La Guerra de los Clanes

Historias, leyendas y batallas en las tierras olvidadas de Arda.

Edicion 3

Árador, Tierras de la Aurora

Finalizada · 19-03-2006

Historia Por Vida. Realengo De Farothdim. Arestel Vanimeldë

2006:11:09:09:57:42

Arestel Vanimeldë

Los rayos del sol que se filtraban a través de los grandes ventanales de la habitación, acariciaron el desnudo cuerpo de Arestel y haciendo que ésta se despertase con la cálida sensación. La mujer abrió los ojos, e instintivamente buscó a Thelidor. Su marido reposaba junto a ella, la masculina figura se ocultaba bajo las suaves sábanas, y el rítmico compás de la respiración le indicó a la mujer que su esposo descansaba profundamente.

Entonces recordó la batalla de Mellon Vilnya…llevó al torso su fina mano y palpó con detenimiento sin encontrar rastro de alguna herida.

Se levantó y caminó hasta las grandes ventanas, “un día soleado, sin duda” , pero las vistas de aquel dormitorio no se correspondían con la hermosa plaza de Sornië…no estaban en el Palacio de los Regente en Oron Oituilë… sino en el Palacio Real de Ost In Alassëa Esdë. “¿Qué está pasando aquí?” No tenía sentido que estuviesen alojados en la capital…

De repente llamaron a la puerta, Arestel, en un rápido ademán tomó el ligero camisón que se encontraba a los pies de la cama.

_Adelante_ dijo, terminado de anudarse el fino cinturón.

La puerta se abrió y dos niños entraron corriendo, seguidos por dos muchachas.

_ ¡Mamá!_ gritó la niña

_ ¡Erinel!_reconoció Arestel_ ¡Mi pequeña!_ y la abrazó con todas su fuerzas.

La niña rió.

_Mamá no me abraces tan fuerte_ rechistó su hija.

La mujer soltó a Erinel y la observó con detenimiento.

_ ¡Cuánto has crecido, tesoro mío!

_No sabía que pudiera crecer en una noche…Mamá, mira lo que ha hecho Reigel a mi muñeca_ dijo recordando la razón por la que había ido a la habitación de sus padres.

_ ¿Quién?

_Anda, dale un beso a mamá _dijo Thelidor que se encontraba ahora junto a Arestel.

El hombre tenía en sus brazos a un niño de no más de 4 años, con cuidado lo dejó en el suelo y el pequeño avanzó hacia la mujer, tendiendo hacia ella sus delicados brazos, para que esta le alzase.

_ ¿A mamá?_repuso la mujer señalándose a si misma sin comprender la situación.

Entonces Arestel lo cogió en brazos, y el niño le dio el beso, obedeciendo así la orden de su padre.

_Y quién es este lindo caballero_ preguntó la mujer a su marido.

Pero el pequeño tomó la pregunta como suya, y con esa gracia que poseen los niños de su edad dijo:

_Soy Reigel, hijo del…

_Caballero_ le susurró su padre a modo de ayuda.

_Hijo del caballero Thelidor y la…dama Arestel_ dijo con total seriedad_ Y cuando sea mayor, seré Gran Mestre.

_Maestre_ corrigió su hermana

_De la Rosa_ y terminó con una gran sonrisa.

Arestel se quedó paralizada, ¡aquel niño era su hijo! Eso era imposible, los regentes sólo podían tener uno o de lo contrario perdían la regencia de la ciudad…algo que nunca había pasado en la Casa de los Avathim. Dejó con suavidad a Reigel en el suelo. Thelidor notó el cambio en su mujer, y haciendo un gesto con la manó, indicó a las doncellas que se llevasen a los niños.

_Vayamos al comedor _dijo una de ellas, que cogió en sus brazos al pequeño.

La niña se quedó junto a su madre, rehusando así la petición de la joven.

_Erinel, ve con ellas_ ordenó su padre.

La hija obedeciendo a su padre, salió tras las doncellas, Thelidor cerró la puerta y se acercó a su mujer.

_Arestel, ¿qué te ocurre?¿ No recuerdas a nuestro hijo?_dijo con preocupación.

_Thelidor, ¿nuestro hijo? ¿Nuestro segundo hijo?

_Sí_ respondió su marido.

_ ¿Qué? ¡Si no recuerdo haberlo tenido!_gritó la mujer llevándose las manos a la cabeza_ y puedes estar seguro que es algo que ninguna madre se olvida. Además, conoces también como yo las normas, los regentes no pueden tener más de un hijo_ Arestel rió, la histeria se estaba apoderando de ella_ así ha sido desde tiempos inmemoriales para evitar las guerras de sangre que antaño condenaron a mi familia al exilio…

_Arestel, cariño,_ interrumpió el hombre_ pero eso fue antes.

_Antes de qué, Thelidor_ respondió con brusquedad _no hay un antes ni un después, seguimos siendo regentes, el Avath así lo demuestra.

La mujer se llevó las delicadas manos al cuello, donde debía encontrarse el áureo medallón.

