Kelusse
Fin Guerra: Liantari Dimbar se retira del Combate
Armadas perdidas por "Realengo de Farothdin" = 3
Armadas perdidas por "Liantari Dimbar" = 13
Victoria para Realengo de Farothdin.

Historias, leyendas y batallas en las tierras olvidadas de Arda.
Edicion 3
Finalizada · 19-03-2006
2007:02:14:06:57:34
Fin Guerra: Liantari Dimbar se retira del Combate
Armadas perdidas por "Realengo de Farothdin" = 3
Armadas perdidas por "Liantari Dimbar" = 13
Victoria para Realengo de Farothdin.
El curandero cubrió la herida con un ungüento de color blanco, después, ésta comenzó a cerrarse, aunque debes en cuando se abría, evitando la total curación. La mujer alzó los brazos y poco a poco, la envolvieron con vendas, que quedaron a modo de una lastimera faja, que terminaba a la mitad del externon. El hombre revisó las otras heridas en silencio; muchos de los sanadores de la Orden, le habían suplicado que descansara, pero era inútil, Narquelië no hacia caso a las peticiones y hacia todos sus quehaceres diarios en el campamento, después regresaba a su carpa y aquel sanador, la revisaba, con mucho cuidado, intentando no opinar acerca de su estado. Cuando termino, recogió sus cosas y salió de la tienda. Ella se paró de la cama y caminó descalza, llevaba una falda de color verde, ligeramente manchada por las medicinas aplicadas a la herida y que habían caído accidentalmente en ella.
No había pasado mucho tiempo, desde el último ataque a Liantari Dimbar, ya no hubo más espías y Quariel se mantenía continuamente informada-por sus cuervos- acerca de los movimientos del ejército enemigo. Se tocó la herida del torso y suspiró cansada, podía oír el viento entre los árboles, afuera hacia frió y posiblemente, la temperatura bajaría mas en los próximos días, su sirviente le tendió la camisa que hacia juego con la falda, le ayudó a ponérsela, mientras le decía.
-Si no fuera tan terca y descansara aunque sea unos días, se curaría pronto- el muchacho alcanzó unos zapatos y se los dios.
Narquelië lo miró y opto por ignorarle, después se concentrò en el mapa de la ciudad, ya tenía un plan, para recuperarla. Fue entonces cuando se dio cuenta de la presencia elfica, postrada en la puerta.
-Deberías hacerle caso a tu mozo- le dijo Featarya, sentándose enfrente de ella-A veces es mas sensato que tú.
-Eres pésimo burlándote de mí-le contestó de forma sarcástica-¿Dónde esta Isilion?, me contaron, que ya estaba mejor.
-Así es, seguramente no tardara en parecer por aquí, tu primer oficial, nos dijo de tu plan.
Narquelië asintió en silencio y se termino de abrochar la camisa y los zapatos, Manik le tendió entonces un abrigo y salió de la estancia, al rato llegó Isilion. El noldo se sentó junto a Featarya, sin más rodeos, Quariel les explicó el plan.
El batallón rojo y los arqueros de la Rosa, entrarían a la ciudad, por el túnel secreto que tenia una entrada oculta en el bosque, una vez en la ciudad, utilizarían las flechas nocturnas, matando a una cuantiosa suma del ejercito Liantari, los hombres de Narquelië rematarían el trabajo, para cuando el enemigo se diera cuenta de la emboscada, seria muy tarde. Expulsarían a Liantari Dimbar desde adentro.
-Eso es cobarde- replico Featarya- Les darías una trastada por la espalda.
-¿Cobarde?- le pregunto Narquelië-Te recuerdo que fue Liantari quien traiciono la alianza con el Realengo y esto sobrepasa esa palabra, yo diría mas bien que es astuto, una excelente estrategia para sacarlos, sin dañar la ciudad. Además ¿le darías el mismo respeto a un orco, el mismo honor?
-No, pero no me convertiría, en lo mismo- le respondió.
Isilion negó con la cabeza.
-No me recupere, para verlos pelear- replicó serenadamente- Llevaras cabo tu plan, pero los arqueros de nuestra Orden no te acompañaran, lleva a los tuyos, nosotros alistaremos el ejercito afuera, cuando salgan de la ciudad, terminaremos el ataque y los alejaremos de la capital.
-Como quieran, eso a mi ya no me importa- Narquelië se levantó y se tocó el vientre- prepárense, atacaremos mañana al anochecer. Ahora váyanse, tengo asuntos más importantes que atender.
