La Guerra de los Clanes

Historias, leyendas y batallas en las tierras olvidadas de Arda.

Edicion 3

Árador, Tierras de la Aurora

Finalizada · 19-03-2006

Batalla 64. C1 Lempë Ohtari Vs C4 Helkelen Lara

2007:02:22:21:36:14

Kelusse

Fin Guerra: Lempë Ohtari deja de Atacar

Armadas perdidas por "Lempë Ohtari" = 11

Armadas perdidas por "Helkelen Lara" = 7

Victoria para Helkelen Lara.

Zirakzirak

Los días pasaban y las noticias que llegaban desde Lara no eran nada buenas. Aquella tierra que ahora era su patria estaba siendo atacada, “un ataque total” lo había llamado Hathol cuando le comunico las malas nuevas.

¿Dónde esta el Hacedor, ahora? Y los Valar, ¿Dónde se esconden?

Zirak se llevo las manos al rostro, y en la oscuridad de su tienda lloro por el destino de Helkelen Lara.

[….]

El día amaneció oscuro, amenazando tormenta. El campamento Helkeriano despertaba a un nuevo día, pero lo que no sabían era que de ahora en adelante no abría días tranquilos durante mucho tiempo.

Hathol desayunaba con otros capitanes y sargentos alrededor de una fogata.

-¿Cuáles serán las ordenes del rey?.- preguntaba un capitán a Hathol

-Si, ¿Dónde iremos? ¿Volveremos a defender Ost-en-Äel?.- preguntaba otro

Hathol los escuchaba atentamente. Aunque ni el mismo lo sabia, hacia días que Zirak se mantenía apartado, encerrado en su tienda estudiaba los mapas y despachaba los asuntos de Estado. Había envejecido mucho desde aquella primera vez que le conociera en el camino de Ost-en-Äel.

Se preocupa demasiado de todos nosotros y eso le esta pasando factura. Pensó Hathol.

-….Comandante….- la voz de capitán que estaba a su lado y que le tocaba el hombro le saco de su ensimismamiento.

-He de deciros que no se las intenciones del rey. Ni de si volveremos a casa….…casa…volver a casa….- Hathol hizo una breve pausa.- Pero tener en cuenta que el Senescal Apacen se encarga de las Cias que están en nuestro territorio y si el rey confía en él nosotros también. Haremos lo que se nos diga.

Hathol levanto su humeante taza y todos le imitaron.

-Por el rey, por el Consejo y por las bellas mujeres de Helkelen Lara.- grito Hathol y todos lo repitieron saltando en carjacajas.

Zirak, desde la abertura de su tienda observaba la celebración de sus hombres.

-Aliviar vuestros corazones.- dijo el enano en un susurro

Zirak, se volvió al interior de la tienda. Allí de pie estaba el mensajero del Senescal, acaba de llegar con noticias. Una sola misiva. Escrita de puño y letra de Apacen donde informaba al rey de una noticia sobre un Lemperil que el conocía; Vanadessë.

El enano se acerco a la mesa donde descansaban montones de mapas y papeles y tomando uno en blanco y la pluma escribió.

Mantenme informado. Se sabrá cuando sea necesario. Lo quiero en Helkelen Lara.

Zirak

Doblo la carta con sumo cuidado y calentando la barrita de lacre dejo caer algunas gotas y impuso el sello real.

En ese momento entro Hathol en la tienda.

-¿Se puede?.- pregunto en humano ya dentro

-Pasa muchacho.- respondió Zirak mientras le entregaba la misiva al mensajero.- Ahora corre como si los espíritus de los lobos te hubieran poseído.- El heraldo hizo una inclinación de cabeza y salio a toda velocidad de la tienda. Zirak se sentó y señalo otra silla a Hathol.-Y bien muchacho, ¿dime?

-Los hombres se preocupan. Las noticias desde Lara, corren como la pólvora y los hombres hablan. Su fe se quiebra, piensan en sus familias, hijos, esposas,…- hizo una pausa.- ¿quieren volver o por lo menos saber que van ha hacer?

Zirak miro a Hathol. El humano nunca había visto esa mirada en el enano. Hubiera deseado salir corriendo. Aquellos ojos desprendían ira, venganza,….

-Ordénales que se preparen; iremos a la guerra y luchara hasta el ultimo hombre.

Hathol asintió y salio de la tienda. Aliviado comenzó a dar las órdenes pertinentes para partir.

[…]

Las tropas helkerianas habían comenzado a recoger el campamento. Quizás no supieran hacia donde se dirigían, pero al fin se movían. Quizás volverían a casa, a defender sus tierras y no tan lejos de aquella.

