Kelusse
Helkelen Lara abandona la batalla.
Soldados perdidos por "Realengo de Farothdin": 3
Soldados perdidos por "Helkelen Lara": 9
Victoria para Realengo de Farothdin.

Historias, leyendas y batallas en las tierras olvidadas de Arda.
Edicion 3
Finalizada · 19-03-2006
2007:02:20:06:54:38
Helkelen Lara abandona la batalla.
Soldados perdidos por "Realengo de Farothdin": 3
Soldados perdidos por "Helkelen Lara": 9
Victoria para Realengo de Farothdin.
Los heridos eran numerosos, demasiados. El calor insoportable hacía que el olor a sangre se multiplicara y se extendiera unas cuantas millas lejos del campamento. Los gritos de dolor se sucedían y eran muy pocos los hombres y mujeres lo suficientemente sanos para atender a todos los heridos. Caras de desesperación y rabia se observaban en cualquiera de las tiendas en que uno osara entrar. Solo dos personas parecían no haber perdido ni la sonrisa, ni la voluntad de seguir luchando.
- Deberías ponerte un parche… cada vez que lo miro me da repelus.
Nahamna yacía en una de las tiendas, recuperándose junto a Nameless de las heridas de la recién concluida batalla. El calor se les pegaba al cuerpo y hasta respirar se hacía difícil.
- Yo creo que no, creo que me será útil en la batalla, despistara a los enemigos aunque sea un segundo, segundo que aprovechare para clavarles una espada en medio del pecho- contestó Nameless.
- Es sin duda un gran plan, pero aun no estamos en batalla y yo no soy un enemigo… ¿O tal vez sí? – concluyó divertida Nahamna.
Uno de los soldados se acercó despacio a la tienda para comunicarles, que el ejército estaba listó para luchar otra vez, en cuanto los dos convalecientes decidieran empezar el segundo ataque a la ciudad.
- Estoy todo lo listo que puedo estar…
- Y yo. Tan solo quiero volver allí y darles su merecido - dijo Nahamna.
Todo estaba dispuesto para la batalla, incluso el ariete, el cual Nameless había decidido utilizar no como medio para entrar en la ciudad, si no, como medio de distracción. Estaba seguro que el ejercito Helkeniano no se esperaría un ataque sorpresa después de la reciente derrota.
Los hombres que portaban el ariete irían delante, juntó con los trolls, mientras que los elfos y los Ents, juntó con los dos capitanes se dirigirían hacía uno de los laterales, en los que según- habían observado varios elfos-había una gran grieta, cosa que los Ents aprovecharían para abrir un hueco, que permitiese al ejercito entrar en la ciudad.
Se acercaron con cierta cautela a las puertas, pues un ataque lo suficientemente fuerte por parte de los solados de la ciudad podría medrar las fuerzas de la compañía y poner en peligro el plan de ataque, pero la situación era distinta ahora, pues sabían que su ejército se encontraba en las inmediaciones y al derrumbar el muro, el numero de bajas aumentaría sin lugar a dudas. El ejército ya estaba dispuesto, aunque siempre cabía el descanso, ante una espera que podía hacerse muy larga.
Una vez apostados frente a uno de los muros al este de la ciudad, Nameless dio la señal a uno de sus hombres que hizo sonar un cuerno, avisando a los portadores del ariete de que la función estaba a punto de comenzar. La ciudad rompió entonces su calma y el murmullo creció como si una fuerza lo impulsase. Tal vez lograsen una distracción y aun se albergaba la esperanza de que el ataque fuera esta vez victorioso.
Se produjo un gran estruendo en las puertas y fue entonces cuando los Ents comenzaron a aporrear el muro hasta que consiguieron derribarlo. Cuando los soldados de la ciudad quisieron darse cuenta del engaño, era demasiado tarde y la compañía del Realengo estaba casi al completo, dentro de la ciudad.
Fueron minutos de incertidumbre en la que la población se ocultó en sus hogares y pronto los capitanes escucharon el ruido metálico de unos soldados armados. Un pequeño batallón, apareció en escena y poco tiempo les bastó para descifrar la trampa, pues en esos instantes, eran los cuernos de las torres de la ciudad los que llamaban a la batalla.
