Ílimo
Dos blancas manos se posaron delicadamente en el frío cristal de una puerta de doble hoja, empujando hacia delante suavemente. Una sala amplia se abrió a ti, iluminada desde arriba por una especie de ojo de buey en el techo, que derramaba su luz blanquecina sobre un muchacho que estaba sentado en el suelo, en medio de la estancia. Miraste a un lado y otro antes de avanzar hacia él. Una leve corriente fría te hace estremecer, caminas y el suelo de piedra te devuelve el eco de tus pisadas. Caminas y el silencio sepulcral se rompe cuando el niño canta en un tono agudo y ahogado, una tonadilla infantil. Notas que se balancea, y su pelo largo y grasiento sigue el movimiento. Está solo, sentado de rodillas jugando con una muñeca de trapo desvencijada. Te paras a dos pasos de él y caminas en círculo alrededor suyo, poco a poco, observándolo lentamente. Notas las marcas de una soga en su cuello, sus blancos brazos surcados de cicatrices renegridas, quemaduras, sus uñas inexistentes, sus labios amoratados, su pelo grasiento antaño rubio, ahora ensangrentado y escaso en algunas partes, pero largo donde seguramente no habían llegado aún sus dedos ansiosos.
Sigue balanceándose, te preguntas si sabe que estas ahí, mirándole, sigue cantando muy bajito, como si llorase las notas, imprimiendo su más honda tristeza en cada variación. Un escalofrío recorre tu espinazo ¿Qué estará pensando?, rezuma una tensión reprimida sufrimientos que se agitan en sus recuerdos. El mal presentimiento se confirma cada segundo, hiciste bien en venir a ver esto antes que nadie. Las runas de tu espada brillan y murmuran inspirando valentía y precaución. Te agachas a cuatro pasos del infante, y apoyas tus codos en las rodillas, mirándole. Notas que tus tobillos crujen mientras mantienes el equilibrio y el niño detiene su tonada y desata un imprevisto brote de odio abalanzándose hacia ti, pero una cadena asida a su tobillo tintinea y lo detiene a un palmo tuyo. Un sudor frío recorre tu cuerpo tras un momentáneo escalofrío. Inmóvil, miras unos ojos saltones, extremadamente azules y llorosos, sin vida, surcados de venas enrojecidas que te miran imperceptiblemente. Una sonrisa bobalicona te muestra unos dientes irregulares y amarillos, diciendo:
Salve Ílimo, espíritu de los sueños, portador del descanso eterno _ronroneó girando la cabeza a los lados con una voz intemporal_ ¿Tocarás algo para mí? _dijo cambiando la voz a una más teatralmente infantil_ ¿si? dijo siseando_ y rió como con una voz ronca, como si tuviese la garganta atascada. ¡Toca algo para mí ahora que no estas triste! _ Y el niño se dejó caer de espaldas sobre su pelo grasiento, riendo convulsivamente.
Le diriges una mirada fría, reprimiendo lo que, incrédulo, acabas de oír, y te preguntas que memorias retiene del pasado, que le han contado de ti y de Farothdin… me conoce del pasado, y profundizas en tus recuerdos, buscando coincidencias
Si no vas a tocar nada lárgate de aquí porque no tienes nada que hacer conmigo, I Nandaro. ¡Vete a conquistar regiones que pongan en peligro a tu querido Farothdin!
Sus palabras discurrieron como un torrente de ira y desesperación, escupidas con odio.
