Kelusse
Fin Guerra: Heren Fanyarëa deja de Atacar
Armadas perdidas por "Heren Fanyarëa" = 9
Armadas perdidas por "Liantari Dimbar" = 11
Victoria para Heren Fanyarëa.

Historias, leyendas y batallas en las tierras olvidadas de Arda.
Edicion 3
Finalizada · 19-03-2006
2007:01:30:17:09:35
Fin Guerra: Heren Fanyarëa deja de Atacar
Armadas perdidas por "Heren Fanyarëa" = 9
Armadas perdidas por "Liantari Dimbar" = 11
Victoria para Heren Fanyarëa.
E
l amanecer, débil y cauto tras una fina bruma, traía consigo un viento gélido que helaba hasta las entrañas. Las hojas cubiertas del rocío tomaban el relevo de las tintineantes estrellas mientras los soldados del Valle del Ingenio desmontaban su campamento para proseguir la marcha. Las hogueras se apagaban y las tiendas se transformaban en un amasijo de telas y palos.
Detrás del horizonte la amenaza iba acrecentando y eso el ejército lo sabía. La voz de la muerte, aguda y llorona, daba la bienvenida al nuevo día. Su presencia se hacía notar en cada brizna de aire, en cada exhalación de vaho de cada palabra perdida entre el leve murmullo de los soldados.
La semielfa salió de su tienda de campaña donde dormía.
Fuera apareció Lyshiön. Sujetaba un báculo, mirándolo fijamente, luego observó el cielo y pronunció en voz alta:
-¡Parece que va a ser una mañana ajetreada Niëlúne!
A lo que ésta le respondió:
-Si el sabio Lyshiön piensa que así será, estaré alerta-Y acercándose al elfo le dijo con un tono más amigable-¿Cómo estás, buen amigo? ¿Qué tal va ese hombro?
El eldar se llevó la mano a la herida cicatrizada y le contestó:
-Muy bien, gracias. No hay nada que se le resista a la medicina mágica, de aquí a unos días estará perfecto.
Niëlúne sonrió y se despidió del elfo para ordenar la marcha en media hora.
Lyshiön marchaba junto a sus fieles escoltas que habían jurado dar su vida por éste en el centro de la primera fila.
Ahora la voz agonizante de la muerte había pasado a convertirse en una nada absoluta, solamente el desconcierto y el desamparo cubrían el ambiente de aquel extraño amanecer.
No pasó mucho tiempo, quizás unos minutos, desde que empezó la marcha de Heren, cuando la música cambió su partitura. Repentinamente un potente timbal sonó en los corazones de los soldados sobrecogiéndolos al ver ante ellos alzarse fuerte y gloriosa la ciudad de Iaur Abad. Ésta se situaba sobre una cima rodeada de una gran explanada como una atalaya vigilando todo lo que a su alrededor aconteciese.
Niëlúne mandó que el ejército parase, se dio media vuelta y miró a Lyshiön:
-Bueno, razón llevabas, una mañana ajetreada, ¿eh?
A lo que le contestó:
-Pero ¿no te lo esperabas en ese sentido, ¿eh?.
Los dos rieron levemente, luego Niëlúne volvió a darse la vuelta y miró el enclave enemigo. Una música leve comenzaba a brotar en sus oídos pero sabía que aumentaría...
La compañía tercera de Heren era consciente de que contaban con una fuerza suficientemente fuerte como para organizar un asedio y tomar la ciudad. Además el enemigo había menguado sus fuerzas en las últimas batallas por lo que la resistencia no debería ser demasiado dura, en principio… en principio…
La joven acordó junto al elfo y el resto de tenientes que forzarían una rendición. Sabían que Liantari perdería y era mejor evitar más bajas. Lyshiön propuso mandar a uno de sus escoltas como mensajeros, pero Niélúne se negó y decidió ir el sola, pues a ella como dama, aun siendo enemiga, sería escuchada.
