Kelusse
Fin Guerra: Liantari Dimbar deja de Atacar
Armadas perdidas por "Liantari Dimbar" = 13
Armadas perdidas por "Realengo de Farothdin" = 3
Victoria para Realengo de Farothdin

Historias, leyendas y batallas en las tierras olvidadas de Arda.
Edicion 3
Finalizada · 19-03-2006
2007:01:30:16:54:56
Fin Guerra: Liantari Dimbar deja de Atacar
Armadas perdidas por "Liantari Dimbar" = 13
Armadas perdidas por "Realengo de Farothdin" = 3
Victoria para Realengo de Farothdin
Ya caía la noche sobre el campamento, que en los últimos días había crecido bastante, a causa de la llegada del pueblo de Heren, las gentes de la ciudad, se instalaron junto a las carpas de la Orden de la Rosa, alejados de los trolls, que continuamente hacían escándalo. Sólo unos cuantos se encontraban despiertos, vigilando los alrededores, entre ellos se encontraba Narquelië que se rehusó a quedarse en la cama, aunque las heridas, de su cuerpo aun eran patentes, ella ya se sentía bien; llevaba un traje negro y solo cargaba con Dûr, la espada sombra, entre sus ropas estaba una daga, con su insignia grabada, una Q tallada en oro, tenía agarrado el pelo hacia atrás y sus manos estaban cubiertas por unos guantes del mismo color que las ropas. Los guardias, no la molestaron y dejaron que moviera entre los árboles, sin duda alguna estaba buscando algo o alguien; de repente la perdieron de vista, se quedaron quietos, esperando.
Quariel, vio lo que quería ver, una sombra pasar entre las ramas, puso en alerta sus sentidos y entonces vio otras, espías de Liantari sin duda; con gran esfuerzo se subió a un árbol y al igual que el enemigo, se movió entre las ramas, tratando de no hacer ruido; le costaba demasiado, ella no se subía a los troncos, como los elfos y moverse en su territorio, no era sencillo para una mortal y menos, para una herida. Sin embargo consiguió lo que quería, se puso a la par del primero, lo agarro con las manos y le rompió el cuello.
-Uno menos-dijo para sí, el cuerpo cayó al suelo, a Narquelië eso ya no le importó.
Siguió con su tarea y mato a cada uno en silencio, los cuerpos caían inertes en la tierra, haciendo ruidos huecos. Lo guardias, sorprendidos, siguieron los movimientos de la asesina, cuando ésta termino, bajó de los árboles, estaba sudando y la herida del pecho se abrió, dejando paso a una ligera mancha roja, en sus ropas. Les ordenó que les cortaran la cabeza y que las guardaran en un saco, lo suficientemente grande para subirlo a un caballo, después se dirigió a las improvisadas caballerizas, tomó a un corcel de su orden y lo llevó al punto de encuentro. Ahí los centinelas, acomodaron el saco ya cerrado, la mujer montó al caballo y salió disparada hacia la ciudad, ocupada por Liantari Dimbar.
Al llegar, unos arqueros elfos le apuntaron desde las murallas, dispuestos atacar, Quariel abrió la bolsa, dejando que las cabezas rodaran por el piso.
-¡No voy a tolerar, espías cerca de mí ejército!- les grito- Estarán ciegos, justo en el momento en os destruya.
Saco la daga y con la puntería de un arquero, la lanzó, dándole en la cabeza a unos de los guardias, que murió con una cara de sorpresa, cuando los demás reaccionaron, Narquelië ya había dado la vuelta y cabalgaba a toda velocidad, la envolvió una extraña sombra, formada por sus fieles sirvientes, unos cuervos tan negros, como la mismísima no luz de Ungoliant. La mujer, se tocó la herida y miró enojada la sangre entre sus manos, si no se curaba pronto, no podría luchar más.
Las luces del campamento, comenzaron a distinguirse, los cuervos volaron con la orden expresa de avisarle, por cualquier movimiento del enemigo. El caballo aminoró el paso, hasta detenerse enfrente de su tienda, Manik le ayudo a bajar y a caminar, ya no le quedaban muchas fuerzas, se sentó en la cama y cerro los ojos. Al recobrar el aliento, mando a su sirviente a que le avisara Caladan de lo que había hecho, tenían que prepararse, por si los atacaban.
