Aratan hijo de Arahad
Darlak Lórindol, Senescal Ohtari y Señor de Mellon Vilya
Hermano en las armas y amigo, os escribo en esta ocasión una vez más con malas nuevas desde el norte, donde los larianos se niegan a ceder un solo metro de terreno y, por el contrario, nos fuerzan a seguir retrocediendo. Además, un vil norteño me atacó a traición durante la retirada dejándome una herida que ha causado ciertos problemas por algunos días, pues su cura ha sido menos rápida de lo que podía desearse, aunque debo admitiros que los curadores estaban más preocupados que yo mismo y calificaban mi calma de insensatez; sin embargo, lograron retenerme por varios días dentro de la tienda sin movimiento alguno.
En este momento, lo sé, debería estar escribiéndoos acerca de la batalla, los pormenores y preguntando sobre los pasos a seguir en el futuro; no obstante, apelo a vuestra paciencia y comprensión, pues aprovecharé para divagar en unas cuántas líneas acerca de aquellas cosas que no puedo - o mejor dicho no debo- compartir con aquellos que esperan mis instrucciones allá afuera. Hombres dignos de confianza abundan, pero poner el peso de mis reflexiones y divagaciones, muchas sin sentido, sobre sus hombros que han sufrido ya largos meses de incertidumbre y derrota en estos parajes me parece que sería innecesario y tal vez injusto.
Y refiriéndome a las rarezas de estas tierras, temo admitirlo, pero al principio, tras la primera batalla que libré aquí, pensé que los Valar estaban de lado de Lara pues semejante suerte para lograr recuperar una ciudad ya caída no podía ser más que obra de las gracias de este mundo. Asimismo, todo el terreno, el clima, el viento, las estrellas, son un recordatorio de que nuestra presencia no es bien recibida y que debemos marcharnos, tomar el camino al sur, el barco más cercano, y regresar a nuestras tierras. Mientras me traían inconsciente al campamento, tras ser expulsados de la granja que habíamos ocupado, temía estarme volviendo loco o tanto peor, estar muriéndome, pues las nubes me hablaron con rostro que no logro identificar y me dijeron que debía irme, que debía retirar a las tropas, que no había victoria posible y que todo lo que allí conquistaríamos serían derrotas, deshonor y una muerte segura… ¡y ahora entiendo! Todo lo que sucede aquí, la inquebrantable solidez de las defensas quebradas diversas veces de Lara que aún así se resisten a caer y el clima maléfico, son justamente eso… maléficos. Estos viles traicioneros no tienen la protección de los valar, muy por el contrario, me temo que tienen de su lado el poder de alguna fuerza oscura. No puedo saber qué es, pero sé que la protección que tienen no viene de Aman y mucho menos de parte del mismísimo Erü que jamás interviene directamente en asuntos de Arda y que en modo alguno defendería la causa indigna de estas decadentes tierras de Lara.
Así, estoy cada vez más motivado a llevar esta compañía a la victoria sobre estos enemigos no solo de nuestro reino, sino del bien en Árador. Sé que todo estos os parecerán locuras y alucinaciones de un enfermo, y puede que tal vez lo sean, pero de cualquier manera tengo la lucidez suficiente como para no permitir que mis divagaciones y conjeturas guíen mis acciones y mis órdenes sobre esta compañía. Nunca sabré si lo que pienso es cierto, pues las criaturas de la oscuridad obran ocultas y saber de su existencia me será imposible; sin embargo, existan o no, me resulta tanto más satisfactorio saber que estoy combatiendo contra algo más fuerte que mi propia naturaleza y que debo luchar más duro que enfrentar la realidad que parece más evidente: la mala suerte está sobre nosotros y no hay esperanza alguna. La ayuda maléfica puede ser derrotada, pero un hado invisible que nos impide ganar…
La derrota en la granja la considero como culpa mía, pues debí suponer que ellos, que conocen el territorio, podrían encontrar una forma de entrar y tomarnos por sorpresa. No obstante, todo lo que hice fue enviar vigías a buscar posibles entradas secretas por las que pudieran emboscarnos… ¡sin pensar que si eran realmente secretas no las encontrarían! Torpeza mía. Y fue exactamente como sucedió: salieron por debajo de nosotros y nos obligaron a retroceder. La mejor opción fue la retirada, pues tener más bajas en una situación así, luchando por una tierra sin importancia de la que ya habíamos conseguido todo lo que necesitábamos hubiera sido una peor torpeza que la anterior, si es que cabe esa posibilidad. La retirada fue tranquila, salvo por aquel pillastre que me hirió y tiñó de sangre nuestro campamento. Podría decirse que el error que cometí no nos costó caro, aunque no dejan de pesarme las muertes de aquellos valientes que pagaron con sus vidas; no nos costó caro, pero melló más la autoestima de los hombres, que podría decirse ha sido una pérdida significativa cuando no cuantificable. A eso debéis sumar la inquietud propia del exilio, pues hace meses que estos fieros hombres no ven sus hogares ni a sus esposas y no han sido bendecidos con el bálsamo del saqueo. Sin embargo, estoy seguro de que algún lariano, ocasionalmente, traicionará a su patria y nos ayudará a encontrar un terreno realmente ventajoso o, en su defecto, a tomar alguna ciudad rodeados del mayor silencio para de ese modo satisfacer las necesidades de este, vuestra compañía.
Las noticias acerca de la alianza establecida con nuestros nuevos dos clanes hermanos me llena de dicha, pues os mencioné hace mucho que personalmente no aceptaría una alianza con este reino inhóspito en que me encuentro, mas sí con clanes fuertes y correctos con los cuales pudiéramos contar realmente sin necesidad de sospechar constantemente y cuidar nuestras espaldas de nuestros propios aliados. Sin embargo, me gustaría que me informarais cómo modifica esto mi posición y la de esta compañía dentro de Helkelen Lara, pues se me hace evidente que la ofensiva seguirá. ¿Enviaréis refuerzos a estos lejanos parajes u os mantendréis allá de modo que podáis defender el reino? ¿Si una compañía fuese enviada aquí, cuál sería mi destino? ¿el oeste? Esperaré vuestras indicaciones antes de movilizar a la compañía, aunque no sea fácil pues como os lo mencioné antes, la inquietud cunde en el campamento y las reyertas internas están a la orden del día… no es de extrañar, la soledad en este sitio es abrumadora… sea lo que sea que hagáis, daos prisa, pues pronto estaré recuperado de mi lesión y sabéis que odio la inacción.
Vuestro hermano en las armas y amigo,
Aratan hijo de Arahad
