La Guerra de los Clanes

Historias, leyendas y batallas en las tierras olvidadas de Arda.

Edicion 3

Árador, Tierras de la Aurora

Finalizada · 19-03-2006

Batalla 62. C2 Lempë Ohtari Vs C2 Helkelen Lara.

2007:02:14:18:11:00

Kelusse

Fin Guerra: Lempë Ohtari deja de Atacar

Armadas perdidas por "Lempë Ohtari" = 9

Armadas perdidas por "Helkelen Lara" = 11

Victoria para Lempë Ohtari.

Darlak Lórindol

Era una tarde invernal con lo que ello significaba: viento helado e intenso frío. Aratir Lórindol se hallaba sentado frente a la chimenea contemplando el fuego crepitar, ahora había llegado el tiempo de descansar. Habían sido muchas aventuras, la mayoría de ellas emocionantes e inolvidables, pero al fin había llegado al hogar. Ahora la espada se hallaba colgada a un lado de la chimenea y la cota de malla brillaba en la repisa de la misma.

– ¡El calor del hogar es sensacional! – pensó mientras se acercaba un vaso de un brebaje caliente que su madre le había hecho para entrar en calor. - ¡Eres un inconsciente, tu padre y yo ya te dábamos por muerto! - Su madre se mostró muy enfadada cuando lo vio aparecer después de varios meses. No había sabido nada de él desde que decidiera partir de Minas Tirith en busca de aventuras. Pero, al mismo tiempo, se sintió aliviada de saber que estaba vivo. Él no le había contado aún nada de dónde había estado y de los extraordinarios descubrimientos que había tenido la suerte de encontrar en sus viajes. Habían sucedido tantas cosas que aún no había tenido tiempo de asimilarlo: su viaje a Khand, el encuentro con un misterioso elfo en una taberna de Dassart, el descubrimiento de la verdadera procedencia de su propia familia y las aventuras en aquellas tierras que una vez fueran conocidas con el nombre de Árador.

¡Oh, Árador, la Tierra de la Aurora! Qué bonito nombre y qué maravillosas historias y secretos escondía en sus solitarias tierras. Pues ahora no eran más que tierras desoladas y casi inhabitadas pero guardaban con recelo las innumerables leyendas y sucesos que la enriquecieron tanto tiempo atrás. Leyendas perdidas algunas de las cuales él había llegado a descubrir. Pero sobre todo las historias que más fascinación le habían producido eran las que concernían a su antepasado: Darlak Lórindol.

Al rato, se levantó y fue hasta la biblioteca. Se sentó en una mesa de madera de nogal, encendió unas velas y abrió por la primera página un libro encuadernado en cuero negro, en la cual figuraban una serie de títulos tachados unos detrás de otros:

Mi diario. Mi viaje por tierras desconocidas. Aventuras en las extrañas tierras del noreste. Leyendas perdidas en el noreste. Las historias encontradas en Árador. Historias de Árador, compiladas por Aratir Lórindol y ordenadas en una serie de relatos.

Aquí terminaban los títulos tachados y, a continuación, había un título aún mayor:

LAS LEYENDAS DE ÁRADOR. VOLUMEN I

Se fue entonces hasta las páginas del centro del libro, en una de las cuales se podía leer lo siguiente:

RELATOS DEL SENESCAL DE LA LLAMA ROJA

Mojó la pluma en la tinta y se fue hasta una página en blanco donde empezó a escribir:

Darlak Lórindol, el Guerrero de la Espada, Senescal de los Ohtari y Señor de Mellon Vilya, llegó ciertamente a ser considerado un héroe en su tierra. Con su ayuda fueron expulsaron los enemigos de las apreciadas tierras de la Llama Roja tras mucho tiempo sufriendo las angustiosas guerras en los bosques de los cinco ohtari.