La semielfa marchó al galope, tras ella quedaba una densa nube de polvo y tierra. El frío matinal golpeaba su cara alzando su castaña melena al viento... Ahora eran las livianas notas de un piano, la tensión de sus acordes las que llenaban el corazón de los soldados. El tiempo empezaba a hacerse más pesado, el futuro de todos ya dependía de aquella dama, aquel punto negro en la lejanía... pero cuanto más se alejaba, mayor el era el temor en sus corazones ante la incertidumbre de su regreso. ¿Volvería? ¿Viva? ¿Muerta? El pesar y la angustia se apoderaron de las emociones de la joven muchacha..
Niëlúne, cargaba con valentía en su mano izquierda el estandarte de Heren Fanyarëa, ondeando sobre su cabeza, alzando el orgullo de su pueblo. La joven se detuvo a apenas veinte metros del portón de Iaur Abad, esperando a algún representante o capitán. Sobre ella permanecían en lo alto de las murallas una gran número de arqueros apuntándola, cualquier paso en falso y sabía que un centenar de flechas caerían sobre ella...y así de golpe, mientras la semielfa observaba el lugar y mentalmente iba planeando un posible asedio en caso de lucha, la puerta se abrió lentamente. De ella apareció bajo un extraño cariz de calma otro jinete con el estandarte de Liantari. Éste adelantó su caballo y se colocó a un metro de Niëlúne. Sin duda era un elfo, sus vestimentas y su presencia lo delataban.
-Parece que el ejército del Heren se predispone a tomar Iaur Abad-Pronunció aquel elfo.
Niëlúne escuchó aquella voz. Era sutil pero a su vez contenía una fuerza increíble. Resultaba muy extraño notar ese tipo de poder, sólo la influencia de alguna divinidad o la experiencia acumulada de tantos miles de años de existencia podrían darle aquellas propiedades.
-En efecto. Nuestros pasos han llegado hasta aquí y Liantari es enemigo potencial de Heren por lo que no nos iremos sin luchar, pero antes quisiera llegar a un tipo de acuerdo: si Liantari acepta esta batalla como perdida y deposita sus armas, nadie morirá aquí hoy.
El elfo observó a la dama con arrogancia y continuación contestó:
-Liantari Dimbar no aceptara tal sumisión ante Heren Fanyarëa. ¡Nuestra ciudad será defendida hasta la muerte! ¿Algo más, señora?
-...No...nada más.
Niëlúne alzó de nuevo el galope hasta sus filas. Tras ella, el portón de Iaur Abad se cerraba. Al llegar a la primera fila de su ejército, Lyshiön se adelantó y le preguntó:
-¿Qué hablaron?
A lo que la joven sentenció:
-La muerte ha sido su opción...¡¡¡Preparad el ariete!!!
Los regimientos de Heren comenzaron a dividirse y a prepararse en formación de ataque. Rápidamente montaron un ariete de grandes dimensiones simulando una torre.
Niëlúne se acercó al elfo y le susurró en confianza evitando alarmar a los soldados más cercanos:
-Voy a necesitar tu ayuda, amigo. Necesitamos abrir ese portón lo antes posible o sus arqueros nos aniquilarán.
Lyshiön se limitó a asentir con la cabeza simbolizando que algo ya tenía en mente.
La joven ultimó la estrategia con los generales.
El ejército estaba preparado, sólo esperaban la orden del capitán:
-¡¡¡Caballeros!!! En esta gélida mañana nos ha tocado combatir contra un digno enemigo. Las tropas de Liantari disminuyen pero su valentía acrecienta y tened muy seguro que mostraran su lado más atroz. ¡¡¡Su ciudad caerá bajo nuestros pies quieran o no!!!....sólo pido una cosa –serenó su voz- Debemos romper su puerta principal lo antes posible…pero mientras tanto muchos caeremos, pues tienen apostados arqueros en sus murallas. – alzó su voz de nuevo para arrancar la valentía de sus corazones- Es por ello que os pido que no caigáis presa del pánico. ¡Hacer alarde de fuerza y Eru os asistirá! ¡ya sea aquí....o en la otra vida!
