La Guerra de los Clanes

Historias, leyendas y batallas en las tierras olvidadas de Arda.

Edicion 3

Árador, Tierras de la Aurora

Finalizada · 19-03-2006

Historia Por Vida. Liantari Dimbar. Morë.

2007:02:03:09:37:41

Morë

La brisa acariciaba las copas de unos árboles casi muertos, una niña corría sin rumbo, y el sol quemaba despiadado, el césped bajo los pies descalzos de la niña era amarillento y le quemaba la piel, continuó así, corriendo, hasta que en un momento divisó una gran planicie que brillaba como un espejo.

-¡Agua!- gritó varias veces y aceleraba el paso, los pies le sangraban y sudaba tanto que su muy pesado vestido azul se le pegaba al cuerpo.

-¡Agua! - continuaba gritando, tratando de llegar a la planicie, que parecía estar cada vez más lejos...

Morë abrió los ojos de golpe, su respiración estaba muy agitada y el dolor del cuerpo la llenaba poco a poco, pero pronto notó que todo fue solamente un sueño, una pesadilla que no la quería soltar.

Miró a su ruedo y se entristeció al encontrarse completamente sola, esperaba encontrar aunque sea a uno de sus espectros, a los amigos de su vida, pero al final, siempre estaba sola, de una u otra forma, el día comenzaba y terminaba con la misma angustia.

-¿Qué me pasó? - La hechicera murmuraba entre delirios...

-Tú deberías tener la respuesta.

-Crecí para ser fuerte, para no dejarme llevar por mis emociones, crecí para soportar cualquier pérdida...

-Creciste sola...

-Siempre hubo a mi lado alguien que me cuidaba.

-Creciste sin una sola muestra de cariño, ¿acaso no es eso soledad?

-¡No, sola no he estado! no debería desplomarme - El cuarto entero parecía una gran danza entre sombras y luz.

-Eres a quien no debe importarle...

-Hace tiempo aprendí a temer, a temer a la soledad (aunque estuviese completamente sola), a temer al afecto...

-Te has decidido por seguir un camino incierto...

-De muchas trampas y secretos...

Morë continuaba murmurando una discusión poco coherente, solo ella sabía cuanto le dolía la partida de su querido Comandante, solo ella conocía cuan irresponsable fue al dejarse llevar y querer perseguir ella sola a un ejercito...

Comenzaba a amanecer, la luz del sol llenaba la habitación por las grandes ventanas, luego de un momento, Morë sintió un leve cambio de temperatura, se sentó en la cama, se sorprendió mucho cuando sus ojos se encontraron con Taghos (a quien su querido Comandante suele llamar su " Superior")

Morë se llenó de emoción, no lo había visto desde que lo mandó en busca del libro, por ese tiempo conoció a Luiniel... se quedó pensando en ello.

-¡¡Taghos!! - El espectro hizo una reverencia ante la hechicera

-Que bueno verte consciente...

-¿has estado aquí mucho tiempo?

-Ayer llegué con la parte del libro mayor que hemos encontrado, pero te encontré devastada...

-¿te han dicho cuanto llevo inconsciente?

-Un par de días...

La conversación se prolongó mucho tiempo, pronto llegaría la tarde, y de vez en cuando pasaban por la ventana del cuarto de Morë orcos y soldados heridos. Taghos entonces, decidió contarle una historia a su doncella de las sombras, así mejoraría pronto... una historia que va así:

La nueva Atenas y su creador

Frank Du Champignon era un hombre visionario, al cual sus conocidos solían llamar: Fosforito por su carácter fuerte y su facilidad para enojarse, mas poseía una mente arquitectónica brillante. El sueño de su vida era el de poseer a su nombre toda una ciudad, de tal manera que pudiera crear una utopía, en la cual todos vivieran en igualdad de condiciones, claro de acuerdo a su esfuerzo y comportamiento en la comunidad.

Este sueño ya estaba en marcha, tenía ya compradas tres manzanas y dos edificios, los cuales derrumbó y a su visión artística reconstruyó, de tal manera que aumentaron sus comodidades, costo, y funcionalidad. De los dos edificios ubicados a ambos lados de la ciudad, el uno al norte y el otro al sur, los volvió a ambos altos y gruesos, de tal forma que desde cualquier parte de la ciudad se los podía ver, pronto se convirtieron en una forma de ubicarse para aquellos que vivían en esta ciudad, y aquellos que pasaban a visitarla, los admiraban por su gran belleza y estructura. Pero algo tenían aparte de su hermosura, que los hacía en extremo diferentes y especiales.