Ahora bien, la guerra no había terminado y algunos caballeros se hallaban en las frías tierras del norte inmersos en la guerra que aquellos días azotaba todo Árador. Las noticias que recibían del norte no eran halagüeñas y Darlak temió por ellos. Pero sobre todo temió por su amada Sonyariel, la cual no veía desde hacía varios meses. Transcurría el tiempo y poco se sabía de las tropas ohtari salvo que el terrible tiempo que persistía en las tierras de Helkelen Lára estaba mermando las posibilidades de las compañías lo que ocasionaba derrota tras derrota. Como todos los caballeros estaban fuera de Lempë ohtari, hasta incluso la reina Yárfaila, Darlak habló con Cereval, avari del bosque y le encargó el gobierno de aquellas tierras en su ausencia. Estaba decidido a viajar al norte.

Preparó su ejército, hombres, elfos y enanos renovados y con ganas de conseguir honores en las terribles y heladas tierras enemigas. Le pidió entonces a Eleth Niramar, su segunda al mando en la compañía, que se quedara con Cereval, por si era necesario dirigir alguna defensa.

Pero entonces la joven humana criada entre elfos se resistió a quedarse.

- Soy tu amiga y tu compañera de batallas. Te ayudé a defender la soberbia Mellon Vilya y la brillante Ostova Lóre y jamás se me pasará por la mente dejarte solo en el campo de batalla. Dónde mi arco sea útil allí estaré.

De esta manera en una mañana gris la segunda compañía del ejército ohtari partió al mando de Darlak Lórindol y Eleth Niramar. Cruzaron el río Sirglîn en la época en la que la cuarta compañía al mando de Aratan hijo de Arahad luchaba contra las defensas helkerianas en las cercanías del Bosque del Manto Susurrante en las heladas tierras enemigas.

Ahora bien, cuando se disponían a acampar en las fronteras ohtari del norte, en la tierra de Dor Runya, un caballo dirigido por un hombre cansado y ojeroso logró alcanzarlos. Venía de Mellon Vilya con el objetivo de traer un mensaje al señor de la ciudad. Se trataba de una carta del capitán Aratan llegada después de la marcha del senescal, la cual narraba las dificultades que los hombres de Aratan estaban encontrando en Mirianost. Entonces Darlak enfureció y, ofuscado por la crítica situación de la campaña del norte, decidió encaminar su marcha hacia las cercanías de Mirianost; con este objetivo continuaron al día siguiente hacia el norte.

Llegaron al cabo de varios días a las frías llanuras de Helkelen Lára y, cautelosos, buscaron los campamentos de la cuarta compañía. Gracias a las indicaciones que Aratan le había puesto a Darlak en su carta, no tardaron mucho en encontrarlos a no demasiada distancia de Mirianost. Las hogueras ardían débilmente y el silencio sepultaba las tiendas irregularmente esparcidas.

Sucedió que Aratan se alegró de la llegada de Darlak y dijo: - Afortunada es en verdad tu venida, señor de Mellon Vilya. Aunque lamento no haber conseguido suficientes glorias en estas malditas tierras para presentar al consejo a mi regreso. Ya no puedo ser considerado Caballero de la Llama Roja. – Entonces Darlak le respondió: - No pongo en duda que has luchado valientemente. Eru no te ha bendecido pero la guerra aún no ha acabado. Ahora es tiempo de cosechar éxitos en tierra enemiga.- El capitán sonrió, la aparición de aquél que consideraba su amigo le daba nuevas fuerzas para seguir.- Senescal, no conseguí impedir que una compañía enemiga partiera de Ost-En-Aël para acudir a la defensa de Mirianost. Combatí contra una avanzadilla en una granja cercana. No eran demasiado numerosos pero los refuerzos no tardarán en llegar. En pocos días, la ciudad contará con una defensa fuerte y segura.- Pero Darlak, uno de los más poderosos caballeros del consejo ohtari no lamentó para nada las malas noticias; esto fue lo que dijo a Aratan: - En esta guerra contamos con la ayuda de los Reyes de Farothdin. Una de sus compañías está en camino y no tardará mucho en llegar a Mirianost. Eleth y yo nos encargaremos de detener a los refuerzos helkerianos que están en camino. – Pero Aratan preguntó: - ¿Y yo? - A lo que el senescal ohtari respondió:- Tú te encaminarás hacia el oeste. Realengo ha dejado sin posibilidad de defenderse a Aeron Mîr así que no tendrás problema en hacer tuya la ciudad.