El ejército rompió en gritos....ahora era la rápida melodía de un violín, sus agudas notas y vibrantes las que reanimaban sus espíritus y los mandaba a luchar sin temor hacia el enemigo.....
La primera lluvia de flechas no tardó en caer sobre el regimiento asediante, causando así muchas bajas sobre todo en la caballería pesada. Alrededor de una veintena de soldados lanzaban el ariete una y otra vez contra la puerta, algunos caían presos de las saetas, pero rápidamente eran sustituidos.
Niëlúne agarró un arco de un soldado muerto y emprendió lucha a distancia disparando contra los arqueros apostados en la muralla. El objetivo era difícil y si no derribaban el portón rápidamente debería pedir la retirada. Ahora todo estaba en manos de Lyshiön.
El elfo permanecía rodeado de su escolta particular, que se movían como su sombra, Con paso firme y decidido se abrió paso hasta el ariete. Una vez allí se arrodilló y tocando el arma de asedio comenzó a recitar unas palabras en una lengua ya extinguida.
Cuando nadie se lo esperaba una luz blanca cubrió el ariete. A continuación un estallido dio paso al derrumbe completo del portón de Iaur Abad.
El elfo gritó:
-¡¡¡A la carga!!! ¡Que el miedo no amilane vuestro corazón ni la ira lo ciegue! ¡¡¡Luchad!!!¡¡¡Luchad por Heren!!!
El ejército comenzó la invasión. A cada segundo que pasaba la ciudad contenía a cientos de enemigos más... pero lo difícil estaba por llegar.
Niëlúne se unió a sus soldados y entro a la fortaleza, ante él se alzaba una hermosa ciudad protegida hasta el último rincón por algún soldado. Su espada chorreaba sangre al igual que el resto de su cuerpo. La defensa estaba siendo dura con ellos, pues no conocían la ciudad y los defensores salían de cualquier lugar: los mortales arqueros apostados en ventanas invisibles, soldados apareciendo de la nada… La batalla empezaba a equilibrarse, pero todos conocían el destino: cuando todas las tropas que aún no habían entrando lo hicieran, aquello sería el final.
Pero no fue así, los de Liantari sacaron fuerzas de donde no tenían y en su último esfuerzo, consiguieron evitar que esas tropas de Heren penetrasen en su ciudad. Sin refuerzos Niëlúne, vio como su compañía menguaba considerablemente, y ya ante la imposibilidad de tomar Iaur Abad y para evitar que más vidas se perdieran, tocó retirada, y así fue como el ejército de Heren fue obligado a abandonar la ciudad.
Un silencio inquieto removía la ciudad de Iaur Abad desde sus entrañas. Frío día en el que el sol se reusaba a brillar, tenues llegaban sus rayos a los muros y detrás de ellos sólo quedaban los valientes soldados liantaris. Quienes, prevenidos del “abuso de confianza” de sus vecinos, esperaban el golpe inminente.
En la parte superior de los muros aguardaban numerosos arqueros con flechas preparadas para dar en el blanco. No obstante antes de verlos a ellos, los ojos se detenían en una figura blanca como en el primer copo de nieve que aparece en el cielo. La elfa, con los cabellos dorados al viento y el arco blanco en sus manos, lucía un vestido blanco. Su mirada hurgaba en el horizonte con los penetrantes ojos de su raza.
A su lado estaba un soldado a quien llamaban Galthor, un hombre que tenía rasgos élficos en su rostro y su actitud, los ojos inexpertos incluso podían llegar a confundirlo con un elfo. No era un destacado guerrero ni un sabio, sin embargo estaba allí, contemplando el inicio de una inevitable batalla.