Aquel ubicado al norte fue bautizado por su creador con el nombre de:

La Estrella Del Primer Encuentro. Fue pintado en blanco y negro, de tal manera que el blanco superara al negro, y el negro le diera un aspecto de seriedad y hermosura. En cuanto a sus jardines estaban rodeados de naranjos, los cuales siempre estaban cargados, muchas rosas color rojo sangre, las cuales siempre estaban floridas, todo en el jardín estaba conectado por un camino de piedra que siempre parecía estar húmedo (ya que brillaba), el cual llevaba a una piscina hecha de la misma piedra, adornada con luces de colores, y cartuchos a los lados, también siempre floridos. Todo esto lo convertía en un oasis en la ciudad, pero, solo los inquilinos del edificio tenían derecho al uso de las instalaciones. En lo que respecta a el interior de este edificio, su puerta principal estaba hecha de cristal con un grabado de flores de loto en los bordes, y, en el centro de la misma, en letras plateadas, con una escritura a mano escrita de preciosas formas, el nombre del edificio: La Estrella Del Primer Encuentro. Al pasar por el pasillo de entrada antes de llegar a la sala común, sobresalían a la vista el piso pulcro de mármol negro, unas paredes perladas en cuya parte baja había un diseño muy fino en plateado de una enredadera de flores color rosa pálido, y colgados, dos filas de cuadros en blanco y negro, todos de una belleza impresionante. Al final del pasillo justo antes de entrar a la sala común se levantaba el puesto desde donde controlaba la situación el guardia de seguridad (hecho del mismo mármol negro), una computadora moderna y varias pantallas le mostraban los alrededores, una fila de pequeños botones le permitían llamar a cualquier departamento en el edificio, y como todo aquel que trabajara en el edificio usaba un uniforme color negro, que tenía en la chaqueta (vestía traje) un prendedor plateado con la forma de una hoja de laurel. Para pasar a la sala común se atravesaba por un pequeño cuarto, de dos metros cuadrados aproximadamente, cuyas puertas tan negras como la noche cubrían del suelo al techo, con un montón de plateadas y pequeñas estrellas, acompañadas de una luna llena en la parte superior izquierda, haciendo de este lugar en especial, una especie de traslado, de el mundo exterior y conocido, al paraíso que Frank creó. Con respecto a este cuarto tenía algo especial, el que ambas paredes estuvieran cubiertas del piso al suelo con grandes espejos, en cuyos bordes habían dos filas grabadas con las mismas flores de loto que se encontraban en la puerta principal, esto hacía que, al pasar por aquí, uno pudiera verse a sí mismo reflejado una infinidad de veces. A continuación se encontraba la sala de estar, cuyas ventanas eran casi del tamaño de las paredes:, ubicado en el centro de esta estancia, un lugar para encender el fuego que asemejaba un cenicero enorme, rodeado por 12 mesitas y 24 sillones, las mesitas de madera de roble, y los sillones forrados en un material muy suave, negro y brillante. En cada mesita un florero blanco con un grabado dorado en el borde, una rosa o una azucena, alternadas en los floreros de manera que le diera un aspecto muy cálido, un pequeño bar con su respectivo cantinero usando, claro, el uniforme bien pulcro y el prendedor plateado a la altura del corazón. Una repisa llena de las mejores novelas, pequeña pero envidiable por su tallado, lo insólito era que aunque parecía tener tan solo diez novelas, no importa que novela o de que autor decidieras buscar, siempre la podías encontrar aquí, lo cual es cierto era muy inverosímil, pero nadie parecía notarlo, incluso esto los hacía sentir que era una muy hermosa repisa, la cual estaba ahí solo para cumplir sus deseos. Las habitaciones tenían un estilo modernista pero muy acogedor, y algo muy especial pasaba dentro de ellas: Cuando una pareja estaba en una cita romántica, inmediatamente se prendían las velas, se calentaba un poco el cuarto, bajaban las luces, y todo se veía mucho más romántico, aunque no hubiera nadie para mover ninguna cosa o para prender las velas, por esto se le puso su nombre, ya que personas que se veían por primera vez, terminaban enamorados; cada pareja que estuviera en una pelea, pasaba una noche en uno de estos departamentos y la pelea terminaba.

