La Guerra de los Clanes

Historias, leyendas y batallas en las tierras olvidadas de Arda.

Edicion 3

Árador, Tierras de la Aurora

Finalizada · 19-03-2006

Batalla 56. C1 Liantari Dimbar Vs C3 Realengo De Farothdin. Saqueo De Sornosune.

2007:01:20:17:22:49

Kelusse

Fin Guerra: Realengo de Farothdin se retira del Combate

Armadas perdidas por "Liantari Dimbar" = 19

Armadas perdidas por "Realengo de Farothdin" = 29

Victoria para Liantari Dimbar.

Saqueo de Sornosune.

Morë

Recordar

Cantando alegres canciones

marcha ya el ejercito a la guerra,

Bajo sus pasos tiembla la tierra.

Un suave lamento murmuran sus corazones.

¡Oh, grito que anuncias la batalla,

Con la fuerza que me avasalla, calla!

Que, al enfrentarnos a la fiera,

El destino se asevera.

Para la hechicera todo parecía un mal sueño, donde un golpe, un rasguño, o una espada que se emplea con furia en contra suya no parecen suceder, mientras su cuerpo parece defenderse por si solo, dar la vuelta, esquivar una estocada y atacar, el último contraataque ha cortado la piel de su contrincante y la siente abrirse bajo su espada como si la cortara con sus propias manos aún cuando su propia materia no pareciera pertenecerle, un momento en el que ella solo es espada. A lo lejos se oye una señal de retirada, Morë se mantuvo un momento tratando de prolongar el duelo, pero ya era tarde, su adversario emprendía la retirada y un par de flechas le alcanzaban, pero la hechicera continuaba ensimismada. Solo un momento después la realidad golpeó, las heridas parecían aparecer de la nada, el dolor de una flecha clavada en su muslo y el profundo corte seguramente causado por un hacha le permitieron regresar a la conciencia de la realidad.

Un elfo yace boca abajo en la tierra, orcos, humanos y elfos toman la ciudad y sus calles vacías... ¿cómo llegamos a esto? la euforia de la victoria llena los corazones de aquellos que has sobrevivido a la batalla, la destrucción se abre ante sus pies...

Morë limpió su espada y la envainó, observó un momento como los soldados saqueaban la ciudad, pronto, solo se verían ruinas... tomó la flecha que se incrustaba en su muslo y notó otra que le atravesaba el brazo izquierdo, no comprendía cómo pudo ignorarla por tanto tiempo, pasó una mano por su rostro y sintió un par de pequeños rasguños, era momento de recordar. La imagen de los arqueros escondidos entre los árboles fue lo primero que recordó sobre el comienzo de la batalla, habían colocado a los orcos en la primera línea de fuego frente a los arqueros, al primer ataque muchos soldados liantaris cayeron, pero pronto se vio la fuerza de su estrategia, un gran grupo de soldados atacaron el flanco derecho comandados por Nimkáno, Morë y Kael subieron comandaban el primer golpe, el elfo aguantaba el constante asedio de varios soldados, una flecha le había perdido el caballo, causándole una caída que le propinó un buen golpe en el costado izquierdo del cuerpo, pronto se puso de pie y continuó atacando con furia, pero lo atacaban varios soldados y tenía un flanco desprotegido, un destral se le incrustó en la pierna derecha, cuando dos orcos acudieron a apoyarle, armados con mazas con cadenas pero su espacio era reducido y un movimiento mal calculado de uno de los orcos le propinó un golpe en el hombro derecho rompiéndoselo en tres partes, Kael continuó atacando gracias a su fuerza de voluntad, pero no pasó mucho tiempo antes de que un golpe cobarde asestado por la espalda lo dejara inconsciente.

Morë luchaba airadamente, sumida en su propio sueño, se la veía tranquila aunque sus ataques eran tan rápidos y precisos como siempre, su mente volaba por los cielos, y nunca supo cómo su cuerpo se llenó con esas heridas.