Al cabo de unos minutos, Featarya entró en su carpa y se le acercó, el joven sirviente le ofreció una silla, pero el elfo la negó amablemente, Quariel le hizo una seña con la mano y Manik desapareció por la entrada.
-Acabo de enterarme de lo que hiciste –dijo el elfo con un suspiro.
-Sí tu propósito es quejarte, ya te puedes ir –le contestó la atani – No estoy de humor para recibir reproches
-No vine a quejarme, sólo quería decirte que es increíble lo que hiciste, sólo una mujer tan vil como tú, podría hacerlo.
-Ya lo sé, esta dentro de mi naturaleza malvada, creeme, lo volvería a hacer, puesto que a diferencia de la mayoría, yo estoy segura de lo que hago.
-Y yo también, por eso nunca haría semejante cosa…pero bueno. Ahora sabes que provocaste al enemigo y que recibiremos un ataque en cualquier momento.
-Porqué otra razón me molestaría en hacer lo que hice –contestó Narquelië de forma irónica.
-Te traje un té – Caladan ignoro el comentario y le tendió un jarro- esta hecho con hiervas medicinales.
-No, gracias.
-¿Cómo, no vas a pelear?, apenas te puedes mantener en pie, esto te ayudara a recuperar fuerzas, y podrás ser mas eficaz en la batalla. Yo tengo algunas ideas que preparar, descansa y mañana temprano prepara a tus hombres, si tenemos tiempo podremos organizarnos bien –el elfo no espero respuesta, se dio la vuelta y se fue, sin más que decir.
Quariel miro el jarro, se tragó el orgullo y se tomó el té, era un sabor dulce, que le recorrió la garganta, unos instantes después, se sintió mejor, se levantó, se quitó la ropa y se cambió las vendas, al terminar se metió en la cama y trató de descansar, necesitaba fuerzas, para lo que venia.
Featarya dejó la carpa de la mujer, para dirigirse a la de Isilion, abandonó las tiendas de la Orden del Lirio y se internó en el campamento de la Rosa; dos curanderas salieron de la tienda del elfo, le dejaron el paso y se alejaron caminando. Al entrar se lo encontró, recostado en la cama, estaba despierto, absorto en sus pensamientos, lo saludó con un movimiento de cabeza, Caladan jaló una silla y se sentó junto a él. Para su sorpresa, fue Isilion el que le habló, tratando de no esforzarse.
-Las curanderas, ya me contaron lo que hizo- le dijo, refiriéndose a Narquelië- Esa mujer no tiene remedio; tendrás poco tiempo para organizarte amigo mío, te recomiendo, que no dejes que se acerquen al campamento, es muy peligroso.
-Lo sé-le contesto Featarya- los interceptaremos en el bosque, con la ayuda de los ents.
-Me parece bien- Isilion suspiro cansado- Esta vez no podré acompañarlos, tendrás que controlarla tú solo.
Caladan asintió en silencio, y se quedó un rato más hasta que Isilion se durmiera. Salió de la carpa y se dirigió hacia un capitán del batallón rojo, de nombre Bargabot y le dijo:
–Estén atentos ante cualquier sorpresa, esperemos pasar la noche tranquila, pero manténganse alertas- Bargabot asintió e informó a sus hombres.
Featarya se alejó un poco del campamento, se subió a un árbol y se comenzó a deslizarse entre las ramas hasta subirse a la copa de un árbol robusto. Por supuesto se trataba de un ent que comenzó a moverse.
- Mm, ¿Qué tenemos aquí?, un pequeño elfo jugando entre los árboles.
-¿Cómo estas mi buen amigo?-le dijo Featarya- necesito tu ayuda, es posible que unos orcos ataquen el campamento, tenemos que interceptarlos y mantenerlos alejados lo mas posible.
-¡¿Orcos?! Mm, ya entiendo –le contestó el pastor- ¿Y dónde quieres que los embosquemos?