Su creador fue interrogado por muchos con respecto a las extrañas cosas que pasaban en sus construcciones, mas él no dio nunca una repuesta convincente, o verdadera, debo agregar, si hay alguien a quien le enseñé a manipular los pensamientos y acciones de las personas fue a este hombre, los invitaba a comer y terminaban cautivados, les contaba alguna historia ficticia, les permitía pasar la noche el uno de sus edificios, y con estos pequeños trucos se aseguraba de que nadie se quejara, ya que las extrañezas que les ocurrían solo los hacían felices.

En cuanto a el edificio ubicado al sur, se le puso el nombre de: El Fin De La Soledad, y fue pintado en rojo y negro, de tal manera que el negro superaba al rojo, y el rojo aunque para algunos le diera un aspecto un poco extremista y tétrico, llamaba la atención y aparte de ser serio y hermoso en su contextura, resaltaba a la vista sin ser molesto ni extravagante. Estaba rodeado de grandes cerezos y robustos olivos, los cerezos siempre floridos y cargados, y los olivos siempre cargados con las más deliciosas aceitunas verdes que nadie hubiera probado jamás, este edificio también tenía su piscina privada pero ésta fue hecha de mármol blanco, con una forma de 2 círculos entrelazados cuyos filos estaban rodeados por pequeñas luces azules, y estaba complementado por una hilera de violetas de un púrpura brillante que caía delicadamente hacia el azul (que también estaban siempre floridas). Un grupo de mesas de madera de roble se desplegaban en una especie de sala al aire libre, que tenía una cubierta de cristal brillante, que no poseía soporte alguno, encima de la cual, una enredadera de flores rojo fuego descansaba, protegiendo del sol y la lluvia a esta pequeña sala al aire libre, cuyo suelo estaba hecho de azulejos negros, en cuyo centro resplandecían grandes estrellas de un plateado brillante, con un diseño de copos de nieve en su centro, realmente singulares. Varios caminos de madera de fresno conectaban todos los espacios en las afueras del edificio, los cuales nunca se dañaban por el uso, no se llenaban de hierba mala, ni se volvían resbalosos con la lluvia.

Al pasar al interior del edificio, la gente solía quedarse asombrada por sus puertas de cristal las cuales tenían grabadas dos grandes rosas, y, en delicadas letras doradas, el nombre del edificio: El Fin De La Soledad de aquí se pasaba por un pasillo con un suelo cubierto de mármol blanco, con paredes color blanco hueso, cuyos filos superior e inferior eran cruzados por dos franjas negras con pequeñas estrellas plateadas, al final de este pasillo se llegaba al puesto del guardia de seguridad, que se levantaba amenazante, hecho del mismo mármol blanco, con su computadora y sus pantallas para ver todo lo que sucedía en el edificio, su fila de botones para llamar a los inquilinos, y el guardia de seguridad, con su pulcro uniforme que constaba de un traje blanco, con una corbata azul marino, y un prendedor con la forma de una pequeña rosa negra en su chaqueta. Después de este lugar se pasaba por un pasillo no muy amplio pero acogedor, cuyas paredes blancas de filos adornados por enredaderas de flores color rojo intenso, se veían cubiertas de un grupo de cuadros muy pequeños que mostraban alegres pinturas coloridas, que llenaban el espacio y llamaban la atención, y al atravesar este pequeño cuarto, se llegaba a una sala de estar, el suelo de la cual estaba cubierto por madera de eucalipto en tablones, y, en el centro de esta sala una gran mesa redonda, rodeada por un grupo de cómodos sillones, en el centro de la cual se encontraba un lugar para prender fuego muy semejante al que había en el edificio norte, pero éste producía fuego verde, si verde... un pequeño bar con su cantinero, vestido con su uniforme muy limpio, y su prendedor de rosa negra, a la esquina derecha de esta estancia. Un grupo de ventanas grandes que dejaban pasar la luz del sol, se levantaban impresionantes en las blancas paredes, desde las cuales se podían ver claramente los jardines y la piscina.

*** *** ***

-Era un hermoso lugar sin duda... pero... como toda historia que trata de perfecciones... acabarón muertos como yo, ¿qué te parece?...

[Editado por Nen_Lantea_Menelva el 03-02-2007 01:37]

Kelusse

Este personaje recupera un 40% de vida.