La Guerra de los Clanes

Historias, leyendas y batallas en las tierras olvidadas de Arda.

Edicion 3

Árador, Tierras de la Aurora

Finalizada · 19-03-2006

Batalla 59 - C4 Liantari Dimbar Vs C2 Heren Fanyarëa.

2007:01:30:16:36:44

Kelusse

Fin Guerra: Liantari Dimbar deja de Atacar

Armadas perdidas por "Liantari Dimbar" = 12

Armadas perdidas por "Heren Fanyarëa" = 12

Victoria para Heren Fanyarëa.

Rialath

La victoria... solo era el comienzo, el inicio de la venganza, los ramalië no perdonarían con tanta facilidad la traición, apenas empezaba su deseada cruzada contra los oscuros siervos del matriarcado.

Tras la victoria, tras recoger los despojos del enemigo y dar digna sepultura a sus caídos, alzaron varios túmulos de magníficas proporciones y los coronaron con pesadas rocas sobre las que tallaron la fecha de la batalla y las gestas de los que yacían allí, con un epitafio final:

"perecieron sus cuerpos, su recuerdo quedará incólume en la memoria de los ramalië. Gloria a los valientes caídos"

Aquellos túmulos permanecerían sin profanar para siempre, recuerdo angustioso de una guerra sin sentido, con el tiempo en sus lomas crecería suave hierba, como honrando a los desdichados moradores.

Rialath, triste por la pérdida de aquello hombres, observó el recién formado túmulo mientras el ejército se ponía en marcha, fue el último en emprender el camino hacía su próxima etapa, el camino que hacía de la capital enana el objetivo final. Murmuró fatigado su despedida "sea la tierra liviana para vosotros" y cabalgó hasta alcanzar a Gimbur, quien capitaneaba la marcha de los valientes enanos. Apenas hablaron durante aquél día, marcharon lentamente para recuperar fuerza, Rialath recordaba la reunión que mantuviera con Gimbur para decidir su próximo paso, el enano deseaba avanzar hasta las cavernas que guiaban hasta la ciudad, Rialath era pesimista, los combatientes estaban cansados.

"ellos también están exhaustos, nada harán para derrotarnos" Gimbur hablaba con auténtica furia, Rialath estaba demasiado agotado para discutir contra el fervoroso enano. El día, con una humedad agobiante, frío y con algunas ráfagas de viento. Un día desagradable y los enanos, con el buen aunque hosco Gimbur a su cabeza, marcharon raudos en busca de la protección de los intrincados y laberínticos pasadizos que guiaban hasta la capital enana.

Poco a poco, las fuerzas volvieron a los miembros del numenoreano, el presentimiento de que se libraría otra batalla le devolvía la vitalidad, su ira hacia aquellos oscuros siervos de la reina arácnida, la suya y la de aquellas valerosas tropas, era realmente mas fuerte que el desánimo o el cansancio, pronto las filas de los soldados, al vislumbrar las cuevas, empezaron a moverse nerviosamente.

El paso de un ejército en una atropellada retirada se había hecho evidente, aquí y allá regueros de objetos abandonados, algunos muertos olvidados... todo llevando hacia la negra boca que franqueaba el paso a las grutas, la negrura, aunque no arredraba al numenoreano, le daba malos augurios, los enanos, mas acostumbrados a vivir y combatir en angostos y lóbregos parajes se encontraban excitados ante la posibilidad de penetrar esa inmensa negrura. Las tropas, entraron, la quietud era absoluta, tan sólo rota por el tintineo de armas y armaduras y el acompasado y pesado paso de los enanos, los elfos se encontraban a disgusto, pero no había mas remedio que cruzar esas grutas.

- Estas cuevas son un auténtico laberinto- observó, impasible, Rialath.

