La Guerra de los Clanes

Historias, leyendas y batallas en las tierras olvidadas de Arda.

Edicion 3

Árador, Tierras de la Aurora

Finalizada · 19-03-2006

Historia Por Puntos. Lempë Ohtari. El Sueño De Sonyariel.

2007:02:17:08:05:21

Sonyariel Lisse

...Te escucho...

...mas no te siento...

...Oigo tu voz melodiosa en mi espíritu indomable...

...Estoy en tus brazos, entregando mi alma a lo divino para que este momento perdure en el tiempo...

Anhelando como niña estar a tu lado por toda la eternidad...

Sólo tú lograste detener mi marcha por un instante...

Envolviéndome en falsedades... y en el horror...

Tus palabras se las llevó el viento...

Y tu amor se quitó el manto de engaños imponiéndose firme el odio...

El odio hacia la vida...

Una vida que tu mente enferma no fue capaz de comprender

El valor de la conjugación de las sombras y la luz en un solo ser...

Mi pequeña...

Mi pequeña Esperanza.

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- ¡Lis!... ¡Sonyariel!... ¡Sonyariel Lissë!

Los pasos de una señora de mejillas sonrojadas por el calor provocado del horno de la cocina, se hacían sentir por los pasillos de aquella antigua morada de muros blancos, lleno de historias que sólo ella conocía.

A su paso, las ventanas de delicados y coloridos cortinajes, dejaban entrar de vez en cuando, uno que otro rayo furtivo antes de desaparecer su luz ante el crepúsculo otoñal.

- ¡Mi señora ya se desapareció nuevamente la niña! ¡Esa manía que tiene de ir de un lado a otro! -refunfuñaba Isbel, quien se secaba el sudor del rostro con un pañuelo, mientras entraba en la habitación de su señora.

- No te preocupes mi querida amiga - sonreía Mizriel mientras cepillaba su larga cabellera dorada -, o no me digas que ya no recuerdas como era yo a su edad.

- Pero mi señora... ¿Y si fue nuevamente donde su padre? Usted sabe que siempre llega mal cuando va a ver a ese híbrido que constantemente le culpa de la muerte de su madre. ¡Como si mi pequeña le hubiera pedido que la trajeran al mundo!

- Isbel, él es un alma confundida. El pobre hombre a pesar de haber luchado con honor por nuestra gente y de haber reconstruido nuestra ciudad siempre llevará la carga y la confusión de su sangre de no ser elfo, ni humano... y la confusión producida por la sangre nefasta de una madre cuya historia no es muy grata. Pero a pesar de su dolor él supo amar, y su amor fue correspondido mientras duró... además, ya casi no pasa en estas tierras...

- Gracias a Eru que la pequeña sacó los rasgos de su madre, y su alegría. Pero me preocupa... pueden hacerle daño - comentó la mujer con la preocupación en sus ojos.

Mizriel miró a la mujer con una sonrisa y le dijo complacida –Es fuerte, la crié como si fuera mi hija... y si ha de pasar algo, pasará... nada podemos hacer, está creciendo y necesita aprender muchas cosas por si misma.

Una pequeña luz brotó de una antorcha que suavemente empezó a alumbrar los dibujos plasmados en los muros de una catacumba, seres vestidos de oro con extrañas indumentarias entregaban ofrendas a la Señora de las Flores por la protección del pueblo.

La joven de largas trenzas observaba maravillada cada vestigio, cada nueva imagen que se hacía presente ante sus ojos ansiosos de descubrir el mundo, pero una imagen le hizo cambiar el semblante... un elfo... un hermoso elfo cuya mirada irradiaba placer y odio a la vez, mientras degollaba a una pequeña gacela... completamente ida en sus pensamientos, recordó que llevaba la antorcha en las manos sólo cuando empezó a sentir el aroma chamuscado de una de sus trenzas. Con el susto la lanzó lejos mientras con ambas manos apagaba la pequeña llama que empezaba a nacer entre sus cabellos color miel.

- ¡Segunda vez que me ocurre, a la tercera me quedaré calva!

- ¡Entonces ten más cuidado niña!