-Por ahora camina en aquella dirección, y avísale a los demás que te sigan –entonces los ents comenzaron a caminar hasta llegar a una zona poco arbolada, se detuvieron y quedaron inmóviles. Featarya quedó en silencio, escuchando a los árboles, el viento soplaba frío por encima del bosque, hasta que se hizo la mañana, el elfo detectó que el enemigo había entrado al bosque. Bajo del ent y corrió rápidamente hacia el campamento. Al llegar vio a Narquelië que ya estaba despierta, organizando sus tropas.
-Vamos, no hay mucho tiempo, ellos están cerca –le dijo Featarya.
-¿Y tus hombres? –preguntó Narquelië.
-Creo que los tuyos serán suficiente –contestó el elfo, con su típica sonrisa.
-Sí, lo sé –dijo la mujer de forma vanidosa, avanzaron rápido por el bosque- pero, ¿Cuál es el plan?
-La idea principal es atacar y echarlos –dijo Featarya mientras estaban llegando al lugar previsto por el elfo- pero es importante que no nos vean, antes que a los ents, ellos no esperan un ataque en este lugar, por eso hay que esperar que los ents rompan sus filas así que, hasta que no dispare la primera flecha, no ataquen.
A Narquelië no le agradó mucho la idea, pero sabía que el elfo podía llegar a ser tan terco como ella, por eso decidió no perder el tiempo, en una estupida decisión. Featarya, trepo a un árbol sin perderse de vista.
El aire estaba denso, había un poco de niebla entre los árboles. Hasta que apareció el ejército de Liantari, dirigidos por un robusto elfo que gritaba ferozmente, cuando inesperadamente fueron atacados por los ents, sólo dieron pocos golpes, sin embargo lograron bajar un gran número del enemigo. Featarya preparó una flecha, mientras Narquelië le prestó atención, el elfo tensó el arco y la flecha se hundió en la garganta de un orco, que cayó al lado del dirigente, el batallón rojo inició su ataque, saliendo inesperadamente de los árboles, sorprendiendo de nuevo a Liantari, que al recibir el ataque de aquellos hombres furiosos, tocaron la trompeta de retirada y huyeron despavoridos. Narquelië iba a ir detrás de ellos pero Featarya la detuvo.
-¿Qué estas haciendo? –Preguntó Quariel- podemos acabar con ellos.
-No tenemos la fuerza suficiente –le contestó Caladan- debemos mantener terreno.
-Están muy débiles, hay que aprovechar la oportunidad.
-Si vamos detrás de ellos, nos harán la misma trampa y cometeríamos el mismo error, eso seria muy estúpido.
-Pero, cuando vuelvan vendrán mejor preparados.
Featarya se acerca a Narquelië, le tomó su hombro y le sonrío
-Y nosotros también.
Quariel desvió la mirada, sí por lo menos pudiera vengarse de aquella mujer… Entonces y para su alegría, alcanzó a oír un grito, miró hacia donde provenía el sonido y vio, como un ent lanzó a una de las dirigentes, por los aires, esta cayó en el suelo, se levantó tambaleándose y sacó su espada, sin embargo, el golpe le afecto bastante, por lo que tuvo que retirarse, con la ayuda de un orco. Narquelië le devolvió entonces la sonrisa a Featarya y su sonrisa denotaba, cierta maldad.
-Ya estamos a mano, la próxima vez, la matare yo misma- dijo, mas para sí, que para el elfo, que la miro sin entender- Tienes razón elfo.
Le gritó a Bargabot y le ordenó que se reagruparan, para regresar al campamento, Featarya se trepó de nuevo a los árboles y fue junto a los ents, finalizando así la fugaz conversación.
[Editado por Elenmir el 23-01-2007 23:54]
De una despedida
Las estrellas luchaban por mostrar su esplendor a través de tantas nubes, la madrugada llegaría sin rastros del sol, Morë dormía plácidamente sobre el ancho marco de una ventana en una casa abandonada, soñaba con las flores tan hermosas que podía disfrutar apenas una vez al año allá dónde toda su vida la acompañaron solo los muertos, pero algo perturbó sus sueños, escuchaba una voz distante que llamaba su nombre, su despertar fue doloroso, sus heridas continuaban abiertas, poco a poco tomó conciencia del cuarto que la rodeaba junto con la figura de su querido Comandante que la llamaba al mundo de la vigilia con palabras suaves.
