Kelusse
Fin Guerra: Heren Fanyarëa se retira del Combate
Armadas perdidas por "Liantari Dimbar" = 10
Armadas perdidas por "Heren Fanyarëa" = 18
Victoria para Liantari Dimbar.

Historias, leyendas y batallas en las tierras olvidadas de Arda.
Edicion 3
Finalizada · 19-03-2006
2007:02:15:21:49:17
Fin Guerra: Heren Fanyarëa se retira del Combate
Armadas perdidas por "Liantari Dimbar" = 10
Armadas perdidas por "Heren Fanyarëa" = 18
Victoria para Liantari Dimbar.
Unas gotas finas caían del cielo suavemente. Al fin venía la lluvia para lavar la sangre derramada. El viento rugía tal y como lo había hecho todo el día, sin embargo los estandartes ya no hondeaban orgullosamente sino que yacían en el piso, olvidados y manchados. No quedaba más que comida de buitres, los ejércitos ya habían marchado lejos. Sólo las montañas vigilaban los cuerpos vencidos como los únicos testigos que no lograron escapar con sus pies.
Luiniel se agitó en sueños antes de despertar, trató de abrir los ojos pero no pudo, los sintió secos, casi tiesos. “¡¿Qué rayos...?!” pensó. Apretó los párpados y permaneció un rato así, escuchando. No oía más que los pesados pasos de un par de centinelas y el rugido del viento contra los muros. Aún era de noche, la ciudad dormía. De pronto escuchó otros pasos que se acercaban rápido, consiguió abrir los ojos con cierta molestia y se incorporó. Los pasos se detuvieron y alguien entró en la habitación.
- ¿Qué ocurre? – dijo la noldo
- Un mensajero de Astan Neuma. – respondió el soldado
***
- ¡Hey! Despierta de una buena vez
Galthor sintió que alguien lo zarandeaba, el sonido le llegaba desde muy lejos, desde otro lugar del tiempo.
- ¡Es tu turno de hacer guardia!
Trató de enfocar a la persona que le hablaba, aunque antes consiguió ponerse en pie. Después se sorprendió al encontrarse afuera sin saber exactamente como había llegado allí. Miró el cielo semi-nublado buscando las estrellas de Varda. Hunthor lo vio así, con el rostro hacia arriba.
- ¿Qué haces?
- Busco una estrella.
- Ven, - repuso Hunthor halándolo del hombro – debemos estar en nuestros puestos.
Caminaron por las calles. Todavía no habían reparado totalmente los daños de la anterior batalla, habían huecos en el suelo, ventanas rotas, paredes caídas. Pero el peor daño era la intranquilidad que rondaba como ladrón de sueños, sabían que las filas de Heren Fanyarëa no se habían retirado, que aguardaban en las montañas.
Llegaron a la abertura en los muros donde antes había estado un portón y encontraron a un enano quejándose.
- ¡Tanto que nos costó instalar las puertas, – exclamaba – y dejaron que las derribaran!
- Maese enano, la defensa de la ciudad era lo más importante. – le explicó un soldado.
- ¡Para eso mismo son las puertas!
- Las puertas son engañosas, a veces dejan entrar, pero nunca dejan salir. – dijo un extraño que había estado ahí escuchando la discusión. Iba vestido de azul y sostenía un cetro, su cabello era blanco pero su rostro era joven. El enano lo miró con desconfianza y se fue.
Hunthor se adelantó al extraño, sin duda era un elfo de occidente por su porte y su voz. - ¿Quién sois extranjero?
- Si queréis saber el nombre de alguien dad primero el vuestro.
- Me llamo Hunthor, hijo de Dorlas. Ahora, considerad que esta no es vuestra ciudad, ¿Qué asuntos os traen a iaur Abad?
- Yo soy Vareldur Zabander y mis asuntos me han traído en busca de cierta elfa llamada Luiniel.
- ¿Para...? – dijo Galthor
- Déjenlo pasar. – interrumpió la voz de la elfa. Vestía unos pantalones verde oscuros y una blusa de mangas largas de un tono más claro.
Ambos hombres se retiraron y vieron como se alejaban los elfos.