¿“Acaso te crees preparado también para escuchar la tonada y liberar tus sentimientos de frustración”? _dices con tranquilidad, preguntándote como ha llegado allí desde tan lejos, desde lugares lejanos, buscando el reino de Farothdin por sus propios medios, encontrando a Yiyinai… ¡Busca la piedad de la reina!_
[/I] Veo que no es a mí a quien esperas [/I] _dices con una sonrisa torcida_ y me pregunto que ha llevado a un niño desvalido hasta los cuarteles de la orden del Lirio_
Matasteis a mi familia y a mi pueblo abanderando, los estandartes de Farothdin, dispensaste muerte entre los míos amparado en la luz de Valinor, ¡sacrílego! Los hados de Vaire te impondrán un juicio en la pradera de tuna, y pagarás por tus acciones mirando el rostro de los poderes de Arda _ escupió como un latigazo, enfurecido y contorsionando su rostro, revelando el fanatismo del odio en cada entonación perfectamente calculada para dañar la psique_
Te levantas, y echas atrás la capa de montaraz, revelando una armadura brillante. Tu colgante tintila y la luz de Telperion quema los ojos, intensa, inundando la estancia de una cálida sensación. A tus pies el niño gatea indefenso tapándose los ojos con un muñeco de trapo roído y sucio. Sospechas del más, una contradicción tras otra, ¿un refugiado tan joven de tierras tan lejanas pide asilo en el reino de Farothdin? Contradicciones y contradicciones escondidas por mentiras y más mentiras. Como un niño revela esos diálogos, como puede conocer las palabras exactas de todo y dirigirlas como dardos contra mí… como despistó a nuestros guardias de la frontera, como encontró el camino hasta aquí, que oscuridad hay en él que rehuye la luz…
Y un presentimiento te hace desenvainar la espada, el miedo a lo desconocido y las contradicciones que percibes te hacen empuñar a Ahendal. Sientes que debes ejecutar a aquel ser infecto que se esconde tras un niño que te culpa de sus males. La hoja tiembla y el metal imbuido en magia tintinea ánimo y decisión, valentía para dispensar muerte a aquel que se esconde tras la máscara de un niño huérfano que busca refugio y piedad en Farothdin. Te cuesta luchar contra tu convicción de no dar muerte, tu naturaleza pacífica, pero al final vas recuperando tus fuerzas y notas que la energía fluye por tus músculos. ¡ no puedes poner en peligro a Farothdin! Aprietas la empuñadura y descargas un mandoble sobre aquella detestable figura endemoniada. Más cuando todo está a punto de acabar, un frío helador muerde tu mano e inmoviliza tus nervios, haciendo que la espada caiga tintineando a tus pies, chillando un canto de dolor que invade la estancia.
Izilsurias entra en la sala rápidamente, acercándose a ti, envuelta en una capa azul clara con pieles de lobo rematando las empuñaduras y el bajo, con una mano levantada hacia ti, señalándote; y con la otra sujetándose un vaporoso chal blanco que cubre su cabeza.
Tomas tu mano y la acercas a tu pecho, frotas tu muñeca y notas que entra otra vez en calor al contacto con tu colgante. Apartas la espada de aquel niño que ahora gime con ojos llorosos, intentando tocar con la punta de sus dedos la capa de la Dama Izilsurias, buscando su piedad entre gemidos infantiles, suplicando atención por medio de una teatral parodia de infantilismo. Te retraes con movimientos silenciosos y rodeas al muchacho sin que te vea, te alejas unos pasos de él, sin perder el contacto con la mirada de Izilsurias, que esta envarada, rodeada de un halo de misterio, mirándote también con gesto ceñudo, mientras el niño gatea hasta ella y se calma cuando le acaricia el pelo con sus dedos.
_ Demasiadas contradicciones mi Dama_dices_
_Siempre hay contradicciones en los que vienen a pedirnos piedad y amparo. ¡Pero a este lo he marcado yo y el Lirio brillará en su uniforme, ¡cuando su pena sea canalizada por el camino recto!. _dijo con un tono fascinado, mientas elevaba la barbilla del niño para mirar sus ojos_
_Nos maldecirás a todos si tu elección es darle asilo entre los tuyos, ¡un destino que se escapa a mis presentimientos gira en torno suyo!.
_ ¡El destino está de mi parte!, Yiyinai le mostró el camino según mis peticiones, un refugiado de guerra, Ílimo; un desecho superviviente de las guerras de esta época, alguien lleno de rencor y odio, una masa ingente de motivación para devolver el daño que le causaron, un futuro caudillo que imponga su autoridad en tierras lejanas, un títere que sea nuestros ojos, modelado a nuestro antojo desde ahora, que lleve a cabo nuestra lucha contra los restos de Morgoth, una ampliación de nuestro brazo ejecutor en Arador. ¡La llave que preservará nuestro reino oculto!
_ ¡Jugamos con espadas de doble filo pero esta no tiene empuñadura por donde agarrar!, atesora una maldad canalizada ya hacia nosotros, puede que sea un instrumento ya modelado, un espíritu mas allá de mi comprensión anima su existencia y lo ha guiado hasta aquí.
