Kelusse
Fin Guerra: Lempë Ohtari se retira del Combate
Armadas perdidas por "Helkelen Lara" = 7
Armadas perdidas por "Lempë Ohtari" = 9
Victoria para Helkelen Lara.

Historias, leyendas y batallas en las tierras olvidadas de Arda.
Edicion 3
Finalizada · 19-03-2006
2007:01:20:08:55:34
Fin Guerra: Lempë Ohtari se retira del Combate
Armadas perdidas por "Helkelen Lara" = 7
Armadas perdidas por "Lempë Ohtari" = 9
Victoria para Helkelen Lara.
Los relámpagos iluminaban toda la estancia con su fantasmagórico resplandor, y la lluvia caía con fuerza desde el cielo con una violencia inusitada, anegando los campos y convirtiendo las calles de Ost-En Aël en auténticos ríos. De pie, ante la ventana, se encontraba el reciente Rey de Helkelen Lara, el enano Zirak, que observaba ensimismado la fuerte tormenta que descargaba sobre la ciudad y toda la región, como si fuera un presagio de lo que aún estaba por llegar. La Sala del Consejo estaba tenuemente iluminada por algunas velas y candelabros colocados en las esquinas y en el techo de la habitación, en un extremo la chimenea intentaba calentar la estancia y en el centro se encontraba una gran mesa redonda sobre la que descansaba un gran mapa de las tierras de Árador. Alrededor de la mesa, con los rostros pensativos y cariacontecidos, se encontraban el Senescal, los Capitanes, Comandantes y Consejeros de Helkelen Lara: Apacen, Laureon Ontarwë, Ezel, Alalmë, Herkeblam, Gmork, el recién incorporado Inzildûn y Hathol Karkar. Todos ellos conocían la nueva situación en la que se encontraba el país, y las perspectivas no resultaban nada halagüeñas.
-"Señores"- dijo finalmente Zirak, abandonando el marco de la ventana y dirigiéndose hacia la mesa- "La situación es difícil. Supongo que todos conocéis ya la situación, Lempë Ohtari ha roto el pacto al que habíamos llegado con ellos hace unas semanas y ha pactado nuevas alianzas, así que desde ese momento vuelven a ser nuestros enemigos."
-"¡Traidores!"- gritó Gmork, dando un puñetazo en la mesa
El Rey se sentó y, mesándose la barba, lanzó una significativa mirada hacia Hathol Karkar, Comandante de una de las Compañías de Helkelen, pues estos nuevos acontecimientos habían truncado su enlace en matrimonio con Vanadessë Nissëlor, una elfa lemperili, de la cual se había enamorado perdidamente, un hecho del que el Comandante aún no había conseguido sobreponerse. Naulë bostezó, la loba de pelo plateado, amiga del Senescal Apacen, estaba tendida encima de un alfombra delante de la chimenea, ajena a lo que ocurría a unos metros de ella, o eso parecía.
-"Bien"- dijo el Senescal Apacen- "Entonces la situación es la siguiente, volvemos a la batalla contra las huestes de Lempë Ohtari, hay que prepararse bien. Nos han sorprendido rompiendo el pacto, ahora nos toca a nosotros sorprenderles. Vamos a iniciar una ofensiva contra ellos en toda regla."
-"Estoy de acuerdo"- dijo Laureon, Consejero Mayor- "Pero no deberíamos descuidar las defensas de nuestras ciudades, tengo entendido que algunas compañías de Lempë están situadas cerca de alguna de alguna ciudad. Creo que las Capitanas Ezel y Alalmë tienen más información a ese respecto."
-"En efecto"- dijo Alalmë, desenrrollando un pergamino- "Según los informes de los exploradores tenemos tres compañías de Lempë en nuestro territorio: una en la orilla oeste de la Lengua de Hielo, otra en las cercanías de Mirianost, y la otra un poco más al norte de Mirianost, al pie de las montañas."
-"No obstante"- dijo Ezel, levantándose y señalando en el mapa con una delgada varilla de madera- "Hay una que no ha salido aún de su territorio, pero se encuentra en tierra de nadie, bastante alejada de cualquier ciudad que le pueda servir de apoyo."
-"Excelente informe"- dijo Zirak- "Bien, entonces las órdenes serán claras, hay que ir en busca de esas compañías enemigas y destruirlas. Si tomamos la iniciativa tendremos ventaja en esta nueva guerra."