Y así fue cómo se decidió pues Aratan partió con sus hombres hacia el oeste a la mañana siguiente mientras que Eleth y Darlak preparaban la ofensiva contra las tropas enemigas. Según sus estimaciones, les cortarían el paso en el borde este del bosque, cerca de Mirianost.

La lluvia apareció al día siguiente, tan brusca e inesperada que Eleth pensó que sería un mal presagio. El viento sopló del helado este con una intensidad tal que podía paralizar las extremidades, pero nada impidió que el encuentro tuviera lugar. Las tropas ohtari alcanzaron al ejército que acudía a la defensa de Mirianost en el lugar donde habían previsto, en el mismo borde del Bosque del Manto Susurrante. La embestida tuvo lugar entonces, los cuernos soplaron y los hombres alzaron las espadas mientras la lluvia empapaba sus cuerpos. Fue implacable la furia de las tropas de Darlak Lórindol y el clamor de su ira se enlazaba con las voces de los primeros en caer tras la embestida inicial.

Sucedió que el ataque directo se vio favorecido esta vez por las adversas características climáticas ya que la lluvia y el helado viento hicieron que las tropas de Helkelen subestimaran a las tropas ohtari, no previeron que la segunda parte del ejército de sus vecinos del sur a cargo de Eleth estuviera escondida en lo alto de los árboles y una lluvia de flechas les cayó justo cuando ellos se disponían a lanzar una embestida contra los hombres de Darlak. Ahora bien, Eleth Niramar, la joven humana criada entre elfos, también recibió una flecha que impactó en su muslo pero eso no evitó que siguiera demostrando su valentía en aquella batalla.

A este nuevo ejército ohtari le seguía la horda ent que Alda Coiva, uno de los más importantes señores ents del este, había enviado para ayudar al consejo de Lempë en la batalla en tierras del norte. De esta manera los ents avanzaron sobre el sorprendido enemigo. Las flechas volvieron a surcar el aire en busca de su objetivo antes de que las armas ocuparan el lugar principal en la batalla. Ahora bien, las tropas de Helkelen Lára no languidecieron, eran numerosos y muy preparados para la batalla, debían defender sus tierras y lo hicieron de la mejor manera, tal fue así que aquella batalla estuvo ciertamente en igualdad.

El filo de las espadas bañadas en sangre mostraron todo su poder aquel día. Pero Darlak Lórindol era un buen estrategia y contaba con una magnifica espada. Envinyanta silbaba ese día de alegría, amaba la batalla y la sangre de los enemigos era su peculiar forma de alimentarse y engrandecerse. Algunos enemigos la temieron cuando se dignó a acercarse a ellos y huyeron despavoridos, pero la mayoría se atrevieron a hacerle frente con nefastas consecuencias pues un golpe recibido por el caballero ohtari era pagado con la vida. Las heridas por cortes de espada que Darlak recibió no fueron nada en comparación con las vidas que su espada sesgó. Pronto la segunda compañía del consejo ohtari fue ganando terreno hasta que la victoria se puso de su parte.

Darlak Lórindol había traído de esta manera la esperanza a los hombres, elfos y enanos que llevaban meses intentando alguna victoria en tierras enemigas. Y ese día el senescal les brindó la oportunidad de celebrar una batalla ganada, pero no lo hicieron porque aquella guerra había traído mucha más pesadumbre que regocijo. Pues grande y, al mismo tiempo, desconsolado es el sonido del combate, de la derrota y de la victoria, de la congoja y la ruina, cuando a media luz de la tierra muchas personas caen en el campo de batalla.