-Te recomendaría, que les dieras órdenes a tus hombres y te quedaras a descansar- le dijo Isilion- Si no te cuidas, no te recuperaras pronto.
-No creo que te hayas recuperado, para decirme que hacer- le contestó la mujer de forma burlona, después miró a Featarya- ¿Qué te pasa?, ¿te comieron la lengua?
Caladan alzó los hombros y le sonrió de forma traviesa, sacó un sobre de sus ropas y lo vertió en la jarra que tenia enfrente, se levantó y siguió a Isilion que ya había salido de la tienda.
-No olvides tomar tu medicina- le dijo antes de irse.
Quariel apretó el puño, segundos después negó con la cabeza y una pequeña sonrisa se asomó a su rostro, como el ojo del huracán, impasible ante la tormenta que se origina a su alrededor.
Durante todo el día que siguió, el ejercito se preparó para el ataque sorpresa, de vez en cuando se veía sobrevolar a los cuervos de la mujer, le daban información acerca de los movimientos del enemigo y desaparecían de nuevo, entre lo árboles, volando hacia la ciudad, con la orden de vigilarlos a cada instante.
Caía la tarde, Featarya subió a la copa de un árbol y se quedó observando el ocaso. Mirando el oeste recordó a las Tierras Imperecederas, ¡cuanto las extrañaba! ; Entonces un viento suave y frío le acarició el rostro como respuesta a sus pensamientos. Las primeras estrellas empezaron a titilar sobre él, dejando a aquel paisaje anaranjado en su corazón, comenzó a contemplarlas. El batallón rojo comenzó a avanzar, seguido de los arqueros de la Orden del Lirio Negro, el elfo miró un rato mas las estrellas y bajó al campamento.
-Ya nos vamos- le dijo Narquelië a Featarya, y notó su despreocupación-, ¡Despierta!, va a haber una batalla dentro de poco.
-Cuando sea necesario volveré a la realidad -le contestó el noldo-, tendremos una batalla sin saber que desgracia nos espera, no me quites este buen momento. Arreglaré algunas cosas con Isilion y marcharemos mas tarde.
Quariel le miró sin entender sus palabras, luego alzó los hombros, indiferente.
-Solo no se retrasen, sí no llegan a tiempo, el plan no funcionara.
-La magia de los elfos es más sutil de lo que piensas, Narquelië, vamos a llegar en el momento más oportuno, en el preciso segundo en el que debemos estar ahí.
Ambos voltearon a la vez, Featarya hacia el campamento y Narquelië hacia los túneles. El batallón rojo avanzaba por los túneles rápida y silenciosamente; se despidieron entonces, con un leve movimiento de manos y la mujer fue la ultima en desaparecer, en la oscuridad de la tierra.
Llegaron a la ciudad, poco a poco, los arqueros comenzaron a moverse, matando a algunos guardias. El frío era terrible y la ciudad dormía, despacio los hombres de Narquelië asesinaban y ocupaban el lugar de los guardias y lugares estratégicos que les indicaba la mujer, hasta que un guardia vio como caía alguno de los suyos y detectó demasiado movimiento, para una madrugada tan fría como esa, corrió dar la alarma, pero lo derribó una flecha lanzando un grito delatador. Y así comenzó una lluvia de flechas en la ciudad, llamando la atención de soldados que saliendo a las calles de la ciudad morían por curiosos; los movimientos y gritos aumentaron poco a poco hasta que sonó la alarma.
Entonces todo el ejército de Liantari, un poco confundido, se preparó como pudo en unos segundos, para echar a los invasores de la ciudad…Era demasiado tarde, el ejército ya estaba adentro y ellos caían como insectos bajo un blanco demasiado fácil. Hasta que de la nada salió un ejercito de vestiduras rojas que empujaba a Dimbar hacia las afueras de la ciudad.
Las puertas se abrieron y a Liantari no le quedo otro remedio que reorganizarse en las afueras de las murallas, todavía seguían siendo un gran número, como para volver a invadir la ciudad, aunque costará la vida de todos.
Como Featarya lo había predicho, en ese momento sonó un cuerno elfico y el ejército de La Orden de la Rosa apareció de entre los lindes de Bosque, Caladan se adelantó y anunció.