Nimkáno se acercó a la hechicera que yacía de pie a la entrada de la ciudad, su rostro se había visto surcado por una herida profunda pero no peligrosa, sus ropas lucían tanto su propia sangre como la de sus oponentes, los cuerpos inertes de los enemigos tanto como los de sus propios soldados muertos en batalla decoraban la escena con un toque melancólico, él la miraba fijamente, nunca sabrá Morë lo que pensaba Nimkáno en ese momento, pero esa mirada inquisitiva parecía dirigirse a lo más profundo de sus pensamientos, recordándole que una batalla no comienza cuando se da el primer golpe, la historia comienza mucho antes…

*** *** ***

La bruma se deslizaba con el viento acariciando el rostro de quien duerme a la intemperie, el sol comenzaba a subir en algún lugar pasadas las espesas nubes. Morë dormía sentada sobre una rama muy gruesa en algún viejo olmo, como todos los días se despertó al amanecer, divisó a los orcos que cuidaban el sueño de la compañía, sentía la llegada de la mañana aunque el sol no saldría... todos dormían tranquilamente, pero la hechicera se sabía acompañada por aquellos que ya para siempre bajo tierra duermen, cuyas frías miradas capturaban a quien los enfrentase, aquellos que siempre la han acompañado, pero una presencia extraña le llamó la atención de momento, empuñó su espada sin desenvainarla, se mantuvo expectante, algo la mantenía inquieta, pero pronto supo que no era un ser vivo de lo que debía preocuparse, un espíritu la miraba, se podía ver por su postura y su actitud que se trataba de un elfo que seguramente ocupó un alto cargo en vida, se acercó al extraño espíritu caminando sobre la rama en la que había dormido, y le preguntó con una sonrisa:

- ¿Amigo o enemigo?…-

- Ja!, ¿Cuándo un espectro a sido un amigo?- le respondió con una risa escalofriante aquel que en vida fue un elfo.

- Siempre… - Dijo Morë con confianza mientras pasaba una mirada amistosa con su siempre fiel Comandante, algo le inquietaba sobre este inesperado visitante.

- Pues con éste espectro te has equivocado, amigo no soy, pero traigo noticias de quien seguro si puedes considerar un amigo- Respondió con un poco de desdén que se notaba en su gruesa voz.

- ¿Qué noticias me a de traer quién amigo no es? Y ¿Quién las manda?- Dijo la hechicera con desconfianza, algo definitivamente no andaba bien.

Palabras tristes pronunció en aquel momento el espíritu que paso a ser mensajero de traiciones, Orodril mandaba noticias desde muy lejos. Morë bajó del árbol de un salto, agradeció la información y tomó un cuerno de batalla en sus manos, lo hizo sonar tan fuerte que todo el campamento estuvo de pie de un salto, se puso de pie frente a los presentes y su voz resonó entre el bullicio de un despertar forzado.

- ¡Despertad soldados! Preparaos para partir, una nueva batalla es inminente…- En ese momento uno de los dirigentes de la compañía se acercó un poco disgustado.

- ¿A qué os refieres con que la batalla es inminente? No hemos oído ordenes hace un buen tiempo.- Dijo Kael mirándola fijamente.

Morë hizo una seña a Nimkáno para que se acercara, se alejó del ruido y les comunicó las noticias lamentables que llegaban como una canción suave que despierta la ira, Heren atacaba de lado con Realengo, y ahora las tropas debían movilizarse.

- ¡Es nuestro turno de atacar señores!- Dijo la hechicera emocionada, tomó un mapa de la zona, y comenzaron a trazarse los planes.