- Morë... doncella de mis sombras, despierta pequeña... despierta.
- Ya estoy despierta, no hay necesidad de que me lo sigas pidiendo, querido espectro que me acompañas en estos momentos... ¿que te hace perturbar mi sueño?...- Le respondió la hechicera con una sonrisa brillante.
- Me han llegado noticias con una de las almas menores, desde que dejamos a mi superior no ha cesado la búsqueda. - El espectro hablaba lentamente pero con claridad.
- ¿han encontrado algo? - Morë se mostraba ansiosa.
- Parte del libro mayor ha sido recuperada.
- ¿No hay huella del resto del libro? sabes que no puedo desarrollarme completamente como hechicera hasta que tenga el libro completo.
- Tienen una pista, pero tendré que regresar a dar las ordenes, mandaré a la misma alma menor que nos visita esta vez con la parte del libro que han encontrado - El espectro hizo una seña amplia con el brazo mostrando a Morë a su acompañante (Morë la miró un poco desconcertada acababa de notar su presencia) una pequeña alma de niña que la miraba con curiosidad. En ese momento Morë pensó dos veces en lo que le estaba diciendo, se levantó de golpe, como si una gran corriente de agua helada le recorriera el cuerpo.
-¡¿No piensas regresar acaso?! - Morë lo miraba inquieta.
-Mi tumba está muy lejos... ansío regresar... - El espectro no mostraba trastornos en la voz, pero la hechicera sabía de la nostalgia que lo acogía.
- ¡¿Me dejarás sola entonces?!, ¿Después de que me juraste lealtad eterna? - Morë lo miraba convencida de que le convencería para que se quede.
- Y no he faltado a ese juramento, te seguiré siendo leal por siempre, y en caso de que me lo pidas, tú, doncella de mi vida, me quedaré, pero, ¿me pedirás acaso que continúe aquí sin serte de ayuda, contemplando las batallas que ya no podré luchar, mirando los ideales que me atormentan, cuando los recuerdos de la vida pasada parecen tan reales, cuando me parece que presencio mi propia muerte a cada paso? ¿ No preferirías tal vez que continúe con la búsqueda de aquello que te es tan importante?.
Morë bajó la mirada como pocas veces en su vida, pensando un momento en retenerlo, pero sus prioridades estaban muy lejos, era mejor dejarlo partir, al final de la guerra lo vería nuevamente, hasta entonces, su vida sería completamente entre mortales por primera vez.
- Ve, regresa... pero no olvides las páginas del libro... y un par de flores, de las que solo hay en casa, a su tiempo nos volveremos a encontrar amigo mío - Morë le dio unas cuantas instrucciones más y lo vio partir, se vio sola, triste, dolorida y cansada, pero su rostro se mantenía inalterable, pronto amanecería.
*** *** ***
Un orco corría con toda su fuerza por la ciudad en busca de los dirigentes, llevaba mucha prisa y tropezó varias veces, por fin se encontró con alguien que escuchara su mensaje, frente a él se encontraba un elfo.
- El enemigo a dejado una amenaza en la puerta...- el orco jadeaba por la emoción y el cansancio del camino - me mandaron a llamarlo...
Kael no le dirigió una palabra, solo se dirigió a la entrada de la ciudad, esperaba noticias de un grupo de espías que había mandado a espiar el campamento que lucía las banderas de Realengo, pero para su sorpresa, al mirar desde el muro que protegía la ciudad divisó las cabezas inertes de sus espías, un pequeño relámpago de furia atravesó sus ojos.
*** *** ***
- No podemos simplemente atacar por impulso, necesitamos una estrategia...- Morë hablaba con fuerza.
- Nos están incitando a luchar, lo que han hecho es una gran ofensa, no podemos quedarnos sentados a observar, han sido soldados liantaris quienes han perdido sus vidas, necesitamos atacar ahora mientras no han reunido toda su fuerza. - Kael estaba irritado, todavía lucía las heridas de la batalla anterior, y no podría luchar.
