La Guerra de los Clanes

Historias, leyendas y batallas en las tierras olvidadas de Arda.

Edicion 3

Árador, Tierras de la Aurora

Finalizada · 19-03-2006

Batalla 51 - C1 Helkelen Lara Vs C3 Lempë Ohtari.

2007:01:20:09:51:53

Kelusse

Fin Guerra: Lempë Ohtari se retira del Combate

Armadas perdidas por "Helkelen Lara" = 7

Armadas perdidas por "Lempë Ohtari" = 11

Victoria para Helkelen Lara.

Apacen

-¡Es el momento! La voz de Apacen resonó por toda la caverna.

-La voz de Adanost ha callado, Adanost a sido llamado por ellos, los espíritus. Ellos rigen y ordenan nuestro destino, servimos a sus propósitos, y cuando los cumplimos nos reclaman - la voz de Apacen bajo de tono – Así ha ocurrido con Adanost.

El silencio cayó como un palpable velo sobre la caverna. Herkeblam vio la sombra gris de los movimientos de Apacen como la silueta de un fantasma en las tenebrosas vísceras de la caverna.

-Que los amigos de Adanost se acerquen. – Dijo Apacen.

Algunos hombres se movieron tras Herkeblam, colocando una cortina en la obertura de la cavidad. Todas las luces se apagaron, para iluminar la caverna con un orbe muy arriba al fondo de la caverna. Su amarillo resplandor reveló figuras humanas en movimiento. Herkeblam escucho el roce de las ropas.

-Sígueles muchacho y haz lo que ellos hagan. Será una simple ceremonia para aplacar el alma de Adanost. –Le susurro Ezel al oído.

Los hombres que habían colocado la cortina se le acercaron.

-Ven Herkeblam.

Dejó que le guiaran, que le empujaran hasta el interior de un circulo de gente que se había formado alrededor de Apacen, el cual permanecía de pie bajo el orbe y al lado de un objeto informe y anguloso sobre el suelo de la roca, cubierto con un manto.

Los asistente se acuclillaron en el suelo a un gesto de Apacen. Herkeblam siguió su ejemplo. Observando fijamente a Apacen. Notando que bajo el orbe sus ojos parecian dos profundos pozos, mientras que su bastón brillaba con una intensidad espectral.

Después Herkeblam dirigió su atención hacia lo que tenía Apacen a sus pies, cubierto por un manto y reconoció el mango de una espada surgiendo por un lado del manto.

-El alma deja el cuerpo cuando se levanta la primera luna – entono Apacen – Así esta dicho -. Cuando se levante la primera luna, esta noche ¿A quien llamara?

-Adanost. Dijeron los demás a coro.

-Yo era amigo de Adanost –Dijo Apacen- En el asedio de Ost-en-Aël, cuando nuestras defensas flaqueaban, el guió mis pasos y me puso a cubierto.

Se inclinó y tomo el manto que cubría el bulto.-Como amigo de Adanost tomo este manto, se hecho el manto al hombro y se irguió.

Entonces Herkeblam vio el contenido de lo que tapaba aquel manto: el mango sin hoja de un puñal, una larga espada, una cota de malla, varios objetos de bisutería, una bota de vino. Herkeblam tragó saliva.

Apacen se inclino de nuevo sobre el montón

-Para la mujer de Adanost –dijo. Un par de colgantes, un anillo, y una bolsa de cuero fueron recogidos del montón y guardados en una pequeña urna ceremonial.

-El derecho de la viuda entonaron los demás.

Después tomó la espada y se irguió con ella en la mano.

-Para el desierto de hielo- dijo.

-Para el desierto de hielo – respondieron los demás.

Nosotros somos los amigos de Adanost – Dijo Apacen – No lloramos a nuestros muertos como unos carroñeros.

Un hombre con barba gris a la derecha Herkeblam se puso en pie.

-Yo era un amigo de Adanost – Dijo- Avanzo hacia el montón y tomo una bota de vino.- Cuando me falto el agua y la comida en el asedio de Algalord- Adanost compartió conmigo la suya. – El hombre regreso al lugar del círculo.

¿Se supone que yo también debo decir que era amigo de Adanost? ¿Esperan de mí que tome algo de este montón? Vio los rostros que se volvían furtivamente hacia él, desviando después la mirada. ¡Lo están esperando! –pensó Herkeblam.

Otro hombre en la parte opuesta de Herkeblam se levanto, se acerco al montón y tomo la cota de malla.