*** *** ***

La niebla los mantenía a buen paso, al fin y al cabo los orcos no marchan bajo el sol, Nimkáno montaba un gran caballo gris, que se hubiese perdido de vista con la niebla si no fuese por sus negras patas, y por supuesto las obscuras ropas que el humano lucía orgulloso, poco más atrás iba Morë montando un hermoso caballo negro, que era como cualquier caballo común y silvestre, pero tenia en la frente una mancha blanca con la forma de una estrella, la humana se había encariñado con la criatura, y lo llamó Meldo, al frente de los orcos, y detrás de los hombres iba Kael que montaba un caballo de un café, obscuro y brillante, con la frente en alto iba luciendo su condición de elfo, pero conversaba amistoso (tan amistoso como se puede ser con estas criaturas) con un par de orcos que lo acompañaban de cerca . Pronto la compañía llegó al cruce entre el Feannen y el Númenyatuine, el agua salpicaba sobre una flor azul que se encontraba junto al camino, la hechicera se quedó un momento admirando la belleza de la escena, cuando una pregunta necia la sacó de sus pensamientos:

- Perdone la interrupción ¿Cuánto falta para llegar?- Un hombre alto, fornido y descuidado la miraba con curiosidad.

- Llegaremos cuando lleguemos, no rompan filas- Morë se mostraba molesta.

- Los hombres están cansados, el camino ha sido largo y no nos hemos detenido ni un momento- El hombre miraba fijamente a la humana se lo notaba cansado, su respiración se entrecortaba y su frente brillaba con el sudor, tal ves estaba nervioso por tener que dirigirse a la hechicera, o quizás estaba mal alimentado.

- Supongo que Meldo también agradecerá un pequeño descanso- Dijo Morë para sí- Nos detendremos media hora, entonces continuaremos, ya no falta mucho, atacaremos con todas nuestras fuerzas, así que aprovechen no quiero incompetentes en el campo de batalla.- El humano hizo una pequeña reverencia y se dirigió a avisar a sus compañeros.

Morë revisaba el mapa - Si se deciden por atravesar el bosque llegaremos más rápido- Pensaba cuando se escucharon unos pasos, levantó la mirada y se encontró con Nimkáno, la hechicera lo miró pero no esperó que pronunciara palabra alguna, comenzó a explicarle su estrategia, seguía el camino en el mapa con la punta de su dedo, y hablaba con entusiasmo. Seguirían el curso del Númenyatuine y entrarían por el bosque.

*** *** ***

- Hemos encontrado buenos alimentos, sería buena idea que repusiera energía antes de emprender la marcha nuevamente- Nimkáno sacó a Morë de sus recuerdos, por un momento había olvidado que se encontraba en el campo de batalla.

La hechicera aceptó la comida que le era ofrecida, organizó a los soldados que se encontraban en mejores condiciones para recoger a los heridos, era necesario llevar a Kael y a varios soldados gravemente heridos a las casas de curación, por el momento, las medicinas que habían sido olvidadas por la gente que evacuó la ciudad servirían para recuperar en buena parte a los heridos, pero… ¿cómo se supo de su llegada?

[Editado por Nen_Lantea_Menelva el 03-12-2006 00:27]

Isilion

Aquella noche, celebraron una fiesta junto al pueblo del Águila y el Vampiro; entraron a la ciudad como héroes idealizados, de una guerra de la que apenas conocían los motivos y hablando de una victoria que les llenaba el alma de orgullo, por ellos y por el Realengo. Se bebió y se comió, por fin-tanto elfos como los pocos hombres de Narquelië- descansaron de una larga jornada y estrecharon vínculos con el pueblo de Heren, que los recibió con gran alegría. Pero los tres capitanes se mantuvieron al margen, Quariel salió de la ciudad, hastiada de aquel comportamiento, y caminó sola entre los árboles, alejada del bullicio de la fiesta. Las luces de la ciudad comenzaban a desaparecer cuando sintió un tirón en el estomago; al rato, un ave se poso en un roble, la mujer se acercó, tomó el papel entre sus manos y le sonrió con sorna al ave.

-Ya te puedes ir Yiyinai, sabes que no le haré caso a la reina-el ave hundió los ojos en los de la atan-. Como quieras.