Nahamna situó con presteza a sus arqueros, que comenzaron el lance de las flechas, aunque las murallas protegían a los elfos oscuros, allí instalados y que les facilitaba producir una mayor cantidad de bajas en su enemigo. Pero pronto los Ents entraron en escena dando buena cuenta de cualquiera que se les pusiera enfrente, arroyando a aquellos que intentasen impedir en vano, su avance.
El ejército de la ciudad intentó mantener la lucha, pero con su número insuficiente de soldados, tan sólo pudo aguantar por un corto tiempo hasta que sus dirigentes dieron la orden de retirada del sitio.
La ciudad había sido por fin conquistada y los dos capitanes, Nameless y Nahamna, por fin respiraban tranquilos. Nahamna se apoyó contra una pared, tratando de darle descanso a su cuerpo, en el cual no existía una parte que no gritara de dolor. Nameless yacía en el suelo, casi desmayado por el esfuerzo sobrehumano que había realizado en la batalla, ahora por fin podrían descansar.
- Mi truco funcionó, ¿O acaso no has visto como los soldados de Helkelen me miraban como anonadados? “Es solo un pobre lisiado” seguro que pensaron… pues este “lisiado” les ha dado su merecido… dijo Nameless mientras Nahamna lo observaba con admiración.
- “Lisiado”… ¡Es un buen sobrenombre!
[Editado por Elbereth_Elentari el 15-02-2007 07:05]
[...]
- Señor. El primer embiste ha sido repelido. ¿Deberíamos atacar al enemigo?
Las palabras las había dicho un joven que no rondaría la quincena de años. Su cabeza estaba cubierta por un yelmo que aún no rellenaba y su torso protegido por una cota de mayas que le quedaba algo larga. En sus manos, una espada corta y un escudo que mantenía sujeto con dos dedos. Los ojos del joven eran de un azul tan claro como la nieve de las montañas en invierno. Pero ahora no había nieve. Solo un calor abrasador y una leve brisa que traía hedor a sangre y muerte.
- ¿Señor? –Darker giró su rostro de izquierda a derecha bastante molesto, pues una flecha había dado en su cuello y se había quedado allí clavada durante toda la primera parte de la batalla –Si quieren entrar. Que se desgasten en nuestras puertas. ¿Cómo ha ido todo en la otra zona de la muralla?
- Nada importante. Varios heridos, pero nos mantenemos firmes aún. ¿Atacarán de nuevo?
- Han venido por nosotros. Quieren esta ciudad. Estúpido sería que la abandonaran ahora. Dile a los encargados de liderar a las tropas que mantengan la defensa aún no ha terminado esta batalla.
La muralla estaba cubierta de sangre en algunas zonas, y varias flechas dañadas se podían encontrar aquí y allá. Darker recogió una de ellas y observó las plumas que estaban en el extremo de la misma. Sin duda, el ave que las había cedido era de un plumaje hermoso. Miró hacia la derecha y se la entregó al joven, este la cogió entre sus dedos e hizo un gesto de extrañeza.
- Conserva esta flecha. Es el mejor recuerdo que hallarás hoy de esta batalla –giró y saludó a Gmork que estaba en la otra muralla. El sol caía en verdad con fuerza pero ya se sabía el dicho: “Los hombres del hielo no se arrugan con el calor”
** ** **
Gmork vio como su compañero lo saludaba con una inclinación de cabeza, a lo que respondió con una sonrisa y llevándose la mano a la frente, en su axila, se podía ver un reguero de sangre reseca, que escondían dos flechas recibidas horas antes. Miró a su espalda y comprobó como su escudero estaba vestido con una armadura ligera y una cinta alrededor de la frente. Desenvainó levemente la espada que pendía de su cintura para asegurarse de que podría sacarla con facilidad cuando llegara el momento del cuerpo a cuerpo. Y tras ello el chico lo miró a los ojos y sonrió:
- Suerte maestro –se despidió el escudero– que La Patrona guíe nuestros golpes.
- Suerte, Haryos. Si morimos hoy, te prometo que no te haré seguirme a más sitios, y si vivimos... no lo pasas tan mal bebiendo junto a un soldado con cientos de batallitas que comentar –Gmork le sonrió y dio con su daga en la coraza de su acompañante– Cuidado con las flechas perdidas.
- ¿Dónde vais?
- A echar un trago. No se puede morir con el estómago vacío –respondió Gmork mostrándole la lengua y haciendo una mueca.
