La Guerra de los Clanes

Historias, leyendas y batallas en las tierras olvidadas de Arda.

Edicion 3

Árador, Tierras de la Aurora

Finalizada · 19-03-2006

Batalla 54 - C4 Heren Fanyarëa Vs C3 Liantari Dimbar

2006:12:02:23:08:59

Uzbad Kibil

Fin Guerra: Heren Fanyarëa deja de Atacar

Armadas perdidas por "Heren Fanyarëa" = 19

Armadas perdidas por "Liantari Dimbar" = 7

Victoria para Liantari Dimbar

[Editado por Cudesas el 26-11-2006 15:25]

Orodril

Lagrimas de llanto

bañaban las frías tierras

de sangre marchita,

de heridas abiertas,

saciada de sangre

tronaban sus nubes

sobre la marchita tierra.

Llanto que sobre tiendas altivas

apaga sus fuegos

anegando en sombras

la raíz de sus desdichas.

Y en una de ellas,

donde el llanto de lluvia

con más brío replica,

descansa cual dulce figura,

cual honorable corcel,

la más desdichada y cruel criatura.

Ojos abiertos,

mirada firme,

bajo brillo de verde y plata,

clava en el más puro sueño

el elfo su mirada en el techo.

Voces de brío se alzan a lo lejos,

y tras el ruido, un brinco,

a la que mano a la espada

ajusta con premura,

la cual descubriendo en el desconocido un amigo

baja de nuevo su cortante filo.

Orodril: -¿Que haces en mi tienda a tan altas horas de la noche?-

Uzab Kibil: -Sin embargo yo me pregunto, ¿Cómo ha de ser sordo un elfo para no oír el clamor de la batalla por mucho que la noche profiera su acuoso estruendo?-

Orodril: -¿De que batalla me hablas, si a nuestros enemigos ya dimos muerte?¿No ves que en estas frías tierras un silencio de muerte se posa, y no puede haber más amenaza que la de una panda de necios, que con destartaladas armaduras, hacen frente en minoría y sin un ápice de posibilidad de victoria?-

Uzab Kibil: -Bien es cierto que mi mirada no penetra aún tanto en el manto de la noche como los tuyos, y no puedo ver si sus armaduras son o no destartaladas, pero bien te aseguro ni que ni son minoría, ni mucho menos necios-

Desconcertado tras las nuevas

Orodril, espada a mano

y seguido de cerca por el enano,

abandona con premura la tienda

para descubrir antes sus propios ojos

no nublados, para desdicha, por sueños

que bien cierta era la contienda

que aquellos paramos albergaba,

como a ciencia cierta bien sabia,

por los estandartes que sobre el enemigo pendían,

que amigo en enemigo había tornado la noche.

Las huestes de Heren Fanyarëa

cubrían, en pie de armas, todo el horizonte.

Ordenes a voz en grito

cubrieron de punta a punta

el campamento liantari

que con premura

se situaban para aguantar el sitio.

Taursereg: -De buena fuente se por mis criaturas que las huestes bien en número nos superan, y que a por movimientos se refiere, bien parece que cercarnos nos quieren, para darnos así mas fácilmente muerte.-

Orodril: -Nada se puede ya más que situarnos como buenamente podamos, y aguardar que la fortuna nos tienda la mano. Pero si la fortuna no acude, bien quisiera deparar un mismo regalo, como el que ellos nos hace entrega. Por ello me pregunto cuan raudas vuelan tus bestias, pues de buena ayuda nos sería en el advenir esta fría noche.-

Taursereg: -No tanto como sospecho que desearías. Pues unas cinco noches deduzco que tardarán.-

Orodril: -Ciertamente no nos vale. Por otro medio habré de buscar para lo que deseo. Por lo pronto, conformad formación y haced que, salvo unos cuantos y la caballería, todos preparen arcos. Habremos de recibir a nuestros invitados con las adecuadas salvas al cielo que buenamente se merecen.-

Dejando a sus escuadrones

en cuadrangular formación,

marcho el elfo a la desvencijada ciudad

cadáver de piedra, pasto de las llamas.

de fango sus botas se ensuciaban

mientras el hedor de los inertes cuerpos

se posaba sin causar disgustos

a causa de semejantes lluvias.