“Una vez más has desobedecido mis ordenes, mas no te castigaré, porque el resultado ha sido el esperado. A Esteldor le queda muy poco tiempo, cuando leas esta carta, seguramente ya habrá caído. Mas no es el fin de la guerra, tú sabes de lo que te estoy hablando…”

-Ilurë-susurro la mujer, interrumpiendo su lectura, Yiyinai miro la carta invitándola a seguir.

“Que el ejército no baje la guardia, no te alejes de la ciudad y presta atención, pues te enfrentarás a una sombra que sobrepasa tu maldad.”

Después de terminar de leer la carta, la lechuza emprendió el vuelo de regreso a manos de Izilsurias. Poco después sus cuervos aparecieron y les dio órdenes de vigilar a cualquier ejército que entrara a las tierras de Heren; las aves graznaron y se perdieron en la distancia, mientras ella comenzó a caminar a la ciudad.

En la mañana, el rey Alsenot los convocó a un conclave, los tres entraron a la tienda y escucharon. Alsenot y su ejercito se marchaban a buscar lo poco quedaba de Esteldor y ellos se quedaban en la ciudad a defender la ciudad de los Aliados. Cuando Alsenot salió, la mujer miró a Isilion enojada.

-Tienes la lengua suelta, Isilion-le dijo saliendo de la tienda-. No nos vamos a quedar a recibir la hospitalidad de los elfos-el noldo la ignoró, ella se acercó a él y le susurro al oído-. Es demasiado pronto para regresar, no vas a ver Eleanor en mucho tiempo.

Después miró a Caladan, estaba diferente, miraba el cielo, despreocupado por lo que ella decía.

-Yo solo conozco a Eleanor de vista- le dijo el elfo, atrayendo de nuevo su atención-. Trasladaremos el campamento aquí y esperaremos a Alsenot.

-Isilion, no creas que soy tan ingenua, como para no darme cuenta que entre tu y Narmince hay algo-le contesto de forma tajante, Isilion la miró con serenidad pero la adan perdió un poco de seguridad después de ver un brillo extraño en los ojos del noldo, al momento recuperó-. No vamos a trasladar el campamento, debemos estar listos para un ataque.

-¿De que hablas mujer?-le pregunto Featarya, poniendo atención a sus palabras.

-Las arañitas ya vienen.

Los dos elfos se miraron y asintieron en silencio, terminando así su conversación.

A la mañana siguiente, la compañía comenzó a prepararse en su campamento, no muy lejos de la ciudad, protegidos por los árboles, que ocultaban su presencia. Featarya miraba el firmamento, estaba preocupado, algo no andaba bien; Isilion estaba descansando para la batalla, mientras Quariel organizaba a sus hombres. Se oyó un graznido y aparecieron los cuervos, que rodearon a la mujer. Cuando se marcharon ella se acercó a Featarya.

- El ejercito de Liantari está en movimiento –le dijo –; son casi tan numerosos como nosotros.

- Hay algo que no me gusta – le contesto el elfo, dejando de mirar el cielo- ese ejercito porta un mal que me inquieta.

-Esta guerra es un mal, Caladan-la mujer miró al cielo y agregó-. Me voy a la ciudad, debo encontrar un pasaje para evacuar a la gente y que esté lejos de la batalla. Deja de preocuparte, podremos contra su ejército.

-Nosotros estamos ayudando a Heren, pero no vamos a sacrificarnos por ellos –Featarya ignoró sus palabras-. Trataremos de mantener la ciudad a salvo lo mas posible, pero si sufrimos muchas bajas, nos retiramos.

Narquelië subió sus hombros, indiferente y se fue, no quiso seguir hablando con aquel noldo. Le informó a Isilion lo que sus espías vieron, después se movió con el batallón rojo hacia la ciudad.

Al llegar, ella se asomó por las murallas tratando de idear alguna estrategia. Dio orden de juntar todas las reservas necesarias y evacuar la ciudad lo antes posible, ya que sus cuervos le anunciaron que Liantari Dimbar se movía cada vez más rápido, llegarían en cualquier momento.