Gimbur, que se hallaba absorto contemplando con ojo experto las paredes pulidas de los pasajes, dio un respingo cuando la atemperada voz del humano pareció surgir de las entrañas de la tierra, Rialath no pudo evitar sonreír, Gimbur lo miró huraño pero pronto esbozó algo que Rialath había aprendido a interpretar como una sonrisa, seguían como siempre, apenas sin hablarse pero respetándose mutuamente, se habían visto en combate, ambos tenían ya plena confianza en el otro.

- Gimbur, se que te impacientas y quieres combatir, pero no gustaría de tener que luchar en un laberinto que desconocemos- señaló marcas de paso reciente- Sangre, roces, huellas de botas... se dispersan, nos tienden una trampa, seguramente nos guíen hacia algún punto apartado y sin salida para emboscarnos y eliminarnos.

- Humano, recuerda que mis enanos son expertos combatientes en este terreno y en la ciudad las condiciones serán similares... no niego que puedes tener razón, que nos guíen a un lugar donde despellejarnos fácilmente, mas ¡por los sagrados dioses de Fanyarëa! Si vencemos no tendrán mas opción que retirarse a la ciudad.

- El combate será arduo... no sabemos ni cuando ni donde nos atacarán... tendremos cuantiosas bajas si no vamos con cuidado... ¿dividir nuestras tropas o mantenerlas en un grupo compacto? plantea cada una de estas opciones su ventajas y sus inconvenientes... abogo por mantenernos juntos, al menos, sabremos que destino corren nuestros hombres- en ningún momento se mostró alterado, nervioso, tampoco mostró sentimiento alguno, hablaba Rialath con calma. Esa calma solía poner de mal humor al enano, mas proclive a mostrar sus sensaciones en reniegos, le exasperaba en ocasiones al enano aquel humano que a veces podía parecer tan poco humano, tan sólo cuando combatía parecía dejarse llevar por su humanidad... y aún así parecía imposible que perdiera la calma. Gimbur no sabía si ése Humano era de sangre noble o no, mas el porte y el comportamiento destilaban una nobleza mayor, la nobleza de espíritu. Por su parte, Rialath, admiraba al señor de los khazad de fanyarëa, imperturbable ante las heridas, entrañable en su tosquedad y mal humor, con tendencia a regañar a los mas torpes, pero amado por sus gentes, valiente y quizás incluso temerario... la temeridad... algo en que Rialath no solía incurrir, admiraba a aquellos capaces de realizarlas... pero ninguno de los dos admitiría, ni siquiera se plantearía decirlo en voz alta, su mayor semejanza, el orgullo, les guiaba ahora hacia una ciudad que habría de caer en sus manos, a toda costa, pero antes el escollo presumible de una dura resistencia en las cavernas, de nombre desconocido para Rialath.

De pronto una andanada de flechas flageló a los ramalië y provocó la confusión, mas no se permitieron los líderes de ese ejercito el lujo de dejarse llevar por el miedo, las roncas ordenes de Gimbur y las portentosas exclamaciones de Rialath recompusieron pronto las filas, se hallaban en una amplia estancia rodeada de bocas de túneles, estas bocas escupieron a las tropas de liantari. Nada sabían los ramalië del número y de las tácticas que usarían los siervos de la araña, mas combatieron, igualados y las cuantiosas bajas someterían a ambos bandos, mas la formación que tomaron los ramalië les permitiría resistir largo tiempo, el muro de escudos, aunque no daba victorias al que la usaba durante toda una batalla, también arrebataba la victoria al oponente.

- Hoy no hay mas arenga que esta, mis buenos guerreros, les vencimos una vez y lo haremos otra vez, gloria y honor... ¡por Ulmo!

“Gloria y honor, por ¡el águila y el murciélago!” fue la respuesta y el combate se inició. El elfo que capitaneaba a los liantaris se encaró esta vez a Rialath y pronto sus aceros chocaron.

Desentendiéndose de todo su alrededor los dos dirigentes se enzarzaron en un combate singular, de vez en cuando entorpecido por algún externo que caía prontamente abatido, ambos se infligieron numerosas heridas mas, la pericia y la fortuna favorecían a Rialath, quien no se vio atormentado por heridas de rango que pusieran en peligro su vida, no así para el vanya, quien ya herido en su anterior combate no pudo resistir el ímpetu del indemne humano, tuvo que retroceder, exhausto.