Calando las aguas sus huesos

Orodril no divagó en su propósito

y una vez halló finalmente tino

se recostó sobre un enorme bloque de piedra

que entre el holocausto repudiado se hallaba.

Orodril: -Me conmueve de manera sincera que aún estéis aferrados a esta tierra. Es un acto que denota entrega y amor por lo que ahora no es más que ruina. Es algo que buenamente os honra.-

Nowë: -Veo que ni ahora librarme de ti puedo, a pesar de que a todos los efectos estoy muerto. Es una terrible pena no tener un par de fuertes y sólidas manos con las cuales estrangularte.-

Orodril: -Veo pues de que de ti ayuda no obtendré, ¿verdad?-

Nowë: -¿Ayuda? ¡Ja! Bien podéis esperar sentado. Hasta que la lluvia esculpa tus huesos.-

Orodril: -Bien entiendo esas palabras, aunque creo que lamentarías dejar pasar la oportunidad de echarles la soga al cuello a los principales promotores de tu caidad.-

Nowë: -¿A qué te refieres?-

Orodril: -Las fuerzas de Heren nos cercan en esta fría noche, y no creo equivocarme si difo, que en esta declaración de enemistad Realengo les apoya.-

Un brillo de origen incierto

surcó los orbes espectrales

del elfo muerto.

Una ira comedida,

pero no por ello menos profunda y arraigada,

invadió entonces las entrañas de su alma.

Nowë: -¿Qué es lo que exactamente de mí deseas?-

Orodril: -Que surquéis el espacio como solo los muertos pueden, y aviséis a mis gentes de lo que aquí sucede. Pues los actos que bajo esta noche contra mi pueblo se perpetran exigen una justa respuesta.-

Los parpados el elfo muerto,

o más bien lo que de ellos restaba,

velo a medio tender su incisiva mirada.

Y tomando cualquier decisión que bien convino

ante los ojos del elfo vivo

su imagen en la oscuridad se deshizo.

Solo ya, sin motivo de presencia alguno,

Orodril abandonó el frío bloque

y a paso tranquilo anduvo

hacia la fiesta de dolor y muerte

donde el sino pende de la suerte.

[…]

Lluvia de flechas y piedras

venció a la lluvia,

y sobre las huestes de heren

cayeron sin miramiento,

incipientes.

Filas de infantería y caballería,

situadas en primera fila,

aguantaron con honor la fuerte embestida

protegiendo el disparo de sus compañeros

a cambio de un pago por cuantiosas heridas.

Una y mil veces,

las huestes de heren

Entre las filas enemigas

buscaron sin gran éxito brecha.

Y acometida tras acometida

de nuevo rechazadas eran.

Naredhel airada,

halló, quizás por fortuna, la figura

que de Caras Aelin bajaba.

Y Rûnyacir en mano,

y la otra en las riendas de Daedeloth,

de tajo corto al elfo su regreso,

y señor y señora tuvieron a solas

al fin ansiado encuentro.

El brillo candente del filo enemigo

Aviso de su llegada al elfo

Que pronto proveyó a su brazo de filo

Frenando así el funesto fin

.

Gran fue el choque de espadas

que de las manos del elfo

su arma se vio expulsada.

Y desarmado entonces,

aprovechando la tardanza

de su contrincante en el regreso,

halló piedra en el suelo

y lanzándosela con inmensa furia,

halló tino y en ventaja, al caer ésta,

ambos quedaron parejos.

Filos oscuros y filo candente

brillaron al choque nuevamente.

y nuevamente dagas y espada,

prosiguieron de nuevo la danza.

[…]

Ya nada de fuerzas le restaban

y el sudor de ambos

la incesante lluvia les limpiaba.

El brotar de la sangre

parecía postergar su llegada,

pues ambos dos

bien la venderían cara.

Clamores de fin de guerra

interrumpieron la candente velada,

y llamada de Naredhel

el veloz corcel regresó.

El duelo quedaba entonces en tablas,

con espina para el elfo

en su orgullo profundamente clavada.

Como inmenso perro de caza

que presa halla

a la que no poder inflingir dentada.