-¡Retiraos de estas tierras, esta ciudad no os pertenece!- posteriormente, lo acompañó un feroz clamor de los elfos. Como respuesta recibieron un violento alarido de los orcos, que no tenían intenciones de retirarse. Sin dudas el ejercito de los dos capitanes elfos avanzó velozmente, los orcos no pudieron frenar aquella avalancha. Luego los hombres de Narquelië salieron de la ciudad para acabar definitivamente con el ejército, pero no tuvieron el gusto, en ese momento sonó el cuerno de retirada, el ejército de Liantari Dimbar se dispersó entre los árboles del bosque, dejando los vestigios de su ocupación y a los heridos que no pudieron rescatar.
Desde los balcones de la ciudad, las murallas y los campos exteriores los hombres de Realengo de Farothdin vociferaban estruendosamente, orgullosos y animados por la gran victoria obtenida y por haber recuperado la ciudad.
Quariel se apoyó en una de las almenas de la muralla, la herida del torso se volvió abrir y comenzaba a dejar un tono rojo oscuro sobre sus ropas de guerra, se tocó la frente y comprobó que estaba sudando, no de cansancio, si no de fiebre. Respiró hondo, afuera los elfos ya cantaban sobre la victoria, al igual que los que habían entrado a comprobar el estado del inmueble. Estaba intacto, tal y como ella lo había planeado.
-Maten a los heridos, después juntes sus restos y los de su campamento y quémenlos- les grito a los pertenecientes de la Orden del Lirio Negro- Que no quede huella, de su presencia.
Los soldados obedecieron, de pronto sintió una mirada y volteó hacia las afueras, Featarya el noldo la observaba y su mirada no relataba compasión o lastima, eso a la mujer no le gusto. En aquel mirar, sólo existía desafió y un deseo que pronto ella no podría controlar, ni desistir con la maldad de su alma.
Nota: Imagínese toda la historia como una película muda.
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Era un cuarto oscuro con una mezcla de olores a madera vieja, uvas y nueces en donde entraron un grupo de elfos curiosos. Uno de ellos alumbró una de las paredes con una antorcha y descubrió varios barriles de gran tamaño apilados unos sobre otros. Bajaron uno saboreando el posible tesoro.
- ¡Achú! – estornudó el elfo
El polvo flotaba a montones desde los muros derruidos. Retiraron la tapa de un barril y se inclinaron para ver el contenido. Un líquido rojo como el color de un capulí maduro reposaba en el interior y el aroma dulzón de un excelente vino penetró en sus narices provocando un cosquilleo en sus nucas.
[...]
En una sala estaban reunidos los tres dirigentes, aquella sala que había servido anteriormente para las reuniones del Rey y sus consejeros ahora estaba invadida por sus enemigos. Pero los ánimos de ellos se hundían tras su última derrota. El Realengo seguía insistiendo en luchar por un ciudad que ni siquiera era suya, ese era el punto en donde la guerra se perdía en sí misma.
De pronto llegó el grupo de elfos que estaba encargado para de buscar provisiones; desde que se instalaran en la capital habían gozado de muy buena comida, en nada parecida al menú de un soldado. Los elfos, muy emocionados, les contaron de las cuatro bodegas de vino que acababan de descubrir.
- Es perfecto, justo lo que nuestros soldados necesitan para subir su moral. Y mucho mejor con este frío de Morgoth. – dijo Kael
Morë y Nimkáno estuvieron de acuerdo.
En menos tiempo del que toma decir “¡Salud!” se organizó un festín en honor a la vida. La mejor comida, de las reservada del Rey y sus cortesanos, terminó satisfaciendo el apetito de los orcos. Y el vino, añejado desde los días más jóvenes de Heren, corría como toda la sangre derramada en el campo de batalla: sin control.
Morë decidió retirarse temprano, deseaba salir y mirar la luna. Mientras salía escuchó: “Los caminos de la vida, no son lo que imaginaba...” que cantaban a coro dos soldados. Franqueó las puertas de Sornounë y subió en un haya bastante alta. Las luces se extinguían poco a poco.
[...]
Los vestigios del festín habían quedado regados por las calles incluyendo un par de soldados que no podían caminar sin caerse. Fue entonces cuando los realenganos hicieron su aparición, entraron como hormigas saliendo de su hormiguero. Pasaron desapercibidos hasta que se encontraron con los primeros vigías liantaris, sin embargo la insensatez de sus oponentes les dio una gigantesca ventaja.
Las fuerzas enemigas avanzaban por la ciudad con arcos y flechas. Dos guardias lograron escapar de las letales saetas pues los arqueros del Realengo no conseguían apuntar a unos blancos que se movían de forma tan impredecible.