- La miras demasiado – dijo Hunthor
- ¡No es cierto! – repuso Galthor
- Esta vez si está muy fuera de tu alcance... a los inmortales no les importamos mucho. Nuestra corta vida está llena de sentido porque termina pronto, estamos obligados a pensar en el fin y según eso actuamos. Pero ellos no, podrían hacer cualquier cosa y nunca estarían perdiendo su tiempo porque su vida no termina. Para ellos hacemos “tic-tac”.
- No lo creo, porque según tu lógica la vida eterna no tendría sentido.
- Eso no lo sé, yo soy mortal ¿lo olvidas? – Hunthor rió – Y por último ella ya tiene pareja.
Galthor permaneció en silencio un rato pensando en eso, - ¿Quién?
- ¿Recuerdas a Kael?
- ¡Ese tipo me ponía los pelos de punta! – exclamó incrédulo - ¿Cómo puede ser posible?
- Cosas de elfos supongo...
[...]
- Así que llegaron a la capital – dijo Evna
Estaban reunidos, ella, Luiniel y Vareldur alrededor de una mesa cuadrada en una cámara de piedra negra alumbrada por lámparas de aceite. El lugar era parte de el cuartel militar de Iaur Abad, una fortaleza que contrastaba con las casas de barro y los agujeros-hobbits de la ciudad.
- Devolvamos el golpe – propuso el elfo – Uno de los ejércitos fanyareanos siguen en estas tierras, además los ciudadanos temen su regreso. Las calles están intranquilas, así las siento.
Luiniel conocía poco o nada a Vareldur, sabía que se había ganado el privilegio de liderar las tropas liantaris por su increíble habilidad en el combate, pero su pasado era un misterio.
- Tiene razón. – dijo Evna
La noldor reflexionó un momento, “Si mi información es correcta, sus razones no tienen nada que ver con lo que acaba de decir.” Pensaba “...pero son buenas excusas”
- Partiremos mañana en la mañana. – dijo finalmente y salió de la cámara, no sin ver la extraña sonrisa dibujada en el rostro del elfo.
[...]
Las luces del alba venían acompañadas por un viento embravecido. Había una extraña humedad en el aire que sólo podía ser explicada en esos parajes como la amenaza de lluvia. Desde las paredes montañosas aguardaban los arqueros en el lado izquierdo junto con Evna, quien se había rehusado a quedarse atrás a pesar de que sus heridas no sanaban del todo aún; y en el lado derecho estaba dirigiendo Vareldur. Las filas de Heren Fanyarëa no se habían dado cuenta de que los vigilaban y continuaban caminando tranquilamente.
Cuando estuvieron a un buen alcance, comenzó la lluvia de flechas enardecidas con fuego, no obstante muy pocas se clavaron en los enemigos debido a la fuerza del viento. Los atacados se organizaron rápidamente e intentaron responder las flechas. Entonces apareció por la retaguardia de Heren la infantería liantari, compuesta por bravos enanos armados hasta los dientes, algunos de ellos tenían unos grandes martillos que llevaban a rastras.
El choque fue brutal acompañado por los gritos de batalla. Luiniel estaba abajo, con los enanos y unos cuantos hombres. Sus enemigos habían sido sorprendidos, de tal manera que los ents que los ayudaron en la batalla anterior no estaban en aquel momento.
No pasó mucho tiempo para que tocaran los cuernos de retirada. Sin embargo cuando Luiniel los vio escapando se encendió en su interior la ira y siguió atravesando soldados cruelmente con su espada. Pero finalmente escaparon.
De regreso a la ciudad caían las primeras gotas de la anunciada lluvia; los ánimos estaban mucho mejor que antes, las pérdidas eran bajas y la mayoría de heridos sobrevivirían. Luiniel había recibido un corte en la mano izquierda, la misma mano donde permanecía una cicatriz negra como recuerdo de su viaje a Amanurenori. Y Vareldur se había ganado un flechazo en la pierna. Sin embargo el enemigo había probado una pequeña parte de la furia de Liantari y ya no regresaría tan descuidadamente.
Escribo estas líneas y siento cómo mis manos tiemblan sobre el papel humedecido. La tinta se desliza suavemente sobre él, negra como la noche, como las profundas simas de Sorontarma. Negra como las altas murallas de Iaur Abad, la Maldita. Negra como la Muerte.