¡Liantari ai-mênu!

Cantos de victoria

para batalla de alabanza cuestionada.

Alsenot

Sentados frente al resplandeciente fuego, que hacía danzar las sombras en la pared del salón mostrando así un sinfín de imágenes de fantasías, el anciano y el joven disfrutaban del calor que este les proporcionaba mientras daban largos tragos a los humeantes platos de sopa que sostenían. El crudo frío que azotaba el exterior de la cabaña hacía más gratificante aquel momento de armonía y confort.

Después de lanzar una pequeña rama a la chimenea, el joven que permanecía sentado en el suelo, frente al calor, se giró y le dijo al anciano:

-Abuelo, cuéntame otra vez aquella historia...¡¡¡venga!!!

El viejo miró con cariño y le dedicó una amplia sonrisa con una profunda e inigualable ternura, después de esto le contestó:

-Está bien, está bien, pero sólo si me prometes que luego te irás a la cama a dormir.

El muchacho resplandeció de alegría y después de asentir, rápidamente se tumbo en el suelo y apoyo su cabeza contra su mano esperando a oír lo que tantas veces había oído pero nunca se cansaba de hacerlo.

El anciano, durante un tendido tiempo se quedó absorto, con la mirada en algún punto perdido en el infinito, sus grandes ojos claros iluminaron una bocanada de fuego que se avivó de golpe, y en ese momento con una voz áspera y melancólica comenzó a relatar...

Corrían duros tiempos, el mundo se veía abrumado por sangrientas guerras que no parecían tener fin, las alianzas pronto se vieron consumadas formando así ejércitos jamás antes vistos y detrás de ellos un inmenso camino salpicado por la sangre...y la muerte.

Mi compañía había zarpado a través de un largo y hermoso lago desde los puertos de Caras Aelin, la cual acabábamos de saquear. A pesar de lo pequeño que parecía aquel lago, resultó ser imposible de cruzar.

El viaje había sido tranquilo, sólo de vez en cuando la sombra de la guerra conseguía oscurecer nuestros ánimos, hasta que el sexto día de travesía las velas dejaron de mover al barco, y una calma asesina nos dejó anclados en mitad del inmenso mar.

En una semana nos habíamos quedado casi sin alimentos en la reserva, en el cielo ni una nube y ni la mas mínima brizna de aire acariciaba nuestros rostros.

Las ratas que viajaban de polizón en las bodegas fueron rápidamente un plato cotidiano en las cenas, y los soldados pagaban grandes cantidades de su salario por un pequeño sorbo de agua dulce, nunca comprendí esto, ¿para que querrían dinero? Si lo más probable es que todos muriésemos en pocos días y el único valor que tendrían esas monedas sería el que le darían los corsarios que abordarían el barco y encontrara nuestros cadáveres.

El día catorce la situación ya era insostenible, si no llega a ser por la honradez de los soldados de Heren, estoy seguro de que los amotinamientos ya se habrían dado; pero entonces los capitanes se reunieron en la cubierta de forma inesperada, algo se llevaban entre manos, sigilosamente me acerqué a ellos y conseguí oír lo que tramaban.

-Es una idea muy descabellada Naredhel, si sale mal, habremos firmado nuestra sentencia de muerte y la de cientos de soldados.- decía Lómea, con preocupación en los ojos.

-Eso ya lo firmamos hace muchos días, mira a tus hombres Lómea, todos van a morir; unos morirán de deshidratación, a otros el escorbuto los consumirá hasta la muerte y los que queden se mataran entre ellos dominados por la desesperación, es la única opcion.- contestó con plasmante energía la joven muchacha.

Alkalabrindeth que miraba el lejano y azul horizonte, alzó los ojos y propuso:

-Creo que sería lo mejor, nuestras esperanzas de vidas se apagan, quizás esa sea nuestra última opción, si hemos de morir lo haremos, nos resignaremos a ello, pero si esa es la última esperanza que nos queda para salir de aquí, abracémosla con todas nuestras fuerzas, hemos servido bien, pero si así son los designios de Eru, así los aceptaremos.

