La Guerra de los Clanes

Historias, leyendas y batallas en las tierras olvidadas de Arda.

Edicion 3

Árador, Tierras de la Aurora

Finalizada · 19-03-2006

Historia Por Vida. Heren Fanyarëa. Alkalabrindeth.

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Alkalabrindeth

¿Haz sentido un dolor apagado, inerte? Tan inerte como los cuerpos que yacen a mi lado...

Ahí estaba ella, tirada en la tierra y un charco de sangre bañando su espalda, la punta de la lanza señalaba el cielo, se cernía victoriosa entre sus huesos. Sus ojos fijos perdieron el coraje, ahora se inundan de dolor salado e impotencia.

Veo el azul claro del cielo, no hay nubes ni pájaros, un leve soplo me muestra un hilo negro ondeante, lanza de un lado a otro seduciendo al viento; el hilo tiene pequeñas runas garabateadas en rojo... parece ser un nombre. El contraste de la pequeña bandera a diferencia del cielo, me invita a verla, está sujeta a un palo, parece largo y de madera ¡Qué curioso! el palo sigue y sigue, no alcanzo a ver a dónde llega, intento inútilmente verlo, pero al esforzarme he sentido un dolor agudo, algo me impide el movimiento. Creo, que mi cintura sostiene con firmeza el palo.

A distancia, entre cuerpos mutilados de amigos o enemigos, entre maleza o tierra, un hombre se arrastra, lleva su brazo derecho también a rastras, alguien le hizo una profunda herida para que soltara el arma que blandía. Sin embargo, una extraña fuerza nutre su brazo izquierdo con el que ha tomado un cuchillo que clava en el piso, logrando atraer hasta ahí todo su cuerpo; lo hace una y otra vez, no se rinde, la busca... busca la esperanza entre muertos.

Mi cabeza pesa. Siento humedad en mi cabello ¿Acaso ha llovido? ¿Por qué no siento ninguna de mis extremidades? Algo sucede en mis ojos, llevan agua y no me dejan ver con claridad ¿Cómo pueden caer gotas de lluvia en mis ojos y no puedo cerrarlos?

Veo una mancha negra en el cielo, parece que hace círculos, pero son dos manchas, o cinco, tal vez más. El agua ha encontrado un camino hacia mi rostro, y al correr, mi visión se aclara... Las manchas son aves, aves feas, carroñeras... ahora entiendo, no es lluvia, son lágrimas; una lanza me atraviesa uniéndome a la tierra sudorosa en sangre.

¿Por qué Liantari se volvió contra nosotros? Ya no importan las preguntas, no habrá respuestas, huelo la putrefacción de la muerte cerca, tal vez ninguno de los míos continúe con vida... Os saludo a la muerte suplicando su aliento, llevadme con ellos pues mi alma os ofrezco, nada más podeís arrebatarme, complácete en despojarme de una vez de este cuerpo ¿o es que acaso sereís despiadada dejándome lo único que no quiero?

... Háblame esclava de Mandos, si él existe, presentadme ante su juicio y, sólo entonces, pediré su amor y perdón.

Un cuervo se ha posado en el extremo de la lanza, su graznido es fuerte y garrasposo. Aênion está tendido de cansancio, ha podido espantar un par de aves de los caídos conocidos; se inclina y observa al cuervo con desprecio, entonces la ve a ella, su búsqueda terminó.

Sé paciente. Puedo ver en tus ojos el hambre y el hastío. No sé por qué me elegiste teniendo a tantos en tu banquete... Tantos... tantos, oh Eru ¿Por qué lo permitisteis? Por eso los fanyareanos no te reconocemos, creemos en la Unión, en la unión de nuestro pueblo que no decaerá, que lo hace invencible por... ¿Quién mató al cuervo? ¡No! amiguito vuelve... algo frío siento en la frente; el cielo está más oscuro, se ve empañado por una silueta, es un elfo, me acaricia... ¡Aênion!

Él logra acercarse, lanza la daga hacia el animal que cae atravesado con la misma suerte que su esperado alimento. Coloca su mano sobre la frente de ella, él también ha perdido mucha sangre, acerca su rostro hacia ella, pero al ver su mirada perdida, llora y cae sobre su pecho, la fuerza lo ha abandonado.

A lo lejos, por sobre los ríos, la hierba y los pantanos, se escuchan los tambores de victoria, la algarabía de una fiesta, la noticia ha llegado hasta la reina araña. Alkalabrindeth ya no piensa en muerte, siente en su pecho el leve aliento de una vida, se aferra a él, piensa también en lo poco que durará la alegría de los Liantari y las proezas del matriarcado. Una figura esbelta y reluciente de rojos y dorados, se sostiene de pie con esfuerzo, su reina los ha encontrado.

Kelusse

Este personaje recupera un 30% de vida.