-Yo era un amigo de Adanost - Dijo- Cuando una de las patrullas de Lempë nos sorprendio en el Risco del águila y fui herido, Adanost atrajo su atención sobre él y consiguió que los demás nos salváramos.

Herkeblam empezó a recordar y a pensar para si mismo –Yo también soy amigo de Adanost. En la batalla del valle dorado, las tropas de Lempë se apostaban en el valle, nosotros en los lindes de las montañas de la nieve Perenne. La nieve lo inundaba todo, el transito por los senderos y caminos era imposible caminar por ellos.

Ezel y yo nos guarnecíamos en la tienda, en lo alto de una pequeña elevación. Los dos discutíamos sobre la situación de la batalla.

– ¡Herkeblam perdimos muchos hombre en la batalla pasada! ¡Nuestros hombres están cansados y hambrientos, no pueden luchar en estas condiciones! -dijo Ezel con voz potente.

La miré con ojos penetrantes y exclamé –Nuestros hombre son demasiados, las tropas de Lempë están diezmadas, el frió y la nieve están a favor nuestros, este clima es nuestro medio natural, podemos ganar esta batalla Ezel.

Hubo unos momentos de silencio, Apacen junto el guardia de la tienda entraron en la tienda. –Ezel, Herkeblam los soldados de Lempë se disponen a atacar, están a unas decenas de metros por debajo de nosotros.

Los dos se sobresaltaron de sus asientos y salieron de la tienda, se asomaron al precipicio cubierto por un blanco manto y vieron centenares de luces diminutas en el pie de la montaña.

-Rápido avisa a nuestros hombres, que se preparen para la guerra, apostados en la ladera, la caballería ocúltala entre los árboles, coge un grupo de hombres y equípalos con arcos no quiero que lleguen a nuestras líneas- le susurro al guardia de la tienda.

Ezel volvió a entrar en la tienda acompañada de Apacen, esta cogió la plateada cota de malla y se volvió hace Apacen – ¿Crees qué tenemos alguna posibilidad Apacen?- dijo extrañada.

- Un comandante debe tener el coraje de dejar que su plan se ejecute para bien o para mal. Las guerras se ganan o pierden cuando se despliegan las líneas de batalla. - Dijo Apacen con voz alicaída.

Yo me fui a mi tienda y me prepare la vestimenta para la batalla. Me coloque la cota de malla encima de una fina camisa de lana, otra camisa encima de la cota de marrón oscuro, me puse el cinto con el broche de la casa de Bëor y cogí mi espada tyelpë, me coloqué las botas de cuero con hebillas doradas.

Ezel y yo nos encontramos en la entrada a su tienda, vestidos con los atuendos respectivos para la batalla. Los dos nos dirigimos a las primeras filas apostadas en la ladera de la montaña. Ezel comenzó el discurso para los soldados:

-Hombres de Lara, la tregua con las gentes de Lempë ha finalizado. Nos han dado la espalda a nuestras esperanzas de paz y hermandad que les ofrecimos. –¡Traidores! – Las palabras de Ezel fueron interrumpidas por los gritos de los hombres.–No os prometo que viviréis pero si que se os recordará, habéis servido a las gentes de Lara estar orgulloso de ello…¡¡Por Lara!! . Concluyo Ezel entusiasmada.

Se oyó un gran estruendo en las filas de Lara. Los arqueros preparaban sus arcos y flechas. La infantería, nerviosos temblando por el frió y la proximidad de la batalla. La caballería apostada en los flancos del ejército y camuflada por los blancos árboles se disponía para la carga.

Los cuernos de Lempë retumbaron en la montaña, los soldados avanzaban rápidamente, la muerte en sus oscuros ojos se hacía dueño de ellos, la batalla había comenzado.

Lluvias de flechas inundaron el nublado cielo, los ahogados gritos de dolor eran sofocados por el fuerte viento. El relinchar de los caballos penetraba en los oídos de los soldados.

La infantería Otahri avanzaba rápido hacia las filas de Lara que, esperaban enfurecidos. Pronto la calma dio paso al entrechocar de las espadas. Los arqueros cesaron de disparar las efectivas flechas para coger una mejor posición.

La infantería Otahri ganaba cada vez más terreno. Ezel dio la señal a la caballería para que saliera de su escondrijo, dirigidos por Adanost cabalgaron decididos hacia el enemigo, las primeras filas de Lempë fueron masacradas por la caballería dando tiempo a la infantería helkeriana a recomponer filas.