Nunca quise escribirte esta carta, que tú y yo sabemos nunca llegará a su destino. Tú, lívida en tu tumba en el cielo, muerta... Tus cenizas se han elevado como tantas otras, y han llegado hasta más allá de las estrellas. He sentido ésta noche su sabor en mis labios, y su sabor era como el beso que jamás compartimos.
Te escribo ahora, como si aún vivieras. Y tu esencia permanece aún conmigo. Como si tu mano blanca guiara mi mano muerta. Como si tu aliento de rosa calentara mi aliento frío.
Iaur Abad. Maldita ciudad condenada a la destrucción del mundo. Todo lo hermoso que tú eras se lo llevó consigo, y tu sangre permanece sobre la tierra yerma y dorada de su desierto.
No te vi en la batalla. Como lúgubres aves carroñeras cayeron sobre nosotros. El viento del norte rugía con fuerza acallando sus pasos. Y cuando las primeras flechas envenenadas fluyeron sobre nosotros precediendo a la muerte, yo sólo pude preguntarme dónde estabas. ¿Dónde estabas?
No llegó la muerte a mi entonces. Muerte dulce y deseada, que hubiera evitado sin duda el dolor que ahora me atenaza. ¿Dónde estabas? Levanté mi espada al cielo, y te vi entonces en cada reflejo de oro. Pero no eras tú. Y fue la ira la que me llevó entonces sobre sus alas, buscándote, mientras la sangre de mis enemigos teñía una y otra vez mi espada. Armaduras doradas caían a mis pies, y yo seguía mirándolas. Mirándote. Pero nunca eras tú. No eras tú.
Las primeras gotas de lluvia cayeron entonces. ¿Lloraba el cielo tu muerte, quizás sin yo saberlo?
Te amé en secreto. Siempre en secreto. Pensé quizás... tal vez, cuando terminara ésta guerra... Soñaba despierto mientras observaba tus ojos de cielo, y tus cabellos dorados. Soñaba en el día en que ambos regresaríamos a Sornosunë, y entonces, tal vez entonces, tus ojos se encontraran con los míos. Ya sin armas, sin miedos, sin sombras, sin muerte. Y entonces, tal vez entonces, mis labios, tus labios, fluyeran en un beso. En ese beso que nunca compartimos.
Pero entonces te encontré. Un rastro de sangre ennegrecida me guió hasta ti. Una lanza emergía de tu vientre, y tus manos la sostenían levemente. Desgarré mi voz gritando tu nombre, y me arrastré hacia ti, apartando con las manos un muerto tras otro. Y te miré. Tus ojos palidecían ya, pero aún me miraron, y una lágrima, sólo una, brotó de su mar. Y comprendí entonces que tú también me amabas. Pero ya era tarde. La luz se apagó, y todo fue oscuridad y miedo. Cerré tus ojos para no ver el vacío que quedaba en ellos. Y besé tus labios muertos, con sabor a sangre. Pero era un beso que no compartimos.
No puedo decir que vengué tu muerte, Mi Señora. Porque Iaur Abad se erige todavía ante mis ojos, y sus negros muros no hace más que recordarme tu muerte. Pero aún vivimos.
Porque cuando todo parecía perdido. Cuando creí que la muerte me llevaría también consigo, junto a todos los que amamos, ella regresó. La más amada de las Reinas, Señora de los Ramalië. Y con ella un ejército que haría temblar las entrañas del infierno, pues cientos de ents brotaron de las entrañas de la tierra, como una primavera que despierta de repente. Como si todos los bosques de Fanyarëa hubieran acudido a mitigar nuestro dolor.
Y ella estaba hermosa. No tanto como tú, amada mía. Pero hermosa. Y parecía que el único rayo de sol que atravesaba nubes, viento y lluvia, se había enamorado de sus cabellos de cobre. Y sus ojos de ámbar brillaban con furia asesina, mientras su espada abatía un cuerpo, y después otro.
No puedo engañarte. A ti no, mi amada muerta. No había ya entonces victoria posible. Tú ya habías muerto, y yo contigo. Inmóvil sostuve tu cuerpo entre mis brazos durante horas.
