La Guerra de los Clanes

Historias, leyendas y batallas en las tierras olvidadas de Arda.

Edicion 3

Árador, Tierras de la Aurora

Finalizada · 19-03-2006

Historia Por Vida. Realengo De Farothdin. Isilion.

2007:01:31:18:08:41

Isilion

Eleanor cruzó rápidamente el pasillo, el eco de las palabras del rey resonaban en su cabeza: “Han traído a Isilion muy malherido, ahora mismo los sanadores están con él pero se temen lo peor…”. Antes de acabar el rey Eleanor fue directa a las Casas de Curación y con paso decidido entró en la habitación del elfo. Los sanadores estaban vendándole las heridas y preparando una serie de pócimas para recuperar el brazo de Isilion y acelerar la cicatrización de las heridas que eran numerosas, ya que por algunas aun salía sangre en cantidad; uno de ellos se percató de la entrada de ella:

- ¿Qué haces aquí Eleanor?

- He venido a ayudar.

- ¿Desde cuando te preocupa la curación?

- Eso no te importa-dijo distraída mientras miraba en el pequeño saco que había traído.

- Deberías irte ahora mismo y dejar a Isilion en manos de expertos.

Eleanor pasó por alto el comentario, y se acercó al elfo, cogió el brazo izquierdo a ver si encontraba pulso pero, para su horror no se le notaba; los sanadores empezaron a protestar, el que había hablado antes exclamó con cierto enfado:

- ¡Eleanor, vete de aquí! No tienes derecho a tratar a alguien.

- Ahora sí la tiene.

Todos miraron hacia la puerta, estaba el rey Ílimo; los sanadores hicieron rápidamente una reverencia al rey, Eleanor siguió concentrada en el elfo.

- Majestad.

- Elendur.

- No creo que fuera prudente que ella se quedara…

- Pues yo creo que es lo mejor, tiene amplios conocimientos en este tema… y estoy seguro que ella le dará los mejores cuidados que necesita.

- Sí Majestad.

- Espero que podáis ayudaros mutuamente, esto va también por ti Eleanor.

- Sí- dijo la elfa.

- Ahora si me disculpáis tengo cosas que hacer.

- Por supuesto Majestad-dijo respetuosamente Elendur.

El rey Ílimo se retiró y los sanadores volvieron a sus labores, Eleanor se acercó a la cara del elfo y le dijo susurrando:

- Sanarás, te lo prometo.

- Mamá tengo miedo ¿dónde estás?

Isilion estaba rodeado por una oscuridad impenetrable, no había luz, no había nada; se movía, o eso creía, se agachaba pero no notaba el suelo, la oscuridad lo devoraba entero.

- Mamá ¿por qué te fuiste?

Isilion intentó pensar con claridad pero no podía, estaba solo, a oscuras, sin remedio para salir.

- ¡Mamá no te vayas! Mamá… ¡Mamá!

Isilion se palpó la cara, estaba llorando incontrolablemente, no había forma de salir, estaba totalmente solo, no había nada ni nadie que pudiera ayudarle, nada, solo la oscuridad y el silencio eran su compañía.

- Mamá ¿Por qué tuviste que morirte cuando aún no te conocía?

Elendur estaba hecho una furia, por suerte había conseguido una entrevista con Ílimo en el momento:

- Majestad.

- Elendur.

- Mi señor, Eleanor ha puesto guardias en las puertas e impide que entremos en la habitación.

- Lo sé Elendur, y también sé que habéis evitado que ella se ocupara de Isilion.

- Majestad, nosotros…

- De ahora en adelante no cuidaréis de Isilion salvo orden mía o de Eleanor, si os acercáis sin su permiso o la entorpecéis, poniendo por ello en peligro la vida del elfo responderéis ante mí.

Eleanor estaba atareada, por un lado preparaba un ungüento, mientras en un rincón en el que había una pequeña chimenea había un pequeño caldero con una sustancia transparente, como agua, que borboteaba, de vez en cuando la elfa dejaba lo que hacía y arrojaba unas hierbas en el fuego; la habitación estaba caldeada, pues ya hacía frío, y se respiraba un olor que recordaba al olor de un bosque después de una lluvia. El elfo seguía inconsciente pero las heridas estaban cicatrizando, aunque aun daban sustos algunas, sobre todo la de la espalda, y otra peligrosamente situada cerca del corazón que no cicatrizaba correctamente, todavía sin explicar; las heridas cicatrizadas habían dejado una señal blanca, y en su cara, a pesar del color aun pálido, se notaban las heridas, dándole un aspecto grotesco; del brazo aun no se sabía a ciencia cierta si estaba recuperando fuerzas o no.