Zirak se encontraba en el montículo donde había estado su tienda hablando con el pequeño grupo de enanos que formaban parte de la C4. Hathol viendo que las tropas ya habían termina de recoger y se disponía a informar al rey cuando alguien le tomo del brazo.

El humano se giro y se encontró con unos ojos violáceos que le miraban. Era uno de los elfos que componían el grueso de exploradores.

-Mi señor, Lempe viene hacia aquí.

A Hathol le cambio el rostro y corrió hacia el montículo donde se encontraba el rey gritando a todos que el ejercito lemperil se acercaba.

-¡¡PREPARAOS PARA LA BATALLA!!! NOS ATACAN.- gritaba

Zirak se volvió hacia los gritos.

-Magnifico, una buena lucha ante de empezar el camino.- rió uno de los enanos.

Los ejércitos de lempe cargaban con toda la fuerza de su caballería, seguidos de la infantería que corría detrás de los animales.

Zirak asintió con la cabeza a Hathol, dándose por enterado. El humano volvió hacia los soldados y sin coger su caballo se situó con la infantería.

Han intentado atacarnos por sorpresa, pero ahora se llevaran su merecido.pensó el humano.

Los piqueros de Lara, sabían perfectamente que hacer. Habían preparado picas de diferentes tamaños siguiendo las indicaciones de los elfos. Los que poseían las picas mas largas se situaron en el final de la fila de cinco, siendo las picas mas cortas cada fila mas adelantada.

Los lemperianos se encontraran con un muro de aguijones cuando lleguen.

Y así fue, con las picas apoyadas en el suelo, con los músculos tensados, las espadas desenvainadas y los arcos cargados. Fueron lo que los lemperiles se encontraron en el campamento de Lara.

La primera envestida de la caballería no resulto tan eficiente como esperaba Yárfaila. Su caballería se estampo contra un muro de afiladas picas haciendo salta por los aire al jinete y dejando al caballo malherido sino muerto.

Aikanaro, resulto a satisfacer a su reina. Deslumbro un lugar donde las picas o por falta de tiempo o incapacidad, no eran tan densas y se lanzo con su compañía de caballería hacia el lugar. Los soldados Helkerianos no pudieron paran la embestida y cayeron ante las patas de los animales que venían seguido por soldados sedientos de sangre.

Hathol se giro hacia donde el muro había caído y siguió con la mirada buscando al rey. Este ya se dirigía cargando hacia donde el enemigo había penetrado.

La infantería lemperial comenzó a penetrar por todos lados.

-POR EL REY Y POR EL CONSEJO¡¡¡¡¡ CARGAR¡¡¡¡¡¡.- grito el humano lanzándose contra el enemigo.

Humano contra humano, enano contra enano, elfo contra elfo la sangre de todas las razas se derramaba en aquel prado.

Aikanaro desmonto del caballo para seguí la lucha a acero. Cuando fue su sorpresa al encontrarse ante un enano reconocido para él.

Zirak había buscado a Aikanaro desde que las fuerzas de lempe penetraron en la improvisada muralla. No medio palabra y se lanzo hacha en mano contra el semielfo.

Aikanaro defendía y contra atacaba, no sabia muy bien porque pues apreciaba a aquel enano. Pero en su mirada había algo diferente. Lo miraba con los ojos inyectados en sangre.

Hathol luchaba en primera línea con los soldados de menor rango. Que agradecían la presencia del comandante y su moral y ánimo aumentaba dándoles mas fuerzas para hacer retirarse a las tropas de lempe.

El humano, en cada ocasión miraba a su alrededor en busca de la pequeña figura del rey. Al final lo encontró luchando contra el elfo. Estaba empapado en sangre.

¿Será suya o del enemigo? pensó Hathol. Pero no tenía tiempo de acudir a la ayuda del rey. Tenía sus propios problemas allí mismo.

El semielfo y el enano luchaban a muerte. La rabia de Zirak le hacia olvidarse de sus propias heridas. No eran profundas ni mortales pero de ellas manaba el líquido carmesí, impregnando toda su ropa.

Zirak lanzo una estocada baja dirigida a las piernas de Aikanaro y en el último momento la giro dándole con la parte plana y haciendo que el semielfo perdiera el equilibrio.

Los soldados lemperiles habían comenzado a correr por donde habían venido, Desoyendo a sus superiores.

Zirak apoyo su hacha de batalla sobre el cuello de Aikanaro y uno de sus robusto pies sobre el pecho.

