Kelusse
Fin Guerra: Lempë Ohtari deja de Atacar
Armadas perdidas por "Lempë Ohtari" = 3
Armadas perdidas por "Helkelen Lara" = 7
Victoria para Lempë Ohtari.

Historias, leyendas y batallas en las tierras olvidadas de Arda.
Edicion 3
Finalizada · 19-03-2006
2007:02:13:17:49:47
Fin Guerra: Lempë Ohtari deja de Atacar
Armadas perdidas por "Lempë Ohtari" = 3
Armadas perdidas por "Helkelen Lara" = 7
Victoria para Lempë Ohtari.
Las nubes de mis ojos aquella mañana se fueron disipando lentamente, hasta traspasar el mundo de los sueños a la bella realidad. A mi lado, aún durmiendo, se encontraba el dueño de mi corazón. Tenía el rostro sereno, y algunos cabellos rebeldes se encontraban sobre su hermoso rostro.
Una sonrisita de mis labios de escapó suave, pero provocó que se despertara.
Regalándome su hermosa mirada y una caricia, terminó rodeándome con sus fuertes y protectores bazos y en un cálido beso mi alma se unió a él, llena de gozo y de paz.
...
Aquellos días, después de llegar del cansado viaje a las tierras de los reinos del sur, habían sido de mucho trabajo. A pesar de haber dejado a personas de confianza a cuidado de Mellon Vilya, siempre quedaban cosas que sólo el senescal podía solucionar. Sonyariel mientras tanto se recuperaba de los sobresaltos y se fortalecía al lado del ser que amaba y junto a sus compañeros de travesía.
Su abdomen ya se notaba tras los delicados ropajes, no pudiendo ya esconder su embarazo, pero eso ya no le importaba. Era feliz y aquella emoción la irradiaba por cada lugar que transitaba.
Pero los aires de guerra con el reino del norte eran fuertes. En las anteriores batallas habían sufrido grandes bajas, y la situación que estaban viviendo sus habitantes era de alerta. Situados entre dos reinos enemigos debían actuar lo ante posible para evitar una invasión masiva.
Tras los últimos informes recibidos del consejo, no hubo otra solución. Vanadesse también sabía que debían hacer algo, por lo que partió antes que saliera el alba en dirección a Helkelen Lara junto a gran parte de la tercera compañía, donde la esperaban un grupo de vigías. Valandil ya recuperado del viaje, hizo compañía a la elfa, ya que después de los problemas de la última contienda, no era conveniente dejarla sola, a pesar de que el traidor ya había sido masacrado en aquellas mismas tierras gélidas. Aunque en el fondo, decidieron partir temprano previendo la que se armaría en la casa del senescal, ante la decisión de su mujer de retomar su posición en la batalla.
Pocas veces habían discutido, pero aquella vez la situación fue caótica mas, Lissë ya estaba decidida a ir, con o sin el consentimiento de su pareja. Con sus ojos llenos de lágrimas, esperó que cayera la noche y partió lejos, cargando a su bebé en el vientre, y dejando a Darlak en un sueño intranquilo, sin saber si le volvería a ver.
...
Tras conocer la situación del reino, sabía que necesitaban toda la ayuda posible, por lo que decidí partir, a sabiendas del riesgo que corría. No pensaba arriesgar mi vida, ni menos de la pequeña vida que crecía raudamente en mis entrañas, mas era imposible permanecer ajena ante la posibilidad de que, al lugar que ahora denominaba hogar, se transformara en cenizas bajo la sombra de un posible invasor. Y como por ahí dicen, no hay mejor defensa que un buen ataque, decidí partir. Como era obvio a Lórindol le pareció una locura de mi parte. Me duele alejarme de él, y más alejarme como una criminal, escondida bajo el manto de la noche, pero esto también lo hago por él y por nuestro pequeño. Para darle un lugar tranquilo donde pueda crecer y jugar.
...
“No hay mejor defensa que un buen ataque” iba repitiéndose la humana mientras iba acercándose a aquellas tierras junto a una comitiva de hombres y elfos, pensando en la mejor estrategia que podían seguir, y al llegar, se reunió junto a Valandil y Vanadesse informándose los informes de la posición del enemigo.
Los hombres estaban con sus mejores ánimos, esta vez no se dejarían pisotear.
...
No debíamos dar a conocer nuestra posición, caminando con sigilo nos apostamos en un lugar idóneo, y tras descubrir a los vigías Helkerianos estos fueron atrapados antes de que dieran la voz de alarma. Los teníamos rodeados y de improviso una ráfaga de flecha incendiarias les cayó de sorpresa.