Cientos de ents nos rodearon entonces, y la reina en persona organizó la retirada. No puedo dudar, hoy, mientras tus cenizas aún reposan en mis labios, que si no hubieran llegado entonces, todos hubiéramos muerto.
Fue la Dama Nielune Melyanna quien me encontró, mucho tiempo después, aferrado a tu cuerpo inerte. Mis brazos, dormidos, no sentían ya ni el peso de tu carne. Alcé la mirada, y ella dulcemente, te arrancó de mis brazos, y depositó tu cuerpo sobre la tierra de nuevo. Luego, sin decir una palabra siquiera, me ayudó a levantarme. Sentí la sangre húmeda en su vestido, y ella susurró “Estoy herida”. Se tambaleó un instante, mientras señalaba una herida profunda en su espalda. Un trozo de metal dorado se había incrustado en su cuerpo, y sus ojos, suplicaban ayuda.
No quise dejarte allí, mi vida. Sé que en el fondo no lo hice. Porque yo morí contigo, en el mismo momento en que cerré tus ojos vacíos. En el instante en que besé tus labios fríos. Sólo mi cuerpo sigue con vida. Ella me dijo “Cuidarán de ella”. Y las hojas de los árboles se inclinaron hacia tu cuerpo, cubriendo la ignominia de tu muerte.
Después te vi de nuevo. Aún en la muerte, eras hermosa, eterna amada. Las llamas que lamían tu cuerpo no podían competir siquiera con el oro de tus cabellos, ni con la pálida luz de tu piel blanca. Durante horas he contemplado la pira funeraria, intentando respirarte por última vez.
Pero te contaré un secreto. Hoy lo he sabido. Mientras yacía inmóvil sobre éste lecho, la Reina ha venido a verme. Una venda cubría su brazo, pero apenas parecía que lo notara. Tal es el carácter de una reina. La furia dorada aún permanece en su mirada, acompañada de un dolor inmenso. Una sonrisa triste ha iluminado sus labios, y entonces, se ha inclinado sobre mí. Me ha susurrado un beso. Un beso triste, pero un beso de esperanza. Un beso que me ha hablado de un mundo más allá de éste, donde tú estarás siempre esperándome. He cerrado los ojos, y he visto un árbol blanco. Y un árbol de luz dorada. Y allí, bajo su luz, estabas tú.
Cuando he abierto los ojos, ella ya se había ido. Pero yo he llorado mis últimas lágrimas por ti, mientras te escribía ésta carta sin destino. He susurrado tu nombre por última vez, escribiendo éstas últimas líneas. Jamás mi voz volverá a herir el aire. No pronunciarán estos labios ninguna otra palabra. Hasta que te encuentre, bajo el árbol de luz. Entonces, sólo entonces, mis voz resonará otra vez gritando ésta vez tu nombre. Y tú responderás con ese beso que nunca compartimos.
Y yo estaré sin ti, pero contigo. Porque estoy lleno de ti, no te perderé.
No he de mirar atrás, sólo adelante;
Perdí el pasado, y el futuro es mío;
No te quiero perder; dame la mano,
Dame la mano y llévame contigo.
Resumen de la batalla.
Liantari Dimbar ha perdido 10 armadas x35= 350 puntos.
Recuperables: 280 puntos.
Valoraciones: 8,2+4,4+7,6+8= 7,05
Recupera: 197 puntos. Los dirigentes de la compañía han sufrido daños por el 20%, por este concepto recupera 70 puntos. Total recuperación: 267 puntos.
Pierde: 83 puntos.
Heren Fanyarëa ha perdido 18 armadas x35= 630 puntos.
Recuperables: 473 puntos, al hacer uso del poder especial de Naredhel.
Valoraciones: 9,4+9,2+9,2+9= 9,2
Recupera: 435 puntos. Los dirigentes de la compañía han sufrido daños por el 50%, por este concepto recupera 175 puntos. Total recuperación: 473 puntos.
Pierde: 157 puntos.
Liantari Dimbar percibe 150 monedas por la victoria en la batalla.
Heren Fanyarëa entrega 100 monedas a Liantari Dimbar por el abandono de la batalla.
Compañías actualizadas y listas.