Al mediodía los elfos, encabezados por Featarya e Isilion, se estaban acercando a la ciudad. Se reunieron con Narquelië para hablar de los planes y Featarya comenzó diciendo:

- Bien, contamos con los elfos de Isilion, los hombres de Narquelië y mis arqueros. He dejado a los trolls y los ents para que cuiden el campamento.

- Podríamos poner a los arqueros en las murallas –dijo Narquelië- y mis hombres atacarían si ellos logran entrar.

-No es una buena idea, eso sería peligroso para la ciudad. Creo que es mejor defender la capital desde afuera y luchar cuerpo a cuerpo.

-De esa forma mantendríamos la ciudad a salvo si los mantenemos alejados-dijo Isilion, apoyando a Featarya.

-Si, ¿pero no creéis que nuestro ejercito estaría más seguro tras las murallas?- preguntó Narquelië.

-¿Pero por cuanto tiempo? –preguntó Isilion a modo de respuesta- . Lo que quiere decir Caladan es que si nos quedamos aquí nos acorralarán y será cuestión de tiempo que entren a la ciudad.

-¡Exacto! –exclamó Featarya- Y piensa Narquelië ¿cómo lucharían mejor tus hombres, encerrados por estas murallas o en campo abierto?- Narquelië por fin se convenció de que era buena idea. Caladan continuó-. Bien, ahora tenemos que ver el ataque- el elfo miró a Narquelië y puso su típica sonrisa picara- ¿Narquelië quieres atacar de frente?

-¡Qué pregunta! Por supuesto que sí-le respondio la mujer.

-Yo atacaré por el flanco izquierdo –dijo Isilion.

-Yo me quedaré en la retaguardia con los arqueros- dijo Featarya- hasta que ellos manden sus refuerzos. Entonces yo enviaré la infantería.

No pudieron seguir discutiendo mucho más, el enemigo ya se veía a los lejos y se acercaba velozmente, dejando los planes de esta forma. Los ciudadanos comenzaron a escapar de la ciudad y los soldados se prepararon y tomaron sus posiciones.

Mientras el ejército de Realengo protegía la ciudad desde afuera, la gente había sido evacuada. Isilion había mandado a un pequeño grupo de infantería mandado por un elfo sindarin llamado Mablung, en honor a Mablung el de Mano Pesada, para guiar a la población y conducirla a unos pasajes subterráneos bien disimulados en el centro de la ciudad; estos eran algo estrechos, oscuros y húmedos pero daban al bosque en donde los elfos de la Orden del Lirio se encargaron de conducir a las personas al campamento, donde estarían a salvo.

El enemigo comenzó a acercarse, haciendo temblar el suelo. Los dos ejércitos avanzaron lo que produjo un choque espectacular. La batalla transcurría a un ritmo muy veloz, demostrando cada bando una gran habilidad y fuerza; Featarya daba las órdenes a los arqueros de la forma más eficiente y contemplaba todos los movimientos: Isilion debilitaba las fuerzas enemigas mientras Narquelië avanzaba entre las filas contrarias. Sin embargo desde lejos observó que una gran parte del ejército opuesto comenzó a avanzar; entonces el elfo desenvainó su espada y avanzó con su compañía hacia el encuentro. Inesperadamente para Isilion y Narquelië, Liantari arrasó con gran parte de su ejército, pero en ese momento llegó Featarya ofreciendo gran resistencia y logrando detener el paso de Dimbar. Caladan se acercó a los dos, que mantenían una conversación un tanto calurosa.

-¡Le diste tu palabra a Alsenot!- se oyó gritar a Narquelië-. Sí esta ciudad es tomada por Liantari, será tu culpa.

-Si nos quedamos la ciudad se va a quedar totalmente indefensa-le contestó el elfo, que presentaba algunas heridas sangrantes-.Debemos retirarnos, la defenderemos desde dentro.