Sonyariel de un salto observó tras de sí y su rostro se encontró de golpe con una hermosa mirada.

Se quedó paralizada al ver reflejada su figura en aquellos ojos claros, unos ojos que la transportaron como en un sueño; hasta que notó algo peculiar en aquel ser... sus... ¡orejas! y se acercó, al igual que una niña al ver un juguete nuevo.

- ¿Son reales?

- ¿Qué acaso nunca las has visto?- le preguntó aquel ser mientras sonreía al ver la expresión de la joven que lo inspeccionaba meticulosamente con la mirada.

- Como esas, sólo en aquellos dibujos... pero no es lo mismo... no he visto a nadie como... parece... pareces caído del cielo...- comentó pausadamente y bajando la voz, a la vez que recordaba la apariencia de su padre.

Con tan sólo catorce años de edad, se había convertido en una hermosa mujer y eso no había pasado desapercibido para nadie, y menos para aquel ser que constantemente aparecía cuando Sonyariel iba a observar las marcas del antiguo templo y las ruinas del desierto sagrado.

[...]

El ruido de las olas bajo sus pies, la distrajeron de sus pensamientos. El susurro del viento sobre el acantilado acarició su rostro agotado. Su aliento vaporoso y el tono blanco sobre la gruesa capa, eran vestigio de la inclemente noche que ya llegaba a su fin.

Llevaba tres días de trayecto en las tierras de Lempe Othari desde la ribera del río verde, lugar en donde había dejado todo dispuesto para la comitiva que se establecería en los puestos de vigilancia. Su destino: El puerto y luego, Mellon Vilya, la capital del Reino.

Extrañamente se había quedado en esas tierras y se terminó acostumbrando a su gente, pero a pesar de estar rodeada de personas, el vacío siempre la embargaba, y los reminiscencias de su pasado la atormentaban a pesar de que la sonrisa no se apagaba nunca de sus labios, sin atreverse a compartir con nadie sus recuerdos.

No había tenido un momento de descanso desde que inició la travesía, y ante la ventisca que cayó sobre ella no tuvo más remedio que detenerse hasta que ésta menguara. No se sentía tranquila, a pesar de la fatiga de la cual era presa, no deseaba detenerse; presentía que le seguían de cerca los pasos.

No sabía lo que significaba, pero por la premura con que se le había encomendado dirigirse a la ciudad sin la explicación correspondiente, le dio a entender que se trataba de algo importante.

Se sentía desfallecer, pero el camino se habría a sus pies y no era prudente esperar más. En el horizonte la aurora se levantaba y extendía su túnica en aquel paraje, coloreando hermosamente aquella gélida mañana, que contrastaba con el pálido rostro de la joven y el leve tono azulado de sus labios que, aún así, le hacía ver hermosa. Tomó sus pertenencias y como si de un ebrio se tratase, montó su caballo, para retomar camino.

La tranquila brisa matutina de golpe se transformó en un vendaval, con el cual difícilmente podía avanzar y entregándose en un delirio provocado por el cansancio y la fiebre, la deformidad de la vereda la hizo trastabillar. Todo giró a su alrededor, y con el temblor de su cuerpo se vio envuelta por miles de rostros cuyas sonrisas macabras le increpaban el origen de su linaje; danzando como espectros; atravesándola como agujas a un muñeco de trapo.

Sitiada entre la ilusión y la realidad, la humana percibió que una figura se aproximaba y sacando su espada con dificultad, dio unos golpes al aire hasta que la vista se le nubló completamente, desvaneciéndose en sus pesadillas, en un mar se sangre y gritos de angustia y horror, ante el llanto que se apagaba ahogado de una criatura, en las manos de su asesino.

[...]

- ¡Hasta cuando pensabas esperar para hablar maldita bastarda!

- Pe... ¿Pero qué ocurre?

- ¡Qué crees que buscaba en tus tierras cuando te encontré? El rastro de un descendiente de ese maldito linaje que arrasó con toda mi gente y heme aquí frente a su hija, ¡eres de la misma laya al igual que todos ellos!