- ¿Se puede?

- Pasa.

Por la puerta entró un varón, trayendo unas vendas, sábanas y ropas limpias; Eleanor hizo un gesto y este las dejó encima de un baúl. El elfo le dirigió una mirada a Isilion y dijo:

- ¿Hay alguna mejoría?

- Apenas.

- Si hay algo que pueda hacer dímelo.

- Muchas gracias por tu ofrecimiento pero por ahora ya has hecho lo que necesitaba.

- Bueno…-el elfo empezó a retirarse.

- Featarya, no te culpes por lo que le ha pasado a Isilion, estoy segura de que él te diría lo mismo.

El elfo se fue rápidamente de la habitación, dejando sola a Eleanor. La elfa paró un momento y le dirigió una mirada al elfo, suspiró y continuó su tarea, infatigable.

El elfo siguió llorando, la oscuridad le iba consumiendo lentamente; viejos sentimientos iban aflorando:

- ¿Por qué nadie me quiso como un hijo? ¿Por qué no me dieron amor? Yo quería amigos de verdad, no por compasión. ¿Por qué nadie me felicitaba cuando hacía algo bien?

De pronto notó algo, un olor a bosque, sensaciones extrañas como caricias, sonidos extraños como si alguien le hablara pero en un idioma extraño, pero no sabía de donde venían, ¿era una ilusión? Algo en él le decía que era verdad, que podía salir y por un momento la esperanza prendió su corazón… sin embargo la llama se apagó por la oscuridad, le devolvió a la realidad, o lo que él creía que era real, ¿quién se iba a preocupar por él? Él, un paria, un extraño, un monstruo ¿quién podría amarlo? Él, un tullido, herido e incapaz de avanzar o levantarse si quiera ¿cómo se atrevía a pensar que podía escapar de allí? ¿Quién se dignaría a llamarle soldado después de su vergonzosa derrota? Isilion siguió llorando:

- Tenía que haber muerto ¿de qué sirve vivir? ¡Mátame, acaba con mi sufrimiento, con mi vida!

Y la oscuridad empezó a devorar su vida.

La noche ya había caído, y el elfo llevaba más de cuatro semanas sin despertarse, las heridas habían cerrado pero su estado era lamentable, no comía nada sólido, no despertaba, no daba señales de vida ni hacía el más mínimo gesto, parecía muerto; estaba esquelético, su piel era blanca como un cadáver y cubierta por cicatrices escondidas por el color, su pulso era imperceptible y apenas respiraba. Por fin habían hecho las paces ella y los sanadores pero ninguno acertaba los motivos por los cuales permanecía como muerto. Eleanor estaba en la habitación, sola, sentada al lado de la cama como siempre:

- Lo hemos probado todo, y no funciona nada- se le llenaron los ojos de lágrimas-; los demás se han rendido pero yo… no lo haré.

Sacó un instrumento, la flauta de Isilion, y empezó a tocar una melodía, la música que tiempo atrás había tocado el elfo para ella en el bosque. El sonido se extendió durante un largo periodo de tiempo, y al final se calló dejando que la música se extinguiera y una lágrima resbalara por la cara de la elfa.

Isilion dejó de llorar, un sonido bellísimo estaba inundando el vacío y lo recordaba, era la música que había tocado hace mucho tiempo para… Eleanor; era Eleanor quien hablaba, la que había estado cuidando de él, y él perdiéndose en tonterías sin sentido. Isilion se levantó y la oscuridad parecía empezar a romperse, ya sabía que todo era una tontería, él quería vivir, él quería estar con Eleano, él quería...

- Vardarion, Vardarion

Isilion se dio la vuelta, la oscuridad se estaba rompiendo, un haz de luz que parecía escaparse de una puerta le dio en los ojos, alguien le estaba llamando pero no era Eleanor, que seguía cantando.

- Vardarion, ven a mí… hijo mío.

No podía ser su madre ¿O tal vez sí? Y si no fuera, ¿Quién sería? La voz era dulcísima, maternal y amorosa, tanto que le hizo derramar dos lágrimas de felicidad, las últimas que derramaría en ese lugar.

- Vardarion.

Isilion avanzó, animado por la voz y la música, extendió la mano y empujó.

Isilion levantó ligeramente el brazo derecho, para luego dejarlo caer lentamente.

Kelusse

Este personaje recupera un 40% de vida.