Las noticias tardaron en llegar, pero quienes se dieron cuenta de que estaban siendo atacados no reaccionaban, estaban desorientados como si aquello fuera un mal sueño. Un hombre incluso se puso a correr en círculos hasta que un orco lo golpeó y exclamó naturalmente: - ¡Malditos cobardes!
Nimkáno saboreaba una copa de vino sentado frente a un escritorio lleno de mapas. Pensaba en la buena idea que había sido hacer la fiesta, “Aunque si al Realengo se le ocurriera atacar esta noche, sería su noche.”
Un hombre entró en la habitación tambaleándose.
- ¡Tengo algo buy impoltante que decirr! – dijo.
- Habla rápido. – respondió Nimkáno
- Pu... pues... yo... no... – tartamudeó
El soldado se rascó la cabeza sin poder recordar lo que debía decir. Abría y cerraba la boca como si por instantes se refrescara su memoria. Estuvo parado así hasta que entró corriendo un elfo, chocó con el hombre y ambos cayeron al piso.
- ¡¿Qué estáss ziego?! – dijo el hombre enfadado.
- ¡¿Tú que hazíass ahií parado?! – repuso el otro.
Nimkáno sentía que se le iba la paciencia mientras los dos borrachos seguían discutiendo. Finalmente les dio una cachetada a los dos para que se callaran.
- ¿Qué decían? - dijo
Afuera los soldados liantaris caían casi sin oponer resistencia. Así los vio Nimkáno y rápidamente comenzó a organizarlos en medio del caos.
[...]
En la majestuosa Sala del Trono, unos bultos estaban botados en el piso arropados con tapices que antes cubrían las paredes. En el trono, descansaba Kael, dormía con una sonrisa de oreja a oreja ¿quien podría imaginar lo que soñaba? Los gritos que llegaban desde afuera lo sacaron del reino de los sueños, se dio cuenta de lo que pasaba y despertó a los orcos que dormían cubiertos del frío con las más finas cobijas.
La pérdidas eran muchas, aunque con los dos capitanes luchando las condiciones mejoraron. Las opciones no eran muchas, habían sido sorprendidos y sus hombres no estaban en condiciones para pelear dignamente.
- Tenemos que salir de aquí. – dijo Nimkáno cuando encontró a Kael. Había recibido un flechazo en el hombro y sangraba.
El elfo asintió.
Corrieron a través de los túneles, hasta que al fin llegaron a la escalinata para salir. La brisa nocturna se agitó helada mientras el ejército escapaba. Sin embargo la salida había sido bloqueada por las filas del enemigo, quienes se exhibían orgullosamente. Uno de ellos se adelantó y clamó: - ¡Retiraos de estas tierras, esta ciudad no os pertenece!
- Y a vosotros tampoco. – dijo Kael mientras se lamía la sangre que brotaba de un corte en su brazo.
Los orcos estuvieron de acuerdo, listos para el enfrentamiento pues el vino no se había mezclado con su sangre. Lo que vino después fue un encuentro desigual, con la victoria de parte del Realengo.
Por encima de sus cabezas Morë se desperezaba y bostezaba. Bajo la mirada y vio lo que estaba ocurriendo. Su reacción fue levantar una ceja. “No pueden hacer nada sin mí.” Pensó y suspiró. Bajó del árbol, pero al darse cuenta de que no llevaba su armadura porque después del golpe que recibió del ent que le partió las costillas quedó muy dañada, pues prefirió sacar un cuerno y tocar la retirada.
Mientras corrían hacia el bosque la hechicera creó una nube de su propia oscuridad para evitar que los persiguieran.
Y se cierra el telón.
Escrito por Nen_Lantea_Menelva y Arweneressëa
Resumen de la batalla.
Realengo de Farothdin ha perdido 3 armadas x35= 105 puntos.
Recuperables: 84 puntos.
Valoraciones: 7,8+9,2+8,1+8= 8,275
Recupera: 70 puntos.
Pierde: 35 puntos.
Liantari Dimbar ha perdido 13 armadas x35= 455 puntos.
Recuperables: 228 puntos.
Valoraciones: 7,6+8+5+7= 6,9
Recupera: 157 puntos. Los dirigentes han sufrido daños por el 20%, por este concepto recupera 70 puntos. Total recuperación: 227 puntos.
Pierde: 228 puntos.
Liantari Dimbar entrega 100 monedas a Realengo de Farothdin por el abandono de la batalla.
Compañías actualizadas y listas.