Lómea miró a Naredhel, y con un profundo suspiro aceptó. De inmediato miró a mi dirección, yo del sobresalto me puse en pie firmemente y me dijo:

-Tú, reúne a los soldados que mas fuerzas guarden y diles que arríen todas las velas, luego que las bajen de los mástiles y las aten todas juntas, hecho esto úntalas todas con un ungüento que te dará la capitana Alkalabrindeth, cuando acabes sube todo el montón de velas al mástil mas alto y corre a avisarme.

Yo obedecí la orden a toda prisa, reuní a los pocos hombres que quedaban con un aspecto medianamente fuerte y a continuación cumplimos con lo mandado. No fue difícil, pues la ausencia de viento hizo que las velas no volaran y fueran bajadas con facilidad, luego regrese junto a Alkalabrindeth, que en una de las cazuelas donde antes preparábamos la comida, mezclaba el aceite para mantener vivas las lámparas que iluminaban el barco y un potingue de color verde. Me ofreció la cazuela y mas tarde me ayudó a derramarla sobre las velas.

Al terminar la faena, el mástil más alto, donde se encontraba el pendón que sujetaba el estandarte del Heren Fanyarea quedo totalmente cubierto por su extremo por un montón de gruesas velas impregnadas de una oscura tinta.

Yo fui velozmente hacia el camarote de Lómea, con el corazón en la boca llamé con fuerzas...no recibí respuesta alguna, sólo escuchaba de fondo alguien moviéndose y trastos cayendo y desplazándose de sitio.

Acompañé a Lómea hasta el lado de Alkalabrindeth, pero nada mas comenzar a andar habría jurado que detrás mía alguien se movió como un relámpago, me di la vuelta pero no vi nada, sólo conseguí oler una fresca fragancia, un aroma que sin duda...era de una mujer.

Sin mas dilación observe como Alkalabrindeth encendía una antorcha y la lanzaba hacia el cielo, justo hacia donde las velas permanecían amontonadas, sin esperarme nada similar, estas empezaron a arder con un pequeño fogonazo, yo no entendía nada, nada hasta que vi que el color del humo de aquella ingeniada antorcha se alzaba de una manera extremadamente espesa y con un color violáceo, ¡Qué obvio era todo!habíamos conseguido mandar una señal, pronto nos encontrarían y estaríamos salvados.

Las siguientes horas pasaron felices para la tripulación, sabíamos que alguien tendría que habernos visto, pero hasta que el viento no empezara a correr nadie podría avanzar en nuestra ayuda, a pesar de esto, sentíamos que la moral volvía a levantarse.

Al llegar la tarde yo permanecía durmiendo, pero algo me levantó de mi placido sueño, algo movía mi pelo...viento...me incorporé extasiad, agarré al primer soldado que vi y me abrace con fuerzas a él. Todos empezamos a cantar y a bailar, a unos metros de mí, observé como Alkalabrindeth daba una fuerte palmada de amistad a Lómea y cómo esta sonreía a Naredhel, quien mantenía una fuerte expresión de arrogancia, pero que escondía un leve matiz de cariño.

Lo siguiente que ocurrió, fue todo muy rápido, la pequeña flota que salió tres días después que nosotros, nos dio alcance e hicimos todos trasvase a los barcos renovados, con alimentos, agua y sobre todo, reposo. Los otros barcos los dejamos como ofrenda a Ulmo, quien nos correspondió con un viento que nos trasportaba a una velocidad que ni las aves alcanzaban...

Tomamos tierra por fin a las tres semanas de viaje, el continente se abría ante nosotros ampliamente. Mantuvimos la marcha durante media jornada y lllegamos hasta el punto deseado, allí acampamos.

La noche calló sobre nosotros, notábamos la felicidad en el ambiente, pero los altos rangos nos ordenaron preparar las armas, en la lejanía se empezaban a ver pequeñas luces, luces que empezaron a multiplicarse y a confundirse con las estrellas del horizonte: el enemigo había llegado; era una batalla no esperada, yo pensaba que hasta el día siguiente no lucharíamos, pero no fue así.

Nuestro ejército se posicionó, los lanceros permanecerían en primera fila, detrás, los soldados con espadas los cubrirían y los flancos serían apoyados por la caballería, los arqueros se mantendrían en última fila.