Apacen

[…]

-¿Pero estas muchachas no saben vendar un brazo de manera decente? Muévete un poco, Laureon, que no alcanzo.

-Alalmë, quédate quieta, que tienes que reposar. Las curanderas son expertas entrenadas por los elfos- el maia estaba sentado junto al lecho donde yacía la mujer. Aún recién salida del desvanecimiento causado por las heridas, nadie era capaz de librarse de sus órdenes. Con todas las heridas que le han infligido y aun es capaz de moverse, no deja de sorprenderme. pensó.

-Y yo también aprendí con los elfos. Hasta donde alcanza la vista, todo sanador, curandera o charlatán itinerante asegura haber alcanzado su maestría con ellos. A veces es verdad, a veces mentira, pero de todas formas, si el aprendiz es un patán, ni del mejor maestro puede obtener la excelencia. Acércate, anda.

Laureon no tuvo más remedio que acercarse y dejarla hacer, porque amenazaba con caerse de la cama al intentar mover su cuerpo vendado y dolorido. Alalmë desató el nudo del vendaje y empezó a desenrollarlo.

- En este momento las colinas donde luchamos estarían verdes con los primeros brotes... imagínate, la cosecha de cebada, de lúpulo, de centeno... ¿se ven los campos en primavera desde tu torre?

-Claro que sí Alalmë, tú has estado allí- notaba su aire melancólico, pero no sabía a qué se refería.

La mujer había terminado de desatar las vendas.

-Esto sí es un buen trabajo, sí señor. Las hierbas del emplasto están bien elegidas, pero se mueven si el vendaje está flojo.

-También sé algo de la sabiduría de la curación, y sobre todo sé que no deberías hacer esfuerzos. La herida del costado fue profunda.

-Yo no debería hacer esfuerzos, tú no deberías hacerlos... Ninguno deberíamos. Tampoco esta tierra, que también está profundamente herida. Ha recogido la sangre de sus hijos, sus manantiales se han emponzoñado con los cuerpos de los caídos, sus retoños han sido pisados, sus árboles quemados... la hemos agotado y no tendremos sus frutos. ¿Y sabes lo que pasará? El hambre, la peste, el final-con cada palabra daba una vuelta al vendaje del brazo.

-Yo también lo vi, Alalmë- dijo Laureon.- Vi cómo todo el ala derecha de nuestras tropas caía bajo las flechas enemigas, ví como los separaban en una vaguada y no podíamos hacer nada... Y para mí no es más fácil que para ti.

-Dicen un antiguo proverbio que uno siempre recoge aquello siembra ¿Tan mal lo hemos hecho?-

Laureon dedico una mirada tierna a Alalmë – No te preocupes por eso ahora, deja que te explique algo sobre mi vida. – La arropo en la cama y se dispuso a contarle una pequeña porción de su vida.

[…]

Ocurrió que, en medio de toda la beatitud y prosperidad de Valinor Melkor, que había sido encerrado tiempo atrás, cumplió su condena, y fue liberado por los Valar. Esto no fue mucho mi agrado, aunque respete el designio de mis superiores. Tiempo después hable de ello con Aulë, mi mentor, el cual me contestó con estas palabras:

—Desde la creación de Arda Melkor ha sido nuestro enemigo—dijo—; el mío particularmente. Pues si Eru nos hizo semejantes en pensamiento, hay una gran diferencia entre nosotros. Pues él se regocija en destruir, y yo en crear. Él se retuerce en envidias, y yo en sabiduría. Desde el principio me ha tentado varias veces para seguirle, aunque nunca contemplé esa opción.

»No obstante hace ya algún tiempo que Melkor ha sido derrotado, y en mi corazón cabe la esperanza de que estos largos años de cautiverio lo hayan hecho entrar en razón. Son pocas esas esperanzas, mas hay todavía alguna.