Rialath aprovechó ese instante para observar a su alrededor, la liza era terriblemente igualada, Gimbur, con férreo ánimo, gobernaba las tropas contra su oponente, en la batalla que se libraba los ramalië eran conscientes de que o ponian en fuga al agresos o perecían sin remedio, los liantaris no esperaban tan encarnizada resistencia y poco a poco su moral se perdía en el olvido, la reciente derrota... la partida de uno de los lideres, herido de gravedad, su otro líder retrocedía ante un humano, los orcos desconfiaban de éste líder emprendieron la retirada.

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Una vez mas, pasaron horas antes de que los ramalië partieran en pos del ejercito liantari en fuga, se adueñaron de los pertrechos útiles, enviaron mensajeros con la nueva de que seguían adelante pese al nuevo encontronazo, tanto Gimbur como Rialath curaban sus no demasiado graves heridas y, fatigados pero satisfechos, se permitieron el abandonar la solemnidad con la que solían comportarse y rieron, regocijados por la victoria, no rieron con crueldad, sino para dejar salir la euforia que había echo presa en sus espíritus, dos victorias y la ciudad que codiciaban cerca, muy cerca, quizás la próxima batalla ya se libraría en su interior, ahora, dieron rienda suelta a su alegría mezclando la jovial y clara risa del numenoreano con la ronca y grave risa del enano, los ramalië, lejos de extrañarse, entonaron un cántico victorioso:

Lejos de estas grutas se alza el sol en su eterno viaje

Mas allá del mar Aulë alza su martillo

El águila se alza victoriosa

El murciélago se regocija con la muerte

Los caídos han de acompañar

A los dioses en su morada

Hemos vencido otra vez

La victoria nos saluda otra vez

Alimentamos a la muerte

Y ella ahora es nuestra fiel compañera

Alimentamos la venganza

Pero pide mas muertes para saciarse

Marchamos sobre su ciudad

Victoria o muerte, ésa es nuestra premisa

Acabaremos con la tirana

Acabaremos con la traidora

Orodril

Árador, Tierras de la Aurora

Leyendas

La Guerra de las Seis Sierpes. Tomo IX: “Traición y Sangre”.

[…]

Tras la Puerta de los Siete Padres el reino subterráneo de Sigingunudûm se extiende a través de la dura roca a lo largo de todo el sistema montañoso de Orod Nid. Cientos de túneles surcan el territorio de punta a punta, pero ninguno de estos son comparables a los que se encuentran en el corazón del reino y que conducen a Gathol Kheled, la capital enana. Estos túneles que mezclan la negra roca con vetas de cristalinas gemas y plata pulidas por la propia naturaleza, conforma una retorcida red como madeja enmarañada de múltiples hilos. Bienvenidos al laberinto de Danza de Espejos, un reino de ilusiones donde nada es lo que parece.

Con el hombro aún vendando recuerdo de su último encuentro con las tropas de Heren Fanyarëa, Tilmarion, único dirigente de la legión Harad-Morloth, tras el envió del malherido Ohtaránë a la capital, descansaba sobre un modesto asiento de estilo militar a las afueras de su tienda. Instalados en una de las plazas de Danza de Espejos, el reflejo infinito de sus hombres y el mismo sobre las paredes, daba una inmensidad del ejercito mucho más desproporcionada de la real y una complejidad que rozaba los limites de la cordura a la hora de establecer lo que allí sucedía de lo que lo sucedía de forma aparente. La visón de enfrente se mezclaba con la de atrás, y a la vez con la de la izquierda, la derecha, y en definitiva con la de la totalidad de los ángulos. Y así era por lo que el elfo vanyar contemplaba con aparente interés la punta de la lanza anclada a escasos pies de él, que hacía las veces de estandarte del imperio matriarcal. Por un instintivo y desesperado intento por mantener la locura durante la larga espera.