** ** **
“A quién corresponda:
Yo Gmork. Senador del pueblo de Helkelen Lara y capitán de los lobos aulladores. Dejo en plenas facultades mentales y físicas todo mi patrimonio a Haryos. Escudero de mi casa. Con la excepción del sello de la misma. Que irá a parar a la dama de hielo. Quien conoce el capitán Darker, quien ruego, sea el que remita ese anillo a ella.
Fdo: Eric Gmork.”
Darker ojeaba una vez más la nota que Gmork le había entregado en los primeros momentos de la batalla. Si había suerte, la nota no tendría que ser enviada. En caso negativo... ¿quién sabe si no quedaría alguien para enviarla? Gmork estaba herido, pero también él había perdido sangre, y si su herida del cuello no era sanada como los dioses mandaban podría infectarse... Entonces oyó los pesados pasos de los trolls y comenzó la segunda oleada.
“Arqueros a las murallas. Reforzad la muralla que está sobre las puertas” Darker daba las ordenes y un anciano con el brazo en cabestrillo las repetía a voz en grito. Los hombres se movían como si les mismísima muerte les estuviera siguiendo. Entonces llegaron los trolls a las puertas y se empezó a oír los golpes acompasados del ariete. Las flechas impactaban sobre los lomos de las criaturas que estaban moviendo el instrumento que debía derribar la puerta, pero esta, por ahora, aguantaba.
** ** **
Gmork se esforzaba bastante en el lanzamiento de pedruscos desde lo alto de la muralla. Cuando desde el Este de la muralla se oyó un gran estruendo. Gmork miró hacia allí y solo pudo ver una nube de polvo de cientos de pies de altura. Dejó los pedruscos y fue ordenando a voz en grito que les siguieran a todos los arqueros y soldados rasos que hallaba a su paso. Debía defender esa “nueva entrada”.
A medio camino, Gmork creyó ver a alguien corriendo en dirección contraria, seguramente un ciudadano asustado. Y más allá vio como un hombre caía al suelo con el cuello roto. Asomó la cabeza en la siguiente esquina y vio varios ents machacando a la poca tropa que aun defendía la zona. Con su mano hizo unos gestos y señaló el tejado de la casa que les estaba cubriendo, varios arqueros asintieron y tras entrar en la casa y coger una lampara de aceite por cada tres, subieron al tejado desde donde pretendían eliminar a los ents. Mas esa estrategia esta vez no sirvió. Una oleada de flechas hirió a los saeteros y los que aún seguían vivos, habían dejado caer varias lamparas al tejado. Era demasiado arriesgado podían acabar provocando un fuego y quemándose vivos ellos. Desde arriba, dejaron caer una lluvia de flechas que hirieron a algunos invasores, pero cuando un carromato cayó a tres metros los arqueros y hundió el tejado de la casa anexa cejaron en la defensa.
Un cuerno familiar sonó al otro lado de la ciudad. Darker había advertido de esa señal a los demás líderes: El ejercito de Lara debía usar las grutas para retirarse. La ciudad estaba perdida. Gmork miró de nuevo la esquina donde se hallaba el cadáver de alguien que hacía unos minutos habría luchado con miedo o valentía, con honor o falta de él, por su patria o por sus hijos.
- Demasiados hijos del hielo están siendo diezmados por este sol abrasador –se dijo el guerrero– A las cavernas. Si quieren esta ciudad, que se la queden. Nuestro pueblo no está como para perder ninguna parte de su ejercito.
Escrito por peregrinoscuro
Resumen de la batalla.
Realengo de Farothdin ha perdido 3 armadas x35= 105 puntos.
Recuperables: 84 puntos.
Valoraciones: 7,4+6,8+6,4+8,4= 7,25
Recupera: 61 puntos.
Pierde: 44 puntos.
Helkelen Lara ha perdido 9 armadas x35= 315 puntos.
Recuperables: 158 puntos.
Valoraciones: 8,6+7,8+7,4+7,6= 7,85
Recupera: 124 puntos. Se han solicitado daños para los dirigentes por un 40%, por este concepto recupera 140 puntos. Total recuperación: 158 puntos.
Pierde: 157 puntos.
Helkelen Lara entrega 100 monedas a Realengo de Farothdin por el abandono de la batalla.
Helkelen Lara entrega 600 monedas a Realengo de Farothdin por el saqueo de la capital.
Compañías actualizadas y listas.
[Editado por gaurwaith el 20-02-2007 06:58]
[Editado por gaurwaith el 21-02-2007 06:31]