey de Lara.- paro y tomo aire.- Esta llamando a todos los trabajadores a la sale de Bienvenida.
Mikandra asintió y informo a los que estaban a su cargo.
Al fin voy a saber como es ese rey enano.