_Arestel, escúchame _dijo el hombre agarrando con suavidad las manos de su esposa_ Ya no somos Regentes de Oron_ Thelidor acarició el pelo de la mujer _y vivimos en la capital, en el Palacio del rey, donde somos Gran Maestre y Primera Dama de la Orden de la Rosa.

Arestel se apartó de su marido.

_ ¡Mientes!_le gritó_ ¿Dónde está el Avath, Thelidor?¡Dime!_y comenzó a desordenar la habitación.

El hombre, viendo el destrozo que estaba haciendo su mujer, la agarró por la espalda, quedando su esposa inmovilizada entre sus fuertes brazos.

_Lo perdiste, Arestel, _dijo con serenidad_ al igual que la regencia.

La mujer en un rápido ademán consiguió zafarse de su marido.

_ ¡Lo encontré!_ y señalándose a sí misma_ ¡Yo lo encontré!_ seguía gritando, ahora desde el centro de la habitación.

Las escenas del día de la batalla se sucedían unas tras otras en la mente de Arestel; su partida de Mellon Vilnya, su regreso a la casa…

_ ¡El elfo me lo dio! ¡Él me lo dio, lo encontré!

En un último intento de calmarla, Thelidor se acercó a ella y la sujetó por lo hombros.

_ ¡Arestel, basta ya de este comportamiento!_dijo con brusquedad_ Perdimos la batalla y en ella tu perdiste el Avath. Lo perdiste, Arestel, lo perdiste…

La mujer sintió como la fuerza le abandonaba, no podía mantenerse en pié. De repente la iluminada habitación se volvió oscura y lo último que sintió fueron los brazos de Thelidor agarrándola, evitando que cayera… y con ella se fueron las palabras de su marido “lo perdiste…”

(…)

Arestel sintió de nuevo su cuerpo, pero esta vez punzadas de dolo, en el vientre y en el brazo, le demostraron que sus heridas aun eran recientes.

_Lo ha perdido_ oyó decir a alguien que se encontraba en aquel lugar.

_Nunca sabremos si para bien o para mal.

La mujer reconoció al instante la voz del rey, entonces abrió los ojos, para segundos después cerrarlos de nuevo, pues no estaba acostumbrada a la luz de ese sitio.

_No lo he perdido, el elfo me lo dio_ dijo con dificultad, el dolor del torso se hacía más fuerte con cada palabra que decía.

_Arestel, ¡estás despierta!_exclamó el rey con alegría.

La mujer volvió a intentar abrir los ojos y esta vez, tras parpadear un poco, logró ver donde estaba; en la improvisada tienda que hacia las veces de casa de curación cuando los ejércitos se encontraban desplazados fuera de Farothdin. Ilimo y un sanador se encontraban junto a su cama.

_ Thelidor está bien_ anunció el monarca, adelantándose así a la pregunta de la regente_ los sanadores ya no temen por su vida.

_ ¿ Dónde …_hizo una pausa para poder coger fuerzas_ estamos?

_En las tierras de Esteldor_ informó el rey_ cerca de la ciudad de Halatiryon. Lleváis casi cuatro semanas sumidos en profundos sueños para que así no sufrierais los dolores mientras los sanadores os trataban las horribles heridas que traíais. Durante ese tiempo nos hemos desplazado hacia el sur.

La mujer asintió levemente y con cuidado giró la cabeza hacia su derecha para ver a su esposo. Thelidor descansaba en una cama separada de la de ella por una tosca caja que hacía las funciones de una mesa baja, y en ella la regente vio el medallón.

_El Avath…

_Sí, sí, Arestel_ dijo Ílimo acercándose al colgante. Lo cogió y, con mucho cuidado, se lo puso a la mujer en su mano izquierda.

Al notar el frío oro en su palma, Arestel sintió un escalofrío. Si no hubiera sido por aquel elfo, nunca lo habría encontrado…pero si no había perdido el Avath ¿De qué hablaban el rey y el sanador?

_Ílimo, ¿ qué he perdido?_ tengo el medallón.

La mirada del rey se cruzó con la del sanador, el cual asintió y acercándose a una mesa, donde tenía una docena de cuencos, cogió uno y se lo dio a beber a la mujer. Ella se lo tomó sin dificultad, reconocía en aquella mezcla las amargas hojas del ledegën, un fuerte sedante. Una vez que se terminó Arestel el contenido del recipiente, el sanador abandonó la tienda, dejándolos solos.

_El Avath lo recuperaste_ dijo con una sonrisa el maiar. Y prosiguió_ Cuando los sanadores os encontraron, los dos teníais graves heridas. Dieciséis saetas se quitaron del torso de Thelidor y cuatro del tuyo…pero las otras seis se encontraban atravesando tu vientre_ Ílimo hizo una larga pausa_ haciendo que perdieras al hijo que llevabas dentro.

_Reigel…susurró la Arestel. El Ledegën estaba haciendo su efecto y la regente, una vez más, se sumió en el reino del buen Lórien.

[Editado por Eldin_de_Lorien el 03-11-2006 11:28]

Naredhel Anariel

Los Valar otorgan un 40% de recuperación de vida para Arestel.