Vanadesse estaba a cargo de los arqueros, una sonrisa brotó de sus labios al ver que sus soldados fueron certeros, pero su mirada tenía un dejo de dolor.
Valandil levantó su mano y nuestras fuerzas cayeron sobre las fuerzas de Lara. Al comienzo no sabían lo que ocurría mas, rápidamente lograron organizarse dándonos feroz batalla.
Sonyariel permanecía expectante, en la retaguardia junto a los jinetes. Esperando el momento oportuno para dar la orden de ataque.
De pronto todo se precipitó en aquella noche negra, lo que en un principio estaba siendo dominado por la huestes de Lempe cambió de repente cuando de la nada surgió una fuerza montada a caballo del clan Lara. En los ojos de los tres dirigentes Otharis se reflejó la sorpresa, además de una sombra de incredulidad…aquello se les empezaba a ir de las manos, tal vez el ataque no había sido tan bien trazado después de todo.
Vanadesse enseguida reorganizó a los arqueros, orientándolos hacia aquella fuerza a caballo que arremetía contra ellos, en un intento desesperado de alejarlos de Sonyariel, pero esta ya se apresuraba con sus fuerzas al contraataque, seguida muy de cerca por Valandil, que no la perdía de vista, dado el estado delicado de la misma, entre ambos lucharon por enderezar la caótica situación que se les presentaba, dando órdenes aquí y allá, animando a los jinetes, reorganizando la defensa…así transcurrieron tres intensas horas de batalla antes de que Sonyariel fuera arrastrada jadeante del campo de batalla por un Valandil también exhausto, ella estaba bien, pero tenía rasguños en brazos y piernas, y un feo corte cerca del cuello, no debía seguir luchando en su estado, no podía arriesgarse a que la esposa del senescal perdiese a su futuro hijo, además, ahora la batalla se inclinaba del lado de Lempe, por fin habían conseguido dominar de nuevo la situación, ya no habría más sorpresas, los helkelianos estaban a punto de ser derrotados.
Al mismo tiempo que Valandil depositaba suavemente a Sonyariel sobre la hierba húmeda apartada del campo de batalla se escuchó un grito de triunfo, era el grito de la victoria de Lempe, en voz de Vanadesse, que sonó a gloria en los oídos de todos los lemperianos, incluídos los del bebe de Sonyariel, que lo sintió moverse por vez primera en su vientre, aquello, junto con la victoria recién obtenida la hizo sentir uno de los momentos de mayor dicha de su vida…luego perdió el conocimiento.
Cuando despertó se encontraba recostada en un lecho blando, Valandil lo había preparado para ella. A pesar del desmayo la humana se encontraba perfectamente, las heridas estaban limpias y no revestían problema alguno para su salud o la de su bebe, el maia se había ocupado de que todo estuviera bien dispuesto para ella, y el mismo se encargó de sus heridas. Aunque tuvo que reconocer que fue un alivio verla despertar, porque en el fondo había estado algo preocupado, Sonyariel se dio cuenta.
- Valandil…-dijo con ojos somnolientos- gracias…estoy bien, pero gracias por preocuparte, está bien, sólo ha sido el cansancio y la excitación de la batalla, ahora ya no sólo me tengo que preocupar por mí, ahora somos dos – sonrió dulcemente – ese es el motivo de que me fatigue más, pero ya pasó…
- Sonya… no quiero que pienses que me meto demasiado, pero sé que a Darlak no le hace feliz que luches en tu estado, quizás deberías pensar en retirarte de los campos de batalla por el tiempo que te resta de gestación, piensa en ti misma y en que no te perdonarías nunca que algo le pasara a tu hijo. Sabemos que eres muy valiosa en la lucha, pero nos eres más valiosa viva, y más ahora, que nos vas a dar un nuevo miembro al clan, y debes pensar en que tu hijo también nos es ya valioso, porque tiene unos grandes padres, y es nuestra garantía de futuro, está destinado a ser un grande entre los lemperianos, a defender estas tierras como ahora lo hacemos nosotros, por eso debes cuidarlo, porque él es nuestro futuro, sé que entenderás mis palabras.
