Kael del Desierto
Hace tiempo que no despierto con el dulce aroma de hierbas verdes,
Ni con el alegre canto de aves melódicas.
Me aguarda el aroma a chozas quemadas, el aroma del sufrimiento.
Mi espada llora derramando gotas rojas de sangre, mi arco canta en la oscuridad.
Despierto con el temor de ya no despertar. Canto por el temor de ya no escuchar.
La soledad me aterra más que la muerte.
Hace ya tiempo que no contemplo sonrisas en caras de niños.
Ya no queda nada, ni pequeños, ni mujeres, ni guerreros.
Solo se escucha el eco de las voces de antaño, en las cimas de las montañas
O en las profundidades de los bosques.
Ya no se escuchan las arpas doradas en los altos salones, nada queda.
La soledad me aterra más que la muerte.
Cada día se convierte en un desafío y mantener la vida es el más difícil.
Mis labios están sedientos,
Pero no por falta de agua, sino de amor.
Solo sirvo para esgrimir una espada, y derramar sangre sin control
Cada respiro que tomo es más y más denso
El descanso es mi única salvación.
La lluvia limpia mis sucias manos de cazador,
Mi alma se refresca buscando nuevas esperanzas.
No encuentro respuesta a mis plegarias, ni camino a mi alrededor.
Frío se convierte mi sudor, y oscura mi mirada
Recuéstate a mi lado bella muerte y vela el descanso de mi espada
Que la cruda mañana nos contemple enlazados para siempre.
Kael esperaba sentado e impaciente. Luiniel le dictaba rápidamente unas órdenes inteligibles. Le estaba agradecido a la elfa pues tiempo atrás ella lo había tomado como a un subordinado. Aquello había sido justo...El le había salvado la vida...
Por la puerta apareció esta vez de verdad Sâldan y Eriaphne. La semielfa le dedico una sonrisa picarona a Kael rememorando sus encuentros en los desiertos:
- Kael hermano - dijo Sâldan abrazando efusivamente a Kael - que de tiempo… -
- Pero, ¿como me habéis encontrado? -
- Fácil...Te vi estudiando sobre estas tierras. Decidimos seguirte. Tras eso oí que de nuevo te habías metido en apuros... - Sâldan lo miro
Tras ese comentario Kael rió. Satisfecho estaba de reencontrase con viejos amigos. Sâldan un humano de piel morena. Sus ojos y su cabello eran negros como los de casi todos los hijos del desierto. Eriaphne era una semielfa. Su piel fina y tersa era morena. Sus cabellos eran rojizos al igual que sus ojos que ardían cual fuego:
- Y...¿Bârn y Arial? ¿Donde están...? - preguntó Kael.
- Eso era una sorpresa-respondió Sâldan. Llevo a Kael a la terraza. - Allí - señalo hacia abajo.
Allí abajo estaban...Las brillantes armaduras de los hombres de Rûhn relucían contrarrestadas por los apagados colores apagados de las ropas de los hombres del sur. También estaban los Khandianos vestidos de ceniciento. Sobre sus ropas armaduras de cuero rojizo. En los estandartes la serpiente roja que representaba al ejercito que una vez hubiera comandado Kael: Angocarnë. La Serpiente Roja...:
- Allí esta Bârn y Arial... - dijo Sâldan.
Bârn era un Khandiano. De piel morena y cabellos negros lucia un enorme bigote al estilo khandiano. Arial era una joven sureña. De piel pálida y cabellos negros como la noche.
Eriaphne aparo a Kael. Vestía de manera vaporosa para soportar el calor del desierto:
- Te eche de menos... - le dijo - ¿Por que te fuiste sin decir nada? -
- Me obligaron... Si no os matarían a vosotros... -
- ¿Quien? ¿Quien haría tal cosa? -
- Garh ese maldito... ¿A que cuando yo me fui se alzo con el poder? -
- Si... intento matarnos por eso huimos y decidimos seguirte... -
- Vaya...- dijo Kael. Abrazo con ternura a Eriaphne.
- Tengo frío... aquí hace frió... Estaba ya acostumbrada al calor del desierto... -
Kael la abrazo más fuerte y la beso lentamente. Como la había echado de menos... Su contacto, su olor, su pelo, sus ojos... Aquel momento íntimo lo interrumpió Luiniel.
Luiniel era todo lo contrario a Eriaphne. Tan fría, tan dura y severa... tan... inalcanzable... Sus ojos azules era como el mar... Kael bajo la mirada incomodo sintiéndose un traidor hacia Eriaphne... Salieron del balcón y se dirigió a unos de los aposentos con Eriaphne. Se olvido de todo... Eriaphne, la bella semielfa del desierto... Sin embargo la mirada Luiniel seguía persiguiéndole... No podía escapar de aquella mirada...
Aquella noche soñó con aquella mirada... No podía escapar... no podía...