Los arqueros Otahri dispararon una multitud de flechas al aire, dándoles igual si impactaban en uno de sus compañeros. Una de las flechas impacto a Ezel el hombro, tirándola al blanco suelo. Yo estaba en ese momento a su lado, la nieve se volvió del color de la sangre que emanaba del hombro de Ezel. La cogí y la lleve a su tienda, Apacen estaba allí sentado, con la cabeza caída y pensativo. – ¿Herkeblam eres tú?- Dijo Apacen con una sonrisa en el rostro. –Si-. Contesté. –Apacen debes cuidar a Ezel a sido herida en el hombro derecho por una flecha, yo tengo que volver a la batalla.- concluí. –Muy bien yo cuidare de ella, no te preocupes-.

Salí raudo de la tienda y volví al campo de batalla. Las filas de Lempë retomaban las posiciones y avanzaban, un fuerte golpe en la cabeza me llevó a la confusión, lo que recuerdo después es que desperté en manos de un soldado Otahri extraviado de la batalla. Lo vi con la espada en alto, con la intención de asestarme el golpe que acabaría con mi vida, pero…una figura se movió como un relámpago y con un puñal clavado en el corazón del soldado Otahri calló al suelo, soltando la espada e impactando contra mi muslo causando un profundo golpe. Sofocado el dolor dirigí la mirada hacia arriba y vi a Adanost con el mango del puñal en la mano y la hoja rota en el suelo.

Adanost me ayudo a volver al campamento, donde la batalla había finalizado, las hordas de Lempë se retiraron en un intento de salvar sus vidas-.

Entonces Herkeblam volvió al presente, se levantó y se acercó al montón, tomó el mango del puñal y dijo – Yo era amigo de Adanost, cuando no tenía a nadie que me salvara de aquel soldado, apareció él salvándome la vida-.

Sonyariel Lisse

Aquellos días en inclementes tierras, el ejército de Lempe Othari había mermado enormemente sus fuerzas, pero las voces de la posible paz con el reino de Helkelen Lara, hizo que existiera un leve receso de las constantes batallas, dando un respiro a su gente y a las capitanas de la tercera compañía.

Sonyariel por aquellos días dejó a Nimras, segundo al mando de infantería, un noble guerrero en el cual ella depositaba toda su confianza, mientras Sonyariel y la elfa Vanadesse viajaban a sus tierras para dialogar con la reina sobre la necesidad de traer a sus guerreros a sus hogares tras la paz de los reinos, y aprovechar de dar la buena nueva del amor que se profesaban la elfa con un capitán de Lara.

Pero los días de tranquilidad no duraron mucho, la tan ansiada paz no llegó a firmarse entre los reinos, la razón de ello, la existencia de un tratado secreto de Helkelen Lara con Liantari, y tras la votación de los gobernantes, se decidió no aceptar la propuesta de Lara, la cual incluía establecer a la vez relaciones con el reino de Liantari, lo que no fue aceptado. No se llegó a un acuerdo y lamentablemente eso rompió nuevamente las conversaciones con el reino de Lara.

La noticia no llegó de buena forma a Vanadesse, quien tras conocer lo ocurrido, vio truncado su sueño de volver a ver a su amor, ahora prohibido, decayendo enormemente su ánimo y sus fuerzas, pero todo ya estaba decidido.

- Es por tu bien amiga, lo sabes. Además sólo Darlak y yo tenemos conocimiento de tu relación con Hathol, y por nosotros nadie más se enterará de ello. Por favor, no lo vuelvas a ver y no le comentes a nadie tu romance, porque serías catalogada como una traidora del reino y si debo encerrarte para que no corras donde él lo aré, tenlo por seguro, es por tu bien.

- No te preocupes... no lo aré – dijo la joven con su rostro pálido y los ojos vidriosos, y se encaminó por los pasillos hasta llegar a una balaustrada, observando las mismas estrellas que había apreciado junto a su amado.

La brisa se enredaba en sus cabellos y su rostro pálido llegó a tomar el color de las frías estrellas y se acarició los labios recordando su último beso, y susurró: - Siempre seré tu mujer... a pesar de los conflictos, de las obligaciones... si el mundo se acabase mi amor te pertenecerá por toda la eternidad.

Sonyariel la observaba detrás de una pilastra, sin saber como ayudar a su amiga. Bajó su cabeza y caminó en silencio por los pasillos en dirección a la caballeriza cuando un centinela se acercó raudamente a la capitana.