»No me fío de él, no obstante, y aplaudo que tú tampoco lo hagas. Mantendremos los ojos abiertos, sea o no un sirviente del mal. Acepto la resolución de Manwë, mi hermano, por supuesto, pero no por ello dejaré de estar alerta.

Pero Melkor actuó con bellas palabras, e hizo buenos amigos entre Maiar y Elfos, aunque Fëanor nunca escuchó sus palabras. Y muy lentamente Melkor fue plantando sus semillas, sembrando la mentira y la rebelión en los corazones de los Noldor, a sus ojos los más poderosos.

Mas no fue suficiente la vigilancia de Aulë, pues Melkor logró todos sus objetivos. Mucho llore aquel día aciago; los cielos de pronto fueron negros, y todos corrieron asustados. No había alegría ni risas ni canciones, y el aire era difícil de respirar, aunque yo no lo hice. Su oro ya no refulgía, y eran únicamente los dorados iris de sus ojos los que daban algún brillo al oscuro mundo que de pronto se le revelaba.

Y los Árboles fueron muertos y marchitos, Árboles que había amado casi más que mi su mentor, y mi amigo Finwë fue muerto, y los Silmarils robados, y todo lo bello y hermoso del mundo pareció extinguirse aquel día.

Entonces corrí y vi los árboles marchitos, y vi a los Valar allí reunidos, tristes y derrotados. A todos los Noldor, que lloraban y se lamentaban. Y entre ellos estaba Fëanor, que había perdido a su padre y sus Silmarils, y un fuego de cólera brillaba en su corazón. Entonces Laureon cayó de rodillas frente a los árboles, y lloró como nunca había llorado, y como no volvería a llorar. Y entonces bordó en su traje un emblema de los dos árboles, tejido en oro y Mithril.

Entonces Fëanor, animado por los fuegos de su locura y su cólera, convocó a casi todos los Noldor, y pronunció tal juramento que temblé al oírlo, y con él juraron sus hijos y muchos Noldor. Fingolfin y Finarfin eran reacios a partir, y así también Finrod, con quien tenía también una gran amistad.

[…]

Laureon detuvo su relato al ver que la mujer dormía placidamente. Permaneció enfrente suyo, observando su respiración, acariciando suavemente su melena, hasta que al final le beso la frente a modo de despedida.

-Descansa en paz esta noche, muy pronto, para bien o para mal todo acabara. Y podremos ver juntos, desde mi torre las colinas verdes con los primeros brotes de la primavera, los pastores y sus rebaños, y las risas de los niños volverán a llenar los campos y las ciudades. Pues toda la oscuridad, tiene su fin.

Laureon salió sin hacer el mínimo ruido de la habitación…..

[…]

Por Ancalime

[Editado por percebal el 11-02-2007 18:38]

Kelusse

Resumen de la batalla.

Lempë Ohtari ha perdido 9 armadas x35= 315 puntos.

Recuperables: 210 puntos.

Valoraciones: 9,5+8,4+9+8,2= 8,775

Recupera: 184 puntos. Los dirigentes de la compañía han sufrido daños por el 50%, por este concepto recupera 175 puntos. Total recuperación: 359 puntos.

No pierde puntos.

Helkelen Lara ha perdido 11 armadas x35= 385 puntos.

Recuperables: 128 puntos.

Valoraciones: 7,4+7,2+8,4+6,4= 7,35

Recupera: 94 puntos. Los dirigentes de la compañía han sufrido daños por el 60%, por este concepto recupera 210 puntos. Total recuperación: 304 puntos.

Pierde: 81 puntos.

Lempë Ohtari percibe 150 monedas por la victoria en la batalla.

Lempë Ohtari entrega 100 monedas a Helkelen Lara por el abandono de la batalla.

Compañías actualizadas y listas.