Finalmente el sonido de un batir de alas y la silueta de una oscura figura sobrevolando ante sus ojos le saco del ensimismamiento al cual hasta hacia bien poco había estado confinado. A su lado regocijándose sobre un plato repleto dulces frutas, un murciélago de pelaje pardo se preparaba a dar cuenta de su festín. Tras agarrarlo con una mano y ponerlo panza arriba, Tilmarion le desata la tan esperada nota de su pata derecha, y lo devuelve sin miramientos al plato de frutas, devorando el mensaje recién entregado. “P4R A-2”.

Gimbur acarició la pared del túnel admirando con los ojos abiertos de par en par la belleza de la extraña mezcla de la piedra de frío tacto.

-Bello sin lugar a dudas es este maldito lugar. Será una preciada adquisición cuando consigamos echar a sus molestos dueños.-

Rialath sentado, unos pasos más adelantes, sobre el frió suelo, echó la mirada hacía atrás dejando por momentos de contemplar los diversos túneles que se abrían más adelante.

-Las guerras no suelen ganarse en una sola mano, y no creo que ésta sea menos. Así que creo que vas a tener que esperar, al menos un tiempo, a echarle las manos a este lugar. El imperio Liantari esta queriendo anexar más territorios de lo que realmente puede gobernar, y esto acabará por jugar en su contra y deshacer su amplio territorio que abarca tanto un lado como el otro de Sorontarma y se extiende hasta las Colinas de Hierro. Esperemos que la reunión de los pueblos de Arador, salvo el de Helkelen Lara, sea suficiente para favorecer el comienzo de su declive.-

Un gruñido ronco se escapó débilmente de los labios del enano, que retomando a Lombeleg de su descanso sobre la piedra, se dirigió junto al numeroneano. -Bueno, ¿alguna idea?-

Rialath volvió su mirada de nuevo a los túneles que se abrían frente a ellos.- Aquí los signos sobre la roca son bastante recientes en todos los sentidos, y al igual que las esporádicas manchas de sangre se dirigen en todas las direcciones, a su vez, los restos ya sean más o menos nuevos de astillas, ropajes, en incluso cabellos también lo hacen. Creo que lo que varía de uno a otro es la distancia a recorrer hasta llegar a la capital, y la complejidad de los caminos a los que dan lugar. Pero a priori todos son factibles.-

-Bien- dijo Gimbur mesándose la blanca barba mientras contemplaba los túneles -Supongo que el camino más recto fue el que tomaron para trasportar a sus heridos más graves, y el mayor grueso del ejercito.-

-Suponiendo que no hayan tomado medidas al respecto, la diferencia está en la continuidad de las manchas de sangre que hay sobre el suelo, pero igualmente los regueros de sangre más pronunciados no toman un camino único, aunque al menos parece la reducirse a dos.-

-Pues ese caso que la gracia de Aulë nos acompañe.-

Tras tomar el camino marcado bajo el azar de una moneda, las tropas de Heren Fanyarëa prosiguieron la marcha sin altercado alguno. Solo al llegar a la siguiente plaza en la cual parecía abrirse nuevos túneles, la paz quedó rota.

De un lado a otro de la sala, las flechas liantaris surgían de la penumbra bajo el silbido precedente de semejante enjambre. Pero, aún haciendo mella en el ejército invasor, el ataque no fue tomado tan por sorpresa como se había esperado, y bajo las ordenes de Gimbur y Rialath las huestes de Heren Fanyarëa pronto se rehicieron estableciendo una formación circular defendida mediante la interposición de los escudos. Salvados así todos los flancos y a sabiendas que mantener aquella situación, a pesar de lo eficaz de la formación, no les otorgaría la victoria, al igual que no les garantizaría la vida, del centro del ejercito invasor surgió una nube de flechas en respuestas a las primeras.