Un murmullo de aprobación se extendió por toda la mesa.
-"Bien"- dijo Apacen, levantándose- "Ahora todos sabéis lo que debéis hacer, reunid a vuestras compañías e id a la caza de las compañías lemperilis. Si no hay ninguna cuestión más la reunión se da por finalizada. Majestad."
Lentamente, todos fueron levantándose y saliendo de la Sala. La lluvia seguía cayendo con fuerza, y no había visos de que finalizara en unos cuantos días.
-"Hathol"- dijo Zirak, antes de que el Comandante abandonara la Sala- "Quédate un momento, por favor, quiero hablar contigo."
El joven Comandante se acercó de nuevo al Rey. Sus pasos eran lentos, y su mirada se encontraba perdida, más allá de la tormenta que se veía a través de la ventana, su pensamiento vagaba lejos, muy lejos de allí, en territorio enemigo.
-"Majestad"- dijo el humano, haciendo una reverencia.
-"¿Cuántas veces he de decirte que no me llames Majestad?"- dijo Zirak, algo molesto- "Para vosotros sigo siendo el mismo enano gruñón de siempre. Lo que quiero saber es qué tal estás."
-"No sé a qué os referís Maj..."- empezó Hathol, pero se interrumpió y se dejó caer en una silla- "A ti no te puedo mentir amigo, aún no he superado lo de Vanadessë, todo ha sido muy rápido. Siento que la tristeza y la desesperanza se adueñan de mi vida, no entiendo porqué la felicidad es tan efímera." La voz de Hathol se quebró, se cubrió el rostro con las manos y empezó a llorar.
-"Yo tampoco lo entiendo amigo"- dijo el enano, acercándose al humano y rodeándole los hombros con sus fuertes brazos. Se había quitado la corona- "Pero ya sabes que como amigo no te he puesto ninguna objección a que sigas viendo a tu amada, de hecho sé que la sigues viendo, y eso está muy bien, pues haces caso de tu corazón. Pero lo que quiero saber es si estás dispuesto a seguirme a la batalla...otra vez."
Hathol se descubrió el rostro, enrojecido por las lágrimas y con los ojos llorosos aún, pero en su rostro se dibujaba una fiera determinación.
-"Por supuesto"- dijo el humano- "Cabalgaré contigo a la batalla por el bien del reino, eres mi Rey y es mi deber, pero también eres mi amigo, y por la amistad que nos une lucharé a tu lado contra los amigos de la persona a quien amo."
-"De acuerdo amigo"- dijo el Rey, con una sincera sonrisa en su rostro- "Supongo que has oído que hay una compañía de Lempë que no ha salido de su territorio, pues bien..."
[...]
La lluvia caía con fuerza en aquella yerma extensión de tierra, no había parado de llover en una semana, y no sólo en Helkelen Lara, sino que la tormenta se había extendido hacia el sur, había acompañado a las huestes helkerianas en su viaje a tierras de Lempë Ohtari. La Compañía del Rey se detuvo a unas pocas millas de donde la compañía lemperili había asentado su campamento, los estandartes azul y plateado caían pesadamente merced al peso del agua. A la vanguardia iban el Rey Zirak y el Comandante Hathol Karkar, y tanto ellos como los demás jinetes habían dejado para mejor ocasión vestir las pesadas armaduras de metal, pues con la lluvia dificultaría aún más sus movimientos, y además pretendían una carga rápida y por sopresa, así que debían ir lo más ligeros que pudieran. El Rey iba ataviado con una coraza de cuero curtido, pintada de azul con ribetes plateados, el emblema de Helkelen Lara coronado en el pecho, y dos lobos rampantes plateados a la espalda, llevaba también botas y guantes de cuero, así como una cota de malla y un yelmo cónico también coronado. Hathol había preferido vestir una cota de malla bajo su sobreveste azul y plateado con el emblema de Helkelen en el pecho, no obstante llevaba las botas y los guanteletes de su armadura, así como un yelmo cónico en la cabeza.
Los caballos relinchaban y piafaban inquietos, conscientes de la tensión de aquel momento.