- Nos han ofendido y no lo dejaremos pasar así de fácil, el tiempo apremia, aunque me preocupa que no podáis dirigir a las tropas - Nimkáno mantenía la cabeza fría aunque se encontraba claramente molesto, solo a Morë parecía no importarle en lo absoluto que rodaran las cabezas, o que les amenazaran tan descaradamente.
Pronto se decidió atacar, Kael que no quería quedarse atrás se subió a un caballo y se quedó para cuidar la retaguardia, Nimkáno y Morë que estaba con suficiente fuerza como para ir a luchar iban al frente del batallón, los orcos ardían de furia y estaban más dispersos que de costumbre, fue difícil que formaran filas, la batalla les costaría mucho, pero Morë iba decidida, se divertiría mucho de una u otra manera.
Cuando el batallón estaba acercandose a los bosques en las cercanías al campamento enemigo, y por descuido de unos orcos incautos que se adelantaron a la fila, un par de ents salieron de formación, muchos cayeron, Morë los miraba furiosa, morían por desorganizados, les gritaba que vuelvan a sus filas, pero eran cada vez más los que se separaban, pronto, la batalla se tornó sangrienta, Morë luchaba con todas sus fuerzas, una estocada, luego otra, pero pronto, el enemigo empezó a retirarse, al parecer no pensaban quedarse y perder armadas por un territorio ajeno.
La hechicera estaba transformando su tristeza en ira, y junto con lo molesta que le habían puesto todos esos orcos, su furia se descargaba en el enemigo, pero un golpe la mandó por los aires, un ent detenía su furia de un manotazo, cuando se levantó se tambaleó mucho, el golpe la dejó aturdida y con un par de costillas rotas, incluso bajo su armadura, entonces sintió las horribles manos de un orco que trataba de llevarla con el batallón que se retiraba, por un momento se dejó llevar, estaba impresionada, era la primera vez que conocía un orco comedido, pero la suerte no le acompañó mucho a este orco, Morë que llevaba su espada que clamaba el fragor de una batalla, le cortó la cabeza mientras le decía:
- ¡Hoy mereces la muerte por comedido! - Los soldados que vieron la escena la miraron con miedo, Morë los miró un momento y salió corriendo, perseguiría al enemigo por los bosques, pero su furia no estaba saciada, sacó su daga y la lanzó atravesando la cabeza de un hombre que huía.
- ¡Aun no termina la batalla!. - Morë recuperó su daga y continuó corriendo, la niebla comenzaba a cubrirlo todo muy espesa, tropezó con el cuerpo de un orco que yacía decapitado, una flecha se le clavó en el tobillo, y cayó sobre una piedra rompiendose la cabeza, pronto quedó inconsciente, y las sombras que la vieron nacer la rodearon mesclandose con la niebla, pronto nadie podía verla.
Nimkáno fue en busca de la hechicera pero no lograba ver nada, de pronto todo era obscuridad y niebla, caminaba con cuidado, pero se tropezó con un cuerpo, un mal presentimiento le recorría el cuerpo, se agachó y lo único que pudo ver fue la luz de las estrellas reflejadas en la espada de Morë, pasó su mano por el rostro de la hechicera y sintió que pronto moriría si no hacía algo, posó su mano en la cabeza de Morë y usó sus poderes para evitar que muera, lo único que sentía bajo sus dedos era la cabellera ensangrentada de la hechicera...
Resumen de la batalla.
Realengo de Farothdin ha perdido 3 armadas x35= 105 puntos.
Recuperables: 70 puntos.
Valoraciones: 7,4+8+8= 7,8
Recupera: 55 puntos.
Pierde: 50 puntos.
Liantari Dimbar ha perdido 13 armadas x35= 455 puntos.
Recuperables: 303 puntos, al hacer uso de un poder especial.
Valoraciones: 7,6+8+7,8= 7,8
Recupera: 236 puntos. Los dirigente de la compañía han sufrido daños por el 70%, por este concepto recupera 245 puntos. Total recuperación: 481 puntos.
No pierde puntos.
Liantari Dimbar entrega 100 monedas a Realengo de Farothdin por el abandono de la batalla.
Compañías actualizadas y listas.