Las palabras del elfo fueron como cuchillas en pecho de la joven, no entendía a sus quince años que quien le había jurado amor frente a sus dioses la mirara como a una total desconocida, y su vientre abultado reaccionó adelantándose el parto.

Una vorágine de sentimientos y temores acompañaron a la joven en cada momento, sin dar cabida a lo que oía del ser que más amaba sobre la tierra. El dolor en el alma era tal, que los dolores del parto parecían juego de niños, entre quejidos las lágrimas brotaban de sus ojos claros mientras tendida y sin ayuda, daba luz a una pequeña criatura ante la mirada perturbada de quien había sido su pareja.

El llanto del bebé se hizo sentir fuerte y vigoroso, había sido una niña y en los brazos de su padre abrió levemente sus ojos de color violeta y en un arranque de locura, sólo deseó ver muerta a la joven que tenía por esposa y a la criatura que tenía en los brazos. Sin pensarlo presionó el frágil cuello de la pequeña, hasta ahogar por completo su llanto, entre golpes y gritos de desesperación de una madre que intentaba arrancarle de los brazos a su criatura hasta que un pequeño puñal llegó a sus manos y agobiada le lanzó una estocada en el abdomen. No supo como llegó al bosque, sólo recuerda haberse arrastrado, con la pequeña muerta en sus brazos, anhelando despertar, salir de ese infierno... y quedar acurrucada con lágrimas de desesperación e ira, quemándole los ojos, abrazada al pequeño cuerpo que yacía calmado en sus brazos.

[...]

Abrió sus ojos sobresaltada, y al mirar a su alrededor se encontró cubierta por pieles y a un lado de ella, una fogata ardía devolviéndole la calidez a su gélido cuerpo.

Estaba dentro de una extraña cueva sin encontrar a nadie más a su alrededor. Admirada, observó como la roca sobre ella emitía distintas tonalidades. Hipnotizada ante la belleza de aquel espectáculo se encaminó a las profundidades hasta que la oscuridad se hizo total.

Desde el horizonte, una pequeña figura se acercó sonriente, de aproximadamente seis años, vestida de blanco con una larga cabellera ondulada y de hermosos ojos violetas. Saludó con una reverencia y tomó la mano de la mujer que sentía que el pecho se le arrancaba por la garganta.

La joven no sabía como reaccionar, sus piernas temblorosas le hicieron caer arrodillada a los pies de la pequeña abrazándola con fuerza. Tenía miedo de hablar, de romper la magia de aquel sueño, que todo ello desapareciera, y verse nuevamente en la tormenta.

No este triste- dijo la pequeña con una sonrisa en los labios-. Siempre estoy contigo... además me han enseñado muchas cosas hermosas y él me dijo que pronto estaríamos juntas nuevamente...

En sus temblorosas manos la criatura posó una pequeña flor blanca, “No me olvides” susurró junto con un beso en la mejilla y se retiró saltando entre luces que irradiaban sus pies descalzos.

- Ah... el abuelo... me dijo que lo perdones... no fue tu culpa.

[...]

La joven sintió un golpe de la luz en sus ojos. Al abrirlos, se encontró recostada, cubierta por las pieles, al lado de la fogata. Estaba en la cueva, pero no tenía el brillo de sus paredes ni el largo camino a las profundidades de la tierra. En la entrada, una figura familiar se acercó sonriente.

- ¿Lórindol? ¿Qué haces aquí?

- Fui a dejar unos papeles al puerto, y me dijeron que habías salido con esa extraña tormenta pisándote los pies. Gracias a Eru que encontré tu rastro... estabas casi congelada... no es común ese tipo de tormentas, llegó como por acto de magia y de la misma forma desapareció.

Sonyariel se acercó al medio elfo y recostó su cabeza sobre sus piernas.

-¿Qué le ocurre mi señora?

Tuve un sueño, un extraño sueño... – susurró la joven quien se reincorporó para besarle los labios con ternura y acurrucarse entre sus brazos. Y al bajar la vista, notó que una pequeña flor blanca yacía entre sus manos.

Kelusse

Esta historia otorga 240 puntos al clan.