-"¿Estás listo?"- preguntó el Rey al Comandante. Éste asintió, entonces, girándose a los demás soldados, agitando el hacha en el aire, Zirak exclamó: "¡Me atormenta ver cómo los hijos de Lempë se han aliado con quienes pusieron trabas a la paz con ellos. Me duele ver cómo se enfrentan a nosotros, gentes de Helkelen Lara, que les acogimos como hermanos en nuestras tierras! ¡¡¡Pero hoy, soldados de Helkelen Lara, no tendremos piedad de ellos!!!". Y se lanzó al galope, seguido por Hathol y el resto de la compañía, todos con las espadas en alto y los estandartes ondeando al viento y la lluvia.
El ataque pilló desprevenidos a los soldados lemperilis. En cuanto oyeron el retumbar de los cascos de los caballos helkerianos el campamento se convirtió en un auténtico caos, los capitanes de la compañía intentaban sin demasiado éxito poner un poco de orden entre sus filas. La carga helkeriana penetró en el campamento como un ciclón, y la sangre que manaba de los cuerpos de los soldados abatidos se mezclaba con la lluvia que seguía cayendo del cielo. Hathol empuñaba a Fealóke, y desde su caballo daba tajos a diestro y siniestro, no obstante, su mirada escrutaba cada rostro enemigo antes de hundir la hoja de su espada en su cuerpo, buscando un rostro familiar. Pero en su interior sabía que no estaba allí, su amada estaba muy lejos de él en aquel instante.
Finalmente los capitanes de Lempë consiguieron organizar a un pequeño escuadrón atrincherándose en la parte central del campamento. La compañía de Helkelen Lara se acercó lentamente al círculo que formaban los restos de la compañía enemiga, habían desmontado de los caballos, y las heridas se hacían patentes en los cuerpos y rostros tanto de unos como de otros. Hathol sangraba copiosamente en el muslo derecho, merced a que una lanza enemiga se había clavado en él, mientras que el Rey llevaba un flecha clavada en su hombro izquierdo y un profundo tajo abierto en el antebrazo derecho, por culpa de un pequeño despiste mientras decapitaba a un soldado enemigo. Los lemperilis estaban acorralados, y entre ellos el Rey reconoció un rostro familiar.
-"¿Cómo hemos llegado a esto, Aika?"- dijo Zirak, expresando toda su decepción y dolor en esa pregunta.
Aikanáro apartó la mirada y la desvió al suelo, Zirak hizo lo mismo.
-"Marchaos ahora"- murmuró el enano- "¡Dejadles ir!"- gritó a sus hombres.
La compañía enemiga emprendió la huida lentamente, mientras el Rey de Helkelen Lara caía de rodillas en el fango, con lágrimas en los ojos, pues todos los esfuerzos que había hecho hasta el momento para conseguir la paz habían sido baldíos, ya que las gentes de Lempë Ohtari se habían visto seducidas por cantos de sirena, y ahora volvían a ser enemigos. Hathol envainó a Fealóke y puso una mano en los hombros de Zirak, mientras observaba la retirada de las tropas lemperilis.
-"Les destruiremos amigo"- dijo el humano.
-"A todos"- susurró Zirak.
Había dejado de llover.
Aika miraba entre los pliegues de su tienda al exterior, fuera se había desatado una tormenta, la tierra empezaba emanar su dulce aroma a mojado, su misión había sido la de acompañar y proteger a la Reina Yárfalia hasta las ruinas de Amaurenori ya que tenían que firmar con Heren y Realengo el tratado de paz. Yárfalia posándole la mano en el rostro le dijo:
- Estate tranquilo y vamos a cenar, que se enfría y después no vale nada. Anda ven.
- Bueno, y, ¿donde esta Sulankalië?- le dijo Aika mientras se sentaba y empezaba servir el vino en las copas.
- Esta abajo con los soldados, mirando a ver como montan las guardias cuando termine subirá.- le respondió Yárfalia cogiendo una copa y llevándosela a sus carnosos labios.
Empezaron a cenar entre bromas, y entre coqueteos que eran el rumor de la corte, muchos decían que entre ellos habían licencias pero pocos habían visto mas que un coqueteo cortesano. Pero Aika se ponía colorado con solo la presencia de la Maia y a este le gustaba, mejor dicho le encantaba ver como un Señor de la Guerra que había dado muerte a tantos soldados se ponía nervioso ante su presencia, lo había visto con mas elfas pero con ellas no le ocurría lo que le pasaba en su presencia. Era como si ella lo transportara a su niñez, su mirada era de puro encanto y sus mejillas se sonrojaban ante una mera sonrisa. Aika servia otra copa de vino, un vino tinto de olores afrutados, que hacía que el paladar se trasladara a los viñedos de la Ciudad Escondida.