De pronto, el rostro de Evna adoptó una expresión de sorpresa, - ¿Un heraldo? – dijo
Galthor buscó en el horizonte, a penas si veía un puntito moviéndose.
- ¡Un mensajero! – gritó esta vez
***
Galthor miraba la oscura noche desde los muros, le molestaba el peso de la armadura y la espada sobre su cuerpo, pensaba que cuando se esta en el campo de batalla lo último que se siete es el peso. “Es el aire,” se decía “que se filtra en la piel y corre por la venas. Es un olor tóxico que nubla los sentidos. Una danza donde no se ve el dolor.” Por un minuto cerró los ojos y se imaginó a sí mismo peleando. De su enemigo no conocía el rostro pero sí sabía quien era. Sentía que podía morir en cualquier momento, con un error, tan sólo uno; ese sentimiento de que todo termina y se esfuma con el viento...
- ¿Soñando despierto? – se burló un soldado que pasaba cerca.
Galthor abrió los ojos y rió un poco avergonzado, - Estaba aburrido... Ojalá me hubieran asignado a un lugar más intenso ¿sabes?
- ¡ja ja! Probablemente ya estarías... – se interrumpió de golpe - ¿Qué es eso?
A una gran distancia, un jinete iba a toda velocidad, como perseguido por un balrog. Se dirigía a la ciudad.
- Es uno de los nuestros. – aseguró Galthor – Es posible que haya visto enemigos.
- ¡Vaya como corre! Al fin tendrás tu oportunidad de una muerte honorable.
- Muy gracioso, Hunthor – contestó sarcásticamente -. También puede ser que traiga algún mensaje.
- No creo que sea algo bueno.
- O... simplemente se le enfría la sopa.
Ambos se miraron antes de estallar en carcajadas.
***
“Un mensajero?” pensaba Luiniel parada en medio de una calle “¿Qué creen que hacen?”
En la misma calle estaban unos treinta enanos con sus hachas listas para lo que venga.
- Burim, - le dijo la noldo a un enano – quedas a cargo. Continua con el plan.
Un enano de barba rojiza asintió. Luiniel no esperó más y se hecho a correr. No tardó nada en llegar frente al portón, mientras arriba tensaban las cuerdas y preparaban las flechas.
- ¡Alto! – ordenó
***
Las nubes tachaban las estrellas, amenaza del viento de las montañas. El jinete estaba ya a pocos metros y seguía sin disminuir la velocidad.
Hunthor se adelantó, - ¡Alto! – gritó
Nada sucedió. El hombre desenvainó la espada y Galthor lo imitó. Firmes se pararon frente al poderoso animal. Los cascos mantenían su ritmo acelerado, seguramente el jinete pasaría por encima de ellos.
- ¿No va a frenar? – dijo Hunthor vacilante
Unos pocos metros más.
- ¡Muévete!
Pero Galthor no se movió. El jinete detuvo al caballo ágilmente y desmontó con la misma rapidez. Era una elfa, de cabellos oscuros y brillantes ojos azules. Miró a Galthor.
- Bien hecho, esa firmeza te será útil. – le dijo
El otro no supo que responder, estaba hipnotizado por la noldo. No podía moverse ni articular palabras tan sólo podía contemplarla. No sentía su propio cuerpo ni mucho menos el peso de su armadura, era algo peor que estar en el campa de batalla.
Sin embargo su compañero se adelantó velozmente, - ¿A qué habéis venido?
Luiniel tomó las riendas de Lintáurë y avanzó hacia el portón, - No hay tiempo, debemos evacuar la ciudad cuanto antes.
***
- ¿Te parece buena idea? – preguntaba Evna a Luiniel en la parte superior de los muros.
Abajo Galthor, se acercaba con un estandarte liantari al encuentro del heraldo.