Sonyariel no dijo nada, pero las palabras de Valandil habían llegado a su corazón, no eran palabras pronunciadas con ligereza, estaban cargadas de razón, su alma guerrera le pedía estar en el campo de batalla, era feliz en esos momentos, en el fragor de la lucha, pero su instinto maternal comenzaba a despertar con fuerza, ese instinto que lleva a toda madre a proteger a sus hijos. Mientras reflexionaba sobre las palabras del maia la humana volvió a sumirse en el sueño, pero en un sueño dulce, sin agitaciones, estaba feliz y a salvo, la batalla había sido ganada, pronto daría un fuerte heredero al reino Othari, se sabía amada, no sólo por Darlak, sino por todos aquellos que la rodeaban, ahora más que nunca sentía ese afecto, y eso era algo que la reconfortaba y le daba la paz que necesitaba en aquellos momentos de la dulce espera…
Apacen permanecía sentado sobre una improvisada cama, hecha a partir de fardos de pieles, amontonados sobre el suelo. Naulë apoyaba su cabeza sobre las piernas de su amigo. Permanecía en silencio, dejándose acariciar suave y rítmicamente por las manos de Apacen. Las caricias comenzaban en la cabeza y finalizaban a mitad del lomo del animal, donde un vendaje protegía la herida causada por una flecha perdida.
-Ay vieja amiga, ¿Algún día podrás perdonarme por todo el daño que te ha causado permanecer a mi lado?– su voz fue triste y melancólica.
El silencio de la caverna fue roto por el rítmico tintineo de unos cascabeles. De la oscuridad del corredor, una figura esbelta y risueña emergió. Por su forma de caminar, el característico olor mezcla de incienso y aceites aromáticos y el repicar de los cascabeles al andar, Apacen intuyó que era una novicia lanzai.
La imaginó con su rostro de elfo, llevando el atuendo típico de las novicias, un gracioso traje azul que dejaba sus brazos al descubierto. Un pañuelo verde anudado a su brazo izquierdo. Una caballera negra como la noche, recogida en una larga coleta, atada con un pañuelo marrón. Diversas alhajas ceremoniales, collares, pulseras, y anillos.
La joven avanzó grácilmente hasta situarse enfrente de Apacen; por unos instantes estudió al hombre y al animal, mostrándole una mirada de afecto y cariño a este último.
-La Reverenda Madre te espera, Lenverth. – dijo con una voz angelical.
Naulë intentó incorporarse, pero aún estaba demasiado débil.
-Esta vez no- le susurró Apacen. – Descansa aquí hasta que vuelva.
La joven lanzai recogió el bastón de Apacen, para después ayudarle a incorporarse. Una vez en pie, le entrego su bastón, le tomó por el brazo izquierdo y juntos recorrieron los túneles de la caverna hasta llegar a la estancia donde la Reverenda Madre se encontraba.
La estancia había sido acondicionada a las necesidades de las lanzais: el suelo había sido cubierto por moquetas de múltiples tonalidades y colores, sobre las paredes se habían colgado cortinas que representaban distintas ceremonias de los norteños. Varios braseros habían sido encendidos, donde se quemaba incienso, cuyas llamas parecían danzar al son de una música lejana, dándole todo ello un toque místico a la estancia.
La joven dejó a Apacen en medio de la caverna, después hizo sonar un pequeño gong y se despidió del joven. Mientras esperaba la llegada de la Reverenda Madre, Apacen se concentró en el repique de los cascabeles de la lanzai que se hacían cada vez más imperceptibles mientras la joven desaparecía por el largo pasillo. A cuantos hombres seducirán sus gráciles movimientos y calida sonrisa pensó Apacen.
El sonido de unos pasos captó de nuevo la atención de Apacen. Por el lado opuesto de la habitación, cuatro mujeres entraron en la estancia, transportaban a otra mujer en una litera. Las portadoras depositaron delicadamente su carga sobre una plataforma. Apacen intentó recordar la última vez que vio a la Reverenda Madre; por aquel entonces él no era más que un chiquillo. Una anciana, marchita y arrugada, vestida con un traje negro cuya capucha echada hacia atrás, revelaba una mata de cabellos grises atados apretadamente en un moño. Ahora su rostro sería igual al de una pasa arrugada, y su cabello tan blanco como la nieve.
-Reverenda Madre – dijo Apacen en tonó solemne, mientras se inclinaba a modo de saludo. Una mirada de rapaz apareció en el rostro de la vieja mujer.
- Lenverth – dijo en un murmullo estridente. – ¡Acércate! – La orden fue como un latigazo, Apacen comprendió que la había obedecido incluso antes de haber pensado en ello. Puede que no sea más que un caparazón arrugado y a punto de marchitarse, pero su espíritu es fuerte, pensó.
-¿Aún te preguntas por qué no hemos aceptado tu otro nombre? –dijo con desdén la anciana. Apacen sonrió.
– Habéis cruzado Lára para darme una explicación, me siento halagado –respondió en tono burlón.