-¡Por el águila y el murciélago! ¡Muerte a la araña!-

Infundidas por el grito de Rialath, las tropas de Heren Fanyarëa infladas de valor avanzaron firme y raudamente por uno de los túneles que se abrían a su paso, aplastando en masa a los soldados liantaris apostados en aquella situación y marchando de aquella plaza antes de que esta pudiera convertirse en su tumba.

Viendo a su presa desvanecerse a través del túnel y ver su última flecha fracasar en su cometido dada la desaparición de blanco alguno, viendo, en definitiva, su estrategia desmoronarse… -¡¿Hacía donde se dirigen?!-

-Hacia el túnel de acceso décimo cuarto, mi señor. Donde podríamos hacerle frente en el cruce con el décimo sexto.-

Un silencio incomodo se extendió instantes después de las palabras del batidor enano. Tilmarion aún con la mirada absorta, parecía desapegado por momentos del mundo. El sonroje de la ira bajaba de nuevo al común blanco de su tez, y los cabellos dorados escapados a la frente fueron devueltos a su lugar con ligero ademán. -Así sea. Guiadnos pues hasta allí.- Los ojos azabaches del elfo cayeron entonces en una de las guarniciones orcas -Vosotros, sin embargo avanzad tras sus pasos. Cuando llegue el momento, caed sobre su retaguardia.-

Guiados a través de los túneles las huestes liantaris alcanzaron el cruce antes que el ejército invasor, donde dispuestas para la batalla final, aguardaron su llegada. La espera fue corta sin embargo, y el silencio quedo pronto roto por el sonido de la marcha de los extranjeros.

-¡Por el Poder y la Gloria! ¡Liantari ai-mênu!-

Cargando entonces con el ánimo hinchado, las tropas de Liantari Dimbar arrasaron con éxito el flanco izquierdo de las de Heren Fanyarëa, dividiendo sus tropas, que de pronto eran a la vez atacadas desde la retaguardia.

Entrechocan las espadas,

retumban los escudos,

la sangre sobre el suelo se derrama,

la muerte acecha tras cada segundo.

De nuevo reanimado, Orodril se irgue sobre su bañera, teñidas de sangre sus aguas. Y tras observar los cortes en sus muñecas, ahora ya cerrados, toma una toalla y sale al fin de ésta. Muerto por unas horas nota de nuevo el calor y la fuerza de su propio cuerpo, algo que le alegra sobre manera tras el inmenso frío espectral, pero nada sin embargo, las nuevas que trae de sus andares como espectro. Tilmarion ha fracasado (y lo estrangularía, si no yaciera inconsciente, casi muerto por las heridas, evitando así el disfrute de su agonía), y las defensas que protegen Gathol Kheled nuevamente han caído, retirándose hacia la protección de la capital enana. La ola de victorias liantaris se tambalea y parece querer romperse.

Sediento de sangre, Orodril se viste y se arma.

Por el Poder y la Gloria. Liantari ai-mênu.

[…]

Kelusse

Resumen de la batalla.

Heren Fanyarëa ha perdido 12 armadas x35= 420 puntos.

Recuperables: 280 puntos.

Valoraciones: 8,3+9+7+8,6= 8,225

Recupera: 230 puntos.

Pierde: 190 puntos. Se sanciona a este clan con 6 armadas por la demora en la publicación de la historia. Total pérdida: 400 puntos.

Liantari Dimbar ha perdido 12 armadas x35= 420 puntos.

Recuperables: 140 puntos.

Valoraciones: 7,2+8,6+9+8= 8,2

Recupera: 115 puntos. Los dirigentes han sufrido daños por el 80%, por este concepto recupera 280 puntos. Total recuperación: 395 puntos.

Pierde: 25 puntos.

Heren Fanyarëa recibe 150 monedas por la victoria en la batalla.

Liantari Dimbar entrega 100 monedas a Heren Fanyarëa por el abandono de la batalla.

Compañías actualizadas y listas.

[Editado por gaurwaith el 30-01-2007 16:39]