- Mi señora Nimras mandó un mensaje urgente, necesitan que regrese a las tierras de Helkelen, hay problemas.

- ¿Pero que ocurre? – la joven corrió junto al centinela en dirección a las barracas y se encontró con un maltrecho soldado. Se notaba que había cabalgado sin descanso y sorteando caminos brumosos y escarpados para no llamar la atención.

- Hay una revuelta mi señora, lo que fue aprovechado por un grupo de soldados enemigos atacando el campamento.

- ¿¡Pe... pero cómo!?, ¿Y los centinelas?, ¿y Nimras?

- El soldado bebió un poco de agua y continuó con las malas noticias... – mi señora... algunos soldados no estaban de acuerdo con lo de la paz, y se agruparon para ir en contra del ejército de Helkelen. Nimras intentó calmar las aguas pero aquellos ya lo tenían todo planeado y el enano no pudo hacer nada. Nos fueron arrebatadas las armas y encerrados junto a otros soldados... aproveché un descuido en su guardia para escapar y veniros a avisar de lo ocurrido...

- ¡Mal nacidos hijos de...! – bufó la humana mientras una sombra de odio se posaba en su mirada.

Valandil entró en ese momento a la barraca y ambos escucharon el informe completo de la situación de la compañía, tras avisar a Vanadesse y preparar raudamente los pertrechos, emprendieron de inmediato la carrera junto a un grupo de elfos, en dirección del campamento, en las gélidas tierras de Lara.

- ¡Esos malditos pagarán esta afrenta!– bufaba la humana mientras cabalgaba al lado de Vanadesse.

La elfa la observaba en silencio, conocía el carácter de la humana más que nadie, y sabía que a parte de su molestia por lo ocurrido con sus soldados, algo más le estaba incomodando.

Siempre se mostraba seria e implacable ante su compañía, y justa como nadie, además todos le respetaban y valoraban como una buena maestra de espadas. Pero la joven varias veces había caído en el exceso tratando no demostrar debilidad, según ella, ante su gente. Muchas veces Vanadesse la había visto mientras una lágrima caía de sus ojos, en los momentos en que la humana se encontraba en su tienda, más siempre señalaba que sólo era una basurita en el ojo, sin reconocer que extrañaba a aquel ser que amaba y cuanto deseaba compartir con él la dicha que significaba llevar un hijo suyo en su vientre... pero los días pasaban y no encontraba el momento, ni las fuerzas para comunicárselo.

La elfa apretó las riendas con fuerza. Las últimas millas cabalgaron con calma, decidiendo que el grupo mayoritario se quedaría atrás con Vanadesse, mientras Valandil y Sonyariel avanzaban con seis lanceros al campamento. Al llegar, ante sus ojos apareció un caótico escenario.

Sus soldados con ropas de combate y sus armas ensangrentadas. Había señales de una batalla reciente, pero lo que le llamó la atención a la comitiva, era que sus propios hombres apuntaban con sus armas a sus compañeros de armas... eso era el colmo.

Ambos cabalgaron entre sus hombres, quienes al verlos llegar callaron sus voces dejando el campamento en un silencio que helaba más que el clima de aquella región. La mujer tras apearse del caballo, caminó con paso firme y decidido al centro del campamento y con voz potente se dirigió a sus hombres.

- ¿Me pueden explicar que demonios ocurre?

Un joven, de aproximadamente de unos veinte años se acercó a la mujer con la mirada firme.

- Señora, los guerreros ya partieron al Valle Dorado para arremeter contra los soldados de Lara. Aquellos se negaron a...

- ¿Dónde está Minras? - interrumpió la humana secamente-, es quién deje al mando del a compañía mientras yo no estaba.

- Pe... Pero mi señora, él fue encarcelado por orden suya- dijo el hombre algo contrariado.

- Pues creo que aquí alguien se ha tomado atribuciones que no le corresponden – le dijo la humana con voz sombría.

Con paso firme caminó entre los que quedaban en el campamento y se dirigió donde tenían a Minras. Dos soldados que cuidaban la entrada le salieron al paso, lo que le causó gracia a la capitana, les quedó mirando y soltó una carcajada que se escuchó en casi todo el valle.

- Les advierto que no estoy de buen humor para malos chistes... y menos después de las noticias que llegaron a mis oídos de quienes se supone eran leales al reino y todos saben cual es el castigo que se les da a los traidores-. Le dijo la joven antes de continuar su camino y entrar en la tienda para ver a Minras fuertemente atado al poste central de la tienda junto a otros guerreros de su confianza.