-Sí no puedes cumplir con tu palabra, te hubieras callado Isilion…

-Ya es suficiente- interrumpió Featarya cuando llegó hasta ellos -; hemos sufridos muchas bajas. Hay que retirarse.

-¡No! –Quariel estaba furiosa- Iros vosotros, pero no voy a dejar que esa ciudad caiga bajo las manos de Ilurë-miro a Isilion-; cumple tu palabra Noldo.

-Ya hay pérdidas de ambos lados, no podemos seguir sacrificándonos-insistió Caladan

Narquelië no le prestó atención y avanzó, Isilion fue con ella, los dos decididos a acabar con lo que faltaba sin importar el riesgo y Featarya, resignado, fue detrás de ellos. Liantari realizo un movimiento inesperado, los soldados se expandieron y lo que parecía una pequeña compañía se convirtió en un numeroso y feroz ejercito; una oscura nube de flechas cruzaron el cielo haciendo que muchos de los de Realengo cayeran. Featarya respondió con sus arqueros, mas una horda de orcos rápidamente se les echó encima con gran ferocidad. Las flechas no pudieron detenerlos y entonces sonó la trompeta de retirada.

Narquelië luchaba con una mujer, que no parecía adan, estaba llena de sombras, tan etéreas que casi no había materia. La mujer daba golpes al aire, en ese momento la enemiga le hundió la espada en el torso, Quariel se hizo hacia atrás, para evitar que el arma tocara algún punto vital, la sangre comenzó a correr; sin embargo ella sabía como controlar el dolor. Fue cuando sonó la trompeta de retirada, Narquelië grito con rabia, saco su daga y se la lanzo a su enemiga, sólo consiguió darle en el hombro, pero la otra mujer, tampoco pareció importarle, al contrario trato de seguir con el duelo; mas ya era tarde, Quariel había huido, ayudando a los que se le pusieran enfrente.

Las cosas estaban muy mal y el escape parecía imposible. Entonces Featarya se detuvo, sujetó su espada con las dos manos y cerró los ojos. Poco a poco comenzó a levantarse una niebla y a humedecerse la hierba ayudando a escapar al ejército, pero los orcos envueltos en la niebla seguían avanzando sin importar la dificultad del suelo húmedo. Featarya abrió los ojos, su poderosa espada se iluminó y atacó ferozmente a los orcos que se acercaban, el ejército tuvo demasiado tiempo para escapar. Cuando pensó en retroceder, un elfo muy robusto surgió de entre la niebla, su cabello era oscuro y tenía ojos grises, y lo atacó brutalmente dando una oportunidad a los orcos a seguir al ejército. La enorme espada de aquel elfo se hundió en el hombro izquierdo de Featarya, provocando un grito de dolor por parte de este, y nuevamente lo atacó con intención de decapitarlo, pero Featarya esquivó el ataque inclinándose hacia atrás y balanceo su espada hacia el suelo, haciendo trastabillar a su enemigo, con un mandoble le rompió la hoja de la espada y lo hirió gravemente, aquel elfo robusto cayó al suelo junto con un grito de dolor que lo dejó fuera de combate, sin duda el frío aumentó más el dolor de su herida.

En otro punto Isilion estaba dirigiendo la retirada del ejército cuando sintió un ligero movimiento que le hizo volverse y detener una estocada que podía haber sido mortal, su contrincante era un elfo, no muy robusto, pero sí muy ágil; Isilion apartó la espada y lo mismo hizo su contrincante y ambos empezaron un feroz combate en el que demostraban una gran pericia, sin embargo Isilion ya estaba cansado y con algunas heridas, mientras el otro estaba descansado. Durante el transcurso del combate una figura sombría apareció sin previo aviso y atacó al elfo por detrás produciéndole una herida muy larga en la espalda, Isilion gritó y cayó de rodillas, una puñalada hizo que su brazo derecho quedara como inerte; el contrincante se empezó a reír de forma macabra y le dijo a la otra figura:

- Deja algo para los orcos.