Ves que Izilsurias te oye pero tus palabras no la advierten del peligro, está demasiado fascinada. Se siente demasiado segura de si misma, nunca ha fallado en sus propósitos..Tal vez lo único parecido sea el caso de Narquelíë
¡Admití a Narquelië entre nosotros con mis reservas y ahora ves el resultado de tu mal moldeamiento!. Tu programa de instrucción no ha conseguido doblegar su carácter y solo ahora, después de mucho, se aprecian algunos signos de humanidad, que no sabemos si serán duraderos. ¡Ahora mis reservas son totales!, me niego a que viva entre nosotros este ser misterioso y farsante!.
¡Basta! _ restalló la reina mientras desataba los grilletes del niño, que se apoyaba en su falda, mordiendo con fuerza su muñeco mientras te dirigía una mirada pícara y malvada, reprimiendo una sonrisa_. Cuando hubo terminado, Izilsurias lo envolvió en su manto, sin revelar el menor signo de repugnancia. Se arrodilló ante el con confianza, mirándole a los ojos intentando descubrir que revelaban. El niño permanecía callado, con los ojos vidriosos y un toque de ira contenida en su rostro, todo estaba casualmente calculado para fascinar a la reina como había visto en otras ocasiones. ¿Cómo sabía que tenía que hacer? ¿Que entrenamiento había recibido? porque tantas contradicciones y casualidades, que nuevo misterio iba a suceder ¿tenía en frente a uno de los futuros alumnos mas aventajados del Lirio? Un general al que había estado a punto de matar y que dirigiría sus ejércitos?
Oyes un gemido en la boca del niño y sales de tus pensamientos _ ¡tienes que darme tu muñeco, es lo único que te ata al pasado y que no te deja crecer!, tus sentimientos serán el freno a tu grandeza. _razonó con dulzura la reina _ ¿Como los de mi señor? _ dijo temblorosamente el niño, como intentando responder tímidamente a la pregunta de Izilsurias_ .Veo rapidez en tus razonamientos muchachito, _dijo la reina sonriendo con satisfacción_ Ella te dirige una mirada de reproche y tu en ese instante pareces ver un pliegue extraño dentro del muñeco por el que ambos forcejean. Llevado por un presentimiento trágico, agitas tus mangas y un dardo silva y atraviesa la garganta del niño en un instante; de lado a lado, limpiamente, rebanando sus arterias por dentro de la carne y vertiendo unos borbotones de sangre sobre la capa de la reina.
Izilsurias se queda por un momento atónita, contemplando con pasmo la escena, el niño muerto, asesinado a sus pies, delante de sus ojos, aun sujetando su muñeco de trapo raído, un sueño echado a perder.
_No tenías derecho, ¡me pertenecía! :_atronó en toda la sala Izilsurias agitando al niño entre sus manos_ la vida le abandona por culpa de tu veneno que le roe las entrañas, percibo que la vida le abandona
_Mira el muñeco de tu muñeco Izilsurias, ¡que no te cieguen los sentimientos! _gritaste acercándote a un paso de ella_ mentiras y mentiras dentro de mentiras. Esconde un arma en el muñeco que le permitieron tener en tu presencia, pero no contaban en que yo viniese antes a dar un vistazo a tu nuevo juguete ¿no crees que todo sucedió demasiado como deseábamos? ¿No sospechaste de las similitudes?
Izilsurias arrancó con rabia el muñeco y una daga diminuta con la empuñadura del Lirio, asomó entre las telas. Miró por última vez a aquel niño y lo apartó con repulsa de su lado, y lloró de rodillas, envuelta en su velo. Te acercas más y te arrodillas a su altura, envolviéndola en silencio con un abrazo, acercando tus mejillas a las suyas, besando su pelo con ternura.
_No se si me hubiese dado tiempo a reaccionar,_sollozaba Izilsurias_ con el forcejeo se hubiesen deshilachado las costuras del muñeco y se podría haber abalanzado contra mí, o incluso me hubiese apuñalado cuando lo llevase en mis brazos, pensé dejárselo un poco más…ahora me han traicionado a mi los sentimientos. A esto me refería Ílimo, me apiade en la posibilidad de que nosotros hubiésemos sido los causantes de su desgracia allá donde luchan nuestras tropas. Debemos ser más precavidos en tiempos de guerra y no crearnos más enemigos de los que ya tenemos.
_[I] Siempre estaremos juntos en esto, Farothdin prevalecerá mientras esté uno de los dos alerta._terminó él_