-Silencio, insolente- respondió la anciana de modo airado, para después proseguir más calmada – Los que te denominan Apacen no saben lo que están buscando. Tú alimentas su fuego, pero al aceptar tu luz, niegan su propia esencia, su propia grandeza. – La anciana realizó una pausa, el aire de la estancia estaba demasiado cargado y le costaba respirar. – Ese es el recelo que las lanzai hemos tenido siempre hacia ti.
-¿Dónde quiere ir a parar? ¿Acaso está jugando conmigo? Hay cosas más importantes en las que pensar – reflexionó Apacen, mientras fruncía el ceño.
-¿Qué has venido a hacer aquí, anciana? –preguntó Apacen utilizando su poder. – Exijo una respuesta – su voz resonó potente y vibrante por toda la caverna.
"No debí subestimarlo, ha sido muy bien entrenando en nuestras artes y tradiciones" pensó la anciana.
-Cuando llegue el momento, ¿ya has decidió a quien salvarás y a quien sacrificarás? Has sobrevivido a esta batalla, pero el precio ha pagar ha sido alto. Ezel está malherida, su brazo roto, la herida del torso nos obligó a emplearnos a fondo. Su dolor era muy intenso, aun no sabemos si sobrevivirá.– la anciana saboreaba cada palabra y hacia énfasis en cada adjetivo que denotaba el dolor o sufrimiento de su amiga. -Ah, y tu joven acólito, más interesado en la espada que en tus enseñanzas. Sus piernas aplastadas por el peso de aquel caballo, fracturando sus huesos.
La Reverenda Madre le estaba poniendo a prueba, explotaba sus emociones, pero para qué. "Sigue siendo una maestra en maquinaciones", concluyó.
-Ellos están aquí por voluntad propia, y por ello aceptarán las consecuencias. Saben a lo que se exponían-sentenció Apacen.
-Ellos confían en ti, a pesar de las veces que les has fallado. Tu fuerza, al igual que la mía, es la palabra. ¿Estarías preparado para librar la guerra, conducirías a tu pueblo a una guerra santa?
-Yo no, para ello están Zirak, Hathol y los demás. Cada uno debe ocupar su lugar. –Respondió Apacen sereno.
-¿Sacrificarás al padre? ¿Sabe él que lo utilizaste como parte de tu plan para conseguir la paz? Y ahora, ¿cuáles son las consecuencias? El hijo jamás recibirá el legado de su padre. Se le ocultará su herencia, sus tradiciones, vivirá una vida incompleta, llena de mentiras y engaños. Recuerda nuestras enseñanzas, los vencedores escriben la historia. No seremos más que bárbaros a sus ojos.
"¿Cómo lo sabe? Acaso aún le quedan fuerzas para adentrarse en el mundo de los sueños", pensó.
-Eso no ocurrirá - respondió Apacen, descargando toda su furia en las palabras. La anciana estudió la reacción del joven, disfrutaba por momentos del juego.
- Entonces será Zirak quien sea sacr... –antes de que pudiera acabar la frase Apacen la interrumpió de manera brusca.
-Ninguno será sacrificado, no soy como tú, vieja bruja, tus juegos y maquinaciones no tienen sentido alguno.
-Así es- asintió la anciana, calmada. – Has vivido una vida plena, pero también llena de dolor. En tu camino has seguido muchas señales, pero ahora eres incapaz de saber a donde vas. Si he venido hoy aquí es para decirte que he visto lo mismo que tú en tus sueños. Al unísono los dos repitieron las mismas palabras:
-Las legiones de soldados, los estandartes, el fuego y los gritos de los inocentes.
-¿Cuántos sobrevivirán? – ¿Quedará alguien con vida para recordarnos? – dijo la Anciana con voz triste.
Entonces Apacen lo comprendió. El camino más fácil a veces puede ser el más doloroso. Pero ¿qué opinarán los demás, estarán dispuestos a realizar ese sacrificio?
El gong volvió a sonar, y las portadoras regresaron a buscar a la Reverenda Madre. Sus últimas palabras fueron simples: "No nos volveremos a ver."
Resumen de la batalla.
Lempë Ohtari ha perdido 3 armadas x35= 105 puntos.
Recuperables: 70 puntos.
Valoraciones: 7,8+10+7+7,2= 8
Recupera: 56 puntos.
Pierde: 49 puntos.
Helkelen Lara ha perdido 7 armadas x35= 245 puntos.
Recuperables: 82 puntos.
Valoraciones: 7,4+7,5+8,6+7= 7,625
Recupera: 63 puntos.
Pierde: 182 puntos.
Lempë Ohtari entrega 100 monedas a Helkelen Lara por el abandono de la batalla.
Compañías actualizadas y listas.