En dos horas el ejército del Liantari, permanecía delante nuestra. Inmóvil, impasible, preparado para la guerra, no era como luchar contra los inmundos orcos, ahora era hora de matar elfos, humanos, gente igual...hermanos. Los sentimientos se me agolpaban, pero rápidamente supe que no podía esperar del contrario más que la aniquilación y así una sensación de euforia e ira se apodero de mi cuerpo.

Entre tanto silenció y de previo aviso, vi como un negro corcel aparecer en primera fila de batalla, en sus lomos Lómea con su armadura y blandiendo su mortífera espada nos miraba con una mezcla de desprecio y amistad...alzó la espada y proclamó con todas sus fuerzas:

-¡Caballeros!, ¡Soldados!, ¡Hermanos!, ¡Ante vosotros, el enemigo sobre vosotros, un plateado manto de estrellas! No os aseguro que viviréis, no os puedo dar mas consuelo que aquel que podréis recibir en las Estancias de Mandos. Pero si os puedo dar, y es mi obligación hacerlo, ganas de vivir ¡ganas de luchar! Pensad...echad la vista atrás, recordad lo que habéis dejado atrás, todos los sueños quebrados, todas las ilusiones apagadas...pero esta noche podéis cambiarlo todo, mirar dentro de vosotros, encontrad esa llama que os mantiene con vida, encontradla y encendedla de tal modo que el enemigo vea de que estamos hechos. Nos os amilanéis y os juro que jamás caeremos en el olvido...porque, señores...no lo olviden...servimos a Heren...y a su gente.

Al acabar el discurso, el ejército enmudeció de repente, pero poco a poco los gritos ahogados empezaron a retumbar al unísono, en el corazón de todos nosotros el fuego volvió a arder y en sus pensamientos un nuevo amanecer,

se dibujaba.

A la orden de Lómea, el ejército entero comenzó la marcha brutal hacia el enemigo, ni siquiera esperaron a la lluvia de flechas, aquel era el momento de embestir contra las filas adversas, las estrellas iluminaban nuestro camino y sabíamos lo que debíamos hacer.

Las lanzas de Liantari destrozaron al ejercito de Heren y lo diseccionó en dos partes, haciéndolo así mas débil, a continuación la caballería y los soldados rasos hicimos el resto, mi memoria llega a alcanzar que bajo mi espada cayeron por lo menos cinco adversarios, no me dio tiempo a ver mucho más, lo último que recuerdo fue vomitar cuando el cerebro de un enemigo salpico mi cara y me entraron trozos por la boca...más tarde, alguien me golpeo y todo fue oscuridad...

Habíamos visto caer malheridos a nuestros líderes: Lómea con una terrible herida en el costado, Alkalabrindeth con un puntazo de lanza atravesando sus costillas, Naredhel cubierta de flechas... lucharon como héroes, pero no pudieron impedir que cayéramos en desgracia...

El abuelo se detuvo de repente.

El niño se había quedado dormido con una sonrisa en la cara, y de vez en cuando, entre sueños hablaba sobre espadas y mares. El anciano lo levantó y le besó en la frente, el chico hizo una simpática mueca y él se despidió de con un susurro.

[Editado por Radagast_III el 30-11-2006 01:31]

Kelusse

Resumen de la batalla.

Heren Fanyarëa ha perdido 19 armadas x35= 665 puntos.

Recuperables: 222 puntos.

Valoraciones: 9+8,4+8,9+8,5= 8,70

Recupera: 193 puntos. Los dirigentes han sufrido daños por el 130%, por este concepto recupera 455 puntos. Total recuperacion: 648 puntos.

Pierde: 17 puntos.

Liantari Dimbar ha perdido 7 armadas x35= 245 puntos.

Recuperables: 163 puntos.

Valoraciones: 8,8+8,2+9,2+8= 8,55

Recupera: 139 puntos.

Pierde: 106 puntos.

Liantari Dimbar percibe 150 monedas por la victoria en la batalla.

Heren Fanyarëa entrega 100 monedas a Liantari Dimbar por la retirada de la batalla.

Compañías actualizadas y listas.

[Editado por gaurwaith el 03-12-2006 12:00]