-Es la tercera vez que te perdono la vida, príncipe.- hizo una pausa.- No abra una cuarta. No, nos habéis apartado de la guerra. Esta guerra no terminara hasta que vea todo Lempe arder por los fuegos de Helkelen Lara.- Zirak aparto el pie y sin bajar la guardia se aparto.- AHORA CORRE SEMIELFO¡¡ ANTES DE QUE ME AREPIENTA Y NO TE DEJE VOLVER CON TU REINA.

Las tropas de lempe se repregaron en retirada. Los gritos de victoria inundaron el aire. Hathol se acerco a Zirak, entre estrechamientos de manos y felicitaciones. El enano estaba allí plantado, mirando por donde había huido el semielfo.

-Duras palabras amigo mió.- dijo el humano acercándose.

Zirak se volvió.

-Te necesito ahora más que nunca amigo. Reorganiza todo nos marchamos. Esto no acaba mas que comenzar.- miro al horizonte.- Tendremos las cabezas de los reyes de Lempe y Realengo como estandartes en Ost-en-Äel o moriremos en el intento.

El silencio se hizo entre los dos amigos. La C4, “La Invencible” había vuelto a ganar.

[Editado por Valandin el 16-02-2007 11:07]

Yárfaila Veryawen

Aika estaba más preocupado que nunca, la Reina Yárfalia los acompañaría a la guerra, esto motivaba a los soldados pero a él no, no podía soportar la idea de que a su amada le ocurriese algo en fragor de la batalla. Ergo lo devolvió a la realidad, y éste mirándolo sorprendido solo atinó a escuchar:

- ¿Qué os ocurre, os preocupa la seguridad de la Reina?

- Ya sabéis que si, su mirada fundiría a cualquier hombre e hizo lo que ninguna pudo antes, derretir el corazón de un Heraldo de Makar, nuestros corazones no ansían mas que la guerra y el enfrentamiento, pero el mió ahora solo ansia la paz de sus abrazos…¡por Eru que cursi me estoy volviendo!- le dijo entre carcajadas.

- Eso es el amor mi amigo Aikanáro- respondió Ergo mientras los dos estallaban en nuevas risas.

El día era soleado pero frío, las tropas formaban en posición de ataque, la caballería al frente y la infantería detrás mientras los arqueros se agrupaban en una loma para poder atacar desde la distancia. Las armaduras destellaban bajo los rayos del sol cuando Aika levantó la mano y dijo:

- ¡Soldados ha llegado la hora ante nosotros tenemos a Lara, luchemos por defender nuestra tierra! ¡Por Lempë, por la Reina!

Un clamor se alzó entre la tropa cuando la Reina se lanzó a la batalla seguida por la caballería, la tierra temblaba bajo los cascos de la poderosa caballería lemperiana. Pero entonces ocurrió lo más temido, los de Lara sacaron las picas formando un parapeto y los quejidos de los caballos al impactar contra ellas hicieron estremecer a los soldados. Un escalofrío sacó a Aika de su letargo y alzando el martillo de Makar se abalanzó hacia un flanco desprotegido, los gritos de los soldados de Makar eran como rugidos de leones, sus caras denotaban la furia con la que golpearían a los de Lara. Cargaron contra las huestes de Lara con fuerza, las patas de los corceles arrollaban a los soldados hasta que llegaron al centro de estas, los soldados luchaban desde las grupas de los caballos y a pie, las espadas centelleaban bajo el astro rey y los gritos de las distintas razas se mezclaban. La sangre bañaba la tierra formando pequeños charcos de sangre, corceles y soldados se apilaban en el suelo, algunos muertos otros malheridos. Aika descendió de su corcel y empezó luchar.

El martillo de Makar trazaba círculos a su alrededor destrozando cabezas, huesos y armaduras de los soldados enemigos que encontraba a su paso. Dos miradas se cruzaron entre la batalla, Zirak lo miraba fijamente y Aika a éste, el enano profirió un grito en su lengua y se lanzó a la carga. Aika luchaba contra su cabeza, ésta le decía que no luchara contra Zirak pues era su amigo, pero su sentido común le decía que debía luchar por salvar la vida. Éste logró golpear al enano en varias ocasiones pero no lo hizo con la fuerza con la que hubiera golpeado a otro enemigo, las lágrimas asomaban por el rostro de Aika mientras luchaba contra el enano. Y fue cuando en un descuido de éste, Zirak lanzó una estocada baja dirigida a las piernas pero, en el último momento, la giró golpeándole con la parte plana, haciendo que Aika perdiera el equilibrio y cayera al suelo.

