Ohtaránë
Recostado sobre una lúgubre cama, recubierto hasta la saciedad por los vendajes que pretendían atar en mí la vida por algo más de tiempo. Entre la consciencia y la inconsciencia navegaba dando tumbo, en la balsa de los sueños, los recuerdos de días de antaño me dieron al final caza. Recuerdos de una vida pasada, pero latente en mí, sellada en mi piel como una gran marca a fuego.
Fui criado por orcos, los mismos que mataron a mis padres. No fue precisamente por clemencia. Creo que al jefe orco se le metió en la cabeza yo podría serle útil. Si fue así, debió salir con todo el resto cuando se la abrí de un tajo. Para seguir vivo entre esas bestias tuve que usar todo mi ingenio desde niño. Pero no por ello me libre de los brutales castigos. Encerrado en una celda en una de estas innumerables ocasiones, puede escuchar, mientras curaban las heridas palpitantes y abiertas sobre mi cuerpo, un canto (si es que así puede llamarse al pronunciado lamento de un mísero orco) procedente de la celda contigua que dudo algún día olvidar.
Tú Le odias,
yo Le sirvo,
a pesar de que Es
mi peor Enemigo.
Más que nadie en el mundo
Su maldad he sufrido.
Con Su ira y Su odio
Él me ha retorcido.
Soy Su obra corrupta,
y mi padre, y mi hijo,
generaciones enteras
que sirven a Sus designios,
tropas, enjambres, hordas
de los Hijos del Maldito.
Todo oscuro.
Torbellino de luz negra
arrastrando mi alma
al furor de la tormenta.
Rojo y negro,
fuego y guerra,
sangre y muerte
en las tinieblas
que cubren con su mortaja
la resquebrajada tierra
y con ella mi alma.
Nací para ello,
(¡No quiero!)
para ello Le sirvo.
(¡No lo he elegido!)
Soy brutal, repugnante,
(¡Me odio!)
un cobarde asesino.
(¡Le odio!)
Nací en las entrañas
(Le sirvo)
del más negro abismo.
(¿Por qué yo?)
No ha esperanza,
(En ningún sitio)
no hay más destino
(¡No es justo!)
que envidia y venganza.
(Te odio. Maldito.)
¡MALDITO!
Pues ves mi alegría,
cruel, retorcida.
Es una mentira,
me mantiene con vida.
No ves mi dolor,
mi miedo, mi envidia,
no ves las razones
de mi negra malicia,
no ves que mi alma
se retuerce, agoniza,
sin que sepa el por qué.
Ves el daño que causo.
No ves el dolor que sufro.
¡Estás sordo, estás ciego!
Es normal, no te culpo.
Pero guardo un rencor
desgarrado y profundo
al verte feliz
en tu idílico mundo.
Pues el mío es horror,
mi mundo es oscuro.
Me niegan la luz.
Me llaman inmundo.
Me niegan lo digno.
Me arrojan lo impuro.
Me arrojan maldad
y hambriento, la engullo,
pues llena el vacío
por unos segundos.
Después busco más.
Tú Le odias,
yo Le sirvo,
a pesar de que Es
mi peor Enemigo.
Con Su ira y Su odio
ÉL me ha retorcido.
Soy Su obra corrupta,
y mi padre, y mi hijo,
generaciones enteras
que sirven a Sus designios.
Tropas, enjambres, hordas
de los Hijos del Maldito.