Pero entonces un estruendo resonó en el campamento, el ejercito de Lara los atacaba y los había cogido desprevenidos, entraron en el campamento como un ciclón arrasando todo a su paso, las tiendas fueron incendiadas haciendo que sus llamas iluminaran la noche. La copa que sostenía Yárfalia resbaló por sus dedos estrellándose en el suelo y estallando en pedazos, miro a Aika y le dijo:
- ¿Dejaremos que nos amarguen la cena?
- No mi señora, vamos a ver cuantos logramos abatir.- respondió Aika mientras se ponía su armadura.
Los dos salieron de la tienda y ante ellos todo era caos, los soldados corrían de un lado a otro luchando sin orden, mientras las tropas de Lara cada vez se acercaban más. Aika cogiendo su cuerno lo hizo sonar y las tropas que había cerca se agruparon entorno a el y a la Reina y este les dijo:
- Que la mitad venga conmigo y el resto que vaya con la Reina, ¡ahora luchemos!
Los soldados se dividieron y empezaron a cargar contra las tropas de Lara, pero abajo todo era distinto, el caos reinaba entre sus tropas que eran masacradas por los de Lara. Las espadas de Lempë no tardaron en empezar a morder las carnes de los soldados de Lara, haciendo que la sangre amiga y enemigas se mezclaran con la fuente de la vida. Aika golpeaba a diestro y siniestro con su martillo, rompiendo huesos y escudos por igual, entonces sintió la voz se Sulankalië gritándole:
- ¡Aika a tus espaldas, vigilad!
Le dio el tiempo justo para ver como un jinete se acercaba a él a toda velocidad con una pica entre sus manos, Aika logró esquivarlo y agarrando la pica tumbo al jinete lanzándolo al suelo, y con un movimiento rápido la hundió en su cuerpo. Aika miró a Sulankalië y le sonrió, y volvieron a la carga. Sus esfuerzos estaban siendo recompensados ya que estaban manteniendo el terreno ganado, los soldados de Lempë se estaban agrupando entorno a ellos, los arqueros desde las filas posteriores lanzaban sus cargas de flechas contra los enemigos, pero la lucha estaba sentenciada desde que había empezado, la victoria no seria para Lempë esta vez no. Aika cogió un arco y empezó a disparar, sus flechas certeras atravesaban, piernas, brazos y armaduras de los enemigos. Vio a un jinete que parecía ser el capitán y a el apunto su flecha, y cuando iba disparar un soldado de Lara le golpeó en el brazo, sintió un pequeño rasguño, pero su tiro había errado y en vez que incrustarse en el pecho del enemigo lo había echo en el hombro de este, Aika con gran rabia cogió al soldado de Lara y le soltó un puñetazo en el rostro, pero para aquellos que lo vieron les pareció eso, pero no fue así ya que en las muñequeras que llevaba Aika habían unas pequeñas dagas que se incrustaron en el cuello de este, cortándole el yugular y manchando el rostro de Aika, cayendo entre espasmos al suelo donde moriría en pocos segundos.
La Reina luchaba con gran bravura demostrando su linaje en cada estocada, su mirada denotaba el placer que se siente al sentirse poderosa, el ver como caen a tus pies tus enemigos. Las espadas envueltas en fuego rasgaban y mutilaban los cuerpos de Lara que encontraba a su paso. Yárfalia se dio cuenta de que estaba siendo rodeada, lucho con bravura y logró romper el cerco pero un soldado de Lara escondido la ataco a traición y le clavo una pica en el estomago cayendo esta al suelo malherida, había muerto allí sino llegan a ir en su ayuda las tropas que habían cerca y lanzaron el grito de:
- ¡Nosotros soldados!
Las armas entrechocaban, rasgaban, mutilaban, daban muerte a los enemigos que encontraban a su paso, pero cuando todo parecía que iba a ir bien un gritó hizo retroceder a Aika y a sus hombres:
- ¡La reina a caído!
Esa frase sacudió todo el ser de Aika, el cual empezó a correr ya golpear a todo enemigo que encontraba a su paso. Habían abatido a su amada, aquella que le había robado el corazón el primer día que la vio, salió del claro envuelta en la luz de la luna, majestuosa como una diosa, lo miró y se sonrojo como un adolescente. Llegó hasta donde estaba la Reina, un grupo de soldados la protegía, Aika se arrodillo ante ella y le dijo:
- Estate tranquila no es nada, ahora regresa a la tienda que yo me encargare de estos.- le dijo besándola en al frente- ¡Llevaos a la Reina y protegedla, formad una muralla de espadas y picas entorno a la tienda real, aguardad mi llegada!