- No... pero estoy cansada que nos acusen falsamente de salvajes. – repuso la noldo, a pesar de que hubiera preferido enviar a alguien más hábil para el diálogo.
- Vuelve...
- Preparad a tus arqueros. – dijo Luiniel y bajó.
Las tropas enemigas no tardaron en hacer su aparición. Se sentían sus pasos como largos y torpes cayendo directo en la telaraña. Ya se escuchaban los silbidos de los disparos certeros de los arqueros liantaris. Si los ramalies se hubiesen dado cuenta de que el portón había caído con demasiada facilidad tal vez no habrían caído en lo que la ciudad les tenía preparado.
Por todos lados se topaban el grueso del ejercito fanyareano con los grupos pequeños de soldados liantaris, los últimos salían de todas partes rodeando a los primeros. Entonces la lucha alcanzó su nivel más despiadado, el sonido de cientos de latidos formaban una extraña sinfonía acelerada, cargada de energía, desenmascarada con instinto.
La estrategia funcionaba, Heren no sabía de donde salían sus enemigos. De repente se oyó un gran estruendo, uno de los muros se partió y volaron por los aires los arqueros que estaban encima. Luiniel vio volar a una figura blanca, “¡Rayos!” se dijo “¡Trajeron ents!”. Agarró firmemente la espada con ambas manos y se abrió paso como pudo. Sin su escudo de flechas la ciudad empezaba a tambalearse.
La noldo encontró a Evna inconsciente con dos flechas clavadas en su estómago y un golpe bastante feo en la cabeza. La batalla continuaba, dos elfos se lanzaron contra Luiniel. Al primero le lanzó un cuchillo directo a la frente y con el segundo tuvo que levantar la espada. Su oponente era muy hábil, logró herirla en la pierna. Pero algo andaba mal con esa herida, la elfa cayó y apenas si podía defenderse, su vista volvía borrosa. El elfo se reía.
- Es veneno.
Luiniel enfurecida sacó una daga que siempre andaba a llevar y abrió un poco más la herida para extraer el veneno. Se recuperó un poco y le clavó la espada en el estómago del sorprendido elfo. Retiró el acero de los tejidos cortados con un último esfuerzo. Su estado no era grave, un rasguño en comparación con Evna, sin embargo estaba paralizada por el momento.
Galthor disfrutaba de la emoción que le traía el peligro, tal era su alegría que se la contagió a todos los que estaban cerca.
- ¡Liantari ai-mênu!
***
El sol engañoso se ocultaba trayendo consigo la noche sin luna ni estrellas. El trabajo pesado a penas comenzaba porque los cuerpos hediondos ocupaban las calles y los heridos disputaban su suerte con la muerte.
Hunthor y Galthor estaban sentados frente a una hoguera recuperándose de sus heridas. Era extraño verlos en silencio a los dos hermanos, tan tranquilos.
- Al menos terminó... – dijo Hunthor
- Si claro... No seas tan optimista.
Resumen de la batalla.
Heren Fanyarëa ha perdido 9 armadas x35= 315 puntos.
Recuperables: 210 puntos.
Valoraciones: 7,6+8,4+6,4+7,8= 7,55
Recupera: 159 puntos.
Pierde: 156 puntos. Al no publicar la historia en plazo, este clan recibe una sanción de 5 armadas. Total pérdida: 331 puntos.
Liantari Dimbar ha perdido 11 armadas x35= 385 puntos.
Recuperables: 128 puntos.
Valoraciones: 7,8+8,4+7,8+8,4= 8,1
Recupera: 104 puntos. Los dirigentes de esta compañía han sufrido daños por el 90%, por este concepto recupera 315 puntos. Total recuperación: 419 puntos.
No pierde puntos.
Heren Fanyarëa recibe 150 monedas por la victoria en la batalla.
Heren Fanyarëa entrega 100 monedas a Liantari Dimbar por el abandono de la batalla.
Compañías actualizadas y listas.