Aika observaba como sus tropas se batían en retirada y la maldijo, maldijo no poder defender a Lempë como se merecía, Zirak se acercó a Aikanáro, apoyo su hacha en el cuello de éste y una de sus pesadas botas sobre el pecho de este. Aika lo miraba fijamente y en su mente solo cabía una cosa, el no poder volver a ver a su amada, no volver a probar esos dulces labios ni escucharla reír. Pero cuando ya había aceptado su destino algo hizo que abriera los ojos, la voz de Zirak le dijo:

- Es la tercera vez que te perdono la vida, príncipe.- hizo una pausa- No habrá una cuarta. No, nos habéis apartado de la guerra. Esta guerra no terminará hasta que vea todo Lempë arder por los fuegos de Helkelen Lara- Zirak apartó el pie y sin bajar la guardia se aparto.- ¡Ahora corre, semielfo!! ¡Antes de que me arrepienta y no te deje volver con tu reina!

Aika se levantó y miró a Zirak pero en su rostro se marcaba más una derrota personal que una de batalla, el enano había sido un amigo y ahora se veían obligados a enfrentarse entre ellos, así que emprendió el camino hacía donde se dirigían sus tropas, apoyado en el martillo caminaba a duras penas, el golpe le había fracturado una pierna, mientras sus oídos se llenaban de los gritos de júbilo de Lara y este sentía la mirada del enano clavada en su cuerpo.

Mientras, Yárfaila intentaba reorganizar la perdida caballería, pero unos pocos corceles no podrían hacer nada contra Helkelen, así que ordenó el cuerpo a cuerpo. Abrió las cuchillas de su arco, y desenvainó a Indonar. Con un giro rápido, embistió a un elfo, que la sujetó e intentó hacerla caer, pero rápidamente clavó su espada en el suelo y soportó el peso de aquel soldado, hasta que éste tocó el suelo con la espalda. Inmediatamente ella clavó el acero en su garganta.

Los soldados lemperianos caían sin cesar, la última batalla les había debilitado y aún no habían reunido todas las fuerzas. Veryawen pensó que quizás había sido muy arriesgado enfrentarse a Helkelen en este momento…pero… ¿qué sería de Lempë sin la osadía, el valor, y la pasión en el campo de batalla? A pesar de todo, debían dar todo de sí y debilitar lo máximo posible a Lara.

Oía a lo lejos los golpes del martillo de Makar…era un sonido que la animaba a la lucha…no podía dejar que la culpa por la pérdida de sus soldados y el temor de perder también a Aikánaro nublara su ira…Una enana se le acercaba con el hacha en alto, pero con un movimiento horizontal de su arco rebanó las manos de la pequeña mujer.

Fue en ese momento cuando dejó de sentir el zumbido que producía el arma de su amado al cortar el aire…lentamente se giró, y vio cómo el caudillo de Lara amenazaba a Aikánaro. Por primera vez en su larga vida, el miedo paralizó a Veryawen…pero Zirak apartó su hacha. La reina pudo sentir la ira que recorría el cuerpo de Aikánaro…una ira que la traspasó…cerrando unos ojos que comenzaban a encenderse…Fue en ese preciso momento cuando Yárfaila miró al cielo, y un montículo de trocos que se encontraba contra el muro comenzó a arder. Volviendo en sí, vio cómo Aikánaro apenas podía andar hacia ella pues tenía una herida en una pierna, y Veryawen corrió a ayudarle. “Ordenaré la retirada, siempre hay tiempo para hacer caer a Helkelen…no quiero arriesgarme a perder más soldados”

El grito de retirada se propagó por toda la ciudad, que quedó nuevamente en llamas, a modo de sello de identidad de la reina de Lempë.

“Guarda tu ira mi vida, aunque suene extraño que yo lo diga…el clímax es más alto cuando contienes el placer hasta que estés realmente preparado para soportarlo…”

Kelusse

Resumen de la batalla.

Lempë Ohtari ha perdido 11 armadas x35= 385 puntos.

Recuperables: 257 puntos al usar el poder especial de Yarfaila.

Valoraciones: 7,8+8,2+7,2+8= 7,8

Recupera: 200 puntos. Los dirigentes sufren daños por el 20%, por este concepto recupera 70 puntos. Total recuperación: 270 puntos.

Pierde: 115 puntos.

Helkelen Lara ha perdido 7 armadas x35= 245 puntos.

Recuperables: 163 puntos.

Valoraciones: 7,6+7,8+8,6+8,6= 8,15

Recupera: 133 puntos.

Pierde: 112 puntos.

Lempë Ohtari entrega 100 monedas a Helkelen Lara por el abandono de la batalla.

Compañías actualizadas y listas.