El enano tras ser liberado, se dedicó raudamente a dar detalles de la insurrección.

- Thalion, mi señora, convenció a un grupo de veinte soldados, y organizó esta revuelta. No quiso escuchar razones ni menos amenazas. Con engaños ha convencido a gran parte de los soldados de que él quedó a cargo por órdenes del reino, mientras nos encerró como traidores. Con toda esta revuelta, se descuidó estúpidamente la vigilancia y nos atacó un grupo de soldados con los estandartes de Helkelen Lara... Supongo que su ataque es la respuesta a las negociaciones de paz.

- Lamentablemente así es, mi amigo- dijo el maia a la vez que veían entrar a la elfa a la tienda.

- Me acaba de comunicar un soldado que los guerreros partieron hará una media hora, cargando antorchas tras la huella de Lara en dirección a la Montaña de la Nieve Perenne - comentó la elfa.

- Acaso no saben que estamos en un terreno que beneficia a los helkerianos? sus soldados deben conocer estas tierras al dedillo y se dirigen a un sector escarpado, que otorga una defensa ideal para quien domina estas tierras... partieron como ovejas a la cueva del lobo, nada bueno acabará de aquello – comentó seriamente la mujer.

- Debemos partir tras ellos, y si los hombres de Lara no lo han matado te juro yo misma acabo con ese traidor – comentó antes de salir raudamente a organizar a los soldados que quedaban, dejando un pequeño grupo de vigías en el campamento.

Era fácil seguirles la huella a través de la nieve, cuando se encontraron con sus hombres ya la batalla había iniciado.

El sonar de los cuernos, el chocar de las espadas, la flechas surcando los aires... el olor a muerte... Vanadesse junto a los arqueros lanzaron su ataque acertando sin equívoco en el enemigo, hasta que aquellas se agotaron no habiendo más remedio que tomar la espada.

Entre el barullo de la batalla, no se dio cuenta que se había separado de sus guerreros hasta que se vio rodeada del enemigo. La elfa peleó con bravura pero una flecha perdida le daño el brazo izquierdo, dándole la oportunidad a su atacante de ensartarle la espada en la boca del estómago.

Valandil que se encontraba luchando cerca, fue en su ayuda, tomándola entre sus brazos, la llevó a un lugar seguro para cuidar sus heridas.

Sonyariel mientras tanto, al ver que sus hombres llevaban las de perder cabalgó intentando abrir paso a sus soldados, sin percatarse de un infante que, con asta en mano dañó certeramente en el muslo de la humana, antes de desaparecer bajo las patas del animal.

Un grito de odio brotó de los labios de la humana, el cual aumentó al encontrar a la distancia a Thalion. Espada en mano iba a asestarle un golpe a un hombre de Lara, pero no tuvo suerte cayendo en manos de uno de los capitanes de Lara. La humana tras dar la orden de retirada, se acercó al cuerpo tendido de Thalion. Sus hombres iban a retirar el cuerpo, cuando Sonyariel les ordenó que lo dejaran ahí.

- Los honores fúnebres son para los hombres de honor... aquel no los merece... dejáoslo a los lobos - sentenció la humana – regresemos, es hora de poner orden -, comentó la humana antes de dar la vuelta en dirección al campamento.

Kelusse

Resumen de la batalla.

Helkelen Lara ha perdido 7 armadas x35= 245 puntos.

Recuperables: 163 puntos.

Valoraciones: 9+7,4+7,3+8,4= 8,025

Recupera: 131 puntos. Se han solicitado daños para los dirigentes de esta compañía, pero no puede recuperar ningún punto dañando a los dirigentes por no haber llegado al mínimo de armadas perdidas. Total recuperación: 131 puntos.

Pierde 114 puntos.

Lempë Ohtari ha perdido 11 armadas x35= 385 puntos.

Recuperables: 128 puntos.

Valoraciones: 7+7,8+7,3+7,6= 7,425

Recupera: 95 puntos. Los dirigentes de la compañía han sufrido daños por el 85%, por este concepto recupera 297 puntos. Total recuperacion: 392 puntos.

No pierde puntos.

Lempë Ohtari entrega 100 monedas a Helkelen Lara por el abandono de la batalla.

Compañías actualizadas y listas.

[Editado por gaurwaith el 20-01-2007 15:15]