- Yo la acompaño- dijo Sulankalië
Aika asintió y cogiendo otra vez el martillo se lanzó calle abajo junto a los soldados, los soldados iban cantando mientras luchaban, disfrutaban en la batalla cual niños, Aika entonces vio a un soldado de Lara que se jactaba de haber abatido a la Reina de Lempë, una ira inundo el corazón de Aika y este corriendo hacía el soldado le grito:
-¡Muereee!
El soldado no logró hacer más que girar la cabeza, pero su sonrisa pronto desapreció, Aika le propino tal martillazo en la cabeza de este, la cual estallo como si fuera una calabaza manchando a los que estaban cerca. Los soldados que lo acompañaban se lanzaron a la carga contra los soldados de Lara cuando un cuerno sonó desde lo alto del cerro. Los llamaban ya q necesitaban ayuda para defenderse, los soldados salieron a la carrera hacía la tienda real donde ya todos los soldados formaban un escudo de lanzas y espadas. Aika entró con sus hombres en el círculo y mirando a los soldados les dijo:
- ¡La muerte puede esperarnos pero no dejaremos de luchar hasta que nos quede un solo aliento de vida!
Los soldados de Lara no tardaron en rodearlos, sus miradas se encontraban con las de Lempë, los cuales lucharían hasta que no les quedara aliento. Aika entonces se fijo en una figura, le recordaba a alguien pero estaba demasiado lejos, se fue abriendo paso hasta quedar cerca de esta y entonces sus miradas se encontraron, era Zirak el Rey de Lara, el que le había perdonado la vida. Entonces sintió la voz del enano diciendole:
- ¿Cómo hemos llegado a esto, Aika?- dijo Zirak expresando toda su decepción y dolor en la pregunta.
Aika no pudo responder a la pregunta, solo pudo que apartar la mirada y desviarla al suelo, no encontraba palabra acertada para explicarse. Desde el día que firmaron la paz se habían echo buenos amigos y era difícil luchar contra eso, pero debía hacerlo era lo que se esperaba de él, del Señor de la Guerra de Lempë. Pero entonces para sorpresa de todos Zirak demostró su gran valor e hizo honor a su linaje, y murmurando dijo:
- Marchaos ahora
Aika ordenó el reagrupamiento y empezaron el lento regreso a casa, no entendía como le había perdonado la vida dos veces y menos sabiendo que en su compañía estaba la Reina de Lempë malherida. Sulankalië se acercó a Aika y le dijo:
- Dejadme que os cure ese brazo, esta sangrando. ¿No os duele?- le dijo extrañada
- ¿Perdona el que?- dijo Aika extrañado- no sabía que me lo había echo, no lo note la verdad, curadlo si así os quedáis mas tranquila. Pero ahora solo me preocupa la Reina y su estado- dijo suspirando.
- Por que no dejáis de llamarla Reina, intentáis ocultar un amor que todos ya conocemos, vuestros ojos no mienten Aika.
Aika solo pudo que ponerse colorado ante lo que le dijo Sulankalië por que así era, Aika amaba con todo su ser a la Reina.
Resumen de la batalla.
Helkelen Lara ha perdido 7 armadas x35= 245 puntos.
Recuperables: 163 puntos.
Valoraciones: 7,8+7,8+8= 7,87
Recupera: 128 puntos. Se han solicitado daños para los dirigentes de esta compañía, pero no se puede recuperar por no llegar al mínimo de armadas perdidas. Total recuperacion: 128 puntos.
Pierde 117 puntos.
Lempë Ohtari ha perdido 9 armadas x35= 315 puntos.
Recuperables: 105 puntos.
Valoraciones: 7,2+8+8,4= 7,87
Recupera: 83 puntos. Los dirigentes de esta compañía sufren daños por el 70%, por este concepto recupera 245 puntos. Total recuperación: 328 puntos.
No pierde puntos.
Lempë Ohtari entrega 100 monedas a Helkelen Lara por la retirada de la batalla.
Compañías actualizadas y listas.
[Editado por gaurwaith el 20-01-2007 15:09]