Isilion solo podía defenderse con la izquierda pero el nuevo adversario era muy sutil, y daba cuchilladas ligeras pero dolorosas.

Caladan corrió hacia la ciudad a una velocidad increíble, aún para los elfos, y derribaba a cada orco que encontraba, hasta que encontró a un pequeño grupo de orcos golpeando el suelo, Featarya interrumpió con un grito que hizo espantar a las viles criaturas. En ese momento vio a Isilion tendido en la hierba gravemente herido, su cara estaba desfigurada por cortes, su brazo derecho estaba inerte, y sangraba bastante; Featarya lo cargó a su espalda y se lo llevó, pero fue atacado por algunos orcos, y él no podía defenderse, por la herida en el hombro y por llevar a su compañero.

En ese momento llegó ayuda, Narquelië venía con algunos hombres y elfos, había una herida en su torso, pero no amainaba la fuerza con la que avanzaba, derribó a los orcos y escapó junto con Featarya e Isilion. Mientras avanzaban varias flechas se clavaron en el cuerpo de la mujer, sin tocar puntos vitales, pero el dolor que sentía era insoportable, la mujer hizo una mueca, se acerco a Isilion y le susurro

-¿Qué le voy a decir a Eleanor si no regresas?- con cuidado le saco la espada del cinturón, haciendo mas liviana la carga de Caladan- No te mueras Isilion.

El elfo abrió un poco los ojos, llenos de agradecimiento, sin embargo, Quariel no pudo averiguar si sonreía porque sus labios estaban ocultos por la sangre y las heridas.

Lograron llegar a la ciudad, bajaron por los túneles y se movieron rápido, hasta salir del bosque y llegar al campamento, Featarya dejo a Isilion con los sanadores, el elfo estaba inconsciente y él se sentía culpable, si no se hubiera enfrentado a aquel elfo no habrían llegado a atacar a su amigo, ya daba media vuelta, cuando sintió la mano de Quariel que lo apretaba fuertemente.

-No es tú culpa-le dijo ella-; Isilion no es de metal y ya ves, tú tampoco.

-Es mi amigo y no pude ayudarle- Caladan retiró su mano suavemente-. Tal vez eso no lo puedes entender Narquelië.

-En la eternidad de tu existencia estarás solo; preocúpate por ti y de esa forma podrás estar atento a los que quieres- le contesto ella, ignorando sus palabras. Un hombre se acerco y tomo a la mujer en los brazos-Pero no siempre podrás protegerlos y si te atormentas con eso, terminarás loco.

Quariel le sonrió; no le pediría disculpas, ni mucho menos aceptaría que había tenido un error. Cerró los ojos y al instante quedo inconciente, el hombre la llevo en brazos a su tienda, seguida de un sequito de sanadores de la orden del Lirio.

Kelusse

Resumen de la batalla.

Liantari Dimbar ha perdido 19 armadas x35= 665 puntos.

Recuperables: 443 puntos.

Valoraciones: 8,3+7,4+8+7= 7,675

Recupera: 340 puntos. Los dirigentes de la compañía han sufrido daños por el 100%, por este concepto recupera 350 puntos. Total recuperacion: 690 puntos.

No pierde puntos.

Realengo de Farothdin ha perdido 29 armadas x35= 1015 puntos.

Recuperables: 677 puntos al hacer uso del poder especial de Elenmir.

Valoraciones: 9,3+8+8+7,6= 8,225

Recupera: 557 puntos. Los dirigentes de la compañía han sufrido daños por el 150%, por este concepto recupera 525 puntos. Total recuperación: 1082 puntos.

No pierde puntos.

Liantari Dimbar recibe 450 monedas por la victoria en la batalla.

Realengo de Farothdin entrega 100 monedas a Liantari Dimbar por el abandono de la batalla.

Heren Fanyarëa entrega 600 monedas a Liantari Dimbar por el saqueo de su capital.

Compañías actualizadas y listas.